39600(13-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr. Luis Guillermo Salazar  Otero   

Aprobado Acta No. 295  

Bogotá D.C., trece (13) de agosto de dos mil  doce (2012)   

ASUNTO  

Decide  la Sala sobre la viabilidad formal de  la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación  interpuesto  por el defensor  de   Efraín  Torres  Gaona,  contra  la sentencia proferida por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Tunja  el  14  de  marzo  del  año  en curso  confirmatoria  de  la  decisión  de  primera  instancia  emitida por el Juzgado  Promiscuo Municipal de Boyacá el 05 de d   iciembre de 2011, mediante la cual condenó al procesado a la  pena  principal  de  33  meses  de  prisión  y  multa  en el equivalente a 19.5  s.m.l.m.,    como    responsable    del    delito    de    lesiones   personales  culposas.   

Hechos y actuación relevante  

1.   Los   hechos  de  este  caso  aparecen  sintetizados en la sentencia impugnada, así:   

“La  primera  instancia,  para  juzgar  los  hechos,  consignó  que daban cuenta los autos que el día 27 de agosto de 2004,  a  eso  de  las  2:15 minutos de la madrugada, en la vía que de Tunja conduce a  Ramiriquí,  en  el kilómetro 15 entrada de Boyacá (Boyacá), colisionaron los  vehículos  particulares,  camioneta  marca  Ford pick up F-100, modelo 1977, de  placas  AKE-351,  conducido  por  el  señor  Carlos Julio Leguizamón Caro y el  vehículo  automóvil  Renault  9  Brio, modelo 1994, de servicio particular, de  placas  BEN-333,  conducido  por  el  señor  Efraín  Torres  Gaona, resultando  lesionados  los  dos  conductores  de  los  vehículos,  siendo  atendido  en el  Hospital  San Rafael de Tunja el segundo de los mencionados, e inmovilizados los  vehículos accidentados”.   

2.  Adjuntado  el  informe  de accidentes No.  24-027480  y  dispuesta  apertura instructiva a través de resolución calendada  el  25 de octubre de 2004 (fl.59), fueron escuchados en indagatoria los señores  Leguizamón  Caro  (fl.65)  y Torres Gaona (fl.137), así como las declaraciones  de  Blanca  Elvira  Parada  de  Plazas  (fl.85),  Luis  Plazas  Muñoz  (fl.87),  Francisco  Páez  Muñoz (fl.88), Peter Germán Buitrago (fl.95), Martín Emilio  Rodríguez  (fl.97),  el  Policial de Carreteras Jorge Armando Velásquez Robayo  (fl.107),   Rosa  María  Borda  Borda  (fl.166)  y  allegados los informes  técnicos  médicos  de lesiones personales de los dos conductores (fls. 35, 71,  100, 128, 153 y 169), se ordenó el cierre instructivo.   

El  20  de  junio de 2007 la Fiscalía Quinta  Delegada   ante   los   Jueces   Penales   Municipales  de  Tunja  precluyó  la  investigación  en  favor de Leguizamón Caro, a la vez que formuló resolución  acusatoria  por  el  delito  de lesiones personales culposas en contra de Torres  Gaona,  en  decisión  que  cobró  ejecutoria con la notificación del auto por  medio   del   cual   se   declaró  desierta  la  apelación  incoada,  dada  su  extemporánea    sustentación,   el   15   de   agosto   posterior   (fl.   208  vto).     

Tramitada la fase del juicio, se emitieron las  sentencias   de   primera   y   segunda  instancia  en  los  términos  glosados  previamente.   

DEMANDA  

Tres  cargos postula el actor en contra de la  sentencia impugnada.   

El           primero  con respaldo en la causal tercera  acusa   quebranto   del   derecho   de   defensa   al  habérsele  negado  “la  reconstrucción  en el lugar de los hechos”, así como el “interrogatorio de  parte  a  Carlos  Julio  Leguizamón  Caro”,  del  “patrullero Jorge Armando  Velásquez”,   de   María  del  Rosario  Torres  y  del  “conductor  de  la  ambulancia” que trasladó a Torres Gaona al Hospital.   

