39923(12-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

                                     Aprobado Acta No. 458.   

Bogotá,  D.C.,  doce de diciembre de dos mil  doce.   

V    I   S   T   O  S   

Juzga  la  Corte,  en  sede de casación, la  sentencia  proferida  el 22 de mayo de 2012, por cuyo medio el Tribunal Superior  de  Cali  revisó  en segunda instancia el fallo emitido el 29 de agosto de 2011  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito Especializado de la misma ciudad,  decidiendo,  entre  otras  determinaciones,  revocar  la condena impuesta contra  cuarenta  y  siete (47) procesados, a quienes absolvió de los cargos que por el  delito  de  lavado  de  activos les formuló la Fiscalía General de la Nación.   

ANTECEDENTES   

1.  Los  hechos objeto de juzgamiento fueron  reseñados así en la sentencia impugnada:   

“Se originó la presente investigación por  informes  presentados  por  la  Unidad Administrativa Especial de Información y  Análisis  Financiero,  el primero sin fecha, y otros escritos en mayo de 2.002,  el  28  de  febrero  de  2.003 y el 19 de febrero de 2.004, y por los del cuerpo  Técnico  de  Investigación  números 06122 del 29 de diciembre de 1.999 y 0989  del  24  de  febrero  de  2.000,  entre  otros, que daban aviso que de la cuenta  número  447-00131-4 del Banco  Ganadero  fueron  pagados ciento nueve (109) cheques de la entonces Corporación  de  Ahorro  y  Vivienda  Ahorramás, sucursal Jamundí (Valle), que habían sido  girados  en el mes de julio de 1.999 por cuantía total de $ 1.447.379.384.oo, a  veinticuatro  personas con inusualidades tales como que se habían girado varios  en  un  mismo  día,  a una misma persona, por cifras importantes en millones de  pesos,  levantando  en todos el sello restrictivo de cruce y de consignación al  primer  beneficiario  con  el  propósito  que  se  cobraran  por ventanilla por  personas  diferentes  al  titular;  teniéndose  que el primer endoso presentaba  distintos  números  de  cedula de ciudadanía para un mismo beneficiario; otros  enunciaban  rasgos grafológicos parecidos mientras que habían sido girados por  cifras cerradas en millones.   

“Se tiene que una vez fueron revisadas las  cedulas  de  ciudadanía  de los beneficiarios de los cheques, fue detectado que  no   concordaban   ya   que   presentaban  singularidades  tales  como  personas  fallecidas,  cedulas masculinas en titulares femeninos y números no asignados o  no  encontrados,  observándose  en  consecuencia  un posible LAVADO DE ACTIVOS,  toda  vez que los documentos de identificación de los endosatarios y cobradores  de  los  títulos  valores  en  un  alto  porcentaje  no  correspondían  al que  figuraban  en los mismos, y que los cobros se habían efectuado por ventanilla y  habían sido pagados en efectivo.    

“De  contera  se  aduce que el total de lo  consignado   en   las  cuentas  ascendió  aproximadamente  a  los  diez   mil  cuatrocientos  setenta  y  seis  millones  de  pesos  ($  10.476.000.000.oo)”   

A  tales hechos, concretados en el fallo, es  necesario  agregar,  para mejor comprensión de las circunstancias fácticas que  rodearon  la ilicitud, que la sentencia refiere también que numerosas personas,  de  limitados  recursos  económicos,  poca educación y la mayoría sin ningún  contacto  anterior  con el sistema financiero, fueron invitadas y compelidas por  otros  sujetos,  entre  ellos,  KHALED  KHALIL  CHEHABI,  JUAN  CARLOS MARROQUIN  VALENCIA  y  RAMÓN  DARÍO  REINA  SOTO,  para que procedieran a la apertura de  cuentas  de  ahorros en la Corporación Ahorramás, sucursal Jamundí (Valle), a  cambio  de  lo  cual  recibían  un pago de veinte mil ($20.000) a cincuenta mil  pesos  ($50.000),  entregando  los  respectivos talonarios para el movimiento de  las  cuentas, firmados en blanco, al mencionado KHALED KHALIL, quien manejó las  operaciones   efectuadas   a   través  de  ellas,  con  los  resultados  arriba  señalados.   

2.  Por tales hechos, el 14 de mayo de 2004,  la  Fiscalía  Séptima  Especializada  adscrita  a  la  Unidad Nacional para la  Extinción  del  derecho  de  Dominio  y contra el Lavado de Activos de Bogotá,  decretó  la  apertura  de  investigación  por  el presunto delito de Lavado de  Activos,  ordenándose  la  vinculación  de  ROCÍO  LABRADA AEDO, ANA CRISTINA  DOMÍNGUEZ  SARRIA,  ANDRÉS  MUÑOZ  MOSQUERA,  FERNANDO  RIVERA  ROBLES, PAOLA  ANDREA   DÍAZ  PEÑA,  MARGARITA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  JOSÉ  MARÍA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ  QUINTERO,  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO RAGA, MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO  PINEDA  ATEHORTUA, FRANCY ELENY  QUINTERO  CANO,  JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA, SANDRA PATRICIA CUERO, PAOLA ANDREA  MILLÁN,  ALEXANDER  GONZÁLEZ,  CARLOS  ALBERTO  ARIAS  CUARTAS, ROSALÍA ARIZA  SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL ROJAS, JUAN CARLOS CASTILLO CASTILLO, KHALED  KHALIL  CHEHABI,  JUAN  CARLOS  CUELLAR RAMÍREZ, BEIBY YICELA CUERO, ROSA NEILA  CUERO,  OSCAR HERNÁN DÁVALOS GRANADA, PABLO ALBERTO DÍAZ OLAYA, ANDRÉS DÍAZ  REINA,  LEONARDO  FABIO GONZÁLEZ RAMOS, MARILUZ GRAJALES CANTOR, WILTON FABIÁN  GUEVARA   COLORADO,  JAIME  HADI  MENDOZA,  HÉCTOR  ALEXANDER  IDROBO  SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO HUMBERTO MENA CARDONA, LORENA ORDÓÑEZ  ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA  MORALES,  DANILO OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN  PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ,  IVONNE  REINA  ALBAN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, RAMÓN DARÍO REINA SOTO, MANUEL  MARÍA  RIVAS  PINEDA,  IVON  RODRÍGUEZ  GRANJA,  ANA CRISTINA ROJAS GONZÁLEZ,  MILTON  MAI  SOTO  LONDOÑO,EDWAR  SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID  VURKOVITSKY   ARZAYUZ,   JOSÉ   ALBERTO   ZÚÑIGA  y  JUAN  CARLOS  MARROQUÍN  VALENCIA.    

3. Una vez indagados ROCÍO LABRADA AEDO, ANA  CRISTINA  DOMÍNGUEZ  SARRIA,  ANDRÉS  MUÑOZ MOSQUERA, FERNANDO RIVERA ROBLES,  PAOLA  ANDREA  DÍAZ  PEÑA, MARGARITA MONTAYES GONZÁLEZ, JOSÉ MARÍA MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ  QUINTERO,  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO RAGA, MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO  PINEDA ATEHORTUA y FRANCY ELENY  QUINTERO  CANO,  mediante  resolución  del  28  de mayo de 2004, el funcionario  instructor  les  resolvió  la  situación  jurídica,  imponiéndoles medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva, sin beneficio de excarcelación, como  presuntos coautores del delito de Lavado de Activos.   

4.  Por su parte, JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA  fue  capturado  el  8 de junio de 2004 y una vez escuchado en indagatoria, se le  resolvió   situación   jurídica  el  15  de  junio  de  2004  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva sin beneficio de libertad provisional,  como presunto coautor del delito de Lavado de Activos.   

5. Como en principio no fue posible lograr la  captura  de  SANDRA  PATRICIA  CUERO, PAOLA ANDREA MILLÁN, ALEXANDER GONZÁLEZ,  CARLOS  ALBERTO  ARIAS  CUARTAS, ROSALÍA ARIZA SAAVEDRA, CARLOS FERNEY CARVAJAL  ROJAS,  JUAN  CARLOS  CASTILLO  CASTILLO,  KHALED  KHALIL  CHEHABI,  JUAN CARLOS  CUELLAR  RAMÍREZ,  BEIBY YICELA CUERO, ROSA NEILA CUERO, OSCAR HERNÁN DÁVALOS  GRANADA,  PABLO  ALBERTO  DÍAZ  OLAYA,  ANDRÉS  DÍAZ  REINA,  LEONARDO  FABIO  GONZÁLEZ  RAMOS,  MARILUZ  GRAJALES  CANTOR,  WILTON  FABIÁN GUEVARA COLORADO,  JAIME  HADI  MENDOZA,  HÉCTOR  ALEXANDER  IDROBO  SAUCEDO,  KATHERINE MARTÍNEZ  QUINTERO,   RODRIGO  HUMBERTO  MENA  CARDONA,  LORENA  ORDÓÑEZ  ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA MORALES, DANILO OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN PÉREZ DAZA, ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA  FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ, IVONNE REINA ALBAN,  FRANCIA  ELENA REINA SOTO, RAMÓN DARÍO REINA SOTO, MANUEL MARÍA RIVAS PINEDA,  IVON  RODRÍGUEZ GRANJA, ANA CRISTINA ROJAS GONZÁLEZ, MILTON MAI SOTO LONDOÑO,  EDWAR  SUÁREZ  TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID VURKOVITSKY ARZAYUZ, JOSÉ  ALBERTO  ZÚÑIGA y JUAN CARLOS MARROQUÍN VALENCIA, mediante proveído de junio  15  de  2004,  se  les  declaró personas ausentes, designándoseles defensor de  oficio.   

6. El 25 de junio de 2004 fue capturada DIANA  CONSUELO  GIRALDO ROSERO, fecha en la cual se le escuchó en indagatoria, y el 8  de  julio de 2004, se le impuso medida de aseguramiento de detención preventiva  sin  beneficio de excarcelación, como presunta coautora del delito de Lavado de  Activos.   

7.  El  16  de  julio  de 2004 fue capturada  SANDRA  PATRICIA  CUERO, a quien se le escuchó en indagatoria el 16 de julio de  2004,  y  el  26  siguiente  se  le impuso medida de aseguramiento de detención  preventiva  sin  excarcelación,  como presunta coautora del delito de Lavado de  Activos.   

8.  El  25  de  julio  de 2004 fue capturado  ALEXANDER  GONZÁLEZ y una vez indagado, se le resolvió situación jurídica el  9  de  agosto  de  2004 con medida de aseguramiento de detención preventiva sin  excarcelación,    como    presunto    coautor   del   delito   de   Lavado   de  Activos.   

9. El 20 de agosto de 2004 le fue resuelta la  situación  jurídica  a  los  ausentes  HAROLD  ENRIQUE  APRAEZ BUCHELI, CARLOS  ALBERTO  ARIAS  CUARTAS,  ROSALIA ARIAZA SAAVEDRA, CARLOS FERNEY CARVAJAL ROJAS,  JUAN  CARLOS  CASTILLO  CASTILLO,  JUAN  CARLOS  CUELLAR  RAMÍREZ, BEIBY YICELA  CUERO,  ROSA  NEILA  CUERO,  OSCAR  HERNÁN DAVALOS GRANADA, PABLO ALBERTO DÍAZ  OLAYA,  ANDRÉS  DÍAZ  REINA,  LEONARDO FABIO GONZÁLEZ RAMOS, MARILUZ GRAJALES  CANTOR,  WILTON  FABIÁN GUEVARA COLORADO, JAIME HADI MENDOZA, HÉCTOR ALEXANDER  IDROBO  SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO, RODRIGO HUMBERTO MENA CARDONA,  LORENA  ORDOÑEZ  ALBAN,  YOVANY  ELIECER ORJUELA MORALES, DANILO OROZCO MUÑEZ,  EDGAR  HERNÁN  PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARIA PONCE VALENCIA, MARÍA FERNANDA RAMOS  GUTIÉRREZ,  IVONNE  REINA  ALBÁN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, RAMÓN DARIO REINA  SOTO,  MANUEL  MARIA  RIVAS  PINEDA, IVÓN RODRÍGUEZ GRANJA, ANA CRISTINA ROJAS  GONZÁLEZ,  MILTON  MAI  SOTO  LONDOÑO,  EDWAR SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER VILLA  DUQUE,  DAVID  VURKOVITSKY  ARZATUS  Y  JOSÉ  ALBERTO  ZUÑIGA,  con  medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva, como presuntos coautores de Lavado de  Activos.   

A  JUAN  CARLOS  MARROQUIN  se  le  impuso  detención  preventiva  como  presunto  determinador  y  coautor  de  Lavado  de  Activos;  y  a  KHALED  KHALIL  CHAHABI  como  presunto determinador de la misma  conducta.        

   

A todos se les negó el beneficio de libertad  provisional.   

10. El 17 de septiembre de 2004 fue capturada  PAOLA  ANDREA  MILLÁN,  a  quien  se  escuchó  en  indagatoria  el  día 18 de  septiembre  de  2004  y  el 21 siguiente se le impuso medida de aseguramiento de  detención  preventiva  sin excarcelación, como presunta coautora del delito de  Lavado de Activos.   

11. El 15 de diciembre de 2004 fue capturado  DAVID  VURKOVISKY  ARZAYUS,  contra  quien  ya  se  había  decretado  medida de  aseguramiento,  pero  de  todas  maneras  se le escuchó en indagatoria el 22 de  diciembre de 2004.   

12.  Después  de  la  investigación  y los  trámites  pertinentes,  mediante  resolución  del  22  de  marzo  de  2005, la  Fiscalía  Séptima  Especializada  de  la Unidad Nacional de Fiscalías para la  Extinción  del  Derecho  de  Dominio  calificó  el  mérito del sumario en los  siguientes términos:   

a.  Acusó  a  los procesados ROCÍO LABRADA  AEDO,  ANA  CRISTINA DOMÍNGUEZ SARRIA, ANDRÉS MUÑOZ MOSQUERA, FERNANDO RIVERA  ROBLES,  PAOLA  ANDREA  DÍAZ  PEÑA, MARGARITA MONTAYES GONZÁLEZ, JOSÉ MARÍA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ QUINTERO , HAROLD JOSÉ CARREÑO RAGA,  MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO PINEDA ATEHORTUA, FRANCY  ELENY  QUINTERO  CANO,  JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA, SANDRA PATRICIA CUERO, PAOLA  ANDREA  MILLÁN,  ALEXANDER  GONZÁLEZ,  CARLOS  ALBERTO ARIAS CUARTAS, ROSALÍA  ARIZA  SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL ROJAS, JUAN CARLOS CASTILLO CASTILLO,  KHALED  KHALIL  CHEBAI,  JUAN  CARLOS CUELLAR RAMÍREZ, BEIBY YICELA CUERO, ROSA  NEILA  CUERO, OSCAR HERNÁN DÁVALOS GRANADA, PABLO ALBERTO DÍAZ OLAYA, ANDRÉS  DÍAZ  REINA,  LEONARDO  FABIO  GONZÁLEZ RAMOS, MARILUZ GRAJALES CANTOR, WILTON  FABIÁN  GUEVARA COLORADO, JAIME HADI MENDOZA, HÉCTOR ALEXANDER IDROBO SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO HUMBERTO MENA CARDONA, LORENA ORDÓÑEZ  ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA  MORALES,  DANILO OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN  PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ,  IVONNE  REINA  ALBAN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, RAMÓN DARÍO REINA SOTO, MANUEL  MARÍA  RIVAS  PINEDA,  IVON  RODRÍGUEZ  GRANJA,  ANA CRISTINA ROJAS GONZÁLEZ,  MILTON  MAI  SOTO  LONDOÑO,EDWAR  SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID  VURKOVITSKY  ARZAYUZ,  JOSÉ ALBERTO ZÚÑIGA y JUAN CARLOS MARROQUÍN VALENCIA,  como    presuntos    coautores    responsables   del   delito   de   lavado   de  activos.   

b.  Acusó  a  los  procesados JUAN CARLOS  MARROQUÍN  VALENCIA  y  KHALED  KHALIL  CHEHABI  como  presuntos determinadores  responsables del delito de lavado de activos.   

La  anterior  decisión  fue  impugnada  por  algunos  acusados  y  defensores,  siendo  objeto de confirmación por un Fiscal  Delegado   ante   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  en  resolución  dictada  el  27  de  julio  de  2005.   

13. El conocimiento del juicio se asumió por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de Cali, despacho que luego  de  evacuar  el  trámite pertinente dictó sentencia de primera instancia el 29  de agosto de 2011, en los siguientes términos:   

          a)  Condenó  a  los  procesados  ROCÍO  LABRADA AEDO, ANA CRISTINA  DOMÍNGUEZ  SARRIA,  ANDRÉS  MUÑOZ  MOSQUERA,  FERNANDO  RIVERA  ROBLES, PAOLA  ANDREA   DÍAZ  PEÑA,  MARGARITA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  JOSÉ  MARÍA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ  QUINTERO,  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO RAGA, MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO  PINEDA  ATEHORTUA, FRANCY ELENY  QUINTERO  CANO,  JUAN JOSÉ CAICEDO GARCÍA, SANDRA PATRICIA CUERO, PAOLA ANDREA  MILLÁN,  ALEXANDER  GONZÁLEZ,  CARLOS  ALBERTO  ARIAS  CUARTAS, ROSALÍA ARIZA  SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL  ROJAS,  JUAN CARLOS CASTILLO CASTILLO, JUAN  CARLOS  CUELLAR  RAMÍREZ,  BEIBY  YICELA CUERO, ROSA NEILA CUERO, OSCAR HERNÁN  DÁVALOS  GRANADA,  PABLO  ALBERTO  DÍAZ  OLAYA,  ANDRÉS DÍAZ REINA, LEONARDO  FABIO   GONZÁLEZ   RAMOS,  MARILUZ  GRAJALES  CANTOR,  WILTON  FABIÁN  GUEVARA  COLORADO,  JAIME  HADI  MENDOZA,  HÉCTOR  ALEXANDER  IDROBO  SAUCEDO, KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO  HUMBERTO  MENA  CARDONA,  LORENA ORDÓÑEZ ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA  MORALES,  DANILO  OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA  FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ, IVONNE  REINA  ALBÁN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, RAMÓN DARÍO REINA SOTO, MANUEL MARÍA  RIVAS  PINEDA,  IVON RODRÍGUEZ GRANJA, ANA CRISTINA ROJAS GONZÁLEZ, MILTON MAI  SOTO  LONDOÑO,  EDWAR SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID VURKOVITSKY  ARZAYUZ  y  JOSÉ ALBERTO ZÚÑIGA, a las penas principales de seis (6) años de  prisión   y  multa  de  quinientos  (500)  s.m.l.m.v.,  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  privativa   de   la   libertad,   como   coautores  responsables  de  lavado  de  activos.   

b)  Condenó  a los procesados KHALED KHALIL  CHEHABI  y  JUAN CARLOS MARROQUÍN VALENCIA, a las penas principales de ocho (8)  años  de  prisión y multa de doce mil (12.000) s.m.l.m.v., y a la accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de derecho y funciones publicas por un lapso  igual  a  la pena privativa de la libertad, como determinadores responsables del  delito    de    lavado    de    activos.   

A  todos  los  condenados  se  les  negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión domiciliaria.   

