39681(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  39.681   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

Eyder Patiño Cabrera  

APROBADO ACTA No. 419-  

Bogotá,  D.  C., once (11) de diciembre de  dos mil trece (2013)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide la Corte si es procedente admitir la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   José  Alexander  Rodríguez Bustos contra  la  sentencia  dictada  el  7  de  marzo  de 2012 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Villavicencio,  por cuyo medio confirmó la condena impartida el 8  de  junio  de 2011 por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad,  en     calidad     de     autor     del    delito    de    homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

1. Aproximadamente a las 2:00 p.m. del 31 de  marzo  de  2011,  en  la  residencia de José Alexander  Rodríguez  Bustos  ubicada  en  el  Barrio  Siete de  Agosto  de  la  ciudad  de  Villavicencio se suscitó una riña entre él y Luis  Eduardo  Ariza  Romero,  tras  la  cual  el primero agredió al último con arma  cortopunzante    a    la   altura   del   tórax,   causándole   su   posterior  deceso.   

La  víctima  fue  hallada  herida yaciendo  sobre  un  andén  por  miembros  de  la  SIJIN  de la Policía que acudieron al  llamado   que   un   ciudadano   hizo  a  la  central  de  radio  reportando  la  trifulca.   

Aunque   fue   trasladado   al   Hospital  Departamental del Meta, no logró sobrevivir.   

Una  vez  identificado  el  ofensor  por la  comunidad    del   vecindario,   fue   capturado   momentos   después   en   su  vivienda.   

2.  Al  día  siguiente,  ante  el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  con  funciones  de control de garantías –ambulante-   de   dicha  ciudad,  se  legalizó  la  captura  de  José Alexander Rodríguez  Bustos,  oportunidad  en  la  que la Fiscalía Octava  Seccional  de la Unidad de Reacción Inmediata de ese lugar le imputó el delito  de  homicidio,   previsto  en  el  artículo  103  del  Código  Penal.  En  la  misma  audiencia  concentrada  se  le  impuso medida de  aseguramiento    de    detención   preventiva   en   su   domicilio1.   

3. El 27 de abril de esa anualidad el Fiscal  42  Seccional  de  Villavicencio  presentó  el  escrito  de  acusación  contra  Rodríguez   Bustos,   en  iguales     términos    que    la    imputación2          .   

4.  Ante el Juez Tercero Penal del Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  ese lugar, el 11 de mayo posterior el ente  acusador  formuló  la  acusación  por  el  delito  de homicidio, cargo que fue  aceptado    por    el  acusado3.   

5.  La  audiencia  de  verificación  del  allanamiento   y  de  individualización  de  la  pena  y  sentencia4, se llevó a  cabo  el  8  de  junio  siguiente,  ocasión  en  la  que el fallador condenó a  José    Alexander   Rodríguez   Bustos  a la pena principal de ciento veintitrés (123) meses y veintiún  (21)  días  y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por un lapso igual al de la pena privativa de la libertad,  en   calidad  de  autor  del  delito  de  homicidio.  Igualmente,  le  negó  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria5.   

6.  La  sentencia,  apelada  por la defensa  técnica,   fue   confirmada   por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Villavicencio,  en  fallo  del  7  de  marzo de 20126,  salvo  porque  aclaró  el  numeral  primero  de  la  decisión  impugnada en el sentido que el traslado del  procesado  al establecimiento penitenciario y carcelario deberá surtirse cuando  quede  en  firme  la  providencia  de  segundo  nivel.  La  lectura del fallo se  realizó    el    9   del   mismo   mes   y   año7.   

7.  Dentro  de  la  oportunidad  legal,  el  procesado   interpuso   el   recurso   extraordinario  de  casación8, acompañando  además   un   escrito   por   cuyo   medio  manifestó  sustentarlo9.   

8. En el término de traslado para presentar  la  demanda,  el  enjuiciado  allegó  un memorial a través del cual, de nuevo,  dijo        sustentar        el        recurso10.   

9. Por auto del 15 de mayo de este año, se  declaró  desierta  la  impugnación  extraordinaria por cuanto el libelo no fue  presentado     por     abogado    en    ejercicio11.   

