39918(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  302.     

Bogotá,  D.  C., once (11) de septiembre de  dos mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación   presentada  por  el  defensor  de  ALFREDO  BARRERA, contra el fallo del  Tribunal    Superior    de    San   Gil1,    que    confirmó    el    proferido    por    el    Juzgado   Segundo   Penal   del   Circuito   de  la  misma  ciudad,  el  cual  lo  condenó   a   la  pena  de  ciento  diez  (110)  meses de prisión, por  la  consumación  a  título  de  autor  material  del  punible  de actos sexuales con menor de catorce año.   

H    E    C    H   O   S   

El  día  10  de  agosto  de  2011,  en  un  establecimiento  público  de  venta de artesanías en el municipio de Barichara  (Santander),  el  procesado ALFREDO BARRERA,   mediante   engaños   hizo  ir,  por  intermedio  de su hermana, a su víctima, con la ilusión de que aquél le iba a  regalar  un  libro  de inglés avanzado; pero en el interior del citado inmueble  -que  el  joven visitaba frecuentemente con su abuela por cuanto era amiga de la  propietaria-,  lo  sujetó  de  los  hombros  para  obligarlo a que le tocara su  miembro  viril;  luego, en tres oportunidades, lo subió y bajo frotando su pene  contra  la  cola  del  impúber; también adujo el ofendido que le manipuló sus  partes  íntimas,  y  lo convidó para la pieza donde él se negó a ir, momento  que  aprovechó  para  salir  de inmediato del lugar a informar lo sucedido, por  cuanto  su  agresor  fue a traer el mentado libro.        

A C T U A C I Ó N   P R O C E S A  L   

1. El 10 de octubre  de  2011,  ante  el Juzgado Segundo Penal del Circuito  con   Funciones   de   Conocimiento  de  San  gil,  la  Fiscal  Cuarta  Seccional,  presentó    escrito    de   acusación  contra  el  procesado,  por  la  conducta  punible de actos sexuales con menor de catorce años.   

2.   El  15  de  noviembre   de   2011,   se   llevó  a  cabo  la  correspondiente  formulación  de acusación y  el  23 de febrero de 2012, se inició y finiquitó la audiencia  preparatoria, donde las partes  realizaron  el  descubrimiento  probatorio, a su turno, estipularon la identidad  del  acriminado  y  el  registro  civil  de  nacimiento  del  menor.     

3. El 9 de abril de  2012,  se desarrolló en dos  sesiones,  la  audiencia  de  juicio oral,   celebrada   ante  el  Despacho  judicial  referido  y,  una  vez  terminada,  se  anunció  el  sentido condenatorio del fallo, para el 4 de junio  siguiente,  efectuar  la  correspondiente  lectura, donde le impuso ciento  diez (110) meses de prisión por la  consumación   a   título   de   autor  material  del  delito  de  actos  sexuales con menor de 14 años; como  accesoria  lo  inhabilitó en el ejercicio de derechos y funciones públicas por  un  lapso  igual al de la sanción privativa de la libertad, en consecuencia, le  negó  al inculpado, la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la  sustitución de la domiciliaria.   

4. El 16 de julio de  2012,  el  Tribunal  Superior  de San Gil,  con  ocasión al recurso de apelación impetrado por el defensor,  confirmó   la  sentencia  objeto de recurso.   

5.   La  defensa  técnica  interpuso  y  sustentó  el  recurso extraordinario de casación en el  término de ley: libelo que la Sala entra a calificar.   

D    E    M    A   N   D   A   

Una  vez,  identificó los hechos, atacó el  fallo  de  segundo  grado, con base en la causal tercera de casación consagrada  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

Elevó  su  descontento  con  las sentencias  condenatorias  por  yerros  “en  la  apreciación y  valoración  de  la  prueba”,  sin  enunciar  algún  precepto  legal  presumiblemente  vulnerado,  luego,  se  refirió  a los medios  incriminatorios con los que fue sentenciado su poderdante.   

En  la  demostración  de  sus pretensiones,  trajo   a   colación   el   testimonio   de   Rosalba  Meléndez,   quien   expresó   que  su  representado  “fue  respetuoso  de  la ley… podemos observar la  causa  de  fastidio  y  venganza  que  hizo el menor… y su hermana, crearon un  montaje  perfecto”  en contra de su asistido, porque  él   los  pilló  hurtándole  dinero  a  la  señora  referida  y  dueña  del  establecimiento  donde  tenía  alquilada una habitación y ella estaba enterada  de  la  sustracción  del  capital, por esa razón, le pidió ayuda al procesado  para vigilar el negocio.   

Además, si la víctima le dijo al enjuiciado  que   no   entraba   al   cuarto   porque  quizás  se  perdía  algo,  en  esas  circunstancias,  es  claro  que el adolecente sabía de qué hablaba: testimonio  atacado  por  falso  juicio  de existencia por omisión en la valoración probatoria.   

