39690(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 060  

Bogotá  D.C.,  febrero veintisiete (27) de  dos mil trece (2013)   

VISTOS  

Emprende  la  Corte  la constatación de las  exigencias   de   censura  lógica  y  suficiente  acreditación  en  el  libelo  casacional    presentado    por    el    defensor   del   acusado   ARTURO  IGNACIO RODRÍGUEZ MENDOZA, contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  1º  de  febrero de 2011, confirmatoria de la dictada el 15 de marzo de 2010  por  el  Juzgado Cincuenta y Seis Penal del Circuito de Descongestión OIT de la  misma   ciudad,   por   cuyo   medio   lo   condenó,   junto  con  Alirio   Tellez   Quiroga,  como  coautor  penalmente responsable del delito de concusión.   

HECHOS  

          Los  sucesos motivo de este averiguatorio fueron sintetizados por el  a  quo en el fallo de primer  grado, así:   

“El   15  de  septiembre  de  2003,  JAIME  ARTURO  SOTO DUQUE fue abordado en el centro de la  ciudad  por tres sujetos, uno de ellos vestía uniforme de policía y le dijeron  que  tenían una orden de captura en su contra, lo subieron a una camioneta y lo  trasladaron  cerca  a  la estación de policía del barrio Restrepo, en donde le  exigieron  la  suma  de  $100.000.000.oo  para  no  hacer  efectiva  la orden de  captura.  Luego  de  llegar  a  un  acuerdo,  SOTO  DUQUE  les  hizo  entrega de  $2.500.000.oo  para  quedar  en libertad. La denuncia fue presentada porque SOTO  DUQUE  volvió  a  ser  capturado  el  19  de septiembre y allí expresó que no  podían  retenerlo  nuevamente  porque ya había arreglado su situación con los  agentes  que  lo capturaron el 15 de septiembre, los cuales fueron identificados  como   ALIRIO   TELLEZ   y   ARTURO   IGNACIO   RODRÍGUEZ   MENDOZA”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Inicialmente  el  Juzgado  Ciento Cuarenta y  Nueve  de  Instrucción  Penal  Militar  del Departamento de Policía Tequendama  declaró   abierta   la   investigación,   entre   otros,  contra  ARTURO   IGNACIO  RODRÍGUEZ  MENDOZA,  a  quien  luego  de  escuchar  en  indagatoria  impuso  medida  de aseguramiento de  detención  preventiva.  Impugnada  dicha  determinación,  el Tribunal Superior  Militar  se  abstuvo  de  resolver  el  recurso  y  remitió  la actuación a la  jurisdicción ordinaria.   

          Mediante  proveído  del  24  de  septiembre  de  2004  la Unidad de  Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal  de  Bogotá  desató  la  apelación  interpuesta confirmando la decisión de primer grado.   

Una  vez  la  Fiscalía Seccional de Bogotá  clausuró   la  investigación,  calificó  el  mérito  del  sumario  el  8  de  septiembre  de  2006  con  resolución  de  acusación  en contra de   RODRÍGUEZ   MENDOZA,  como  probable  coautor  del  delito  de concusión. Mediante providencia del 17 de noviembre de  2006    se   declaró   desierta   la   impugnación   interpuesta   contra   la  calificación.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Cincuenta  y Cuatro Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una  vez  realizada  la  audiencia  pública remitió la actuación a su homólogo el  Juzgado  Cincuenta y Seis de Descongestión OIT (Acuerdo 6093 del 14 de julio de  2009  emitido por el Consejo Superior de la Judicatura), el cual profirió fallo  el   15   de   marzo   de   2010,   por   cuyo  medio  condenó  a  ARTURO  IGNACIO  RODRÍGUEZ  MENDOZA a las  penas  principales  de  ochenta  (80)  meses de prisión, multa por sesenta (60)  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por ocho (8) años, como coautor del delito por  el cual fue acusado.   

