40246(28-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado Acta No. 436  

          Bogotá   D.C.,  veintiocho  (28)  de  noviembre  de  dos  mil  doce  (2012)   

VISTOS  

          Procede  la  Corte a definir la competencia en este asunto, dado que  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cartagena  aduce carecer de  competencia  para  conocer  del  asunto que se tramita en contra de EVELYN   CABALLERO   AMADOR  por el delito de prevaricato por acción.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

El  Tribunal  Superior  de  Cartagena,  Sala  Penal,  el  24  de  octubre  de  2012, previo a fijar fecha para la audiencia de  restablecimiento  del  derecho  auspiciada  por  el  representante de una de las  víctimas   dentro   del   proceso  penal  seguido  en  contra  de  EVELYN  CABALLERO AMADOR, planteó la falta  de   competencia   para   conocer  de  dicha  solicitud  en  forma  provisional.   

Al efecto, se apoyó en los artículos 250 de  la  Carta  Política  y 22 del Código de Procedimiento Penal, y aclaró que aun  cuando  esta codificación no establece expresamente cuál es el Juez competente  para  pronunciarse  cuando  la  solicitud  de  restablecimiento  del  derecho es  provisional  o  en etapas preliminares de la actuación y hasta el proferimiento  del  fallo  condenatorio,  se  debe  acudir  al  artículo  153  de este último  ordenamiento,  según  el  cual:  “Las  actuaciones,  peticiones  y  decisiones  que  no deban ordenarse, resolverse o adoptarse en la  audiencia  de  formulación  de  acusación,  preparatoria o del juicio oral, se  adelantaran,  resolverán  o decidirán en audiencia preliminar, ante el juez de  control de garantías”.   

Se apoyó, así mismo, en decisión de tutela  emanada  de  esta Sala Penal (radicado 60055 del 3 de mayo de 2012), en donde se  da  a entender que es el juez de garantías, y no el de conocimiento, el órgano  competente  para  resolver  acerca  de  los  conflictos que surjan en la fase de  indagación e investigación sobre restablecimiento del derecho.   

De  modo  que,  considerando  el  tema  en  cuestión  una  garantía  de  carácter  intemporal, advierte incuestionable su  definición,  previo  el  proferimiento del fallo, en cabeza del juez de control  de garantías.    

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1. La Sala es competente para conocer de este  asunto,  habida cuenta que el numeral 4º del artículo 32 de la Ley 906 de 2004  le  asigna  el  conocimiento  “de  la definición de  competencia  cuando  se  trate  de  aforados  constitucionales  y  legales, o de  tribunales  o  de  juzgados de diferentes distritos”,  como   aquí   ocurre  por  cuanto  el  Tribunal  de  Cartagena  afirma  que  la  tramitación  del  asunto no le corresponde a esa Colegiatura, sino a un juez de  control de garantías.   

Conforme  al  artículo  54 de la Ley 906 de  2004,  el  incidente  de  definición  de  competencias, constituye un mecanismo  ágil  y  expedito  a  través  del  cual  el  superior  funcional,  en  caso de  incertidumbre  frente  a  este  presupuesto  procesal,  dilucida  a  quién debe  asignársele su conocimiento.   

El  incidente  puede surgir a iniciativa del  funcionario  judicial  cuando  considere  carecer  de competencia para asumir el  conocimiento  del  proceso  o,  de  las partes, en los eventos en que refuten la  asumida  por  un  despacho  judicial,  en  cuyo  caso se entenderá que la parte  impugna           la           competencia1.   

2.            El tema que corresponde analizar en esta  oportunidad  se  circunscribe  a  establecer  cuál  es  el juez competente para  conocer   de  una  solicitud  de  restablecimiento  del  derecho  con  carácter  provisional,  esto  es, si ello es del resorte del juez de control de garantías  o lo es del juez de conocimiento.   

          El  problema  no  se torna de fácil resolución cuando el artículo  114   de   la   Ley   906   de   2004,   al  señalar  las  atribuciones  de  la  Fiscalía  General de la Nación para el cumplimiento  de  sus  funciones  constitucionales  y  legales, en su  numeral 12, dispone:   

          “Solicitar    ante    el   juez   del  conocimiento  las  medidas judiciales necesarias para  la  asistencia  de  las víctimas, el restablecimiento  del  derecho y la reparación integral de los efectos  del injusto” (subrayas fuera de texto).   

          Más  aún  cuando  se  observa que esta disposición prácticamente  reproduce  el  texto  del  numeral  6  del  artículo  250  de  la Constitución  Política,  modificado  por  el  artículo  2  del  Acto Legislativo 03 de 2002,  alusivo a las funciones deferidas al mismo ente, al señalar:   

     

          “6.   Solicitar   ante   el   juez  de  conocimiento  las  medidas judiciales necesarias para  la  asistencia  a las víctimas, lo mismo que disponer  el  restablecimiento  del  derecho  y  la reparación  integral  a  los  afectados con el delito” (subrayas  fuera de texto).   