En  el  párrafo  siguiente  la libelista se  refirió    a    un    falso   raciocinio    sobre    lo    narrado    por    los    testigos    Reinaldo   Cediel   (conductor   de   una  volqueta)  y Luis Alfredo Luna  (obrero),  porque en su criterio las instancias no les otorgaron credibilidad al  ser        sospechosos        sus       dichos2.   

No  se  puede, en opinión de la demandante,  tomar  unos  sucesos  y  rechazar  otros  de  las vertidos en las declaraciones,  porque    en    todas    las    legislaciones    se    acepta    “presuntivamente  los  hechos  perjudiciales  y  las modalidades que  hayan  rodeado  el  evento,  sin  tratar de dividir… lo que el declarante o el  procesado    dice,    porque   eso   sería   tanto   como   desnaturalizar   la  verdad;  por  tanto,  en el  terreno   jurídico   tal   proceder  es  prohibido  y  en  el  psicológico  es  incorrecto   “limitar  arbitrariamente  el  relato,  tomando  de  él  lo  que  conviene a determinados  intereses  y desechando lo que se oponga”3,  porque  los  deponentes  son  honestos  y  trabajadores,  sin  que  se  les  pueda exigir una  “exactitud    cronológica…   que   impone   el  Tribunal…   para   tratar  de  nublar  la  verdad  del  raciocinio”,   ni   tampoco  suprimirlos  por  falso  testimonio4-5.   

Así  mismo,  cuestionó  la  versión de la  víctima,  porque  no  estaba  en  el  lugar  donde supuestamente acaecieron los  sucesos,  pues  la  hora  no  concuerda  con  su  narrativa y los testigos de la  defensa   ubican   al   inculpado  en  un  lugar  diferente,  por  ello,  éstos  testimonios,  están  incursos  en  yerros  por  falso  raciocinio,    con   base   en:    1)         La         razón  entendida  como la utilización en  la  apreciación  probatorio  de  los  principios  de  la lógica, psicología y  sociología,    2)    la  valoración    como   la  formación  del  conocimiento del Juez, sin que en el caso en estudio se hubiese  tenido  presente “los testimonios de los declarantes  que   concurrieron   al   estrado   para  rendir  una  confesión  a  favor  de  la  verdad” contraria a la  revelada  por  la víctima, 3)  la  lógica, como inferencia  mental  que  es,  muestra el falso raciocinio de los juzgadores al no aplicar la  presunción   de   inocencia   a   favor   de   su   prohijado   y  4)         la         experiencia,    cuando    los   testigos  presentados  por  la  defensa  muestran  la plena capacidad mental de cada uno e  infunden certeza sobre lo sucedido.   

A  continuación,  expresó que esta Sala de  Casación  “tiene  la  obligación  de  analizar de  fondo     los     problemas     jurídicos     propuestos     en    el    debate  correspondiente”,  en  ilación  con los fines de la  misma,  consagrados  en el nuevo procedimiento penal, aplicando, para el efecto,  “el     principio     de     caridad”,  para  determinar  “la credibilidad  que  merece  el  relato del menor dentro del cual están incluidos los reproches  por    falso    juicio    de    existencia    y   falso   raciocinio”.   

Indicó  la memorialista, que la valoración  las  declaraciones  de  Rosalba  Meléndez,  la  del  procesado  y  la de los “dos  concurrentes”,   frente   a   las  incriminatorias,  “son  un  adorno  de  la  captura ilegal y los tres  peritos  son  solo  eso,  peritos y no testigos”, por  manera   que,   la   persuasión   racional   adecuada   al  caso,  no  presenta  “un   análisis  serio  y  profundo   de  los  testimonios “; a su turno, por la contextura física  del  procesado y sus 65 años de edad, desmiente el análisis de los juzgadores,  puesto  que  él  no  pudo  forzar a la víctima a ningún acto doloso contra su  humanidad6   

.  

En el análisis de las pruebas de descargos,  la  recurrente  señaló que a su poderdante se le vulneraron los derechos de la  libertad,  buen nombre, debido proceso y defensa, frente al montaje recreado por  la  víctima  y  su  hermana,  por cuanto ellos, le estaban hurtando dinero a la  propietaria  del  establecimiento,  por  eso,  la  declaración  de Rosalba    Meléndez,    “es  imbatible”  y se debió absolver al  implicado,  pues  el Tribunal “no tuvo en cuenta las  pruebas  testimoniales  de  la defensa, por el contrario las califico (sic) como  cuartadas”, lo que llevó a la impugnante a predicar  la   inocencia   de   su  protegido  jurídico,  por  ello,  su  “impresión  personal”  sobre el caso en  examen,  se  concretó  que   al  favorecer  a  la  víctima  aparentemente  agredida, se desecharon unos medios y otros se dejaron de valorar.   

