40213(20-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado   Acta  51   

Bogotá,  D. C, veinte (20) de febrero de dos  mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada por el  defensor   de  ALEXANDER  CORTÉS  CORTÉS,    contra    el    fallo    proferido    por    el    Tribunal         de        Bogotá1,  el  cual  confirmó la       sentencia       adoptada  por  el Juzgado Primero Penal del  Circuito    de    Descongestión    de    la    misma    ciudad,    que              lo               condenó   a   la  pena  de  cincuenta    y    cuatro   (54)  meses  de  prisión,          como          autor    responsable   del   delito   de  acto  sexual  con  menor  de catorce años, agravado.    

H    E    C    H   O   S   

El 15 de octubre de 2002, en el barrio Bella  Vista  Sur  Oriental  de Bogotá, la señora Ana Isabel  Arteaga   Castro,  denunció  que  su  hija  menor  de  edad2,  cuando  se  encontraba  en  el  negocio de abarrotes atendido por  ALEXANDER  CORTÉS  CORTÉS,  con  la  intención  de  comprar unas frutas, fue atacada en su humanidad por el  aludido  procesado,  quien le hizo tocamientos en sus partes íntimas al momento  de  alzarla  para  que  la chiquilla le alcanzara de una repisa del mostrador un  jabón que él le pidió el favor le alcanzara.   

A C T U A C I Ó N    P R O C  E S A L   

1. El 2  de  febrero  de  2010,  la  Fiscalía  230 Seccional de Bogotá, dictó  resolución  de  acusación  contra    ALEXANDER    CORTÉS   CORTÉS,  por  el  delito  de  actos sexuales con  menor  de catorce años, agravado por los numerales 2 y  4   del  artículo  211  de  la  Ley  599  de  20003;  proveído  recurrido  por la  defensa                   técnica4       y      confirmado  el 7  de    abril    de    2010    por   la   Unidad  de  Fiscalía  Delegada  de  segunda  instancia.   

2. El 12 de octubre  de  2011,  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de  Descongestión   de   Bogotá,   condenó      a      ALEXANDER     CORTÉS  CORTÉS,   a   la  pena  principal,  de  cincuenta   y   cuatro  (54)  meses  de  prisión; al pago por perjuicios  morales  a favor de la menor víctima, de cinco (5) smlmv, por la consumación a  título  de  autor del punible referido; como sanción accesoria, lo inhabilitó  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas y le suspendió la patria  potestad,  por un lapso igual a la sanción privativa de la libertad; finalmente  le  negó  –por  no tener  derecho a ellos- los subrogados de ley.   

3.  El  27  de  junio  de 2012, El   Tribunal   de  Bogotá,  confirmó  la  decisión  apelada  por  el  defensor.   

4. El mismo sujeto  procesal,  inconforme  con  el  proveído  de segundo grado, lo impugnó y, a su  turno, sustentó el recurso de casación que hoy califica la Sala.   

D   E   M   A   N   D  A   

El libelista, bajo la égida de la Ley 600 de  2000,  artículo  207,  atacó  el  fallo  del  Juez  Colegiado, en dos  sentidos.   

Primer   cargo:  Nulidad.  Indicó  que  se  violentó    el    derecho   de   defensa   y   el   principio   de  investigación  integral,  contenidos en los artículos 20 y 306, 6 de  la Ley 600 de 2000.   

Acto  seguido,  en  lo  que  dijo  ser  la  demostración  del  cargo,  se  refirió: 1)  a  dos  declaraciones recibidas en Notaria a los progenitores del  inculpado  donde  comunicaron  que  son  dependientes  económicamente  de  él,  2) a una certificación de la  E.P.S.   FAMISANAR  sobre  la  afiliación  de  su  padres  como  beneficiarios,  3)  a  un  certificado  de  libertad  del  inmueble  habitado  por  el enjuiciado y su familia, sobre el que  pesa   una   hipoteca   en   el   Fondo   Nacional  del  Ahorro  y  4)  a un recibo de pago de la cancelación  del  mes de junio de 2001 de la señalada obligación y a varias certificaciones  de  personas  sobre la buena conducta del hoy condenado, para con todo, concluir  que   tales   medios  deben  ser  acogidos  y  valorados  en  el  proceso.    

La ampliación de la prueba pericial hubiera  esclarecido  los  hechos,  pero  no se practicó por falta de cooperación de la  denunciante,    en   tanto,   se   hubiese   podido   asignar,   “un  experto  para  que  se  determinara  si  de  conformidad  con la  narración  del  testimonio  de la ofendida y su señora madre, confrontados con  la   versión   del  procesado,  es  posible  que  se  produjera  una  conducta  punible”  toda vez que los  fallos     de     instancias,    son    el    resultado    de    “apreciaciones  subjetivas  y  suposiciones  de  cómo  posiblemente  sucedieron            los            hechos5”.   

