40006(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

Dr. JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado: Acta No. 376-  

Bogotá,  D. C., diez (10) de octubre de dos  mil doce (2012)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala  resuelve  el  recurso de casación  propuesto    por   el   defensor   de   Melba   Ramos  Riaño   y   Celia  Riaño  de    Ramos  contra la sentencia de fecha 27 de abril de 2012, proferida por la  Sala  Penal  de  Descongestión  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Buga,  que revocó la absolutoria dictada por el Juzgado 2 Penal del Circuito de  Cartago (Valle).   

HECHOS  

1. Bernardo Alfonso Jaramillo Gómez contrajo  matrimonio  con  Melba Ramos Riaño el 17 de diciembre de 1980; según sentencia  del  18  de  septiembre de 1997, a cargo del Juzgado 1 de Familia de Cartago, se  produjo  la  separación  de bienes.  Por decisión del 22 de septiembre de  1998,  fue  disuelta  la  sociedad  conyugal,  excluyéndose  algunos  bienes al  considerarse  que  no  hacían  parte  del  haber social. Inconforme con ello el  señor  Jaramillo promovió ante la jurisdicción civil proceso por simulación,  el  cual  fue fallado por el Juzgado 1 Civil del Circuito de esa misma ciudad el  29  de  septiembre  de  2000,  en  el  que se ordenó1:   

“1. DECLÁRASE  que  los  contratos  de compraventa contenidos en las  Escrituras  Públicas  No  1750  del  24  de  agosto  de  1995  referente  a  la  negociación  contenida  en el numeral 1 de dichos títulos, en donde la señora  MELBA  RAMOS  RIAÑO  transfiere a título de venta a la señora Celia Riaño de  Ramos  cinco  mil  (5.000)  cuotas  o  aportes  de capital que la primera de las  nombradas  en su calidad de socia de la sociedad “Inversiones Bello Horizontes  Ltda.”,  y la Escritura No. 2.186 del 20 de octubre de 1.995 aclaratoria de la  anterior  en  cuanto  a  que el número de cuotas negociadas fue de 2.000 cuotas  son  simuladas,  lo  mismo  que  el  acto  jurídico  contenidos en la Escritura  Pública  No.  1.778  del 25 de agosto de 1.995, donde las mismas partes citadas  transfieren   un   bien  inmueble  ubicado  en  el  Corregimiento  de  Zaragoza,  alinderado  como  aparece  en  el  hecho  4.1.  de  la  demanda  con  matrícula  inmobiliaria  No.  375-0025843  y  ficha  catastral  No. 00-02-005-0062 títulos  estos  debidamente  registrados  en  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  esta  ciudad  y  en la Cámara de Comercio respectiva, siendo los  precitados contratos simulados de simulación absoluta.   

2.   COMO  consecuencia   de   la   anterior  declaración  los  precitados  bienes  muebles  e  inmuebles (2.000            acciones     de     la    Sociedad  Inversiones  Bello  Horizontes  Ltda.  y un bien inmueble  ubicado  en  el  Corregimiento  de  Zaragoza,  con  matrícula  inmobiliaria No.  375-0025843)  pertenecen a la sociedad conyugal formada por los esposos Bernardo  Alfonso  Jaramillo G y Melba Ramos Riaño, la cual fue disuelta por sentencia de  fecha  septiembre  18  de  1.997  proferida por el Juzgado Primero de Familia de  esta  ciudad,  y  por  tanto  entrarán  aquellos bienes (Muebles e Inmuebles) a  formar  parte  del haber patrimonial, en orden a tenerlo en cuenta al momento de  rehacer  el  trabajo  de liquidación de la citada sociedad matrimonial o de una  liquidación adicional.   

3.           CONDENASE a la demandada Celia Riaño de  Ramos,  al  pago  de  frutos  civiles  que  los citados bienes hayan producido a  partir  de  la ejecutoria de la sentencia aludidos en el numeral anterior, hasta  la fecha de restitución al haber social.   

4.           LIBRENSE   los  oficios  de  rigor  con  destino  a  la  Cámara  de  Comercio  de  esta ciudad (Registro Mercantil) y la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos de esta ciudad, con el objeto de  que  procedan  a  cancelar  la  inscripción  de  la compraventa descritos en el  numeral    3    de    la   parte   resolutiva   de   este   fallo”.   

La   sentencia,   al  ser  recurrida,  fue  confirmada  por  la  Sala  Civil del Tribunal Superior de Buga el 29 de julio de  2004.   

2.   El  ex  esposo,  Bernardo  Alfonso  Jaramillo  Gómez, formuló denuncia penal por el delito de fraude a resolución  judicial  al  considerar  que no se ha dado cumplimiento al fallo emitido por la  jurisdicción civil en el proceso de simulación.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.    Precedida   de   investigación  previa2,  el  15 de noviembre de 2005, la Fiscalía 36 Seccional de Cartago  (Valle)   profirió  resolución  de  apertura  de  instrucción  y  ordenó  la  vinculación   mediante  indagatoria  de  Melba  Ramos  Riaño  y  Celia  Riaño  de  Ramos3.   

2.  El 29 de junio de 2007 se calificó  el  mérito  del  sumario  en la modalidad de preclusión de la instrucción por  las   conductas   de   fraude   procesal,   fraude   a  resolución  judicial  y  falsedad4.  Por  virtud  del  recurso  de  apelación,  esa  providencia  fue  revocada  parcialmente el día 12 de octubre de 2007 por la Fiscalía 5 Delegada  ante  el Tribunal Superior de Guadalajara de Buga, para confirmar la preclusión  de  la  investigación  respecto  del  delito  de  fraude  procesal,  y proferir  resolución  de  acusación  en  contra  de Melba Ramos  Riaño  y  Celia  Riaño  de  Ramos  por el delito de fraude a resolución judicial.  Al  tiempo  declaró  la  nulidad parcial, solo en lo que toca con el punible de  falsedad,    desde   el   acto   de   clausura   de   investigación5.   

3.   Una  vez  evacuada  la  etapa  del  juicio,  el  31  de  enero  de  2012  el Juzgado 2 Penal del Circuito de Cartago  profirió   sentencia   absolutoria   a   favor   de   las  acusadas6.   