          En  la  citada decisión le fue negada al procesado tanto la condena  de  ejecución  condicional,  como  la  prisión  domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  de  Bogotá  la  confirmó  mediante fallo del 1º de febrero de 2011,  contra  el  cual  el  defensor  de  RODRÍGUEZ MENDOZA  interpuso recurso de casación y allegó oportunamente  el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

          El  casacionista  formula  cuatro  censuras  que  desarrolla  en los  siguientes términos:   

1.            Primer cargo: Nulidad por violación del  debido proceso   

          Al  amparo  de  la  causal tercera de casación, el recurrente aduce  que  se  violó  el derecho al debido proceso de su patrocinado, toda vez que el  Tribunal   “trasgredió  los  artículo  (sic)  29  y  250  de  la Constitución  Nacional,   inaplicó   los   artículos   20   (investigación  integral),  234  (imparcialidad  del  funcionario  en  la  búsqueda  de  la prueba), 338 último  inciso   (formalidades   de   la   indagatoria),  9  (actuación  procesal),  13  (contradicción)  y  aplicó  indebidamente el articulo  235  (rechazo  de  pruebas)  todos  de  la Ley 600 de  2000”.   

          Luego  de  trascribir  jurisprudencia  sobre el particular, el actor  manifiesta  que  “el fundamento del presente cargo,  tiene  su génesis, en que en la audiencia preparatoria el juez de conocimiento,  rechazó  la  práctica  de  la  única prueba que había sido solicitada por la  defensa,  como  era  la práctica de una inspección judicial consistente en que  con  un  vehículo de similares características a las referidas en la denuncia,  se  iniciara  un  desplazamiento  iniciando  desde  la estación de policía del  barrio  Restrepo  ubicada  al  sur  de  la  ciudad,  a  las  13:30 horas (tiempo  demostrado  en  el  proceso,  que  fue  la  hora  hasta  la  cual  laboraron los  policiales),  hasta el establecimiento comercial café Internet de propiedad del  denunciante,  ubicado  en la carrera 5 con calle 12, barrio La Candelaria centro  de  la  ciudad, y luego de esperar allí unos cinco minutos (como lo declaró la  esposa  del  denunciante),  se  iniciara nuevamente el regreso a la estación de  policía  del  barrio  Restrepo.  El  objeto de la práctica de dicha prueba, se  dijo  en  la  solicitud,  era demostrar la imposibilidad física y lógica en el  espacio  y  tiempo,  para  que  los policiales procesados se hubiesen trasladado  desde  el  sitio  de su trabajo, hasta hacer presencia en el centro de la ciudad  (…)  era  imposible  conforme  a las reglas de la lógica y la física que los  policiales  se ubicaron o pudieran estar en el centro de la ciudad, porque JAIME  SOTO     ya     se     encontraba     en    el    barrio    Restrepo”.   

          De   otra   parte   afirma   que   el  ad  quem  incurrió  en un error de hecho por falso juicio  de  existencia  por suposición al considerar que la distancia entre los barrios  Restrepo  y  Candelaria  es corta, “cuando lo cierto  es   que   dicha   prueba   no   existe   en  el  acervo  probatorio”.   

Advera  que  se  imposibilitó  a la defensa  verificar  las  citas  del  indagado,  esto  es,  que la captura de Jaime  Soto se produjo en inmediaciones de  la  estación  de  policía  del  barrio  Restrepo,  luego  de  que los acusados  terminaron sus labores y se disponían a ir a almorzar.   

Considera  que  con la prueba cuya práctica  fue  negada, se desvirtúan los testimonios de cargo, motivo por el cual depreca  la  casación  del  fallo,  en el sentido de declarar la nulidad de lo actuado a  partir de la audiencia preparatoria.   

          2.        Segundo      cargo:      Violación      indirecta     por     falso  raciocinio   

Bajo  la  égida  de  la  causal  primera de  casación,  cuerpo  segundo, el defensor manifiesta que el Tribunal incurrió en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio respecto de la inferencia lógica de la  prueba  indiciaria,  de modo que violó los artículos 284, 287, 238 y 232 de la  Ley 600 de 2000.   

