39182(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr. Luis Guillermo Salazar  Otero   

Aprobado Acta No. 239  

Bogotá D.C., veintisiete (27) de junio de dos  mil doce (2012).   

ASUNTO  

Decide la Corte sobre la formal admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Mónica Soret  Santacruz  Henao, contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cali  el  31  de  enero  del  año  en  curso,  confirmatoria de la emitida en primera  instancia  por  el  Juzgado Quince Penal del Circuito de la misma ciudad el 3 de  agosto  de  2011, que condenó a la procesada a la pena principal de 60 meses de  prisión  y  250  s.m.l.m.,  como responsable de los delitos de fraude procesal,  falsedad en documento privado y estafa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

Aparecen   sintetizados   en  la  decisión  impugnada, así:   

“Ante  la oficina de instrumentos públicos  de   Cali   aparecía  inscrito  el  señor  Jorge  Iván  Alzate  Agudelo  como  propietario  de  los  inmuebles apartamento 302 y parqueadero No.22 del Conjunto  Residencial  Santa  Ana  del  Sur,  ubicada  en la calle 6ª No. 84ª-30 de esta  ciudad  de Cali, distinguidos con las matrículas inmobiliarias No. 370-466932 y  370-466910.   

En   razón   al   no  pago  de  cuotas  de  administración,   la   Unidad   Residencial  Santa  Ana  del  Sur  representada  legalmente   por   el   señor   Edier  Ferney  España  Pulido  en  calidad  de  administrador,  confirió  poder  a la abogada Ruth Mary Álvarez Martínez para  que  iniciara un proceso ejecutivo de menor cuantía, el cual fue adelantado por  el  Juzgado  Veintisiete  Civil  Municipal  de  esta capital, siendo terminado a  petición   de   la  parte  demandante  que  argumentó  el  pago  total  de  la  obligación,  según auto fechado el 4 de marzo de 2005, en el que se decreta el  levantamiento  de las medidas ordenadas, en este caso el embargo del apartamento  302,  señalando  el  despacho  que  el  oficio  solamente  sería  entregado al  demandado  o a su apoderado, negando la petición elevada por la apoderada de la  parte  demandante  que  había solicitado que el oficio dirigido a la oficina de  registro  de  instrumentos públicos le fuera entregado al señor Carlos Alberto  Santacruz.  Es  de anotar que el pago de las cuotas de administración atrasadas  fue  realizado  por  la  señora Mónica Soret Santacruz Henao, quien ocupaba el  apartamento    302    y    el   parqueadero   doble   No.022   en   calidad   de  arrendataria.   

Luego  de  ser  liberado  el  apartamento del  embargo,  la  señora  Mónica  Soret Santacruz Henao, haciendo uso de un poder,  supuestamente  conferido  a  ella por Jorge Iván Vélez Agudelo, el que contaba  con  nota  de ‘diligencia de  reconocimiento’, realizada  el  5  de  enero de 2005 ante la Notaría Décima de Cali, se dio en venta a sí  misma   los   citados   bienes   inmuebles   distinguidos  con  las  Matrículas  Inmobiliarias No. 370-466932 y 370-466910.   

Enterado el señor Jorge Iván Alzate Agudelo  de  la  fraudulenta  enajenación de sus inmuebles, en escrito que el 8 de junio  de  2005  presentado  y  autenticado  ante  el  Consulado  de Colombia en Madrid  (España),  le  confiere poder a la doctora Aida Janeth Duque Villaquirán, para  que  en  su  nombre y representación denuncie estos hechos y adelante todas las  acciones correspondientes”.   

En  efecto,  el 22 de junio de 2005 se incoó  formal  denuncia,  acompañando  a la misma diversa prueba documental, elementos  con    los   cuales   el   27   de   junio   posterior   se   dispuso   apertura  instructiva1.   

Una  vez  vinculada  mediante  indagatoria la  imputada  y  allegados  al  expediente  los  dictámenes  de  Medicina  Legal de  grafología          y          dactilograma2,  previo cierre instructivo, a  través  de  resolución  calendada  el  31  de  julio  de  2007  se acusó a la  incriminada  por los delitos de falsedad en documento privado, fraude procesal y  estafa3.  Esta  decisión  cobró  ejecutoria  el 24 de septiembre postrer,  cuando  se  declaró  desierto  el  recurso  de  apelación  presentado  por  la  defensa4.   

Tramitada la fase del juicio, se emitieron las  sentencias  de primera y segunda instancias conforme se sintetizó inicialmente.   

DEMANDA  

Tres  son  los  reparos  que el actor propone  contra la sentencia impugnada.   

El           primero  acusa quebranto directo de la ley  sustancial  y está referido al delito de falsedad en documento privado, bajo el  entendido     que     comprende     los    verbos    rectores    “falsifique”     y     “usa”,  sin  que  esté  “probado  que  ella  sabía  de  la  falsedad  del documento o que lo  falsificó”,    pues    no    existe   en   efecto  “prueba   alguna”  que  Santacruz  Henao  haya  participado  en  la  falsedad  y si bien lo usó lo hizo  “sin     saber    que    era    falso”.  Descarta  así  que  la imputada se valiera de un tercero para  lograr   la   falsificación,   pues  en  su  criterio  tampoco  está  probado.   

Descarta  igualmente  el  delito  de  fraude  procesal  con  base  en que la función de los Notarios es de mero trámite y no  profieren  resoluciones,  sentencias,  ni  actos administrativos, por lo cual no  podría   haberse   imputado,  acorde  con  doctrina  constitucional  que  asume  pertinente.   

Como  conclusión,  asegura  que  de  haberse  analizado  a fondo la “falta de correlatividad de los  verbos  rectores” y las circunstancias en que actuó  la  procesada,  no  se  le podía imputar el delito previsto por el art. 289 del  C.P.,  “sumándole a esto”  la  prescripción  de  la  acción penal, dado que los hechos ocurrieron el 9 de  febrero de 2005 y han transcurrido más de 7 años.   

A  manera de segundo  cargo,   afirma   violación  directa  por  falta  de  consonancia  entre la acusación y la sentencia. Aduce que la acusación imputó  a  la  procesada  el  delito  de  falsedad  material  en  documento público, en  concurso  con  falsedad privada y fraude procesal, pero se le condenó por estos  últimos   y   estafa  sin  haber  concurrido  variación  de  la  calificación  sumarial.   

Agrega   que   aun   cuando   se  extremara  “el   rigor   del  análisis  jurídico”,  por  lo  menos,  tendría que aceptarse que el “error”    de    la    procesada    fue  “culposo”,  toda vez que  “a  lo  sumo  podrá  atribuírsele, en sana lógica  jurídica  y equidad, que faltó al deber de cuidado al no practicar las pruebas  al  poder  y  verificar  su  autenticidad,  solo  se  limitó  mi prohijada a la  presunción  de  la  buena  fe  artículo 83 de la Constitución Política, a lo  cual   se   reduce  la  irregularidad,  pero  como  la  falsedad  documental  es  eminentemente    dolosa”,   dice,   “necesariamente    queda   exenta   de   responsabilidad   penal   al  estructurarse  en  su  favor  la  invocada  causal  de  inculpabilidad  y que se  pretende  hacer  ver  como  Estafa  por  parte  de  los  Juzgadores en un cambio  indebido”.   

Concluye  que  de haberse tomado en cuenta la  “causal  de  inculpabilidad  concurrente”  y  el  hecho de que actuó “sin mala  fe”,  no  se  habría  encontrado responsable por el  delito  de  estafa,  máxime  cuando  la  acusación  lo  fue por el de falsedad  material en documento público.   

Como           tercer  cargo afirma violación directa de  la  ley  porque la sentencia de emitió dentro de un proceso viciado de nulidad,  toda  vez  que  la  demanda  de  parte  civil  no  debió  ser  admitida pues no  suministró  la  dirección del demandante, como lo ordena la ley y la totalidad  de sus actos devendrían ilegales.   

CONSIDERACIONES  

1.  De  antaño,  a  través  de  uniforme,  profusamente  difundida  y  muy consolidada doctrina, la  Corte  Suprema  ha  tenido  oportunidad  de precisar que el recurso de casación  comporta  un alcance y fines propios, que emergen como supuestos a partir de los  cuales   ha   destacado   la   jurisprudencia,  entre  otros  aspectos,  que  la  presentación   del   escrito  de  demanda  por  su  especial  y  extraordinaria  naturaleza,  exige  unos  requisitos  particulares  a  partir  de su procedencia  restringida,  el  carácter  esencialmente rogado que tiene y la enunciación de  taxativas  causales  que  deben  proponerse  con  precisión y claridad, bajo el  entendido  de  sujetarse  a las modalidades de cada cual dependiendo del ámbito  que constituye su concreta finalidad.   

2. En este caso los  tres  ataques  propuestos contra la sentencia que hace objeto de la impugnación  casacional  el  actor,  sólo  en  apariencia  se  atienen  al  imperativo de un  enunciado  básico  en forma, con la escogencia de las causales que se supone le  servirían  de  soporte  a  cada  uno,  pero  que  en  definitiva  comportan  en  desarrollo   de   sus   pretensos   fundamentos  una  amalgama  confusa  con  la  presentación   de  argumentos  encontrados,  contradictorios  y  en  todo  caso  inconexos.   

3.        El        primer cargo acusó violación directa del  art.  289  del  C.P.,  lo  cual  supone, como bien se sabe, prescindir de manera  absoluta  de valoraciones probatorias o de juicios en orden al poder suasorio de  las pruebas allegadas en autos.   

Dentro  de dicho marco, el actor comenzó por  referirse  a  error de tipo, rechazando la concurrencia de falsedad pero bajo el  débil  e  impertinente  sustento  de no estar probado el dolo con que actuó la  imputada,  a  lo  cual  anudó su discrepancia con el delito de fraude procesal,  sin  desarrollo  alguno  y  por si fuera poco descartar el atentado contra la fe  pública  por  prescripción  de  la  acción penal por el transcurso de 7 años  desde  la  ocurrencia de los hechos, en evidente muestra del desorden y falta de  rigor  con  el  que procedió, además, desde luego, de ignorar las causales que  interrumpen  dicho  fenómeno  extintivo,  por  la  consolidación del pliego de  cargos.   

4.  Sin  parámetro  de  método  y  orden es  también     presentado    el    segundo  reparo  a  la  sentencia,  que  encaminó el libelista por la vía  directa  supuestamente  por  la  falta  de  consonancia entre la acusación y el  fallo,  en  lo  que  concierne  al  delito  de  estafa  y  falsedad en documento  público.   

Se  trata,  sin duda, de un escueto enunciado  carente  del  más mínimo desarrollo en orden a evidenciar el propio fundamento  material  del  ataque,  más  allá  de la obviedad que representa reproducir la  parte  resolutiva  de  la  acusación  y tras advertir que si bien allí se hizo  alusión  al  delito  de  falsedad  pública, eludir paladinamente mencionar que  todo  el  fundamento  de las motivaciones construye en sus elementos típicos la  imputación  del delito de estafa por el que en consecuencia se adelantó y hubo  de ejercerse el contradictorio durante la fase del juicio.   

La  percepción  de  lo anterior en el propio  entendimiento  del actor casacional lo conduce a la encrucijada de reconocer que  más  allá  de  un  tema  inherente  a  la  disonancia  entre la sentencia y la  acusación  (como  que  la  imputación  del  delito contra el patrimonio emerge  clara   y  completa,  según  se  dijo),  está  lo  que  llama  “rigor  del  análisis jurídico” y que se  orienta  a rechazar nuevamente el dolo propio del timador en el delito contra el  patrimonio  económico,  para  reclamar se acepte que la conducta de la imputada  fue   en  “sana  lógica  y equidad”    meramente   “culposa” y no la propia de la estafa.   

En  consecuencia,  abandonó  el  actor  el  imperativo  de  desarrollar una propuesta de incongruencia entre la acusación y  la   sentencia,  fusionando  a  la  tacha  argumentos  propios  de  ausencia  de  responsabilidad  por  estafa  por haber obrado la imputada no con el dolo propio  de  quien engaña a otro con el consiguiente beneficio económico, sino de buena  fe,  con  lo  cual el extravío de la censura domina negativamente los supuestos  mismos del cargo aducido.   

5.  Por último,  de  manera  intrincada  adujo en el tercer cargo  violación directa por nulidad. Acá la ausencia de un claro,  serio y consecuente argumento es ostensible.   

Inconsulto  de  los propios fundamentos de la  nulidad  como  instrumento  de  corrección  extremo de actos irregulares,   pretende  el  libelista  que  se  afectó  la  propia  actuación  procesal  por  reconocimiento  sin  los  requisitos  legales  de la parte civil, sin reparar no  sólo  que  “todos los actos desarrollados en virtud  de  dicho  status  procesal  tienen  plena  validez, esto es, pruebas aportadas,  alegaciones  presentadas,  recursos interpuestos, etc., así como las decisiones  adoptadas  por razón de los mismos, no obstante hipotéticamente aceptar que el  acto  jurídico  que  lo  hizo  parte  careciera de fundamento legal”  conforme  lo  ha  destacado la Sala5, sino que el defecto enervante  de   la   aceptación   procesal   de   la  parte  civil  dice  provenir  de  no  “suministrarse”  por  el  demandante   su   dirección,   como   lo  ordena  la  ley,  asunto  de  notable  insignificancia  e  ineptitud  para  configurar  un desafuero con capacidad para  afectar  el  debido  proceso  y por supuesto para constituir un razonable reparo  por nulidad en casación.   

Dada la multiplicidad de desafueros que distan  el  escrito  aportado  de  una  demanda  idónea  en  casación,  la misma será  inadmitida.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor  de  Mónica  Soret  Santacruz  Henao.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                          FERNANDO     A.    CASTRO    CABALLERO   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ                        MARÍA    DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                 JULIO ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                             

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova  García   

Secretaria    

1  fl.75   

2  fl. 132 y 166   

3  fl.202   

4  fl.237   

5  Cas. 34962/2012     

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