4.  La decisión fue recurrida y revocada el  27  de  abril  del  mismo  año por la Sala Penal de Descongestión del Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de   Buga,  al  declarar  a  Melba   Ramos   Riaño   y   Celia  Riaño de Ramos autoras responsables  del  delito  de  fraude  a  resolución judicial; en consecuencia les impuso una  pena  principal  de  15  meses de prisión y multa de 6 s.m.l.m.v., así como la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la privativa de la libertad. Les concedió  el   subrogado   de   la   suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena7.   

5.  El  defensor  acudió en casación y por  auto  del  pasado  1°  de  octubre se admitió la demanda y corrió traslado al  Ministerio                  Público8.   

LA DEMANDA  

El apoderado, tras invocar a la Corte lo que  denomina     “situación    de    extraordinaria  excepción9”,  solicita la admisión de la demanda  de  casación  al  acusar  la  sentencia de segunda instancia de transgredir los  derechos  fundamentales  al debido proceso probatorio, presunción de inocencia,  libertad  personal  y  al  buen nombre de sus asistidas, propósito con el cual,  previa  a la enunciación de las causales, expresa su particular pensamiento del  acontecer  fáctico  que  precedió  a la actuación penal y el que –en     su     sentir-   está  íntimamente  relacionado  con  el  proceso  ordinario  de  simulación  adelantado  ante la jurisdicción civil y en el que fueran vencidas  las acusadas.   

A más de las razones ya expuestas, advierte,  que  la  admisión  excepcional  que  reclama  se  requiere  para  el desarrollo  jurisprudencial  en  cuanto surge necesario que la Corte precise si “las   decisiones   judiciales,   en  este  caso,  fallos  de  la  jurisdicción  civil  (en  un  proceso  ordinario  de simulación), para el caso  penal  bajo  análisis, constituye o no prueba dentro del marco de la ley 600 de  200010”.   

Para  el  efecto  y  tras  identificar a los  sujetos  procesales,  una  síntesis  fáctica  y  el  resumen de la actuación,  propone  dos  cargos  al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo, del  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal de 2000, violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho por falsos juicios de identidad y  existencia  (los  dos  primeros);  y el tercero, subsidiario, por la senda de la  violación  directa  de  la  ley sustancial por falta de aplicación (exclusión  evidente).   La   Sala   condensará   la   censura   en   sus   aspectos   más  sobresalientes:   

Primer  reproche.  Error de hecho por falso  juicio de identidad.   

    

1. El yerro del juzgador consistió en  distorsionar  el alcance fáctico de las “evidencias  probatorias11”  aportadas  al proceso, refiriéndose  específicamente  la  sentencia  proferida  por  la  jurisdicción  civil  en el  proceso  ordinario  de  simulación  del  29  de  septiembre de 200012,    al  “dar  por sentados hechos relevantes que carecen de  prueba”13,  y  el  que  le  permite  anunciar  que  si el Tribunal le hubiera  realizado  un  estudio lógico, detenido y cuidadoso, no hubiera proferido fallo  condenatorio.     

2.  Indica  que  la réplica se centra en lo  dispuesto   por   el   juzgado   civil  en  los  numeral  2  y  3,  “pues  mientras  para  el  Tribunal  en  su  fallo penal si (sic)  aparecen  contenidas  órdenes  de  clara e imperativa naturaleza obligacional e  inmediata  inclusive, para la defensa no es así y por ello, para criterio de la  defensa,  el  comportamiento  que se les ha endilgado a las damas hoy condenadas  aparece        ostensiblemente        atípico14”.   

Considera que el numeral segundo del referido  proveído  declaró una simulación, mas no impuso una obligación, y de ahí la  trascendencia  del  error  que  acusa.  Tesis  que se afirma con el poder que el  denunciante  otorga  a  una  profesional  del derecho ante el Juzgado Primero de  Familia  de  Cartago, cuya pretensión es realizar una partición adicional, con  miras a que se cumpla lo ordenado en la sentencia de simulación.   

3. Entonces, a términos de la demanda, surge  diáfano  que  ninguna  obligación perentoria a cargo de las acusadas impuso la  jurisdicción  civil  como erradamente lo consideró el Tribunal, al otorgarle a  “las  expresiones  del juzgado civil un alcance que  no   tiene,   al   entender   el   Tribunal   que  si  se  impone  en  la  parte  resolutiva,    numeral   segundo,   una  obligación  clara,  perentoria  e  inmediata   cuando  no  es  así,  no  es  entendimiento  que  se  atenga  a  la  realidad15”. Adicional a ello, la orden impartida  por  el  Juzgado  Civil  del Circuito de Cartago (numeral cuarto), al librar los  oficios  a  la  Cámara  de  Comercio y a la Oficina de Registro de Instrumentos  Públicos,    materializó   “jurídicamente,   su  restablecimiento,   su   restitución   al   haber  social  conyugal16”.  Es  por  ello,  que se configura el  falso juicio de identidad al darle el Tribunal un alcance distinto.   

4.  Lo  propio sucede con el numeral tercero  del  fallo  de  simulación,  por  cuanto si bien se trataría de una condena en  abstracto  “CONDÉNASE a la demanda Celia Riaño de  Ramos  al  pago  de  los frutos civiles que los citados bienes hayan producido a  partir  de  la ejecutoria de la sentencia aludidos en el numeral anterior, hasta  la   fecha   de   restitución   al   haber  social17”,  el  equívoco del Tribunal es manifiesto por cuanto, de una parte,  va  dirigido  a Melba Ramos y,  de  otro lado, el concepto de frutos civiles es distinto al de perjuicios y esta  tasación  es de la esencia de la jurisdicción de familia, entendimiento que se  aviene  a  lo  ordenado  por el Juzgado Primero de Familia de Cartago, autoridad  que,   a   través   del   interlocutorio   083   del   7   de  abril  de  2006,  ordenó:   

“…la oportunidad para tasar y determinar  los  frutos  perseguidos  en  esta  partición adicional, lo es la diligencia de  inventario            y            avalúo18”.   

Sentido  idéntico,  pregona el libelista, a  las  consideraciones efectuadas en el propio fallo de simulación frente al tema  relacionado con los frutos y su valor:   

“…la  cuantificación  de dichos frutos  corresponde  efectuarla en el trámite que corresponda ya sea (el) de rehacer la  liquidación  partición  o  hacer  una  adicional a la ya realizada19”.   

5. Entonces, afirma el demandante, si ante la  jurisdicción  de  familia  se adelanta el trámite de liquidación adicional de  la  sociedad  conyugal,  “cómo la sala (sic) penal  (sic)  del Tribunal le va a imponer a la demandada allá y condenada acá, CELIA  RIAÑO  DE  RAMOS  una  carga imposible de cumplir mientras no sea destrabada en  dicho                    incidente20”.   

6. Ahora, si la presunta conducta fraudulenta  a  cargo  de  las  acusadas,  conforme  a  la tesis del Tribunal, descansa en el  dictamen  contable del C.T.I. y en la venta realizada en julio de 1997 de uno de  los  bienes  de  la  sociedad,  tal  postura refleja una distorsión respecto de  estos  elementos  de prueba, toda vez que la providencia de simulación data del  año     2004    (segunda    instancia)  luego  una  venta del año 1997 no les podría ser imputable, pues  este  hecho  tuvo ocurrencia “muchos años antes que  adviniera  la  obligación que judicialmente se les habría impuesto21”;  consideraciones  idénticas  en  lo  relacionado con el dictamen pericial.   

7.  Finalmente,  señala,  que conforme a la  técnica  casacional  lo propio sería analizar las restantes pruebas, entre las  que  destaca la denuncia; sin embargo, aquella no soporta el fallo condenatorio,  por  cuanto,  insiste,  la  cancelación  de  los  frutos  civiles  ameritaba un  trámite  adicional  ante  la  jurisdicción  de  familia,  sin  que  la defensa  ejercida  por  las condenadas dentro de la jurisdicción de familia “constituya  prueba  o   muestra  de desacato a la decisión  judicial                    civil22”;  tampoco,  sostiene  el  casacionista,  se  ofrece  de  recibo  la  declaración   de   Evelio  Sarmiento  Cruz,  quien  sostiene  que  Melba   Ramos  no  contaba  con  capacidad  económica  para  adquirir  tales  bienes,  pues este es un hecho que no resulta  representativo en el juicio de reproche penal.   

8. En lo que el demandante titula síntesis,  precisa   que  el  Ad  quem  distorsionó   las  pruebas  poniéndolas  a  decir  lo  que  ellas  material  y  objetivamente  no  dicen, por lo que solicita casar la sentencia y dictar una de  reemplazo  en  la  que  se  absuelva  a  sus  asistidas ante la vulneración del  artículo  454  del Código Penal y 7 de la Ley 600 de 2000. Cita jurisprudencia  constitucional sobre  la valoración probatoria.   

Segundo  reproche.   Falso  juicio  de  existencia23.   

1.   Acusa,  la  sentencia  de  segunda  instancia,  por  haber ignorado “la existencia de un  cuaderno  que  contenía  la  actuación  que  por  parte del Juzgado Primero de  Familia    de    Cartago    se    adelante    y   que   concierne   –qué    importante    era-   a   la  liquidación  adicional  de  la  sociedad  conyugal24”,  Esa  falencia, en sentir del libelista, explica la conclusión de  condena  y sustenta la trascendencia del yerro que demanda pues demostrado está  que  ante el Juzgado 1 de Familia de Cartago, radicación 8576-2006, se adelanta  el trámite de regulación de los frutos civiles.   

    

1. Afirma que si los frutos civiles no  se  han  entregado  o  pagado, ello no obedece al capricho de las acusadas, sino  que  es  una  condena  a  cargo del respectivo operador judicial, no pudiéndose  sostener un incumplimiento fraudulento a una providencia judicial.     

    

1. Pide  que  el  fallo  sea casado y  reemplazado  por  uno  absolutorio, por violación del artículo 454 del Código  Penal  y  en  estricta  observancia  de  los artículos 232 y 7 de la Ley 599 de  2000.     

Tercer   reproche   (subsidiario).   Violación  directa  de  la  ley sustancial por falta de aplicación (exclusión  evidente).   

    

1. El  demandante  acusa de errada la  sentencia      de     segunda     instancia     al     disponer     “seguirán  las  medidas  que  pesan  sobre los bienes que fueron  objeto  de  pronunciamientos  judiciales  cuyo  cumplimiento  ha escamoteado las  justiciables,  mientras  se  resuelve por vía civil sobre la regulación de los  frutos    que    en   esas   sentencias   se   ordenaron   restituir25”.     

En  su  sentir,  tal  decisión  guardaría  relación  con los embargos dispuestos en la audiencia preparatoria celebrada el  24  de  enero de 2008, sin embargo, de una parte, el tema de los frutos es de la  esencia  del  juez de familia y, de otro, lo propio, ante la indeterminación de  perjuicios  declarada  por  el  Tribunal,  era  ordenar  el levantamiento de las  medidas   cautelares;   sostener   lo   contrario,  constituye  un  “esperpento26”,  por  cuanto  no  existe  una  disposición  que  la viabilice. Se  violaron  directamente  los artículos 94, 95 y 97 de la Ley 599 de 2000 y 45 de  la Ley 600 de 2000.   

2. Afirma que en el proceso penal se persigue  el  resarcimiento  de los daños y perjuicios, sin que resulte posible que en el  mismo se contemple la posibilidad de tasar los frutos civiles.   

3.  Son  estas  las  razones que lo llevan a  solicitar   que   se  case  la  sentencia  y,  en  su  lugar,  se  levanten  las  medidas.   

Para  terminar, el libelista invoca casar el  fallo injusto y absolver a sus prohijadas.   

Escrito  a  cargo  del no recurrente (parte  civil).   

1.  Principia  por  invocar la nulidad de la  actuación   “en  punto  al  trámite  dado  a  la  solicitud  de  parte  del  memorialista  de  la defensa y cobre firmeza el fallo  censurado  por  improcedente  recurso  extraordinario  de  casación27”,  al  considerar  que el libelista no  acató  los  lineamientos respecto a la casación excepcional, lo que lleva a la  improsperidad de su pretensión   

2.   Invoca  que  de  no  ser recibo el  anterior  planteamiento,  es  imposible atender el reclamo que la defensa eleva,  por  cuanto  lo que se persigue es que opere el fenómeno de la prescripción de  la   acción   penal,   toda  vez  que  el  escrito  sustentatorio  del  recurso  extraordiario  no  pasa  de  ser  un  alegato  de  instancia  que  no  alcanza a  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad que blinda el fallo de  segundo grado.   

3. Luego, pasa a referirse de manera simple a  cada  uno de los cargos, indicando que frente al primero, en el que se invoca la  atipicidad  de  la  conducta,  se  desconoce  la obligatoriedad que emana de las  decisiones  proferidas  por  la  jurisdicción  civil;  el segundo, en el que se  afirma  que  se  ignoró  la  existencia  de  evidencia documental, “si   tal   aserto   fuera   cierto,  que  no  lo  es28” la valoración efectuada es contraria  a  la  postulación  toda  vez  que  en  la  providencia  atacada se destacó el  incumplimiento  de  las acusadas; lo propio sucede con el tercer cargo, en donde  “[e]n  esencia, lo resuelto por la judicatura penal  va  más allá de una apreciación semántica, porque entrega a buen recaudo los  bienes  de las condenadas para que con su patrimonio satisfagan las obligaciones  resultantes           del          desacato29”.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal,  tras  realizar  una relación de los hechos y síntesis de la  demanda, recomienda casar la sentencia.   

1. Empieza por realizar una breve referencia  respecto  del  falso  juicio de identidad en la jurisprudencia de la Corte, para  luego  precisar  que  el  principal  elemento  de  conocimiento  sobre el que se  predica  el  yerro  está  referido  a  la  providencia  de  primera  instancia,  proferida  por  el  Juzgado  1  Civil  del Circuito de fecha 29 de septiembre de  2000,  toda  vez  que  es  allí en donde presuntamente se impuso la obligación  sustraída por las acusadas.   

Tras  transcribir en forma íntegra la parte  resolutiva,  considera  que  la evaluación efectuada por los juzgadores penales  de       instancia      “es      diametralmente  diferente30”,  pues  en  tanto  para  el  juez  de  primera  instancia  ninguna  obligación  les  fue  impuesta, para el de segundo  grado  las  procesadas  utilizaron  medios  fraudulentos  para sustraerse de las  cargas implantadas.   

En  criterio  de  la  Señora  Procuradora  Delegada,  el  Tribunal  omitió  tener en cuenta que para efectos de cumplir lo  relacionado  con  el  pago  de los frutos civiles, resultaba necesario adelantar  previamente  el  proceso de liquidación adicional de la sociedad conyugal, como  sucede  en  la  actualidad  ante  el  Juez  1  de  Familia de Cartago; advierte,  igualmente,  que no comparte los planteamientos del juez de primera instancia al  afirmar   que   de   las  decisiones  civiles  no  surgieron  deberes  para  las  demandadas.   

Considera,  por tanto, que la sustracción a  la  obligación que da cuenta los elementos objetivos del tipo penal de fraude a  resolución  judicial  no se ha concretado, pues su acatamiento está supeditado  a  la determinación que se adopte en el proceso de partición adicional, siendo  por  ello que comparte el planteamiento del censor al considerar que el Tribunal  distorsionó  la literalidad del medio de prueba cuestionado, error que resultó  trascendente.   

Es  por  ello  que  el cargo está llamado a  prosperar.   

2.   Respecto  al  segundo  reproche,  comparte  el  criterio  del casacionista en cuanto a que la orden impuesta en la  jurisdicción  civil,  encaminada  a devolver los frutos, está siendo objeto de  regulación  y determinación en un trámite independiente, aspecto que no fuera  aprehendido  por  el Tribunal a pesar de obrar copia de tal trámite en cuaderno  por separado.   

Es  por  ello  que, considera, que la prueba  documental  señalada por el casacionista fue desconocida por el sentenciador de  segundo  grado  y  que  el  yerro  fue  de  tal  trascendencia  que  generó  la  revocatoria  de  la decisión absolutoria proferida en primera instancia, por lo  que el cargo debe prosperar y la Corte casar el fallo.   

3.  Frente al cargo subsidiario, elevado  por  la  senda  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación,  anuncia  el  Ministerio  Público  que el mismo tiene vocación de  prosperar,  pues  al  examinar  la  determinación del Tribunal Superior resulta  evidente  que  a  pesar  de la declaración de responsabilidad penal, aquella no  generó  condena  civil  ante  la imposibilidad de probarse los perjuicios en el  proceso  penal,  al  punto que abrió las puertas para que se acudiera a la vía  civil.   

Destaca  igualmente  la  Delegada  que  el  juzgador  de  segunda  instancia  reconoce  en  la  parte  motiva  que el asunto  relacionado  con los frutos es objeto de litigio ante el Juzgado 1 de Familia de  Cartago,   “aceptando  no  conocer  el  estado  de  proceso31”,  luego  entonces  no podía, bajo la  equívoca  interpretación  del artículo 21 del Código de Procedimiento Penal,  “disponer  en  forma  amplia  que se mantuviera las  medidas  cautelares  que  sobre  los  bienes  se  habían puesto para garantizar  precisamente  la  indemnización  de  los  perjuicios  causados  con la conducta  punible  hasta  tanto se resolviera en la vía civil32”.   

Es  por  ello  que  no  es posible reprochar  penalmente  a  las acusadas por el pago de los frutos civiles, pues escapa de su  voluntad.   

Entonces,  si  en  la  sentencia  de segunda  instancia  se  determinó  que  no se probó la existencia de perjuicios, lo que  imposibilitó   su   liquidación,  “necesariamente  debía  haber  pronunciamiento  disponiendo  el  levantamiento  de  las  medidas  cautelares  impuestas  en  la audiencia preparatoria, pues la medida restrictiva  del  comercio  de los bienes tenía como razón de ser el garantizar la efectiva  cancelación  de  los  perjuicios,  debiendo,  obviamente,  volver  las cosas al  estado   anterior   por   sustracción  de  materia33”.   

