39923(24-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

                                     Aprobado Acta No. 395.   

Bogotá, D.C., veinticuatro de octubre de dos  mil doce.   

V    I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  las demandas de casación presentadas, en su orden, por la defensora  del  procesado  JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA y el Fiscal Séptimo Especializado de  la  Unidad  Nacional  de  Fiscalías para la Extinción del Derecho de Dominio y  contra  el  Lavado  de  Activos,   contra  la sentencia de segundo grado de  fecha  22 de mayo de 2012, por cuyo medio el Tribunal Superior de Cali confirmó  parcialmente  el  fallo proferido el 29 de agosto de 2011 por el Juzgado Tercero  Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad.   

ANTECEDENTES   

1.  Los  hechos objeto de juzgamiento fueron  reseñados así en la sentencia impugnada:   

“Se originó la presente investigación por  informes  presentados  por  la  Unidad Administrativa Especial de Información y  Análisis  Financiero,  el primero sin fecha, y otros escritos en mayo de 2.002,  el  28  de  febrero  de  2.003 y el 19 de febrero de 2.004, y por los del cuerpo  Técnico  de  Investigación  números 06122 del 29 de diciembre de 1.999 y 0989  del  24  de  febrero  de  2.000,  entre  otros, que daban aviso que de la cuenta  número  447-00131-4 del Banco  Ganadero  fueron  pagados ciento nueve (109) cheques de la entonces Corporación  de  Ahorro  y  Vivienda  Ahorramás, sucursal Jamundí (Valle), que habían sido  girados  en el mes de julio de 1.999 por cuantía total de $ 1.447.379.384.oo, a  veinticuatro  personas con inusualidades tales como que se habían girado varios  en  un  mismo  día,  a una misma persona, por cifras importantes en millones de  pesos,  levantando  en todos el sello restrictivo de cruce y de consignación al  primer  beneficiario  con  el  propósito  que  se  cobraran  por ventanilla por  personas  diferentes  al  titular;  teniéndose  que el primer endoso presentaba  distintos  números  de  cedula de ciudadanía para un mismo beneficiario; otros  enunciaban  rasgos grafológicos parecidos mientras que habían sido girados por  cifras cerradas en millones.   

“Se tiene que una vez fueron revisadas las  cedulas  de  ciudadanía  de los beneficiarios de los cheques, fue detectado que  no   concordaban   ya   que   presentaban  singularidades  tales  como  personas  fallecidas,  cedulas masculinas en titulares femeninos y números no asignados o  no  encontrados,  observándose  en  consecuencia  un posible LAVADO DE ACTIVOS,  toda  vez que los documentos de identificación de los endosatarios y cobradores  de  los  títulos  valores  en  un  alto  porcentaje  no  correspondían  al que  figuraban  en los mismos, y que los cobros se habían efectuado por ventanilla y  habían sido pagados en efectivo.    

“De  contera  se  aduce que el total de lo  consignado   en   las  cuentas  ascendió  aproximadamente  a  los  diez   mil  cuatrocientos  setenta  y  seis  millones  de  pesos  ($  10.476.000.000.oo)”   

A  tales hechos, concretados en el fallo, es  necesario  agregar  para  mejor comprensión de las circunstancias fácticas que  rodearon  la ilicitud, que el proceso refiere igualmente que numerosas personas,  de  limitados  recursos  económicos,  poca educación y la mayoría sin ningún  contacto  anterior  con el sistema financiero, fueron invitadas y compelidas por  otros  sujetos,  entre  ellos,  KHALED  KHALIL  CHEHABI,  JUAN  CARLOS MARROQUIN  VALENCIA  y  RAMÓN  DARÍO  REINA  SOTO,  para que procedieran a la apertura de  cuentas  de  ahorros en la Corporación Ahorramás, sucursal Jamundí (Valle), a  cambio  de  lo  cual  recibían  un  pago  de  veinte mil a cincuenta mil pesos,  entregando  todos  los  respectivos talonarios para el movimiento de las cuentas  al  mencionado KHALED KHALIL, quien manejó las operaciones efectuadas a través  de ellas, con los resultados arriba señalados.   

2.   Por  tales  hechos,  después  de  la  investigación  y  los  trámites  pertinentes,  mediante  resolución del 22 de  marzo  de  2005,  la  Fiscalía  Séptima Especializada de la Unidad Nacional de  Fiscalías  para  la  Extinción del Derecho de Dominio calificó el mérito del  sumario en los siguientes términos:   

a.  Acusó  a  los procesados ROCÍO LABRADA  AEDO,  ANA  CRISTINA DOMÍNGUEZ SARRIA, ANDRÉS MUÑOZ MOSQUERA, FERNANDO RIVERA  ROBLES,  PAOLA  ANDREA  DÍAZ  PEÑA, MARGARITA MONTAYES GONZÁLEZ, JOSÉ MARÍA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ QUINTERO , HAROLD JOSÉ CARREÑO RAGA,  MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO PINEDA ATEHORTUA, FRANCY  ELENY  QUINTERO  CANO,  JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA, SANDRA PATRICIA CUERO, PAOLA  ANDREA  MILLÁN,  ALEXANDER  GONZÁLEZ,  CARLOS  ALBERTO ARIAS CUARTAS, ROSALÍA  ARIZA  SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL ROJAS, JUAN CARLOS CASTILLO CASTILLO,  KHALED  KHALIL  CHEBAI,  JUAN  CARLOS CUELLAR RAMÍREZ, BEIBY YICELA CUERO, ROSA  NEILA  CUERO, OSCAR HERNÁN DÁVALOS GRANADA, PABLO ALBERTO DÍAZ OLAYA, ANDRÉS  DÍAZ  REINA,  LEONARDO  FABIO  GONZÁLEZ RAMOS, MARILUZ GRAJALES CANTOR, WILTON  FABIÁN  GUEVARA COLORADO, JAIME HADI MENDOZA, HÉCTOR ALEXANDER IDROBO SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO HUMBERTO MENA CARDONA, LORENA ORDÓÑEZ  ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA  MORALES,  DANILO OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN  PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ,  IVONNE  REINA  ALBAN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, RAMÓN DARÍO REINA SOTO, MANUEL  MARÍA  RIVAS  PINEDA,  IVON  RODRÍGUEZ  GRANJA,  ANA CRISTINA ROJAS GONZÁLEZ,  MILTON  MAI  SOTO  LONDOÑO,EDWAR  SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID  VURKOVITSKY  ARZAYUZ,  JOSÉ ALBERTO ZÚÑIGA y JUAN CARLOS MARROQUÍN VALENCIA,  como    presuntos    coautores    responsables   del   delito   de   lavado   de  activos.   

b.  Acusó  a  los  procesados JUAN CARLOS  MARROQUÍN  VALENCIA  y  KHALED  KHALIL  CHEHABI  como  presuntos determinadores  responsables del delito de lavado de activos.   

La  anterior  decisión  fue  impugnada  por  algunos  acusados  y  defensores,  siendo  objeto de confirmación por un Fiscal  Delegado   ante   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  en  resolución  dictada  el  27  de  julio  de  2005.   

3. El conocimiento del juicio se asumió por  el  Juzgado  Segundo  Tercero Penal del Circuito Especializado de Cali, despacho  que  luego  de  evacuar  el  trámite  pertinente  dictó  sentencia  de primera  instancia el 29 de agosto de 2011, en los siguientes términos:   

          a)  Condenó  a  los  procesados  ROCÍO  LABRADA AEDO, ANA CRISTINA  DOMÍNGUEZ  SARRIA,  ANDRÉS  MUÑOZ  MOSQUERA,  FERNANDO  RIVERA  ROBLES, PAOLA  ANDREA   DÍAZ  PEÑA,  MARGARITA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  JOSÉ  MARÍA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ  QUINTERO,  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO RAGA, MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO  PINEDA  ATEHORTUA, FRANCY ELENY  QUINTERO  CANO,  JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA, SANDRA PATRICIA CUERO, PAOLA ANDREA  MILLÁN,  ALEXANDER  GONZÁLEZ,  CARLOS  ALBERTO  ARIAS  CUARTAS, ROSALÍA ARIZA  SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL  ROJAS,  JUAN CARLOS CASTILLO CASTILLO, JUAN  CARLOS  CUELLAR  RAMÍREZ,  BEIBY  YICELA CUERO, ROSA NEILA CUERO, OSCAR HERNÁN  DÁVALOS  GRANADA,  PABLO  ALBERTO  DÍAZ  OLAYA,  ANDRÉS DÍAZ REINA, LEONARDO  FABIO   GONZÁLEZ   RAMOS,  MARILUZ  GRAJALES  CANTOR,  WILTON  FABIÁN  GUEVARA  COLORADO,  JAIME  HADI  MENDOZA,  HÉCTOR  ALEXANDER  IDROBO  SAUCEDO, KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO  HUMBERTO  MENA  CARDONA,  LORENA ORDÓÑEZ ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA  MORALES,  DANILO  OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA  FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ, IVONNE  REINA  ALBÁN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, RAMÓN DARÍO REINA SOTO, MANUEL MARÍA  RIVAS  PINEDA,  IVON RODRÍGUEZ GRANJA, ANA CRISTINA ROJAS GONZÁLEZ, MILTON MAI  SOTO  LONDOÑO,  EDWAR SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID VURKOVITSKY  ARZAYUZ  y  JOSÉ  ALBERTO  ZÚÑIGA,  a  las  penas  principales  de 6 años de  prisión  y  multa  de  500  s.m.l.m.v.,  y  a  la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la sanción principal,  como coautores responsables de lavado de activos.   

b)  Condenó  a los procesados KHALED KHALIL  CHEHABI  y  JUAN  CARLOS MARROQUÍN VALENCIA, a las penas principales de 8 años  de  prisión  y  multa de 12.000 s.m.l.m.v., y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio de derecho y funciones publicas por un lapso igual a la pena  privativa  de la libertad, como determinadores responsables del delito de lavado  de activos.   

A todos los condenados les negó el subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena y la prisión  domiciliaria.   

Impugnada  la  sentencia  por  varios de los  defensores,  el  Tribunal  Superior de Cali, en fallo del 22 de mayo de 2012, la  modificó parcialmente en los siguientes términos:   

a)  Revocó  la  condena  impuesta  a ROCÍO  LABRADA  AEDO, ANA CRISTINA DOMÍNGUEZ SARRIA, ANDRÉS MUÑOZ MOSQUERA, FERNANDO  RIVERA  ROBLES,  MARGARITA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ  QUINTERO,  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO  RAGA, MIGUEL ANTONIO BENAVIDES CRUZ, MARÍA DEL ROSARIO  PINEDA  ATEHORTUA,  FRANCI  ELENI  QUINTERO  CANO, CARLOS ALBERTO ARIAS CUARTAS,  ROSALÍA  ARIZA  SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL ROJAS, JUAN CARLOS CASTILLO  CASTILLO,  JUAN  CARLOS  CUELLAR RAMÍREZ, BEIBY YICELA CUERO, ROSA NEILA CUERO,  SANDRA  PATRICIA  CUERO,  OSCAR  HERNÁN  DÁVALOS  GRANADA, PABLO ALBERTO DÍAZ  OLAYA,  ANDRÉS  DÍAZ  REINA,  LEONARDO FABIO GONZÁLEZ RAMOS, MARILUZ GRAJALES  CANTOR,  WILTON  FABIÁN  GUEVARA  COLORADO,  HÉCTOR  ALEXANDER IDROBO SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO HUMBERTO MENA CARDONA, LORENA ORDÓÑEZ  ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA  MORALES,  DANILO OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN  PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ,  IVONNE  REINA  ALBAN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, MANUEL MARÍA RIVAS PINEDA, IVON  RODRÍGUEZ  GRANJA,  ANA  CRISTINA  ROJAS  GONZÁLEZ,  MILTON MAI SOTO LONDOÑO,  EDWAR  SUÁREZ  TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID VURKOVITSKY ARZAYUZ, JOSÉ  ALBERTO  ZÚÑIGA,  ALEXANDER  GONZÁLEZ,  PAOLA  MILLÁN, JAIME HADID MENDOZA y  PAOLA  ANDREA  DÍAZ PEÑA, a quienes en su lugar absolvió de los cargos por el  delito de lavado de activos imputado por la Fiscalía.   

b)  Confirmó  la  condena contra JUAN JOSÉ  CAICEDO  GARCÍA,  JUAN  CARLOS  MARROQUÍN  VALENCIA,  KHALED  KHALIL CHEHABI y  RAMÓN DARÍO REINA SOTO.    

          c)  Declaró la extinción de la acción  penal  y  civil  por muerte del procesado JOSÉ MARÍA MONTAYES GONZÁLEZ.    

Contra   la   anterior   determinación,  presentaron  demanda  de casación, en su orden, la defensora del procesado JUAN  JOSÉ  CAICEDO  GARCÍA y el Fiscal Séptimo Especializado de la Unidad Nacional  de  Fiscalías  para  la Extinción del Derecho de Dominio y contra el Lavado de  Activos.   

LAS  DEMANDAS   

          1.   Demanda   a   nombre   del   procesado   JUAN   JOSÉ   CAICEDO  GARCÍA.   

          Cargo principal   

          Al  amparo  de  la causal primera del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  al defensora de CAICEDO GARCÍA acusa la sentencia de ser violatoria, por  vía  indirecta,  de  la ley sustancial, por error de hecho derivado de un falso  juicio  de existencia por suposición de medios probatorios, lo que condujo a la  indebida  aplicación de los artículo 6, 7, 13, 20, 232, 233, 234, 238 y 240 de  la  citada  Ley 600 de 2000 y de los artículos 6, 9, 12, 22, 25, 29 y 323 de la  Ley 599 de 2000.   

          En  orden  a la demostración del cargo, esgrime que su representado  fue  una  de  las  personas  a  quien  le  apareció una cuenta de ahorros en la  Corporación    Ahorramás,   utilizada   para   los   movimientos   delictuosos  investigados.   

          No  obstante,  dice, JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA siempre ha negado su  participación  en el blanqueo de capitales, pues nunca solicitó la apertura de  la  mencionada  cuenta de ahorros. Y si bien aparecieron documentos firmados por  él  para  tales  fines,  él explicó que como propietario de un bar, buscó la  posibilidad  de  operar  con  tarjetas  de crédito, siendo ese el motivo por el  cual   firmó  formatos  y  documentos,  pero  nunca  par  abrir  la  cuenta  de  ahorros.   

Recuerda  que  el  Juzgador  no  quiso  dar  crédito  a  las  anteriores    exculpaciones, especialmente porque se  demostró  que  además  de  los  documentos  de apertura de cuenta que aparecen  firmados  por  él,  se  estableció  con  dictamen  pericial  que la huella del  índice  derecho  que  obra en la constancia de entrega de la tarjeta No. 019821  de  la  cuenta  de  ahorros  00058-00001069-5  a  nombre  de  JUAN JOSÉ CAICEDO  GARCÍA, pertenece al procesado.   

Adicional  a  ello,  el Juzgador dijo que su  situación  era  distinta  a  la  de los demás cuentahabientes, “porque  su participación no fue ciega y no podía serlo por cuanto  tenía  conocimiento  de  la  actividad financiera y de los negocios; no era una  persona  iletrada  e  inexperta  en  los trámites bancarios, luego ello permite  inferir  que  conocía  con  claridad  las  consecuencias  de abrir una cuenta a  beneficio de un tercero…”.   

Pero  tales reflexiones, dice, desconocen la  presunción  de  inocencia  del  procesado, pues el fallador supuso la prueba de  culpabilidad  y  responsabilidad,  sólo  porque  apareció  su  firma  y huella  dactilar  en  los  documentos que respaldan la apertura de la cuenta, situación  que   si   bien  puede  verse  como  una  “aparente  verdad”,  realmente trastoca la realidad, llevando a  conclusiones       equivocadas.      

          Insiste  en  que  JUAN  JOSÉ  CAICEDO  GARCÍA no participó en los  hechos  averiguados,  porque  no fue la persona que abrió la cuenta de ahorros;  además,  los  movimientos  que  se  hicieron  a  través de ella en dos épocas  distintas,  fueron  efectuados  sin  su  firma, como se acreditó en el proceso.   

          El  error  de  hecho  por  suposición  de la prueba descansa en las  conjeturas  del  fallador,  quien  deriva  la  prueba  de  responsabilidad en la  calidad  de  comerciante que ostentaba su representado, dejando de lado el hecho  grave  de  que  nunca apareció la totalidad de la documentación empleada tanto  para  la  apertura  de la cuenta como para efectuar los movimientos a través de  ella,  prueba que era necesaria para establecer si realmente fue su representado  quien  consignó  o  retiró  las  cuantiosas  sumas  de  dinero  a que alude el  proceso.   

             Y como lo que no existe fácticamente en el proceso no puede  suponerse,  aquí  no  podía concluirse la participación de CAICEDO GARCÍA en  el ilícito, a partir de las reflexiones que efectúa el juzgador.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se  case la sentencia, para que en su  lugar  se  emita  un  fallo  de  reemplazo que absuelva a su representado.    

          Cargo subsidiario   

          Al   amparo  de  la  causal  primera,  acusa  la  sentencia  de  ser  violatoria  por vía indirecta de la ley sustancial, por error de hecho derivado  de  la tergiversación del sentido fáctico de algunos medios de prueba, lo cual  condujo  a  la  falta de aplicación del artículo 7 de la Ley 600 de 200 y a la  indebida  aplicación de los artículos 6, 13, 20, 232 y 234 ibídem y 6, 9, 12,  22, 25, 29 y 323 del Código Penal.    

          En  orden a demostrar el cargo, con apoyo jurisprudencial se refiere  al   principio   del  in  dubio  pro  reo,  para  señalar  que en el presente caso los falladores rechazaron  su  aplicación,  a  pesar  de la concurrencia de duda razonable que favorece al  procesado CAICEDO GARCÍA.   

          Refiere  que  su  representado fue condenado sin consideración a la  carencia  de  la  documentación  original  reclamada  a  lo  largo  del devenir  procesal,   relacionada  con  la  apertura  de  la  cuenta  y  los  volantes  de  consignación  y  retiro  de  dineros  de  la  misma,  de  los cuales ninguno se  consiguió  en  los  archivos  de  Ahorramás,  hecho  sospechoso  que revela la  perversa  manipulación  de  documentos,  pues  la  Fiscalía sólo entregó los  relacionados  con  la  apertura de la cuenta en los que aparecía la rúbrica de  su defendido.   

          Insiste  en  que  CAICEDO  GARCÍA  en ningún momento estuvo en las  instalaciones  de Ahorramás de Jamundí, ni en ningún otro lugar, abriendo una  cuenta  de  ahorros  y  menos  que hubiese acudido a efectuar consignaciones y/o  retiros.   

          La  prueba,  advierte,  es indicativa de que terceros utilizaron los  formados  firmados  por  él  con  otro  propósito,  el  de obtener tarjetas de  crédito para su establecimiento comercial.   

          Se  queja  de  que  el  instructor  no  haya sido lo suficientemente  diligente  para  la  consecución  de  los  documentos  que  se  echan de menos.  Sospechosamente,  dice,  se  arrimaron  unas  copias  no  aptas  para estudio de  grafología.   

          Por  tanto campea la duda probatoria, pues los indicios aducidos por  los  operadores judiciales carecen de la virtualidad de derrumbar la perplejidad  anotada.   

          El  error  es  trascedente,  porque  vulnera  principios  como el de  necesidad  de  la prueba y apreciación conjunta, así como el de contradicción  o  controversia  probatoria,  consagrados  en los artículos 232, 238 y 13 de la  Ley  600  de  2000,  derivando  en  la  violación  del artículo 29 de la Carta  Política.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se case la sentencia y en su lugar se  absuelva   al   procesado   JUAN   JOSÉ   CAICEDO   GARCÍA   de   los   cargos  formulados.    

          2.  Demanda  del Fiscal Séptimo Especializado de la Unidad Nacional  de  Fiscalías  para  la Extinción del Derecho de Dominio y contra el Lavado de  Activos   

          Encaminado  a  atacar la absolución que favoreció a la mayoría de  los  procesados  en  la  sentencia  de  segunda  instancia, el Fiscal formula un  único  cargo, alegando la violación indirecta de la ley sustancial por errores  de  hecho  derivados  de  falsos  juicios  de  identidad  y de existencia, en la  valoración    de    los    indicios    que    plantea    bajo    la   siguiente  enunciación:   

          a)   “Conocimiento  que  tuvieron  los  procesados   que   otros  estaban  realizando  idéntica  acción  y  recibo  de  remuneración por ese hecho”   

          Según  el  Fiscal,  del  conocimiento que tenían los procesados de  que  varias  personas  de  la  misma  comunidad  estaban  abriendo  cuentas  por  petición  de  amigos  o  vecinos,  a  cambio  de  un pago o remuneración, debe  inferirse  su  conocimiento  de  que  no  podía ser un procedimiento aislado ni  legal,  sino parte de un gran andamiaje a través del cual sus cuentas bancarias  serían utilizadas para desarrollar una conducta antijurídica.   

             Cuestiona  que  el  Tribunal  haya  descartado  esa  conclusión,  aduciendo  que  de  allí  no  podía  derivarse que los procesados conocían la  actividad   de   lavado   de   activos   que   se  pretendía  ejecutar,  porque  “las  personas  tienden  a  copiar lo que hacen sus  pares,     lo     que     ven     de    otros    más    cercanos”.   

          Esa  afirmación,  dice,  desdibuja la máxima de la experiencia que  cita,  porque  lo  que  la experiencia demuestra es que las personas naturales o  jurídicas  “aperturan  sus productos financieros de  manera  individual  conforme  sus necesidades personales lo exigen, no lo hacen,  generalmente,  en  compañía  de varios, desconocidos y reclutados por terceras  personas  para  así  hacerlo,  para  que  otros  sean  los  que las manipulen o  utilicen  a  su  antojo,  y mucho menos que dicho actuar sea realizado de manera  colectiva..”   

          Sostiene  que  de  admitirse  la  máxima expresada por el Tribunal,  habría  que  aceptar  que  cuando  se  repiten conductas atentatorias contra el  ordenamiento  jurídico,  estas  se  vuelven socialmente permisibles, situación  que       cataloga       de       “catastrófica  para  los  fines  del  derecho  y  de la necesidad de  mantener   un   orden   justo   y   una   convivencia   pacífica”.     

         Dice  que  el  comportamiento repetitivo de los procesados, abriendo  cuentas   bancarias   a   cambio   de  “unos  pesos  adicionales”,   no   lo   legaliza   ni   legitima  socialmente.   

          Para   el  Fiscal,  el  Tribunal  distorsionó  el  sentido  de  las  expresiones  de  los acusados que admitieron conocer otras personas que abrieron  cuentas  a  cambio  de dineros, porque, reitera, de allí sólo podía deducirse  un  claro  conocimiento  de  la  ilegalidad  que se tramaba con las cuentas así  abiertas,  y no, como lo alegaron en sus injuradas, y lo acepta el Tribunal, que  sólo  se  utilizarían  para una simple operación bancaria de depósito de una  pequeña suma de dinero.   

          Este  argumento, dice, destruye lo sostenido por la Sala mayoritaria  del  Tribunal,  según  la  cual  no  existía  prueba  demostrativa  de que los  procesados  conocieran  que  por  sus  cuentas pasarían los caudales que fueron  acreditados  en  el  proceso,  pues  al  respecto obran documentos y las propias  versiones  de  los implicados, de donde surge un error de hecho por falso juicio  de   existencia,   ante   la  falta  de  consideración  de  esos  elementos  de  prueba.   

            Entre  los  documentos  demostrativos  de su afirmación, dice, se  encuentran  las  tarjetas de registro de firmas y la documentación diligenciada  al  momento  de  la  apertura  de los productos financieros, que especifica para  cada  uno  de  los  casos,  pruebas  que,  reitera,  fueron  desconocidas por el  Tribunal.   

          Al  omitir  esa  prueba, se desconoció la máxima de la experiencia  según  la  cual “ninguna persona se da a la tarea de  ‘reclutar’ a otras personas para que a cambio de  una  suma  de  dinero abran una cuenta, en bloque, en conjunto, y, se desprendan  de  los  respectivos  talonarios,  tarjetas  y claves…si no es porque tiene un  objetivo    o    propósito   contrario   a   derecho,   esto   es,   ilegal   e  ilegítimo…”.   

                       b)      “Producto  financiero  se apertura para manejar dineros propios y  no   para   ponerlo   a   disposición  de  un  extraño  que  lo  maneja  a  su  antojo”   

          Según  el  Fiscal  impugnante,  las  reglas  de la experiencia y el  sentido    común    indican   que   “un  producto financiero se abre para ser manejado por su titular, en  donde     se    depositarán    y    retirarán    fondos    propios”, es decir, que un producto financiero  es personal e intransferible.   

          De  acuerdo con esa lógica, agrega, no es admisible suponer que los  procesados,  de  manera  ingenua,  asilada  y  asaltados  en  su buena fe, hayan  abierto  las  cuentas a cambio de una suma de dinero, por petición de otros, de  quienes  no  dan mayores datos, sin imaginar que a través de ellas transitaría  gran    cantidad    de    dinero,    “ya  que  dicho  conocimiento  lo  podrían  haber actualizado con el  hecho  de  saber que tal acción se estaba llevando de manera conjunta con otros  mas   y   sobretodo   cuando   el   dinero   no   iba   a   ser   manejado   por  ellos.”   

          Si  bien  el  Tribunal  reconoce  que  los  procesados  abrieron las  cuentas  y  firmaron  los  volantes  en  blanco  para  que  otros  hicieran  las  transacciones,  distorsionó  la  regla  de  la experiencia llamada a regular el  caso,  desconociendo, a partir de allí, que los procesados sabían sobre el uso  ilícito  que  se  iba  a dar a sus cuentas, o al menos pudieron percibirlo, tal  como   sucedió   con   otras   personas   que   no   quisieron   acceder  a  la  propuesta.   

          Sostiene  que  por  la  época  de  los  hechos, se estaban haciendo  campañas  preventivas para alertar sobre prácticas para lavar dineros, lo cual  es  contrario a lo que se afirma por el Tribunal, quien dice que para esa época  nada se conocía sobre ese tipo de actividades.   

          Tampoco  se puede olvidar que los productos financieros abiertos por  los  procesados,  nunca fueron manejados por estos, quienes tampoco conocían la  procedencia   de   los   dineros  allí  circulados,  como  lo  afirman  en  sus  injuradas.   

          Agrega  que  si un producto financiero es personal e intransferible,  el  titular  es  responsable  de  cuanto suceda con el mismo, como lo declararon  Pedro  Antonio  Ferrucho Rodríguez, Gerente de Control de Oficinas del Banco AV  Villas,  y  Amparo  Gutiérrez  Ayala,  Subgerente  de  la Sucursal AV Villas en  Jamundí, testimonios omitidos por el fallador.   

          De  allí era dable deducir que cada uno  de  los  implicados  decidió  de manera libre y voluntaria permitir que por sus  cuentas circularan caudales de germen antijurídico.   

              c) “El  de       presencia      en      la      institución      financiera”   

          Denuncia  que  en  la  valoración  de  este indicio, según el cual  todos  los  procesados  tuvieron  que comparecer a las Oficinas de Ahorramás de  Jamundí  para  abrir  las  cuentas de marras, el Tribunal incurrió en un falso  juicio  de  identidad,  al  considerar  que  de  allí  no  podía  deducirse el  conocimiento  de los procesados de que por esas cuentas circularían millones de  pesos.   

          Contrario  a  ello,  dice, “el  hecho probado de que se aperturaron multiplicidad de ellas y que  los  procesados  sabían  y  conocían  de  dicha  circunstancia, necesariamente  tenían  que  llegar  a  la  conclusión que los dineros que se iban a mover por  ellas  era  importante  y que no se trataba de tan solo una operación aislada o  insular, sino todo lo contrario.”   

          d)   “Indicio  de  mentira”   

          Aunque  en  la sentencia se sostiene que el indicio de mentira sólo  afecta  a  aquellos  que  negaron  haber  abierto  los productos financieros, el  demandante  considera  que  ese  indicio debe extenderse a los demás procesados  que  de  una  u  otra  forma  trataron  de  desviar  la  investigación y montar  coartadas  “fantásticas”,  como  aquellos  que dijeron haber sido abordados  por  personas  extrañas  que  los reclutaron para abrir cuentas, y aquellos que  alegaron   no   haber  recibido  contraprestación  a  cambio  de  esa  acción,  circunstancias que no fueron analizadas por el Tribunal.   

          e)        “El       de       mala  justificación”   

          Advierte   que   el   Tribunal  omitió  completamente  valorar  las  explicaciones  ofrecidas  por  los  procesados, de donde se deriva el indicio de  mala   justificación,   incurriendo,   por   tanto,   en  un  falso  juicio  de  existencia.   

          Según  el  demandante,  muchas  de  tales  explicaciones resultaban  ilógicas,  amen  de  que riñen con la forma en que se ejecutaron las aperturas  de las cuentas y los depósitos.   

          En  cambio de ello, el Tribunal admite alegaciones de los procesados  justificando   su   actuar,   como  aquellos  que  adujeron  el  desempleo,  las  necesidades  económicas  que  se  encontraban atravesando, exculpaciones que no  podían  ser  admitidas, pues la solución a las dificultades que aquejan al ser  humano  en  su  vida  cotidiana,  no  puede ser el camino fácil de la ilicitud,  menos cuando tenían opción de actuar legalmente.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se case la sentencia y en su lugar se  condene  a  los  procesados  absueltos  en  segunda  instancia,  como  coautores  responsables del delito de lavado de activos.   

ALEGATOS DE LOS NO RECURRENTES  

          Dentro  del término legal, el representante del Ministerio Público  –Procurador 63 Judicial II  de  Cali-  y  los defensores de PAOLA ANDREA DÍAZ PEÑA y HAROLD JOSÉ CARREÑO  RAGA,     presentan     alegatos,     aponiéndose     a    las    demandas  reseñadas.   

          El  primero  de  los  citados, acudiendo a las directrices ofrecidas  por  la jurisprudencia de esta Corte en punto de una debida fundamentación para  atacar   en  casación  errores  de  valoración  probatoria,  solicita  que  se  inadmitan ambas demandas porque no se atienen a tales parámetros.   

          Así,  advierte,  la defensora de JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA, alegó  dos  errores  de  hecho,  el  principal  por  falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de  la  prueba,  y, el subsidiario, por tergiversación del sentido  fáctico  de  las  pruebas,  cuando  de  acuerdo con la argumentación formulada  debió    referirse    al    “falso   juicio   de  apreciación”,  porque el reproche se erige sobre el  alcance  de  la argumentación del Tribunal y no sobre la existencia material de  una o más pruebas vertidas en el plenario.   

          Y   en  cuanto  a  la  demanda  formulada  por  el  Fiscal  Séptimo  Especializado,  también  debe  ser inadmitida, porque formuló en un solo cargo  dos  errores  de  hecho, falso juicio de existencia y falso juicio de identidad,  cuando  debió  roturarlos de manera autónoma o subsidiaria, dada la naturaleza  intrínseca de cada uno de ellos, que los hace independientes.   

          Por  su  parte,  el defensor de PAOLA ANDREA DÍAZ PEÑA, se opone a  las  pretensiones  de la demanda formulada por el Fiscal Séptimo Especializado,  presentando  una  serie  de consideraciones sobre la prueba y su valoración que  defienden  la  posición  del  Tribunal y descalifican los argumentos del Fiscal  recurrente, para solicitar que no se case el fallo demandado.   

          A  su  vez,  el  defensor  de  HAROLD  JOSÉ CARREÑO RAGA, también  apoyado  en  la  jurisprudencia  de  esta Corte, destaca una serie de errores de  argumentación  advertidos  en  la  demanda  formulada  por  el  Fiscal Séptimo  Especializado,  razón  por  la cual solicita que la misma sea inadmitida por no  estar  ajustada  a  los  lineamientos  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000.       

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Sobre  la  demanda  formulada  por  la  defensora de JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA   

Ninguno  de  los  cargos propuestos por esta  defensora  puede  ser  admitido  por  la  Corte, ya por falta de veracidad en el  supuesto   fáctico   que   lo   sustenta,   ora  por  ausencia  de  una  debida  fundamentación.   

          Así,  en el primer cargo la censora alega que el Tribunal incurrió  en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia al suponer la prueba  demostrativa  de  la  responsabilidad de JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA en el delito  de lavado de activos que se juzga.   

          La  postulación  del  falso  juicio  de existencia por suposición,  impone   la  obligación  de  verificar  objetivamente  que  la  prueba  no  fue  practicada  o  no obra materialmente en el expediente y que, pese a ello, por su  propia  iniciativa  el  Juez inventó su contenido y la tuvo en cuenta entre los  argumentos  que  soportan  la  sentencia. Acto seguido, es necesario señalar la  trascendencia  del  error,  de  modo  que  sin  su influjo el fallo hubiera sido  diferente;  y  todo  ha  de  articularse  con  la  violación de determinada ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida, en procura de  verificar    que   el   fallo   impugnado   es   manifiestamente   contrario   a  derecho.   

En el presente evento, la fundamentación del  cargo  lejos está de acreditar la invención de pruebas por parte del juzgador,  pues  precisamente de las trascripciones que trae de los apartes pertinentes del  fallo  impugnado,  se  advierte  que  fue  con  apoyo  en  la  prueba  recaudada  legalmente,  que  el  Tribunal  dedujo  la responsabilidad del procesado CAICEDO  GARCÍA  en  el  delito  de lavado de activos, como se ilustra en los siguientes  párrafos:   

“En  efecto  el  señor CAICEDO de entrada  negó   cualquier   participación   en  los  hechos,  dijo  no  conocer  a  los  determinadores  del  lavado  de dineros, a poco andar en ampliación de injurada  (C.13  fls.  3  y  ss)  luego de confrontar los documentos vertidos en su contra  dentro  del  proceso,  previa  exigencia suya, terminó señalando que en efecto  acepta  como  suya las firmas que yacen en algunos de los documentos de apertura  de  cuenta,  tales  como  el  relacionado  con la entrega de libreta renta laser  cuenta  más  y  la  entrega de un talonario a la cuenta de apertura a su nombre  (fol.  8  ídem).  También acepta que la fotocopia de la cédula que aparece en  el   cuaderno   anexo   de   copia   8   fl.   271   corresponde  a  su  cédula  original.   

“Amén  de  lo anterior, se cuenta con que  pericialmente  se  demostró  que  la  huella del índice derecho que obra en la  entrega  de  la  tarjeta  019821 de la cuenta 00058-00001069-5, a nombre de JUAN  JOSÉ CAICEDO, corresponde a la del procesado (fl. 56-c-2).   

“Tíenese  igualmente que la dirección de  la  residencia usada en la apertura de la cuenta corresponde, según el mismo lo  reconoció a la de su casa paterna.   

“Adicional  a  ello, quedó acreditado que  éste  procesado  JUAN  JOSÉ  CAICEDO  GARCÍA  no  era  ajeno  a los trámites  financieros   ni   a  los  negocios,  pues  se  acreditó  asaz  su  trayectoria  comercial…   

“La  Sala encuentra que las circunstancias  que  rodean  la  participación de JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA en los hechos son,  como  bien  se  dijo  antes,  diferentes  en  lo sustancial a la de otros de los  procesados,  pues  de  ellas  se infiere que su participación no fue ciega y no  podía  serlo por cuanto tenía conocimiento de la actividad financiera y de los  negocios;  no  era una persona iletrada ni inexperta en los trámites bancarios,  luego  ello  permite  inferir  que conocía con claridad de las consecuencias de  abrir una cuenta a beneficio de un tercero,…   

“(…)  

“Por  otra  parte  confluye  el indicio de  mentira  o  indebida  justificación, pues de entrada negó su participación en  la  apertura  de cuentas, cuando probatoriamente se le enrostró que si tuvo que  ver  con  ello,  para  al final reconocer que en efecto tanto su cédula como su  firma  y huellas corresponden a las actividades que desarrolló en procura de la  conducta que se le reprocha…”   

Conforme  esas  afirmaciones,  el  juicio de  responsabilidad  se  sustentó  cabalmente  en la prueba legalmente incorporada,  entre    ella:   a)   los  documentos  de  apertura de la cuenta a nombre del procesado, en los que además  de  su  firma,  aparecen datos personas coincidentes con los suyos; b)  el  documento donde consta la entrega  de  la  tarjeta  correspondiente  a la cuenta, en el cual se verificó su huella  dactilar;  c) la indagatoria,  de  la cual se extractan los indicios de mentira e indebida justificación, así  como  referencias  sobre  su  status  económico y social, que lo distinguió de  otros procesados.        

Por  lo tanto, el argumento de la defensora  no  sólo  queda  sin  sustento,  sino que evidencia un  propósito  claro de anteponer su personal criterio sobre el más autorizado del  fallador,  incurriendo  en  el  desatino de considerar el recurso extraordinario  como  otra  instancia,  en  abierto desconocimiento de que con el mismo se busca  primordialmente   el   estudio   de  la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la  prolongación  de un debate probatorio fenecido mediante el proferimiento de una  sentencia   amparada   con   la   doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.   

Ahora, si de lo que se duele la demandante es  de  que  se dieron omisiones  probatorias  que  consideran  importantes,  porque  la  Fiscalía  no  se preocupó  por  incorporar   la   totalidad   de   la   documentación   empleada,  tanto  para  abrir la cuenta bancaria  como  para  sustentar  los  movimientos  ilícitos, ha  debido  acudir  a la causal tercera del artículo 207  de   la   Ley   600   de   2000,   alegando  la  violación  del  principio  de  investigación  integral  que rige ese   sistema  procesal,    caso    en    el   cual   no         le        bastaba  enumerar  las  pruebas  supuestamente  omitidas,  sino  especialmente  su incidencia favorable a los intereses  del  procesado  frente  a  las  premisas  conclusivas  del  fallo,  esto  es, su  aptitud  para refutar la incriminación o    descartar    la    responsabilidad.   

          Ello  porque  la  trascendencia  de  un  vicio de esta naturaleza no  deriva  de la prueba en sí misma considerada, sino de la confrontación lógica  de  las  que  sí  fueron tenidas en cuenta por el sentenciador como soporte del  fallo,  para  a  partir  de  su  contraste  evidenciar  que  las extrañadas, de  haberse   practicado,  derrumbarían  la  decisión,  erigiéndose entonces  como  único  remedio procesal la invalidación de la actuación censurada a fin  de  que  esos  elementos  que  se  echan  de  menos  puedan  ser incorporados al  proceso.   

          Como  nada de ello asume la censora, el cargo no puede ser admitido,  ya   que  no  demuestra  error  alguno  que  justifique  su  estudio  de  fondo.   

          Ahora   bien,  en  el  cargo  subsidiario,  la  defensora  alega  la  “tergiversación  del sentido fáctico de medios de  prueba”,  enunciación  que  se  corresponde  con el  error  de hecho por falso juicio de identidad. Sin embargo, cuando se alega este  yerro  que  afecta la valoración probatoria, es deber del actor acreditar cómo  uno  es  el  contenido  material  del  medio  probatorio  deformado  y  otro muy  diferente  el valor que el juzgador le otorga, al extremo de hacerle decir a esa  probanza  algo  distinto  de  lo  que realmente dice, alterando el sentido de la  decisión.   

Nada  de esto argumenta la censora, quien en  lugar  de  demostrar,  sobre  la  sentencia  demandada,  la  manera  en  que  se  tergiversó  el sentido fáctico de la prueba, se dedica a anteponer sus propias  conclusiones  a  las  del  fallador, pretendiendo que la Corte admita, contra la  evidencia  declarada  en el fallo, que su defendido nunca estuvo en las oficinas  de  Ahorramás de Jamundí abriendo la cuenta de ahorros que se le endilga y que  los  documentos  firmados  por  él  tenían un propósito distinto, a saber, la  autorización  de  tarjetas  de crédito para su establecimiento, argumentación  defensiva  que  fue  después  de  ser  ampliamente  analizada  en los fallos de  instancia,  se  desechó  con  argumentos frente a cuales la censora no acredita  error alguno.   

Además,  los  argumentos de la casacionista  sólo  causan perplejidad, porque inicialmente insinúan que el error consistió  en  una  presunta  tergiversación  del  contenido  material  de la prueba, pero  enseguida  entra a reprochar la fuerza de convicción dispensada por el juzgador  a  los elementos de juicio valorados, sin que aparezca a lo largo del desarrollo  un  argumento  de  peso  que  permita  siquiera  suponer  que  los mismos fueron  desfigurados en su contenido material   

En  tales  condiciones,  como ninguna de las  afirmaciones  del  censor  destaca  asunto  diverso  al  simple  rechazo  de las  consideraciones  que  dieron  pie  al  Tribunal  para condenar al procesado JUAN  JOSÉ  CAICEDO GARCÍA por el delito de lavado de activos, no le queda a la Sala  otro  camino  que  inadmitir la demanda, porque tampoco se observa motivo alguno  que  en  virtud del artículo 216 del Código de Procedimiento Penal la conduzca  a actuar oficiosamente.   

          2.  Sobre  la  demandada  del Fiscal  Séptimo  Especializado  de la Unidad Nacional de Fiscalías  para   la   Extinción   del   Derecho   de   Dominio  y  contra  el  Lavado  de  Activos   

La Corte estima necesario ajustar la demanda  presentada  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación, pese a sus ostensibles  yerros  de  fundamentación, a fin de examinar de fondo la absolución proferida  a favor de varios de los acusados.   

En consecuencia, de inmediato se enviará el  expediente  a la Procuraduría General de la Nación, para efectos de que, en el  menor tiempo posible, emita el concepto de rigor.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

         PRIMERO:     INADMITIR     la    demanda    de    casación  presentada  por la defensora  del  procesado  JUAN  JOSÉ  CAICEDO  GARCÍA, por las  razones   anotadas  en  la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

SEGUNDO:   ADMITIR la demanda presentada  por  el  Fiscal  Séptimo Especializado de la Unidad Nacional de Fiscalías para  la  Extinción  del  Derecho  de  Dominio  y  contra  el  Lavado  de Activos. De  inmediato  envíese el expediente a la Procuraduría General de la Nación, para  que, en el menor tiempo posible, emita el concepto de rigor.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA DEL R. GONZÁLEZ MUÑOZ                            GUSTAVO    ENRIQUE   MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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