39904(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 382.  

          Bogotá   D.C.,   octubre   diecisiete   (17)   de   dos   mil  doce  (2012).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado JAIRO DE  JESÚS  MARÍN  CORREA contra la sentencia del Tribunal  Superior  de Medellín de fecha abril 26 del año en curso, a través de la cual  confirmó  la dictada el 17 de noviembre de 2011 por el Juzgado Noveno Penal del  Circuito  de  la misma sede que condenó al mencionado como autor de los delitos  de  falsedad  material  en  documento  público  agravado por el uso y tráfico,  fabricación y porte de arma de fuego o municiones.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  juzgador de segunda instancia de la siguiente forma:   

“El  cinco  de  abril  de  dos mil cinco,  agentes  de  la  Policía Nacional que realizaban patrullaje de rutina, sobre la  carrera  48  con la calle 43 de esta ciudad (Medellín,  se  aclara)  procedieron a requisar al señor JAIRO DE  JESÚS  MARÍN  CORREA  y  hallaron en su poder un revólver marca Llama, modelo  scorpion,  calibre  .38,  número  externo IM 962M, del cual exhibió el permiso  para  su  porte  que,  según  el  informe,  al  ser revisado por documentólogo  adscrito  a  la  SIJIN,  resultó  ser  una  reproducción  por scanner, lo cual  motivó  que el citado ciudadano fuera aprehendido y puesto a disposición de la  autoridad            judicial”.               

Por  razón  de  los  hechos  anteriores, se  dispuso  la  apertura de investigación formal, dentro de la cual fue vinculado,  mediante  diligencia  de  indagatoria, JAIRO DE JESÚS  MARÍN CORREA.   

Previa  clausura de la investigación, el 21  de  agosto  de     de 2008 la Fiscalía calificó el mérito  del  sumario  con  resolución  acusación  en contra del procesado como posible  autor  de  los  delitos de falsedad material en documento público, agravado por  el   uso,   y   tráfico,   fabricación   y   porte   de   arma   de   fuego  o  municiones.   

          La  fase  ulterior  del juicio correspondió al Juzgado Noveno Penal  del   Circuito   de  Medellín,  ante  el  cual  se  tramitaron  las  audiencias  preparatoria  y  de juzgamiento, a cuya conclusión dictó fallo de primer grado  mediante   el   cual    condenó   al   acusado  como  responsable  de los delitos de falsedad material  en  documento público, agravada por el uso, y tráfico, fabricación y porte de  arma  de  fuego  o  municiones,  a  la  pena principal de cuarenta (40) meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones   públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  principal,  negándole  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.    

          En   contra   de  la  providencia  anterior,  interpuso  recurso  de  apelación,  en  forma exclusiva, el defensor del implicado, siendo resuelto por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  pasado  26  de  abril, impartiéndole  confirmación.         

          En  desacuerdo  con la determinación de segunda instancia, el mismo  sujeto   procesal   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  sustentó  mediante  demanda,  cuya  admisibilidad  procede  a estudiar la Sala.   

LA DEMANDA  

          Un  único  cargo  formula  el  defensor del procesado en contra del  fallo  de  segundo  grado  con  fundamento  en  la  causal  primera de casación  prevista  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por violación indirecta de  la  ley  sustancial, originada en “error de hecho en  la apreciación de la prueba”   

          Comienza  por señalar el actor que en cuanto a la adulteración del  documento  no  tiene  reparo, lo que no ocurre en relación con la tipificación  del  comportamiento,  pues  advierte “la carencia de  un   análisis  razonado  y  ponderado  del  material  probatorio”.   

          En  primer  lugar,  destaca, puesto que en parte alguna del plenario  se   señala   a   su  defendido  como  autor  material  de  la  falsificación,  contándose,  únicamente, con el parte policivo en donde se indica que exhibió  el documento para llevar consigo el artefacto.   

          Por  lo  anterior,  estima que la conducta está mal adecuada, pues,  insiste,  no existe prueba que acredite los elementos que ella exige, así mismo  que  habría  pagado a un tercero para su elaboración, sin olvidar que se trata  de  una  persona  campesina,  con  poca  formación,  quien  hasta  ese  momento  adquiría  un arma, y que ni siquiera se trataba de una compra sino realmente de  un  traspaso  y  cuando  no  acudió  para  ello  ante la primera persona que se  presentara.   

          A  su  juicio,  por  tanto,  es  incomprensible que el Tribunal haya  fraccionado  la versión del procesado “dándole sí  credibilidad  en la denuncia que presentó en contra de su abogado de entonces y  ordenara   compulsar   copias   para   investigar   su   conducta”.  Todavía  peor,  añade,  cuando agravó la conducta olvidando la  previsión  el  artículo  291 del C.P. que castiga a quien usa el documento sin  haber       concurrido       a       la       falsificación,       “comportamiento  éste  que  creemos  es aquel que, en el peor de  los  casos,  quizá  ofrezca mayores posibilidades de acercarse a los hechos que  nos ocupan”.   