De  igual  manera,  el  mantenimiento de las  medidas  cautelares  se oponía a lo dispuesto en el artículo 56 del Código de  Procedimiento  Penal,  toda  vez que el Tribunal era conocedor que el tema de la  regulación  de  frutos  era objeto de decisión en la jurisdicción de familia.  Adicional  a ello, el Ad quem  estaba   impedido   en   habilitar   una  nueva  vía  civil  para  probar  este  aspecto.   

Ahora,  si  en  gracia  de  discusión  se  admitiera   dar   aplicación   por   integración   a  normas  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  no  lo  sería  por  la  vía civil, sino al interior del  proceso  penal  mediante  un  incidente a promoverse dentro de los sesenta días  siguientes a la ejecutoria de la sentencia.   

Son  estas las razones por las que considera  que  el  cargo tiene vocación de prosperidad y que, por tanto, se debe casar la  sentencia,  emitir  una  absolutoria  y  desembargar  los  bienes  afectados con  medidas cautelares.   

CONSIDERACIONES  

1. Si bien es cierto el demandante incurrió  en  algunos errores de lógica y debida argumentación al momento de desarrollar  los  cargos,  también  lo  es  que  la  Sala dispuso superar los defectos de la  demanda  y  decidir  de  fondo el asunto, en la medida en que así lo amerita la  índole de la controversia y los fines de la casación.   

2. Con ese propósito, la Corte abordará los  siguientes  aspectos:  (i)  la  conducta  en  el  delito de fraude a resolución  judicial  y,  (ii)  el  alcance de la decisión contenida en los fallos emitidos  por   la   jurisdicción   civil   en   el  proceso  de  simulación34.   

3.  En  el  cargo  primero,  en  el  que  por la vía anunciada aspira el  libelista  a  quebrar  la doble presunción de acierto y legalidad que cobija el  fallo  de  segunda  instancia,  se  denuncia  la ocurrencia de un error de hecho  consistente en falso juicio de identidad.   

Con  sujeción  a  las  exigencias  lógico  argumentativas  propias  del  vicio alegado, el profesional identifica de manera  clara  el  elemento  de  convicción  cuya apreciación habría distorsionado el  fallador  de  segundo  grado, refiriéndose expresamente a la sentencia de fecha  29  de  septiembre  de  2000  proferida  por  el Juzgado 1 Civil del Circuito de  Cartago  y  confirmada  por la Sala Civil del Tribunal Superior de Buga el 29 de  julio      de     2004,     cuya     transcripción     resulta     –en  su  parte resolutiva- de necesaria  referencia35:   

“1. DECLÁRASE  que  los  contratos  de compraventa contenidos en las  Escrituras  Públicas  No  1750  del  24  de  agosto  de  1995  referente  a  la  negociación  contenida  en el numeral 1 de dichos títulos, en donde la señora  MELBA  RAMOS  RIAÑO  transfiere a título de venta a la señora Celia Riaño de  Ramos  cinco  mil  (5.000)  cuotas  o  aportes  de capital que la primera de las  nombradas  en su calidad de socia de la sociedad “Inversiones Bello Horizontes  Ltda.”,  y la Escritura No. 2.186 del 20 de octubre de 1.995 aclaratoria de la  anterior  en  cuanto  a  que el número de cuotas negociadas fue de 2.000 cuotas  son  simuladas,  lo  mismo  que  el  acto  jurídico  contenidos en la Escritura  Pública  No.  1.778  del 25 de agosto de 1.995, donde las mismas partes citadas  transfieren   un   bien  inmueble  ubicado  en  el  Corregimiento  de  Zaragoza,  alinderado  como  aparece  en  el  hecho  4.1.  de  la  demanda  con  matrícula  inmobiliaria  No.  375-0025843  y  ficha  catastral  No. 00-02-005-0062 títulos  estos  debidamente  registrados  en  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  esta  ciudad  y  en la Cámara de Comercio respectiva, siendo los  precitados contratos simulados de simulación absoluta.   

2.   COMO  consecuencia   de   la   anterior  declaración  los  precitados  bienes  muebles  e  inmuebles (2.000            acciones     de     la    Sociedad  Inversiones  Bello  Horizontes  Ltda.  y un bien inmueble  ubicado  en  el  Corregimiento  de  Zaragoza,  con  matrícula  inmobiliaria No.  375-0025843)  pertenecen a la sociedad conyugal formada por los esposos Bernardo  Alfonso  Jaramillo G y Melba Ramos Riaño, la cual fue disuelta por sentencia de  fecha  septiembre  18  de  1.997  proferida por el Juzgado Primero de Familia de  esta  ciudad,  y  por  tanto  entrarán  aquellos bienes (Muebles e Inmuebles) a  formar  parte  del haber patrimonial, en orden a tenerlo en cuenta al momento de  rehacer  el  trabajo  de liquidación de la citada sociedad matrimonial o de una  liquidación adicional.   

3.           CONDENASE a la demandada Celia Riaño de  Ramos,  al  pago  de  frutos  civiles  que  los citados bienes hayan producido a  partir  de  la ejecutoria de la sentencia aludidos en el numeral anterior, hasta  la fecha de restitución al haber social.   

4.           LIBRENSE   los  oficios  de  rigor  con  destino  a  la  Cámara  de  Comercio  de  esta ciudad (Registro Mercantil) y la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos de esta ciudad, con el objeto de  que  procedan  a  cancelar  la  inscripción  de  la compraventa descritos en el  numeral    3    de    la   parte   resolutiva   de   este   fallo”.   

    

1. Ab initio  la  Sala anuncia que el reproche está llamado a prosperar, compartiendo así el  concepto  emitido  por la Señora Procuradora Tercera Delegada para la Casación  Penal,   en   cuanto  se  debe  casar  la  sentencia,  pues  la  Sala  Penal  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de  Buga  distorsionó  la  literalidad  contenida  en  el  numeral  tercero del fallo emitido por el Juzgado 1 Civil del  Circuito  de  Cartago  cuando  dispuso  condenar  a  la  demandada, Celia  Riaño  de  Ramos, al pago de los citados frutos civiles, merced a  la simulación decretada.     