Acto  seguido,  criticó  la  versión de la  víctima  y  el  análisis  que  hizo  uno  de  los  peritos,  quien  elogió la  inteligencia  del  muchacho,  sin  embargo,  la  defensora es de otro pensar, en  tanto,  no  se  criticaron  “los  traumas  y  malas  costumbres  que puede tener [la víctima] a raíz de crecer en un hogar disuelto  y  huérfano  de  una  madre que se fue a vivir con otra pareja y un padre en la  cárcel  por  deudas  alimentarias no pasan de ser un deplorable experticio, que  para    nada    deben   equipararse   a   pruebas   testimoniales   de   algunas  clases”;  por todo, peticionó fallo de reemplazo de  carácter absolutorio.    

C O N S I D E R A C I O N E S  

La Corte  advierte  que  los  ataques  elevados por vía indirecta contra la  sentencia  de  segundo  nivel expedida por el Tribunal  Superior   de   San   Gil,  no  reúnen  los  mínimos  presupuestos   de   coherencia   y   lógica-argumentativa   descritos   por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda    presentada   a   favor   de   ALFREDO  BARRERA,  con  el  fin  de  lograr  la   infirmación de la decisión cuestionada, en tanto, la defensa  técnica,  incurrió  en  diversas  y  complejas  falencias,  las cuales atentan  contra  la  filosofía  que  inspira  el  recurso  extraordinario  de casación.   

Menos aún puede entenderse el reproche como  nueva  ruta  para  confeccionar  escritos  de  libre  importe  y ensayar por ese  camino,   rebatir  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas  en  los  proveídos, trayendo temáticas subjetivas para  asegurar  un  potencial éxito, motivo suficiente, para abordar el estudio de la  demanda    determinando    los    yerros de mayor impacto lógico argumentativo.   

Primero:  atiborró  la  defensora  el cargo con apreciaciones personales y subjetivas, en oposición  a  los  principios que preceden el recurso de casación, como el de objetividad,  claridad y debida fundamentación, como cuando sostuvo:   

a) La víctima y su  hermana  “crearon  un  montaje  perfecto  contra el  procesado”  sin  que  al  interior  del  proceso  se  hubiese demostrado tal hipótesis.   

b) El adolescente no  quiso  entrar  a  la  habitación  del  agresor  porque temía que la dueña del  establecimiento  lo  inculpara  por  la pérdida de alguna cosa, con lo cual, la  memorialista  –por exculpar  al  hoy  condenado  del  reato- puso por encima sus suposiciones sobre las de la  judicatura  y  minimizó  la  protección jurídica de la libertad, integridad y  formación sexual del ofendido.   

c) Al ser valoradas  las  declaraciones por la administración de justicia, dijo la abogada que todas  las   legislaciones  aceptan  “presuntivamente  los  hechos   perjudiciales”,   dejando   inconclusa  su  conjetura  y  con  mayúscula  ausencia  el  desarrollo  que  se esperaba de tan  endeble  afirmación.  Tampoco  explicó  qué  pasa  después  con  la  mentada  presunción,   cómo   se  aplica,  valora  y  conjuga  con  los  demás medios; cuál es el paso a seguir,  cuando  variadas  circunstancias  plasmadas  por  un  testigo  se  repelen  o la  correspondencia  de unas con otras se muestra esencial, menos aún reveló si la  indivisibilidad del testimonio fractura o no su credibilidad.   

d) Los testigos de  la  defensa  en  instancias,  dijo  la  recurrente,  son honestos, trabajadores,  originales  y  desprevenidos,  sin  que  se  les deba exigir una “exactitud   cronológica…   que  impone  el  Tribunal”,  con  ello, se valió de su criterio particular sobre el de los  juzgadores,    sin    ser,    como    es    obvio,    de    recibo    en    sede  extraordinaria.   

e) Afirmó en varias  ocasiones  que  los  testigos “confiesan”  en  qué  lugar  estaba  el  procesado  el  día  de los hechos  ilegales,  dejando atrás  las explicaciones judiciales sobre el particular  e  invirtiendo la técnica jurídica del lenguaje procesal, pues los declarantes  no  tienen  la connotación de inculpados en las precisas condiciones propuestas  por la memorialista.   

f)  Construyó  su  criterio  individual  en  punto  de  lo  relatado por la víctima y los testigos  traídos  por  la  defensa,  los  cuales,  como  se  viene  advirtiendo,  fueron  desvalorados  por  los  juzgadores,  véase  por ejemplo qué dijo al respeto el  Juez         de        conocimiento:   

