39644(04-09-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 329.  

         

          Bogotá  D.C.,  septiembre  cuatro  (4)  de  dos  mil  doce  (2012).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  presentada  por  el  defensor de JOSÉ PLINIO  ROMERO  HILARIÓN   con el objeto de sustentar el  recurso  de  casación  excepcional interpuesto contra la sentencia proferida el  12  de  abril  del  año  en  curso por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Facatativá,  mediante  la  cual  confirmó,  con  modificaciones en punto de la  condena  en  perjuicios, la dictada por el Juzgado Segundo Penal Municipal de la  misma  localidad el 26 de diciembre del año anterior que condenó al mencionado  por  el  delito  de  lesiones  personales      culposas  agravadas, en concurso homogéneo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El supuesto fáctico que originó la presente  actuación      procesal     fue     compendiado     por     el     ad-quem,      de     la     siguiente  manera:   

“El  23  de  abril de  2005,  a las 8:30 de la noche, sobre la vía que conduce de Facatativá hacia el  municipio  de  El  Rosal,  la  camioneta  Chevrolet  identificada  con  la placa  CRB-022,  conducida  por  el  señor  JOSÉ PLINIO ROMERO HILARIÓN embistió al  automóvil  Renault  4 de placas JIC-373, conducido por el señor Emilio Barrera  Reina,  y  al  taxi  marca  Chevrolet  de placas SER-211, que manejaba el señor  Darío Vanegas.   

Producto   de  dicha  colisión,  resultaron  lesionados  el  conductor  y pasajeros del Renault 4, es  decir,   el   señor  Emilio  Barrera  Reina,  cuya  revisión  médica  forense  determinó  incapacidad  médico  legal  de  45 días y como secuelas deformidad  física  que  afecta  el  cuerpo  y  rostro,  de carácter permanente; su esposa  Rosalba  Orjuela  Molina,  a quien se le dictaminó incapacidad médico legal de  56  días y secuelas consistentes en deformidad física que afecta el cuerpo, de  carácter  permanente,  y su hija María Gladys Barrera, que sufrió incapacidad  definitiva  de 45 días y como secuelas, deformidad física que afecta el rostro  de   carácter   permanente   y   perturbación  funcional  del  órgano  de  la  masticación  y  de la fonación, de carácter transitorio”.   

         

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  dispuso  la  apertura  de  instrucción,  en  cuyo  marco  se vinculó, mediante  diligencia   de   indagatoria,   a   los   conductores   involucrados   en   los  hechos.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  el  mérito del sumario el 27 de agosto de 2005 con resolución de acusación en  contra   de  JOSÉ  PLINIO  ROMERO  HILARIÓN  como presunto autor responsable del  delito  de  lesiones  personales  culposas  agravadas  en  concurso homogéneo y  preclusión  de  investigación  a  favor  de  Emilio  Barrera   Reina   y  Darío  Vanegas,  proveído  que fue confirmado, en virtud del  recurso  de  apelación que la defensa del afectado interpuso en su contra, el 7  de abril de 2008.   

El  juzgamiento le correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  de Facatativá, donde una vez surtido el  trámite  legal  correspondiente,  se  dictó sentencia el 26 de octubre de 2011  por  cuyo  medio condenó al único acusado a las penas principales de doce (12)  meses  de prisión y multa por valor de 22.5 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena aflictiva de la libertad,  así  como al pago de perjuicios materiales y morales por las sumas estipuladas,  tras  encontrarlo  autor  penalmente responsable del delito  por el cual se  lo llamó a juicio.   

En  la  misma oportunidad, concedió a favor  del  aludido  el subrogado penal de la condena de ejecución condicional durante  un período de prueba de dos (2) años.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  la  impugnaron  la  defensa  y  el  apoderado de la parte civil reconocida en el  proceso,  apelaciones  de  las cuales conoció el Juzgado Penal del Circuito del  mismo  municipio  mediante  fallo  del  12  de  abril  de  2012,  en  sentido de  confirmarla  con  modificaciones  exclusivamente  en  cuanto  a  al  monto de la  condena en perjuicios.   

La   anterior   decisión   generó   la  inconformidad  de  la  defensa, quien la recurrió extraordinariamente, mediante  demanda  sobre  cuya  admisibilidad  se  pronuncia  ahora  la  Sala.  Dentro del  término  de  traslado  previsto  para  los no recurrentes, presentó escrito el  apoderado de la parte civil.   