10.  Contra  esta  decisión,  una  nueva  apoderada  interpuso  recurso  de  reposición que fue desatado favorablemente a  los  intereses  del  acusado en proveído del 13 de junio siguiente, como quiera  que  a  juicio  del  ad quem  “a  partir  de  la  lectura  del  fallo  de segunda  instancia    el    acusado   ha   carecido   de   adecuada   defensa”12.  En  consecuencia, ordenó  correr  nuevamente  el  traslado  para  que  la  última defensora presentara la  demanda  de  casación,  lo  que ella cumplió en el plazo concedido13.   

LA DEMANDA  

Una  vez la demandante reseña los hechos y  hace  una  síntesis de la actuación procesal, sin aludir a causal de casación  o  cargo  alguno,  manifiesta  la intención de persuadir a la Corte para que se  establezca   “que   el   material   probatorio  es  indicativo    de    que   se   trató   de   un   homicidio   simple”14,   lo   que   –según    arguye-    no    comporta  retractación  alguna  del  allanamiento a cargos sino la pretensión de obtener  una    condena   acorde   con   la   conducta   realmente   ejecutada   por   su  representado.   

Al respecto, explica que su asistido no solo  actuó  bajo  el  influjo  de  bebidas  alcohólicas sino que se defendió de la  agresión  injusta  –con  botellas de vidrio- que recibiera de Luis Eduardo Ariza.   

En  su  prohijado, destaca, “no  existió  ánimo  vengativo,  ni  motivo abyecto o fútil, como  tampoco  interés económico, pero si (sic) una legítima defensa ya que todo se  desencadenó  en  el  mismo  escenario”15.   

Como  el  enjuiciado  no se premeditó para  matar  a  la víctima, la demandante es del criterio que no es viable negarle la  rebaja  punitiva  del  50%, ya que los hechos ocurrieron debido a la agresividad  de  su  representado  resultante  del  ataque  que  recibió del occiso. En este  punto,  considera  que  en  el nuevo sistema de enjuiciamiento penal se debe dar  alcance a los principios de justicia y dignidad.   

Añade  que, conforme al acervo probatorio,  no  es  viable  inferir  que  el  encartado “tuvo la  intención  de  matar  a  la  víctima”16  por  las  siguientes razones:   

i)   No  existen  testigos  directos  del  homicidio  que  puedan  controvertir el dicho del inculpado según el cual quien  inició la pelea fue el ofendido.   

ii)  El  acusado  no  fue  aprehendido  en  flagrancia,  sino  en su casa, sitio en el que voluntariamente se entregó a las  autoridades.   

iii)  La conducta fue cometida en estado de  alicoramiento,  por  lo  tanto,  no  estaba  en  pleno estado de conciencia para  definir  el  modo  adecuado  de  defenderse,  lo  que  terminó  haciendo con un  cuchillo  que  encontró  a la mano dado que había terminado de almorzar con la  víctima.   

iv)  No  hubo  dolo  porque  si fuera así,  “divinamente  hubiera podido haber eliminado a Luis  Eduardo  Ariza  (q.e.p.d.)  dentro de la casa “pues se encontraban solos en el  comedor   –lugar  donde  ocurrieron      los      hechos””17 o también  podría  haberlo  perseguido  pese  al clamor de los vecinos, o incluso causarle  otra  herida  para  “agotar  el  delito”18,   pues,  en  todas  estas  oportunidades lo tuvo a su alcance.   

v)   Los   entrevistados   negaron  haber  presenciado  los  hechos  y  únicamente  haber  visto  a un hombre herido en la  calle,  así  como al encausado salir de su vivienda con un cuchillo en la mano,  pero  nunca  que éste haya alcanzado al occiso “con  el  objetivo  de  consumar el homicidio”19.   

vi) Tampoco existe prueba de que el agredido  se  haya  aprovechado  de  la  víctima  o  que  esta  estuviera  en  estado  de  indefensión.   

Para la recurrente, la fiscalía tergiversó  las   circunstancias   con  el  fin  de  “demostrar  intolerancia,   desprecio   por  la  vida,  intensidad  del  dolor  y  el  daño  causado”20  por  su procurado, dejando  de    examinar   los   elementos   materiales   probatorios   obrantes   en   la  actuación.   