5.  Veamos, el delito por el que fueron  acusadas   las   señoras  Celia  Riaño  de        Ramos        y    Melba    Ramos   Riaño   es   el   descrito   en  el  artículo  454  de  la  Ley  599  de  200036,   bajo   el   nomen  iuris  de  fraude  a  resolución  judicial,  conducta  lesiva  del  bien  jurídico  de  la  eficaz  y recta impartición de justicia, incurriendo en ella  quien  por  cualquier  medio  fraudulento  se  sustraiga  al cumplimiento de una  obligación impuesta en una decisión judicial.   

De ahí que, la pretensión del legislador al  elevar   este   tipo   penal  es  hacer  efectivas  las  decisiones  judiciales,  materializar  su  cumplimiento,  es  decir,  castigar  el  desconocimiento de la  autoridad  intrínseca que de ellas dimanan, materializándose de tal manera las  garantías propias de un Estado social de derecho.   

    

1. A  la  Sala  se le ofrece oportuno  destacar  que,  como  bien  lo  precisó  tanto  el casacionista como la Señora  Procuradora  en  su  concepto,  los  numerales  primero,  segundo y cuarto de la  sentencia   proferida  por  el  Juzgado  1  Civil  del  Circuito  ninguna  carga  impusieron  a las acusadas, por cuanto en aquellos, al tiempo que se declaró la  simulación  de  los  contratos  de  compraventa  contenidos  en  las escrituras  públicas  números  1.750  del 24 de agosto de 1995, 2.186 del 20 de octubre de  1995  y la 1.178 del 25 de agosto de 1995; igual, se ordenó retornar los bienes  al  haber  de  la sociedad conyugal, oficiándose para el efecto a la Cámara de  Comercio y a la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos.     

Órdenes que expresamente se materializaron,  o,  lo  que  es lo mismo, el reconocimiento que se pretendió fue acogido por el  juez  civil,  cumpliéndose así el objeto principal del proceso de simulación,  el  que  no es distinto a que las cosas vuelvan a su estado originario, esto es,  antes de producirse la actividad fraudulenta declarada.   

Situación  diversa  ocurrió con el numeral  tercero  de  la resolutiva, como pasa a verse, siendo por ello que la Sala   comparte   los   planteamientos   del  fallo  de  primera  instancia37,  en  cuanto  consideró  que  de  la  providencia civil no se desprendió un gravamen directo  para             las             acusadas38,  toda  vez que por tratarse  de  una  obligación  condicionada, para que resultara exigible se requería que  el  juez  de  familia  tasara  los  frutos,  pues hasta tanto ello no ocurra, no  existe   una   carga   susceptible  de  cumplir  para  quien  fuera  vencido  en  juicio.   

    

1. Por manera que la discusión en sede  penal  acerca  del  mandato  contenido  en  el numeral tercero de la providencia  civil  que condenó al pago de frutos deviene infundada, puesto que un análisis  detenido  de  la  misma  lleva inequívocamente a una conclusión: la orden, aun  cuando  existió y es de contenido netamente patrimonial (dirigida a una sola de  las  acusadas),  no  ha  sido  cuantificada  por la autoridad judicial llamada a  regularla y, por contera, no ha sido desatendida.     

    

1. Sobre  tan  específico aspecto es  menester  tener en cuenta, insiste la Corte, que si bien la acusada Celia  Riaño  de  Ramos   fue  compelida  por  expreso  mandato  de  la  autoridad  civil  “al pago de frutos civiles que los  citados  bienes  hayan  producido  a  partir  de  la  ejecutoria de la sentencia  aludidos  en  el  numeral  anterior,  hasta la fecha de la restitución al haber  social”,  su  pago,  o,  lo  que  es  lo  mismo,  el  cumplimiento  de lo mandado no fue fijado en el proceso de simulación en cuanto  aquél   está   supeditado  al  adelantamiento  del  trámite  de  liquidación  adicional  de  la  sociedad  conyugal,  escenario  en  el  cual  se  habrían de  tasar.     

Por  vía  ilustrativa y en aras de soportar  tal  planteamiento,  en  el  tema  relacionado  con  la  tasación de los frutos  civiles  y  el  contexto  en  el  cual  han  de  ser  tasados,  ese  ha  sido el  entendimiento   de   la   Sala  de  Casación  Civil39:   

“Respecto a los frutos, si bien es cierto  que  en  el  memorial  sustentatorio del recurso de apelación, el recurrente se  refirió  a  ellos  solicitando  que le fueren pagados a la demandante según la  estimación  efectuada  por la demandada Bernardina Muñoz Sánchez, como éstos  también   deber  ser  reintegrados  a  la  masa  herencial  de  Moisés  Muñoz  Martínez,  es  en  el  proceso de sucesión, cuando se rehaga la partición que  deberán      tasarse      y      valorarse”.40   

Luego,  se ofrecía plenamente válida su no  tasación  en  el  proceso  de  simulación y la evidente necesidad de adelantar  ante   la  jurisdicción  de  familia  la  partición  adicional  dentro  de  la  liquidación  de  la  sociedad  conyugal;  ello  con  miras a que retornados los  bienes   al   haber   social   se  puedan  avaluar  los  frutos  producidos  por  aquellos.   

9.  Por  consiguiente, considera la Sala, el  problema   planteado  apuntaría  a  determinar  si  las  acusadas  –en  su  condición  de titulares de la  obligación-  desatendieron  o  se  sustrajeron  del  mandato  impartido  por la  jurisdicción civil en su numeral tercero.   

10.  Como  ya  se  había  anunciado, y así  igualmente  lo  invocó  la Señora Procuradora Delegada en su concepto, ningún  incumplimiento  es  posible imputarles, en la medida en que la carga atinente al  pago  de  los  frutos,  en  relación  con  Melba Ramos  Riaño,  no  le  fue  impuesta y frente a Celia  Riaño  de Ramos, está pendiente la  determinación  de  su  cuantía ante el juzgado de familia, autoridad que en su  momento                    indicó41:   

“…No   existe  reparo  alguno  a  los  argumentos  del  recurso,  en  cuanto  refieren a que los frutos que deben (sic)  pagar  la  señora  Celia  Riaño  a  la  Sociedad  Conyugal que conformaron los  señores  BERNARDO  JARAMILLO  Y  MELBA  RAMOS  (…).  En lo que refiere a  tales  frutos  en  el  caso  presente  solo  se  procederá a su tasación en su  momento  oportuno  que  es  la  audiencia  de  inventario de bienes (…).   Solamente  conocido  el valor de tales frutos y adjudicado podrá intentarse por  el  adjudicatario  su  cobro  a  la  mencionada  señora a través de la acción  pertinente  donde  podrá asegurar su pago ejerciendo las medidas cautelares que  aquí pretende”.   

11.   Es  por  ello  que  para la Corte  resultan  impertinentes  los  términos  de  la  sentencia  de segunda instancia  cuando  indicó42:   

“…En  ningún  momento se aprecia   que  las procesadas hubiesen obrado por estulticia o ignorancia, sino prevalidas  del  conocimiento  y  de  la  voluntad  dirigidas a la consecución de un único  fin:   Que  (sic) la sentencia que las afectaba quedase sin efectividad, es  decir   como   letras   muerta   o   “para  enmarcar”  (término,  que  como  probablemente,  a  decir por lo que refulge del acervo probatorio, haya empleado  la  señora  RAMOS),  burlando en últimas las expectativas de su contrincante y  por  ende  las  de  la  Administración  de Justicia, la que habiendo fallado en  sendas  instancias  de  manera  favorable a las pretensiones de Bernardo Alfonso  Jaramillo  Gómez,  no  otra  disyuntiva  les  quedaba  sino  la de acatar a las  autoridades  judiciales,  pasando  los  frutos  producidos desde que se declaró  disuelta  la  sociedad  conyugal  para  efectos de inventarios y liquidar lo que  correspondería a cada uno de los cónyuges separados”.   

Como fácilmente se aprecia, son diversas las  imprecisiones  del  juzgador  plural en su decisión. La primera, la providencia  de  la  jurisdicción  civil  en  el  trámite  del  proceso  de simulación fue  debidamente  materializada con los oficios librados a la Cámara de Comercio y a  la  Oficina  de  Instrumentos  Públicos;  la  segunda,  la  administración  de  justicia  no  fue  burlada; y la tercera, la más trascendente e impropia, es la  afirmación  del  Tribunal  cuando  refiere “pasando  los  frutos  producidos desde que se declaró disuelta la sociedad conyugal para  efectos   de   inventarios”,  pues  aquellos  no  se  “pasan”  se  “tasan”,  en  este  caso  por  el juez competente que no es  distinto  al  de  familia,  quien  una vez liquidados, autoriza al adjudicatario  para su reclamación compulsiva.   

12.  Adviértase, igualmente, que de admitir  la  postura  del  Tribunal,  sería  tanto como consentir que el mero decreto de  frutos  no  tasados  por parte de una autoridad judicial dentro de un proceso de  simulación,  encajaría para el signatario de la obligación en la descripción  legal  de  fraude  a  resolución  judicial,  con  abierto  desconocimiento  del  principio    de   estricta   legalidad   penal,   cuando   aquél   –como  en  éste  evento-  desconoce el  monto  al que ascienden, pues como viene de verse, su tasación no depende de la  discrecionalidad del condenado.   

13.  Entonces,  resulta evidente que como la  acción  imputada a las procesadas, referida a la sustracción fraudulenta de la  obligación  contenida  en el proceso de simulación, no les era exigible en los  términos  predicados  por  el  Tribunal Superior, deviene la inexistencia de la  conducta de fraude a resolución judicial.   

Luego,  el  argumento  que tuvo en cuenta el  juez  plural  para  deducir  la  comisión  del acto lesivo de la recta y eficaz  impartición  de  justicia  en  contra  de las acusadas, a título de coautoras,  resulta   inadmisible,   en   la   medida   en  que,  respecto  de  Melba  Ramos Riaño, la orden impartida por  la  jurisdicción  civil  y  relacionada  con el pago de frutos no la cobijó, y  frente      a     Celia     Riaño     de   Ramos,  la  materialización  de  la  misma,  esto  es  su  pago,  depende  de su tasación,  trámite  que  se adelanta en el Juzgado 1 de Familia de Cartago, radicado 8576,  no  siendo  posible  entonces  deducir  un  actuar  contra  derecho  a  cargo de  ellas.   

14.  De  manera  conteste  dígase que no es  suficiente  con  conocer  la  existencia de la obligación impuesta en decisión  judicial,  sino  que  surge  necesario,  como  lo  ha  dicho la Sala43, “que   la   omisión   sea   exclusivamente   dolosa,   es  decir  fraudulenta44   

,  con la voluntad consciente y decidida de  no  querer  cumplir  la  orden  judicial,  a  pesar  de  estar en condiciones de  obedecerla”  y  en  el  presente  evento  aun  no ha  surgido  el  deber  de  cumplirla,  por lo que el fallo en consecuencia debe ser  casado.   

Son  estas  las razones por las que la Corte  acoge  el  planteamiento elevado por el casacionista y la solicitud que en igual  sentido  invoca la Señora Procuradora Tercera Delegada para la Casación Penal,  apartándose,  por  tanto,  de las pretensiones del señor apoderado de la parte  civil.   

15.   La determinación adoptada por la  Sala  frente  al primer reproche, la releva de valorar los dos cargos restantes,  advirtiendo  sin  embargo, que ante la omisión del juez de primera instancia en  adoptar  la  determinación  correspondiente  frente  a  las  medidas cautelares  vigentes,  no obstante la absolución que declaraba, es situación que ha de ser  remediada por la Corte en la presente decisión.   

16.  Como  consecuencia  de  lo anterior, se  impone  casar  la  sentencia  objeto  de disenso y, en su lugar, confirmar la de  primera  instancia proferida por el Juzgado 2 Penal del Circuito de Cartago, que  absolvió     a    las    señoras    Melba    Ramos  Riaño   y   Celia  Riaño  de    Ramos  por  el  delito  de fraude a resolución judicial, tal como quedó  plasmado  en  la  parte  motiva, con la siguiente adición: levantar las medidas  cautelares   que   pesan   sobre  los  inmuebles  distinguidos  con  matrículas  inmobiliarias   números   375-0028499,   375-0048277,  375-0048279,  375-00153,  375-35379  y  375-25844 de Cartago, así como los identificados con los números  280-19693,  280-19694,  280-19695, 280-19696, 280-2274 y 280-67071 del municipio  de   Armenia45.   

Anotación final  

La  Corte  realiza  un  vehemente llamado de  atención  a  la  Secretaría  del  Tribunal  Superior  de  Buga, para que en lo  sucesivo  se  preste  una  mayor  atención  al  trámite de notificaciones, por  cuanto  no es posible soslayar que la decisión de segunda instancia data del 27  de  abril de 2012 y el expediente fue recibido en la Corte tan sólo hasta el 26  de  septiembre  del  mismo  año,  lapso  que  transcurrió  en  el  proceso  de  notificaciones.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Casar la  sentencia  impugnada  por  razón  del  primer  cargo propuesto en la demanda de  casación  y,  en  su  lugar,  confirmar la proferida por el Juzgado 2 Penal del  Circuito  de  Cartago  al absolver a las señoras Melba  Ramos  Riaño  y Celia Riaño  de    Ramos,  por  el  delito de fraude a resolución judicial, tal como quedó  plasmado    en    la    parte   motiva,   pero   adicional   en   el   siguiente  sentido:   

Levantar las medidas  cautelares   que   pesan   sobre  los  inmuebles  distinguidos  con  matrículas  inmobiliarias   números   375-0028499,   375-0048277,  375-0048279,  375-00153,  375-35379  y  375-25844 de Cartago, así como los identificados con los números  280-19693,  280-19694,  280-19695, 280-19696, 280-2274 y 280-67071 del municipio  de Armenia.   

Segundo.   En  consecuencia, DEVOLVER la actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

            

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

            

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  cuaderno original 1, folios 20 a 37.   

2 Cfr.  Folio 72 cuaderno original 1.   

3 Cfr.  folio 104 íb.   

4 Cfr.  folios  269-284 ib.   

5 Cfr.  folios 294-308 íb.   

6 Cfr.  folios 248-295 cuaderno original 2.   

7 Cfr.  folios 5-31 cuaderno del Tribunal.   

8 Folio  5 cuaderno de la Corte.   

9 Cfr.  folio 94 cuaderno original 3.   

10 Cfr.  folio 104 cuaderno del Tribunal.   

11  Cfr. folio 16 íb.   

12 El  casacionista    transcribe   en   su   totalidad   la   parte   resolutiva   del  mismo.   

13 Cfr.  folio 98 cuaderno del Tribunal.   

14  Cfr. folio 121 íb.   

15  Cfr. folios 123 y 124 íb.   

16 Cfr.  folio 124 íb.   

17 Cfr.  folios 125 y 126 íb.   

18 Cfr.  folio 128 íb.   

19 Cfr.  folio 129 íb.   

20 Cfr.  folio 130 íb.   

21 Cfr.  folio 135 íb.   

22 Cfr.  folio 138 íb.   

23 El  demandante    precisa    que    no   lo   es   por   suposición,   “sino   por  ignorar  el  Tribunal  la  existencia  de  evidencia  documental”.   

24  Cfr. folio 144 íb.   

25 Cfr.  folio 154 íb.   

26 Cfr.  folio 155 íb.   

27 Cfr.  folio 160 cuaderno del Tribunal Superior.   

28 Cfr.  folio 162 íb.   

29 Cfr.  íb.   

30 Cfr.  folio 18 cuaderno de la Corte.   

31 Cfr.  folio 25 cuaderno de la Corte.   

32 Cfr.  íb.   

33 Cfr.  folio 27 cuaderno de la Corte.   

34  Temática invocada por el casacionista.   

35 Cfr.  cuaderno original 1, folios 20 a 37.   

36  “El  que  por  cualquier  medio  se  sustraiga  al cumplimiento de obligación  impuesta en resolución judicial…”.   

37 Y  se  distancia del concepto de la Señora Procuradora Tercera  Delegada para  la  Casación  Penal, quien no acertó en el fondo de la discusión propuesta en  este punto.   

38 La  Sala  destaca  los  términos del pronunciamiento: “Se concluye, de la lectura  icástica,  de la providencia del 29 de septiembre del 2000, del JUZGADO PRIMERO  CIVIL  DEL CIRCUITO DE CARTAGO, VALLE, dentro del radicado número 1998-161, que  no  existen  obligaciones impuestas a las procesadas para que hagan, entreguen o  dejen  de hacer algo a favor del señor BERNARDO JARAMILLO GÓMEZ, o a nombre de  un  tercero.  La  providencia  de  la operadora judicial (JUEZ PRIMERA CIVIL DEL  CIRCUITO  DE  CARTAGO) jamás ordena a las señoras CELIA RIAÑO DE RAMOS y a su  hija  cumplir  algo,  no  existe obligación impuesta, por lo tanto éstas nunca  pretermitieron,  ni  se  negaron,  ni desacataron decisión alguna tomada por la  titular de dicho Despacho”.   

39  Fallo  del  27  de marzo de 2001, radicación 6365, proferido dentro del proceso  ordinario  de  petición  de  herencia,  tesis  que  igual  ha considerado dicha  Corporación, se asimila a los procesos liquidatorios.   

40 La  Sala  destaca que conforme lo tiene igualmente dicho la Sala de Casación Civil,  por  tratarse  de  un  proceso  liquidatorio,  se  siguen  las mismas reglas del  proceso sucesoral.   

41  Cfr.  folio  108  cuaderno  4  de anexos.  Juzgado 1 de Familia de Cartago, auto 213 del 14 de septiembre de  2005.   

42 Cfr.  sentencia del 27 de abril de 2012, página 20.   

43 Cfr.  sentencia del 5 de diciembre de 2007, radicación 26497.   

44  “Fraude,   proviene  del  latín  “fraus”  que  significa  engaño,  embuste,  o  trampa”. Ferreira  Delgado,    Francisco    J.    Delitos   contra   la  administración  publica,  editorial  Temis,  segunda  edición. 1985. Pág. 276.   

45 Cuyo  decreto  fue  ordenado  en  la  audiencia  preparatoria, cfr. folio 331 cuaderno  original 1.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *