39941(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 302.   

Bogotá, D.C., once (11) de septiembre de dos  mil trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado LUIS HERNANDO  IGUA  BRAVO,  contra la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Pasto, el 25 de junio de 2012, confirmatoria  de  la  emitida  el  7  de octubre de 2011, por el Juzgado Penal del Circuito de  Túquerres,  Nariño, luego complementada el 11 de octubre del mismo año, en la  cual  se  condenó  al  acusado,  en  calidad  de  coautor  del  delito de   homicidio,  a  la  pena principal de 400 meses de prisión.  Allí mismo se  decretó  la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas,  por  lapso  igual  al  de  la sanción aflictiva de la  libertad.  Por último, se negaron al procesado los subrogados de la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y prisión domiciliaria en razón a la  calidad de padre cabeza de familia.   

H    E   C   H   O  S   

En  el  fallo  de segundo grado se narró lo  ocurrido de la siguiente forma:   

“Los  hechos  materia  de  investigación  tuvieron  lugar  en  el  municipio  de  Túquerres,  en  la  madrugada del 31 de  diciembre  de  2010,  cuando el señor Andrés Mauricio Cuaspa Pozos, salía del  bar  “KATOS”  en  compañía  de la señorita Ana Delia Yampuezán, hacia su  residencia.   

En  inmediaciones del asadero “KICOS” la  pareja  se percató que es seguida por Luis Hernando Igua Bravo, María Burbano,  David  N y Juan Pablo Sánchez, último de los cuales piropeó a la acompañante  del  señor  Cuaspa Pozos, acto que generó la reacción airada de éste, razón  por  la cual, el señor Luis Hernando Igua Bravo, le propinó un puñetazo en la  cara,  causando  que Cuaspa pozos caiga sobre el piso, hecho que fue aprovechado  por  el procesado y sus acompañantes, para emprenderlo a golpes y patadas en la  cara  y  cráneo,  siendo  llevado  a  un centro asistencial a donde arribó sin  signos vitales.”   

DECURSO   PROCESAL   

Capturado  en  flagrancia LUIS HERNANDO IGUA  BRAVO,  el  I  de  enero  de  2011,  ante  el correspondiente juez de control de  garantías  se  legalizó su aprehensión, le fue imputado el cargo de homicidio  agravado,  al  cual  no  se  allanó,  y  se  impuso  en  su  contra  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en establecimiento carcelario, mutada  por domiciliaria.   

Presentado   el   escrito   de  acusación  –el 28 de enero de 2011- y  asumida  competencia por el Juzgado Penal del Circuito de Túquerres, el día 16  de   febrero   de   2011,   se   celebró   la   audiencia  de  formulación  de  acusación.   

El  11  de  abril  de  2011,  tuvo  lugar la  audiencia preparatoria.   

La  audiencia de juicio oral se celebró los  días  16,  17  y 20 de mayo de 2011, y culminó con anuncio de sentido de fallo  condenatorio  en  contra  del procesado. El 20 de junio siguiente se presentaron  las   solicitudes   atinentes   al   monto   de   la   pena   y   concesión  de  subrogados.   

El  7  de  octubre  de  2011  fue emitida la  sentencia  de  primer  grado,  complementada  el  11 siguiente con decisión que  niega el sustituto de prisión domiciliaria al acusado.   

Apelada por la defensa la sentencia de primer  grado,  con  fecha  del  25  de junio de 2012 se emitió la sentencia de segunda  instancia  que  confirmó  en  su integridad lo decidido por el A quo y por ello  fue  objeto del extraordinario recurso de casación presentado por la defensa de  LUIS  HERNANDO  IGUA  BRAVO,  en  escrito  que  ahora  se  analiza  en su debida  argumentación.   

SÍNTESIS  DE   LA  DEMANDA   

Cargo único.  

Lo  ubica  el demandante dentro de la causal  tercera   consagrada   en   el   artículo  181  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   aduciendo  que  el Tribunal violó de forma indirecta la ley   sustancial  “Por  manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la sentencia”.   

Para soportar su tesis el demandante advierte  que  al  efectuarse  la  valoración  de las causa de la muerte de la víctima y  fundarse   ella   en   un  testimonio   y  prueba  indiciaria  “que   jamás   se   desarrolla”,  el  Tribunal  violó  los  principios  que gobiernan el sistema probatorio en la Ley  906 de 2004.   

En   concreto,  aduce  el  recurrente  que  conocedoras  las  instancias  de  que la Fiscalía no incorporó el protocolo de  necropsia,  soportaron la demostración de la causa de la muerte en el principio  de  libertad  probatoria,  pasando  por  alto  el testimonio del perito forense,  quien  advirtió  cómo  con  la  sola  lectura  de la diligencia de inspección  técnica  al cadáver, resultaba imposible determinar el origen del deceso, dado  que se evidencian leves las heridas.   

A  renglón  seguido, el impugnante asume el  examen  de  la  inspección técnica al cadáver, para concluir de allí que, en  efecto,  las  heridas descritas se verifican leves, contrario a lo aseverado por  la testigo Ana delia Yampuezan.   

Agrega el demandante que si no se allegó la  necropsia,  ello  puede  ser  suplido,  pero  sólo con pruebas contundentes que  puedan reemplazar efectivamente el dictamen científico.   

Para el caso examinado, agrega el impugnante,  apenas  se  cuenta  con  lo  testimoniado  por  la  compañera  del  occiso, que  precisamente  por  esa  condición y las contradicciones insertas en sus dichos,  no puede ser digna de credibilidad.   

Añade  que  la valoración realizada por el  Tribunal  “se  aleja  de  los  criterios de la sana  crítica,  en  la  medida  en  que  resulta  contraria  a la evidencia y el  testimonio del perito forense…”.   

De  igual manera, estima el casacionista que  los  indicios deducidos por el Ad quem, no se estructuran, dado que parten de la  premisa  de  que  la  muerte  obedeció  a la golpiza propinada por el acusado y  otras    personas,    pasando    por    alto    que    pudo   deberse   a   otra  circunstancia.   

Considera el recurrente que la prueba, cuando  menos,  conduce  a crear una duda razonable acerca de la existencia del delito y  la responsabilidad del procesado.   

Advierte,  así  mismo,  que  de  no haberse  presentado   los  yerros  valorativos  propuestos,  la  decisión  habría  sido  necesariamente absolutoria.   

Pide   el   defensor   del  procesado,  en  consecuencia,  “CASAR el fallo objeto del recurso de  casación”.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

La  Sala  se  ve precisada a reiterar aquí,  como  quiera  que  pacíficamente  lo  ha  dicho en múltiples ocasiones, que el  advenimiento  de  la  Ley  906  de  2004,  o  mejor,  la  consagración  en esta  normatividad   del   recurso   de  casación,  no  implica  que  las  exigencias  argumentales  y  de  fundamentación  de  las causales hayan sido demediadas, ni  mucho menos eliminadas.   

El recurso sigue siendo extraordinario y por  ello  debe  sustentarse de manera adecuada, con expresión clara y precisa de la  causal,  los  fundamentos de la misma y las consecuencias que el yerro detectado  produce,  sin  que  sea  posible continuar en este escenario con las alegaciones  propias de instancia, derrotadas en su sede natural.   

Cuando  se alega la ocurrencia de un vicio y  este   es  ubicado  en  determinada  causal,  ello  no  opera  apenas  formal  o  circunstancial,  sino  que  marca el derrotero ineludible de la fundamentación,  que  obedece  en  su  naturaleza  y teleología al respeto mínimo por criterios  ineludibles  de lógica jurídica, para evitar, precisamente, que lo argumentado  represente  simple  alegato  de  instancia  en  el cual la parte afectada con el  fallo  pretende  entronizar  su particular y muy interesada visión de lo que la  prueba arroja, por encima de la más autorizada del Tribunal.   

No  puede pasarse por alto, al efecto, que a  esta  sede  casacional  arriba  el fallo de segundo grado prevalido de una doble  connotación   de  acierto  y  legalidad  únicamente  atacable  dentro  de  los  parámetros  estrictos  de  las  causales  de  casación,  que demandan no sólo  verificar  la  existencia del vicio propio de la alegada, sino su trascendencia,  al punto de obligar modificar o revocar la sentencia.   

Para  el  caso  concreto,  la Corte advierte  ostensible  que  el  escenario  extraordinario  es utilizado por el defensor del  procesado  apenas  para  tratar  de rehabilitar alegaciones propias de instancia  vencidas  suficientemente  allí,  sin que, por fuera de la mera enunciación de  la   causal,  de  la  cual  se  vale  apenas  como  mampara  de  su  contumacia,  efectivamente  verifique  la  materialización de un yerro trascendente obligado  de verificar por la Corte.   

En este sentido, se hace necesario aclarar al  demandante  que  solo  inscribir  el  cargo  dentro de lo rotulado en el numeral  tercero  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004, nada aporta, pues, para  definir  cubierta  esta  causal  es  necesario  precisar  cuál  de los variados  errores  que  lo  componen es el atribuido al Tribunal, cierto como debe tenerse  que  allí  reposan los vicios de hecho y de derecho, que a su vez se subdividen  en  precisas  formas  de  vulneración,  ninguna  de las cuales es detallada por  él.   

         Esto          se          dijo1   en   ocasión   anterior,  respecto de los errores de   

hecho    y    de    derecho:   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

         Como   se   aprecia,   es   amplio  y  diverso,  con  naturaleza  y  efectos     también  diferentes,  el  catálogo de vicios que pueblan la vía indirecta de violación  de  la  ley  penal,  emergiendo  apenas  elemental  que  la  buena fortuna de la  demanda,  acudido al mecanismo excepcional de impugnación, delimite sin ambages  cuál  de  tantos  es  el  que se atribuye a la decisión de segundo grado, para  después  desarrollarlo  conforme  a  las  pautas definidas en la jurisprudencia  transcrita.   

         Pero,  si  ni  lo  uno  ni  lo otro hace parte de la argumentación  objeto  de  examen,  evidente  surge  su  impropiedad  y  fatal  se  advierte la  inadmisión de la demanda.   

         Ahora,  si se ausculta lo alegado por el defensor del acusado en el  escrito  casacional,  habría que concluir que lo suyo no dice relación con los  errores  de  derecho, pues, a pesar de discutir que se pruebe la causa de muerte  con  elementos suasorios diferentes a la necropsia, termina por aceptar que ello  es    válido,    aunque    significa   que   las   pruebas   supletorias han de ser contundentes.   

         Debería  asumirse, entonces, que lo suyo remite a supuestos vicios  de  hecho,  en  cuanto,  aduce  de manera general que se apreció erradamente la  prueba  testimonial  y  más  adelante  señala  que lo decidido por el Tribunal  “se   aleja   de   los   criterios   de   la  sana  crítica”.   

         Si  se  dijera,  por  lo anotado, delimitada la controversia en los  linderos   del   falso   raciocinio,   es   lo   cierto   que   el  demandante  nada  hizo  para  desarrollar  el punto, limitándose a  realizar   afirmaciones   genéricas  que  bien  poco  fundamentan el cargo.   

         Por  lo  demás,  cuando el casacionista aborda directamente lo que  la  prueba  contiene  y busca a partir de su particular valoración de la misma,  llegar  a  conclusión  diferente de la del Tribunal, inconcuso surge que apenas  navega  por  las aguas del típico alegato de instancia, en tanto, pasa por alto  que  el  objeto  de  controversia en el ámbito casacional  del yerro en el  raciocinio,  no  lo  es  la  prueba  en  sí  misma  considerada, sino el examen  valorativo que de ella hizo el fallador.   

         Es  lo  cierto,  de  igual  manera,  que  ambas instancias disertaron  amplia  y  profundamente  en  torno  del  tópico  de  la  prueba que soporta la  materialidad  del  homicidio,  dado  que  no  se  contó  con  el  protocolo  de  necropsia,  hasta  significar,  no  solo  que  es perfectamente válido, ante la  inexistencia  de  tarifa  probatoria  al respecto, demostrar ese hecho, causa de  muerte,  con  elementos diferentes a la experticia, sino que en el caso concreto  esas  otras  pruebas  resultaban suficientes para determinar inexcusable el nexo  causal  entre  la  agresión violenta y el subsecuente  fallecimiento.   

         Dice  el recurrente que la prueba testimonial no es confiable y que  los  indicios  utilizados  por el Tribunal para soportar sus conclusiones, no se  estructuran.   

         Sin  embargo,  nunca detalla cuál es el error en el que recaen las  instancias  al  valorar  la  prueba  y  ni  siquiera  se precisa cuáles son los  indicios  que  se  dice no estructurados o en qué apartados del mismo radica el  vicio  –vale decir, en la  determinación  del  hecho  indicador  o en la inferencia a que se llega-, de lo  cual  se  sigue  que lo sostenido no supera el estadio de la simple petición de  principio.   

