39444(13-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 039  

Bogotá, D. C.,  trece (13) de febrero de  dos mil trece (2013).   

VISTOS:  

Se procede a resolver el recurso de casación  presentado  por  el  defensor  de  José  Libardo  Taramuel Cumbalaza, contra la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Pasto  que  confirmó,  parcialmente, la  dictada  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Ipiales con Funciones de  Conocimiento,  por  cuyo  medio  se  condenó al citado como autor del delito de  acceso carnal abusivo con incapaz de resistir agravado.   

HECHOS:  

Fueron   declarados   por  el  ad     quem     en    los    siguientes  términos:   

“…Se  sabe  que  acorde con la denuncia  instaurada  por  la  señora  Aura Cecilia Chirán (madre de la víctima), ésta  informó  que  aproximadamente desde el 11 de octubre de 2008, el aquí acusado,  señor  José  Libardo Taramuel Cumbalaza, molestaba a su hija  Alba Marina  Tipaz  Chirán—de 20 años  de   edad—  [ya  fallecida]  y  que  siempre  que la  veía  en  la calle la hacía subir a su moto y la llevaba para su finca ubicada  en  [el  municipio  de]  Cumbal (donde pernoctaban juntos, sostenían relaciones  sexuales  y  amanecían)  y  que  [el  citado]  le manifestaba que no le fuera a  comentar a nadie y dijera que se había quedado donde una amiga.   

La  relación  perduró  por  dos  años, a  consecuencia  de  lo  cual  [Alba  Marina  Tipaz  Chirán]  quedó  en estado de  embarazo  y  nació un hijo que fue negado por su padre (el acusado), por lo que  se tramita un proceso de reconocimiento de paternidad.   

El  17  de junio de 2009, le fue practicado  examen  sexológico  [a Alba Marina Tipaz Chirán] en el Institutito de Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses,  que  determinó  un  embarazo  de  38  semanas de  gestación  y  se consignó igualmente que «al examen  mental  se  observan  signos  de  déficit  intelectivo  compatibles con retardo  mental»”.   

ANTECEDENTES    PROCESALES   RELEVANTES   

1.   Por  los  hechos  antes  reseñados,  el  23  de  marzo de 2011, ante el Juzgado Promiscuo  Municipal  de  Guachucal  (Nariño)  con  Funciones de Control de Garantías, el  Fiscal  35 Seccional de Ipiales le formuló imputación a José Libardo Taramuel  Cumbalaza  como  presunto  autor del delito de acceso carnal abusivo con incapaz  de  resistir  agravado  (artículos   210   y   211  —numerales         61     y  72—  del  Código  Penal),  la  cual  fue  aceptada  por el citado, a quien se le impuso medida de aseguramiento detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

2.   El  1 de  junio  de  2011,  ante  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Ipiales con  Funciones  de  Conocimiento, se intentó agotar la audiencia de verificación de  legalidad  del allanamiento, no obstante, la misma se suspendió debido a que el  defensor  del  procesado  José Libardo Taramuel Cumbalaza, puso de presente que  como  éste  y la víctima Alba Marina Tipaz Chirán eran miembros del Resguardo  Indígena   del   Gran   Cumbal,   en  cuyo  territorio  ocurrieron  los  hechos  investigados,  la  competencia  para  juzgar  al  primero  correspondía  a  las  autoridades   tradicionales  de  esa  comunidad,  según  lo  consagrado  en  el  artículo  246  de  la  Constitución  Política,  razón por la cual se dispuso  remitir  la  actuación  a  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo  Superior   de   la  Judicatura,  en  orden  a  que  dirimiera  el  conflicto  de  jurisdicciones planteado.   

3. El 15 de junio de  2011,  la referida Sala Jurisdiccional Disciplinaria asignó el conocimiento del  asunto  al  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Ipiales con Funciones de  Conocimiento.   

4.   El 7  de  septiembre  de 2011, se continuó la audiencia de verificación de legalidad  del  allanamiento, durante la cual la defensa solicitó la nulidad de lo actuado  desde  la  vista  pública  en  la  que  el  incriminado  José Libardo Taramuel  Cumbalaza  había  aceptado  los  cargos.  Lo anterior, bajo el argumento de que  para  ese  momento el citado se encontraba ebrio, petición que fue denegada por  infundada,  decisión que a vez se confirmó, el 21 de noviembre de 2011, por el  Tribunal Superior de Pasto.   

5.   El 12 de  enero  de 2012, se reanudó una vez más la audiencia verificación de legalidad  del  allanamiento,  pero  de  nuevo  se  suspendió,  por cuanto el defensor del  inculpado  José  Libardo  Taramuel  Cumbalaza,  informó  del  trámite  de una  acción  de tutela contra la providencia de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  por cuyo medio se había asignado el  conocimiento  del  sub judice  al  Juzgado Primero Penal del Circuito de Ipiales con Funciones de Conocimiento.  Amparo  que  es del caso mencionar, se invocó ante la misma Sala Jurisdiccional  Disciplinaria.   

6.   El 14 de  febrero  de  2012,  la  Sala  Dual  de Decisión No. 7 de la Sala Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Superior de la Judicatura, decidió denegar el amparo  al  debido  proceso  por  desconocimiento  del  juez  natural,  según lo había  solicitado  José  Libardo Taramuel Cumbalaza, motivo por el cual éste impugnó  tal determinación.   

7.   El 23 de  marzo  de  2012,  en  efecto  se  llevó  a  cabo  la audiencia verificación de  legalidad  del  allanamiento, tras lo cual se agotó la de individualización de  pena  y  se dio lectura al fallo, por medio del cual se condenó a José Libardo  Taramuel  Cumbalaza  como  autor del delito de acceso carnal abusivo con incapaz  de     resistir     agravado     (artículos     210    y    211    —numerales   6º   y   7º—  del  Código  Penal),  a quien se le  impuso  la  pena  principal  de  96 meses de prisión, así como la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de  la  sanción  privativa de la libertad, sentencia que fue  apelada por el defensor del inculpado.   

8.  El 30 de  abril  de 2012, el Tribunal Superior de Pasto, confirmó en parte ese fallo, por  cuanto  consideró  que  si  bien  frente  al  caso  particular  se configura la  circunstancia  de agravación consagrada en el numeral 6º del artículo 211 del  Código    Penal    (es   decir,   “se   produjere  embarazo”),  no  era  posible  que  concurriera  la  contenida   en  el  numeral  7º  ibídem,  relativa  a  que  la  víctima  sea una persona con disminución  psíquica,  puesto que el delito por el que se había procedido era el de acceso  carnal  abusivo con incapaz de resistir, en concreto porque la ofendida padecía  un  trastorno  mental, así que a pesar de mantener la pena impuesta, por cuanto  el  a  quo  la fijó en el  mínimo  legal  posible,  eliminó de la imputación jurídica el numeral citado  en último término.   

9.  Contra esa  determinación,  el  defensor  de  José  Libardo  Taramuel  Cumbalaza presentó  recurso de casación.   

10. El 31 de mayo de  2012,   la   Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en  Sala  de  Conjueces  conformada para conocer de la impugnación  contra  el  fallo  de  tutela  del  14  de febrero del mismo año que denegó el  amparo   solicitado   por   José   Libardo   Taramuel  Cumbalaza,  revocó  esa  determinación      y,      en      consecuencia,     resolvió     “invalidar”  la  decisión  del  15 de  junio  de 2011, por cuyo medio se había decidido el conflicto de jurisdicciones  planteado  entre  el Juzgado Primero Penal del Circuito de Ipiales con Funciones  de  Conocimiento  y  el  Cabildo  del Reguardo Indígena del Gran Cumbal y, a su  vez,  dispuso  que  se  debía  tener en cuenta, al dirimir el conflicto, que si  bien  se había acudido al criterio de “la naturaleza  del  hecho”,  éste  no  estaba  contemplado  en  el  artículo  246  de  la  Constitución  Política, pero además, que era del caso  tener  presente  que  en  la  actuación  estaba  acreditado  que  José Libardo  Taramuel  Cumbalaza  era  miembro  de  dicho  resguardo y que los hechos habían  ocurrido dentro de la comprensión territorial del mismo.   

11.  Con auto  del  27  de  agosto de 2012, esta Sala admitió la demanda de casación radicada  por  el  apoderado  del  procesado  José Libardo Taramuel Cumbalaza y, el 23 de  octubre siguiente, se llevó a cabo la sustentación respectiva.   

12.   Cabe  mencionar  que  a  la  fecha  no  hay  constancia  de que la Sala Jurisdiccional  Disciplinaria   del   Consejo   Superior   de  la  Judicatura  haya  emitido  el  pronunciamiento  respectivo  dirimiendo el conflicto de jurisdicciones planteado  entre  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Ipiales  con Funciones de  Conocimiento  y  el  Cabildo  del  Reguardo  Indígena del Gran Cumbal, tras ser  invalidada en sede de tutela su decisión del 15 de junio de 2011.   

LA   DEMANDA:  

Está  compuesta  por  un  solo  cargo  y es  postulado  con  fundamento  en  la  causal  primera  de casación prevista en el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, a través del cual el libelista denuncia  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  cuanto  considera que se  incurrió  en  la  aplicación  indebida  del  artículo  29 de la Constitución  Política,  así  como  en  la  correlativa  falta  de  aplicación,  tanto  del  artículo  246,  también  de  la  Carta,  donde  se  establece que “las   autoridades  de  los  pueblos  indígenas  podrán  ejercer  funciones  jurisdiccionales  dentro  de  su  ámbito  territorial”,  como  de  los  artículos  19  de  la  ley en cita, que recoge el  principio  de juez natural, y el 30 ibídem,  en  el  cual  se  preceptúa  como excepciones a la jurisdicción  penal  ordinaria,  “los asuntos de los cuales conozca  la jurisdicción indígena”.   

En  sustento  de  esa formulación, el actor  señala  que  frente  al caso particular está demostrado que el procesado José  Libardo  Taramuel  Cumbalaza  es  miembro  y  habita  dentro  de la comprensión  territorial del Resguardo Indígena del Gran Cumbal.   

Luego de hacer un recuento de las decisiones  de        la        Corte       Constitucional3  y  de  esta Sala de Casación  Penal4,  en  las  que  se  han  precisado los elementos para determinar la  competencia  de  la  jurisdicción  indígena,  esto  es,  (i)  el personal o la  condición  de  indígena del procesado, (ii) el territorial o geográfico, esto  es,  donde  ocurrieron  los hechos, (iii) el objetivo, o la naturaleza bien, del  sujeto  perjudicado o del bien jurídico afectado, y (iv) el institucional, o la  existencia   de   una   comunidad   indígena  con  capacidad  para  ejercer  su  jurisdicción  de  acuerdo  con  sus  usos tradicionales; señala que en el caso  particular  no  hay  argumento  válido  para  desconocer  la  competencia de la  jurisdicción indígena.   

En  ese  sentido,  expresa  que  en el caso  particular  concurren  los  anteriores  elementos,  por cuanto tanto la víctima  como  el  procesado  pertenecen  a la comunidad del Resguardo Indígena del Gran  Cumbal,  la  conducta  por la que se investiga al primero se cometió dentro del  territorio  del  mismo,  pero  además,  existe  una  autoridad  tradicional que  expresamente  hizo  uso  del  derecho consagrado en el artículo 246 de la Carta  Política,  al  demandar  el  conocimiento del presente  asunto,  la  cual  cuenta  con  procedimientos ajustados a la Constitución y la  ley.   

Añade que el error de la Sala Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en  la decisión que  resolvió  el  conflicto de jurisdicciones, luego invalidada por vía de tutela,  radicó  en  desconocer  que  los  hechos  ocurrieron  dentro del territorio del  Resguardo  Indígena  del  Gran  Cumbal y, a su vez, al basarse en apreciaciones  subjetivas  acerca  de  lo  sucedido,  con  el  fin  de negar la aplicación del  artículo 246 de la Norma Superior.   

Así las cosas, solicita casar la sentencia  objeto  de  impugnación  y,  en  consecuencia,  declarar  la nulidad de todo lo  actuado   remitiendo   las   diligencias   al   Resguardo   Indígena  del  Gran  Cumbal.   

INTERVENCIONES    EN    LA   AUDIENCIA   PÚBLICA:   

1.  Defensor  del  procesado  José  Libardo  Taramuel Cumbalaza:   

Reitera  de forma sucinta el contenido de la  demanda y la solicitud consignada en ella.   

2.      Fiscalía    General   de  la   Nación:   

El   Fiscal   Noveno  Delegado  ante  esta  Corporación,  inicialmente  sostiene que la Corte está legitimada para revisar  las   decisiones   a  través  de  las  cuales  se  diriman  los  conflictos  de  jurisdicciones5,  pues,  en  su  calidad de tribunal de casación, le compete velar  por  los derechos fundamentales, entre ellos, el debido proceso en su expresión  del juez natural.   

Sostiene  que  atendiendo a lo preceptuado en  los  artículos  246  de  la Carta Política, 9º del Convenio 169 de 1989 sobre  “Pueblos   Indígenas   y   Tribales   en   Países  Independientes”  de  la  Organización Internacional  del  Trabajo,  aprobado  mediante la Ley 21 de 1991, 12 de la Ley Estatutaria de  la  Administración  de  Justicia y 30 del Código de Procedimiento Penal, se ha  admitido la existencia de la jurisdicción indígena.   

Frente  a  esa  jurisdicción  indica, que la  Corte   Constitucional  ha  construido  una  línea  jurisprudencial6  basada en el  principio  de  “maximización de la autonomía de las  comunidades  indígenas”, la cual a su vez ha llevado  a  “edificar  los  elementos  que  componen el fuero  indígena,     que     son:     el    personal,    territorial,    objetivo    e  institucional”.   

Expresa  que  de  ellos el que adquiere mayor  relevancia,  en  procura de resolver el caso de la especie, es el institucional,  así   que   una   vez  hace  referencia  a  las  subreglas  elaboradas  por  la  jurisprudencia             constitucional7     para    constatar    su  configuración,  añade que por igual dicha jurisprudencia ha señalado que para  demostrar  el  elemento  aludido,  “es suficiente la  voluntad  de  la  autoridad  indígena  para  conocer  del  caso,  así  como el  conocimiento  de  que  ella  posee  la  capacitad  estructural para adelantar el  proceso,  sin  caer  en  valoraciones  sobre  el  derecho  propio  o  el  de  la  mayoría”.   

Así  las cosas, sostiene que en el asunto de  la  especie  concurren todos los elementos para predicar el fuero indígena, por  cuanto:   

“El 28 de marzo de 2011 el Gobernador del  Reguardo  del Gran Cumbal del departamento de Nariño, pide al juez ordinario la  remisión   del   proceso  seguido  contra  José  Taramuel  Cumbalaza,  adjunta  constancia  en  el sentido de que el imputado y la víctima son miembros activos  de  esa comunidad, etnia los pastos, residentes en la vereda Tasmag, debidamente  inscritos  en  el censo indígena de esa parcialidad, lo que soporta el elemento  personal.   

De  conformidad con la denuncia formulada y  tal  como  se  reseña  en  los fallos de instancia, los hechos acaecieron en un  predio  rural,  en  la  vereda  Tasmag, sector Chilco, perteneciente al Reguardo  Indígena   del   Gran   Cumbal,   concurriendo   de   esta   forma   el  factor  geográfico.   

Se  procesó  al  indígena por la presunta  comisión  del  delito  de  acceso  carnal abusivo con incapaz de resistir, cuyo  juzgamiento   se   ha   solicitado  oportunamente  por  la  autoridad  indígena  respectiva,  que  ha  manifestado,  tal como consta en la comunicación del 7 de  junio  del  2011,  que cuenta con los mecanismos idóneos que brindan garantías  suficientes  a  las  partes,  mediante  procedimientos  que  respetan  la  Carta  Política  y  la ley, preservando la dignidad del ser humano, con los mecanismos  necesarios  para  tomar  sus  propias decisiones de acuerdo con sus tradiciones,  con lo que se conjugan los elementos objetivo e institucional”.   

Afirmado lo anterior, cuestiona la decisión  de  la  Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura,  por  cuyo  medio  se  dirimió el conflicto de jurisdicciones en el sub  lite,  por  cuanto allí se concluyó  que  no  concurrían  los  elementos  personal  y  geográfico, pero además, se  introdujo  un  elemento  extraño  para  determinar  el  fuero  indígena que se  denominó   “naturaleza   del  hecho”,  a  partir  del  cual  se afirmó que como el delito por el que se  procedía   era   grave,   se   debía   dar   prevalencia  a  la  jurisdicción  ordinaria.   

Expresa  el Delegado de la Fiscalía que con  esa   postura   se  ignoraron  los  elementos  de  convicción  obrantes  en  la  actuación,  los cuales demuestran la condición de indígena del procesado, que  los  hechos sucedieron dentro del territorio del Resguardo del Gran Cumbal, así  como  la  existencia  de  una  estructura comunitaria capaz de impartir justicia  dentro  de  su  territorio  con  sus  normas  y procedimientos ancestrales, pero  además,   se   interpretó  de  manera  restrictiva  el  artículo  246  de  la  Constitución Política.   

Finalmente, luego de recordar que en fallo de  tutela  de  segunda  instancia  del 31 de mayo de 2012 de la Sala Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo Superior de la Judicatura, se invalidó la decisión  que   había   dirimido  el  conflicto  de  jurisdicciones  en  el  sub   judice,  pide  casar  la  sentencia  impugnada,  anular  lo  actuado  por  la  jurisdicción  ordinaria y remitir las  diligencias al Cabildo Indígena del Gran Cumbal.   

3.      Ministerio    Público:   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal,  al  igual que la Fiscalía, menciona la facultad que tiene la  Corte    de    revisar    las    decisiones    que    dirimen    conflictos   de  jurisdicciones8  y señala que, como en este caso la determinación adoptada en ese  sentido  fue  “invalidada”  mediante  fallo de tutela de segunda instancia, donde se ordenó emitir un nuevo  pronunciamiento   teniendo   en   cuenta   las   pruebas   y  la  jurisprudencia  constitucional,  sin  que  así  haya  ocurrido,  entonces  lo  cierto es que el  mencionado  conflicto  no  se  ha  definido,  por lo que esta Sala debe entrar a  resolverlo, en razón de la demanda de casación presentada.   

De otro lado, aduce que el artículo 246 de la  Constitución  Política, en concordancia con el 9º del Convenio 169 de 1989 de  la   Organización  Internacional  del  Trabajo,  admite  la  existencia  de  la  jurisdicción    indígena    y,    de    acuerdo    con    la    jurisprudencia  constitucional9,  de  esta  se deriva el derecho a un fuero que resulta de conjugar  tres elementos:   

“uno, el carácter personal, es decir, que  el  individuo deba ser juzgado de acuerdo con las normas y las autoridades de su  propia  comunidad  de  la  que  no  haya  perdido  raíces;  dos,  el  carácter  geográfico,  que  permite  que  cada  comunidad  pueda juzgar las conductas que  tengan  ocurrencia  dentro  de  su  territorio de acuerdo a sus propias normas y  costumbres;  y  tres,  que  exista  una  organización  indígena con suficiente  coherencia  y fuerza para adelantar y tramitar el proceso y llegar a la sanción  que acostumbre la comunidad”.   

En esa medida, estima que en el presente caso  concurren los tres elementos, por cuanto:   

“La  conducta fue cometida por un miembro  de  la  comunidad  del  Gran  Cumbal,  la víctima igualmente hace parte de esta  comunidad,  los  hechos  ocurrieron  en  territorio  del  reguardo indígena, la  conducta  es  considerada  dañosa tanto el la ley común colombiana como en las  costumbres  indígenas  y  existe  una  organización  indígena  con suficiente  fuerza,   y   la   manifestación   expresa   de   la   voluntad  de  asumir  el  caso”.   

Por  tanto,  considera  que al verificarse la  situación  descrita,  se  configura  una  afectación al juez natural, así que  solicita  casar  la  sentencia  impugnada,  anular  lo  actuado  y  remitir  las  diligencias al Cabildo Indígena del Gran Cumbal.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE:   

1.  Aun cuando  está      decantado      por      la      Sala10,  que  admitida la demanda de  casación  se  dejan de lado los defectos formales que ella pueda evidenciar, en  todo  caso  conviene  anotar,  que  como el único cargo que aquí la compone se  postula  con  fundamento  en  la causal primera prevista en el artículo 181 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  alusiva  a  lo  que  en  la  doctrina  se ha  denominado  violación  directa  de  la  ley sustancial, y la censura en esencia  denuncia  el  desconocimiento  del  debido proceso en su manifestación del juez  natural,  lo  cual  deriva  en  la  nulidad de lo actuado, se tiene que el actor  incurrió  en una imprecisión, pues le correspondía acudir a la causal segunda  consagrada  en  la  norma  en  cita,  que está instituida para acusar vicios de  actividad      o      in     procedendo.   

Ello   es  así,  por  cuanto  si  bien  la  vulneración  de  la  garantía  del  juez  natural se desarrolla conforme a los  dictados  de  la  causal  primera  de casación prevista en el artículo 181 del  Estatuto     Procesal     Penal     —como     en     efecto    lo    hace    el    demandante—,  en  tanto  está  reglada  por  la  Constitución  y  la  ley,  su  quebrantamiento  se debe invocar a través de la  casual   segunda  ibídem11, pues la consecuencia que se  deriva es la invalidez del trámite.   

2.  Precisado  lo  anterior,  la  Corte  procede  a  resolver  si en el asunto de la especie se  desconoció  la garantía del debido proceso en punto del juez natural, conforme  lo  pregona el demandante, al ser adelantada la actuación por la justicia penal  de la jurisdicción ordinaria, mas no por la indígena.   

3. Al efecto resulta  oportuno  indicar  desde  ahora, que conforme se dejó consignado al realizar el  recuento  de  la  actuación  procesal —y   lo   reiteran   la   defensa,   la  Fiscalía  y  el  Ministerio  Público—, si bien la Sala  Jurisdiccional   Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  con  decisión   del  15  de  junio  de  2011,  dirimió  el  conflicto  positivo  de  jurisdicciones  suscitado  en el sub judice,   tal   determinación   se   dejó  sin  validez  por  esa  misma  Corporación  mediante  fallo  de  tutela de segunda instancia del 31 de mayo de  2012,  al  verificar  la consolidación de una vía de hecho y, en consecuencia,  ordenó  definir  de  nuevo el conflicto, sin que a la fecha esto haya sucedido,  por lo que en síntesis no se resolvió sobre el particular.   

4. Puntualizado lo  anterior,  es  del  caso  recordar,  que la función jurisdiccional se encuentra  reglada  a  través  de la Constitución y la ley, conforme se puede apreciar en  los  artículos  221,  234, 235, 239, 246 y 254 de la Carta, 11 y 12  de la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia  y  en  los  códigos de  procedimiento, especialmente.   

5. A su vez, en el  artículo  12  de la Ley Estatutaria de la Administración de Justicia, luego de  estipular  que  dicha  función  “se  ejerce  por la  jurisdiccional   constitucional,  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  la  jurisdicción  de  lo contencioso administrativo, las jurisdicciones especiales,  tales   como   la   militar,  la  indígena  y  justicia  de  paz”,  también  se consagra que tal función la desarrolla “la  jurisdicción  ordinaria,  que conocerá de todos los asuntos  que  no  estén  atribuidos  expresamente  por  la Constitución y la ley a otra  jurisdicción”.   

6. Lo señalado en  precedencia  impone  advertir,  que la competencia de la jurisdicción ordinaria  está  condicionada,  en  relación con los asuntos que eventualmente puedan ser  del  conocimiento  de  la  jurisdicción  indígena, tanto a la constatación de  ciertos  requisitos,  como  a  la  manifestación de la voluntad de la comunidad  indígena  de  hacer  ejercicio  del  derecho  de  activarla  a su favor, como a  espacio  se  expondrá  con  el  propósito  de  resolver si, en el sub  judice,  se  violó  la garantía del  juez natural.   

7.  En efecto,  el   artículo   246   de   la   Carta   Política,   prevé   que  “Las   autoridades   de   los   pueblos   indígenas  podrán  ejercer  funciones  jurisdiccionales  dentro de su ámbito  territorial,  de  conformidad con sus propias normas y  procedimientos,  siempre  que  no sean contrarios a la Constitución y las leyes  de    la    República”    (subraya    fuera    de  texto).   

8. Ahora, a partir de  esa   Norma   Superior,  la  Corte  Constitucional  ha  venido  construyendo  su  jurisprudencia  orientada  a  determinar, de un lado, los elementos básicos que  sirven  de  sustento a la jurisdicción indígena y, de otra parte, el alcance y  límites   del   fuero   indígena,   a   falta  de  desarrollo  legislativo  al  respecto12.   

En  ese  propósito,  ha tenido en cuenta que  nuestra  Carta  Política pregona que “Colombia es un  Estado   social   de   derecho,  organizado  en  forma  de  Republica  unitaria,  descentralizada,  con  autonomía  de sus entidades territoriales, democrática,  participativa  y pluralista, fundada en el respecto de  la  dignidad  humana” (at.  1º),    que   tiene   como   fines   “facilitar  la  participación  de  todos  en las decisiones que los  afectan   y   en   la   vida  económica,  política,  administrativa  y  cultural de la Nación”   (art.   2º),  pero  también,  que  “reconoce  y  protege  la  diversidad   étnica   y   cultural   de   la   Nación   Colombiana”   (art.   7º)   y  que  “tiene  el deber de promover y fomentar  el   acceso   a   la   cultura   de   todos   los  colombianos  en  igualdad  de  oportunidades”,     en     tanto     “la    cultura    en   sus   diversas  manifestaciones     es     fundamento     de     la     nacionalidad”,  por  lo cual está en la obligación  de  impulsar  “la difusión  de  los valores culturales de la nación” (art. 70).   

Igualmente,   la  Corte  Constitucional  ha  considerado  que  como  el Estado a través de sus autoridades está en el deber  de  asegurar el ejercicio del derecho a la autonomía de los pueblos aborígenes  que  habitan  el  territorio  nacional,  de  ello  se  desprenden un conjunto de  principios    de    interpretación    en   orden   a   preservar   —pero   también   limitar—  el  ejercicio  de  tal  derecho,  en  particular los siguientes:   

“1.    Principio    de   «maximización    de    la    autonomía    de   las   comunidades  indígenas»    (o    bien,    de    «minimización  de  las  restricciones a su autonomía»):  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia  constitucional,  solo son  admisibles  las  restricciones  a  la  autonomía de las comunidades indígenas,  cuando  estas  (i)  sean  necesarias  para  salvaguardar  un  interés  de mayor  jerarquía;   y  (ii)  sean  las  menos  gravosas,  frente  a  cualquier  medida  alternativa,  para  la  autonomía  de  las comunidades étnicas. La evaluación  sobre  la  jerarquía  de  los  intereses  en juego y la inexistencia de medidas  menos  gravosas, debe llevarse a cabo teniendo en cuenta las particularidades de  cada comunidad.   