LA DEMANDA  

          Propone  un  único  cargo  bajo  la  égida  de  la  causal tercera  “del  artículo  181  del  Código de Procedimiento  Penal”,   por   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial,  a  consecuencia de errores de hecho, por falso juicio de identidad,  existencia y raciocino.   

          En  fundamento  de  la  censura,  señala  el  casacionista  que  el  juzgador  incurrió  en  defecto  fáctico, pues “no  existe  prueba  alguna  que  desvirtúe  en  el grado de certeza el principio de  presunción    de    inocencia   de   que   goza   el   encartado”.   

          Recuerda  cómo  el  sustento  de la responsabilidad declarada de su  prohijado  radicó  en el estado de ebriedad que padecía para el momento de los  hechos,  por  lo  cual  “fácil resulta advertir que  sin  esa  ebriedad  el  accidente  que  hoy nos ocupa no se hubiese producido ni  tampoco   ninguno   de   sus   efectos   ya   relacionados   en   la  mencionada  providencia”.   

          Al  respecto,  señala  que  tal estado se demostró a través de un  informe  inicial  de  embriaguez  que  no  pertenece a su representado, en tanto  habla   de  una  prueba  de  sangre  a  José  Pulido  “persona  distinta al encartado o a alguno de los involucrados en el accidente  de tránsito que nos ocupa”.   

Desde  esa  perspectiva  encuentra  que  la  Fiscalía   omitió   su   deber  de  verificar  que  efectivamente  la  muestra  correspondía  al  procesado, amén de que en ella tampoco aparece fecha ni hora  de la toma.   

Acto  seguido,  indica  que  se incurrió en  falso  juicio  de  identidad  respecto de la prueba allegada por el Instituto de  Medicina  Legal  “donde  refiere  que  el examen de  sangre      por     medio     del     cual     se     determino     (sic)  un estado de embriaguez se predica  de   persona  diferente  de  la  que  hoy  funge  como  condenado”,  pues  allí  consta  que  la  muestra  fue  tomada a José Pulido.   

Si  a  la  mencionada  prueba, agrega, se le  hubiere  dado  su  valor  real  “el  hoy  condenado  estaría  libre  de  toda  condena  toda vez que no existe en el plenario prueba  alguna   que   demuestre   que   en  verdad  él  se  encontraba  en  estado  de  ebriedad”.   

Por  razón de lo expuesto, depreca casar el  fallo  impugnado  “para  en  su lugar absolver a mi  mandante,  señor  JOSÉ  PLINIO  ROMERO  HILARIÓN  por  el  delito de lesiones  personales  culposas  agravadas por el estado de embriaguez que a todas luces no  se refleja en el expediente”.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

El apoderado de la parte civil reconocida en  el  proceso  señala  que  en relación con el argumento de la demanda según el  cual  no aparece demostrado el estado de embriaguez del implicado, obra su mismo  dicho   al   haber   reconocido   que   ingirió   dos   cervezas   encima   del  almuerzo.   

Además,  “no  existe  la menor duda de que el examen de alcoholemia practicado sí corresponde  al  señor  ROMERO  HILARIÓN,  tal  como se desprende del contenido del Informe  Técnico  Médico  Legal,  calendado julio 25 de 2005 y visible al folio 201 del  cuaderno  principal, donde se señala sin dubitación que el nombre del paciente  era  JOSE  PLINIO  ROMERO,  de 42 años de edad e identificado con la cédula de  ciudadanía   11431333,   donde  se  indica  el  resultado  del  Laboratorio  de  Toxicología  Forense  practicado  al  examinado  de la referencia: ‘BOG-2005-017152. JOSÉ PLINIO ROMERO.  Alcohol  Etílico,  el cual positivo (sic) para  embriaguez  grado tres (III) por laboratorio en un porcentaje  de  249 mg %’ (sic)…”.   

En consecuencia y dado que el meollo del tema  planteado  en  casación, advera, gira en torno de esa circunstancia, acreditada  plenamente en el proceso, solicita no casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Según  el  inciso  1º  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000 que  rige  este  asunto  y  no la Ley 906 de 2004, sobre cuya base el censor sustenta  erróneamente  la  causal  de  casación  invocada, el recurso extraordinario es  viable  contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  por  el Tribunal Penal Militar, cuando se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho años.   

