39420(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado    Acta  No.376   

Bogotá  D.C.,  diez (10) de octubre de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  apropiada  argumentación  de las demandas de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  EVELIO  BALLESTEROS  CORONEL y  LEONARDO  BALLESTEROS  CORONEL,  contra  la  sentencia  de  10  de  mayo de 2012  mediante  la  cual  el  Tribunal Superior de Cúcuta confirmó la emitida por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Ocaña, por cuyo  medio  los condenó como coautores del delito de acceso carnal abusivo con menor  de catorce años agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“Se  conoció  a  través de denuncia que  presentara  el  Defensor  de  Familia  del  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar,  ROGER  ALEXIS  SÁNCHEZ,  donde  manifiesta que las menores víctimas  (LFSB  y  LLS)1  venían  siendo  abusadas  sexualmente  por  parte  de su hermano  LEONARDO  y  su  tío EVELIO, quienes cohabitaban con las menores. Estos hacían  maniobras  sexuales  en  sus  partes íntimas hasta el punto de introducirles el  miembro  viril  en  su parte vaginal a cada una de ellas, es decir, que cada uno  las   accedía   por  igual,  ejecutándose  varios  comportamientos  de  manera  concursal  en  cada uno de ellas, puesto que se turnaban para realizar el acceso  carnal”.   

El  10  de  diciembre  de  2010 ante el Juez  Primero   Penal   Municipal   con   Funciones   de   Control  de  Garantías  de  Ocaña-Santander  se cumplió la audiencia de legalización de captura de EVELIO  y  LEONARDO BALLESTEROS CORONEL. Allí mismo la Fiscalía les imputó la posible  comisión  del  ilícito de acceso carnal abusivo con menor de 14 años agravado  y  pidió  les fuera impuesta detención preventiva intramural. Los imputados no  aceptaron  los  cargos  y  fueron  afectados  con  la  medida  de  aseguramiento  solicitada.   

El               31  de  diciembre de 2010 el ente   investigador  presentó  escrito  de  acusación  por  el  referido delito, de  conformidad  con los artículos  208 y 211 numerales 1° y  5°  del  Código  Penal,  pero   el   10   de  febrero  de  2011  en    otro   libelo   cambió  la  calificación  jurídica  por el  ilícito  de acceso carnal  violento    agravado    según    los    artículos  205  y  211, numerales 1°,  2°,  4°  y  5° del citado  ordenamiento   sustantivo,  en  concurso  homogéneo y sucesivo, cumpliéndose la  respectiva  audiencia  de  formulación  ante el Juez Primero Penal del Circuito  con Funciones de Conocimiento de Ocaña.   

Ante  la  aceptación  de  impedimento  del  citado  funcionario  judicial,  correspondió  al  Juez  Segundo    de    igual  categoría   y   ciudad  proseguir  con  el trámite,  de  manera que evacuada la  audiencia  de  juicio  oral,  mediante  sentencia  de  19 de diciembre  de  2011  condenó  a  EVELIO y LEONARDO BALLESTEROS CORONEL como  coautores  del  delito  de  acceso  carnal  abusivo  con  menor de catorce años  agravado  —apartándose de  la   figura   concursal   por   no   haber  sido  detallada  en  el  escrito  de  acusación—,   a  la pena principal de doscientos cuatro (204) meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones   públicas  por  el  mismo  lapso,  sin  concederles  la  suspensión  condicional    de    la    ejecución    de    la    pena,    ni   la   prisión  domiciliaria.   

   

En   virtud  del  recurso  de  apelación  promovido  por  los  defensores de los enjuiciados, el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta por decisión de 10 de  mayo  de  2012   confirmó   la   condena,  razón  por la cual los profesionales  insisten  a  través de la impugnación extraordinaria  con        las  respectivas  demandas  de casación, de  cuya admisibilidad se ocupa la Corte.   

DEMANDAS  

Ante  la  copia textual de ambos libelos, la  Corte los presentará de manera conjunta.   

Al amparo de la causal prevista en el inciso  3°  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004 postulan dos cargos por violación  indirecta de la ley sustancial.   

Primer cargo:  

Pregonan  un  falso  juicio  de  convicción  porque  el Tribunal “distorsionando y haciendo decir  a   la   prueba   lo  que  no  dice”  desestimó  la  aseveración  de  las  menores  cuando  indicaron  que  mintieron al acusar a su  hermano  y  tío  por  estar  aburridas en la casa de su abuela y anhelar que su  señora madre se mudara de allí.   

Para   los   demandantes  el  “desconocimiento  en  la  producción de la prueba y apreciación  de   la   misma”   refulge   cuando  el  Ad  quem  pese a considerar que lo  narrado  por las menores LLSB y LFSB es coherente en el tiempo, modo y lugar, no  hace alguna valoración o sustentación de tal coherencia.   

Agregan  que tampoco el juez plural apreció  las  pruebas  existentes, como la valoración psicológica de las niñas de 4 de  junio  de 2009, el informe médico legal sexológico y la denuncia de 5 de junio  de  esa  anualidad,  así  como  la entrevista de 26 de octubre siguiente, de la  cuales    se    podrían    establecer    las    siguientes    “conclusiones  incoherentes  de  las menores no apreciadas por la  sentencia de segunda instancia”:   

Según   la   denuncia  y  la  valoración  sicológica,  las  menores eran accedidas por parte del tío y hermano todos los  días  cuando los familiares salían a trabajar después de las dos de la tarde,  pero  de  acuerdo  con  la  entrevista  el  hecho  lo  cometía sólo el primero  respecto de una de ellas y ocurría los domingos.   

Que  también  de  atender  la  valoración  sicológica,  los familiares no se enteraron de los acontecimientos, pero según  el  examen  sexológico  la  mamá  si  sabía pero no creía, y también estaba  enterada una prima llamada Mayerly.   

En criterio de los defensores, la mitomanía  de  las niñas es evidente cuando en la valoración sicológica dijeron algo que  no  refirieron  en el examen sexológico acerca de que las drogaban, golpeaban y  amarraban,  amenazándolas  con  un  revólver  y  un  cuchillo,  sin  que en la  valoración  médica  se haya dejado constancia de alguna lesión de las niñas,  indicándose     además     “actividad    sexual  negativa”,  reporte que no habría sido así en caso  de que el acceso carnal ocurriera todos los días.   

Aducen  que  si  las  niñas  dicen  que los  sucesos  también  pasaban  cuando la tía se bañaba, ellas gritaban cuando los  agresores  les  pegaban  con un palo y las amarraban, aquella en su declaración  dijo que no observó nada extraño, ni las vio llorando.   

Luego de poner de presente que el juzgador de  primer  grado  reconoció  los  múltiples  errores de procedimiento y que no se  sabía  quién  había actuó peor, si la Fiscalía o el Instituto Colombiano de  Bienestar    Familiar,    insisten   en   que   a   las   pruebas   “se  les  hizo  decir lo que no dicen, tomando lo expresado en la  valoración   y   entrevistas   extrajuicio,  las  cuales  estaban  plagadas  de  invenciones,  sin  sustento  de  la  ciencia,  de  la  lógica,  a  más  de una  producción  con desconocimiento palmar del ordenamiento jurídico aplicable, lo  que      implica      colisión      con     las     garantías     de     orden  constitucional”.   

Segundo cargo  

Anuncian  un  falso juicio de existencia por  suposición,  por  cuanto  en  el  fallo  se  afirmó  que  si  bien  el  examen  sexológico  reportaba que no hubo rotura del himen, lo cual para la defensa era  indicativo  que  no  ocurrió  el  acceso  carnal,  la  niña  LLSB tenía himen  semilunar  íntegro  elástico  lo que permitiría el paso del miembro viril sin  desagarrarse,   además,   aún   con   el   sexo   oral   se   configuraba   el  delito.   

En  este  sentido,  refutan  al Tribunal por  hacer  mención al sexo oral para justificar la penetración, lo que también se  torna  incoherente, porque judicialmente se concluye que no hubo violencia, pero  contrariamente  se  “está  haciendo  aparecer (las  obligaban)  algo  que  las  pruebas no han dicho”, al  derivarlo  de  lo  afirmado  por  una  de  las menores en el examen sexológico,  cuando la otra víctima no lo dijo.   

Que  incluso  la  misma  menor  LLS  en  la  “supuesta”  entrevista  del  26  de  octubre  de 2009 dijo que a quien accedían era a LFSB, pues a ella  solo  el tío le bajaba los pantalones y “le chupaba  abajo”  pero  según el examen médico de LFSB no ha  sido  desflorada,  prueba que por demás no fue valorada y que habría permitido  arribar a una sentencia absolutoria.   

Por último, denuncian que el sentenciador no  tuvo  en  cuenta  que  las  entrevistas,  la valoración sicológica y el examen  sexológico  no  se  produjeron  acorde  con  las  garantías constitucionales y  legales,  al  tiempo  que la confusión, incoherencia e infracción a las reglas  de la sana crítica impedía una sentencia condenatoria.   

En consecuencia, solicitan a la Sala casar el  fallo a fin de absolver a los enjuiciados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Con  anterioridad  la  Sala ha precisado que  para  acceder  a  la  sede  extraordinaria,  es  deber ineludible del demandante  justificar  la  impugnación  acorde con las finalidades legales establecidas en  el  artículo  180  de  la Ley 906 de 2004: Si se trata del interés personal en  aras  de  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las garantías de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por estos, o por el  interés general de la unificación de la jurisprudencia.   

         

En  ese  orden,  al estar la pretensión del  demandante  demarcada  por  el carácter teleológico de la casación, concurren  como  presupuestos procesales de la impugnación no sólo los aspectos objetivos  acerca  de  que se trate de sentencias de segundo grado y que se haga dentro del  término  establecido, sino que los elementos subjetivos relativos al interés y  legitimidad  para  acceder  al  recurso  adquieren un plus ya que necesitará la  acreditación  de la afectación de derechos o garantías fundamentales, además  de  señalar  la causal por la que opta con el desarrollo adecuado de los cargos  que  le  dan  sustento, así como demostrar la necesidad del fallo de casación,  so  pena  que  por  su  incumplimiento  el libelo no sea admitido, tal y como lo  dispone el artículo 184 de la ley en comento.   

Tampoco escapan al recurso los requerimientos  metodológicos   necesarios   que   implica   un   ataque   técnico–jurídico    que    como    control  constitucional  y  legal  se  realiza  al  fallo  de segundo grado. Ello apareja  observar  las reglas de coherencia, precisión y  claridad que conduzcan al  cabal  entendimiento  del embate, porque en manera alguna se trata de reabrir el  debate   probatorio   o   de   revisar   in  integrum  o  ex  novo  la actuación  procesal.   

En  efecto,  no  basta  que  el  recurrente  presente  su  oposición  a  la valoración probatoria obtenida a través de las  instancias,  o  muestre  su  posición sobre un tema jurídico específico; debe  enseñar  en  su disquisición la existencia de errores manifiestos y esenciales  con  incidencia  en  el  sentido  de  la  decisión  en  que hayan incurrido los  funcionarios en su labor juzgadora.   

Las  anteriores  precisiones conceptuales le  permiten  a  la  Sala  advertir  que  en  este caso la crítica que formulan los  defensores   no logra motivar la atención para aprehender el estudio de la  legalidad  de  la  sentencia  de  segundo  grado,  sin  que  tampoco se advierta  razonablemente  que se requiere de decisión de fondo para cumplir alguna de las  finalidades de la impugnación extraordinaria.   

En      efecto,      los  demandantes  no   se   apegan   a   los  fundamentos  propios  de  la  infracción  de  la  ley  sustantiva  mediada  por yerros  probatorios  ante la mixtura que exhiben en relación con los errores de hecho o  de      derecho      que      pregonan.   

De     manera     general,  cuando  se  trata  de  errores  en el  proceso  de  aprehensión o valoración probatoria, el  recurrente  además de identificar el medio en el cual  recayeron,    debe  clarificar    su    clase    (de    hecho   o   de  derecho)  y la modalidad  de  falso  juicio  que los  determinó,      esto      es,      precisar       si       el      juez      plural      ignoró,  desconoció     u  omitió   una   prueba   pese  a  obrar  en  el  diligenciamiento,   o   si   la  supuso  o  imaginó  (falso    juicio    de    existencia);  o  si  aun  de  haber  sido  legal  y  oportunamente  recaudada,  al  momento de fijar su  contenido       la      distorsionó,  cercenó  o   adicionó   en  su  expresión  fáctica  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecían  de  ella  (falso     juicio    de    identidad);  o si ya en  el  momento  de  su  apreciación al asignarle mérito persuasivo contrarió los  principios  lógicos,  las  leyes  de  la ciencia o las reglas de la experiencia  (falso             raciocinio).   

También, en relación con la contemplación  ya  no  fáctica,  sino  jurídica de las pruebas, ha de precisar si el fallador  apreció  una  que  no  cumplía  con  las reglas normativas para su aducción o  producción  al  interior  del  proceso  o  le  negó  validez al suponer que no  reunía  los  requisitos  legales,  pese  a  que  sí  los  llenaba (falso   juicio   de   legalidad),  o  si  tratándose  de  medios  probatorios a los cuales el legislador expresamente les  ha  asignado  un específico valor demostrativo, el juzgador se apartó de tales  parámetros,  bien por asignarles un alcance diferente o por negarles el mérito  que    expresa    y    normativamente   se   les   ha   señalado   (falso          juicio          de         convicción).   

Aquí  la  postura  asumida por los censores  contraviene  el  principio  lógico de no contradicción, según el cual se debe  evitar  la  presentación  de  postulados  que  por  su  contraste se oponen, al  formular  coetáneamente  varias  modalidades de yerros, como cuando anuncian un  falso  juicio  de  convicción  pero  se  duelen de que no hayan sido tenidas en  cuenta unas  pruebas,                      —planteamiento de un falso  juicio  de  existencia—, o  también  cuando  tras  denunciar que el Tribunal supuso una prueba pregonan que  varias  de ellas no se produjeron de acuerdo con las garantías constitucionales  y  legales  —postura  que  correspondería     a     un     falso     juicio    de    legalidad—.   

Pero   ni   unos   ni   otros  yerros  son  desarrollados  adecuadamente,  porque en la primera censura al reparar en que el  Tribunal  no  creyó  en  la  retractación  de las menores cuando afirmaron que  habían  mentido  al acusar a los procesados porque estaban aburridas en la casa  de  su  abuela  y  querían  que  su  progenitora  se  trasladara  de allí, los  libelistas  no  explican  en  qué pudo consistir el falso juicio de convicción  que  anuncian,  esto  es, si en caso de los testimonios de menores la Ley 906 de  2004  ha  consagrado  el  sistema  de  tarifa  legal, que su valor probatorio es  legalmente  menguado  o  que  precepto regulador de su eficacia demostrativa fue  desconocido judicialmente.   

A  manera  de  contraste  los  casacionistas  resaltan  algunos  apartes de la noticia criminal y las valoraciones sicológica  y  médica  hechas  a  las  niñas, así como las manifestaciones de ellas en el  juicio  oral, para advertir algunas inconsistencias en cuanto a la época, forma  y  ocurrencia de los hechos, pero para ello debieron optar por el yerro fáctico  de   falso  raciocinio  denotando  el  desafuero  intelectivo  del  juzgador  al  corresponder  la  decisión a su capricho o arbitrariedad, en todo caso lejana a  los postulados de la sana crítica.   

Pero         tampoco  los  defensores  cumplen  con el  principio  lógico  de razón suficiente,   que   implica   que   la   argumentación   de   cada  censura  se  baste  así misma, en  cuanto   no   dedican   espacio   al   análisis   probatorio   y   fundamentos   realizados  por  los  falladores  para  arribar  a  la  decisión  de  condena,  aspecto  que  les  competía  como  referente  para  el  análisis de la legalidad de la sentencia.   

Con  esa  manera,  desdeñan  que la posible  mitomanía    de    las    niñas    —que    tanto    destacan—,  fue  estudiada con suficiencia por los juzgadores para desestimar  su  posterior  apostasía  en  el juicio oral, porque las manifestaciones hechas  inicialmente  por ellas a los servidores públicos: médica que les practicó el  examen  sexológico  y   Psicóloga  del  Instituto Colombiano de Bienestar  Familiar  que  también  las  valoró, guardaban coherencia acerca de haber sido  víctimas  de  abusos  por  parte  de  su  hermano LEONARDO y su tío EVELIO, al  accederlas carnalmente y hacerles que les practicaran sexo oral.   

“Como  se  ve,  las  dos  víctimas  se  retractaron  totalmente  de  lo  que  inicialmente  dijeron;  sin  embargo,  del  análisis  de estos testimonios comparados y vistos en el conjunto de las demás  pruebas,  en especial de la testimonial, rendida por la madre de las víctimas y  su  tía,  se  puede  deducir que no es creíble la retractación, por cuanto en  ella hay inconsistencias y afirmaciones que no son ciertas.   

“Sea lo primero advertir que no hay razón  valedera  para  afirmar  que tres funcionarios del Estado, servidores públicos,  el  Defensor  de  Familia,  la  Psicóloga  del  I.C.B.F. de Ocaña y la Médico  Forense  que practicó el examen sexológico a las menores mientan en asuntos de  tantísima  gravedad  como  inventar  una  historia  de crueldad y abuso sexual,  sólo  con el fin de perjudicar a dos sujetos con los cuales no tenían vínculo  alguno”.   

Los recurrentes en manera alguna rebaten las  varias  consideraciones judiciales que razonadamente llevaron a darle crédito a  las  primeras  manifestaciones  de  las  menores  y  corresponder  a  un  relato  circunstanciado   y  coherente,  a  cambio  de  minar  eficacia  a  su  postrera  retractación,  la  cual  incluso  estaba motivada en un factor externo, como lo  constató  el  juzgador  de  primer  grado,  al indicar que era evidente que las  menores   en   la  audiencia  de  juicio  oral  estaban  temerosas  “se  veían  temblorosas,  no  eran  coherentes,  se  notaba  que  tenían  miedo”  de  ahí  que  dijeran  que habían  mentido sin una explicación lógica para ello.   

De  otro  lado, tampoco señalan cuáles son  las  falencias  predicables  de  las  entrevistas,  la  valoración médica y la  psicológica   a   fin   de  determinar  si  se  trata  de  pruebas  lícitas  o  ilegales,   porque sólo a manera de epígrafe indican que no se produjeron  acorde  con  las  garantías  constitucionales  o  legales,  vacío que no puede  suplir la Corte.   

Por  último,  además  de  que  los  yerros  probatorios  denunciados  se  muestran  carentes  de  la  necesaria explicación  lógica  y  de  incidencia  frente a la parte resolutiva del fallo, no conforman  los  impugnantes  en  debida  forma  la proposición jurídica, imperativo   determinante  para  realizar  una  adecuada y lógica demostración del vicio de  juicio  que  se postula, porque no citan los preceptos normativos, que según la  pretensión   de   absolución   resultaron  indebidamente  aplicados,  lo  cual  corrobora   que  los  reproches  carecen  de  la  idoneidad  necesaria  para  su  admisión.   

Como        se    concluye    que     el   libelo   no   será   admitido,  es  necesario  señalar  que  no  se  observa  con ocasión del fallo  impugnado  o  dentro de la actuación violación de derechos o garantías de las  partes,  tampoco  se  ve  la  necesidad  de superar los defectos del libelo para  decidir  de fondo, según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184 de la  Ley   906   de   2004   que   ameritaran   la   intervención   oficiosa  de  la  Corte.   

Precisión final  

En  consideración a que contra la decisión  de  no  admisión de la demanda de casación procede el mecanismo de insistencia  de  conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como allí no se regula su trámite, la Sala clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse  para  su  aplicación, como sigue:   

1.            La insistencia es un mecanismo especial,  ajeno  a  la  naturaleza  impugnatoria  que  sólo  puede  ser  promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  mediante  la cual la Sala decide inadmitir la demanda de casación.   

2.             La   solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal, ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión  mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que  no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el referido auto de  inadmisión.   

3.            Es facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.            El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión del libelo.   

En mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO          ADMITIR      la     demanda     de      casación      interpuesta   por   los             defensores  de    los        procesados  EVELIO  BALLESTEROS     CORONEL     y     LEONARDO    BALLESTEROS    CORONEL,  por  las  razones  expuestas  en la  anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de insistencia en los términos precisados por la Sala en la presente  decisión.   

        Notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ         LUIS           GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                         

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Se  omite  identificar a las menores de acuerdo con lo normado en los artículos 47,  numeral  8°;  192  y  193,  numeral  7º  de la Ley 1098 de 2006 (Código de la  Infancia y la Adolescencia).     

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