Señala el censor que si bien inicialmente se  dispuso  la  inspección  demanda,  con  posterioridad “fue cambiada” por el  juez  de  segundo  grado por un dictamen pericial, no obstante que las referidas  pruebas   le   habrían   permitido   al   juez   conocer   la   verdad  de  los  hechos.   

Alude  al  registro  médico del incriminado,  así  como  a la cotización de daños de la camioneta conducida por Leguizamón  Caro  y  las  diversas intervenciones de Torres Gaona, de acuerdo con las cuales  se  sabe  que  conducía en forma reglamentaria. Destaca entonces la insistencia  que  sobre  la  reconstrucción  de  los  hechos  elevara  ante  las autoridades  judiciales,  con presencia de auxiliares de la justicia y peritos, así como las  ampliaciones  de  los  testimonios  y  si bien en principio le fue concedida, en  segunda  instancia  finalmente  se  redujo  a  un  dictamen  pericial  en el que  precisamente  la mayoría de interrogantes quedaron sin ser absueltos por faltar  importante  información  objetiva  para  lograrlo,  como  que  se fundó en los  elementos  aportados,  a  cuya  referencia  y análisis dedica amplio espacio el  actor,   para  concluir  que  este  ejercicio  permite  entender  que  resultaba  indispensable la inspección judicial reclamada.   

Para el actor ésta prueba era trascendente y  necesaria,  pues  le  habría  permitido al juzgador contar con los elementos de  juicio   suficientes  para  motivar  la  sentencia,  dado  que  el  croquis  del  Patrullero  Velásquez  Robayo  no constató el punto de impacto, ni el radio de  curvatura,  ni  la posición en que quedaron los autos después del choque, sino  que  hace  hipótesis  sobre  la  verdadera  secuencia  que  habrían tenido los  acontecimientos,  máxime  cuando destaca las contradicciones en que dice están  incursos  quienes explicaron con Leguizamón Caro cómo acaecieron, ante lo cual  considera, entonces, no merecen credibilidad.   

Solicita se case el fallo y decrete la nulidad  a  partir de la audiencia preparatoria, con miras a que se disponga practicar la  inspección judicial en el lugar de los hechos.   

El           segundo  cargo  acusa  error  de hecho por  falso  juicio de existencia, a pesar que alude al propio tiempo a suposición de  algunos elementos que condujeron a la decisión atacada.   

Asegura   haber   desestimado   el   fallo  “el  hecho  indicador  comprendido  en  las  salidas  procesales  de  Efrain Torres Gaona y el flexo probatorio en torno a la versión  entregada  por  el  procesado”, supuesto a partir del  cual  reproduce  extensos  apartes  de  esa  versión  de  los hechos y de otras  pruebas  que  analiza, deteniéndose en particular en el consumo de cervezas que  reconoció  el procesado haber ingerido, descartando que tal circunstancia fuera  determinante  en  el accidente, toda vez que “el solo  hecho    material   de   hallarse   embriagado   no   significaba”  que su capacidad estuviera disminuida, dado que no existe dictamen  legista  sobre el particular, máxime si no hubo rastros de alcohol cuando se le  hizo la prueba respectiva.   

Para  el  censor,  la  sentencia  omitió  el  señalamiento  que  hizo  Torres  Gaona  contra  Leguizamón Caro, de haber sido  quien  invadió  el  carril  por  donde transitaba, reconstruyendo el episodio a  partir  de las pruebas que asegura ratifican sus dichos, tales como la posición  de  los  vehículos  según  el  croquis,  los  dictámenes  médico  legal y de  alcoholemia  de  Torres  Gaona,  la  inspección  a los vehículos y el dictamen  pericial.   

Según el recurrente, de no haberse omitido el  testimonio  de  Torres  Gaona y suponerse otras pruebas, diversa habría sido la  decisión,  pues  de  su  versión,  pruebas  documentales y tstimoniales que lo  avalan   “se  demuestra  que  gozaba  de  todas  sus  facultades  segundos  antes  del  accidente  y  que  por  ende  su testimonio es  verdadero”.   

Solicita  se  case la sentencia y absuelva al  procesado.   

Como           tercer  reproche  aduce error de hecho por  falso  raciocinio,  bajo  el  entendido  de  haber  desconocido la sentencia las  reglas de la sana crítica en la apreciación de las pruebas.   

Alude  en  este  sentido  a  las  leyes de la  ciencia  que  estudian  el movimiento de los cuerpos (Física), en relación con  la  colisión  presentada en este caso, de acuerdo con el croquis del accidente,  valiéndose  de  los  datos  en  dicho  informe  contenidos  y  a  partir de las  “leyes de Newton” aplicar  las  fuerzas  de resistencia, rozamiento y gravedad, conceptos que le conducen a  entender   cómo   ascendiendo   Leguizamón   Caro  por  la  vía  “para  no  quedarse en la subida y contrarrestar la resistencia de  la  pendiente  lógicamente  (principio  de  razón suficiente), necesita que el  conductor  impulse  el  motor  con  el  aumento de potencia y aceleración y fue  justo  lo  que  hizo”, sin alcanzar en dicha maniobra  en  virtud  del “radio de giro mínimo”  a  evitar chocar con el vehículo que descendía correctamente por  su  vía,  lo  anterior  en tanto los automotores más pesados tienden a salirse  del carril cuando tienen cerca el vértice.   

Analiza  entonces  el  caso presente bajo los  criterios  de  curva  con  y sin peralte, con base en las leyes de Newton, sobre  cuyas  distintas  ecuaciones construye la conclusión de acuerdo con la cual los  vehículos  pesados  tienen  un  centro  de  gravedad  elevado y son propensos a  volcamientos,  por  lo  cual la fuerza centrífuga se desplaza hacia el exterior  de  la  curva,  de  modo que en su concepto erraron los sentenciadores al asumir  que  la  camioneta  subía  con  lentitud,  como también que eso explicaría la  posición final de los automotores.   

Solicita,  finalmente, se case la sentencia y  advierte  que  se  acompasa  dicho  pedido  a los fines de la casación, dada la  vulneración de derechos fundamentales de su representado.   

Consideraciones  

   

1. Advertido que el  recurso  de  casación  interpuesto  lo  es  respecto  del  delito  de  lesiones  personales  culposas  (arts.  112  a  114.2  C.P.),  punible sancionado con pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  es  inferior  a  ocho  (8) años, en  términos  de  lo  prevenido  por  el  inciso 3. del art. 205 del C. de P.P., es  claro  que contra la sentencia que declaró la responsabilidad de Efraín Torres  Gaona  en este caso era lo procedente el recurso extraordinario y excepcional de  casación,  presupuesto  de  viabilidad  con  sujeción al cual correspondía al  demandante  acudir,  a  esta  modalidad  de  la  impugnación  ante  esta  sede,  resultándole  por  tanto  imperativo  precisar  en  aras  a  la  justificación  material  del  recurso  promovido, según en forma insistente lo ha precisado la  Corte,   de  manera  breve  o  sintética  pero  suficientemente  concreta,  los  argumentos  de  la  viabilidad  del recurso en la indicada especie, esto es, que  era  forzoso  al  actor  señalar, a cuál de las dos alternativas posibilidades  que   prevé  la  ley  se  acogía  dentro  de  los  linderos  de  la  casación  excepcional.   

2. En consecuencia,  debió  indicar  si tenía la impugnación sustento en la necesidad de encontrar  por   parte   de   la   Sala   un   pronunciamiento   con  miras  al  desarrollo  jurisprudencial,  o  si  era  su  cometido  procurar  la  garantía  de derechos  fundamentales  conculcados  a  su  representado,  cada  uno de los supuestos que  debió  explicarse  en  orden  al  contenido y alcance que les son propios, para  poder  tomar  un  inequívoco entendimiento la Sala de hacer una excepción a la  viabilidad  de  la  impugnación  extraordinaria  en  este  caso,  sin que pueda  entenderse   este   aspecto  superado  por  la  genérica  afirmación  in  fine  consignada  por  el  censor  en  el  escrito  de  demanda,  en el sentido que la  casación  es  procedente  por  procurar  actualizar  la  satisfacción  de  uno  cualquiera de sus teleológicos cometidos.   

Observado   que   el   actor   omitió   la  delimitación  clara  y  precisa del fundamento de la casación propuesta dentro  de  los  lindes  de  las  condiciones  que  la  hacen  posible  en  su modalidad  discrecional, el escrito de demanda resulta inidóneo.   

3.  Sin desmedro de  dicha  falencia,  para  abundar  en  acreditaciones  sobre  los desafueros en la  debida  formulación  del  escrito  de  demanda,  de  la  reseña  del libelo se  evidencia  que  se encaminó el casacionista por las causales de nulidad (primer  ataque)  y  quebranto  indirecto  de  la  ley  sustancial  (segundo  y tercero),  haciendo  predominar en el inicial reproche el convencimiento sobre la necesidad  de  practicarse  una  inviable “reconstrucción en el  lugar  de  los  hechos” y en los restantes supuestos  errores  de  hecho  por omisión y falso raciocinio que a todo cuanto se dirigen  es   a   proponer   un   ámbito  de  controversia  valorativa  de  las  pruebas  absolutamente impertinente en esta sede.   

4.  La tantas veces  proclamada  diligencia  de  reconstrucción  de  los  hechos,  en  los términos  procurados  por  el  actor  que  lo conducen a sostener violentado el derecho de  defensa  por  no  haber accedido los juzgadores a su práctica, desapareció con  la  autonomía  legislativa  que  hasta  ese  momento  la  caracterizaba, con la  entrada  a regir del Decreto 0050 de 1987, o lo que es igual, que solamente tuvo  existencia  bajo  la  norma que la contemplaba en el art. 337 del Decreto 409 de  1971.   

Por  lo demás, los sentenciadores finalmente  rechazaron  la  diligencia de “reconstrucción de los  hechos”,  bajo el entendido que si bien inicialmente  en  la  audiencia  preparatoria  del  8  de octubre de 2007 se estimó viable la  inspección  judicial  para  su  realización, en la audiencia del 3 de marzo de  2008  (fl.282)  atendiendo  a  que  no  satisfacía  ninguno  de  los  supuestos  inherentes  a  tal diligencia, la misma fue revocada, desestimándose además la  reposición  incoada,  en  decisión  avalada  por la segunda instancia el 18 de  mayo   de   2009,   por   resultar   esa   prueba  manifiestamente  impertinente  (fl.292).   

El   ejercicio   del  contradictorio  y  la  expresión  que  del mismo se concreta en la interposición de recursos frente a  decisiones  que  en  criterio  de la parte la afectan, materializa el derecho de  defensa,  sin  que  la  negativa  judicial  a lo pedido pueda traducirse por sí  misma   como   quebranto   de   ese   derecho,   con  mayor  razón  cuando  las  determinaciones  adoptadas  tienen  pleno  respaldo  legal  y en la racionalidad  procesal  que  las  sustenta,  por  lo  que  no percibiéndose como una negativa  intransigente   y  afectante  de  garantías,  el  reparo  carece  de  cualquier  fundamento.   

5.  Señaló la  Corte  que  los  reproches dos y tres se encaminaron por violación indirecta de  la ley sustancial.   

Respecto    del    cargo    dos,  en  la  realidad  no  tiene  sentido  afirmar  que  los sentenciadores ignoraron lo depuesto por Efraín Torres Gaona,  cuando  es  lo  cierto  que  encontraron  mayor  respaldo  probatorio y por ende  merecimiento  de  credibilidad  en  la versión que sobre los hechos suministró  Carlos  Julio  Leguizamón  Caro,  sin  que esto traduzca, desde luego, el falso  juicio de existencia propio del error de hecho viable en casación.   

Como es usual, a cuanto apunta el reproche es  a  superponer  al  análisis  del  sentenciador  el  del  actor casacional en un  ejercicio  carente  de  cualquier  posibilidad  ante  esta sede, en que no es la  controversia probatoria un espacio admisible.   

Concluir que la conducción del procesado fue  reglamentaria  porque  éste  lo  sostuvo,  o que las cervezas que aceptó haber  consumido  no tuvieron incidencia alguna en el accidente, pues habría podido ir  “embriagado”  sin  haber  afectado   su   manejo,  son  simples  opiniones  del  actor  irrelevantes  como  argumentos en el recurso extraordinario.   

No   es   que   el  fallador  haya  omitido  “el  señalamiento  que  hizo  Torres  Gaona  contra  Leguizamón   Caro   de   haber   sido   quien  invadió  el  carril  por  donde  transitaba”,  sino  que declaró probados los hechos  de  disímil  manera, atendiendo a diversa prueba testimonial, al propio croquis  del  accidente  y  a  la  versión  del  Policial  de  Tránsito  Jorge  Armando  Velásquez Robayo.   

6.  Finalmente,  a  través  de  una  propuesta manifiestamente especulativa, sin la concurrencia de  datos    suficientes    que   posibilitaran   ese   ejercicio   hipotético   de  reconstrucción  del  episodio  fáctico  desde  premisas  de  la física, en el  tercer  cargo  se propuso el  libelista  desarrollar  un  planteamiento  conjetural  sobre  la  causalidad que  algunos  de  los  factores  incidentes  en el accidente pudieron tener, que dice  suplir  el  ejercicio  contrario  contenido en la sentencia y que entonces asume  suficiente  para sostener inválido desde la perspectiva de postular defectos en  la  racionalidad de sus juicios, cuando en realidad, nada indica que el criterio  de  análisis  probatorio pueda calificarse de desconocedor de los principios de  la  sana  crítica  y  por  el  contrario, es elocuente que está fundado en las  pruebas  válidamente allegadas al expediente.   

Conforme  ha  sido  advertido por la Sala, el  error  de  hecho  bajo  el  supuesto  de  falso  raciocinio  debe  evidenciar  y  comprometer  los  parámetros de la sana crítica como método de estudio de las  pruebas,  esto  es,  los  principios  lógicos,  las  leyes  de la ciencia y las  máximas  de  la  experiencia.  Lo  que  no  resulta pertinente es construir una  realidad  distinta  a  partir  de  la  unilateral  propuesta  de  fórmulas  que  divorciadas  del factum que la sentencia ha construido con las pruebas valoradas  y  pretender  que  tengan  una significación superior y preponderante sobre los  juicios  del  juzgador,  caso  en  el  cual  todo  queda  reducido  a una simple  oposición   de   criterio   carente   de   valor   para   sustentar   el  error  acusado.   

Los  juzgadores fueron contundentes a través  del   estudio   de  los  diversos  elementos  de  convicción  aportados  en  la  determinación  de  que  Torres  Gaona invadió el espacio del carril transitado  por  Leguizamón  Caro, conforme lo ratificaron los diversos testigos del hecho,  infiriendo de dichas pruebas la responsabilidad penal de aquél.   

Estas     censuras     tampoco     son  admisibles.   

En  razón y mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA en SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por el defensor del procesado Efraín Torres Gaona.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno   

Cópiese,   devuélvase  el  expediente  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                              FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                   LUIS   GUILLERMO   SALAZAR   OTERO   

JULIO      ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova  García   

Secretaria  

    

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