Se  responde  así  a  los argumentos de la  defensa  que  en  su loable labor no logró probar la inocencia de su prohijado,  menos  aún  tornar  deleznable  la  prueba  de  cargo  y pericial, la  primera  sujeta a críticas, pues ni la declaración de Rosalba  Meléndez,  dueña del lugar denominado Tiestecitos y cuyo inquilino era Alfredo  Barrera  lo  logra, como que no aporta nada contundente para este respecto, y si  alguna  tacha  sobre  el comportamiento de los menores hace, sobre su honestidad  en  particular,  hecho  que  le  puso  en conocimiento al señor Barrera, según  ella,  nos preguntamos, si estos la habían robado, porque no los denunció a la  Comisaria  de  familia, y solo hasta ahora saca a relucir tales hechos, por ello  nada  de  lo  vertido por la testigo, tiene eco para demeritar los dichos de los  menores  víctima  y  su  hermana, lo que nos parece es que trata de favorecerlo  sin   lograr   su  cometido,  Y  qué  decir  de  las  deponencias  de  Reynaldo  Cediel,  conductor de una camioneta para la época de  los  hechos  y  Luis  Luna Carvajal obrero de Barrera en la construcción que de  una casa lleva a cabo éste en las afueras de Barichara.   

Para  este juzgador estos dos deponentes no  son  dignos de credibilidad, como que de manera extraña recuerdan perfectamente  lo  ocurrido  en la tarde del día de agosto 10 de 2011, no fueron espontáneos,  ni  explicativos  de  la  razón  de  sus  dichos,  pues no nos explicamos cómo  evocaron  con tanta precisión algo ocurrido hace 8 meses, y atreverse a afirmar  el  primero  que  desde  las tres y media de esa tarde condujo a Alfredo Barrera  hasta  la  obra  y que de allí regresó a las cinco y media de la tarde, cuando  esto  no  es  acorde  con  lo  evocado  y  depuesto,  no solo por el menor en su  denuncia  penal,  en su entrevista, sino en el juicio oral, con lo dicho por los  policiales  que  recepcionaron  estas  y  el  dicho  de su abuela paterna, luego  están  abiertamente  parcializados y por ello carecen de eficacia probatorio lo  por             ellos            depuesto7.       

Por  su  parte, la magistratura, en el mismo  sentido,   sopesó   las   declaraciones  de  Reinaldo  Cediel,    Luis   Alfredo  Luna   y   la   de  Rosalba  Meléndez, cuya contemplación material conjugadas con  la  prueba  de cargo y aquella vertida por los uniformados que capturaron al hoy  condenado,  la  llevaron  a  predicar  la  responsabilidad  penal del encartado;  véase  algunos  párrafos  de tales testimonios en la valoración ponderada del  Tribunal       de       San       Gil:   

Ahora  bien, pretende la defensa desestimar  el  anterior  caudal  probatorio,  manifestando  que  el  A quo incurrió en una  desviación  de  poder al no tener en cuenta las pruebas de descargo, cuando las  mismas  son  confiables  y  demuestran una circunstancia de tiempo, modo y lugar  diferentes,  esto es, que el procesado para el día y hora en que sucedieron los  hechos  se  encontraba  trabajando  en  un sitio distinto, es decir, en el lugar  llamado  Patiamarillo donde estaba construyendo una casa, añadiendo que de ello  dieron fe los señores Reynaldo Cediel y Luis Alfredo Luna.   

Al  respecto,  la Sala considera que dichos  testimonios  no ofrecen la credibilidad que se pretende sea dada por parte de la  defensa,  por  el  contrario todo indica que es una coartada tendiente a desviar  la  atención de la ocurrencia de los sucesos aquí cuestionados, pues observese  (sic)  que  el  señor  Reynaldo  Cediel. Quien manejaba una volqueta y cumplía  órdenes  del  señor  Carlos  Lozano,  refiere haber llevado un viaje de tierra  para  el  señor  Alfredo y haberlo recogido el día de los hechos a las 3:15 de  la  tarde,  agregando  que mientras llegaron al sitio donde estaba la obra de la  casa  dieron  las  4:00  o  4:15  de la tarde, aseverando que Alfredo Barrera se  quedó  allá  con  otro señor y que él se devolvió en la volqueta a las 4:15  pm.   

Por  otra  parte  Luis  Alfredo  Luna  dijo  trabajar  en  la elaboración de la casa de Alfredo Barrera, declarando que para  el  día  de los hechos Alfredo trajo tierra, estuvo en la obra y que a las 5:30  de  la  tarde  se regresó para Barichara, afirmando que entre estos dos lugares  en  carro  se  casta  de 10 a 15 minutos y caminando aproximadamente 45 minutos.  (…)   

Teniendo  en  cuenta  los dichos anteriores  miramos  que  en lo probado en el juicio no se encuentra ningún motivo o razón  para  que  la víctima haga unas imputaciones no veraces de lo acontecido, vemos  que  el  adolecente,  una vez ocurrido el hecho lo coloca en conocimiento de sus  progenitores  quienes no dudan en denunciarlos, la policía se moviliza de forma  rápida  y al poco tiempo llega al lugar en donde encuentran al sujeto activo de  la  denunciada  conducta  contraria  a  derecho,  quien  de  entrada  hace  unos  comportamientos  que  entrañan  responsabilidad  en  los mismos hechos, pues lo  primero  que  se  le  ocurre  decir es que no puede abrir la puerta, dado que no  tiene  la  llave,  con  la  ilusión  que este hecho le genere la impunidad o al  menos  credibilidad  en  su  dicho,  lo  que  a  juicio  de  esta  Sala  es  una  contradicción  y un comportamiento que deja ver responsabilidad, dado que si no  ha  ocurrido  nada  como  pretende  afirmar,  no  había necesidad de decir a la  policía  que  no  podía  abrir  la  puerta, para luego si proceder a abrirla y  buscar  una  mejor  coartada:  que  estaba  en  el  sitio  donde  desarrolla una  construcción  y  para  eso  coloca como testigos a su empleado y a un motorista  que  afirma  que  para  el momento de los hechos, el acusado estaba con ellos en  ese  lugar,  situación  que pierde credibilidad por el comportamiento realizado  por  el  acusado ante la presencia de la policía, al igual que el giro mismo de  los  hechos  nos  dice  que  él  conocía  el  gusto por  el inglés de la  víctima  y  que  fuera  en  la tarde, cuando sabía que estaba solo dado que la  propietaria  de  la  casa  estaría  en  Bucaramanga  y  le  había entregado la  llave8.   

Como  se  puede  apreciar,  solo  enunciados  vacíos  de  contenido  fueron los expuestos por la defensora, sin mencionar por  lo  menos los aportes judiciales en la apreciación probatoria de los testigos a  favor  de  su prohijado y su correspondiente desmérito, todo lo cual, entraña,  de  manera  indefectible,  graves  yerros lógico argumentativos que socaban una  sólida demanda en casación.   

Segundo:   la  libelista  en  un  mismo  texto  explicativo,  mezcló  en forma indiscriminada,  institutos  jurídicos excluyentes, los cuales deben ser revelados por separado,  puesto   que   cada  embestida  conlleva  un  razonamiento  independiente  y  al  combinarlos,  se  tornan  confusos  e  imprecisos, desapareciendo de contera, el  alcance,   validez   y  efectividad  del  cargo,  ello  identifica  la  evidente  vulneración  al  postulado  de autonomía  que  rige  el  recurso  de  casación,  al  sustentar  los  yerros  propuestos  de  falso  juicio  de  existencia  con el de falso raciocinio, en un  mismo   texto  argumentativo,  cuando  expresó,  por  ejemplo,  “la  credibilidad  que  merece  el  relato del menor dentro del cual  están   incluidos  los  reproches  por  falso  juicio  de  existencia  y  falso  raciocinio”;  en esa línea argumentativa, presentó  un  ataque, por supuesto, confuso, indefinido y ambiguo.   

Tercero: atestó el  escrito  con  diversidad  de  temáticas,  desde  luego,  con omisión grave del  adecuado   desarrollo  de  cada  una,  al  citar,  el  respeto  a  los  derechos  fundamentales  con  base  en  el  artículo  10  de la Ley 906 de 2004, pero sin  determinar  qué falencia concretamente ató o divisó de la actuación procesal  allí   consagrada;   el   debido  proceso,  el  descubrimiento  probatorio,  la  exclusión  de medios ilegales, la verdad, entre otros supuestos dejados al azar  por la recurrente.   

Cuarto:   para  corroborar  el  hipotético  falso  raciocinio  denunciado, trajo a colación su  opinión   sobre  ítems  sobre  la  razón,  la  valoración,  la  lógica,  la  experiencia,  sin desarrollar el ataque como lo tiene previsto la jurisprudencia  desde   años   atrás   e   imponiendo  criterios  alejados  de  tal  temática  extraordinaria,  en  sí,  la  Sala  viene sosteniendo que la censura mencionada  debe,       por       lo       menos,       desarrollar      las      siguientes  pautas:        

i)  Un  indicio  permite  alcanzar  la  verdad,  a  partir  del  hecho  indicador  -el  cual debe estar acreditado en el plexo  probatorio-,  el  que  a  su  turno,  mediante  el  ejercicio de un razonamiento  lógico,   se   derive   o   infiera,   la   existencia   de  otro  hecho             desconocido; por tal motivo, en principio  se  hace  indispensable  identificar,  si  el  desafuero recayó sobre la prueba  soporte   de   los   hechos  indicadores,  en dado caso, cualquier sentido dispuesto en la vía indirecta de  violación  de  la  ley,  la  constitución  o  el bloque de constitucionalidad,  estaría llamado a regular el ataque.   