14. Impugnada la sentencia por varios de los  defensores,  el  Tribunal  Superior de Cali, en fallo del 22 de mayo de 2012, la  modificó parcialmente en los siguientes términos:   

a)  Revocó  la  condena  impuesta  a ROCÍO  LABRADA  AEDO, ANA CRISTINA DOMÍNGUEZ SARRIA, ANDRÉS MUÑOZ MOSQUERA, FERNANDO  RIVERA  ROBLES,  MARGARITA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ  QUINTERO,  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO  RAGA, MIGUEL ANTONIO BENAVIDES CRUZ, MARÍA DEL ROSARIO  PINEDA  ATEHORTUA,  FRANCI  ELENI  QUINTERO  CANO, CARLOS ALBERTO ARIAS CUARTAS,  ROSALÍA  ARIZA  SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL ROJAS, JUAN CARLOS CASTILLO  CASTILLO,  JUAN  CARLOS  CUELLAR RAMÍREZ, BEIBY YICELA CUERO, ROSA NEILA CUERO,  SANDRA  PATRICIA  CUERO,  OSCAR  HERNÁN  DÁVALOS  GRANADA, PABLO ALBERTO DÍAZ  OLAYA,  ANDRÉS  DÍAZ  REINA,  LEONARDO FABIO GONZÁLEZ RAMOS, MARILUZ GRAJALES  CANTOR,  WILTON  FABIÁN  GUEVARA  COLORADO,  HÉCTOR  ALEXANDER IDROBO SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO HUMBERTO MENA CARDONA, LORENA ORDÓÑEZ  ALBAN,  YOVANY  ELIÉCER  ORJUELA  MORALES,  DANILO OROZCO MUÑOZ, EDGAR HERNÁN  PÉREZ  DAZA,  ORFA  MARÍA  PONCE  VALENCIA,  MARÍA FERNANDA RAMOS GUTIÉRREZ,  IVONNE  REINA  ALBAN, FRANCIA ELENA REINA SOTO, MANUEL MARÍA RIVAS PINEDA, IVON  RODRÍGUEZ  GRANJA,  ANA  CRISTINA  ROJAS  GONZÁLEZ,  MILTON MAI SOTO LONDOÑO,  EDWAR  SUÁREZ  TORO, JOSÉ WAGNER VILLA DUQUE, DAVID VURKOVITSKY ARZAYUZ, JOSÉ  ALBERTO  ZÚÑIGA,  ALEXANDER  GONZÁLEZ,  PAOLA  MILLÁN, JAIME HADID MENDOZA y  PAOLA  ANDREA  DÍAZ  PEÑA, a quienes, en su lugar, absolvió de los cargos por  el delito de lavado de activos imputado por la Fiscalía.   

b)  Confirmó  la  condena contra JUAN JOSÉ  CAICEDO  GARCÍA,  JUAN  CARLOS  MARROQUÍN  VALENCIA,  KHALED  KHALIL CHEHABI y  RAMÓN DARÍO REINA SOTO.    

          c)  Declaró la extinción de la acción  penal  y  civil  por muerte del procesado JOSÉ MARÍA MONTAYES GONZÁLEZ.    

15.   Contra  la  anterior  determinación  presentaron  demanda  de casación, en su orden, la defensora del procesado JUAN  JOSÉ  CAICEDO  GARCÍA y el Fiscal Séptimo Especializado de la Unidad Nacional  de  Fiscalías  para  la Extinción del Derecho de Dominio y contra el Lavado de  Activos.   

En  proveído  del 24 de octubre de 2012, la  Sala  decidió  inadmitir  la  demanda  formulada a nombre del procesado CAICEDO  GARCÍA,   y   admitir   la  demanda  formulada  por  el  Fiscal  Especializado,  superándose  los  defectos de fundamentación evidenciados, en orden a examinar  de    fondo    la   absolución   proferida   a   favor   de   varios   de   los  acusados.   

LA  DEMANDA  ADMITIDA   

          Encaminado  a  atacar la absolución que favoreció a la mayoría de  los  procesados  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  el  Fiscal Séptimo  Especializado  de la Unidad Nacional para la Extinción del Derecho de Dominio y  contra  el  Lavado  de  Activos  formula  un  único  cargo  contra la sentencia  impugnada,  alegando la violación indirecta de la ley sustancial por errores de  hecho   derivados  de  falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia  en  la  valoración    de    los    indicios,    que    plantea    bajo   la   siguiente  enunciación:   

          a)   “Conocimiento  que  tuvieron  los  procesados   que   otros  estaban  realizando  idéntica  acción  y  recibo  de  remuneración por ese hecho”   

          Según  el  Fiscal,  de  que  los  procesados  supieran  que  varias  personas  de la misma comunidad estaban abriendo cuentas por petición de amigos  o  vecinos,  a cambio de un pago o remuneración, debe inferirse su conocimiento  de  que  no  podía ser un procedimiento aislado ni legal, sino parte de un gran  andamiaje  a  través  del  cual  sus  cuentas bancarias serían utilizadas para  desarrollar una conducta antijurídica.   

             Cuestiona  que  el  Tribunal  haya  descartado  esa  conclusión,  aduciendo  que  de  allí  no  podía  derivarse que los procesados conocían la  actividad   de   lavado   de   activos   que   se  pretendía  ejecutar,  porque  “las  personas  tienden  a  copiar lo que hacen sus  pares,     lo     que     ven     de    otros    más    cercanos”.   

          Esa  afirmación,  dice,  desdibuja la máxima de la experiencia que  cita,  porque  lo  que  la experiencia demuestra es que las personas naturales o  jurídicas  “aperturan  sus productos financieros de  manera  individual  conforme  sus necesidades personales lo exigen, no lo hacen,  generalmente,  en  compañía  de varios, desconocidos y reclutados por terceras  personas  para  así  hacerlo,  para  que  otros  sean  los  que las manipulen o  utilicen  a  su  antojo,  y mucho menos que dicho actuar sea realizado de manera  colectiva..”   

          Sostiene  que  de  admitirse  la  máxima expresada por el Tribunal,  habría  que  aceptar  que  cuando  se  repiten conductas atentatorias contra el  ordenamiento  jurídico,  estas  se  vuelven socialmente permisibles, situación  que       cataloga       de       “catastrófica  para  los  fines  del  derecho  y  de la necesidad de  mantener   un   orden   justo   y   una   convivencia   pacífica”.     

         Dice  que  el  comportamiento repetitivo de los procesados, abriendo  cuentas   bancarias   a   cambio   de   “unos  pesos  adicionales”,   no   lo   legaliza   ni   legitima  socialmente.   

          Para   el  Fiscal,  el  Tribunal  distorsionó  el  sentido  de  las  expresiones  de  los acusados que admitieron conocer otras personas que abrieron  cuentas  a  cambio  de dineros, porque, reitera, de allí sólo podía deducirse  un  claro  conocimiento  de  la  ilegalidad  que se tramaba con las cuentas así  abiertas,  y  no, como lo alegaron en sus injuradas y lo acepta el Tribunal, que  sólo  se  utilizarían  para una simple operación bancaria de depósito de una  pequeña suma de dinero.   

          Este  argumento, dice, destruye lo sostenido por la Sala mayoritaria  del  Tribunal,  según  la  cual  no  existía  prueba  demostrativa  de que los  procesados  conocieran  que  por  sus  cuentas pasarían los caudales que fueron  acreditados  en  el  proceso,  pues,  al respecto obran documentos y las propias  versiones  de  los implicados, de donde surge un error de hecho por falso juicio  de   existencia,   ante   la  falta  de  consideración  de  esos  elementos  de  prueba.   

            Entre  los  documentos  demostrativos  de su afirmación, dice, se  encuentran  las  tarjetas de registro de firmas y la documentación diligenciada  al  momento  de  la  apertura  de los productos financieros, que especifica para  cada  uno  de  los  casos,  pruebas  que,  reitera,  fueron  desconocidas por el  Tribunal.   

          Al  omitir  esa  prueba, se desconoció la máxima de la experiencia  según  la  cual “ninguna persona se da a la tarea de  ‘reclutar’ a otras personas para que a cambio de  una  suma  de  dinero abran una cuenta, en bloque, en conjunto, y, se desprendan  de  los  respectivos  talonarios,  tarjetas  y claves…si no es porque tiene un  objetivo    o    propósito   contrario   a   derecho,   esto   es,   ilegal   e  ilegítimo…”.   

                       b)      “Producto  financiero  se apertura para manejar dineros propios y  no   para   ponerlo   a   disposición  de  un  extraño  que  lo  maneja  a  su  antojo”   

          Según  el  Fiscal  impugnante,  las  reglas  de la experiencia y el  sentido    común    indican   que   “un  producto financiero se abre para ser manejado por su titular, en  donde     se    depositarán    y    retirarán    fondos    propios”, es decir, que un producto financiero  es personal e intransferible.   

          De  acuerdo con esa lógica, agrega, no es admisible suponer que los  procesados,  de  manera  ingenua,  aislada  y  asaltados  en  su buena fe, hayan  abierto  las  cuentas a cambio de una suma de dinero, por petición de otros, de  quienes  no  dan mayores datos, sin imaginar que a través de ellas transitaría  gran    cantidad    de    dinero,    “ya  que  dicho  conocimiento  lo  podrían  haber actualizado con el  hecho  de  saber que tal acción se estaba llevando de manera conjunta con otros  más   y   sobretodo   cuando   el   dinero   no   iba   a   ser   manejado  por  ellos.”   

          Si  bien  el  Tribunal  reconoce  que  los  procesados  abrieron las  cuentas  y  firmaron  los  volantes  en  blanco  para  que  otros  hicieran  las  transacciones,  distorsionó  la  regla  de  la experiencia llamada a regular el  caso,  desconociendo, a partir de allí, que los procesados sabían sobre el uso  ilícito  que  se  iba  a dar a sus cuentas, o al menos pudieron percibirlo, tal  como   sucedió   con   otras   personas   que   no   quisieron   acceder  a  la  propuesta.   

          Sostiene  que  para  la  época  de  los  hechos se estaban haciendo  campañas  preventivas  para alertar sobre prácticas relacionadas con el lavado  de  dineros, lo cual es contrario a lo que se afirma por el Tribunal, quien dice  que para esa época nada se conocía sobre ese tipo de actividades.   

          Tampoco  se puede olvidar que los productos financieros abiertos por  los  procesados,  nunca fueron manejados por estos, quienes tampoco conocían la  procedencia   de   los   dineros  allí  circulados,  como  lo  afirman  en  sus  injuradas.   

          Agrega  que  si un producto financiero es personal e intransferible,  el  titular  es  responsable  de  cuanto suceda con el mismo, como lo declararon  Pedro  Antonio  Ferrucho Rodríguez, Gerente de Control de Oficinas del Banco AV  Villas,  y  Amparo  Gutiérrez  Ayala,  Subgerente  de  la Sucursal AV Villas en  Jamundí, testimonios omitidos por el fallador.   