A  voces  del  artículo  287  del Estatuto  Adjetivo   Penal,  recuerda,  el  ente  acusador  debía  contar  con  evidencia  suficiente  para inferir razonablemente las causas que obligaron a su asistido a  ejecutar el injusto.   

No procura la absolución para su mandante,  sino          “la         conden[a]   por   el   homicidio   simple  y,  consecuentemente,  se  le redosifique la pena impuesta y se le otorgue la rebaja  del  50%,  dadas la condiciones fácticas en que transcurrieron los hechos, pues  la  omisión  de  la  Fiscalía  no  puede redundar en perjuicio de [su]       representado”21.   

Finalmente, pretende el reconocimiento de la  prisión  domiciliaria,  atendiendo  que  al  inicio de la investigación le fue  conferida  la  detención  en  su  residencia, atendiendo aspectos tales como la  falta  de dolo, haber actuado bajo un estado de alicoramiento y para repeler una  amenaza,  la ausencia de antecedentes penales, la colaboración con la justicia,  el  allanamiento  a  cargos,  el  cumplimiento  de los compromisos propios de la  detención  domiciliaria, tener arraigo laboral y familiar, no ser un sujeto que  represente  peligro  para  la  comunidad  y  no existir testigos directos de los  hechos.   

CONSIDERACIONES  

La demanda no reúne los requisitos mínimos  que  exige  el  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004 para su  admisión  y,  por  lo  tanto,  no  puede  ser  aceptada.  Las  razones  son las  siguientes:   

1.  El  recurso extraordinario de casación  debe  ser elaborado respetando las formalidades técnico jurídicas previstas en  la  ley,  según  se  trate  de  cada  una  de  las  causales establecidas en el  artículo  181  del  Código de Procedimiento Penal, pues lo pretendido con este  mecanismo  extraordinario es socavar la doble presunción de acierto y legalidad  que recae sobre el fallo de segundo grado.   

Ahora, no obstante la posibilidad actual de  incoar  el  recurso  de casación sin atender el monto de pena del delito por el  que  se  procede,  ello  no  implica  el  abandono  de  los presupuestos lógico  argumentativos  propios  de  este extraordinario medio de impugnación, pues con  el  propósito  de  evitar  su  desnaturalización al punto que se asemeje a una  instancia  más,  el  legislador  del  2004  impuso la necesidad de acreditar el  cumplimiento  de  los  fines  previstos  en el artículo 180 ejúsdem, es decir,  “la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de los intervinientes, la reparación de los agravios inferidos  a  estos, y la unificación de la jurisprudencia” y,  satisfacer   los   presupuestos   normativos  descritos  en  el  referido  canon  184.   

Es  así  como,  además  de  acreditar con  suficiencia   que   alguna(s)   de   la(s)   finalidades   de   la  impugnación  extraordinaria  se  abre  paso  en  el  caso concreto, corresponde al demandante  demostrar  que le asiste interés jurídico para recurrir en casación, postular  la  causal  adecuada  conforme  al  artículo  181  del Código de Procedimiento  Penal,  escoger  el  sentido de error específico en los términos desarrollados  por  la  jurisprudencia  y  fundamentarlo  con  estricto  apego a los principios  lógicos  que  rigen  el  recurso,  con  especial  énfasis  a los de prioridad,  precisión,  claridad,  debida  fundamentación, no contradicción, autonomía y  trascendencia.   

2.  La  demanda que se examina no satisface  estos  presupuestos  metodológicos, empezando porque hizo caso omiso a la carga  de  indicar  la  finalidad  perseguida  con  el  recurso e identificar la causal  conforme  a  la  cuál  se estructura el reproche, lo que era indispensable para  comprender el tipo de error atribuido a la sentencia impugnada.   