De  ahí  que  independientemente  de que el  artículo153  de  la  Ley  906  de  2004,  invocado por el Tribunal, refiera que  “Las  actuaciones,  peticiones  y  decisiones que no  deban  ordenarse,  resolverse  o  adoptarse  en  la audiencia de formulación de  acusación,  preparatoria  o  del  juicio  oral,  se adelantarán, resolverán o  decidirán   en   audiencia   preliminar,   ante   el   juez   de   control   de  garantías”,    pareciera    que   el   legislador  constitucional,   y  luego  el  legal,  hubieran  asignado  el  conocimiento  de  cualquier  tema  relacionado  con  el  restablecimiento  del  derecho al juez de  conocimiento  y  no  al de garantías, no sólo porque la asignación aparece en  forma   expresa   en  las  preceptivas  indicadas  -amén  de  que  ella  tiene,  reitérese,  carácter  constitucional-  sino  porque los textos en cuestión no  distinguen  si  lo  perseguido  con la medida es el restablecimiento del derecho  con carácter provisional o definitivo.   

          La  problemática  adquiere  mayor complejidad cuando se ausculta el  origen  de  la  reforma  del  Acto Legislativo 03 de 2002 frente a este punto en  concreto  del  artículo  250  de  la  Constitución Política. En efecto, en la  exposición  de motivos del proyecto de reforma encaminado a preparar el terreno  constitucional  para  la  implementación  del  sistema  penal  acusatorio en el  país,  se optó por el siguiente texto, contenido originalmente en el numeral 1  de su artículo 3°:     

          “Artículo     3°.     El artículo 250 quedará así:   

Artículo  250.  Corresponde  a  la Fiscalía General de la Nación, de  oficio  o con fundamento en denuncia, petición especial o querella, desarrollar  las  investigaciones  de  los hechos que puedan constituir delitos y acusar ante  los  jueces  de la República, cuando fuere el caso, a los presuntos infractores  de  la  ley penal. Se exceptúan los delitos cometidos por miembros de la Fuerza  Pública  en  servicio activo y en relación con el mismo servicio. Para   tal   efecto   la   Fiscalía   General   de   la   Nación,  deberá:   

1.  Solicitar  al  juez  de control de garantías las medidas que aseguren  la  comparecencia de los presuntos infractores de la ley penal, las que procuren  la  conservación  de  la  prueba y la protección de la comunidad; así  mismo  aquellas  necesarias  para la  asistencia  inmediata a las víctimas y hacer efectivo  el  restablecimiento  del  derecho…”  (subrayas fuera de texto).   

          Es  decir,  la fórmula aprobada en definitiva dista radicalmente de  la  presentada  en  el  proyecto  de reforma, pues mientras que en la primera se  precisa  que  el tema es del resorte de los jueces de conocimiento en la segunda  se procuraba porque lo fuera a cargo de los jueces de garantías.   

          En  su  paso  por  el Congreso de la República, el proyecto de acto  legislativo2   

se mantuvo invariable, es decir asignando la  competencia  para  resolver  el  asunto  a  los jueces de control de garantías,  hasta   el  informe  de  ponencia  presentado  por  los  senadores  Cecilia   Rodríguez  González  R.,  Luis  Humberto  Gómez  Gallo  y    Germán    Vargas  Lleras  para  primer  debate  en  segunda vuelta en la  célula  a  la  cual  pertenecían,  donde  se  propuso  cambiar  el funcionario  competente  por  el  juez  de conocimiento. En tal dirección, se expusieron las  siguientes razones:   

“El artículo 6°  (sic)  modifica  el actual  artículo  250,  allí  se  establece  que el Fiscal debe solicitarle al Juez de  Control  de  Garantías  las  medidas  de  aseguramiento  contra  los  presuntos  infractores,  lo mismo que las medidas necesarias para  la    asistencia   de   las   víctimas   y   para   el   restablecimiento   del  derecho.   

En  este  punto  es  necesario  hacer  la  siguiente  aclaración:  Con el nuevo sistema se establecen dos clases de jueces  diferentes:  el  de  Control  de Garantías y el de Conocimiento. El objetivo de  esta  división es que el Juez de conocimiento, quien es el director del juicio,  de   la   audiencia   pública   y  oral  y  quien  va  a  dictar  la  sentencia  correspondiente,  llegue  a ese momento sin haberse contaminado de la prueba que  tiene  el  Fiscal, en cambio el Juez de Control será aquel que interviene antes  del  juicio,  a  solicitud  del  Fiscal  para  tomar  ciertas determinaciones, o  posteriormente  luego  de  que  se  han  tomado ciertas medidas, aun cuando esta  última  hipótesis  es excepcional. Sin embargo lo anterior no significa que el  Juez  de Conocimiento no sea de Garantías; todo lo contrario esa es su función  principal,  aun  cuando tiene otras como la de dictar sentencia, función que no  tiene el Juez de Control.   

Igualmente,  al  articulado  que  viene  de  Cámara  de  Representantes,  es necesario hacerle unos cambios de mera forma en  los  numerales  6°,  7°  y  8°,  porque  allí  se  habla de Juez Competente,  quedando  la  duda  si  es  el  Juez  de  Control  o el Juez del Conocimiento, y  entonces   la   corrección   es   cambiar   Juez   Competente   por   Juez   de  Conocimiento”3          (subrayas fuera de texto).   