El  Juez  Colegiado expresó que las pruebas  referidas  se  dejaron  de  practicar  por  ser  improcedentes y por ausencia de  colaboración  de  las  partes, ante esto, el togado piensa que los funcionarios  “suponen  como  (sic)  sucedieron  los  hechos y los  plasman  como  evidencias  para emitir sus fallos, que  son  manifiestamente  contrarios a nuestro ordenamiento jurídico pues no son de  recibo   que   se   omitan   la   práctica  de  pruebas  y  se  reemplacen  por  presentimientos,   afirmaciones,   aseveraciones   caprichosas  e  intuitivas  y  sesgadas”, por ello, el Tribunal no hizo su trabajo,  en    tanto,    citó   un   sinnúmero   de   jurisprudencias   “donde  se  da  por  creíbles  los  testimonios  de  los menores sin  profundizar  e investigar la ocurrencia de los hechos6”,  pues de haberse realizado  el  medio  peticionado,  otra en la actualidad sería la situación jurídica de  su  prohijado;  por  esto,  las  pruebas  aludidas  -agregó-  son procedentes y  útiles.     

El  dictamen  médico  legal practicado a la  pequeña     ofendida,    en    opinión    del    libelista,    “adolece  de  profundidad  y objetividad”,  porque  la  entrevista  no  fue  orientada  por  una  persona experta en delitos  sexuales,  tal  y  como lo advirtió en sus alegatos finales, sin ser contestado  en ninguno de los fallos condenatorios.   

Los  derechos  de  los  procesados deben ser  preservados  cuando  se  emite  una  decisión  de  condena  sin  pruebas que la  sustenten,  como  el  caso  de  estudio,  en  donde se violentó el principio de  investigación  integral, con amplio desconocimiento judicial de aquellos medios  que favorecían a su prohijado.    

La única evidencia no es la entregada por la  menor     víctima,     debe     superarse    “ese  preconcepto”  junto  con la denuncia instaura por la  madre  de  ella;  por  ello,  peticionó  la  nulidad de lo actuado, para que se  practique  la  ampliación  del  dictamen  pericial con la presencia de la menor  ofendida,  de  la mano de verdaderos profesionales de medicina legal expertos en  delitos sexuales, aunado a los testigos que arriba impetró.    

Segundo      cargo:      falso     raciocinio.  Sostuvo  que  las  instancias  le  atribuyeron a su poderdante de  manera  indebida  los artículos 209, 210, 211, 4; 232, 2 y dejaron de aplicarle  el 7, inciso 2º, 13 y 24 de la Ley 600 de 2004.   

Inició  su ataque con la transcripción del  testimonio  de la infante,  con el fin de proclamar las contradicciones que  aparecen  en  sus  otras salidas procesales, aclarando que el Juez Colegiado, de  manera   aislada   “le   da   trascendencia   a  lo  desfavorable   de   su  prohijado”,  en  tanto,  las  declaraciones   de   madre   e   hija,   son   incoherentes,   con  las  cuales,  “podemos  inferir,  que hubo direccionamiento de una  persona  adulta,  en  este  caso  la  madre la de menor… lo cual indica que se  genera    una    duda    manifiesta   que   debe   resolverse   en   favor   del  enjuiciado”.       

Por  tanto,  el  Tribunal cercenó el medio,  porque  en  el  caso  lo  sucedido fue “un accidente  donde  no medió la voluntad de hacer daño, por parte del procesado”,  por ausencia de violencia en el suceso y falta de antecedentes  relacionados  con  esa  pérfida  finalidad;  enseguida, transcribió los hechos  expuestos  en  la  decisión atacada y los confrontó con los de la denunciante,  en  lo  que  asumió  como  otro  yerro  de  raciocinio,  sin  explicar cómo se  presentaba ese nuevo desfase de apreciación.   

No   contento   con   ello,  anunció  que  “podemos  inferir  sin  mayor  esfuerzo”,  la  contradicción  y  direccionamiento de la diligencia en la  que  declaró la pequeña, porque no existe la puerta señala por la mamá en la  tienda,   por   esto,   afirmó   el  memorialista  se  produjo  “la   intención   de   sesgar  la  versión  para  causar  daño  al  procesado”.    

