39947(10-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 454  

Bogotá D.C., diciembre diez (10) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

Conforme a lo establecido en el artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004,  procede  la Corte a examinar el cumplimiento de las  exigencias  de crítica lógica y adecuada sustentación en el libelo casacional  allegado  por el defensor del procesado JOSÉ REINALDO  VAHOS  RICO,  contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Manizales el 29 de junio de 2012, por  cuyo  medio  confirmó  el  fallo  dictado  por  el  Juzgado  Penal del Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad  el 29 de mayo del año citado, mediante el  cual  lo  condenó como autor penalmente responsable del delito de desaparición  forzada  de  Primitivo  Montalvo Mahecha y   Oscar  Montalvo  Escobar.   

HECHOS  

El  9  de mayo de 2008, en los municipios de  Dorada  (Caldas)  y  Puerto  Salgar  (Cundinamarca)  desaparecieron los señores  Primitivo     Montalvo     Mahecha    y   su   hijo  Oscar   Montalvo  Escobar,  quienes  portaban  cerca  de  $23.000.000.oo  para  entregarlos  a  JOSÉ  REINALDO  VAHOS  por  la compra de  unas  cabezas  de  ganado,  con  quien  fueron vistos por última vez, junto con  otras  dos  personas, en una heladería al lado de la iglesia de La Dorada a las  cinco de la tarde del día mencionado.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

A  instancia  de  la  Fiscalía,  el Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal  de La Dorada libró orden de captura en contra de  VAHOS  RICO, la cual se hizo  efectiva  el 4 de julio de 2008. Al día siguiente se impartió la legalización  de  la  captura,  diligencia en la cual la Fiscalía le imputó la comisión del  concurso  de  delitos  de  desaparición forzada agravada, que no aceptó. En la  misma   ocasión   a  pedido  del  ente  acusador  le  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento      de      detención      preventiva     en     establecimiento  carcelario.   

          El  1º  de agosto de 2008 se presentó escrito de acusación, en el  que  la  Fiscalía le imputó la comisión del concurso que sirvió de pábulo a  la  medida de aseguramiento, cuya audiencia se realizó el día 25 de los mismos  mes y año.   

Surtida la fase del juicio, el Juzgado Penal  del  Circuito  de Manizales profirió fallo el 29 de mayo de 2009, por medio del  cual   condenó  a  REINALDO  VAHOS  RICO  a  la  pena principal de cincuenta y cinco (55) años de prisión,  multa  por  tres  mil  quinientos  (3500)  salarios  mínimos legales mensuales,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por veinte  (20)  años,  y al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios, como  coautor  penalmente responsable del concurso de delitos objeto de acusación. En  la  misma providencia le negó la suspensión condicional de la ejecución de la  pena y la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  fue  confirmada  por el  Tribunal  de  Manizales  mediante  proveído  del 29 de junio de 2012, decisión  contra  la  cual  el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  en oportunidad recurso  extraordinario   de   casación  y  allegó  la  correspondiente  demanda,  cuya  admisibilidad se examina en este auto.   

EL LIBELO  

Con  fundamento en la causal tercera reglada  en  el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el impugnante postula la presencia  de  errores  de derecho por falso juicio de legalidad, pues considera que fueron  ponderados   varios   medios   de   convicción  no  producidos  conforme  a  la  ley.   

         Luego  de  citar  doctrina  sobre  la legalidad de las pruebas y los  medios    probatorios   ilícitos,   en   el   primer  cargo  afirma  que  se  desconocieron  las  reglas  de  producción,  introducción  y  consideración de las pruebas en cuanto atañe a  que  el  día  de  los hechos las víctimas retiraron de los bancos alrededor de  $23.000.000.oo   y   tenían   reunión   con   VAHOS  RICO.   

          Al  desarrollar  su aserto sintetiza las entrevistas de Ferney        y        Álvaro    Montalvo    Escobar,   y   la  declaración   del   Patrullero   Faustino  Salguero  Sánchez.  Entonces  manifiesta  que  “al  mirar  la  obtención,  introducción  y  consideración  de la  prueba,  nos  encontramos  que  sobre  dichas  evidencias  no  se realizaron los  controles  previos y posteriores sobre las cuentas de ahorro en el Banco Agrario  de    Puerto    Salgar   y   Banco   Colombia   de   Puerto   Salgar”.   

          En    el    segundo   reparo  alude  al  “hallazgo de la camisa que  llevaba  puesta  el  señor  PRIMITIVO el día de los hechos, situación que dio  cuenta     las     señoras    (sic)    FRANCY  HELENA,  al  paso  que  uno  de  sus hijos reconoció en el  juicio  tal  prenda  de  vestir  como  perteneciente a su progenitor”;   a   continuación   resume   muy   brevemente  lo  dicho  por  Francy   Helena   Romero,  destaca  que  la  citada  prenda  de  vestir fue encontrada en los predios de la  Hacienda  la  Frontera en Puerto Salgar, donde fue descubierta por unos niños y  fue enviada al Instituto de Medicina Legal.   

Hace un recuento del procedimiento de recaudo  de  la  prueba,  las  fotografías tomadas y del señalamiento que la mencionada  testigo  hace  de  JOSÉ  REINALDO  VAHOS,  como  la  persona  con  quien vio reunidas a las víctimas en una  heladería  en  La  Dorada.  Igualmente  cita  apartes  de la declaración de la  Bacterióloga  que  analizó  la camisa, quien concluyó que arrojaba resultados  negativos  para  sangre  humana,  así  como  de  lo  expuesto  por  el técnico  Dactiloscopista   Nedier  García  Castro     y     el     Patrullero    Víctor  Buenaño.   

          Inmediatamente  dice,  sin más, que “la  camisa  encontrada en la cañada, fue obtenida y recogida de manera ilegal y sin  el  respeto del debido proceso, el que obliga a un programa metodológico, a una  orden  judicial,  a  una cadena de custodia y a un control posterior”.   

          En     el    tercer    cargo   el  demandante  señala  que  el  yerro  recayó  “sobre  el  préstamo  de  una camioneta negra que como se evidencia  fuera  la  misma  observada  por  WILSON  PARRA  en  el muelle de Puerto Salgar,  arrojando    el    referido    (sic)    bulto al Río Magdalena”.   

          Para  acreditar  su  planteamiento resume apartes de la declaración  de  Wilson  Parra, así como  lo  expuesto  por  Oscar  Grisales Zapata   dueño   del   vehículo   de   placas   LFD   082,  Jhon     Villegas    Ortiz,    Ricardo   Serrato   y   Jesús  Eliécer  Pardo, para concluir que  “las  muestras  tomadas  al vehículo en una ciudad  distinta  y  en  un  lugar  oscuro,  la determinación judicial que el vehículo  Montero  era  el  mismo que hablan los testigos como el prestado al señor VAHOS  sin   su   comprobación   probatoria,   hace   la   prueba   ilegal”.   

          En    la    cuarta   censura   el  defensor  expone  que  el  equívoco  versó  “sobre  el  control  anterior  y  posterior  a  los  análisis  link  efectuados   a   móviles   celulares   y   extractos   de  llamadas”.   

          Para  demostrar  su  aserto sintetiza fragmentos de la entrevista de  Jesús  Alberto Real Alzate,  y  sin una ordenación o explicación alude a la solicitud de autorización para  la  búsqueda  selectiva  de  datos  y  a los números de los abonados celulares  objeto  de análisis, para después señalar que “en  la  actuación  no  se  vislumbra  los  controles anteriores ni posteriores a la  obtención  de la evidencia, por tanto es ilegal la información obtenida en los  teléfonos  móviles, la cual no se podía asimilar con la que reposa en la base  de  datos.  El art. 237 modificado por el art. 16 de la Ley 1142 de 2001, ordena  que  todo  análisis  deba  ser  objeto  de control posterior, que falta en esta  introducción probatoria”.     

          El  quinto reparo  se  refiere  a  “la recolección, toma de muestra de  sangre  en  el  ligar (sic) o  escena  de  los  acontecimientos,  como  son  la  cañada  donde  se realizó el  hallazgo   de  la  camisa,  y  el  embarcadero  donde  se  realizo  (sic)  las  tomas  de  sangre”.   

          El  actor  recapitula  las declaraciones del Patrullero Faustino    Salguero    Sánchez,    la  Bacterióloga    Forense    Edith   Cecilia   Gómez  Acosta,      la     Microbióloga     Sandra     Liliana     Amorocho,    el  Dactiloscopista   Nodier  García  Castro,  Dora  Cecilia Pineda Rojas   y   Yomaira  Stella  Barco,  para inmediatamente afirmar que “toda  recolección,   toma   de   muestra   de   fluidos  que  puedan  ligar  con  los  acontecimientos   deben  estar  revestidas  de  formalidades  propias,  las  que  requieren  un  control  de  garantía constitucional especial en su obtención y  cadena    de    custodia,    la   que   brilla   por   su   ausencia”.   

          En  un  acápite  aparte,  el  casacionista alude a la exclusión de  evidencia  ilegalmente  obtenida,  a  su  desarrollo  con  la  Ley  906 de 2004,  normatividad   que   en   su  criterio  “dejó  sin  solución  los  problemas  más  delicados: La falta de consecuencias procesales  para  la  inaplicación de la regla de exclusión y la pérdida de imparcialidad  del  juzgador  que  había  permitido  la  aducción  de  pruebas ilícitas. Por  fortuna,   la   jurisprudencia  constitucional  solucionó  estos  problemas  al  ordenar,  en  la  Sentencia  C-591  de  2005,  que  en  aquellos casos en que la  ilicitud  de  la prueba comporta graves violaciones de derechos humanos, no solo  se  debía  anular  la  prueba, sino también el juicio y que para garantizar la  imparcialidad,  como  derecho  fundamental  absoluto,  el  nuevo  juicio  debía  seguirse ante el Juez distinto”.   

          Después  el  defensor alude genéricamente a la comprensión que de  la  exclusión  de pruebas ilegales han tenido los funcionarios judiciales en el  caso  y  la necesidad de que las pruebas sean recaudadas conforme a los cánones  constitucionales y legales.   

          Considera   que   en   este   asunto   se   violó   “el  principio  básico de la necesidad probatoria que exige ajustar  la  evidencia  a  un  control  constitucional  y  lo contrario es diametralmente  opuesta   (sic)   a   los  principios        fundamentales       del       debido       proceso”.   

          También  encuentra violados indirectamente los artículos 165 y 166  numeral 3º del estatuto punitivo.   

          Finalmente  destaca  que conforme a los artículos 23 del Código de  Procedimiento  Penal  y  29 de la Carta Política las pruebas ilegales deben ser  excluidas y carecen de valor probatorio.   

          A  partir  de  lo  anterior, el defensor solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada,  para  en  su  lugar  dictar  fallo absolutorio a favor de  JOSÉ     REINALDO     VAHOS     RICO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene dilucidado la Corporación que si bien  en  el  estatuto  adjetivo  de  2004  no  media  distinción  entre  el  recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  corresponde  al  recurrente  demostrar el quebranto de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación procesal.   

         Desde   luego,   en  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala  constatar  en la formulación y desarrollo de las censuras el acatamiento de las  exigencias   de  lógica  y   pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el fin de evitar la  transformación   de   este   recurso   extraordinario   en   una   instancia  adicional  a  las ordinarias.  Tales  requisitos se orientan a conseguir el desarrollo de los libelos dentro de  unos  mínimos  lógicos  y  de coherencia en la postulación y demostración de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  reglada  de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

         Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Advertido  lo  anterior  se  tiene  que  las  falencias  en  la  demanda  se  establecen  desde  la  formulación misma de los  cargos,  pues  los  cinco  reparos  corresponden  al  error de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  sin  que  el demandante se percate que cada uno de ellos  resulta  insuficiente  para  derruir las conclusiones del fallo de condena, dado  que  en  caso  de  prosperar  alguno,  los  demás  soportes de tal decisión la  mantendrían  en  vilo,  circunstancia  que  pone  de  presente que las censuras  individualmente  consideradas resultan intrascendentes, de modo que debieron ser  postuladas  en  forma  conjunta  dentro  de  un  mismo cargo y sin dejar apartes  capaces  de  dar  pábulo  a  las  conclusiones  de la providencia, todo lo cual  denota    insuficiencia    de    los    reproches1      y      falta      de  técnica2.   

          Como  el  recurrente  plantea la presencia de errores de derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  es  pertinente  señalar que dicho yerro acontece  cuando  los  falladores  al  apreciar alguna prueba la asumieron equivocadamente  como  legal  aunque  no  satisfacía las exigencias señaladas por el legislador  para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo de manera errada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley  para  su  práctica  o  aducción,  caso  en  el  cual,  es del resorte del  demandante  identificar  el  medio  probatorio  que tacha de ilegal, indicar las  disposiciones  legales o constitucionales cuyo quebranto determina su ilegalidad  y  demostrar  la  efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado;  ora,  comprobar  la  legalidad de la prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, deberes que en este asunto no emprendió el libelista.   

          En   efecto,   conforme   a   lo  señalado,  es  indudable  que  la  postulación  y  desarrollo  de errores por falso juicio de legalidad trasciende  el  simple  resumen de las pruebas que se estiman ilegales, en cuanto es preciso  explicar  a  la  Corte  cuál  fue  en  concreto  la  incorrección  que  en  su  producción,  recaudo  o  aducción comportó la contrariedad de la ley, sin que  basten  alusiones  vagas  e imprecisas al debido proceso o al artículo 29 de la  Constitución  Política,  con la inconsistente pretensión de dejar que la Sala  se  adentre  a averiguar qué fue lo que quiso plantear el recurrente, posición  desconocedora   del   carácter   esencialmente  rogado  de  este  mecanismo  de  impugnación extraordinaria.   

Es  claro que el demandante se sustrae de lo  dispuesto  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  según  el cual,  corresponde  al  censor acudir “mediante demanda que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y sus fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso,  estricto  o  minucioso,  y  lo conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o  directo,  no  se  aviene con esa exigencia dispuesta por el legislador que tache  de  ilegales  ciertos medios de prueba mediante afirmaciones indemostradas y sin  señalar   el   fundamento   fáctico   y   jurídico   de   cada   uno  de  sus  asertos.   

          Adicional  a  lo anterior, tampoco el casacionista asume el cometido  de  ponderar  el  resto  de  pruebas en conjunto luego de marginar los medios de  convicción  que  considera ilegales, en punto de acreditar que el fallo resulta  derruido en sus conclusiones.   

Así   las  cosas,  pronto  se    advierte   que   el   defensor          únicamente          se         dedicó  a  exponer  en  forma  imprecisa  y  precaria  su  descontento    con    la   determinación   cuestionada, para lo cual  tachó  de  ilegales varios medios de prueba, pero no demostró la razón de ser  de       su       afirmación,      no  valoró en  conjunto       los      medios      probatorios  y  no  se detuvo a observar la  técnica      propia     de     este     mecanismo  extraordinario     de     impugnación;              tales             falencias             imposibilitan  a     la    Sala    emprender    el    estudio  de fondo del libelo,  pues  si  no  se  trata  de  un alegato de libre confección, su  presentación  con  base  en  análisis  probatorios  fragmentarios e  indemostrados,  y  sin atenerse a las  reglas  lógicas  y  argumentativas que la     gobiernan,     se    impone  su inadmisión, de acuerdo con lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, pues en virtud del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no se  encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones.   

         Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos   o   garantías  del  procesado,  como  para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la  demanda  y  decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º del precepto citado.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  JOSÉ  REINALDO  VAHOS RICO,  por las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                              LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                                       JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Auto del 9 de noviembre de 2009. Rad. 32244.   

2 Cfr.  Sentencia del 26 de enero de 2011. Rad. 31021.     

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