          De  allí era dable deducir que cada uno  de  los  implicados  decidió  de manera libre y voluntaria permitir que por sus  cuentas circularan caudales de germen antijurídico.   

              c) “El  de       presencia      en      la      institución      financiera”   

          Denuncia  que  en  la  valoración  de  este indicio, según el cual  todos  los  procesados  tuvieron  que comparecer a las Oficinas de Ahorramás de  Jamundí  para  abrir  las  cuentas de marras, el Tribunal incurrió en un falso  juicio  de  identidad,  al  considerar  que  de  allí  no  podía  deducirse el  conocimiento  de los procesados de que por esas cuentas circularían millones de  pesos.   

          Contrario  a  ello,  dice, “el  hecho probado de que se aperturaron multiplicidad de ellas y que  los  procesados  sabían  y  conocían  de  dicha  circunstancia, necesariamente  tenían  que  llegar  a  la  conclusión que los dineros que se iban a mover por  ellas  era  importante  y que no se trataba de tan solo una operación aislada o  insular, sino todo lo contrario.”   

          d)   “Indicio  de  mentira”   

          Aunque  en  la sentencia se sostiene que el indicio de mentira sólo  afecta  a  aquellos  que  negaron  haber  abierto  los productos financieros, el  demandante  considera  que  ese  indicio debe extenderse a los demás procesados  que  de  una  u  otra  forma  trataron  de  desviar  la  investigación y montar  coartadas  “fantásticas”,  como  aquellos  que  dijeron haber sido abordados por personas extrañas que los  reclutaron   para   abrir   cuentas,  y  los  que  alegaron  no  haber  recibido  contraprestación  a  cambio  de  esa  acción,  circunstancias  que  no  fueron  analizadas por el Tribunal.   

          e)        “El       de       mala  justificación”   

          Advierte   que   el   Tribunal  omitió  completamente  valorar  las  explicaciones  ofrecidas  por  los  procesados, de donde se deriva el indicio de  mala   justificación,   incurriendo,   por   tanto,   en  un  falso  juicio  de  existencia.   

          Según  el  demandante,  muchas  de  tales  explicaciones resultaban  ilógicas,  amen  de  que riñen con la forma en que se ejecutaron las aperturas  de las cuentas y los depósitos.   

          En  cambio de ello, el Tribunal admite alegaciones de los procesados  justificando   su   actuar,   como  aquellos  que  adujeron  el  desempleo,  las  necesidades  económicas  que  se  encontraban atravesando, exculpaciones que no  podían  ser  admitidas, pues la solución a las dificultades que aquejan al ser  humano  en  su  vida  cotidiana,  no  puede ser el camino fácil de la ilicitud,  menos cuando tenían opción de actuar legalmente.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se case la sentencia y en su lugar se  condene  a  los  procesados  absueltos  en  segunda  instancia,  como  coautores  responsables del delito de lavado de activos.   

ALEGATOS DE LOS NO RECURRENTES  

          Dentro  del término legal, el representante del Ministerio Público  –Procurador 63 Judicial II  de  Cali-  y  los defensores de PAOLA ANDREA DÍAZ PEÑA y HAROLD JOSÉ CARREÑO  RAGA, presentan alegatos, oponiéndose a las demandas reseñadas.   

          El  primero  de  los  citados, acudiendo a las directrices ofrecidas  por  la jurisprudencia de esta Corte en punto de una debida fundamentación para  atacar  en casación errores de valoración probatoria, solicita que se inadmita  la  demanda  del Fiscal Séptimo Especializado, por desatender esas directrices,  ya  que   formuló  en  un solo cargo dos errores de hecho, falso juicio de  existencia  y  falso  juicio  de  identidad,  cuando debió rotularlos de manera  autónoma  o  subsidiaria,  dada la naturaleza intrínseca de cada uno de ellos,  que los hace independientes.   

          Por  su  parte,  el defensor de PAOLA ANDREA DÍAZ PEÑA, se opone a  las  pretensiones  de la demanda formulada por el Fiscal Séptimo Especializado,  presentando  una  serie de consideraciones sobre la prueba y su valoración, que  defienden  la  posición  del  Tribunal y descalifican los argumentos del Fiscal  recurrente, para solicitar que no se case el fallo demandado.   

          A  su  vez,  el  defensor  de  HAROLD  JOSÉ CARREÑO RAGA, también  apoyado  en  la  jurisprudencia  de  esta Corte, destaca una serie de errores de  argumentación  advertidos  en  la  demanda  formulada  por  el  Fiscal Séptimo  Especializado,  razón  por  la cual solicita que la misma sea inadmitida por no  estar  ajustada  a  los  lineamientos  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000.       

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  Segundo  Delegado  para la Casación Penal, comparte  los planteamientos expuestos por la Fiscalía recurrente.   

          En  el  presente  caso,  dice,  no  hay duda sobre la ocurrencia del  aspecto  objetivo  del  lavado de activos, pero en el análisis y valoración de  la  prueba  que llevó a absolver a muchos de los procesados, el Tribunal violó  la  sana  crítica, pues, en la formación de su convencimiento distorsionó y/o  tomó  como  reglas  de la experiencia enunciados o proposiciones que no lo son.   

Para el Delegado, la inferencia del Tribunal  a   partir   del   “conocimiento  que  tuvieron  los  procesados   que   otros  estaban  realizando  idéntica  acción  y  recibo  de  remuneración   por   ese   hecho”,   fue   desacertada   por   las   razones   que   se  esgrimen  en  la  demanda,  cuyas reflexiones  trascribe para asumirlas completamente.   

También  señala  que  los  procesados  no  actuaron  bajo  un  error  de  tipo  o de prohibición, pues si concurrieron con  conocimiento  y  voluntad  de  su  quehacer  ante  la  apertura  de  las cuentas  bancarias,  a  la  luz  de  la sana crítica, principalmente de las reglas de la  experiencia,  resulta  válida  la inferencia determinante de incriminación que  dedujo  el juez del conocimiento, la cual trascribe in  extenso, afirmando su validez.   

De otro lado, para el Delegado es cierto que  “la experiencia indica que dos personas  o más  no  dicen  una  misma  mentira  si  no  los  une  un  interés final común y un  conocimiento    recíproco    de    los    hechos   de   fondo   que   pretenden  ocultar”,  razón  por la  cual  se  equivoca  el  Tribunal, y así lo resaltó la Fiscalía demandante, en  que  el  indicio  de mentira no sólo afectaría a los que negaron haber abierto  los  productos  financieros, porque este debe extenderse a los demás procesados  que  de  una  u  otra  forma  trataron  de  desviar  la  investigación y montar  coartadas  “fantásticas”,  como  aquellos  que  dicen  haber  sido abordados por personas extrañas que los  reclutaron   para   abrir   cuentas,  y  los  que  alegaron  no  haber  recibido  contraprestación  a  cambio,  las  cuales  no fueron analizadas por el juzgador  corporativo.   

Recuerda  que  los  procesados  admitieron  conocer  otras  personas  que  abrieron cuentas a cambio de dineros, de donde se  infiere  un  claro  conocimiento de la ilegalidad que se tramaba con las cuentas  abiertas,  argumento  que  a  su turno sirve para desatender lo aseverado por la  Sala  mayoritaria  del  Tribunal, según la cual no existía prueba demostrativa  de  que los procesados conocieran que por sus cuentas pasarían los caudales que  fueron  acreditados  en  el  proceso,  pues,  al respecto obran documentos y las  propias  versiones de los implicados, de donde surge un error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  ante  la falta de consideraciones de estos elementos de  prueba por parte del juez corporativo.   

Se  refiere  a  los documentos demostrativos  destacados  por  la Fiscalía, entre ellos, las tarjetas de registro de firmas y  la  documentación  diligenciada  al  momento  de  la  apertura de los productos  financieros.   Igualmente,   a  las  declaraciones  de  Pedro  Antonio  Ferrucho  Rodríguez,  Gerente  de  Control  de  Oficinas del Banco AV Villas, y de Amparo  Gutiérrez  Ayala,  Subgerente de la Sucursal AV Villas en Jamundí, testimonios  omitidos     por    el    Tribunal,    quienes  según  el  ente  fiscal,  afirmaron  que  si  un  producto  financiero  es  personal  e  intransferible, el titular es responsable de cuanto  suceda con el mismo.   

          Reitera  lo  aducido  por  la  Fiscalía,  en  el  sentido  que  los  procesados  ROCIO  LABRADA  AEDO,  ANA CRISTINA DOMÍNGUEZ SARRIA, ANDRES MUÑOZ  MOSQUERA,  FERNANDO  RIVERA  ROBLES, PAOLA ANDREA DIAZ PEÑA, MARGARITA MONTAYES  GONZALEZ,  JOSE MARIA MONTAYES GONZALEZ, CAROLINA MARTINEZ QUINTERO, HAROLD JOSE  CARREÑO   RAGA,  MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARIA  DEL  ROSARIO  PINEDA  ATEHORTUA  y  FRANCI  ELENI QUINTERO CANO, admitieron  haber  recibido  remuneración  por  la  apertura  de la  cuenta,  factor  indicante  de  que  todos  sabían  y conocían la ilicitud que  estaban  llevando  a  cabo,  como  quiera  que  con  tal conducta iba dirigida a  ocultar    las   transacciones   bancarias   realizadas   por   sus   verdaderos  autores.   

          Apoya   la  tesis  de  la  Fiscalía  demandante,  que  sostiene  el  desconocimiento  de  la máxima de la experiencia según la cual “ninguna  persona  se da a la tarea de ´reclutar´ a otras personas  para  que  a  cambio  de  una  suma  de  dinero  abran una cuenta, en bloque, en  conjunto,  y,   se  desprendan  de  los  respectivos talonarios, tarjetas y  claves…  si  no  es porque tiene un objetivo o propósito contrario a derecho,  esto es, ilegal e ilegítimo…”.   

          Trascribe  apartes  del  fallo  de  segunda  instancia,   a los  cuales  opone  las reflexiones de la demanda, que también trascribe in extenso,  para  concluir  que  los procesados absueltos sí tenían conocimiento de que lo  que  iba  a  suceder  con los productos financieros no era una simple operación  bancaria  de  depósito  de una pequeña cantidad de dinero, tal como algunos de  los   procesados   lo   indicaron  en  sus  injuradas,  sino  un  bien  montado,  estructurado  y  gigantesco  proceso de lavado, mediante la proliferación de un  sinnúmero  de  consignaciones  a distintas cuentas de las cuales los procesados  eran sus titulares.   

          En  tal  sentido,  destaca  que  aunque  la construcción indiciaria  contenida  en  la sentencia de primera instancia no es la más prolija, la misma  es  sólida  en  establecer  la  responsabilidad  penal  de los procesados en la  comisión de la conducta punible de lavado de activos.   

En  su criterio, los indicios edificados por  el   a-quo   guardan  una  reflexiva    coherencia   lógico-argumentativa,   capaz   de   constituir   con  racionalidad  la  prueba  incriminatoria  que  al  lado  de los demás medios de  convicción  conduce  a  soportar el fallo de condena en contra de los acusados,  en calidad de coautores.   

Además, sostiene, no es cierto que el único  medio  probatorio  de cargo lo haya integrado la prueba indiciaria, porque no se  puede  desconocer  que  la sentencia de primer grado no solo fundó la decisión  condenatoria  en los indicios mencionados sino en la abundante prueba documental  y  testimonial,  incluyendo  las  indagatorias  de los procesados, elementos que  mediante  su  apreciación  en  conjunto,  bajo  el sistema razonable de la sana  crítica,  condujeron  a  deducir la existencia del punible y la responsabilidad  de  los  procesados  que  actuaron  en  la  conducta   punible de lavado de  activos, como coautores.   

Bajo  tales consideraciones, el cargo único  desarrollado  en varios aspectos por apreciación errónea del acervo probatorio  por  parte  del  Tribunal  Superior de Cali, resulta admisible y la demanda debe  prosperar.   

En  consecuencia,  solicita  a  Corte  casar  parcialmente  la  sentencia  absolutoria  proferida  por el Tribunal Superior de  Cali,  para  que  en  su  lugar  cobre  vigencia  el  fallo de primera instancia  proferido  por  el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito Especializado contra los  absueltos en segunda instancia.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Antes de asumir el estudio de fondo del caso,  es  necesario  destacar  que  aunque  la  demanda  de  casación contiene varias  inconsistencias  en  la  formulación  del único cargo y se percibe en veces el  alejamiento  de  las  estructuras  de  referencia  que  conforman  los yerros de  valoración   denunciados,   no  puede  desconocerse  que  la  misma  alcanza  a  evidenciar  la  ocurrencia  de una serie de errores que, mirados en contexto, se  adecuan  al llamado falso raciocinio y ciertamente repercutieron en la decisión  absolutoria  adoptada  por  el  Tribunal, razón por la cual se decidió superar  los defectos de argumentación.   

Como  metodología  de  análisis,  la Corte  encuentra  necesario  partir  del  contenido  de  cada uno de los argumentos que  esbozó  el  Tribunal  para  sustentar  la  absolución  de  la  mayoría de los  involucrados   en   el   lavado   de   activos  aquí  investigado,  los  cuales  confrontará,  en  la  medida  de  lo  posible, con los cargos formulados por el  Fiscal   recurrente,   en  orden  a  verificar  la  existencia  de  los  errores  denunciados  y  su trascendencia, para asumir luego las conclusiones pertinentes  en   punto  del  mérito  de  las  pruebas  que  fundamentan  la  decisión  que  corresponda.   

Esto  señaló,  entonces, el Tribunal, para  soportar su decisión absolutoria.   

          (i)  Está  demostrado  que ni antes ni después de las aperturas de  las  cuentas  bancarias,  los  procesados  absueltos  tuvieron relación con los  dueños  del  dinero  o  los  gestores  de  la actividad de blanqueo. Tampoco se  acreditó   entre   ellos   acuerdo  previo  que  permita  afirmar  animus   societatis   y   menos  empresa  criminal destinada al lavado de dineros.   

Los únicos que tenían contacto cercano con  KHALED  KHALIL  SHEHABI  fueron  JUAN  CARLOS MARROQUIN y ALEX GONZÁLEZ, por lo  tanto  la participación de los restantes fue adyacente a la actividad de estos,  quienes  sí estaban relacionados con el origen de los dineros y la actividad de  lavado de activos.   

                            Esos  hechos  que estima demostrados el Ad  quem, no han sido cuestionados a lo largo del proceso,  ni tampoco en la demanda presentada por la Fiscalía.   

                Pero, de lo demostrado no  se  sigue indefectible y ni siquiera posible, que los procesados no participaran  en  el  delito  concreto  que  se  les atribuye, por la obvia razón que para su  materialización  no  se  requiere  concierto  previo  con  quienes lideraron el  lavado,  ni  mucho  menos,  una  especie  de relación amistosa o de pretensión  criminal común entre los habitantes del sector.   

               Ahora, pese a lo sostenido  por  el  Tribunal,  sí  se  encuentra  probado, a través de lo expuesto en sus  injuradas,  que algunos de ellos conocían de tiempo atrás a  uno o varios  de  los  gestores  del  lavado,  sin  que esa circunstancia, tampoco, constituya  elemento  basilar  para  soportar  la  vinculación  o  responsabilidad  en  los  ilícitos.   

                  A    título   simplemente  ejemplificativo,  el  procesado  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO RAGA, dijo ser amigo de  JUAN  CARLOS  MARROQUÍN  (uno de los gestores del ilícito); a su vez, FERNANDO  RIVERA   ROBLES,   aseveró  conocer  previamente  a  ALEX  GONZÁLEZ  (también  reclutador);  al  tanto  que PAOLA ANDREA DÍAZ PEÑA, manifestó previa amistad  con KALID KHALED (principal gestor).    

                

                 Debe  precisarse,  para  controvertir  lo  argumentado  por  el Tribunal, que los hechos atribuidos a las  personas  absueltas,  jamás  referencian algún tipo de vinculación antelada a  la  manera  de un grupo o banda criminal, aceptándose que la intervención suya  operó  por  vía  de  consecuencia, al aceptar la invitación de reclutadores y  gestores  para  entregar  su concurso en el hecho material concreto de abrir las  cuentas que posibilitaron el lavado.   

                Sobre  lo  expuesto,  es  necesario  destacar  la  fundamentación  efectuada  por el juzgado A  quo al momento de tasar la pena, por su  pertinencia para lo que se debate.   

                Dijo, así, el Juzgado de  primera instancia:   

“…en   este  proceso  no  es  menester  alejarnos  de  la  frontera  inferior,  respecto  de  los encartados mencionados  atrás  (los  absueltos  por  la segunda instancia, aclara la Corte), pues muy a  pesar  de  haberse  perturbado  el  Orden  Económico  Social para que el Estado  cumpla  con  los  fines que le son propios, no nos encontramos frente a avezados  delincuentes  y  tampoco  puede  decirse que en la empresa delictiva ocupaban un  papel  preponderante,  pues, simplemente se limitaron a colaborar eficazmente en  el  cobro  de  los  giros,  siendo ese precisamente el reproche que ahora se les  eleva;   por   tanto,   este  tipo  de  delincuentes  no  amerita  una  sanción  severa.”   

             El desfase argumental del Tribunal  es  evidente,  demostrado  como se halla que el tipo de participación delictiva  atribuido  siempre  a  los absueltos por él, nunca implicó esas circunstancias  que echa de menos para definir su inocencia.   

                     En  este  sentido,  cuando  el  Ad quem  sostiene  que  JUAN  CARLOS  MARROQUÍN  y  ALEX GONZÁLEZ, eran los únicos que  tenían  contacto  directo con KHALED KHALIL SHEHABI y, en consecuencia, a ellos  se  limitaba  conocer  el  origen  del dinero y mover el mismo, olvida que en el  caso   examinado   el  delito  comporta  un  acto  complejo  que  necesariamente  implicaba,  dentro  de  sus  actos  ejecutivos  ineludibles,  la apertura de las  cuentas  en  las  cuales  precisamente  se  movieron  las  altas sumas objeto de  lavado.   

       De esta  forma   lo   explicó   con   absoluta   sindéresis  la  sentencia  de  primera  instancia:   

“Los  plurimencionados  encartados tomaron  parte  activa  en  ese  proceso  o  acción  progresiva que implica el lavado de  capitales,  como  que el dinero obtenido en actividades delictivas se consiguió  alejar  de  su  verdadera  génesis  para  finalmente  integrarlo  al  mercado o  economía  legal.  Así,  en la cadena delictiva, actuaron como beneficiarios de  los  dineros  a  aperturar  las  cuentas por las cuales circularon capitales que  eran  de  otra  persona, a pesar de no tener, según se infiere ningún vínculo  comercial   con   los   verdaderos   propietarios   de  los  mismos.”     

    

(ii)   Los  procesados  absueltos  fueron  contactados  única y exclusivamente para abrir las cuentas. Por lo tanto, nunca  participaron   de   los   movimientos   efectuados  a  través  de  ellas,  pues  precisamente  uno  de  los factores que propició el hallazgo de las actividades  sospechosas  es  que  los retiros fueron hechos por personas con identificación  diversa a los titulares de las cuentas.   

               La falacia contenida en el  argumento  del  Tribunal es ostensible, pues, que los procesados absueltos sólo  fueran  contactados  para  abrir las cuentas, apenas torna obvio que ya después  no participaran en el movimiento de las mismas.   

                Sin  embargo,  el  que  nunca  participaran  de  los  dichos  movimientos  bancarios  no  elimina o demerita su  responsabilidad  penal,  como  quiera que, se repite, el específico rol a ellos  atribuido  es  precisamente  intervenir  en  la  apertura  de  las  cuentas  que  permitieron  el  lavado  de  dinero, en actividad necesaria e ineludible para la  materialización de la conducta punible.   