Otro error de la misma especie desvelado por  el  recurrente,  lo  hizo  consistir  en una nueva aseveración del Juez Plural,  cuando  indicó  que  no existía ninguna relación con la actividad del tendero  hacer  que  la  infante bajara un jabón al ir a comprar manzanas, ante esto, la  niña  dijo  todo  lo  contrario, que su tía la mandó a llevar unos pantalones  para  arreglar y en el camino el procesado “le pidió  el  favor  de bajar un jabón… a pesar de ser pequeña era un (sic) fortaleza,  pues  es  claro que una persona adulta y grande no la  hubiese  podido  alzar”7.   

Si  resulta  que  la madre declaró que el  implicado  “le  metió  el dedo en la vagina y en el  informe  médico legal, informa que no ha habido penetración alguna”,  entonces,  el  dictamen  debe  ser  desestimado, amén que las  versiones  encontradas no pueden edificar un verdadero juicio de responsabilidad  penal.   

Con base en lo expuesto, peticionó casar la  sentencia  atacada  y  en  su  defecto  se  absuelva a su mandante de los cargos  imputados.    

C O N S I D E R A C I O N E S  

1. Sería del caso  examinar  si  la demanda de casación presentada por el defensor de ALEXANDER   CORTÉS   CORTÉS,  contra  la  sentencia  dictada  el 27 de  junio  de  2012  por  el  Tribunal Superior de Bogotá,  reúne  o  no, los presupuestos lógico argumentativos  para  su admisión, si no fuera porque -atendiendo la facultad oficiosa delegada  por  ley  a  la  Corte-  es  indudable que operó la prescripción de la acción  penal  en  la  fase  instructiva  y,  como  es  obvio, impide realizar cualquier  pronunciamiento diverso al de su declaratoria.   

C  A  S A C I Ó N   O F I C I O S  A   

La  Corte  entra de inmediato a subsanar los  desatinos  plasmados por los funcionarios que administran justicia de cara a los  principios  de estricta tipicidad y de legalidad de la  pena,    habida    cuenta    que   el   Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el 27 de  junio  de  2012,  confirmó la  sentencia  proferida  por  el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Descongestión  de  Bogotá,  el  12  de  octubre   de  2011,  que  le  impuso  al  procesado  las  siguientes  sanciones:   

“CONDENAR  al  señor  ALEXANDER  CORTES  CORTES  (sic),  identificado  con  la cédula 79.596.452 expedida en Bogotá, de  condiciones  civiles  y personales conocidas en autos  la pena de CINCUENTA  Y  CUATRO  (54)  MESES  DE PRISIÓN y a la pena ACCESORIA DE INHABILIDAD PARA EL  EJERCICIO   DE   DERECHOS  Y  FUNCIONES  PÚBLICAS  Y  SUSPENSIÓN   DE   LA   PATRIA   POTESTAD   POR   EL   MISMO  TIEMPO,  por un tiempo igual a la pena principal, al ser encontrado autor  responsable  del  delito  de  ACTO  SEXUAL  CON  MENOS  DE 14 AÑOS AGRAVADO… Artículos 209 y 211 numeral  2°”.    

Reflexiones de la Sala  

1.   El  delito  consagrado    en    el    artículo   209   de   la  Ley  599  de  2000, a la letra dice:   

El  que realice actos sexuales diversos del  acceso  carnal  con  persona menor de catorce (14) años o en su presencia, o la  induzca  a prácticas sexuales, incurrirá en prisión  de tres (3) a cinco (5) años.   

La  circunstancia  de  agravación  punitiva  imputada,  es del siguiente tenor: si “el responsable  tuviere  cualquier  carácter, posición o cargo que le dé particular autoridad  sobre  la  víctima  o  la  impulse  a depositar en él su confianza”,  la  pena  se aumentará de una tercera parte a la mitad; amén  que  la instancia superior excluyó de la dosificación punitiva la disciplinada  en  el inciso 4° del mismo precepto “si se realizare  sobre  persona  menos  de  catorce  (14)  años”, por  violación  al  axioma  de non bis in ídem.    

El juzgador se ubicó en el primer cuarto por  la  inexistencia  tanto  de antecedentes penales como de circunstancias de mayor  punibilidad,  bajo  tal  baremo,  determinó que la pena ascendía a 54 meses de  prisión,  por tratarse de un delito contra la libertad, integridad y formación  sexuales.      

Se advierte, así mismo, que en este caso, no  aplica  la  reforma  consagrada  en  la  Ley  1236 de 2008, la cual aumentó los  límites  punitivos  para  el reato en cuestión de nueve (9) a (13) años; toda  vez  que  los  actos antijurídicos fueron consumados por el aquí inculpado, en  el mes de octubre de 2002.   

La resolución de acusación, en punto de la  calificación  jurídica,  plasmada en el pliego de cargos, se fundamentó en la  causal  2  del  artículo  211  de  la  Ley  599  de 2000, específicamente, por  “la  confianza  que la menor tenía depositada en el  sindicado”  y,  el fallo de primer grado, confirmado  por el Juez Colegiado, motivó tal aspecto de la siguiente manera:   

… la conducta imputada a ALEXANDER CORTES  CORTES  (sic),  es  agravada conforme lo prevé el numeral 2 del Art. 211 del C.  Penal,  todo  apunta  a  la  conducta libidinosa, la cual resulta relevante para  nuestro  ordenamiento  penal, desplegada por el acusado contra la menor, Pues no  es  comprensible,  ni  aceptable que fuera víctima de ese vejamen sexual, quien  sin  recato  y  desatendiendo  principios  morales  y el natural respeto con una  menor  de edad procediera a manipularla sexualmente, vulnerándole a la menor la  libertad   de   determinarse   en  la  vida  sexual8.   

Con  todo, en el plenario no se halla prueba  evidente  de  la  agravante  degradada  contra  el  inculpado,  lo único que se  informó  es  que  era  amigo  de  un tío de la víctima de nombre Rafael  y que la tienda era el sitio donde  la  pequeña  compraba  algunas  cosas;  razón suficiente para que la Sala, por  vigencia  del  postulado  de  estricta  tipicidad  componente  de  los elementos  dogmáticos  de  la  estructura  del delito, deprecie tal tesis, en el entendido  que  jamás  se demostró cuál era el carácter, posición o especial autoridad  del  procesado  sobre  la víctima para generar en ella la confianza que reclama  la    descripción    normativa    erradamente    aplicada   al   caso   de   la  especie.   

Mucho  menos,  los falladores le imprimieron  solidez  argumentativa  y  consistencia jurídica a la referida circunstancia de  agravación,  como  lo  reclama  la  ley  y  lo desarrolla la jurisprudencia, en  tanto,  los  hechos  jurídicamente  relevantes, jamás se adecuan, ni acoplan a  ese  evento; hecho suficiente para excluir la señalada agravante punitiva, para  lo cual se casará de oficio la sentencia.   

P   R   E   S   C   R  I  P  C  I  Ó  N   

Al  desaparecer  la agravante punitiva de la  conducta  punible  imputada  al procesado, sancionada para cuando sucedieron los  hechos  con  prisión  de  3  a  5  años,  es  evidente  que  se  operó  en la  instrucción   el   fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  de  la  acción  penal.   

El  artículo  86  de  la  Ley  599 de 2000,  estipula   que   la   prescripción   de  la  acción  penal    se    interrumpe    con   la   resolución  de acusación o su equivalente  y,  una  vez ejecutoriada, se reinicia un nuevo término, el cual será igual al  consagrado  en el precepto 83, sin que pueda ser menor a cinco (5) ni superior a  diez (10) años.   

Tal  fenómeno  procesal,  en  punto  a  la  ejecutoria  de la resolución de acusación,      se     entiende     en     dos     sentidos:     (i)   si  se  trata  de  un  servidor             público9  debe  contabilizarse, como lo  ha       explicado       la      jurisprudencia10  de  esta  Sala,  en seis (6)  años  y  ocho  (8) meses, ii)  por  el  contrario, si es un particular, el límite es de cinco (5) años.    

Se tiene, entonces, que la  resolución  de  acusación expedida por la  Unidad    de    Fiscalía    Delegada   de   segunda  instancia,  de  fecha 7 de abril de 2010, quedó  debidamente ejecutoriada el día 12 de mayo del mismo   año;  con  tal  proveído,  se  interrumpió el ciclo  prescriptivo;  motivo por el cual, desde el momento de consumación de los actos  ilícitos,  15  de octubre de 2002, a la fecha ha transcurrido un lapso superior  a  dicho  límite normativo, el cual feneció el 15 de  octubre  de  2007; circunstancia por la cual operó la  prescripción de la acción penal en la etapa de instrucción.   

En consecuencia, atendiendo lo preceptuado en  los  artículos  38  y  39  del Código de Procedimiento Penal, se declarará la  extinción  de  la  acción  penal y   se  cesará el procedimiento    al    sindicado   ALEXANDER   CORTÉS  CORTÉS.   