ii)  Ahora,  si la  arremetida  contra  el  fallo  de  segundo  nivel,  se  sitúa  en el proceso de  construcción    del    raciocinio    o    inferencia  lógica,  por  sustracción  de  materia, son válidos  todos  los sucesos abonados y respaldados por el hecho  indicador,  en tanto, la argumentación jurídica, debe  versar  exclusivamente sobre la motivación del juzgador de cara al engranaje de  asignación  del  mérito  persuasivo, demostrando de manera clara y objetiva su  distanciamiento  de  las leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las  reglas  de  la  experiencia,  todo  lo  cual, forja un análisis integral de los  plurales  indicios  a  fin de estructurar su eventual convergencia y divergencia  con lo sopesado en instancias.   

Siendo  ello  así,  con  sólo  enunciar el  falso  raciocinio,  trabajar  algunas  ideas o resolver interrogantes, no se suple la debida argumentación ni  se  entiende  vulnerada  la  ley sustancial; además de ello, es obligación del  impugnante  constatar  que  los  medios  allegados al proceso legalmente, al ser  sopesados  por  los falladores en su exacta dimensión fáctica, le asignaron un  mérito  persuasivo  en  total  transgresión  a  los  postulados  de la lógica  (aceptados   como  tales  por  esta  disciplina  del  saber  con  exclusión  de  creaciones  individuales  con  el  fin  de  resolver  el  caso a su favor) de la  ciencia o pautas de la experiencia.    

   

Habida  consideración,  tendrá  como  meta  didáctica  el  demandante  determinar:  a)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,   b)  qué  infirió  de  él  el  juzgador,  c) cuál valor persuasivo le  fue  otorgado,  d) indicar la  regla    de   la   lógica   omitida   o   apropiada   al   caso,   e) o señalar la máxima de la experiencia  que  debió  valorarse,  con  el  objetivo  de  probar  que  el  fallo motivo de  impugnación  tuvo que ser sustancialmente opuesto: requerimientos que deben ser  desarrollados  de  manera  coherente  con  el  fin  perseguido,  siendo precario  elaborar  el libelo contestando cada uno de las interrogantes referidos, lo cual  genera  una  separada,  inane  e  insustancial forma de abordar un yerro en sede  extraordinaria,  pues  estos  traducen, más bien, el norte del núcleo esencial  del ataque.    

iii) El compromiso  intelectual  del profesional del derecho aún no se satisface con lo precedente,  debe  además,  verificar cuál es el aporte científico correcto y demostrar la  trascendencia del error, para  ello,  tendrá  que  exhibir un nuevo panorama fáctico, probatorio y jurídico,  contrario   al  declarado  en  instancias,  como  es  obvio,  dejando  de  lado,  reflexiones  individuales,  de  cara  a un ponderado y objetivo análisis de los  medios.   

Pautas  que  no fueron ni mencionadas por la  memorialista,   incluso,   dejó   por   fuera   de  este  ataque,  presupuestos  incriminatorios   de   instancia,   como   el   siguiente,   construido  por  el  juez:   

Y   campea   otro   indicio,   también  constitutivo  de  mala justificación, y es la actitud  de  Alfredo  Barrera al momento de su aprehensión, que conforme a las reglas de  la  experiencia,  si  una  persona  es  inocente de un hecho delictivo que se le  enrostra,  calle  y  no  anuncie  desde  ese  momento  las  personas con las que  supuestamente  estaba  al  momento de los hechos y en su lugar guardara absoluto  silencio,  pues  hechos  de  tanta  gravedad no pueden pasar inmutables para una  persona que no los cometió.   

Hechos    indicadores    perfectamente  demostrados  con  la  prueba señalada y valorada, que  convergen  y  coinciden  con  lo que fuera motivo de investigación y  que  nos  permite inferir que el hecho  lesivo  de  la  libertad  y  formación  sexuales  del  menor  si  existió y la  responsabilidad   penal  recae  en  Alfredo  Barrea9.    

La  magistratura conjugó las declaraciones  tanto  de  la  víctima,  su  hermana  y  de la señora  Etelvina   Figueroa   Acosta,   imprimiéndole  total  credibilidad  a  las  acusaciones directas realizadas por el menor contra el hoy  inculpado,  sin  que  frente  a  ellas, la defensora hubiese hecho algo más que  oponerse  a  la valoración de los falladores, como si se tratara de un simple y  escueto  escrito  de  libre  importe,  lo  cual,  se corrobora, con el siguiente  apartado,  materializado  en  el  fallo  del  Tribunal  Superior de San Gil:   