                   Incluso, que  firmaran  todos  los  formatos de los respectivos talonarios, en blanco, informa  ese  conocimiento previo de que las cuentas abiertas  iban a ser usadas por  los  gestores  o  reclutadores, en comportamiento que lejos de informar ajenidad  con    el    delito,   como   lo   predica   el   Ad  quem,  señala  su intención inequívoca de prestarse  para el cometido criminal en cita.   

              Así  lo  expresó cabalmente el  juzgado A quo:   

“Es  cierto  algunos  de  los  acusados no  efectuaron  retiros  de  sus  cuentas,  también  lo es que ello no los exime de  responsabilidad,  ya  que ellos consintieron voluntariamente al firmar en blanco  los  volantes  de  retiro de sus talonarios, sabiendo que una tercera persona lo  haría,  pero  su  manejo  y  custodia seguía en cabeza de quienes abrieron las  cuentas,  es  por  eso que se observa que existió una cooperación consciente y  con  división  de  trabajo,  de  varios  autores  para  el  logro del resultado  típico.   Pues   si  no  lo  hubiesen  hecho,  no  hubiese  ocurrido  el  reato  investigado.”   

(iii)  Los  procesados  absueltos  actuaron  movidos  por  la  oferta de un pago como contraprestación por el hecho de abrir  la  cuenta  en  la  entidad  financiera señalada; ora por la realización de un  favor,  ya  por  virtud  de  una  mentira,  o  por  las  dos  cosas,  pero en su  generalidad  no  tuvieron  la  motivación  de  que  por sus cuentas pasaran los  caudales acreditados en el proceso.   

En  primer lugar, respecto del argumento en  cita  es  necesario  advertir  cómo parte de una inferencia errada, pues, si se  atendiera   a  la  conclusión,  debería  señalarse  en  condición  de  hecho  inequívoco  que  en todos los casos en los cuales se actúa  por virtud de  un   pago   o   en   atención   a   la   amistad,   no   existe   un   accionar  delictivo.   

              Empero, la experiencia enseña lo  contrario:  también,  o mejor, en la mayoría de los casos ilícitos en los que  se  realiza  un determinado comportamiento a favor de otro, se involucra el pago  de  dinero  como contraprestación o existe algún tipo de vínculo amistoso con  ocasión del cual se acepta la propuesta.   

Ahora,  es  claro  que  si  se  habla  de  motivación,  ella obedece al dinero recibido o al favor cubierto y bien poco se  emparenta  con  la  finalidad, pero, es necesario destacar, que no se tenga como  motivación    “mover    el    dinero”,  no  significa  que no se conozca o acepte esa intención de la  persona que cubrió el pago o a quien el favor se hace.   

              Aquí, plena razón se entrega al  demandante  en  casación, en tanto, manifiesta que en atención al conocimiento  que  tenían los procesados respecto a que varias personas de la misma comunidad  abrían  cuentas  por  petición  de  amigos  o  vecinos  a  cambio  de  pago  o  remuneración,  debe  inferirse  el  conocimiento  consecuente de que lo a ellos  pedido no podía representar un procedimiento aislado o legal.   

Es importante precisar, eso sí, que para la  definición  de  responsabilidad  penal en lo que al delito de lavado de activos  atañe,  no  es  necesario, como parece exigirlo el Tribunal, que los procesados  absueltos  conocieran  al  detalle  todos  y cada uno de los vericuetos del acto  delictivo  complejo, al extremo de saber cuánto y durante qué termino pasaría  individualmente por sus cuentas.   

                   Desde luego  que  esa  es una exigencia probatoria ajena a lo que desarrolla un proceso penal  en  lo  que  al  dolo  atañe,  pues,  a efectos de definir el querer y voluntad  bastaba  con demostrar, como sucedió, que los procesados abrieron las cuentas y  firmaron  en  blanco  todos  los  formularios del talonario para que sobre ellos  realizaran     los     gestores    las    actividades    bancarias    finalmente  descubiertas.   

                           La  responsabilidad  penal  dolosa  se  deduce,  entonces,  de ese comportamiento, a  partir  del  cual  es fácil verificar que, cuando menos, sabían los procesados  que  sus cuentas se destinarían a actividades en esencia ilícitas referidas al  movimiento impune de dinero de origen ilícito.   

                (iv)  La mayoría de los  procesados  son  de  limitados  recursos  económicos y sólo unos pocos habían  tenido  antes  contacto con el sistema financiero. Otros, con alguna formación,  no  conocían  las  actividades ilícitas de los gestores y actuaron, como se ha  dicho,  por  razones  diversas que confluyeron con sus necesidades coyunturales,  pagos   de  matrícula,  dificultades  económicas,  carencia  de  ingresos  por  desempleo, etc.   

          Estas      afirmaciones     del     Ad  quem  se  observan inconsecuentes,  pues, como se  dijo  en  acápites  anteriores,  las  razones que pueden llevar a una persona a  cometer  el delito (motivaciones las referenció el Tribunal) no permiten en sí  mismas  eliminar  el  dolo,  o  mejor,  advertir  que  la persona desconocía la  naturaleza     delictuosa    de    su    comportamiento    o    abstenerse    de  ejecutarlo.   

              Si bien, no se desconoce que, en  efecto,  algunos  de  los  acusados  carecían de experiencia  financiera y  casi  todos  representaban  un  estrato  bastante  popular, que permite adivinar  carencias  económicas,  ello  facultaría,  cuando  más,  si  se demuestra que  incidieron   en  el  actuar  contra  derecho,  aminorar  la  pena  o  partir  de  mínimos.    

Ya  se dijo, igualmente, que el hecho de no  conocer  anteladamente  a  los  gestores,  bien poco incide en la definición de  responsabilidad  penal,  dado  que lo atribuido a los procesados no es un delito  de  concierto  para delinquir o cualesquiera otras conductas que demanden de esa  relación antelada.   

              Además,  el  que algunos de los  procesados  no  hubiesen abierto jamás cuentas bancarias, tampoco exime de dolo  –en  su  componente  de  conciencia  acerca  de  la  ilicitud-,  habida cuenta que en el entorno general,  tratándose  de  una  urbe  populosa  y  con  evidente  contacto respecto de las  instituciones  financieras  y  las  actividades  anejas a ellas, sí se verifica  ineludible  un  conocimiento  general  y  aproximado acerca de su funcionamiento  –potencial  conocimiento  del  injusto,  lo  define la doctrina-, a partir del cual, necesariamente,   se  puede  conocer  que  abrir  una  cuenta para otro y además firmar en blanco  todos  los  formularios  del  talonario de transacciones, obedece a una conducta  necesariamente delictuosa.   

          Mucho más, si en esa región, Jamundí,  para  la  época  de  los  hechos  ya  se  conocía suficientemente el daño que  generaba  el  narcotráfico y cómo se buscaba combatirlo también a través del  descubrimiento de cuentas y movimientos financieros.   

(v)  A  la  posibilidad  que los procesados  absueltos   intuyeran   lo   ilícito   de   la   actividad,  se  contrapone  el  comportamiento  de  los  empleados  bancarios, quienes con su actitud irradiaron  una  confianza  en aquellos, que les impidió pensar que se trataba de maniobras  espurias  o dolosas y menos que con ese actuar se comprometían en una actividad  de blanqueo de capitales.   

        Si  la  firma  en  blanco  de los volantes de los talonarios para las operaciones se  hizo  con  la  aquiescencia  de  los  empleados bancarios, quienes colaboraron y  aprobaron  ese  proceder, “no es admisible descargar  en  el  ciudadano  común  la  exigibilidad  del  cumplimiento de las normas del  derecho  bancario,  cuando en presencia de las autoridades bancarias se realizan  actividades  irregulares  que  por contar con su anuencia devienen autorizadas o  sencillamente no prohibidas”   

          Precisamente,  el  conocimiento  general  relacionado en el acápite  anterior,  permite  controvertir  esta afirmación del Tribunal, pues, lo que en  la  práctica  y materialmente debe entenderse por la persona fletada para abrir  la  cuenta,  es  que,  como  sucedió  con  muchos de los habitantes de la zona,  también  los  empleados  bancarios participaban del ilícito. Esa confianza, en  consecuencia,  genera  la sensación de seguridad acerca de la comisión impune,  pero no la ajenidad con el delito.   

       Junto con lo  anotado,   aparece   bastante   artificiosa   la  afirmación  del  Ad  quem  relacionada con las actividades  bancarias  y  la  connotación  de  legalidad que ofrece la intervención de los  empleados  de la institución financiera, en tanto, es necesario destacar, a los  procesados  no  se  les  está  acusando  de  vulnerar  cualesquiera reglamentos  financieros  o de contrariar las normas del derecho bancario, sino de valerse de  estos para ejecutar una conducta ilícita.   

              En  tal virtud, si se conoce que  los  empleados  bancarios  intervinieron  también  en  el delito, lo pasible de  concluir  es  que  todos  deben  ser  responsabilizados y no que “no  es  admisible  descargar en el ciudadano común la exigibilidad  del  cumplimiento de las normas del derecho bancario, cuando en presencia de las  autoridades  bancarias se realizan actividades irregulares que por contar con su  anuencia  devienen  autorizadas  o  sencillamente no prohibidas”, como de manera absurda lo asevera el Tribunal.   

     Aquí  debe  precisar la  Sala,  para  responder  al  defensor  de  PAOLA  ANDREA DÍAZ PEÑA, conforme el  alegato  de  no  recurrente  oportunamente  presentado,  que  no  es  cierta  su  afirmación  referida  al dominio del hecho radicado en los empleados bancarios,  en  tanto,  debe  reiterarse,  en  ese trabajo delictuoso requerido por la labor  compleja  desarrollada, cada grupo de ejecutores realizó una tarea trascendente  y  necesaria, sin que sea posible significar que lo atribuido a quienes abrieron  las  cuentas a su nombre emerja intrascendente, cuando  es evidente que sin  una dicha tarea el delito no podría haberse realizado.   