          Después   de   citar   jurisprudencia  y  doctrina  sobre  el  tema  anunciado,  el  casacionista afirma que en el record de llamadas del celular que  portaba  el  día  de los hechos el denunciante, se advierte que a partir de las  13:35  “la ruta entrante es desde la zona del barrio  Restrepo  y  se  hicieron  llamadas hasta las 15:03”;  “el   juez   ad   quem   tuvo  la  oportunidad  de  pronunciarse  sobre  el  hecho  indicador  referido, luego que la defensa, en la  apelación  de  la  sentencia de primera instancia, le señalara que el a quo no  tuvo  en  cuenta  dicho  medio  legal  de  prueba indiciaria, el mismo que fuera  utilizado   e   inmerso   como   prueba  de  cargo  para  dictar  la  medida  de  aseguramiento,  y  posteriormente  también  fue  tomado  como prueba de cargo y  también  inmerso  en  la primera resolución de acusación, pieza procesal a la  cual  le  fue  dictada  la  nulidad y el proceso pasó de la jurisdicción penal  militar   a   la   jurisdicción  ordinaria  y  posteriormente  al  ser  eregida  (sic)  nueva resolución de  acusación  la  fiscalía, el medio de prueba indiciario que aquí referimos fue  desechado,     excluido,     sin    explicación    de    los    criterios    de  eliminación”.   

          También  dice  que  el  referido  hecho indicador fue apreciado con  “atropello   de   los   principios   de   la  sana  crítica”,   en   especial  de  la  “lógica   del   razonamiento   y   las  reglas  de  la  experiencia  común”,   pues  se  concluye  que  “el  señor  SOTO  se  encontraba  a  la  1:35  p.m.  en  el  barrio  Restrepo”,  y que antes tampoco estaba en su negocio  de internet, de donde dijo falsamente lo sacaron los policías.   

          Plantea  el  defensor  que  se  encuentra demeritado el valor de los  testimonios  de  cargo, pues los hechos no ocurrieron como fueron declarados, en  cuanto  el  denunciante  fue  capturado  cerca  de  la estación de policía del  barrio  Restrepo,  cuando  los  acusados  se  disponían  a  almorzar, según lo  expusieron en sus injuradas.   

A  partir  de  lo  anterior,  el  recurrente  solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo,  para  en  su  lugar  dictar  sentencia  absolutoria a favor de su representado.   

          3.        Tercer   cargo:              Falso  raciocinio  respeto de la apreciación de  una declaración   

Asevera  el  recurrente  que  los falladores  erraron  en  la  apreciación  de  la  declaración  rendida  ante  notario  por  Jorge  Armando Acero Acosta,  cuyo  texto  transcribe,  pues se violaron las reglas de la lógica y el sentido  común,  amén de que reveló la verdadera personalidad del denunciante como una  persona experta en defraudar entidades bancarias.   

          Precisa  que  conforme  a  las  reglas  de la experiencia por ser el  declarante  informante, actúa en forma encubierta, y por ello no dio noticia de  la  presencia  de  Soto en la  zona,   sino  que  le  puso  una  cita  para  provocar  su  captura,  situación  corroborada  mediante  declaración  por Marcos Pérez  Banquez,  Coordinador  Nacional  del  Departamento  de  Seguridad del Banco Davivienda.   

          Concluye  el  actor  que  se encuentra acreditado que la captura del  denunciante  ocurrió  en  las  cercanías a la estación de policía del barrio  Restrepo,   por  señalamiento  que  efectuara  Jaime  Acero,  todo  lo  cual  desvirtúa  los testimonios de  cargo.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el  defensor  reclama la casación del  fallo, para en su reemplazo dictar sentencia absolutoria.   

4.            Cuarto  cargo:          Falso raciocinio respeto de  la apreciación de una declaración   

          El   demandante  refiere  que  los  sentenciadores  acudieron  a  la  “falacia  de  petición  de  principio,   a la  falacia  non  sequitur  y  a  la  razón  suficiente, en tanto el a quo vulneró  reglas  de  la experiencia para dar por supuesta la responsabilidad penal de los  policiales  procesados,  afirmando que la prueba ofrece certeza a través de los  errores  que se reprochan por desconocimiento de las reglas de la sana crítica,  vinculadas      con      la     lógica     y     la     experiencia”.   

          Entonces  manifiesta  que  el  agente  de  policía  que capturó al  denunciante  en  la segunda ocasión, determinó que éste se declarara víctima  de  otras  autoridades,  quienes  le  pidieron  dinero para no hacer efectiva su  captura.   

En  apoyo  de su postura cita doctrina sobre  interrogatorios  y  preguntas  que  pueden  conducir  a una persona a alterar la  verdad,  de manera que “el denunciante JAIME SOTO en  su  testimonio  transmitió  al  despacho  instructor,  de  manera  fehaciente y  textual,  con  las  circunstancias de tiempo y modo, lo que a él previamente le  ‘informó’     el     Sargento    RODRÍGUEZ  RODRÍGUEZ”,   esto   es,   que  a  través  de  la  interceptación  de  su  teléfono  sabía  que  unos  agentes de la policía lo  había extorsionado unos días atrás.   

          Resalta         que         el         Sargento         Rodríguez    insistió    para    que  Soto  denunciara los hechos  de  los  cuales  dijo  ser  víctima,  de  modo  que lo determinó, amén de que  después  el  denunciante  creó  los detalles del embuste, pues “JAIME  SOTO  estaba  obligado  a  informar la causa por la cual fue  puesto  en  libertad  por  los  policiales  procesados  y por supuesto no estaba  obligado  a  autoincriminarse  y  sencillamente  utilizó la versión que le fue  determinada”.   

          Con  fundamento  en  lo  anotado,  el  impugnante  considera  que la  denuncia  corresponde  a  una  falacia,  suficiente para que se case el fallo de  condena y se absuelva a su asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene sentado la Colegiatura que en el examen  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales le corresponde constatar que los  recurrentes  formulen  los reparos conforme a los requisitos de crítica lógica  y  sustentación  suficiente  definidos por el legislador y desarrollados por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se  orientan a conseguir demandas enmarcadas dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto resulten inteligibles por ser precisos y claros, pues no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de  acuerdo  con  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

En   cuanto   atañe   a  la  primera  censura,  como el actor invoca la  causal  tercera  de  casación  reglada  en  la  Ley  600  de 2000 en procura de  conseguir  la  invalidación del diligenciamiento, debía señalar claramente la  especie  de  incorrección  sustantiva que determina la nulidad, los fundamentos  fácticos  y  las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la indicación de los  motivos  de  su  quebranto. También era de su resorte especificar el límite de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la cobertura de  la  invalidación,  demostrar  que  procesalmente  no  existe  manera diversa de  restaurar  el derecho afectado y, lo más importante, acreditar que la anomalía  denunciada  tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado (principio de trascendencia), pues  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

Efectuadas las anteriores precisiones, puede  verificarse   que   al   reclamar  la  invalidación  del  diligenciamiento  por  violación  del debido proceso, para lo cual denuncia el quebranto del principio  de  investigación integral, era su deber no únicamente relacionar expresamente  las  pruebas  supuestamente  omitidas,  sino  señalar  su  fuente, conducencia,  pertinencia  y  utilidad, además de su incidencia favorable en los intereses de  la  persona  acusada  frente a las conclusiones del fallo, en cuanto la omisión  de  diligencias inconducentes, dilatorias, inútiles o superfluas, no constituye  menoscabo del derecho a la defensa, labor que no emprendió.   

Adicionalmente,  era necesario demostrar que  las  pruebas  echadas  de  menos,  al  ser  cotejadas  con el acervo probatorio,  varían  sustancialmente  las  conclusiones  de  los  falladores,  así  como el  sentido  de la sentencia, razón por la cual resulta imprescindible invalidar la  actuación  a  fin  de  allegarlas  y  contar  con la posibilidad de valorarlas,  actividad que tampoco acometió.   

En  efecto,  pese  a  insistir  en que no se  decretó  la  práctica  de  una  prueba  referida a efectuar en un vehículo el  recorrido  supuestamente  realizado  el  día  de  los  hechos  por parte de los  policías,  no  consigue demostrar de qué manera a partir de tal corroboración  podía   desvirtuarse  la  petición  dineraria  de  la  cual  fue  víctima  el  denunciante  por  parte  de los acusados, es decir, no se detiene a explicar por  qué  razón,  más allá de los precisos tiempos que reclama en el relato de la  víctima,  así  como  de los testigos y los procesados, no tuvo lugar el delito  de concusión investigado.   

          Ahora,   en   cuanto   aduce  que  el  ad  quem  incurrió  en un error de hecho por falso juicio  de  existencia  por suposición al considerar que la distancia entre los barrios  Restrepo  y  Candelaria es corta, es evidente que ingresa en el discurrir propio  de  la  causal primera de casación, cuerpo segundo, por violación indirecta de  la  ley  sustancial,  de  modo  que  falta  al  deber  de  claridad y precisión  inherente a esta impugnación extraordinaria.   

Tampoco  atina a demostrar de qué manera al  practicarse  la prueba echada de menos, el resultado del fallo sería diverso, y  no  procede  a  señalar  la  forma  en  que se produjo la violación del debido  proceso,   esto   es,   cómo  fueron  socavadas  las  bases  y  estructura  del  trámite.   

          Las   razones  expuestas  resultan  suficientes  para  inadmitir  el  reparo.   

Con  relación  a  las  otras  censuras,  en  conjunto  se  advierte  que  el defensor propone tres falsos raciocinios, cargos  respecto  de  los cuales se echa de menos un criterio específico de selección,  así  como  su falta de articulación, circunstancia por la cual cada uno de los  reparos  carece  de  aptitud  suficiente  para  de  manera  insular  derruir  la  presunción  de  acierto  y legalidad del fallo, dado que, en caso de prosperar,  subsistirían  otros  soportes  de  la  decisión  atacada  que  la mantendrían  incólume,  situación  que  denota  la autónoma intrascendencia de los cargos,  como  que debieron ser propuestos de manera conjunta y sin dejar apartes capaces  de cimentar las conclusiones de la providencia.   

En  tal caso, correspondía al recurrente no  proponer  varios  cargos  independientes, sino un único reproche con fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, esto es, por violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de errores por falsos raciocinios, es  decir,  por  yerros  de  hecho  en  punto de la apreciación de las pruebas, los  cuales   confluyen,   en  su  criterio,  en  el  quebranto  mediato  de  la  ley  sustancial.   

         Es  frecuente que se confundan los cargos,  reparos,    reproches   o  censuras  con  los  errores  o    yerros      y,      por     ejemplo,     se     propongan     –   como  en  este  caso  –   varios   reparos   por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, cada uno fundado en un yerro propio de dicha  causal  y  todos  en  procura  del mismo cometido, sin tener en cuenta que de no  formularlos   en  forma  articulada  y  conjunta,  individualmente  considerados  carecen  de  aptitud  suficiente  para  de manera insular derruir el fallo, dado  que,  en caso de prosperar, subsistirían otros soportes de la decisión atacada  que  la  mantendrían  indemne,  circunstancia que denota intrascendencia de los  cargos1     y     falta     de     técnica2.   

Advierte la Sala que en el rito casacional es  posible  plantear  varios  errores  de  igual o diversa naturaleza dentro de una  censura  o  cargo, siempre que entre ellos no haya contradicción. Así pues, no  podría  invocarse  simultáneamente  dentro  de un reproche, un falso juicio de  existencia  por  omisión  de determinado medio probatorio, y a la par, respecto  de  esa  misma  prueba  postular un falso juicio de identidad por cercenamiento,  pues  o  el  medio  de convicción fue marginado, o fue mutilado, circunstancias  sustancialmente diversas y excluyentes.   

También  resulta contrario a la técnica de  este  recurso  extraordinario  que  dentro  del  mismo  cargo se invoquen varias  causales            de           casación3,  como cuando sincrónicamente  se  denuncia la violación directa e indirecta de la ley sustancial, pues en tal  caso   se   quebranta   el  principio  de  autonomía  de  las  causales,   

según  el  cual,  a  cada  una  de  ellas  corresponde  un  objeto  y  un  discurso  que les son propios, máxime cuando la  primera   tiene   por   objeto   una   problemática   exclusivamente  jurídico  – conceptual, mientras que  la    segunda    se    perfila   hacia   la   indebida   ponderación   de   las  pruebas.   

Es  oportuno  señalar  que  con base en una  misma   causal   pueden   edificarse   varios  cargos,  como  cuando  ellos  son  excluyentes,  cada  uno  sustentado  en  uno  o más errores no contradictorios.  Piénsese  en  quien invoca dos reproches, ambos bajo la égida de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial;  el primero, sustentado en errores por falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio  respecto  de  la  misma prueba para  deprecar  la  declaración  de inocencia del procesado, y el segundo, apoyado en  sendos  falsos juicios de existencia sobre dos medios probatorios, en procura de  conseguir  el  reconocimiento  de  un  estado  de  ira e intenso dolor. En estas  hipótesis,  aunque las pretensiones son sustancialmente excluyentes (una en pro  de  la  declaración  de  inocencia,  la  otra en busca de la disminución de la  pena),  procede  de  manera adecuada el actor al proponerlas de manera separada,  en   diversos   cargos   y   colocando  a  la  segunda  como  sucedánea  de  la  primera.   

Efectuadas  las  anteriores  precisiones, es  claro  que  el  demandante  se  sustrae  de  las  exigencias  para acudir a este  mecanismo  de  impugnación  extraordinaria,  pues  en  punto de la segunda  censura  no  señala el principio  lógico,  la  regla  de  la  experiencia o el postulado científico que resultó  quebrantado,  omisión  que  le impide apreciar las pruebas en conjunto a fin de  acreditar  que  el  sentido  de  la decisión debe ser sustancialmente diverso y  favorable a los intereses de su representado.   

En  efecto,  pese  a  señalar  que el yerro  recayó  sobre  la  inferencia  lógica de la prueba indiciaria, no se detiene a  señalar  cómo  se produjo tal quebranto, pues se limita a decir una y otra vez  que  el  denunciante  no se encontraba en su establecimiento de comercio para la  hora  en  que  se  dijo  fue  objeto  de captura por parte de los miembros de la  policía,  sin que precise de qué forma tal planteamiento descarta la solicitud  de   dinero   en   abuso   de   las   funciones   públicas   para   eludir   la  aprehensión.   

Adicionalmente,  el desarrollo del reparo es  confuso  al  adverar  que  “el juez ad quem tuvo la  oportunidad  de  pronunciarse  sobre  el  hecho indicador referido, luego que la  defensa,  en  la  apelación  de la sentencia de primera instancia, le señalara  que  el a quo no tuvo en cuenta dicho medio legal de prueba indiciaria, el mismo  que  fuera  utilizado  e  inmerso  como prueba de cargo para dictar la medida de  aseguramiento,  y  posteriormente  también  fue  tomado  como prueba de cargo y  también  inmerso  en  la primera resolución de acusación, pieza procesal a la  cual  le  fue  dictada  la  nulidad y el proceso pasó de la jurisdicción penal  militar   a   la   jurisdicción  ordinaria  y  posteriormente  al  ser  eregida  (sic)  nueva resolución de  acusación  la  fiscalía, el medio de prueba indiciario que aquí referimos fue  desechado,     excluido,     sin    explicación    de    los    criterios    de  eliminación”.   