Frente  a  la  propuesta  de  los  ponentes  no  hubo  objeción  alguna  y,  por  lo  mismo,  la  disposición  fue  votada  sin  modificación en el segundo debate de la segunda  vuelta    ante    esa    misma    corporación,    aprobándose   el   siguiente  texto:      

          “Artículo       250. Corresponde  a la Fiscalía General de  la  Nación,  de  oficio  o  con  fundamento  en  denuncia, petición especial o  querella,  investigar los hechos que puedan constituir delitos y acusar ante los  jueces  de  la  República, cuando fuere el caso, a los presuntos infractores de  la  ley  penal.  Se  exceptúan  los delitos cometidos por miembros de la Fuerza  Pública en servicio activo y en relación con el mismo servicio.   

En  ejercicio de sus funciones la Fiscalía  General de la Nación, deberá:   

         (…)   

6. Solicitar  ante    el    juez    de   conocimiento  las  medidas  judiciales  necesarias  para  la  asistencia  a las  víctimas,  lo  mismo que disponer el restablecimiento  del  derecho y la reparación integral a los afectados  con            el            delito…”4   

(subrayas fuera  de texto).   

              El  contenido  anterior  no  fue  alterado  ni  en  los debates restantes, ni en la conciliación, para finalmente  corresponder  al  precepto definitivo actualmente en vigor, atrás transcrito en  lo pertinente.   

    

          El  anterior  recuento  conduciría  a la conclusión de que todo lo  referente  al  restablecimiento  del derecho sería de competencia de los jueces  de  conocimiento, por cuanto se derrotó la asignación original radicada en los  jueces  de garantía; sin embargo, estos preceptos (tanto el constitucional como  el  legal) necesariamente deben armonizarse con el artículo 22 de la Ley 906 de  2004,  que  ostenta  carácter  de principio rector y, por lo mismo, tiene   rango  superior y debe servir como fundamento de interpretación para aplicar el  código,     de     conformidad     con    el    artículo    26    ibídem.  Señala  la primera disposición  indicada, lo siguiente:     

“Artículo      22. Restablecimiento  del derecho. Cuando sea procedente, la Fiscalía  General  de  la  Nación y los jueces deberán adoptar  las  medidas  necesarias para hacer cesar los efectos producidos por el delito y  las  cosas  vuelvan  al  estado  anterior, si ello fuere posible, de modo que se  restablezcan    los    derechos    quebrantados,    independientemente   de   la  responsabilidad    penal”    (subraya   fuera   de  texto).   

          Pues  bien,  la  jurisprudencia  de esta Sala ha sido reiterativa en  precisar  que  el  restablecimiento  del  derecho a favor de las víctimas, aún  antes  de la Ley 906 de 2004, es intemporal y en esa medida se puede realizar en  cualquier  momento  de  la actuación procesal, porque, como ahora lo señala la  norma  que  viene  de  transcribirse,  es  independiente  a  la  declaración de  responsabilidad  penal;  por  consiguiente, para que opere plenamente, basta con  que   esté   demostrada   la   materialidad   de   la   conducta   o   el  tipo  objetivo.   

De  ese  modo,  es  procedente  aún  si  la  sentencia  es  absolutoria o frente a eventos en los cuales prescribe la acción  penal5  o se presenta alguna otra circunstancia de improseguibilidad de la  acción  penal, destacándose siempre su carácter intemporal e independiente de  la  responsabilidad  penal, como lo sostuvo la Corte Constitucional en decisión  ya    de    vieja   data,   cuyos   apartes   pertinentes   se   transcriben   a  continuación:     

‘…La Carta no  autoriza  romper  el  principio  de la proscripción de la causa ilícita de los  mismos;  por  tanto,  la  ley  no  puede  patrocinar  la protección de aquellos  títulos,  ni  la  de  los registros de aquellos  en contra de los derechos  del  titular,  mucho  menos cuando se adelanta la actuación de los funcionarios  judiciales  encargados  de  poner  en  movimiento las competencias punitivas del  Estado.   

En  verdad  se  trata  de  una  resolución  judicial  que  afecta  los  vínculos  obligacionales que nacen viciados por una  causa  ilícita  y  punible y, además, paraliza con una medida eficaz de origen  judicial,  la  continuidad  del  delito  y su extensión en una cadena de nuevos  títulos  y  de nuevos registros, una vez comprobada la tipicidad de la conducta  frente a la leyes penales.   

Obviamente,  se  parte  de la base de que se  adelanta  un  proceso  penal  bajo  el  conocimiento  de una autoridad judicial,  dentro  del  cual  se  debaten  los  derechos del sindicado y de los terceros de  buena  fe,  dentro  de  las  oportunidades  y  siguiendo los ritos debidos   conforme  a  la  ley  (Cfr.  arts.  150  a  155  del C.P.P.); en este sentido se  advierte    que    la   expresión   ‘en  cualquier  momento  del  proceso  en  que aparezca demostrada la  tipicidad    del    hecho    punible’,  significa  nada  menos que se trata de  aquella  etapa procesal en la que se haya comprobado judicialmente la ocurrencia  de  la  conducta  sancionable  penalmente,  y  en  la  que  dicha  tipicidad sea  atribuible  al  sindicado  autor  o  interesado  en  el título o en el registro  espurio,  ilícito, falso o apócrifo. No pasa por alto  la  Corte  que contra este tipo de actuaciones de carácter eminentemente formal  y  escrito  (auto  interlocutorio),  proceden los recursos correspondientes a la  naturaleza  sustancial  de la medida que se adopta, para efectos de controlar su  legalidad   y   el   respeto   de   los   derechos   constitucionales   de   los  interesados’…”6   

(subrayas fuera de  texto).   

En  ese mismo sentido se pronunció la misma  corporación,  encargada  de  la  salvaguarda  de la Constitución Política, al  declarar      la      inexequibilidad     de     la     palabra     “condenatoria” del artículo 101 de la  Ley  906  de  2004,  que  consagra  una  norma  de  contenido  similar  a la que  determinó  el  pronunciamiento  similar, al señalar que la cancelación de los  títulos  y  registros  obtenidos  mediante  fraude,  además  de  la sentencia,  también  se  podría realizar  en cualquier otra providencia que ponga fin  al  proceso  penal,  determinación  a  la  cual  arribó  con fundamento en las  siguientes premisas:           

“En  efecto,  que  previamente  tenga  que  acreditarse  la  cabal  demostración  de la tipicidad – elementos objetivos del  tipo  -,  preserva  la  presunción  de  buena  fe hasta el momento en que quede  plenamente  desvirtuada,  o  que se imponga el derecho genuino por encima de los  que se edificaron sobre bases espurias.   

Posiblemente  en esta misma línea, la norma  más        recientemente        expedida        agregó        al ‘convencimiento más allá de toda duda  razonable’ la  circunstancia  de  que  esta  decisión  sólo  podría  adoptarse ‘en         la         sentencia  condenatoria’.   

Pero  este  cambio  normativo  implica  un  inconstitucional  retroceso  en  la protección de los auténticos titulares del  derecho,  que ha de ser restablecido por mandato de un  principio  rector  del  mismo  Código de Procedimiento Penal (art. 22 L. 906 de  2004),  el  cual  debe  prevalecer  y aplicarse obligatoriamente sobre cualquier  otra     disposición    de    tal    Código    (art.    26    ib.), ‘para hacer  cesar      los      efectos     producidos     por     el     delito’ y    procurar    que ‘las    cosas   vuelvan   al   estado  anterior’ a     la  perpetración  criminosa,  de  modo que, si ello fuere posible, quede como si no  se   hubiere  atentado  contra  el  respectivo  bien  jurídico,  lo  cual  debe  realizarse  “INDEPENDIENTEMENTE DE LA RESPONSABILIDAD  PENAL” (no  está  en  mayúsculas  ni negrilla en el  texto original).   

Ese   valioso  principio  fundamental  del  restablecimiento   del  derecho,  incluido  como  norma  rectora  de  todos  los  estatutos   procesales  penales  colombianos  desde  el  Decreto  050  de  1987,  adquirió  expresa  incorporación  constitucional en 1991, en el texto original  del   artículo   250  (numeral  1°),  con  reafirmación  a  partir  del  Acto  Legislativo  03  de  2002  (numeral  6°),  de manera que cualquier disposición  legal que lo contraríe será inconstitucional.   

Esa reforma cae también en la incongruencia.  Las  dos normas anteriores a la del fragmento demandado permitían (permiten, en  las  acciones  penales  que  se continúan adelantando bajo la Ley 600 de 2000),  adoptar      esta      decisión ‘en     cualquier     momento     de     la    actuación’ en   que   aparezca  demostrada  la  tipicidad  –  los  elementos objetivos – de la conducta punible, oportunidad que  en  el  sistema procesal acusatorio no procedería, en contravía a lo que es su  plausible avance en defensa de los derechos de las víctimas.   

Adviértase  que, tal como lo exponen varios  intervinientes,  pueden  existir diversas situaciones  en  las  que  se  cuente  a  cabalidad con prueba suficiente sobre los elementos  objetivos  del  tipo  penal,  sin  que  se  reúnan,  en  cambio,  las exigentes  condiciones  que  son necesarias, particularmente en cuanto a la responsabilidad  penal,  para  poder  proferir sentencia condenatoria (art. 7° Ley 906 de 2004),  siendo    necesario    entonces    emitir   un   fallo   absolutorio.   

También pueden presentarse casos en los que  exista ‘convencimiento  más  allá  de  toda  duda  razonable’  sobre  el  carácter  apócrifo  del título de adquisición, pero  ninguna   información   acerca   de   los   posibles   responsables   de  dicha  adulteración,  circunstancia  en la cual no podrá procederse al archivo de las  diligencias  por  parte  de la Fiscalía, por cuanto esta situación no encuadra  en  los supuestos que para esta decisión prevé el artículo 79 de la misma Ley  906  de  2004.  Por el contrario, el ente investigador debe continuar ejerciendo  la  acción penal a fin de poder determinar quiénes fueron los autores de dicha  conducta  punible, y mientras tanto, de acuerdo con lo  establecido  en los ya citados artículos 22 ibídem y 250.6 de la Constitución  Política,  deberá  adoptar las medidas necesarias para hacer cesar los efectos  producidos  por  el  delito,  y  de ser posible, que las cosas vuelvan al estado  anterior,    independientemente    de   la   responsabilidad   penal.   

Finalmente,  puede surgir también un factor  de  extinción  de  la  acción penal, como alguna causal de preclusión u otras  situaciones   que   la  terminan  (muerte  del  procesado  antes  de  proferirse  sentencia,  prescripción  o,  en  los  casos  previstos  por  la  ley, mutatis  mutandis y  dentro  de sus propias condiciones legales y aún constitucionales,  algunas   de   ellas  preservantes  de  los  derechos  de  las  víctimas,  como  indemnización  integral, pago, desistimiento, amnistía propia, aplicación del  principio de oportunidad).   

Así  las  cosas, no obstante que se hubiere  arribado              al ‘convencimiento   más   allá  de  toda  duda  razonable’ sobre  el  carácter fraudulento del  título   en   cuestión,   la  ocurrencia  de  cualquiera  de  las  situaciones  últimamente  reseñadas traería como consecuencia la definitiva imposibilidad,  pues  no  habrá  fallo  condenatorio,  de  obtener  la cancelación del título  apócrifo,  necesaria  para  lograr  el pleno restablecimiento del derecho de la  víctima.   

En   la  misma  línea  planteada  por  el  demandante,  la  Corte  encuentra  que esta situación se deriva precisamente de  que  la  norma  demandada exija que dicha decisión se tome exclusivamente en la  sentencia condenatoria, que  nunca  se  producirá  en  las  comentadas  eventualidades.  De  no  existir tal  restricción,  la  cancelación  podría  ordenarse  siempre  que  objetivamente  exista  prueba  suficiente  de  la  contrafacción,  de  manera semejante a como  ocurriera  con  la  aplicación  de  las normas anteriores, transcritas páginas  atrás.   

Es  claro  entonces  que  por  efecto  del  requisito  contenido en la expresión ‘En           la          sentencia          condenatoria’,  el segundo inciso del artículo 101  parcialmente   demandado   puede   dar   lugar   a   situaciones   en   las  que  antijurídicamente  se  pierda  por  completo  la posibilidad de que la víctima  obtenga    el    pleno   restablecimiento   de   su  derecho,  mediante  la  cancelación de los títulos y  registros fraudulentamente obtenidos.   

Al  analizar  medidas  semejantes  a ésta y  teniendo  en  cuenta los alcances de la protección constitucional ‘a  la  propiedad  privada y los demás  derechos    adquiridos    con    arreglo   a   las   leyes   civiles’ (art.      58),     la      Corte      ha     resaltado7,  tal  como ahora reitera, la  importancia  de  que los correctivos previstos en la ley para volver las cosas a  su  estado  original  y  desvirtuar los derechos arrogados contrariando el orden  jurídico,  se  apliquen  de  manera  pronta y efectiva, de modo que se evite la  continuación  y/o  la  consumación de situaciones irregulares, así como la de  los      perjuicios      que      ellas      injustamente     causan.   

Esta consideración, junto a la relativa a la  importancia  y  especial protección constitucional que, según se ha explicado,  tienen   los   derechos  de  los  damnificados  por  los  delitos,  hacen   que  no  resulte  necesario,  razonable  ni  justo  que  el  restablecimiento  se  condicione  de  manera  indefinida,  o  peor  aún,  pueda  frustrarse definitivamente.   

Por todo lo anterior, encuentra la Corte que  por  efecto de la expresión demandada, algunas de las víctimas de este tipo de  delitos   no  tienen  completamente  garantizado  el  derecho  a  acceder  a  la  administración  de  justicia,  para  que pronta y cumplidamente se le defina la  restitución   a   que  tiene  derecho,  situación  que  a  su  turno  vulnera,  parcialmente,   las   garantías   constitucionales  del  debido  proceso  y  el  restablecimiento   del   derecho   (arts.  229,  29  y  250-6  constitucionales,  respectivamente).   

Ha  de  resaltarse,  claro  está,  que como  constante  frente  a  todo  lo analizado, también opera el respeto debido a los  principios  fundamentales  que  trazan  la  forma, caracteres y fines del Estado  social     de    derecho    (arts.    1°,    2°    y    preámbulo    de    la  Constitución).   

Igualmente  le  asiste razón al actor, a la  Procuradora  Auxiliar  para Asuntos Constitucionales y a algunos intervinientes,  en  sus  argumentos  de  que  la expresión demandada  impide  que  la Fiscalía General de la Nación cumpla a plenitud algunas de las  obligaciones  que  la Constitución le asigna, en relación con la protección y  restablecimiento  de  los derechos e intereses de las víctimas, particularmente  las  listadas  en  los  numerales  6°  y 7° del actual texto del artículo 250  superior.   

En  efecto,  dado  que  la  cancelación  de  títulos  de  propiedad  y  registros  fraudulentamente  obtenidos es una medida  eficaz  y apropiada para lograr el restablecimiento del derecho y la reparación  integral  de  las  víctimas en un proceso penal, además dentro de los cánones  de  la  justicia restaurativa, la Fiscalía debe, en ejercicio de las facultades  antes  indicadas,  solicitar  al juez la aplicación de esta medida, siempre que  exista   certeza   suficiente   sobre   el  carácter  apócrifo  de  aquéllos.  Así,  resulta  inconstitucional que tal medida sólo  pueda  adoptarse  en  caso de proferirse una condena, puesto que ello provoca la  improcedencia  de  dicha  solicitud cuando quiera que el proceso concluya con un  pronunciamiento   distinto  a  aquélla”8  (subrayas       fuera      del      texto      original).   

Con  fundamento  en la anterior sentencia de  constitucionalidad,   esta   Sala,   en   decisión  también  ya  referenciada,  coligió:   

“Una   apreciación  articulada  de  tal  antecedente  con las consideraciones del fallo C-060 de 2008, permiten a la Sala  advertir  que  el  restablecimiento del derecho de la  víctima   es   una   garantía   intemporal   que  dimana  directamente  de  la  Constitución  Política  y  de  la cual no puede sustraerse el juez;   por  ello,  a  pesar de la prescripción de la acción como  declaración  objetiva de extinción de la acción penal, legalmente contemplada  (artículo  38  de  la  Ley  600;   artículo  77  de  la ley 906 de 2004),  la  competencia para hacer este tipo de declaraciones  se      mantiene”9  (subrayas  fuera  del  texto  original).   

De  lo acotado en precedencia se puede hasta  el  momento  inferir:  (i) el principio rector orientado al restablecimiento del  derecho  es  intemporal  dentro  del  proceso  penal  y no está supeditado a la  declaratoria  de  responsabilidad  penal;  (ii) “el pleno restablecimiento del  derecho”  no  necesariamente  se  debe  reconocer  en  la  sentencia  sino  en  cualquier  momento de la actuación en que aparezca acreditado en que obre, como  ahora  se  señala  en  el  artículo  101  de la L. 96 de 2004, un ‘convencimiento más allá de toda duda  razonable’   sobre   la  materialidad  de  la conducta o en cuanto al tipo objetivo y (iii) en el decurso  procesal  se  debe procurar por el pronto y efectivo resarcimiento, de modo que,  como  se  señala  en la sentencia C-060 de 2008, “se  evite  la  continuación  y/o  la  consumación de situaciones irregulares, así  como  la  de  los  perjuicios  que  ellas  injustamente  causan”  o,  lo  que  es  igual, no siempre debe ser pleno, sino que también  procede  con carácter provisional, en cuyo caso demanda la adopción de medidas  inmediatas   que   no  se  pueden  posponer  hasta  cuando  se  profiera  alguna  determinación con carácter definitivo en el proceso.   

Esto último también se corresponde con el  entendimiento  a  que llegó la misma Corte Constitucional en la sentencia C-057  de 2003, al precisar que:   

“A  juicio de la Corte el cargo formulado  por  el  actor  no  está  llamado  a  prosperar, en consideración a que dichas  medidas  tienen  pleno  respaldo constitucional, al contemplarlas la misma Carta  Política  como  medios  de  protección  de la vida, bienes y demás derechos y  libertades  de  las personas. También como medio adecuado para hacer comparecer  a  los  presuntos  infractores  de la ley penal ante las autoridades competentes  (Cons.  Pol.  Art. 28); así como lograr, si fuere del caso, el restablecimiento  del  derecho  y  la  indemnización  de los perjuicios ocasionados por el delito  (art.    250    –   1º  Ibídem).   

   

Por  otro  lado,  tampoco es cierto que los  funcionarios  judiciales puedan adoptar cualquier clase de medida para que cesen  los  efectos  creados  por  la  comisión de la conducta punible, o para que las  cosas  vuelvan al estado anterior y se indemnicen los perjuicios causados por la  conducta  punible,  puesto que ellos sólo podrán tomar las medidas que estimen  necesarias   conforme  a  la  ley,  habida  consideración  del  caso  concreto,  lo cual debe decidirlo el juez en cada evento, previo  cumplimiento   del   procedimiento   que   la  misma  ley  establece.   

   

Estas medidas tienen como fin hacer efectiva  la      ‘justicia  reparadora’,   que   de  acuerdo  con  la  presentación que realizan los iusfilósofos Norberto Bobbio y  Nicola   Matteucc   del  pensamiento  aristotélico  sobre  la  justicia,  está  relacionada,  a  diferencia  de  la distributiva, de una manera más específica  con  situaciones  en  que  una  persona  ha sufrido una ofensa de otra persona y  exige,  por  lo  tanto, una reparación. Las normas de la justicia reparadora se  subdividen,  además,  en  normas  de justicia compensativa y normas de justicia  correctiva.  Las  primeras  se refieren a transacciones privadas y voluntarias y  tienen   por   objeto   restablecer   un   equilibrio  perturbado,  mediante  la  compensación   de   la  parte  ofendida;  la  segunda  inflige  el  castigo  al  culpable.   

   

Las  medidas que puede adoptar la autoridad  judicial  de  acuerdo  con  la  norma  acusada  se ubican dentro del marco de la  justicia  reparadora.  Ellas  buscan  corregir los perjuicios ocasionados con el  delito.  Así,  el  Código  de  Procedimiento  Penal  prevé  las  medidas  de  aseguramiento  que  recaen  sobre  la persona, como la  detención  preventiva  (C.  de P.P., artículos 355 y ss.), con el lleno de los  requisitos  fijados  por  el  Legislador  en  desarrollo  del artículo 28 de la  Constitución.  Igualmente,  el  mismo  Código  contempla las medidas sobre los  bienes,  como  el  embargo  y  secuestro,  la  restitución de los objetos o las  autorizaciones   especiales   (artículos   60  a  64  C.  de  P.P.).   

   

En   consecuencia,   la   objeción   de  inconstitucionalidad  que  formula  el actor parte de una interpretación errada  de  la norma acusada, porque como lo indica el Procurador General de la Nación,  el  cargo se fundamenta en la interpretación aislada de la disposición acusada  y   sin  consideración  a  su  carácter  de  norma  rectora,  cuya aplicación se materializa a través de  diversos  mecanismos que el legislador ha previsto en las normas posteriores del  ordenamiento    procesal    penal    –sin  perjuicio  de  la  aplicación  de otros ordenamientos que sean  pertinentes  -,  no  pudiendo  por ello afirmarse, como lo hace el actor, que en  virtud  de  la  disposición  impugnada los funcionarios judiciales puedan tomar  cualquier    clase   de   medida,   dado   que   una  interpretación  sistemática  de  la  norma  acusada  conduce  a la inequívoca  conclusión   de  que  el  funcionario  debe  adoptar  las  medidas  que  estime  necesarias  dentro  de  las  opciones  que el mismo Legislador ha definido en el  ámbito  de  las  normas  penales,  y  llegado  el caso, dentro del ordenamiento  jurídico  vigente,  que  de  manera  general  comprende conjuntos normativos de  diversas   especialidades.”   (Subrayas   fuera  de  texto).   

Desde  tal  perspectiva ha de inferirse que  las  medidas  de restablecimiento del derecho pueden ser de naturaleza personal,  si  recaen  sobre las personas, o real, en caso de hacerse efectivas respecto de  los  bienes  afectados  con  la  conducta  punible,  pero,  a su vez, pueden ser  provisionales  o  definitivas  dependiendo  de su contenido, es decir, si tienen  por  objeto  irradiar un manto de protección frente a un posible daño derivado  de  la  comisión  de una conducta punible, cuya índole es cautelar o meramente  preventivo,  o  si  apuntan  a adoptar medidas definitivas tendientes a retornar  las  cosas  a  su  estado original o predelictual, evento en el cual se exige un  convencimiento  más  allá  de toda duda razonable acerca de la materialidad de  la infracción o del tipo objetivo.   

Los dos tipos de medidas son necesarias para  materializar  cabalmente  los derechos de las víctimas, no sólo reconocidos en  el  ámbito  constitucional  y legal interno, al paso que han sido desarrollados  ampliamente  por  la  jurisprudencia  en  las  dos  materias, sino, además, por  múltiples  instrumentos internacionales ratificados por el Estado que propenden  por  la vigencia de los principios de verdad, justicia y reparación a su favor,  consagrados   entre   otras  disposiciones  en  los  artículos  9.5  del  Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y Políticos, 10 de la Convención Americana  sobre  Derechos Humanos, 14 de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o  Penas  Crueles,  Inhumanos  o  Degradantes,  4  de  la  Declaración  sobre  los  principios  fundamentales  de justicia para las víctimas de delitos y del abuso  de  poder,  19  de  la  Declaración  sobre la protección de todas las personas  contra  las  desapariciones  forzadas,  49  a  52  del  Convenio de Ginebra para  aliviar  la  suerte que corren los heridos y los enfermos de las fuerzas armadas  en  campaña  (Convenio  I),  10 y 11 del Protocolo Adicional a los Convenios de  Ginebra  del  12 de agosto de 1949 relativo a la Protección de las Víctimas de  los  Conflictos  Armados  Internacionales (Protocolo I), 50 a 53 del Convenio de  Ginebra  para  aliviar  la  suerte  que  corren  los heridos, los enfermos y los  náufragos  de  las  fuerzas  armadas  en  el  mar  (Convenio II), 129 y 130 del  Convenio  de  Ginebra  relativo  al  trato  debido  a  los prisioneros de guerra  (Convenio  III),  título  III,  sección  I  y  artículos 45, 46, 146, 147 del  Convenio  de  Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en  tiempo  de  guerra (Convenio IV) y 63 de la Convención Americana sobre Derechos  Humanos.   