   

      Por lo demás, esa  manifestación  atinente a que los empleados de la entidad financiera estaban en  la  obligación  de  informar a los cuentahabientes, respecto de los movimientos  bancarios  particulares,  tendría  algún  efecto  si pudiera decirse que estos  actuaron   de   forma  inocente  o  desconocedores  del  fin  propuesto  con  el  ardid.   

    Lejos de ello, lo recogido  probatoriamente  informa  cómo al abrir las cuentas a cambio del pago inmediato  de  una  suma  de dinero y aceptar firmar en blanco todos los formularios de las  libretas  a  ellos  entregadas, los procesados fletados para el efecto aceptaron  desprenderse  del  manejo de las cuentas, con lo cual ningún sentido tenía ese  aviso echado de menos por el profesional del derecho.   

     

          (vi)  De la presencia de los procesados en  la  entidad  bancaria,  cuando  concurrieron  en  bloque a abrir las cuentas, no  puede  inferirse  su conocimiento de que por esas cuentas transitarían millones  de pesos.     

      Ello es verdad, si  se mirase aisladamente ese hecho.   

     Sin embargo, cuando  claramente  se  ha advertido que la responsabilidad penal dimana de                 hechos  específicos  referidos a la apertura de cuentas que jamás fueron manejadas por  los  procesados  y,  en  cambio,  se  firmaron  los formularios del talonario en  blanco,  desde  luego  que  el  indicio  de  presencia cobra su real efectividad  suasoria,  en cuanto, corrobora la intención de facilitar el blanqueo examinado  y hace radicar en persona determinada la actividad.   

(vii)  El indicio de mentira que esgrime la  Fiscalía  no  fue  acreditado,  pues  sólo  se  cuenta  con  las informaciones  suministradas  por  los  procesados  en  sus  indagatorias,  las  cuales, por no  existir  prueba  en  contrario,  gozan  de  una presunción de veracidad. Por lo  tanto,  el  indicio  de  mentira sólo aplica para los procesados que negaron la  apertura de las cuentas.     

Aceptar  la  tesis del Tribunal implicaría  sostener   que   la   misma   declaración,  examinada  intrínsecamente  en  su  credibilidad,  no  puede  ser  fuente  de la conclusión de mentira y, entonces,  únicamente  en  los  casos  en  los  cuales  se  aporta  prueba en contrario es  factible referenciar la mendacidad, en calidad de indicio.   

No  obstante,  el análisis de credibilidad  opera  mucho  más  amplio  de  lo que presupone el Ad  quem  y,  por esa circunstancia, sí es factible que a  partir  del  sólo examen intrínseco de lo dicho por la persona, se advierta su  ajenidad con la realidad.   

Es  que,  en ocasiones lo expresado por los  procesados  asoma  de  tal  manera  fantasioso  o  desligado de la realidad, que  apenas  con su valoración dentro del campo de lo racional, es posible verificar  inconcusa la mendacidad.   

Es en este sentido que el artículo 277 de  la Ley 600 de 2000, estatuye:   

“Criterios  para  la  apreciación  del  testimonio.   Para   apreciar   el   testimonio,   el  funcionario   tendrá   en   cuenta  los  principios  de  la  sana  crítica  y,  especialmente,  lo  relativo  a la naturaleza del objeto percibido, al estado de  sanidad  del  sentido  o  sentidos  por  los  cuales se tuvo la percepción, las  circunstancias  de  lugar,  tiempo y modo en que se percibió, a la personalidad  del  declarante,  a  la  forma  como  hubiere declarado y las singularidades que  puedan observarse en el testimonio.”   

Precisamente, como lo acotó el demandante,  algunas  de  las  explicaciones rendidas por quienes aceptaron haber abierto las  cuentas,  se  evidencian  encaminadas  a  desviar la investigación, atendida la  naturaleza fantasiosa de lo relatado.   

No otra conclusión puede extractarse de lo  explicado  por  ANDRÉS  MUÑOZ  MOSQUERA, pues, acepta que se le trasladó, con  otros  compañeros  de  estudio, apenas para abrir la cuenta; que se le pagó un  dinero;  que  firmó  los  formularios  en  blanco  del  talonario;  y  que  fue  engañado,  porque  el  solicitante  le  afirmó  que en tres meses cerraría la  cuenta.   

Así  resumida  su  exposición,  evidente  surge,   más   que  una  justificación  que  permita  hablar  de  ausencia  de  responsabilidad  penal,  casi  que la aceptación de la comisión del delito, en  tanto,  que  el contratante le dijera estar dispuesto a cerrar la cuenta en tres  meses, para nada incide en el dolo pasible de endilgarle.   

Mayor  desatino  encierra  lo  relatado por  MARGARITA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  refiriendo una historia descabellada de un  supuesto  premio  que  se le dijo haber ganado por una desconocida que golpeó a  su  puerta  e  implicaba  acudir  a  la  institución  bancaria  y  firmar allí  “unas              hojitas”.   

    Cuando  la  procesada  dice  desconocer  cómo o porqué pudo haber ganado el premio, empieza a advertirse la  mendacidad.   

Y  ella se demuestra, pese a lo sostenido  por  el  Tribunal, con la declaración del hermano de MARGARITA MONTAYES, el hoy  occiso  JOSÉ  MARÍA MONTAYES,  quien afirma que su colateral sí conocía  a   quien   los   condujo  al  banco  –incluso  agrega que la reclutante no acudió a su casa, ni adujo que  se  ganaran  ningún  premio-   y  que esta persona efectivamente les pagó  veinte mil pesos para abrir la cuenta.    

Ahora  bien,  no  es  posible  sostener  adecuadamente  que  lo  dicho por la mayoría de los acusados, referido a que se  les  pagó  por  abrir  la  cuenta,  constituya  efectivamente  una explicación  suficiente  para demostrar su ausencia de responsabilidad, bajo los cometidos de  la  presunción de veracidad, pues, en estricto sentido, ello debería estimarse  confesión  de  la participación en el delito, dado que, a la par, nada ofrecen  los procesados para entender carente de dolo su comportamiento.   

(viii)  De la circunstancia de que varias  personas  de  la  misma comunidad concurrieran al unísono a abrir los productos  financieros,  por  petición de amigos o vecinos, no pude inferirse conocimiento  de  la  actividad  de lavado de activos, porque “las  personas  tienen  a  copiar lo que hacen sus pares, lo que ven de los otros más  cercanos.  De  hecho  en el caso concreto, unos invitaban a otros a ganarse unos  pesos  adicionales por la elemental labor de abrir una cuenta, se volvió común  ese comportamiento…”.   

Respecto  de  los  fenómenos de masas y el  actuar  gregario  que  unos, siguiendo el ejemplo de otros, realizan, es posible  llegar  a  variadas  conclusiones,  incluso  contrarias  a  la  que  postula  el  Ad  quem,  dado que, huelga  reseñar,  ese  fenómeno  del  grupo,  como  la historia lo enseña, si bien en  ocasiones  puede  conducir a realizar gestas heroicas o actos loables, en tantas  otras  representa  acicate  o  factor determinante para actos oprobiosos, por la  impunidad  que  puede  ofrecer  esa  generalidad de personas interviniendo en el  hecho  o  el  elemento  subjetivo  de  fuerza  inserto  en que todos al unísono  decidan violar la ley.   

Ello  para  significar que perfectamente el  que   tantos   otros  habitantes  del  sector  decidieran  aceptar  la  ilícita  propuesta,  puede  conducir a incurrir en la ilegalidad, pero no determina ajeno  al dolo el comportamiento.   

Entonces, la generalidad de lo sostenido por  el Tribunal nada agrega para sustentar la absolución proferida.   

(ix)  Para el año de 1999, era embrionario  el  conocimiento  que  se tenía sobre el lavado de activos, pues la primera vez  que  se  incluyó  como delito en la legislación nacional fue con la Ley 190 de  1995,  por lo que para 1999, las personas del común tenían un conocimiento muy  superficial sobre el tema.   

La   afirmación   corresponde  a  simple  especulación,  en  tanto, puede ser verdad o no que se catalogue de embrionario  el  conocimiento  del  tema, sin que el lapso discurrido pueda estimarse por sí  mismo corto o insuficiente para el efecto.   

Por  lo  demás, respecto de la conducta en  cuestión,   su  definición  como  delito  derivó  de  amplias  discusiones  y  determinación    de    un    fenómeno    que    ya    llevaba   mucho   tiempo  sucediendo.   

Pero,  si  se dijera que en ese término no  era  posible  conocer  a  fondo  la naturaleza de la conducta o sus específicos  ingredientes  típicos,  debe responderse que tal exigencia no opera respecto de  ninguna  de las ilicitudes consignadas en el Código Penal, evidente como es que  la  norma  jurídica  obedece  a  criterios  de racionalidad y por ese motivo el  conocimiento   demandado  se  asume,  como  la  realidad  lo  establece,  apenas  aproximativo,  en  seguimiento  del apotegma, aún vigente, de que la ignorancia  de la ley no sirve de excusa.   

Es  que,  atender  a  lo  propuesto  por el  Tribunal  implicaría  necesario  establecer  una especie de orden cronológico,  por  lo  demás  arbitrario en su esencia, a partir del cual, entonces, la norma  podría  hacerse  aplicable o exigible, en completa desarmonía con lo que sobre  vigencia de ella contempla la ley.   

(x)  No  es posible construir la prueba del  dolo  recurriendo  a la simple constatación de las aperturas de las cuentas, ya  que  se  requiere  la  demostración  de un estado volitivo e intelectivo que va  más  allá  de  la  crítica  al  comportamiento  objetivo  realizado  por  los  procesados.   

De  manera  abstracta, la tesis entronizada  por  el  Tribunal  obedece a la realidad jurídica, evidente como es que el solo  actuar  objetivo no prefigura el dolo, tal cual lo establece el artículo 12 del  Código Penal colombiano.   

Sin  embargo, no es cierto que en el asunto  examinado   la   definición   del   dolo  se  deduzca  automática  del  actuar  objetivo.   

En  líneas  precedentes se ha destacado lo  sostenido  por el juez de primera instancia acerca de las actividades realizadas  por los procesados absueltos en segunda instancia.   