3.  Así  mismo,  la falta de interés para  recurrir  es  manifiesta,  por lo menos, en cuanto se refiere a la alegación de  un  exceso en la legítima defensa como causal de justificación o a la ausencia  de  dolo  por  falta del ingrediente volitivo, pues por virtud de la aceptación  voluntaria  de  responsabilidad  que  hiciera  su  prohijado  por  el  delito de  homicidio  simple,  la  opción  de  censura  para  la defensa quedó reducida a  discutir  asuntos  estrictamente  relacionados  con la dosificación de la pena,  los  mecanismos sustitutivos de la sanción privativa de libertad, la violación  del   principio   de   congruencia,   o   la  transgresión  de  las  garantías  fundamentales.   

En  efecto, la jurista estaba impedida para  postular  cualquier  desacuerdo contra el juicio de responsabilidad enervado por  los  juzgadores  respecto  del reato admitido, toda vez que ello contraería una  grave  lesión  del principio de no retractación, previsto en del artículo 293  del   Código   de   Procedimiento   Penal,  conforme  al  cual  “[s]i  el  imputado,  por  iniciativa  propia  o  por acuerdo con la  Fiscalía  acepta  la  imputación,  se  entenderá que lo actuado es suficiente  como  acusación  (…).  Examinado  por  el  juez de  conocimiento  el acuerdo para determinar que es voluntario, libre y espontáneo,  procederá   a   aceptarlo   sin  que  a  partir  de  entonces  sea  posible  la  retractación   de   alguno   de  los  intervinientes  (…)”  (Subrayas  fuera  del texto original).   

Recábese que por razón del allanamiento a  cargos  al  que  se  sometió  el  enjuiciado de manera libre e informada, éste  renunció  al  axioma  superior de no autoincriminación y, por ende, a gozar de  un  juicio  público,  concentrado  y rodeado de las garantías de inmediación,  contradicción  e  imparcialidad en el que pudiera ejercer a plenitud el derecho  de  defensa,  lo  cual  efectuó  con  el  propósito  de hacerse a un descuento  punitivo.   

En   ese  orden,  una  vez  realizada  la  manifestación  de  asunción de responsabilidad penal declinó a cualquier otra  oportunidad  para  debatir  los  hechos  y los soportes probatorios que pudieran  servir de base a la acusación del ente acusador.   

No  podía,  por consiguiente, la defensora  desatender  la  clara  situación procesal de su representado para insistir ante  la  Corte  en  un  aspecto  superado desde cuando aquél aceptó la autoría del  homicidio  que  le  fuera  endilgado, ello bajo el peregrino argumento de que se  emita   condena   por   el   comportamiento  verdaderamente  desplegado  por  su  apadrinado,  máxime  cuando  rompiendo  toda  lógica argumentativa predica que  dicha  conducta  punible  sería  la  de  homicidio  simple,  misma  por  la que  efectivamente  fue  sentenciado  en las dos instancias de decisión, y al tiempo  indica  que  se  ha  debido  reconocer  que  la acción se ejecutó en legítima  defensa  para  repeler  el  ataque perpetrado por el occiso, quien no alcanzó a  medir  el  nivel  de la agresión represora, dado el estado de alicoramiento que  lo aquejaba.   

4.  Sin duda alguna el libelo corresponde a  un  alegato de libre confección, admisible ante los jueces de conocimiento pero  refractario  en sede de casación, en tanto no hace evidente un solo yerro de la  sentencia  opugnada, al punto que antes que cuestionarla se dedica a reprobar la  gestión  del  ente acusador a quien le atribuye tergiversaciones y omisiones de  la  situación  fáctica  y de los elementos materiales probatorios -que tampoco  concreta-,  como  si  fuera la autoridad que elevó el juicio de reproche contra  su asistido y no su contraparte.   

Continuando   con  las  incorrecciones  y  distante  de  toda  técnica  casacional,  la  libelista se dedica únicamente a  exhibir  su  subjetivo  criterio  sobre  la forma en que ha debido examinarse el  plexo  probatorio,  con la frágil aspiración de imponerlo sobre las razones de  una  decisión que goza de la doble presunción de acierto y legalidad y, que no  podía  ser  reprobada  en  aras  de lograr una readecuación del comportamiento  delictivo  enrostrado, dada la limitación que impone el aludido postulado de no  retractación.   

5.  Ahora,  aunque le asiste interés a la  letrada  para procurar la redosificación de la pena impuesta a su asistido y la  prisión  domiciliaria, porque, como se advirtió, son temas que bien pueden ser  dilucidados  en  sede extraordinaria cuando ha existido allanamiento a cargos, y  además  cumplió  con  la carga de alegarlos en el recurso de apelación contra  la  sentencia  de  primer nivel, lo cierto es que tales pretensiones se quedaron  en  el  mero  enunciado,  habida  cuenta  que no explicó cuál es la violación  directa   o  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  que  habría  incurrido  el  sentenciador  plural  frente  a estos aspectos y mucho menos, señaló el efecto  trascendente que pudiera tener en la decisión que se acusa.   

5.1.  En  verdad,  en  cuanto  al  primer  tópico,  a la togada le bastó señalar que ha debido conferirse a su procurado  un  descuento  de  pena  equivalente  a  la  mitad, sin argumento distinto a que  sería  lo  que  le  corresponde  conforme a las circunstancias fácticas en que  ocurrieron   lo   hechos   (ejercicio  de  la  legítima  defensa  y  estado  de  alicoramiento).   

Sin  embargo,  desconoce la jurista que la  rebaja  a  la que alude, no tiene relación unívoca con los supuestos fácticos  materia  de  investigación  y  juzgamiento  sino  que  opera  por  razón de la  aceptación  de  cargos  como  mecanismo  de terminación anticipada del proceso  penal,  descuento  que  se gradúa discrecionalmente por el juzgador dependiendo  del  mayor  o  menor grado de colaboración del implicado, a efecto de evitar el  desgaste de la administración de justicia.   

En  el  caso  de  la especie, el necesario  examen  preliminar efectuado por la Corte a fin de verificar si es procedente la  admisión  de  la  demanda, muestra la inidoneidad sustancial del reproche en la  medida  que  José  Alexander Rodríguez Bustos no aceptó su culpabilidad en la  primera  salida  procesal sino en la audiencia de formulación de la acusación,  esto,  pese  a  que  fue  capturado  en  flagrancia22  y  existían  suficientes  elementos       materiales       probatorios      que      comprometían      su  responsabilidad.   

Por   este   acto,   el   a   quo   le   concedió   una   rebaja  equivalente  al  48%  de  la  pena,  que  incluso es superior a la reglada en el  ordenamiento  adjetivo  penal  para quienes se allanan durante dicha fase: hasta  la tercera parte (artículo 356.5 de la Ley 906 de 2004).   

Al     respecto,     el     Tribunal  sostuvo:   

“De otro lado,  la  proporción  estimada  por  el  fallador  como reconocimiento de la justicia  premial  por  la  aceptación  de  cargos  efectuada no requiere la más mínima  modificación,  pues  no  advierte la recurrente que no fue en la primera salida  procesal  que  el procesado se allanó a la imputación jurídica, sino hasta la  audiencia  de  formulación de acusación, provocando desde luego un desgaste de  la  justicia, no obstante haber sido capturado en flagrancia, circunstancias que  no   permiten  la  concesión  de  la  rebaja  hasta  la  mitad  de  la  pena  a  imponer.   

De  otro  lado,  de  acuerdo  a las reglas  contempladas  en  el  artículo 351 del C. de P.P., la aceptación de los cargos  determinados  en  la  audiencia  de  formulación  de imputación, comportan una  rebaja  hasta  la  mitad  de  la  pena  imponible, acuerdo que se consigna en el  escrito  de  acusación,  sin que pueda ser inferior a una tercera parte, que es  la  posterior  concesión  que se prevé en el trámite procesal por aceptación  de cargos en el artículo 356-5 ibídem.   

Por  manera  que,  cuando se allanó a los  cargos  el  acusado,  la  fiscalía  había agotado sus esfuerzos para lograr el  recaudo   de   los   elementos   materiales  probatorios,  evidencia  física  e  información  legalmente  obtenida, necesaria para acudir a juicio; al igual que  no  puede  alegarse  una supuesta colaboración del procesado cuando se advierte  que  del  desarrollo  de  los  hechos  y  de  su  aprehensión,  era  notable su  compromiso delictual.   

Bajo  dichos  razonamientos la proporción  escogida  por  el  a quo resulta más que favorable y benévola al procesado, no  subsistiendo   ningún   fundamento   para   que   ésta  se  varíe”23   

Vistas  así las cosas, es diáfano que la  pretensión  de  la  actora  en  el  sentido de obtener una rebaja del 50% de la  pena,  no  solo  no  responde  al  principio  de  legalidad  de la pena sino que  inadvierte  que  el  reconocimiento  exacto de dicho monto, incluso para quienes  admiten  su  responsabilidad  durante  la  formulación  de  la  imputación, no  constituye  un imperativo categórico, ya que el descuento autorizado por la ley  es  de  hasta la mitad de la  pena imponible (artículos 288.3 y 351).   

5.2.  Por  último,  en  cuanto  hace a la  petición  de  prisión domiciliaria, era del resorte de la demandante demostrar  el  yerro  producido  con  ocasión de la imposición de la pena privativa de la  libertad en establecimiento carcelario.   

Sin  embargo,  en una franca transgresión  del  principio de razón suficiente, se limitó a recordar que desde los albores  de  la investigación su asistido fue beneficiario de la detención domiciliaria  por  cuanto  no  estaban  satisfechos  los  presupuestos  para  la de naturaleza  intramural,  desconociendo  con  ello  que  la medida de aseguramiento y la pena  aflictiva   de   la  libertad,  son  institutos  penales  con  fines  claramente  divergentes  y  escindibles  en  tanto  operan  en  fases  procesales igualmente  disímiles.   

Resulta extraño a la Corte que incluso con  la  aclaración  que sobre el particular hizo el Tribunal, la letrada insista en  confundir  estas  dos  figuras en aras de que se reforme la decisión de ordenar  la  privación  de  la  libertad  de  José  Alexander  Rodríguez  Bustos  una vez cobre ejecutoria el fallo  de   segunda  instancia,  para  que  en  cambio,  se  le  confiera  la  prisión  domiciliaria,  pues  pretensión  semejante  ignora  que ello está expresamente  prohibido  en  el  artículo  38  del  Código Penal24, dado el incumplimiento del  factor  objetivo,  así como en el canon 1º, inciso 3º, de la Ley 750 de 2002,  en  tanto  el  delito  de homicidio está excluido de esta posibilidad, tal como  con   acierto   lo   definió  el  a  quo.   

6.  Ahora,  si  el  cometido de la defensa  estaba  dirigido  a reprobar el fallo impugnado por imponer una pena de prisión  superior  a  la  mínima  porque  a juicio de aquella tendría que reconocerse a  favor  de  su  representado  que  i)  estaba  en  estado  de  alicoramiento, ii)  simplemente  se defendió de la agresión inicial por parte del occiso y iii) no  persiguió  a  la  víctima  para  ocasionarle  otra  herida  y  “agotar     el    delito”25  y, por lo  tanto,         no        existió        dolo26, le correspondía acreditar  la  existencia  de  un  error de hecho en alguna de sus modalidades –falsos   juicios   de   existencia,  identidad  o  raciocinio-,  cometido  que de manera alguna intentó, deficiencia  que    por    esta   razón   también   condiciona   la   inadmisión   de   la  demanda.   

Con todo, valga aclarar que para definir el  monto  a  descontar  dentro  del  primer  cuarto  de  movilidad,  los falladores  atendieron  los criterios previstos en el artículo 61 de la Ley 599 de 2000, en  especial,  los  de  intensidad  del  dolo, el daño causado y la necesidad de la  pena,   los   cuales   se   dedujeron  a  partir  de  los  elementos  materiales  probatorios27  que  indicaron  que  “los  hechos se  desarrollan  en una riña y que el aquí agresor buscó dar efectiva muerte a su  víctima  aún persiguiéndolo cuando estaba herido, situación desencadenada en  su  propia  vivienda  donde  se  encontraban  departiendo,  demostrando completa  intolerancia      y      total     desprecio     por     la     vida”28.   

Siendo   lo   anterior  así,  tampoco  por  esta parte, hay cabida a la pretensión      de     admisión     de     la  demanda.   