2.    Principio    de    «mayor    autonomía    para    la    decisión    de   conflictos  internos»: la jurisprudencia de esta Corporación ha  establecido  que  el respeto por la autonomía debe ser mayor cuando el problema  estudiado   por  el  juez  constitucional  involucra  solo  a  miembros  de  una  comunidad,  que  cuando el conflicto involucra dos culturas diferentes, debido a  que  en  el  segundo caso deben armonizarse principios esenciales de cada una de  las culturas en tensión.   

(…)  

3.    Principio    de    «a   mayor   conservación   de   la   identidad  cultural,  mayor  autonomía».   

(…)  

…Frente  a  comunidades con alto grado de  conservación  de  sus  costumbres, el juez debe ser más cauteloso y valerse de  conceptos  de  expertos  para  aproximarse  al derecho propio, mientras que este  procedimiento  puede  efectuarse  de  manera menos exigente frente a comunidades  que hayan adaptado categorías y formas del derecho mayoritario.   

Sin  embargo,  ese  grado  de conservación  cultural  no  puede  llevar  al  juez,  ni  a  ningún otro operador judicial, a  desconocer  las  decisiones  autónomas  de  cada  comunidad, incluidas aquellas  dirigidas  a  iniciar  un proceso de recuperación de tradiciones, o a separarse  de algunas de sus tradiciones.   

«La  decisión  de una comunidad indígena  con  un  grado  escaso  de  conservación  de  sus tradiciones, en el sentido de  iniciar  un  proceso  de  recuperación cultural debe ser respetada, de la misma  forma  y  en  el  mismo  grado,  que  la  decisión  de otra comunidad, con alta  conservación  de  sus  tradiciones, de incorporar formas sociales propias de la  cultura   mayoritaria»  (…)  «En  ningún  caso  (…)  está  permitido  al  intérprete  desconocer  la  autonomía  de  las comunidades; lo que sucede, por  así      decirlo,      es      que     la     necesidad     de     traducción   de   las   instituciones  indígenas  al  derecho  mayoritario  —o  viceversa—  es   de  mayor  entidad  en  el  segundo  caso»”13.   

8.1. Ahora, a partir  del    contenido    de   los   artículos   1,   2,   7,   70   y   —por      su     puesto—  del  246 de la Carta Política, así  como  de  los  principios antes esbozados, la Corte Constitucional, frente a los  elementos   que   sirven   de   sustento   a   la  jurisdicción  indígena,  ha  precisado:   

“…la    jurisdicción    indígena  comporta:   

—  Un elemento  humano,  que  consiste  en la existencia de un grupo diferenciable por su origen  étnico    y    por    la    persistencia    diferenciada    de   su   identidad  cultural.   

—  Un elemento  orgánico,  esto  es  la existencia de autoridades tradicionales que ejerzan una  función de control social en sus comunidades.   

—  Un elemento  normativo,  conforme  al  cual  la  respectiva  comunidad se rija por un sistema  jurídico  propio  conformado  a  partir de las prácticas y usos tradicionales,  tanto en materia sustantiva como procedimental.   

—  Un  ámbito  geográfico,  en cuanto la norma que establece la jurisdicción indígena remite  al  territorio,  el  cual  según  la propia Constitución, en su artículo 329,  deberá  conformarse  con  sujeción  a la ley y delimitarse por el gobierno con  participación de las comunidades.   

— Un factor de  congruencia,  en  la  medida  en  que  el  orden  jurídico tradicional de estas  comunidades   no   puede   resultar   contrario  a  la  Constitución  ni  a  la  ley”14.   

8.2.   De otra  parte,  la  Corte  Constitucional  ha  expresado  que  para  el  ejercicio de la  jurisdicción  indígena,  por  tratarse  de  un derecho autonómico15,   debe  tenerse  en  cuenta  un  fuero,  sobre  el  cual  esta  Sala de Casación Penal,  siguiendo    de    cerca    la    jurisprudencia    de   aquella   Corporación,  sostuvo:   

“Del  fuero  indígena, de sus alcances y  límites,    la    Corte    Constitucional   ha   desarrollado   en   múltiples  pronunciamientos    una    línea    jurisprudencial    que   comenzó    con    la   sentencia  T-496/96.  En  esta,  tras  la  advertencia  de  que  no  siempre  la jurisdicción indígena es competente para  conocer  de  una  conducta reprochable en la cual esté involucrado un aborigen,  expresó la Corporación:   

«El fuero indígena tiene límites, que se  concretarán  dependiendo de las circunstancias de cada caso. Por ahora, debemos  señalar,  que  en  la  noción  de fuero indígena se conjugan dos elementos: uno de carácter personal,   con   el  que  se  pretende  señalar  que  el  individuo  debe  ser  juzgado de acuerdo con las normas y las  autoridades   de   su   propia   comunidad,  y  uno  de  carácter  geográfico,   que   permite  que  cada  comunidad  pueda  juzgar  las  conductas  que  tengan  ocurrencia  dentro  de su  territorio, de acuerdo con sus propias normas».   

Sin dejar de contemplar situaciones de mayor  complejidad16,  como cuando el delito es cometido por un indígena por fuera del  ámbito   territorial   del   resguardo,   la  conclusión  clara  del  Tribunal  Constitucional,  frente  a  eventos  de  conductas ejecutadas por miembros de la  comunidad  dentro  de  su  territorio,  fue  que  «en  virtud   de   consideraciones   territoriales   y  personales,  las  autoridades  indígenas  son  las llamadas a ejercer la función jurisdiccional» en tales casos.   

(…)  

En  la sentencia T-552/03, estimó la Corte  Constitucional  que además de los factores personal y territorial, «en  la  definición  del  fuero  indígena  concurre  también el  elemento objetivo, referido  a  la  calidad  del  sujeto  o  el  objeto  sobre  los  que  recae  la  conducta  delictiva»…   

En  la sentencia T-617/10… consideró que  definir  el  elemento  objetivo  de  la  manera  como  se  hizo en el precedente  jurisprudencial,  resultaba  demasiado  vago  al  no  especificarse «qué   tipo  de  objetos,  o  sujetos  afectados,  determinan  la  competencia  de la jurisdicción especial indígena».  Decidió   la   Corporación,   por   tanto,   profundizar  en  el  alcance  del  concepto.   

«El   elemento   objetivo   –dijo—  hace referencia a la naturaleza del  sujeto  o  del  bien  jurídico afectado por una conducta punible, de manera que  pueda  determinarse si el interés del proceso es de la comunidad indígena o de  la  cultura  mayoritaria.  Más  allá  de las dificultades que puedan surgir en  cada  caso  para  evaluar  el  elemento  objetivo,  es evidente que existen tres  opciones  básicas  al  respecto:  (i) el bien jurídico afectado, o su titular,  pertenecen  a  una  comunidad  indígena; (ii) el bien jurídico lesionado, o su  titular,   pertenecen   exclusivamente   a   la   cultura   mayoritaria;   (iii)  independientemente  de  la  identidad  cultural  del  titular, el bien jurídico  afectado  concierne  tanto  a  la comunidad a la que pertenece el actor o sujeto  activo de la conducta, como a la cultura mayoritaria.   

El  elemento  objetivo  indica  soluciones  claras  en  los  supuestos  (i)  y (ii): en el primero, el caso corresponde a la  jurisdicción  especial indígena; y en el segundo, a la justicia ordinaria. Sin  embargo,  en  el evento (iii), el elemento objetivo no resulta determinante para  definir   la   competencia.   La   decisión  del  juez  deberá  pasar  por  la  verificación  de  todos  los  elementos  del  caso  concreto  y  por los demás  factores   que  definen  la  competencia  de  las  autoridades  de  los  pueblos  aborígenes».   

(…)  

El   elemento  institucional, llamado así en la sentencia T-617/10,  surgió  en  la  sentencia  T-552/03,  donde  se  le  incluyó  como  factor  de  procedencia  de  la  jurisdicción indígena. Se mencionaban hasta entonces como  condiciones  formales  de  aplicación  de  esa justicia especial, derivadas del  artículo  246  de  la  Constitución  Nacional,  la existencia de una comunidad  indígena  con autoridades tradicionales y un ámbito territorial definido donde  las mismas ejerzan autoridad.   

«Lo  anterior  sin  embargo  —agregó la Corte Constitucional en la  sentencia  T-552/03—, no  sería  suficiente,  por cuanto se requiere, además, establecer la capacidad de  esas  autoridades  de los pueblos indígenas para ejercer jurisdicción conforme  a usos tradicionales».   

(…)  

Más  adelante,  tras  la  fundamentación  constitucional pertinente, concluyó la Corporación judicial:   

«En  ese  contexto,  resulta contrario al  principio  de  diversidad  étnica y cultural y a la garantía constitucional de  la  jurisdicción  indígena,  la  pretensión  de  que  la procedencia de ésta  dependa  del reconocimiento externo en torno a la existencia y validez del orden  jurídico  tradicional.  Establecida  la  existencia de una comunidad indígena,  que  cuente  con  autoridades  propias  que  ejerzan  su  poder  en  un  ámbito  territorial  determinado,  surge directamente de la Constitución, el derecho al  ejercicio  de  la jurisdicción. Las prácticas y usos tradicionales constituyen  el   marco   de   referencia   para  el  ejercicio  de  esa  facultad,  pero  su  determinación  corresponde de manera autónoma a la propia comunidad indígena,  con  la  sola  limitación  según  la cual ese sistema normativo tradicional no  puede  contrariar  la Constitución ni las leyes. Esta última condición, de la  manera  como  ha  sido  perfilada  por  la  Corte,  solo  sería  objeto  de una  verificación  ex post, para  la  garantía  de  los derechos fundamentales de las personas que pudiesen verse  afectadas    por    la    acción    o    la   omisión   de   las   autoridades  indígenas»”.   

8.3. Ahora, es del  caso  mencionar  que  además de los elementos que deben concurrir para predicar  la  existencia  de  la jurisdicción indígena y de aquellos indispensables para  la  estructuración del fuero, es necesario, para activar tal jurisdicción, que  se  señale  por  parte de la comunidad ancestral la voluntad de hacer ejercicio  de  su  competencia,  conforme  lo  ha  indicado  la  Corte  Constitucional,  al  concluir:   

“El   derecho   al   ejercicio  de  la  jurisdicción  especial  indígena  es  de  carácter  dispositivo, voluntario u  optativo para la comunidad.   

Sin embargo, cuando una comunidad asume el  conocimiento  de  un  caso  determinado,  no  puede  renunciar  a tramitar casos  similares  sin ofrecer una razón legítima para ello, pues esa decisión sería  contraria    al    principio    de    igualdad”17.   

9.  Precisado  lo  anterior,  corresponde determinar inicialmente, si frente al caso particular  en   efecto  se  constata  la  presencia  de  los  elementos  que  comportan  la  jurisdicción indígena.   

9.1.   En  cuanto     hace     referencia     al    “elemento  humano”,  se  observa  que  éste  se  estructura  a  través  de  la  existencia  del  grupo  étnico “Los  Pastos”18,     cuyo  asentamiento   data   de   tiempos   prehistóricos19,  del  cual  hacen parte los  habitantes del Reguardo Indígena del Gran Cumbal.   

9.2.   El  elemento   “orgánico”  también  concurre  en  este caso, en tanto la comunidad indígena reunida en el  reguardo     anotado,    cuenta    con    autoridades    ancestrales20, las cuales,  dentro  del  ejercicio  de  su organización autonómica, están en capacidad de  asumir  la  solución  de  los  conflictos  originados  entre sus miembros, pero  además,  cuenta  con  las  herramientas  para  asegurar  el cumplimiento de sus  propias                  decisiones21.   

9.3. Por igual se  demuestra    la    configuración   del   “elemento  normativo”,  dado  que el Cabildo Indígena del Gran  Cumbal  tiene  previstos un conjunto de usos y costumbres idóneos para llegar a  la  solución  de  los  conflictos  que  se suscitan entre los integrantes de la  comunidad22.   

9.4.   El  “elemento  geográfico”  así  mismo  confluye en este caso, toda vez que el territorio del Resguardo del  Gran  Cumbal,  fue  formalizado a través del Título 228 de 1908, el cual está  situado  al  occidente  de  la cabecera del Municipio de Cumbal y comprende ocho  veredas:  Boyera,  Cuaical,  Cuetial,  Cuaspud,  Guan,  Miralflores-San Martín,  Quilismal             y            Tasmag23  (de la cual hacen parte los  sectores   Chilco,   Guaires,   Kamur   y   Tolas)24.   

9.5.    El  “factor  de  congruencia”  por  igual  se hace presente, pues al efecto se observa que el Cabildo Indígena  del  Gran  Cumbal  dio  a  conocer  que  los  usos,  costumbres y procedimientos  aplicados  en  la solución de los conflictos que se suscitan entre los miembros  de  la  comunidad  no  van  en  contra  de  la  Constitución, ya que respetan y  preservan    la    dignidad    del    ser   humano25.   

10.  De otra  parte,  si  bien  los elementos antes señalados constituyen un presupuesto para  predicar  la consolidación de la jurisdicción indígena, ello no es suficiente  para  alegar  la competencia de la misma, pues a la par deben concurrir aquellos  que sirven para predicar el fuero frente a una determinada persona.   

En  ese  sentido,  corresponde  examinar si  frente  al  procesado  José Libardo Taramuel Cumbalaza hay lugar a concluir que  están presentes.   

10.1.   En  cuanto     hace     referencia     al    “elemento  personal”,  se tiene que en relación con el acusado  se  conoció,  a  través de constancia del 29 de marzo de 2011, suscrita por el  Gobernador  del Reguardo Indígena del Gran Cumbal, que aquel nació en el mismo  y  que  reside en la vereda Tasmag, quien es miembro activo de dicha comunidad e  incluso  está  inscrito  en el censo indígena de la vereda en cita26.   

10.2.  Frente  al      “elemento     geográfico”,  se  evidencia  que  los  hechos por los cuales es procesado José  Libardo  Taramuel Cumbalaza ocurrieron, de conformidad con la denuncia formulada  por  Aura  Cecilia  Chirán,  en  el  sector Chilco de la vereda Tasmag, la cual  pertenece  al  municipio de Cumbal (Nariño) y, a su vez, conforme se indicó al  hacer   referencia  al  mismo  elemento,  pero  que  comporta  la  jurisdicción  indígena,  se  precisó  que  tal  sector  y  vereda  hacen parte del Resguardo  Indígena        del        Gran        Cumbal27,  de  donde  se sigue que la  conducta   imputada   al  citado  tuvo  ocurrencia  dentro  de  su  comprensión  territorial.   

10.3. Respecto del  “elemento  objetivo”, es  necesario  recordar  que  en este caso se logró determinar, mediante constancia  del  29  de  marzo de 2011, firmada por el Gobernador del Reguardo Indígena del  Gran  Cumbal,  que  la  víctima Alba Marina Tipaz Chirán había nacido allí y  que  era residente de la vereda Tasmag, quien a su vez integraba dicha comunidad  y  aparecía  inscrita  en  el  censo indígena de la vereda anotada28.   

Adicionalmente, se tiene que en el asunto de  la  especie,  de  acuerdo con la cultura mayoritaria, el bien jurídico afectado  sería  la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales,  cuyo  titular es un  miembro  del  referido  resguardo,  agrupación  a  la  cual,  como se ha dejado  explicado más arriba, también pertenece el presunto victimario.   

Así  las cosas, como se pretende someter a  las  autoridades  ancestrales  el  caso,  es  claro que el mismo es del completo  interés  de  la  comunidad  indígena  y también que allí se reputa nociva la  conducta atribuida a José Libardo Taramuel Cumbalaza.   

10.3.   En  relación        con        el        “elemento  institucional”,  es  del  caso  registrar  que  a la  actuación  se  allegó  escrito  del  7  de  junio  de  2011,  suscrito  por el  Gobernador  Indígena  del Resguardo del Gran Cumbal29,  en donde se expresa que la  comunidad  cuenta  con  autoridades ancestrales, así como con usos y costumbres  que  permiten  resolver  con  idoneidad  los  conflictos  que se presentan en su  interior,  las  cuales hacen ejercicio de su autonomía, según tuvo oportunidad  de  señalarse  al  analizar  el  elemento  geográfico, dentro de un territorio  determinado.   

Lo señalado en precedencia lleva a afirmar  entonces,  que  en  relación  con el procesado José Libardo Taramuel Cumbalaza  concurren  los elementos fijados por la Corte Constitucional para estructurar el  fuero indígena.   

11.   Resta  entonces  examinar, si en ejercicio del poder dispositivo propio de la comunidad  organizada  del  Resguardo Indígena del Gran Cumbal, se reclamó la competencia  para conocer del caso de José Libardo Taramuel Cumbalaza.   

En   ese   sentido,   se  cuenta  con  la  comunicación  del  28  de marzo de 2011, suscrita por el Gobernador del Cabildo  Indígena  del Gran Cumbal, en la cual se solicitó al Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Ipiales  con  Funciones  de Conocimiento, la remisión del proceso  adelantado  contra  el aquí acusado, bajo el argumento de que éste era miembro  del  resguardo  y  que  la  falta  se  había cometido dentro del territorio del  mismo,  a quien por tanto se le resolvería su situación de conformidad con los  usos y costumbres de la comunidad ancestral.   

Con  oficio  del  7  de  junio de 2011, una  manifestación  semejante  del  gobernador del aludido cabildo fue allegada a la  actuación,  en  la cual expuso que: “en ejercicio de  la  autoridad  (sic)  que me  confiere  la  Constitución  Política de Colombia, he reclamado el conocimiento  del  asunto en referencia, para la decisión de nuestras autoridades ancestrales  indígenas,      bajo      nuestros     usos     y     costumbres”.   

En esa medida, es claro que la jurisdicción  indígena  fue  activada  frente  al  asunto  de  la  especie  por  la autoridad  ancestral que estaba llamada a hacerlo.   

12.    En  resumen,   la   Sala   advierte   que   en   el   sub  judice  se verifica la existencia de una jurisdicción  indígena   representada   en  el  Cabildo  del  Gran  Cumbal;  se  constata  la  confluencia  en  el  procesado José Libardo Taramuel Cumbalaza de los elementos  que,  de  acuerdo  con la jurisprudencia de la Corte Constitucional, estructuran  el  fuero  indígena;  y  en  efecto  se  formuló  petición  por  parte de las  autoridades  de  la  comunidad  ancestral  a  la que aquel pertenece, en orden a  ejercer  el  derecho de conocer de la conducta que se le atribuye en la justicia  penal de la jurisdicción ordinaria.   

Así las cosas, la competencia para conocer  de  los  hechos  endilgados a Taramuel Cumbalaza en el presente proceso es de la  jurisdicción   indígena,   en   particular  del  Cabildo  Indígena  del  Gran  Cumbal.   

En tal sentido, el único cargo formulado en  la  demanda prospera, por cuanto se evidencia el desconocimiento de la garantía  del juez natural.   

13.   En esa  medida,  la  Sala casará la sentencia impugnada y decretará la nulidad de todo  lo   actuado   por   la   justicia  penal  de  la  jurisdicción  ordinaria.  En  consecuencia,  dispondrá  la  libertad  inmediata  del  procesado José Libardo  Taramuel Cumbalaza.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

1.  CASAR    la   sentencia   impugnada   con  fundamento  en  el  único  cargo  formulado  en  la  demanda  presentada por el  defensor del procesado José Libardo Taramuel Cumbalaza.   

2.   DECLARAR    la  nulidad  de  todo  lo  actuado  por  la  justicia  penal  de  la  jurisdicción ordinaria.   

3.   REMITIR las diligencias, por  competencia,  al  Cabildo  del Resguardo Indígena del Gran Cumbal, municipio de  Cumbal (Nariño).   

4. ORDENAR    la  libertad inmediata del acusado José Libardo Taramuel Cumbalaza.   

5.  INFORMAR  al  Tribunal  Superior de Pasto y a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo  Superior de la Judicatura, lo aquí decidido.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                   FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

       Procedo  a  consignar  las  razones  de  mi  salvamento de voto en  relación  con  la  decisión  mayoritaria adoptada por la Sala, a través de la  cual  se  casó  la  sentencia  de segunda instancia con fundamento en el único  cargo  formulado  en  la  demanda  presentada  por  el  defensor de JOSÉ   LIBARDO   TARAMUEL   CUMBALAZA  disponiéndose  el  decreto  de  nulidad  de  todo  lo  actuado  por la justicia  ordinaria  dentro  del  proceso  que  se siguió en contra del mencionado por el  delito  de  acceso carnal abusivo con incapaz de resistir agravado para disponer  su  remisión  a  la jurisdicción especial indígena a la cual pertenece.   Ello,  consecuente  con  mi  postura  reconocida en favor de los derechos de las  víctimas dentro del proceso penal.    

       Considero  que  los  derechos, prerrogativas y facultades de dicho  interviniente  concordantes  con  el  desarrollo  jurisprudencial  que  sobre la  materia  han  vertido  la  Corte  Constitucional  y  esta Corporación, llevan a  colegir  que se debió dejar incólume la sentencia de segunda instancia dictada  por  la  jurisdicción  ordinaria  representada en el Tribunal Superior de Pasto  que  condenó  al  implicado a la pena principal de noventa y seis (96) meses de  prisión,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en el ejercicio de  derechos y funciones públicas por un tiempo igual.   

         

       La  reformulación  del  rol  de  la  víctima  solamente se puede  entender  cuando se acepta, como tiene que ser, que ella ha quedado cubierta por  lo  que  el  sistema  interamericano  de  derechos humanos denomina “principio   de   la   tutela  judicial  efectiva”,     de     amplio    reconocimiento    internacional30.  Este  principio  se caracteriza  por  establecer  un  sistema de garantías de naturaleza bilateral. Ello implica  que  garantías  como  el acceso a la justicia; la igualdad ante los tribunales;  la   defensa   en   el   proceso;   la  imparcialidad  e  independencia  de  los  tribunales31   

;  la  efectividad  de los derechos; sean  predicables tanto del acusado como de la víctima.   

       La  integralidad  de  la  reparación  comporta,  actualmente,  la  adopción  de  todas  las  medidas necesarias tendientes a hacer desaparecer los  efectos  de  las  violaciones  cometidas y a devolver a la víctima al estado en  que se encontraba antes de la violación.   

       Tal   perspectiva   entraña   una   modificación  acerca  de  la  teleología  de las decisiones de la Administración de Justicia en el marco del  sistema  penal  para  acompasarlas   con  el modelo de Estado del cual hace  parte,  esto  es,  en  el contexto de una democracia participativa y pluralista,  donde  resulta  imperativo que los jueces, al emitir sus pronunciamientos, no se  preocupen  sólo  por  la  corrección jurídica de sus decisiones sino también  por   armonizarlas   con   contenidos  de  justicia  material  porque,  de  lo  contrario,  no se habría  avanzado  desde  el  más rígido formalismo jurídico en donde el administrador  de  justicia se limitaba a no ser más que “la boca  de  la  ley”,  sin analizar o medir los efectos de  sus  decisiones frente a los     ámbitos de protección que  el conglomerado les ha deferido.   

       De  ahí  que  el  Estado,  en  este caso a través de sus jueces,  falta  gravemente  a  su  deber  de  proveer  un recurso judicial efectivo a las  víctimas  en  uno cualquiera de los siguientes eventos: (i) no investiga, juzga  y  sanciona  adecuadamente  a  los  responsables  de  conductas  punibles (ii) no se adelantan los procesos  judiciales  de  forma  seria,  rigurosa  y  exhaustiva, (iii) no se tramitan con  diligencia,  celeridad  y convicción, (iii) no se toman medidas para proteger a  las  víctimas,  (iv) no se les permite a éstas intervenir en los procesos o se  limita  su  intervención haciendo nugatorios sus derechos y (v) se dilata en el  tiempo la definición del asunto.   

Al  respecto,  recuérdese  cómo  con el  surgimiento  de  la  victimología,  como  ciencia  que acentúa el papel de las  víctimas  en  el  proceso  penal,  se  abandonó la concepción positivista que  imperó  durante  buena  parte  del  siglo  XX,  para  la  cual el epicentro del  comportamiento  criminal era el delincuente, sin que el estudio en torno a quien  sufre  sus  consecuencias tuviera alguna relevancia32.   

Simplemente se consideraba, de acuerdo con  esa  visión,  al  igual  de lo que ocurría con el estudio del delincuente, que  también  existían  ciertas  causas de tipo biológico, antropológico y social  que  predeterminaban  a ciertas personas a ser víctimas e, incluso, a llegarlas  a   considerar   como   el   detonante   de   la  conducta  criminal33.   

Por  fortuna, hoy en día esa anacrónica  postura  está  superada  con  los  estudios  criminológicos  adelantados en la  última  parte  del  siglo anterior en los que se hizo énfasis sobre el proceso  de  victimización,  ante  el  aumento  vertiginoso  del fenómeno criminal y el  temor  expresado  por la colectividad a sufrir sus consecuencias; ello permitió  que    del    olvido    total    la    víctima   pasara   a   asumir   un   rol  protagónico.   

De ahí que intenciones primarias como la  de  la  llamada  victimodogmática,  cuyo  enfoque  se  centró en establecer la  incidencia  de  la  víctima  frente  a  las diversas categorías de la conducta  punible  y la posibilidad de conjurar sus efectos, indiscutiblemente representó  un gran avance en la materia.   

Pero  fue la victimología de finales del  siglo  pasado,  como  ya  se  dijo,  la  primera  en señalar que la reparación  económica  no  es  lo  único  que  mitiga  el  daño  ocasionado, pues existen  derechos  como  el  de  información, participación y protección encaminados a  evitar  un segundo proceso de victimización, o también llamado secundario, por  razón  del  mismo  delito,  para cuya construcción fue vital el abandono de la  simple    función   retributiva   de   la   pena34.      

Las  teorías que a partir de ese momento  preconizan  la  especial  protección  que  el  Derecho Penal debe brindar a las  víctimas  proponen incluso replantear postulados ya ortodoxos como el de que el  fin  primordial  del  proceso  penal no debe ser el de la imposición de pena al  condenado  sino  la  reparación  a  las  víctimas35 y el de trocar, en algunos  casos,  el  dogma  tradicional  de  in dubio pro reo  por  el  de  in dubio pro  víctima,   especialmente   frente  a  los  delitos  sexuales36, como el que aquí atañe.   

       La  evolución  jurisprudencial  en  Colombia,  por fortuna, no ha  sido  indiferente  a ese cambio de paradigma. Fue así como, a partir de 2002 la  Corte  Constitucional,  en  consonancia  con  los  principios  que  inspiran  el  Ordenamiento  Superior  y  la evolución jurisprudencial foránea, reconoció la  necesidad  de garantizar la participación de las víctimas en el proceso penal,  como medio para hacer efectivos sus derechos.   

         

       De     ese     modo,     en     la     sentencia     C–228   del  3  de  abril  de  2002,  precisó  que las víctimas y los perjudicados tienen intereses adicionales a la  simple         reparación        económica37   

, en tanto les asiste el derecho a conocer  la   verdad   y   a  que  se  haga  justicia  en  el  caso  concreto.  Allí  se  sostuvo:   

“Existe  una  tendencia  mundial,  que  también  ha  sido  recogida en el ámbito nacional por la Constitución, según  la  cual  la  víctima  o  perjudicado por un delito no sólo tiene derecho a la  reparación  económica  de  los perjuicios que se le hayan causado, trátese de  delitos  consumados  o  tentados,  sino  que  además  tiene  derecho  a  que  a través del proceso penal se establezca la verdad y se  haga  justicia.  Esa tendencia se evidencia tanto en  el  texto constitucional como en el derecho internacional y el derecho comparado  (…).   

La  concepción  constitucional  de  los  derechos  de  las  víctimas  y  de  los  perjudicados  por  un  delito no está  circunscrita  a  la  reparación material. Esta es más amplia. Comprende exigir  de  las  autoridades  y  de  los  instrumentos  judiciales  desarrollados por el  legislador  para  lograr  el  goce  efectivo  de  los  derechos, que éstos sean  orientados  a  su  restablecimiento  integral  y  ello sólo es posible si a las  victimas  y  perjudicados  por  un  delito  se  les garantizan sus derechos a la  verdad,  a  la  justicia y a la reparación económica de los daños sufridos, a  lo   menos”   (…).   

         La  víctima y los perjudicados por un  delito  tienen  intereses  adicionales a la mera reparación pecuniaria. Algunos  de  sus intereses han sido protegidos por la Constitución de 1991 y se traducen  en  tres  derechos  relevantes  para  analizar la norma demandada en el presente  proceso:  1.  El  derecho a la verdad, esto es, la posibilidad de conocer lo que  sucedió  y  en  buscar  una  coincidencia  entre la verdad procesal y la verdad  real.   Este   derecho   resulta  particularmente  importante  frente  a  graves  violaciones  de los derechos humanos. 2. El derecho a que se haga justicia en el  caso  concreto, es decir, el derecho a que no haya impunidad. 3. El derecho a la  reparación  del  daño  que  se  le  ha  causado a través de una compensación  económica,  que  es  la forma tradicional como se ha resarcido a la víctima de  un  delito” (subrayas fuera de texto).   

Consecuente  con  la novel visión, en el  Acto  Legislativo 03 de 2002 (art. 2°) que modificó la Constitución Política  de  1991 (art. 250) con el objeto de implementar en territorio patrio el sistema  penal  acusatorio,  por  vez  primera se acuñó un concepto como el de justicia  restaurativa, dejando en manos del legislador su regulación.   

       Como  novedad,  entonces,  la  Ley  906  de  2004,  consagra en su  artículo  11  derechos  específicos  de las víctimas dentro del proceso penal  (art.  11)  y establece mecanismos concretos de justicia restaurativa (arts. 518  y  ss.),  con  lo cual se ha trascendido el ámbito de su interés cifrado en la  mera   pretensión  económica,  que  le  caracterizaba  en  las  codificaciones  anteriores,  mediante el ejercicio de la acción civil dentro del proceso penal,  alcanzando  el  lugar privilegiado que hoy se les atribuye. Sobre el particular,  en  sentencia   del 23  de  agosto  de 2007, emitida por esta Sala en el radicado N° 28040,  con  ponencia  de  esta Magistrada, se  destacó que   

       “El  legislador penal de 2004, como nunca antes había ocurrido,  incluyó  los  derechos de las víctimas en el Título Preliminar del Código de  Procedimiento  Penal  (artículo  11), con lo cual les adjudicó primacía sobre  las  demás  disposiciones,  en  tanto  las  preceptivas allí contenidas tienen  rango constitucional.   

       (….)   

       Esa  nueva  perspectiva  plasmada  en  normatividades de carácter  penal,  pone  de  manifiesto  que los derechos de las víctimas constituyen caro  propósito de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho”.   

       Así  las  cosas,  se  previó  que,  además de garantizar (i) la  efectiva  reparación por  el  agravio  sufrido,  la  satisfacción  de los derechos y prerrogativas de las  víctimas   también   debe   encaminarse  a  (ii)  buscar  que  se  conozca  la  verdad sobre lo ocurrido  y    a    garantizarles   (iii)   un   acceso   expedito   a   la   justicia,  pues  así se prevé por la  propia   Constitución   Política,   la   ley  penal  vigente  y  los  tratados  internacionales que hacen parte del bloque de constitucionalidad.   

       Los    aludidos    derechos   a   la  “verdad –  justicia y reparación” por los que  en  nuestro  medio  ahora  aboga  la  Administración  de Justicia en pro de las  víctimas,   no   representan   fórmulas   vacías   de   contenido.   

De  tal  modo que sobre el primero de los  derechos  enunciados,  refirió  que “el derecho de  acceder  a la verdad, implica que las personas tienen derecho a conocer qué fue  lo  que  realmente  sucedió en su caso. La dignidad humana de una persona se ve  afectada  si  se le priva de información que es vital para ella. El acceso a la  verdad  aparece  así íntimamente ligado al respeto de la dignidad humana, a la  memoria y a la imagen de la víctima.   

En  punto  del derecho de las víctimas a  que  se  haga  justicia  y a que no se presente impunidad frente a la situación  que   las   condujo   a   esa   condición,   se   precisó   que   “incorpora  una  serie  de  garantías para las víctimas de los  delitos  que  se  derivan de unos correlativos deberes para las autoridades, que  pueden   sistematizarse   así:   (i)  el  deber  del  Estado  de  investigar  y  sancionar adecuadamente a  los  autores y partícipes de los delitos; (ii) el derecho de las víctimas a un  recurso  judicial  efectivo; (iii) el deber de respetar en todos los juicios las  reglas del debido proceso.   

La   jurisprudencia  constitucional  ha  señalado  que  el  derecho  de  acceso  a  la  justicia,  tiene como uno de sus  componentes  naturales el derecho a que se haga justicia. Este derecho involucra  un  verdadero derecho constitucional al proceso penal, y el derecho a participar  en  el proceso penal, por cuanto el derecho al proceso en el estado democrático  debe ser eminentemente participativo”.   

En  cuanto  al  derecho  a la reparación  integral  del  daño  ocasionado  a  la  víctima adujo que, conforme al derecho  internacional  contemporáneo,  “también presenta  una  dimensión  individual  y  otra  colectiva.  Desde su dimensión individual  abarca  todos  los  daños y perjuicios sufridos por la víctima, y comprende la  adopción  de  medidas  individuales  relativas  al derecho de (i) restitución,  (ii)   indemnización,  (iii)   rehabilitación,  (iv) satisfacción y  (v)  garantía  de no repetición. En su dimensión colectiva, involucra medidas  de  satisfacción  de alcance general como la adopción de medidas encaminadas a  restaurar,   indemnizar  o  readaptar  los  derechos  de  las  colectividades  o  comunidades  directamente  afectadas  por  las violaciones ocurridas.   

La integralidad de la reparación comporta  la  adopción de todas las medidas necesarias tendientes a hacer desaparecer los  efectos  de  las  violaciones cometidas, y a devolver a la víctima al estado en  que      se     encontraba     antes     de     la     violación”.   

Pero  la  innovación en esta materia, no  está  dada  exclusivamente por la ampliación de los derechos de las víctimas,  punto  sobre  el  cual  se  ha  hecho mayor énfasis, sino por el realce que han  adquirido en el plano jurídico interno.   

Como se indicara con antelación, antes de  la  expedición de la Ley 906 de 2004, los derechos de las víctimas no ocupaban  el  sitial  privilegiado que hoy día se les ha atribuido.  El interés del  proceso  penal  simplemente  giraba  en torno de proveerlas de instrumentos para  que   lograran  un  resarcimiento  económico  que,  según  ha  quedado  visto,  constituye una ínfima parte del verdadero criterio de reparación.   

Actualmente,  el  cambio  es evidente. El  legislador  penal  de  2004,  como  nunca  antes  había  ocurrido, incluyó los  derechos  de las víctimas en el Título Preliminar del Código de Procedimiento  Penal  (art.  11),  con  lo  cual  les  adjudicó  primacía  sobre  las  demás  disposiciones,   en   tanto   las  preceptivas  allí  contenidas  tienen  rango  constitucional.   

Si  ello  es  así,  queda  abierta  la  posibilidad  de  encontrar  tensiones entre los derechos de las víctimas, ahora  con  el rango de principio rector de carácter constitucional, y otros apotegmas  del Derecho Penal, cuya resolución puede entrañar complejidad.   

Es  lo  que ocurre con la interpretación  prodigada  en  la  providencia  de  la  cual disiento, pues si bien se cumple la  mayor  parte  de los elementos establecidos por la Corte Constitucional para dar  aplicación  al  denominado  fuero  indígena  frente  al  procesado  JOSÉ  LIBARDO  TARAMUEL  CUMBALAZA,  explicados  in extenso en  la  decisión,  tales  como  el  humano,  orgánico, normativo y geográfico, no  ocurre  lo  mismo  con  el  denominado por esa misma corporación como “factor  congruencia”, emanado del artículo 246 superior, según el cual:   

       “Las  autoridades  de  los  pueblos  indígenas  podrán ejercer  funciones  jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial, de conformidad con  sus  propias  normas y procedimientos, siempre que no  sean  contrarios  a  la  Constitución  y  leyes  de  la  República.  La  ley  establecerá  las  formas  de  coordinación  de  esta  jurisdicción   especial   con  el  sistema  judicial  nacional”  (subraya     fuera    de    texto)38.   

Ahora  bien,  es innegable que uno de los  componentes  fundamentales  que  inspiran  tanto  a  la Carta Política como los  ordenamientos penales patrios, es el de la dignidad humana.   

Así,  en  el  artículo  1° de la Carta  Fundamental  “Colombia  es  un  Estado  social  de  derecho,  organizado  en  forma  de  República  unitaria,  descentralizada, con  autonomía   de  sus  entidades  territoriales,  democrática,  participativa  y  pluralista,  fundada  en  el  respeto de la dignidad  humana”,  y  en  los  artículos  ídem  de la  Ley 599 de 2000   

Por  su  parte, el artículo ídem    de    la    Ley    599   de  2000:   

“El   Derecho   Penal   tendrá  como  fundamento    el    respeto    a    la    dignidad  humana”.   

Por  su  parte,  la Ley 906 de 2004, bajo  cuya égida se tramitó la actuación:   

“Art.     1°.     Dignidad  humana. Los intervinientes en  el  proceso  penal  serán  tratados  con  el respeto  debido    a   la   dignidad   humana”.       

       Indica  lo  anterior  que si la dignidad humana se erige en uno de  los  pilares  de  la Constitución Política y de las leyes especiales y que las  víctimas,  como  ya  se  explicó  en precedencia, tienen derecho a obtener una  sanción  adecuada frente al daño infligido, especialmente las víctimas de los  delitos  sexuales  acorde  con  la  política  criminal vigente que ha llevado a  excluir  cualquier tipo de beneficios a los autores de estas conductas, y que es  sabido   que   las   jurisdicciones   especiales  indígenas  imponen  sanciones  irrisorias  por  la  comisión  de  este  tipo  de conductas, no se concreta una  protección  efectiva  y  respetuosa  de  la dignidad humana de las víctimas en  estos casos.   

       Por  otra  parte,  los  indígenas constituyen en nuestra sociedad  una  población en extremo vulnerable, por lo que el ámbito de protección debe  ser  mayor  frente  a  sus derechos. Nada justifica un trato desigual, que sólo  contribuye  a aumentar la inequidad social, a la postre violatoria del artículo  13  de  la  Constitución  Política,  pues  mientras  las víctimas de afrentas  sexuales  de  la  sociedad  mayoritaria  no  pertenecientes  a etnias indígenas  encuentran  una  respuesta  adecuada  del  Estado  mediante  la  imposición  de  sanciones  proporcionales al daño causado, las víctimas de estos conglomerados  se  ven  avocadas  a  soportar sanciones frágiles que se traducen en impunidad.   

       La  protección  constitucional a los derechos de las víctimas no  tiene  excepciones  en  el  ámbito  nacional, se extiende a todo el territorio,  máxime  cuando  las  víctimas  de  los comportamientos delictivos son mujeres,  respecto  de  quienes,  conforme al artículo 43 de la Carta Política, no puede  existir  ningún  tipo  de  discriminación;  peor  aún  si  son  niños, cuyos  derechos   prevalecen  en  el  orden  interno,  según  el  artículo  siguiente  superior,  de  suerte  que  so  pretexto  de  privilegiar  los  derechos  de los  infractores   indígenas   no   se  pueden  desproteger  los  de  las  víctimas  pertenecientes a esas comunidades.   

Por consiguiente, para que el ejercicio de  los  derechos  de  las  víctimas  no se quede en un plano meramente retórico o  simbólico,  considero  que  es  necesario  replantear la postura adoptada en la  decisión tomada por la mayoría.   

Con la mayor atención,  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada  

Fecha ut supra.  

    

1  Porque     se     produjo     embarazo.   

2  Por     cuanto     la     víctima    era   una   persona   con  disminución  psíquica.   

3  Sentencias  C-139  de  1996, T-496 de 1996 y T-009 de  2007.   

4  Sentencia del 8 de noviembre de 2011, radicación No.  34461.   

5  Sentencia del 8 de noviembre de 2011, radicación No. 34461.   

6  Sentencia T-617 de 2010.   

7  Sentencia T-617 de 2010, numeral 16.1.5.   

8  Sentencia del 8 de noviembre de 2011, radicación No. 34461.   

9 Corte  Constitucional, sentencia T-496 de 1996.   

10  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 29 de febrero  de 2008, radicación No. 28257.   

11  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, auto del 4 de febrero de  2009, radicación No. 30779.   

12  Sobre  la  omisión  del  legislador  en  punto  de  regular  el ejercicio de la  jurisdicción  indígena,  ver  sentencias  C-139  de  1996, T-344 de 1998 y T-009 de 2007, entre otras.   

13  Corte Constitucional, Sentencia T-617 de 2010.   

14  Sentencia  T-364  de  2011.  En  el  mismo  sentido,  sentencias  T-349  de  1996,  T-030 de 2000, T-728 de  2002 y T-811 de 2004.   

15  Corte Constitucional, sentencia T-617 de 2010.   

16  A  las cuales no aludirá la Sala porque no interesan  para la solución del caso sometido a examen.   

17  Corte Constitucional, sentencia T-617 de 2010.   

18  Folio 6 del cuaderno del conflicto de jurisdicciones.   

19  Santacruz     Moncayo,     Harold.    Origen de los pueblos Pastos. 2009.   

20  Folio 5 del cuaderno del conflicto de jurisdicciones.   

21  Idem.   

22  Ibídem.   

23  Plan de desarrollo 2008-2011 del Municipio de Cumbal (Nariño).   

24  Folio 6 del cuaderno del conflicto de jurisdicciones.   

25  Folio 5 ídem.   

26  Folio 23 del cuaderno principal.   

27  Folio 6 del cuaderno del conflicto de jurisdicciones.   

28  Folio 24 del cuaderno principal.   

29  Folio 5 del cuaderno del conflicto de jurisdicciones.   

30  Artículo  14  del  Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y 25 de  la Convención Americana de Derechos Humanos.   

31  Artículo 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos.   

32  Bustos     Ramírez,     Juan/Larrauri     Elena,  Victimología:   presente  y  futuro. Edit. Temis, 2ª Ed, 1993.     

33  Aniyar   de   Castro,   Lola.   Victimología,  Universidad del Zulia, 1969.   

34  Roxín,  Claus,  Introducción al Derecho Penal y al  Derecho Procesal Penal.  Ed. Ariel, 1989.     

35  Jiménez-Salinas  I  Colomer, La Conciliación víctima-delincuente:  Hacia  un Derecho Penal reparador, 1994.        

36  Beristaín  Antonio, “Protagonismo de la víctimas  de   hoy  y  de  mañana”.  Tirant  lo  Blanch,  2004.       

37  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, durante mucho tiempo  entendió  que  el interés de la parte civil en el proceso penal se limitaba al  resarcimiento  de  los  perjuicios,  y  entonces cuando se le indemnizaba en los  términos  de  su  pretensión  no  podía intentar acciones que desmejoraran la  situación  del procesado. Así, por ejemplo, sentencias de 21 de enero de 1998,  radicado  10166,  y  de  7  de  octubre  de  1999,  radicado  12394.  Tal línea  jurisprudencial   fue   acogida   en   la   sentencia   C-293/95  por  la  Corte  Constitucional  y  se  mantuvo  hasta  el  año  2002,  cuando  por  medio de la  decisión  C-228/02,  se  autorizó a la víctima a intervenir en el proceso con  finalidades diversas a las estrictamente económicas.   

38  Sobre el particular, cfr. Sentencias T-364 de 2011.     

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