          Un  error  mayor,  indica,  se  configura cuando el fallador deja de  lado  que  su defendido aportó, al momento de rendir indagatoria, fotocopias de  la  cédula  de  ciudadanía,  certificado  del  DAS,  salvoconducto  original y  traspaso   a   nombre   de  Carlos  Alfonso  Betancur  Aristizábal,  quien aparece registrado en las Fuerzas  Militares  como  propietario del revólver, luego es extraño que teniendo todos  estos  documentos a mano, con los que perfectamente podía portar en forma legal  el   arma,   resultara,   sin   razón   clara  y  aparente,  con  un  documento  falso.   

          Arroja  más  duda  aún  el  hecho  de  que  la  Cuarta Brigada del  Ejército,  mediante  oficio  42435 de septiembre 15 de 2005, afirme que el arma  incautada  es  de  propiedad  precisamente  de Carlos  Alfonso  Betancur  Aristizábal, a quien le expidió el  porte  786413,  como lo confirma en el oficio 103676 de enero 17 de 2007; pese a  lo  cual,  en el oficio 007628 indica que el propietario es su prohijado, según  el nuevo sistema nacional de armas.   

          Así  las  cosas,  agrega,  se trató de un error de digitación que  pudo  cambiar  la información “máxime que ésta no  fue   verificada   directamente   en  esas  dependencias,  por  lo  que  resulta  perfectamente  plausible  que  pudo haber un equívoco en el registro en torno a  quien  fue  primero  propietario  del  arma:  si  el ahora castigado o el señor  Betancur Aristizábal”.   

          De  allí  que,  asegura, su defendido mal pudo haber sido juzgado y  condenado  por la hipótesis delictiva señalada en el fallo, pues, “su   comportamiento,   en  el  peor  de  los  casos,  se  debió  considerar  como una falsedad para obtener prueba de hecho verdadero, atendiendo  lo    indicado    en    el    artículo    295   del   C.   Penal”.   

          Además,  el  porte del arma resultaría atípico, no sólo conforme  a  lo expuesto, “sino que se trataría sencillamente  de  una  situación  administrativa que conllevaría la imposición de una multa  por   parte   de  un  organismo  de  la  Fuerza  Pública,  de  acuerdo  con  el  procedimiento      indicado      en      el     Dcto.     2535/93”.   

         

          Al  haber,  por  consiguiente, “un error  en  la adecuación típica de la conducta, ya que no se pudo probar en términos  del  art.  232  C.P.P. que efectivamente el señor JAIRO DE JESÚS MARÍN CORREA  hubiese  adulterado  el  documento       -licencia  para  el  porte  del arma- el fallo debió ser simplemente absolutorio como así  se  está solicitando ahora”, términos en los cuales  depreca su casación.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Resulta  indudable  que  el  único reproche contenido en la demanda  objeto  de  examen  desconoce  las exigencias de lógica y debida argumentación  que   regulan  este  extraordinario  recurso,  lo  cual  impone  su  consecuente  inadmisión.   

De  conformidad  con  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, la demanda de casación deberá contener  “La enunciación de la causal y la formulación del  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante  estime infringidas”.  Así mismo, en  el  siguiente numeral de la misma preceptiva, también se exige que “si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos  separados”  y  que  “es  permitido       formular       cargos      excluyentes      de      manera   subsidiaria”.     

Pues  bien,  en  el  caso  de  la especie es  indiscutible  que  la  propuesta  del casacionista no se presenta de acuerdo con  los  presupuestos  que  vienen  de  verse y que, por tanto, se ha de proceder de  conformidad   con   la  consecuencia  procesal  prevista  en  el  artículo  213  ibídem.   

En  tal  sentido,  confluyen  las siguientes  razones:   

En primer lugar, porque del texto del reparo  no  aflora   con  la indispensable claridad y precisión la pretensión del  libelista,  falencia  relacionada  con  la  deficiente  determinación de la ley  sustancial  supuestamente  vulnerada  y  el  sentido  de su violación (falta de  aplicación o aplicación indebida).   

Ciertamente,  en  algunos apartes del único  reparo  el  actor  clama  por  la  atipicidad de la conducta, en tanto, dice, no  están  demostrados  los  elementos del delito de falsedad material en documento  público,  agravada  por el uso, por el cual fue condenado su asistido, pero, de  otro  lado,  aduce que su comportamiento se adecua típicamente en otra conducta  punible,  como  lo  es la sancionada en el artículo 295 del Código Penal, bajo  la  denominación de falsedad para obtener prueba de hecho verdadero, propuestas  claramente  antagónicas  y  excluyentes,  pues en el primer caso demandaría la  absolución  de  su  defendido,  como  a  la  postre  así  lo solicita y, en el  segundo,   una   errónea   calificación,   incompatible   con   esa  petición  final.   

En segundo lugar, dado que en su disertación  el  actor no se allana a la naturaleza de ninguna de las modalidades de error de  hecho  en  la  apreciación  probatoria  existentes  ni, lo que es más grave, a  ninguno de los yerros demandables en esta sede.   