En  conclusión,  no hay duda para la Sala  que  el  niño en todo momento ha dicho la verdad en sus relatos, situación que  se  corrobora  dentro  del  contexto  como sucedieron los hechos, en horas de la  tarde  cuando  Alfredo  Barrera  se  encontraba  solo  en  la casa de la señora  Rosalba  Meléndez,  y  el  joven  acude  ante  el  llamado que ése hiciera por  intermedio  de  la  hermana…  para  que  a  eso  de  las  cuatro  de  la tarde  aproximadamente  se acercara a dicha residencia con el fin de recibir de mano de  éste  el libro de inglés que le había prometido el procesado, ingresando a la  casa,   situación   que   aprovecha   el   acusado  para  realizar  tocamientos  libidinosos…  situación  que  incomoda  al  menor  y  busca la forma de salir  corriendo    ante    el    primer   descuido   de   su   agresor,   hechos  que se corroboran con los testimonios vertidos en el juicio  que  refieren  las  circunstancias  previas  a  los acontecimientos, como son el  haber  mandado la razón el acusado con la hermana de la víctima para que fuera  a  recoger el libro, el llegar asustado a casa, llorando y contando lo sucedido,  por  lo que podemos afirmar que efectivamente éste fue objeto de actos sexuales  por  parte  de  Alfredo  Barrera,  a  quien  en  todas  las versiones identifica  plenamente       como       su       victimario10.   

Quinto: respecto al  falso  juicio  de  existencia  motivado  en  oposición a las reglas de casación con el falso raciocinio, solo  atinó  la  abogada a decir que lo elevaba por algunos testimonios, en especial,  el  de  Rosalba Meléndez, del  que  anunció  que  la  magistratura  se abstuvo “de  valorar  esta  intervención al omitir por completo el  escrutinio  del  contenido material de este testimonio  de   descargo…  produciendo  la  condena  que  quedó  huérfana  de  elemento  favorable       al      sentenciado”11;    sin  embargo,  el  dislate  de  la memorialista es fatal e inexcusable, pues aunado a  los  contendidos  judiciales arriba descritos y resaltados por cada funcionario,  la   declaración  citada,  fue  desechada,  una  vez,  el  juez  colegiado,  la  transliteró   y   expresó:  “la  testigo  Rosalba  Meléndez  Sarmiento, en la audiencia de juicio oral, señaló (…)”, para adelante sostener:    

Teniendo  en  cuenta los dichos anteriores  miramos  que  en lo probado en el juicio no se encuentra ningún motivo o razón  para  que  la  víctima  haga  unas  imputaciones  no  veraces de lo acontecido.   

Motivo  suficiente  para descartar de plano  cualquier  error lanzado por esta vía de ataque; sin olvidar que con base en el  principio  de  unidad de decisiones (entre fallos de primera y segunda instancia  cuando  se cohesionan sustancialmente con lo decidido) también el juez sobre la  declaración  atacada  por  falso  juicio de existencia por omisión probatorio,  expresó lo siguiente:   

Se  responde  así  a los argumentos de la  defensa,  que  en su loable labor no logró probar la inocencia de su prohijado,  menos  aún  tomar deleznable la prueba de cargo y pericial, la primera sujeta a  críticas,   pues   ni  la  declaración  de  Rosalba  Meléndez,  dueña  del  lugar  llamado Tiestesitos y  cuyo   inquilino  era  Alfredo  Barrera  lo  logra,  como  que  no  aporta  nada  contundente  para  este  respecto,  y si alguna tacha sobre el comportamiento de  los  menores  hace,  sobre  su  honestidad  en  particular, hecho que le puso en  conocimiento  al  Sr. Barrera, según ella, nos preguntamos, si estos la habían  robado,  porque  no  los denunció a la Comisaria de familia, y solo hasta ahora  saca  a  relucir  tales  hechos,  por  ello nada de lo vertido por esta testigo,  tiene  eco  para  demeritar  los  dichos  de  los  menores  (sic)  víctima y su  hermanita,  lo  que  nos  parece  es  que  trata  de  favorecerlo  sin lograr su  cometido12.   Todos   los   subrayados  fuera  de  texto.    

Quedó claro, entonces, que la declaración  de    la    señora   Rosalba   Meléndez  sí  fue  sopesada  por  los  falladores, por lo cual, se presenta  vacía de contenido la pretensión de la defensora.   

Sexto: Otro de los  postulados   del   recurso   extraordinario  de  casación  es  el  dispositivo,  bajo  cuyo entendimiento, lo  acometido  en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a su delimitación, sin que  pueda  ni  deba  hacerse,  una  readecuación de las censuras y sus fundamentos,  para   así  cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo  dictar  la  sentencia  correspondiente,  en  tales  circunstancias,  ello  concitaría  a actuar en dos  extremos  excluyentes  y  exclusivos,  donde  se  unificarían  las pretensiones  contenidas  en  el  escrito con el criterio jurídico de la Sala al enmendarlas,  perfeccionarlas   y,   desde   luego,  dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia:  con  todo,  si  se  admite  un  libelo  que  incumpla elementales  presupuestos  de  lógica y debida argumentación, no se combate ningún agravio  sino  se promueve la impugnación, usurpando facultades inherentes a las partes,  en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

No    es    que    la    “técnica”  por  sí misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra   a   solucionar   los  defectos  contenidos  en  el  libelo  –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar   a  decidir  el  problema  de  fondo:  esto  es  pues,  inconveniente  e  incorrecto,  excepto  que por vigencia de prerrogativas constitucionales así lo  determine.   

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane   y   queda  convertido  en  un  alegato  de  libre  importe  –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la  exclusiva  voluntad  de  la  demandante, más no se expone de  manera  trascendente, la afrenta a la ley, la  Constitución o al Bloque de  Constitucionalidad;  siendo  ello  así, se verifica, que la defensora presentó  alegaciones  producto  de  sus exclusivas percepciones del derecho, los hechos y  las  pruebas  contra  lo  afirmado  por los funcionarios judiciales, sin ninguna  prevalencia  en la lógica-jurídica requerida para sustentar la censura, con lo  cual  su  pretensión  se  aleja  de  la  filosofía  que  irradia  el instituto  casacional;   circunstancia  por  la  cual,  la  Corte  inadmitirá el libelo presentado a favor del inculpado  ALFREDO BARRERA.   

Así      mismo,      no  se  advierte  que  con  ocasión  a la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de  derechos  o  garantías  de  los  sentenciados, como para superar los defectos y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Por  otra  parte,  la  libelista  tiene     la     opción     de     interponer    el    mecanismo   de   insistencia   ante   los  Delegados  en  Casación,  el Magistrado disidente o aquél que no suscribió el  proveído,  dentro de los cinco días siguientes a la notificación del auto que  inadmitió  la  demanda,  con  el  objeto  de  reconsiderar  lo decidido, siendo  potestativo  del  funcionario  destinatario  optar  por  someter el caso a nuevo  escrutinio  de  la  Sala  o  rechazar  la  petición.  Si se presenta el segundo  evento,  se  informará  al interesado en un plazo de 15 días, dejando en claro  que  la  no  selección  convoca  irremediablemente a la firmeza de la sentencia  atacada,   salvo   que   prospere,   lo  cual  autoriza  citar  a  audiencia  de  sustentación.   

Con fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de ALFREDO  BARRERA,   por   las   razones   aducidas  en  la  parte  motiva  del  presente  proveído.   

Segundo:  Advertir  que  con  base  en  el  inciso  2°  del  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004 es  facultativo  del  recurrente,  interponer  el  mecanismo  de  insistencia en los  términos plasmados en el acápite final de esta determinación.   

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO                               ENRIQUE                               MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                                     JAVIER           ZAPATA   ORTIZ   

                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de  instancia  se  profirieron  el  4  de  junio  y  16  de julio de  2012.   

2 Así  lo   expuso   la   recurrente:   “Conforme  a  esta  afirmación  da  a  entender  la  Honorable  Magistrada,  que todo lo que sea en  defensa  del  procesado  adolece  de  valor  probatorio,  observándose un falso  raciocinio,  otro  de  los  componentes  del  cargo  que  se  profiere  en  esta  demanda”.   

3  Ibídem.   

4 Para  lo  cual  aludió al principio de indivisibilidad de la prueba, una vez analizó  las  declaraciones de las personas referidas, donde agregó, que son originales,  desprevenidos,      espontáneos      y     “nos  confiesan  donde  se  encontraba el señor BARRERA al  momento  de que dice el menor se cometió el hecho”,  para  concluir que la prueba “no se puede dividir en  perjuicio de quien la hace”.   

5  Luego,      abarcó     una     variedad     de     temáticas:     a)  derechos fundamentales, b)    debido   proceso,   c)     descubrimiento     probatorio,  d)   su   exclusión   y  e) la verdad.   

6  Así   mismo,   los  falladores  no  analizaron  las  declaraciones   a  favor,  que  en  opinión  de  la  defensora  “son  probos  y  su  testimonio no ha sido contradicho técnicamente  por   el   Tribunal”,  por  esto,  “la  calidad  del  testigo…  Brilla  por  su  ausencia”,  porque  eran,  desde  todo  punto  de  vista,  idóneos  para  controvertir  la  tesis  fiscal,  por  ejemplo, la hora de los hechos, por ello,  dijo  estar  convencida  de  la comisión del “falso  raciocinio  al  no valorar la contundente versión testimonial integrada por los  precedentes elementos”.   

7 Ver  folios 142 -143, carpeta No. 1.   

8 Folio  41, ibídem.   

9 Ver  folio 139, ibídem.   

10 Ver  folio 36, carpeta 2.   

11 Ver  folio 66. Carpeta 2.   

12 Ver  folio 142, carpeta 1.     

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