Ahora  bien,  cuando  tales  medidas son de  carácter  provisional,  independientemente  de si son personales o reales, vgr.  imposición  de  medida  de  aseguramiento sobre las personas;  suspensión  del  poder  dispositivo  sobre bienes (arts. 83 y 85 del C.P.P.); suspensión de  personerías  jurídicas  o  cierres  temporales  de  locales o establecimientos  abiertos  al  público  (art.  91  ibídem);  medidas cautelares sobre bienes (arts. 92 a 101 del ejusdem)   y   suspensión  de  registros  obtenidos  fraudulentamente  (art.  101  ib.),  la competencia es del juez de control de garantías; empero, si  lo  que  se  pretende  es  el  restablecimiento  pleno  del derecho, conforme lo  establece  la  sentencia  C-060 de 2008,  ya no con carácter provisional o  transitorio,  análisis que comporta juicios concretos y valorativos en punto de  la  materialidad  de la conducta punible o del denominado tipo objetivo, lo cual  puede  ocurrir  en  la sentencia o en una decisión que ponga fin al proceso, la  competencia será del juez de conocimiento.   

Es  necesario  precisar  que el factor para  determinar  cuál  es el funcionario competente no puede ser, como lo señala el  Tribunal,  el  de las etapas en que se promueva la solicitud de restablecimiento  del  derecho,  en  sentido  de  que  si  lo  es  en las etapas preliminares o de  investigación  corresponde  al  juez de garantías, y si lo es en el juicio, al  de  conocimiento, no sólo porque el criterio acertado es el de la naturaleza de  la  medida,  sino  porque  con  ello  desconoce  que,  como  lo tiene sentado la  Sala:   

“(i)            Ni  la  fase  preprocesal es de  competencia  exclusiva de los jueces de control de garantías, ni tampoco la del  juicio oral es privativa de los jueces de conocimiento.   

         

(ii)          La intervención de los jueces de control  de  garantías  es  episódica, urgente e inmediata en el ámbito de protección  de  derechos  fundamentales  y  garantías con relación a las actuaciones de la  Fiscalía  y  se extiende en todo el marco del diligenciamiento, no solamente en  la   etapa   preprocesal   y   procesal   investigativa,  sino  también  en  el  juicio.   

         (iii)                     Los  jueces  de  control  de  garantías  no  se  pronuncian  con  carácter  definitivo  respecto de la responsabilidad penal del  incriminado.   

         (iv)                      Los   jueces  de  conocimiento  sí  tienen  la  facultad    de    proferir    la    decisión    que   de   por   terminado   el  diligenciamiento”10.   

Por  último, bien está insistir que estas  medidas  pueden  ser  suscitadas por las víctimas directamente o por intermedio  de  la  Fiscalía,  al tenor de lo previsto en el artículo 134 de la Ley 906 de  2004, según el cual:   

“Las  víctimas,  en  garantía  de  su  seguridad  y  el  respeto  a  su  intimidad,  podrán  por  conducto  del fiscal  solicitar  al  juez  de control de garantías las medidas indispensables para su  atención y protección.   

Igual   solicitud  podrán  formular  las  víctimas,  por  sí  mismas o por medio de su abogado, durante el juicio oral y  el incidente de reparación integral”.   

         3.     Descendiendo    al    caso    sub  exámine se tiene que uno de los representantes de las  víctimas  depreca  el  restablecimiento  del derecho con carácter provisional,  petición  ante  la  cual  el  Tribunal de Cartagena, con razón,   se  declara  incompetente,  de  conformidad con lo expuesto en precedencia, dado que  frente  a medidas de esa índole es competente el juez de control de garantías,  funcionario  a quien, previo reparto, se dispondrá el envío de las diligencias  para que, sin más dilación, se pronuncie al respecto.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.-  DEFINIR  la competencia en el sentido  de  determinar  que  el  conocimiento  de este asunto  corresponde   a   los   juzgados   de   control   de   garantías  de  Cartagena  (reparto),  a  cuyo  despacho  se  ordena  enviar  la  actuación.   

         2.-       COMUNICAR,      para      su  conocimiento,   lo  aquí  decidido  a  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial de Cartagena.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese y cúmplase,  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

                 COMISION  DE  SERVICIOS                                                            IMPEDIDO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                   JULIO   E.   SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Auto  de julio 5 de 2007.   

2  Proyecto   de   Acto   Legislativo   12   de   2002   Senado   y   237  de  2002  Cámara.   

3  Gaceta  del  Congreso  No.  210,  junio  6  de  2002,  Senado.   

4  Gaceta  del  Congreso  No.  553, noviembre 29 de 2002,  Senado.   

5  De  ese  modo  en  sentencia de la Sala de junio 10 de 2009, rad.  22881,  en  un  asunto  regido por la Ley 600 de 2000, no obstante declararse la  prescripción  de  las  acciones  penal y civil, se casó oficiosamente el fallo  para  adoptar medidas de restablecimiento del derecho en favor de las víctimas,  concretamente  la cancelación de registros de escrituras públicas sobre bienes  inmuebles   obtenidos   de  forma  fraudulenta,  tras  encontrar  demostrada  la  materialidad             del             punible            de            fraude  procesal.            

6   Sentencia   C-245   del   junio  24  de  1993,  al  declarar  la  exequibilidad del artículo 61 del Decreto 2700 de 1991   

7 Cfr.  C-245 de 1993.   

8  Sentencia C-060 de enero 30 de 2008.    

9  Sentencia  de  junio  10 de 2009, rad.  22881   

10  Sentencia de febrero 4 de 2009, rad. 30363.     

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