Ciertamente,  recuérdese  cómo, de acuerdo  con  la  jurisprudencia pacífica e inveterada de esta Sala, el pretextado error  de  hecho  en  la valoración probatoria se configura por los denominados falsos  juicios  de  existencia,  identidad  y raciocinio, sobre cuya esencia y forma de  ataque   ante   esta   sede   extraordinaria  es  preciso  tener  en  cuenta  lo  siguiente:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de prueba es excluido de la valoración efectuada  por  el  juzgador  no  obstante  haber  sido allegado al proceso en forma legal,  regular  y  oportuna  (ignorancia  u  omisión)  o  porque lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El  falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente.  También se ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como si fuera  el  todo, en tanto ello constituye una forma de distorsión, pues, en su proceso  de  valoración,  se  le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera  su apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido, debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  ha  de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

–  La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual  se presenta cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

El  demandante,  lejos  de  desarrollar  un  cuestionamiento  acorde con las directrices indicadas, lisa y llanamente procede  a  exponer  su  visión  personal sobre cómo ha debido valorase, forma  de  abordar  la censura que no tiene cabida en esta sede extraordinaria por no estar  concebida  como una tercera instancia y porque tampoco logra desvirtuar la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  gobierna  al fallo, para lo cual es  preciso  demostrar,  de  acuerdo con la causal de casación seleccionada, yerros  trascendentes  en  la  apreciación  de  las  pruebas  con  incidencia en la ley  sustancial.   

En  tercer  lugar,  se  aúna a los defectos  señalados  la  falta  de trascendencia de su prédica si en cuenta se tiene que  la  misma argumentación, incluso casi idéntica en su literalidad, se presentó  para  sustentar  el  recurso  de  apelación  que  interpuso  contra el fallo de  primera  instancia  y  sobre  la  cual, obviamente, se pronunció el Tribunal, a  pesar   de   lo   cual   ningún   ejercicio   discursivo   despliega  ahora  el  actor.   

Así,  por  ejemplo,  frente  al reclamo que  también  expuso  orientado a que no obraba prueba en el plenario para sustentar  la  responsabilidad  de  su defendido en lo referente a la conducta contra la Fe  Pública,      el     ad     quem     reexamina        la        prueba1  advirtiendo  que se cuenta en  tal  sentido  con  el dictamen 2214 de abril 5 de 2005, y con el cotejo objetivo  entre  el  salvoconducto  espurio  y  las constancias expedidas por los jefes de  control  de  armas  y  del  Departamento  Administrativo  del Comando General en  Bogotá,  de  donde  “se  infiere adicionalmente un  contenido  contrario  a la realidad”, en concordancia  con  el medio utilizado para la falsificación del primero (escaneo), lo cual le  permitió concluir:   

“El  documento  ratifica  que  el  arma  ‘pertenece’  al señor Carlos Alfonso Betancur y  con  permiso  vencido  desde el 30 de enero de 2005, y no al acusado, que con la  expresión               ‘pertenecía’  da  a  entender  que antes de este último había sido inscrito como propietario  del  artefacto  en cuestión. Pero para el día de los  hecho,      no”2          (subraya fuera de texto).   

Argumento  del  Tribunal  que,  a  la  par,  también  le  sirvió  para  descartar  la  adecuación  típica en el delito de  falsedad  para  obtener  prueba  de  hecho  verdadero,  pero  que en virtud a su  actitud  consistente en repetir en el libelo lo expuesto en la apelación, queda  sin   controversia   en   esta  sede,  en  perjuicio  de  la  trascendencia  del  reparo.   

El  fallador  de  segunda instancia, de otra  parte,   también  ponderó  las  declaraciones del acusado en su injurada,  concluyendo   que   su  contenido  desmiente  las  aseveraciones  del  defensor,  demostrando,    del    mismo    modo,    su    proceder    doloso   “pues  el  documento  fue expedido a su favor y con su personal y  directa  contribución,  lo  que permite confirmar la responsabilidad penal, que  como  se  sabe  se predica por igual al que falsifique materialmente como al que  determine    a    otro    a   su   realización”3.      

Los  defectos  señalados del libelo impiden  extraer  “de  forma  clara y precisa”,  además de deficientemente argumentada,  los  fundamentos  de  la causal y del cargo invocados,  por  lo  cual,  como  se  indicó  desde el comienzo, la decisión que se ofrece  razonable   es   la  de  inadmitirlo.   Además,  porque  el  principio  de  limitación   que  regenta  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  cuya  regulación  se encuentra en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, impide a la  Corte subsanar las incorrecciones anotadas.   

          Lo  anterior  constituye razón suficiente para inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  sindicado  JAIRO  DE  JESÚS MARÍN CORREA y devolver  el  expediente al despacho de origen, como lo indica el mencionado artículo 213  ibídem.   Adicionalmente,  porque  no  se  advierte que se haya incurrido en violación de  garantías   fundamentales   que   reclame   la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado JAIRO DE  JESÚS  MARÍN  CORREA, por las razones consignadas en  la anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ        LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.             SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  A  partir de la pág. 9 del fallo de segunda instancia.    

2  Pág.            11            ibídem.   

3  Pág.            13            ibídem.     

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