Así,  pues,  como  la  Sala  no  observa  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni  motivos  que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al  expediente  en  razón  de  las finalidades de la casación, la demanda debe ser  inadmitida.   

Para  cerrar,  se  impone  recordar que al  amparo  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no darle  curso  a  una  demanda de casación, es procedente la insistencia, cuyas reglas,  en  ausencia  de  disposición legal, fueron definidas por la Sala desde el auto  del 12 de diciembre de 2005, radicación 24.322.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.    Inadmitir    la  demanda de casación presentada por el defensor de José  Alexander  Rodríguez Bustos contra  la  sentencia  dictada  el 7 de marzo de 2012 por la Sala de Decisión Penal del  Tribunal Superior de Villavicencio.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004, y  bajo  los  términos  expuestos  en  la parte considerativa de esta providencia,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO  FERNÁNDEZ CARLIER   

            

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ  

GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ             

EYDER  PATIÑO CABRERA  

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA  YOLANDA NOVA GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios 4-6 del cuaderno principal.   

2 Cfr.  folios 15-22 ibídem.   

3 Cfr.  folios 33-34 ibídem.   

4 Cfr.  folios 38-40 ibídem.   

5 Cfr.  folios 41-50 ibídem.   

6 Cfr.  folios 7-15 del cuaderno del Tribunal.   

7 Cfr.  folio 18 ibídem.   

8 Cfr.  folio 23 ibídem.   

9 Cfr.  folio 24-30 ibídem.   

10 Cfr.  folio 33-36 ibídem.   

11  Cfr. folio 38 ibídem.   

12  Cfr. folio 53 ibídem.   

13  Cfr. folio 65-70 ibídem.   

14  Cfr. folio 66 ibídem.   

15  Cfr. folio 67 ibídem.   

16  Ibídem.   

17  Cfr. folio 68 ibídem.   

18  Ibídem.   

19  Ibídem.   

20  Cfr. folios 68-69 ibídem.   

21  Cfr. folio 69 ibídem.   

22 En  este  punto,  oportuno  se  ofrece  precisar  a  la  togada que la flagrancia no  solamente  se  predica  del  descubrimiento  del  infractor en el instante de la  comisión  del  hecho  (flagrancia  en  sentido  estricto) sino que involucra el  concepto  de  actualidad,  lo  que  permite  que ella opere cuando la persona es  perseguida  por  la  autoridad  o  se  pide  su  captura  por  voces  de auxilio  (cuasiflagrancia).   

23  Cfr.  folio  6  de la sentencia de segunda instancia a folio 12 del cuaderno del  Tribunal.   

24  Para  que  proceda  la  prisión  domiciliaria  se  requiere que “la  sentencia  se  imponga  por  conducta punible cuya pena mínima  prevista  en  la  ley  sea  de  cinco  (5) años de prisión o menos”,  presupuesto  que  evidentemente  no  se  satisface en el caso  concreto,  pues  la  prevista  para  el  homicidio  es  obviamente superior (208  meses).   

25  Cfr.  folio  68  ibídem.  En este punto, con una estricta finalidad pedagógica  que  no  puede  ser  entendida  como una contestación de fondo a la demanda, la  Sala  se permite recordarle a la señora defensora que el delito de homicidio es  de   ejecución   instantánea,   por   lo   tanto,   se   agota   en  el  mismo  acto.   

26  Así   mismo,   es   oportuno  aclararle  a  la  demandante  que  el  estado  de  alicoramiento  no  incide  en el estado de conciencia del sujeto y, por ende, no  excluye  la  imputabilidad.   Igualmente, si el procesado admitió de forma  voluntaria  e informada su responsabilidad en el homicidio imputado es porque no  cabe  discusión  sobre  el conocimiento y la voluntad que tenía de la ilicitud  de la conducta típica al momento de ejecutar el injusto.   

27  Entrevista  rendida  por la compañera permanente del  acusado    quien    adujo    que   éste   persiguió   al   ofendido   con   un  cuchillo.   

28  Cfr.  folio  4  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  a  folio  10 ibídem.     

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