De allí es posible extractar que, como por  lo  común  sucede  en  tratándose  de  un  elemento  por  esencia inasible, la  definición  del  actuar  doloso deriva inferencial, a partir del comportamiento  adelantado  por  cada  uno  de  los  acusados,  que obliga desatender carente de  conciencia  de  ilicitud  esa  actividad  concreta de aceptar el dinero ofrecido  para abrir cuentas bancarias en favor de terceros.   

Ya ampliamente jurisprudencia y doctrina han  disertado  acerca  de la prueba de esos elementos subjetivos, para concluir que,  en  efecto,  es a partir de circunstancias particulares externas, que se llega a  lo interno.   

Para  lo  que  al  caso concreto atañe, la  vinculación  penal  de  los acusados estimados no responsables por el Tribunal,  no  deviene,  en lo que al dolo compete, de que abrieran unas cuentas bancarias,  sino  de  lo  que  específicamente  representó  ese  acto  en  atención a las  circunstancias   que  lo  gobernaron  –inmotivado  pago  de  dinero,  entregarlas para su manejo a terceros  las  más  de las veces desconocidos y firmar en blanco todos los formularios de  los  talonarios,  para  no  relacionar  la  casi  confesión  instituida  en sus  indagatorias,  o  la  fantasiosa explicación allí surtida, en cuanto elementos  indiciarios  valiosos-,  a partir de las cuales es posible delimitar con certeza  que  efectivamente  conocían  la  naturaleza ilícita de su actuar y dirigieron  con plena voluntad su comportamiento hacia esa finalidad.   

Se concluye  

La   Corte   advierte,   acorde   con  lo  referenciado  en  precedencia,  que el Tribunal soportó su decisión de reforma  del  fallo  de  primer  grado,  en inferencias carentes de soporte y acudiendo a  reglas   de  la  experiencia  que  en  estricto  sentido  no  lo  son  o  pueden  controvertirse  con  la  conclusión  contraria, englobando su argumentación en  ostensibles yerros de raciocinio.   

Esos   yerros,  cabe  anotar,  resultaron  profundamente  trascendentes,  pues,  soportaron en esencia la manifestación de  absolución  de  los procesados, una vez contrapuestos a las fundamentaciones en  contrario   presentadas   por  el  A  quo.   

Se  observa,  así,  que si se eliminan las  inferencias  erradas,  las  reglas de la experiencia mal construidas o las   conclusiones  especulativas, ya nada sostiene la decisión de revocar la condena  proferida  por  la primera instancia en contra de varios de los acusados y en su  lugar,  huelga  anotar,  cobran particular relevancia las muy bien fundamentadas  deducciones   probatorias   del   A  quo,  que  siguen teniendo completa pertinencia a efectos de renovar su  vigencia en sede de casación.   

En  seguimiento de lo anotado, es necesario  afirmar  probado  en  el  plenario  que   ROCÍO LABRADA AEDO, ANA CRISTINA  DOMÍNGUEZ  SARRIA,  ANDRÉS  MUÑOZ MOSQUERA, FERNANDO RIVERA ROBLES, MARGARITA  MONTAYES  GONZÁLEZ,  CAROLINA  MARTÍNEZ  QUINTERO, HAROLD JOSÉ CARREÑO RAGA,  MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO PINEDA ATEHORTUA, FRANCI  ELENI  QUINTERO  CANO,  CARLOS  ALBERTO  ARIAS CUARTAS, ROSALÍA ARIZA SAAVEDRA,  CARLOS  FERNEY  CARVAJAL  ROJAS,  JUAN  CARLOS  CASTILLO  CASTILLO,  JUAN CARLOS  CUELLAR  RAMÍREZ,  BEIBY YICELA CUERO, ROSA NEILA CUERO, SANDRA PATRICIA CUERO,  OSCAR  HERNÁN DÁVALOS GRANADA, PABLO ALBERTO DÍAZ OLAYA, ANDRÉS DÍAZ REINA,  LEONARDO  FABIO GONZÁLEZ RAMOS, MARILUZ GRAJALES CANTOR, WILTON FABIÁN GUEVARA  COLORADO,  HÉCTOR  ALEXANDER  IDROBO  SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO  HUMBERTO  MENA CARDONA, LORENA ORDÓÑEZ ALBAN, YOVANY ELIÉCER ORJUELA  MORALES,  DANILO  OROZCO  MUÑOZ,  EDGAR  HERNÁN PÉREZ DAZA, ORFA MARÍA PONCE  VALENCIA,  MARÍA  FERNANDA  RAMOS GUTIÉRREZ, IVONNE REINA ALBAN, FRANCIA ELENA  REINA  SOTO,  MANUEL  MARÍA  RIVAS PINEDA, IVON RODRÍGUEZ GRANJA, ANA CRISTINA  ROJAS  GONZÁLEZ,  MILTON  MAI  SOTO  LONDOÑO, EDWAR SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER  VILLA  DUQUE,  DAVID  VURKOVITSKY  ARZAYUZ,  JOSÉ  ALBERTO  ZÚÑIGA, ALEXANDER  GONZÁLEZ,  PAOLA  MILLÁN,  JAIME  HADID  MENDOZA  y  PAOLA ANDREA DÍAZ PEÑA,  ejecutaron  el  delito  de lavado de activos, a título de coautores y con dolo,  pues,  conocían  la  naturaleza  ilícita  de  su  actuar, no obstante lo cual,  poseyendo  libertad  para la abstención, encaminaron su conducta a la comisión  punible.   

Ello,  en seguimiento de lo afirmado por el  Juzgado  de  primera  instancia, como consecuencia de haber prestado su nombre y  directamente  abrir  cuentas  de  ahorro  en  la  entidad  financiera  AHORRAMAS  –hoy    bajo    otra  denominación  social-,  firmando  en blanco todos los formularios del talonario  de  transacciones,  para  efectos  de que terceros utilizaran esas cuentas en el  cometido  de  lavar  dineros  provenientes  del  narcotráfico, conociendo todos  ellos  la  naturaleza  ilícita  de su actuar y sin que se hubiese demostrado la  existencia   de   cualesquiera   circunstancias   acuciantes   que  exoneren  de  responsabilidad   penal,  acorde  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  32  del  C.P.    

La  decisión de la Corte significa revocar  el  fallo de segunda instancia, en lo que corresponde a la absolución dispuesta  en  el  numeral  primero  de  su  parte  resolutiva,  cobrando plena vigencia la  sentencia  condenatoria  que contra los procesados relacionados atrás impuso el  A  quo en el numeral primero  de la sentencia de primera instancia.   

Como  quiera que, tal cual lo consideró el  fallador  de  primer  grado, los sentenciados no tienen derecho a los subrogados  de   la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  prisión  domiciliaria,  sin  que  la Sala encuentre objeción al respecto, dado que no se  cubren  las  exigencias  objetivas  para  examinar su concesión, también cobra  vigencia  lo  establecido  sobre  el  particular  en el numeral cuarto del fallo  primigenio.   

Acorde  con ello, de inmediato se ordenará  expedir orden de captura contra los aquí condenados.     

En  mérito  de  lo  expuesto,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de  la  ley,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

         

        R E S U E L V E   

CASAR parcialmente  el  fallo  impugnado, proferido por el Tribunal Superior de Cali y, en su lugar,  dejar  en  firme lo dispuesto en la sentencia de primera instancia dictada el 29  de  agosto  de  2011  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de  Cali, en toda su integridad.   

En  consecuencia,  líbrese  órdenes  de  captura  en  contra  de  ROCÍO  LABRADA  AEDO,  ANA CRISTINA DOMÍNGUEZ SARRIA,  ANDRÉS  MUÑOZ  MOSQUERA, FERNANDO RIVERA ROBLES, MARGARITA MONTAYES GONZÁLEZ,  CAROLINA   MARTÍNEZ  QUINTERO,  HAROLD  JOSÉ  CARREÑO  RAGA,  MIGUEL  ANTONIO  BENAVIDES  CRUZ,  MARÍA  DEL  ROSARIO  PINEDA  ATEHORTUA, FRANCI ELENI QUINTERO  CANO,  CARLOS  ALBERTO  ARIAS  CUARTAS,  ROSALÍA  ARIZA SAAVEDRA, CARLOS FERNEY  CARVAJAL  ROJAS,  JUAN  CARLOS  CASTILLO CASTILLO, JUAN CARLOS CUELLAR RAMÍREZ,  BEIBY  YICELA  CUERO,  ROSA  NEILA  CUERO,  SANDRA PATRICIA CUERO, OSCAR HERNÁN  DÁVALOS  GRANADA,  PABLO  ALBERTO  DÍAZ  OLAYA,  ANDRÉS DÍAZ REINA, LEONARDO  FABIO   GONZÁLEZ   RAMOS,  MARILUZ  GRAJALES  CANTOR,  WILTON  FABIÁN  GUEVARA  COLORADO,  HÉCTOR  ALEXANDER  IDROBO  SAUCEDO,  KATHERINE  MARTÍNEZ  QUINTERO,  RODRIGO  HUMBERTO  MENA CARDONA, LORENA ORDÓÑEZ ALBAN, YOVANY ELIÉCER ORJUELA  MORALES,  DANILO  OROZCO  MUÑOZ,  EDGAR  HERNÁN PÉREZ DAZA, ORFA MARÍA PONCE  VALENCIA,  MARÍA  FERNANDA  RAMOS GUTIÉRREZ, IVONNE REINA ALBAN, FRANCIA ELENA  REINA  SOTO,  MANUEL  MARÍA  RIVAS PINEDA, IVON RODRÍGUEZ GRANJA, ANA CRISTINA  ROJAS  GONZÁLEZ,  MILTON  MAI  SOTO  LONDOÑO, EDWAR SUÁREZ TORO, JOSÉ WAGNER  VILLA  DUQUE,  DAVID  VURKOVITSKY  ARZAYUZ,  JOSÉ  ALBERTO  ZÚÑIGA, ALEXANDER  GONZÁLEZ,   PAOLA   MILLÁN,   JAIME   HADID   MENDOZA  y  PAOLA  ANDREA  DÍAZ  PEÑA.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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