Por  tal  motivo,  el  Juez  de conocimiento  devolverá  las  cauciones  generadas  y  se  encargará  de  cancelar todos los  requerimientos  y  pendientes  junto con las medidas cautelares sobre bienes que  se   encuentren   vigentes,   que   ALEXANDER  CORTÉS  CORTÉS,  hubiese adquirido por razón exclusiva de la  infracción  hoy  prescrita;  también  informará  sobre  la  nueva  situación  jurídica  del  inculpado,  a  los organismos de seguridad del Estado a donde se  hubiese oficiado.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:               Inadmitir   la   demanda   de   casación  promovida  por  el  defensor  del  ciudadano  ALEXANDER  CORTÉS  CORTÉS,  contra la sentencia proferida por el  Tribunal Superior de Bogotá,  el   27   de   junio   de   2012,   tal  y  como  se  puntualizó  en  párrafos  precedentes.   

Segundo:  Casar   oficiosamente   la  sentencia  impugnada  para  excluir  de  la  imputación  la  agravante punitiva  prevista en el artículo 211, numeral 2°, de la Ley 599 de 2000.   

Tercero:  Declarar,  como consecuencia  de   lo  anterior,   la  prescripción  de la acción  penal  relacionada  con  el  delito de actos sexuales con menor de catorce años  por   el   que   fue   procesado   ALEXANDER  CORTÉS  CORTÉS    y    cesar    el   procedimiento   a   su  favor.   

Cuarto.  Disponer  que  el Juez de conocimiento cumpla con las cargas a que se hizo mención en las  consideraciones.   

Quinto:  Cópiese,    notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ            GUSTAVO     ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                    JULIO           ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                         

JAVIER       ZAPATA   ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de  primera  y segunda instancia fueron signadas el 12  octubre  de 2011 y el 27 de junio de 2012, respectivamente.   

2 Con  base  en  los  artículos  1º,  33 y 47, 8º de la Ley 1098 de 2006, la Sala se  abstiene  de  divulgar  los  nombres,  apellidos  e  iniciales  de  la  pequeña  víctima,    en   protección   integral   a   sus   derechos   constitucionales  fundamentales.   

3  Sostuvo  el  Juez:  “este  Despacho  no comparte el  agravante  establecido  en  el artículo 211 numeral cuarto que le fue imputado,  pues  la  misma Corte Constitucional en sentencia C-521 de 2009, estableció que  esta  causal  no  es  aplicable  a  los Arts. 208 y 209 del C. Penal”. Ver folio 60, c.o., 2.   

4 El 2  de  marzo  del  año  citado,  el  Fiscal de conocimiento, denegó el recurso de  reposición impetrado por el abogado del procesado.   

5 Ver  folios 30 y 32, c.o. Tribunal.   

6 Sobre  la  valoración  de  los  testimonios  de  los  menores  trajo  a  colación una  decisión  de  esta  Sala:  37.044  de 7 de diciembre de 2011, en donde se dijo:  “De  esta  forma,  el énfasis de la Corte sobre la  necesidad   de   valorar   cuidadosamente   el  testimonio  del  menor  agredido  sexualmente   no   impone  al  juzgador  la  obligación  de  otorgarle  siempre  credibilidad,  pues  ello  comportaría  adscribirse al sistema de tarifa legal,  situación  incompatible  con  la  estructura  del ordenamiento procesal patrio,  fundado  en el postulado de la persuasión racional o sana crítica, tal como se  analizó   en  el  acápite  anterior”.   

7 En lo  que       denominó      “nueva      situación  probatoria”,  vuelve e insiste en la confrontación  de  las  versiones  entre  madre  e hija, las cuales copió reiteradamente, para  después  concluir  que,  “hubo manipulación de las  versiones”,   y   falta   de   colaboración   del  investigador  del  CTI, lo cual, “generan (sic) duda  en  la  forma  como  acontecieron  los  hechos, razón por la cual el cargo debe  prosperar”.   

8 Ver  folio 66, c.o. 2.   

9  El  artículo   83  de  la  Ley  599  de  2000,  inciso  5,  preceptúa:  “el  servidor público que en ejercicio de sus funciones, de su  cargo  o  con  ocasión  de  ellos,  realice una conducta punible o participe en  ella,  el  término  de prescripción se aumentará en una tercera parte”; esa  es  y no otra la razón del incremento punitivo y, para el caso en estudio, como  es   obvio,   la   condición   de  particular  que  ostenta  el  inculpado,  es  notoria.   

10  Corte  Suprema  de  Justicia,  Radicación  25.767 (20-09-06); 25.149 (5-10-06);  20.673 (1-9-04).     

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