          Sin  embargo, cuando el fallo de segundo  grado  no es proferido por los mencionados Tribunales, o el delito por el que se  procede   tiene   pena   privativa  de  la  libertad  inferior  al  quantum   señalado   en  precedencia  o  sanción  no  restrictiva de la libertad, el inciso 3º del mencionado artículo  faculta  a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente y, de manera excepcional,  las  demandas  de  casación  presentadas “cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley”.   

          Esta  modalidad  de  impugnación  exige  del demandante, como se ha  señalado  de  manera  pacífica y reiterada, expresar  con  claridad  y precisión los motivos por los cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya para proveer un pronunciamiento con criterio de  autoridad  respecto  de  un tema jurídico especial, bien para unificar posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la utilidad de brindar solución al asunto y, a la par, servir de guía a  la actividad judicial.   

Ahora que si lo pretendido por quien acude al  recurso  es  asegurar  la  garantía  de  derechos fundamentales, se está en la  obligación  de  demostrar  la  violación e indicar las normas constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como su desconocimiento en el fallo  recurrido,   circunstancias   que   necesariamente  deben  concatenarse  con  la  referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

También  se  tiene  que las dos especies de  casación  (ordinaria  y  discrecional)  no  pueden reclamarse simultáneamente,  pues  son  excluyentes,  en  cuanto  la segunda es subsidiaria de la primera, es  decir,  sólo  procede  en  la  medida en que no resulte procedente la casación  común en el caso concreto.   

          En  el  asunto objeto de estudio se advierte que el fallo de segunda  instancia   no   fue   proferido  por  las  autoridades  judiciales  mencionadas  expresamente  en la preceptiva legal aludida, en tanto se trata de una sentencia  dictada por un juzgado de circuito.   

Si  ello  es  así,  no  surge  conclusión  distinta  a  la  de  que  al  impugnante  sólo le quedaba como alternativa para  acudir  a  este  medio de impugnación la referida vía discrecional prevista en  el  inciso  tercero  del aludido artículo 205 de la Ley 600 de 2000, asumiendo,  por  tanto,  las  obligaciones y exigencias dispuestas por el legislador en esta  materia,  sobe  las  cuales se amplió en precedencia, labor que definitivamente  no  acometió, pues a más de no haber hecho mención siquiera tangencial a esta  modalidad,  ninguna  referencia  glosó en punto de los motivos que franquean su  acceso,    ni    tampoco    se    infieren   de   la   escueta   fundamentación  presentada.             

Como  nada  de  lo  anterior se cumple en el  libelo   por   limitarse  a  ventilar  supuestos  errores  del  juzgador  en  la  apreciación  probatoria,  pero  que  más son el reflejo de su visión personal  acerca  de  la forma cómo debieron haber sido valorados los distintos elementos  de  prueba  acopiados  a  la actuación, lo cual, según reiteradamente lo tiene  dicho  la  Sala,  no  configura  vulneración de garantías fundamentales, salvo  aquellos   particulares   eventos   en   que  se  advierta  defectos  graves  de  motivación1,  punto  sobre  el  cual nada se dice en la demanda, la conclusión  que  emana  necesariamente  es  la de su inadmisión, sin que, por consiguiente,  resulte  preciso  revisar si el cargo formulado contra el fallo de segundo grado  atacado  reúne  los  presupuestos  de  lógica  y  de  adecuada argumentación,  también exigidos para su admisión en esta sede.   

Así   las   cosas,   la  conclusión  que  razonablemente  se impone adoptar es la de inadmitir el libelo presentado por la  apoderada  de  la parte civil, de acuerdo con la consecuencia procesal señalada  en  el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000.  Adicionalmente, porque no se  advierte  que  dentro  del  presente  trámite  o  en  la  sentencia  se hubiera  incurrido  en  violación  de  garantías  fundamentales que imponga acudir a la  alternativa que ofrece la casación oficiosa.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación     presentada     por     defensor     de    JOSÉ  PLINIO  ROMERO  HILARIÓN, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                     FERNANDO                       ALBERTO                       CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ          LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.             SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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