Además,   si   bien  el  actor  considera  vulnerados  indirectamente  los  artículos 284, 287, 238 y 232 de la Ley 600 de  2000,  encuentra  la  Sala  que  dichos  preceptos  no  tienen  la condición de  sustanciales,  en cuanto no definen conductas delictivas o hacen referencia a la  punibilidad  o  a  la responsabilidad, sino que sólo tienen la virtud de servir  como  medio  o  instrumento  para  arribar  a  los  fines  de  las disposiciones  sustantivas,  falencia  que  se  desentiende  de  la  preceptiva contenida en el  numeral  1º  del  artículo  207  de  la referida normativa procesal, según la  cual,  la casación procede “cuando la sentencia sea  violatoria     de     una    norma    de    derecho  sustancial”   (subrayas  fuera  de  texto),  cuya cita resulta inexcusable (numeral 3º del artículo 212  ejusdem),  razón  de  más  para  advertir  incorrecciones lógicas y de fundamentación en la presentación  del cargo.   

Ahora,  en  cuanto  atañe  al  tercer  reparo, una vez más el demandante  focaliza  su  labor  en  orden  a  demeritar  la  valía  de  lo expuesto por el  denunciante,  sin  señalar  las  reglas  de  la  lógica  y  el  sentido común  desatendidas   al  ser  ponderada  la  declaración  rendida  ante  notario  por  Jorge  Armando Acero Acosta,  amén  que avala una cadena de sucesos indemostrados sobre la actividad de dicho  ciudadano   como  presunto  informante  encubierto  de  las  autoridades  de  la  policía,  sin  acreditar  que  no  medió la petición económica por parte del  acusado.   

          Finalmente,    respecto    del    cuarto  cargo  advierte sin dificultad la Sala que el defensor  deja  volar su imaginación para intentar demostrar sin éxito y con expresiones  grandilocuentes  pero  imprecisas y carentes de demostración, que los policías  que   capturaron   en   la   segunda  ocasión  al  denunciante  “lo  determinaron”  a mentir respecto de  la  primera  aprehensión,  en  cuyo  marco  le  fue  solicitado  dinero  por el  procesado.   

          Palmario  resulta que una tal argumentación se sustrae por completo  de  las  reglas  de  acreditación  inherentes  al  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  cual acontece cuando las pruebas son tenidas en cuenta, pero en  su  valoración los funcionarios quebrantan las reglas de la sana crítica, esto  es,  los  principios de la lógica, las leyes de la ciencia y las máximas de la  experiencia;   en   tal  caso,  es  deber  del  recurrente  expresar  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar la trascendencia del yerro  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar que su enmienda da lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder  que  en  este  asunto  no  emprendió el demandante, quien orientó su  esfuerzo  a  plantear una insostenible argumentación en punto de quitar valor a  lo expuesto por la víctima del delito.   

Esa  forma  de  discurrir en forma ambigua e  imprecisa  se  desentiende  de lo exigido en el numeral 3º del artículo 212 de  la  Ley  600  de  2000,  al  señalar  que la demanda de casación debe contener  “la  enunciación  de la  causal  y  la  formulación  del  cargo, indicando  en  forma  clara y precisa sus  fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante  estima infringidas” (subrayas fuera de texto).   

Como viene de verse, es claro que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se encuentra  revestido  el fallo, el casacionista únicamente procedió a denunciar supuestas  incorrecciones  o  a  exponer  su  particular  ponderación probatoria, pero sin  detenerse  a  observar  las  reglas  propias  de  este  medio de impugnación de  naturaleza  extraordinaria, cuando no, a desentenderse de otros medios de prueba  que dan pábulo al fallo objeto de sus censuras.   

Las   citadas  falencias  imposibilitan a la Sala acometer el estudio del libelo, pues si éste  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación con base en  asertos  inexplicados  y  sin  atenerse  a  alguna  de  las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a  la Corporación a inadmitirlo de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, pues en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se encuentra facultada para enmendar los errores del actor.   

         Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación  de  derechos o garantías, como para que tal circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el  legislador  a  la  Corte  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   por             el   defensor  del  procesado   ARTURO  IGNACIO  RODRÍGUEZ MANDOZA, por las razones expuestas  en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Auto del 9 de noviembre de 2009. Rad. 32244.   

2 Cfr.  Sentencia del 26 de enero de 2011. Rad. 31021.   

3 Cfr.  Auto del 3 de diciembre de 2009. Rad. 32984.     

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