39994(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 454.   

Bogotá,  D. C., diez de diciembre de dos mil  doce.   

                                   

                                    VISTOS   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por   el defensor de la procesada ALINA  GUEVARA  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Popayán  el  26  de  julio  de 2012, que  confirmó  la  sentencia  anticipada  proferida por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Popayán el 15 de junio del mismo año, condenando a ALINA GUEVARA  a  las  penas  principales  de  42  meses y 20 meses de prisión y multa de 1.33  s.m.l.m.v.  y  a  la  accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad,  como  coautora  responsable  del  delito  de  fabricación,  tráfico o porte de  estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Los primeros fueron relacionados así, en  el fallo demandado:   

“(…) el 22 de noviembre de 2011, unidades  de  la  Policía  Judicial  del  Cauca,  adelantaron  diligencia  de  registro y  allanamiento  en  el inmueble ubicado en la carrera 9ª No. 11-21 del barrio San  Camilo  de  esta ciudad, encontrando en la cocina de la casa, 11 papeletas y una  bolsa,  con  sustancia  que  luego  mediante  la  prueba  de PIPH se estableció  correspondía  a  cocaína  base,  con un peso neto de 9.2 gramos, razón por la  cual  se  capturó  a  la  señora  ALINA  GUEVARA,  quien  se  hallaba en dicho  inmueble.”   

2. El 29 de enero de  2012,  ante  el  Juzgado  Promiscuo Municipal de Timbio, Cauca, con funciones de  Control   de   Garantías,   se   evacuaron   las   audiencias  preliminares  de  legalización  de captura, formulación de imputación y proferimiento de medida  de  aseguramiento  de detención preventiva en establecimiento carcelario contra  ALINA   GUEVARA,   por   el   delito   de  fabricación,  tráfico  o  porte  de  estupefacientes,  conforme  lo  dispuesto  en  el  artículo 376, inciso 2º del  Código Penal, cargo al cual se allanó la procesada.   

2. El 6 de junio de 2012, el Juzgado Tercero  Penal  del Circuito de Popayán con Funciones de Conocimiento  dictó fallo  de  primera,  condenando  a  la  procesada  ALINA  GUEVARA  a  las  penas arriba  señaladas  como  coautora  del  delito  admitido  en la audiencia preliminar de  imputación.  A  la  condenada  se  le  negó  el  subrogado  de  la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

La    anterior  determinación  fue  impugnada por la defensa de la  procesada, buscando la  inaplicación  del  artículo 57 de la Ley 1453 de 2011, dando lugar al fallo de  segunda   instancia  del  21  de  febrero  de  2011,  en  el  que  se  confirmó  íntegramente  la  condena proferida, decisión contra la cual el mismo defensor  presentó demanda de casación.    

SÍNTESIS   DE   LA  DEMANDA   

Al  amparo  de la causal  primera  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el defensor de ALINA GUEVARA  alega  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, específicamente de los  artículos  13  de  la  Carta  Política, 14 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles    y   Políticos   y   24   del   Pacto   de   San   José   de   Costa  Rica.   

         

En  orden  a  fundamentar  su  pretensión,  recuerda  que el Tribunal se negó a inaplicar el artículo 57 de la Ley 1453 de  2011,  que  reformó el artículo 351 de la Ley 906 de 2004,  aduciendo que  el  trato  diferenciado  que  denunció  la  defensa,  es  fruto  del  poder  de  configuración  que  ostenta  el  legislador.  Además,  para  el  Tribunal,  la  reducción  de  la  rebaja  punitiva para el capturado en flagrancia, guarda una  sólida  explicación en el ínfimo aporte que el procesado puede adicionar a su  eventual  condena,  puesto  que  la  captura  en  esas  circunstancias supone el  hallazgo  de evidencias que comprometen fuertemente la responsabilidad penal del  aprehendido.   

          Con  esa  interpretación,  dice, el Tribunal desconoce el contenido  del  artículo  13  de  la  Carta  Política,  porque  no  existe justificación  constitucional  válida  para dar un tratamiento punitivo diferente a la persona  que  es  captura  en  flagrancia  y  a la que no lo fue, dado que, considera, el  sorprendimiento  en la comisión del delito no es un criterio diferenciador y la  forma  de  la  aprehensión  debe evaluarse a la luz de la totalidad del sistema  procesal que se esté aplicando.   

Así,  por  ejemplo, en el sistema de la Ley  600  de  2000,  es  obvio  que  la  captura  en  flagrancia comporta un evidente  pronóstico   de   condenada  para  el  procesado,  puesto  que  los  medios  de  conocimiento  hallados en el momento de la aprehensión, sirven automáticamente  para  soportar el fallo por razón del principio de permanencia de la prueba, de  donde     se     justifica     la    concesión    de    beneficios    punitivos  inferiores.   

Pero  en  el régimen de la Ley 906 de 2004,  sus  principios básicos, de inmediación y concentración de la prueba, impiden  que  los  efectos  de  la captura en flagrancia se asimilen a los anteriores, al  punto  que  ella  no asegura ni comporta el compromiso criminal del aprehendido,  pues  lo  único  que  la  declaración  de flagrancia puede hacer es validar la  privación  de la libertad sin orden judicial de la que fue objeto el procesado,  lo  cual  es  así  porque  el  Juez  de Control de Garantías no puede efectuar  ningún  juicio  de responsabilidad, asunto de competencia exclusiva del Juez de  Conocimiento.   

Conforme  esas  consideraciones,  agrega, es  desacertado  considerar que la captura en flagrancia en el sistema de la Ley 906  de  2004,  conlleva un pronóstico negativo de responsabilidad penal, pues, para  que  los  elementos  de conocimiento obtenidos en ese momento puedan servir como  sustento  de  condena,  tienen  que  recorrer  todo un camino procesal, donde se  deben  sortear  exigencias  de legalidad, de argumentación y de técnica, a fin  de  que,  en  presencia  del  juez  de  conocimiento y con la controversia de la  defensa,  puedan ya convertirse en pruebas de cargo en contra del aprehendido en  flagrancia.   

Esgrime que la conclusión del Tribunal en el  sentido  que  el  allanamiento  a cargos del sorprendido en flagrancia no aporta  mayor  colaboración  a  la  sentencia  condenatoria,  desconoce  la  estructura  probatoria  de  la Ley 906 de 2004, retornando al sistema en el cual gobierna el  principio de permanencia de la prueba, lo cual es inconcebible.   

La  única diferencia procesal que se ofrece  entre  una  persona  que  es  capturada  en  flagrancia y la que no lo es, es la  posibilidad  de  que a la primera se le pueda privar de su derecho a la libertad  sin  orden  judicial,  mientras  que  la  segunda requiere la expedición de una  orden de captura por juez competente.   

Además, la ley procesal no advierte trámite  diferenciado  para  el aprehendido en flagrancia y el que no lo es, y tampoco se  puede  deducir  la  aplicación  de  un  tratamiento  legal  diferente para cada  caso.   

En  el  presente  asunto,  dice, el Tribunal  desconoció  el  artículo  13  de la Carta Política, cuando de manera efectiva  decidió  aplicarle a la procesada el parágrafo del artículo 57 de la Ley 1453  de  2011,  circunstancia  que  impidió que la procesada ALINA GUEVARA obtuviera  una  rebaja  punitiva  por  allanamiento a cargos de hasta la mitad de la pena a  imponer,  es  decir,  inferior  a  la  que  se les reconoce a los procesados que  aceptan  su  responsabilidad sin haber sido capturados en flagrancia, cuando tal  circunstancia  no  constituye  un  evento  que sitúe en diferentes supuestos de  hecho  a ambos sujetos procesales, al punto que permita una regulación procesal  diferente.   

En  esas  condiciones,  se hace necesario el  estudio  de  fondo  de  la  demanda,  no  sólo  para garantizar la vigencia del  principio  de igualdad, sino también para que jurisprudencialmente se zanje una  discusión  judicial  que  ha generado la aplicación de diferentes soluciones a  similares    situaciones    de    hecho,    por    parte   de   los   operadores  judiciales.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

            

Previo a examinar los cargos presentados por  el  impugnante en contra de la sentencia objeto de censura, debe relevarse cómo  con  el  advenimiento de la Ley 906 de 2004 se ha buscado resaltar la naturaleza  de  la casación en cuanto medio de control constitucional y legal habilitado ya  de  manera  general  contra todas las sentencias de segunda instancia proferidas  por  los  Tribunales,  cuando  quiera  que  se adviertan violaciones que afectan  garantías  de  las partes, en seguimiento de lo consagrado por el artículo 180  de la Ley 906 de 2004, así redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”   

Precisamente,  en  aras  de  materializar el  cumplimiento  de  tan  específicos  intereses, la Ley 906 de 2004, faculta a la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, entre otros, de la  potestad  de superar los defectos de que pueda adolecer la demanda, a efectos de  emitir   pronunciamiento   de  fondo  –art. 184, inciso 3°-.   

         Es  necesario,  sin embargo, inadmitir la demanda si, como postula el inciso segundo  de   la  norma  citada:  “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente que no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Junto  con  lo  anotado,  en seguimiento del  principio  de irretractabilidad que acompaña los mecanismos de justicia premial  establecidos  en la Ley 906 de 2004, dado el allanamiento a cargos efectuado por  el  acusado de forma libre, voluntaria y completamente informada, la posibilidad  de  acudir  a  la  impugnación,  aún dentro del mecanismo extraordinario de la  casación, se restringe bastante.   

Sin  embargo,  no es esa una limitación que  quepa  respecto  de  la  demanda  presentada  por  el defensor del procesado, en  tanto,  adquiere  completa legitimidad en virtud de que lo pretendido es rebajar  el  monto  de  pena  impuesto  a  su  representado,  con lo cual no abjura de la  esencia del allanamiento.   

Empero,  ello  no significa que su solicitud  tenga  posibilidad  de  prosperar,  pues,  la sola mención de que se vulneraron  derechos  fundamentales  o  la  incompatibilidad  del  criterio,  por  lo demás  interesado,  del  demandante,  con  aquellos  que  sustentaron  la  decisión en  contrario  del  Ad  quem, no  configura   factor   suficiente   para  habilitar  la  revisión  de  fondo  del  asunto.   

En el caso examinado, además, la discusión  asoma  abstracta,  dado  que  el defensor del acusado quiere ver en la decisión  del  Tribunal  una  afectación  a  derechos  fundamentales que parte apenas del  criterio  subjetivo  del profesional del derecho acerca de un instituto fáctico  con  efectos  jurídicos,  la  flagrancia, entendida neutra por él, en lo que a  los efectos probatorios respecta.   

Y  si,  además,  lo pretendido es pasar por  alto   la  exigencia  expresa  de  una  norma,  estimada  contraria  al  diseño  constitucional,  el  tema  se  torna  más especulativo aún, conforme la que se  entiende    por   la   parte   mejor   manera   de   cubrir   caros   principios  constitucionales.   

La  discusión  que  sobre  el  tópico  ha  generado  la  expedición  del  artículo  57  de  Ley 1453 de 2011, informa del  carácter  cuando  menos  controversial  de  las diferentes posturas asumidas, a  partir  de  lo  cual  es  posible  señalar cómo la decisión del Tribunal debe  señalarse  razonable y, dado que al escenario casacional arriba la sentencia de  segundo  grado  prevalida  de una doble condición de acierto y legalidad, no es  posible  confeccionar  un  cargo  con visos de prosperidad sólo anteponiendo la  tesis  contraria, pues, cabe recalcar, ello no perfila la existencia de un vicio  protuberante  con  la  trascendencia suficiente para obligar revocar o modificar  lo fallado.   

Por  lo demás, ya la Corte ha dilucidado su  postura  sobre  el  tema, respondiendo a las inquietudes del aquí casacionista,  del            siguiente            tenor1:   

“Así, se puede concluir que el legislador  en   el   estudio   y  redacción  de  la  norma,  acató  los  presupuestos  de  razonabilidad  y proporcionalidad del sistema acusatorio diseñado en la Ley 906  de  2004,  en  tanto  no  estableció procedimientos especiales ni modificó las  bases del proceso penal.   

Por  tanto,  contrario a lo expuesto por el  defensor,  el  parágrafo  del  artículo 301 de la Ley 906 de 2004, introducido  con  el  artículo  57  de  la  Ley  1453  de  2011,  no vulnera el principio de  igualdad,  en  lo  atinente a los beneficios punitivos consignados en la Ley 906  de  2004  frente  a  los  institutos  en  precedencia enunciados y para aquellos  sujetos  que  no  fueron aprehendidos en flagrancia, pues en torno a ese tema no  se  puede  predicar que en ambas  circunstancias las personas se encuentran  en  igualdad  de  condiciones,  pues  no  es  lo  mismo  haber sido capturado en  flagrancia  que  ser  ajeno  a  tal  situación, por cuanto en el primero de los  supuestos,  surge  con mayor nitidez el compromiso penal por esa particularidad,  concluyéndose  que  el desgate del Estado, en orden a investigar la infracción  a  la  ley,  es mucho menor cuando media flagrancia que cuando está ausente esa  evidencia  probatoria;  de  ahí  que no resultaría equilibrado otorgar el  mismo  beneficio punitivo si el allanamiento a cargos o el acuerdo lo realiza un  imputado   descubierto   en  flagrante  delito  que  cuando  la  aceptación  de  culpabilidad  tiene  lugar  sin  que  exista  una situación de tanto compromiso  probatorio.   

Igual  acontece  con  la  crítica hecha al  parágrafo  del  artículo  301  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004,  consistente  en  que  transgrede  la presunción de inocencia, toda vez que este  principio  conserva  plena  vigencia,  a  menos  que  durante  el desarrollo del  proceso  surjan  elementos  probatorios que comprometan la responsabilidad penal  del  procesado,  como ciertamente ocurre cuando el agente ha sido descubierto en  situación de flagrancia.   

Es  por ello por lo que esta censura carece  de  sentido,  en  tanto  que  la  mayor  intensidad  en  el compromiso penal del  imputado,  deviene  únicamente de la unidad probatoria incorporada al trámite,  por  cuanto  no  se  puede  pasar por alto que las decisiones sólo pueden tener  como  fundamento  los  elementos  de conocimiento allegados al diligenciamiento,  aspecto  que  corresponderá ser analizado por el operador judicial en cada caso  en  particular,  a  fin  de  construir  los  respectivos  juicios  de hecho y de  derecho.”   

  Ello, sobra anotar, es suficiente para  inadmitir el cargo propuesto por la casacionista.   

Pero,   además,   para  cerrar  cualquier  controversia  referida  a la posibilidad de acudir al mecanismo de la excepción  de  inconstitucionalidad  en  torno del artículo 57 tantas veces mencionado, ya  la  Corte  Constitucional  tuvo  oportunidad  de  examinar  la exequibilidad del  mismo,  advirtiendo  su  perfecta  consonancia  con  la  Carta  Política, en la  sentencia         C-645        de        20122,  completamente consonante con  la postura de la Sala, arriba reseñada.   

No  sobra recalcar que en virtud del diseño  constitucional  colombiano  y  los  efectos  dispuestos  en  la  Carta  para las  decisiones  de  exequibilidad  de  la  Corte  Constitucional,  ya no es posible,  ocurrido  el  pronunciamiento  de  esa corporación en torno de la exequibilidad  del  artículo  57  de la Ley 1453 de 2011, acudir al mecanismo de la excepción  de inconstitucionalidad para inaplicarlo.   

    No son necesarias mayores  disquisiciones,  entonces,  para  inadmitir la demanda de casación, verificado,  de  un  lado, que el asunto discutido ya ha sido suficientemente resuelto, y del  otro,  que  la  Corte no observa en el trámite del asunto o lo consignado en el  fallo  atacado,  violación  de  garantías  fundamentales que haga necesaria la  intervención oficiosa.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación3, como sigue:   

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  -siempre   que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.           INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ALINA GUEVARA por las  razones arriba expresadas.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, es facultad de éste demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA  DEL R. GONZÁLEZ MUÑOZ                            GUSTAVO    ENRIQUE   MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Sentencia del 11 de julio de 2012, radicado 38285   

2 Aún  no  ha  sido  expedida formalmente la sentencia, pero sus fundamentos se resumen  en el comunicado de prensa 33 de agosto 22 y 23 de 2012   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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