         Apenas  cabe  agregar a lo dicho, que el examen de los argumentos a  partir  de  los  cuales  las  instancias  soportan  la  materialidad  del delito  atribuido  al  acusado,  permite verificar su completo apego con la juridicidad,  conforme  los  elementos  de juicio allegados y la forma en que se desarrollaron  los hechos.   

         Por  ello,  ninguna controversia seria pudo plantear el demandante,  ni  la  Sala  aprecia  que  en  la  afirmación atinente a que necesariamente el  deceso  derivó  del  ataque violento ejecutado, entre otros, por el acusado, se  contenga  algún  tipo  de vulneración a las reglas de la sana crítica, cuando  es  lo  cierto  que  los testigos advierten de la  presanidad  de  la  víctima,  no  se  discute  que  fue  objeto  de  violento e  inmisericorde  ataque  por  un  grupo  amplio  de  personas,  que  condujo  a su  inconsciencia,   afectado   como   fue  su  cráneo,  y  tampoco  es  objeto  de  controversia  que ingresó al nosocomio local, ubicado a pocas cuadras del lugar  del ataque, ya sin signos vitales.   

         Y  si,  como  lo  sostiene  el impugnante, el perito que acudió al  juicio  oral  afirma  que  con  la  sola  inspección técnica al cadáver no es  posible  aventurar la causa de la muerte, ello no desdice de la prueba utilizada  para  verificar  el tópico,  ni  comporta  factor  que atempere lo dicho por los testigos o las inferencias a  las que llegó el Tribunal.   

         Es  apenas  lógico  que  si  del  perito  se  pide  llegar  a  una  conclusión  acorde  con su saber técnico o científico, su respuesta se limite  a  ese  conocimiento,  precisamente porque en razón de ello es que el     testimonio     experto     es  recibido.   

         Pero,  huelga  anotar,  el  juez no se limita, en su valoración, a  tan  específico  medio,  sino  que  debe  abordar todos los elementos de juicio  pertinentes  para  el objeto concreto de análisis y así, su análisis parte de  factores  testimoniales   e inferenciales de corte indiciario, con los que no contó,  ni podía contar, el experto.   

         En  atención  a  ello,  ninguna  desarmonía  existe  entre  ambas  conclusiones,  ni  lo  afirmado  por  el  experto controvierte lo asumido por el  juzgador,   en  tanto,  debe  reiterarse,  el espectro examinado por el primero se limita a la diligencia de  inspección  técnica  al  cadáver  y  fue  en  atención  a  esto  que se dijo  imposibilitado de determinar la causa de muerte.   

          Se  inadmitirá,  acorde  con  lo  anotado,  la demanda de casación  presentada por el defensor del acusado.   

De la casación oficiosa.  

Tiene   establecido  la  Corte2   que   en  seguimiento  de  lo establecido en el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  conforme  los  fines  de  la  casación,  tiene  el  deber  de actuar  oficiosamente  en  aras  de  hacer  efectivo  el  derecho  material, preservar o  restaurar  las  garantías de los intervinientes, reparar los agravios inferidos  a éstos o unificar la jurisprudencia.   

Para  el  efecto,  debe  precisarse,  no  es  necesario  realizar  audiencia  de  sustentación,  dado  que  ella se encuentra  supeditada  a  que se admita la demanda presentada en debida forma, asunto ajeno  a lo que aquí se verifica.   

Busca  la  Sala,  en  el  presente  asunto,  examinar  si los fallos desconocieron el principio de legalidad que rige para la  imposición  de  las  sanciones  penales,  en  concreto,  la  pena  accesoria de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

Por  lo anotado, una vez quede en firme esta  providencia,  superado  el  trámite  del  recurso de insistencia, la actuación  regresará   al   despacho  del  Magistrado  Ponente  para  que  se  estudie  la  posibilidad de casar oficiosamente la sentencia.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de  Casación Penal,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada en nombre de LUIS  HERNANDO     IGUA     BRAVO,     en  seguimiento de  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del  presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

En  firme  la  anterior decisión y una vez  resuelto  lo  relacionado con la insistencia, en caso de que se formule, regrese  la  actuación  al  despacho  del  Magistrado  Ponente  para  que  se examine la  posibilidad de casación oficiosa.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22597.   

2  Véanse,  entre otros, autos del 9 de junio y 16 de diciembre de 2008, radicados  29520 y 30244, respectivamente.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *