39040(30-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 39040  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado     acta     Nº.206   

Bogotá,    D.C., treinta (30) de mayo de dos mil doce (2012).   

V   I   S   T   O  S   

         La  Sala  resuelve  la  admisibilidad  de  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de María Teresa Posada  Vidales  y  Rafael  Oñate  Serrano,   contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Bogotá,  el  30  de enero de 2012, mediante la cual modificó la proferida por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Adjunto de la misma ciudad, el 26 de noviembre de  2010, que los condenó como coautores del delito de hurto agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador de segundo grado de la siguiente manera:   

“El  30  de  mayo de 1995, las sociedades  ‘Damián   Blasco  Ltda’  y  ‘Zaragón’,  esta  última  propiedad de Rafael  Oñate  Serrano,  se  constituyeron  como  socios  de  la  empresa  ‘Húmicos       IberoColombianos  Ltda’, Oñate Serrano fue  designado  como gerente y posteriormente su cónyuge, María Teresa del Perpetuo  Socorro     Posada     Vidales,    fue    nombrada    segunda    suplente    del  gerente”.   

         2.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía General de la Nación,  el  6  de  febrero  de  2006,  profirió resolución de acusación contra Rafael  Oñate   Serrano   y  María  Teresa  Posada  Vidales  por el delito de hurto agravado por la confianza y la  cuantía,  providencia  que  al  ser  recurrida  fue confirmada el 30 de mayo de  2007.   

         3.  El  expediente  pasó  al  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  Descongestión  de  Bogotá, autoridad que el 26 de noviembre de 2009, profirió  sentencia  de primera instancia en la que condenó a los citados procesados a la  pena  principal de 24 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la  restrictiva  de  la  libertad,  como  coautores del delito de abuso de confianza  agravado.   

         Así  mismo,  les  otorgó  el  mecanismo  sustitutivo  de  la pena  privativa  de  la  libertad de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena.   

         4.  Apelado  el  fallo  por  el defensor y el apoderado de la parte  civil,  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 30 de enero de 2012, lo modificó,  en  tanto  condenó  a los procesados por la conducta punible de hurto agravado,  según  los cargos atribuidos en el pliego de acusatorio, razón por la cual los  condenó  a  la  pena  principal  de  36  meses  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  plazo  de  la  restrictiva  de  la  libertad,  como  coautores del citado  punible.   

         Contra  esa  decisión,  la  defensa  técnica interpuso recurso de  casación.   

L  A     D E M A N D A      

         Basado  en la causal primera, conforme a la sistemática reglada en  la   Ley   600   de   2000,   presenta   dos   reproches  contra  la  sentencia,  así:   

         Primer cargo   

         Acusa  al  Tribunal de haber violado directamente la ley sustancial  por  vulnerar principios y garantías constitucionales previstas en el artículo  29  de la Constitución Política. Así mismo, invoca la aplicación indebida de  los artículos 349 y 351. 2 del Código Penal.   

Comenta que los procesados fueron designados  gerentes   (principal   y  suplente)  de  la  empresa  aludida,  en  calidad  de  administradores de los bienes de la sociedad.   

         Anota  que  por esa razón, a ellos se les confió el patrimonio de  la     sociedad,    el    cual    recibieron    en    título    “precario”,  razón  por  la  cual  los  hechos  encajan  en  la descripción típica del punible de abuso de confianza y  no de hurto.   

         Después  de  citar  decisiones de la Corte Constitucional y a unos  doctrinantes  acerca  de  los  elementos del tipo, asegura que los principios de  legalidad  y  tipicidad  tienen raigambre constitucional, en cuanto se erigen en  una garantía para el acusado.   

         

         Segundo cargo   

         

         Finalmente,   denuncia   que   el  sentenciador  de  segundo  grado  incurrió  en  una  transgresión  directa  de la ley sustancial por aplicación  indebida  de  los  artículos 349 y 351.2 del Código Penal de 1980 y exclusión  evidente  del 358 del mismo estatuto, 196 del Código de Comercio, 22 y 23 de la  Ley 522 de 1995 y 35 39 de la Ley 600 de 2000.   

         Después  de indicar la naturaleza de la empresa donde los acusados  laboraban  y  los  cargos que tenían en ella, para lo cual se permite citar las  funciones,  asegura  que  las mismas deben armonizarse con el artículo 22 de la  Ley 222 de 1995.   

         En  tales condiciones, acota que el gerente no es el propietario de  los  bienes,  sino  que es su administrador, en tanto lo hace a titulo precario,  es   decir,   “sin   trasferencia   de  dominio  o  propiedad”.   

         Asevera  que  el  juzgador  erró al citar una jurisprudencia de la  Corte,  puesto que en ese supuesto los dineros no le fueron entregados al sujeto  activo  de  la infracción a título traslaticio de dominio y se apoderó de los  mismos, lo cual constituye el punible de hurto.   

         Manifiesta  que  el Tribunal incurrió en otro desatino al concluir  que  la  conducta  de  los  procesados  era  de  hurto, basado en que los bienes  siempre  fueron  de  la  empresa.  Además,  reitera  que  el  capital inyectado  ocurrido  en  la  sociedad  significó  transferencia   del “dominio  a HIL, que no desvirtúa los argumentos desarrollados. Por  el  contrario,  los  confirma.  Porque  Zaragón  Ltda y Damián Blasco Ltda son  socias  y  aportantes  de  Húmicos,  pero  diferentes  a  ella  y  ajenas  a su  patrimonio,   integrado  por  tales  aportes.  Y  si  Húmicos  fue  la  empresa  administrada  por  mis  defendidos  y  la  que  les  achaca haber defraudado sus  intereses,  no  puede  menos  que concluirse que la inyección de capital es una  trasferencia  de  dominio  a  esa  persona  jurídica  y no a su administradores  fiduciarios”.   

         Insiste  en  que  los procesados por el hecho de ser gerentes de la  multicitada  sociedad,  se  les confió el patrimonio de la misma, es decir, que  lo  recibieron  a  título precario, motivo por el cual los hechos no encajan en  la descripción típica de hurto sino en la de abuso de confianza.   

         Por  lo  expuesto  depreca   a  la Corte casar parcialmente la  sentencia  impugnada  y  consecuentemente,  declarar que los acusados cometieron  el  punible de abuso de confianza y se redosifique la pena.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.   La   casación  en  la  Ley  600  de  2000   

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  de  esta  impugnación, al libelista compete elaborar la demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley y decantados por la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso  se  cometió  un error de derecho o de  actividad,  dado  que  debe demostrar la existencia del vicio y su trascendencia  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa la legalidad de la sentencia. De ahí que la demanda cumpla  las  formalidades estatuidas en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, toda vez  que  en  ella se debe señalar, de manera clara y precisa, la causal con la cual  se  pretende  la  infirmación  del  fallo,  argumentando cómo el vicio de  derecho   o   de   actividad,   según   el  caso,  condujo  a  resquebrajar  la  providencia.   

Así, no resulta atinado denunciar sólo la  existencia  del yerro que se invoca, sino que al libelista incumbe demostrar que  el  mismo  tiene la trascendencia suficiente para romper la sentencia de segunda  instancia  y  por  lo  mismo,  la Corte intervenir como Tribunal de Casación en  procura   de   reparar,   entre   otros  fines,  los  agravios  sufridos  a  los  intervinientes en el proceso objeto de censura.   

         Presupuestos  de lógica y debida fundamentación de la infracción  directa de la norma sustancial   

         Cuando  la  censura se postula por esta vía, el casacionista está  aceptando  que  los  hechos  declarados  como  probados  en  la sentencia fueron  correctamente  apreciados,  razón  por  la  cual el debate se circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

         En  esa  medida,  la labor de demostración de la trascendencia del  vicio  deberá  estar  sustentada  en evidenciar que el juzgador seleccionó una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o, habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

                                            Calificación de la demanda   

         En  el  supuesto que ocupa la atención de la Sala, de igual manera  se  colige  que  el  actor presentó un alegato de instancia y no una demanda de  casación,  habida  cuenta  que el discurso argumentativo lo centra en presentar  personales  opiniones,  con  relación a la adecuación típica, derivando que a  sus  defendidos  competía  condenárseles  por  la conducta punible de abuso de  confianza  y  no  por  la  de  hurto,  sin  que de sus argumentos se advierta la  existencia de la alegada infracción directa de la ley sustancial.   

         En    lo    que    atañe   al   primer  cargo    en  el  que  acusa  el  citado  vicio,  consistente  en  que  los  hechos  por los cuales fueron condenados los acusados  encuentran  adecuación  típica  en el delito de abuso de confianza, carece del  correspondiente  sustento  hermenéutico,  en  orden  a  advertir la aplicación  indebida de unas normas de carácter sustancial.   

         En  efecto,   sin  que  el  actor  explicara desde el punto de  vista  jurídico  lo  atinado  de  su  hipótesis,   en  las  pocas líneas  que   dedica a la fundamentación del reproche, anota que por la condición  de  gerentes de los sentenciados en la entidad defraudada, los bienes les fueron  encomendados   a   título   precario,   situación  que  impide  calificar  ese  comportamiento como hurto.   

         Es  decir,  no  presenta argumento a fin de evidenciar que hubo una  aplicación  indebida de los artículos 349 y 351. 2 del Código Penal, teniendo  como  fundamento  el  supuesto  fáctico en que basó el juzgador para arribar a  una  conclusión  distinta, el cual ni siquiera fue objeto de mención por parte  del libelista.   

         Como  quedó  expuesto  anteriormente,  es  del  resorte del censor  informar  que  de  acuerdo  con  los  hechos declarados probados en la sentencia  recurrida,  las  normas  escogidas  por  el  juzgador  no  eran  las  llamadas a  solucionar  el  conflicto, según así se desprende del enunciado; de tal manera  constituye  un  desatino  presentar  personales  opiniones  frente  al  tema sin  demostrar que las consideraciones del fallador fueron desacertadas.   

         Así  las  cosas,  como  el  cargo  carece  de  la  correspondiente  demostración, deviene necesariamente su inadmisión.   

         Con    relación    a    la    segunda  censura    igualmente  fundada  por  el  motivo  primero  de  la  causal  primera  de  casación,  si bien es cierto que presenta  argumentos  adicionales,  en  orden a reclamar la equivocada adecuación típica  de  los  hechos,  de  todas formas arriba a conclusiones personales en cuanto al  tema,  criticando  al  juzgador  por haber inferido que el comportamiento de los  acusados era el de hurto y no el de abuso de confianza.   

         En  efecto,  considera  que  el  Tribunal  no tuvo en cuenta que la  calidad  de  gerentes  de  los  acusados  de  la  empresa  que fue defraudada en  ejercicio  de  sus funciones, ellos tenían un título precario sobre los bienes  de  la  sociedad, razón por la cual su apoderamiento entra en la esfera típica  del  último  delito  citado,  pero sin poner de relieve desde el punto de vista  jurídico  el  desatino  del  juzgador  de  segunda instancia, que consideró lo  contrario a su tesis.   

         Ahora  bien,  la  Sala  avizora  que  al  casacionista le resultaba  imposible  cumplir el anterior presupuesto, en la medida en que el Tribunal tuvo  en  cuenta  esos  aspectos,  advirtiendo  que  entre  los  acusados y los bienes  apoderados   no   existía   la   relación  jurídica  que  se  exige  para  la  configuración  del  delito  de  abuso  de confianza, en tanto el comportamiento  delictual  estuvo  prevalido  de  la  relación  de  confianza depositada por el  dueño de los bienes en el gerente y su suplente.   

         Es  decir,  para  la Corporación de segunda instancia fue evidente  que  la relación funcional que tenían los procesados no se identificaba con la  confianza  generadora  de  la  apropiación  del  punible de abuso de confianza,  habida  cuenta  que  “los enjuiciados, en su calidad  de  directivos de la asociación estaban autorizados para invertir los dineros y  demás  bienes  pertenecientes  a  la  persona jurídica, siempre  y cuando  tales  actos  tuvieran  relación  con  el  objeto social, sin que les estuviera  permitido  disponer  del  patrimonio  de  la  sociedad a su arbitrio”.   

         Además,  atinadamente  dedujo “que los  activos  entregados  por  la  sociedad  Española  Zaragon  Ltda.  a  la empresa  Húmicos  IberoColombianos  Ltda.  no  ingresaron  bajo un título precario sino  como  una  inyección de capital, es decir, la primera trasladó a la segunda el  dominio  de  los  bienes,  de los que finalmente se apropiaron los procesados en  claro  abuso  de las particulares funciones que los estatutos de la sociedad les  imponían”.   

         En  síntesis, los procesados se aprovecharon de las circunstancias  propias  de  la actividad laboral para llevar a cabo los actos de apoderamiento,  derivada  de su condición de gerentes y de la confianza depositada en ellos por  la  entidad  en  donde  desarrollaban  el  cargo  de gerentes, uno en condición  principal y el otro de suplente.   

         Frente  a  la  distinción del punible de abuso de confianza con el  de  hurto,  la  Corte, entre otros pronunciamientos, en decisión del 7 de abril  de 2007, dentro del radicado 33.173, sostuvo:   

         “…en  el  abuso  de  confianza  el sujeto se apropia de la cosa  mueble  que  le  fue  entregada  o  confiada  por  un título que no traslada el  dominio  que  sobre  ella  tiene su propietario, poseedor o tenedor; en el hurto  agravado  por la confianza el sujeto se apodera de la cosa mueble respecto de la  cual  entra  o  tiene  contacto  material en razón de la buena fe depositada en  él, por su propietario o tenedor.   

         

         “La  confianza  en la conducta furtiva agravada puede provenir de  una  relación  laboral, de la amistad, del parentesco o de servicios gratuitos,  siendo  esencial  que esa relación entre el dueño o tenedor y el sujeto sea la  que  facilite  o  posibilite  el  apoderamiento,  porque  lo  que caracteriza al  comportamiento   es   la   defraudación   de   la   confianza   depositada   en  él”.   

         En  el  supuesto que ocupa la atención de la Corte, los procesados  por  razón de la función estaban autorizados para disponer de los bienes de la  empresa,  siempre  y  cuando  tuvieran  como  finalidad el desarrollo del objeto  social.  Esa  particular  condición les daba la disponibilidad de los bienes de  una  manera  reglada  conforme  al  cargo que desempeñaban, pero no disponer de  facto  de  los mismos, como a bien tuvieran, al punto que de manera arbitraria y  luego  de  que los activos de la sociedad Zaragon Ltda., entregara sus activos a  Húmicos     iberoColombianos,     los    cuales    entraron,    “como   una  inyección  del  capital”,  éstos  se  apoderaron,  “en  claro  abuso  de  las  particulares    funciones    que    los    estatutos    de   la   sociedad   les  imponían”.   

           El  actor  no  se  pronunció acerca de los anteriores hechos, en  orden  a demostrar la invocada infracción directa de la ley sustancial, dejando  el  reproche  en un simple enunciado que la Sala no puede entrar a complementar,  derivado del principio de limitación que rige la casación.   

         

         En  tales  condiciones,  deviene  necesariamente la inadmisión del  libelo.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación, se hayan violado  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga  superar los defectos de la demanda, en orden a decidir de fondo, según  lo dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada          por         el     defensor   de   María    Teresa   Posada   Vidales   y  Rafael        Oñate        Serrano.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                   FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                      MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                    

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO             

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  DE JESUS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *