38936(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 239.   

Bogotá,  D.  C., veintisiete de junio de dos  mil doce.   

V I S T O S  

Vencido  el  respectivo  término de traslado  dentro     del    presente    trámite    de    extradición    del    ciudadano  colombiano  JUAN  CARLOS  LÓPEZ  MACÍAS,  requerido por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica,  le  corresponde  a  la  Corte pronunciarse sobre la solicitud de pruebas elevada  por el defensor.   

A N T E C E D E N T E S  

1. El Gobierno de los  Estados  Unidos  de  Norteamérica,  por  conducto  de  su embajada en Colombia,  mediante  nota  verbal  No.  0339  del  16  de  febrero  de  2012, solicitó del  Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia la detención provisional, con  fines  de  extradición,  del ciudadano colombiano JUAN  CARLOS  LÓPEZ MACÍAS, quien es requerido por la Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  Sur  de  Florida,  para  comparecer  en  juicio, toda vez que allí se emitió en su contra la acusación  No.   11–20853–CR–Cooke,  dictada  el  15 de diciembre de  2011,   en   la   cual   se   le   formulan  cargos  por  delitos  federales  de  narcóticos.   

2. Para esa época,  la  señora Fiscal General de la Nación, mediante resolución del 24 de febrero  de  2012,  ordenó  la  captura  de JUAN CARLOS LÓPEZ  MACÍAS,  que  se  hizo  efectiva  en esa misma fecha.   

3.     La  representación  diplomática  de los Estados Unidos de Norteamérica formalizó  la   petición   de   extradición   de  JUAN  CARLOS  LÓPEZ  MACÍAS, con la nota  verbal  No.  0852  del  20  de  abril  de  2012, en la cual reitera que éste es  solicitado  porque  en  su  contra se profirió la acusación No. 11–20853–CR–Cooke,  dictada  por la Corte Distrital  de  los  Estados  Unidos  para el Distrito Sur de Florida, el 15 de diciembre de  2011, por delitos federales de narcotráfico.   

4. El Ministerio de  Relaciones         Exteriores,        anotando        que        “…por  no  existir tratado aplicable al  caso  en  mención,  es  procedente  obrar  de  conformidad  con el ordenamiento  procesal      penal      colombiano”,  remitió la mencionada nota verbal y los  documentos  anexos al de Justicia y del Derecho, entidad que a su vez envió tal  documentación  a  esta  Corte,  donde  se dispuso que el requerido designara un  apoderado que lo representara dentro de la actuación.   

5.  Después  de  algunos   trámites   relacionados   con   la   designación  de  defensor  para  LÓPEZ  MACÍAS, se corrió  el  traslado  dispuesto  para  que  los intervinientes se pronunciaran sobre las  pruebas que estimaran conducentes.   

6.  Dentro  del  término  legal,  la  señora  Procuradora  Tercera  Delegada  para la Casación  Penal,  manifestó  por  escrito  “…que no se hace  necesario      solicitar      la      práctica      de      pruebas…”.   

7. Por su parte, el  defensor    designado   por   JUAN   CARLOS   LÓPEZ  MACÍAS,   pidió   le   que   se   decretaran   las  siguientes:   

7.1. La traducción  auténtica  al  castellano  de  los documentos que aportó el Estado requirente,  porque  la  que  aparece  en  el  expediente  corresponde  a una “TRADUCCIÓN NO OFICIAL”.   

Aduce  que los numerales 1 y 4 del artículo  495  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  exigen  que  las traducciones sean  auténticas;  entonces,  éstas  deben hacerse de forma oficial, “…por  cuanto lo oficial es sinónimo de auténtico…”   

Concluye que se trata de un requisito legal y  por  ello  no basta con una traducción no oficial, razón por la cual considera  “…trascendente   que   la   trascripción   sea  auténtica,   lo   que   deviene   en   conducente   y  pertinente  esta  prueba  demandada.”   

7.2. Pide igualmente  que   se  oficie  a  la  Unidad  Nacional  Antinarcóticos  y  de  Interdicción  Marítima,  para  que  certifique  si  en  las  ciudades  de Bogotá y Arauca se  adelanta alguna investigación por estos mismos hechos.   

Estima  que  la  prueba  es  conducente  y  pertinente,  porque la autoridad extrajera manifestó que sus agentes trabajaron  junto   con   la  Policía  Nacional  de  Colombia  y  obtuvieron  elementos  de  convicción  que  comprometían  a  JUAN CARLOS LÓPEZ  MACÍAS.   Se   refiere   a   las   interceptaciones  telefónicas         que         –afirma–  debieron  estar  precedidas  de  una  orden  de  la  Fiscalía  y sometidas a la  aprobación  de  un Juez de control de garantías, lo que le permite suponer que  existe,  al  menos, una investigación “…en (i) la  UNAIM  con  sede  en Bogotá y/o (ii) en alguna Fiscalía Seccional de la ciudad  de  Arauca  que  la defensa técnica desconoce…”, y  para  establecerlo es necesario averiguar “…a qué  Delegado  le  (s) pudo haber correspondido adelantar esas diligencias, el estado  actual  del proceso (s), los hechos del mismo, así como las personas vinculadas  a  ese  trámite  procesal  como indiciados, imputados o acusados, en procura de  información   sobre  el  posible  juzgamiento  previo  del  requerido  por  las  autoridades nacionales.”   

La   procedencia   de   la  prueba  radica  –añade– en que debe averiguarse si en Colombia  se  profirió  una  decisión  con fuerza de cosa juzgada contra su asistido, lo  que haría improcedente la extradición.   

7.3. Finalmente, con  el  fin  de  que se corrobore la identidad plena del solicitado en extradición,  solicita  que  se  oficie a la Registraduría Nacional del Estado Civil para que  informe   si   elaboró   la   cédula   de   ciudadanía   No.   17’342.535   a   nombre  de  JUAN  CARLOS  LÓPEZ  MACÍAS, la fecha de  expedición  de  ese  documento,  si  se  encuentra vigente y remita copia de la  tarjeta decadactilar correspondiente.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

Reiteradamente  ha sostenido la Corte que el  objeto  del  concepto que debe rendir dentro de la fase judicial del trámite de  extradición  está  delimitado  por los elementos a que se refiere el artículo  502  de  la  Ley  906  de  2004  y,  en  razón  de ello, las pruebas que pueden  solicitarse  y  practicarse  serán las que conduzcan y resulten necesarias para  establecer  esos  aspectos,  es  decir,  la  validez formal de la documentación  presentada,  la demostración plena de la identidad del solicitado, el principio  de  la  doble  incriminación, la equivalencia de la providencia proferida en el  extranjero  y  el  cumplimiento de lo previsto en los tratados públicos, cuando  fuere el caso.   

En  armonía  con  lo  anterior, las pruebas  solicitadas  por  el representante el defensor resultan inadmisibles, atendiendo  a  que no guardan relación con el tema probatorio que se debe surtir dentro del  trámite de extradición, razón por la cual se negarán.   

1.  Dentro  de las  solicitudes  probatorias,  el  defensor  invoca  que  se decrete la traducción   oficial   de   los  textos  originales  elaborados en el idioma inglés, sin sustentar por qué en el asunto  que  reclama  el concepto de la Corte, es necesario que así se haga, planteando  la  falsa  hipótesis  consistente  en  que  nuestra legislación procesal penal  exige    la    conversión    auténtica al idioma castellano.   

Sin  embargo, ninguna referencia hace acerca  de  que  la  traducción  de  los  documentos  aportados contenga algún tipo de  yerro,  falencia  o  agregado ajeno al texto original, aspecto que colmaría las  exigencias sobre la pertinencia de su solicitud.   

Se  advierte  que  la  nota  verbal  aparece  traducida   –conforme  se  certifica   con   el  sello  inserto  en  cada  uno  de  los  folios–,   por   el   traductor   juramentado  Anthony  Letts;  y,  en  esa  solicitud,  la  embajada  de  los  Estados  Unidos expresamente consignó que se  incluyen  “…documentos autenticados que sustentan  la  presente  solicitud de extradición de Juan Carlos López Macías, junto con  la   correspondiente   traducción…”,   sin   que  –como   lo   exige   el  libelista–, se requiera de  mayor  oficialidad  en la traducción o de una superior condición técnica, que  la  ley tampoco contempla, entre otras cosas, porque la reproducción en nuestro  idioma se entiende informal.   

Ha  sido  clara la jurisprudencia de la Sala  sobre  el  particular, al consignar que “…en   el  evento  en  que  los  anexos  vengan  vertidos  al  castellano  por el país  requirente,  la  Corte  no  tiene  competencia  para  cuestionar dicho trámite,  pudiendo  disponer  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia, la  traducción  sólo  de  aquellas  piezas  procesales  que  no estén vertidas al  castellano,  siendo  ese  el  sentido  y  alcance  que viene proporcionando a la  expresión  “si  fuere  el  caso”  , contenida en el artículo 551 del C. de  P.P.  –hoy reproducida en  el   inciso  final  del  artículo  495  de  la  Ley  906  de  2004,  añade  la  Sala-.”1   

La prueba, además resulta inconducente, toda  vez  que  no  es  necesario  establecer si las traducciones fueron hechas por el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  o  alguna  otra  entidad  oficial, ni es  tampoco  indispensable  ordenar  que  ese  trámite  lo  adelante un específico  estamento  público,  porque  ello  carece  de  importancia  y no guarda ninguna  relación  con la validez formal de la documentación, en cuanto el inciso final  del  artículo  495  del Código de Procedimiento Penal únicamente exige que la  traducción,  cuando  sea  necesaria,  se  haga al castellano, sin señalar otro  trámite  especial  o  adicional, ni que deba realizarla determinada entidad. Al  respecto ha dicho la Corte:   

“Las  pruebas  atinentes  a verificar el procedimiento seguido para realizar la traducción del  inglés  al  castellano del “afidivid” y de los demás documentos que sirven  de  soporte  a  la  petición de extradición por un perito oficial designado en  desarrollo  del  presente  trámite  ha  sostenido  la  Corte  que  son  pruebas  irrelevantes  para  cuestionar  la validez formal de la documentación aportada,  ya  que  según  el  inciso final del artículo 513 del Código de Procedimiento  Penal,  la  traducción  de  la  documentación solo exige que se haga al idioma  castellano,  es  decir,  que  no  impone  ninguna  exigencia  en  cuanto  a  las  formalidades  que  deben  cumplirse  ni  a  que  la  traducción  provenga de un  funcionario  del  Ministerio  de  Relaciones Exteriores, basta, entonces, que la  traducción  haya sido realizada al idioma castellano por una persona reconocida  como      traductor     oficial.”2   

En  consecuencia, si en gracia de discusión  se  admitiera  que  la  traducción  de  los  documentos  al castellano debe ser  auténtica,  como lo supone  el   peticionario,  es  evidente  que  confunde  ese  término  con  el  vocablo  oficial, en tanto el primero  hace   alusión   a   las   expresiones  de  personas  conocidas  o,  al  menos,  identificables,  mientras  que  la  segunda,  en  el  contexto  que  el defensor  pretende utilizarla, se refiere a lo público, a lo estatal.   

El artículo 425 del Código de Procedimiento  Penal  de 2004 señala que salvo prueba en contrario, se tendrá como auténtico  el  documento  cuando  se  tiene  conocimiento cierto sobre la persona que lo ha  elaborado,  manuscrito,  mecanografiado, impreso, firmado o producido por algún  otro  procedimiento  y,  en  este  caso, el texto que contiene la traducción no  oficial       –se  itera– fue elaborado por el  traductor      juramentado     (“Res.     139/80  Minjusticia”),   Anthony  Letts.   

2.  Si  bien  la  doctrina  en  vigor de la Corte admite tener como circunstancia impediente de la  extradición  que  en  Colombia la persona solicitada por un Gobierno extranjero  haya  sido condenada por los mismos hechos por los cuales está siendo reclamada  con   anterioridad   a   la  petición  de  entrega3,  como se extrae del contenido  del  artículo  29 de la Constitución Política, aspecto éste al que apunta el  segundo   de   los   requerimientos  del  defensor,  también  lo  es  que  esta  Corporación          ha          precisado4:   

“[El]   imperativo  de  verificar  esta  circunstancia  se  presenta  en  situaciones  en  las  que  existe  evidencia  que apunte a demostrar la eventual  lesión  del  derecho  fundamental  al  debido  proceso  por desconocimiento del  principio  de  cosa juzgada, en la medida que el afectado o su defensor informen  que   el  asunto  fue  investigado  y  juzgado  en  Colombia  y  suministren  la  información   relacionada   con  las  autoridades  judiciales  colombianas  que  hubieren  conocido de la actuación; o que por cualquier otro medio fundadamente  se  pueda  suponer  el ejercicio previo de jurisdicción, por ejemplo, porque la  orden  de captura con fines de extradición se cumple estando la persona privada  de  libertad  y resulte necesario establecer la razón por la cual se dispuso la  limitación       de       ese       derecho      al      requerido.”   

Así  las  cosas,  en  el presente asunto no  existe  esa  mínima  evidencia,  sin  que  la  persona  reclamada o su defensor  hicieran  alusión  a  la  posibilidad  de  que en Colombia se hubiese juzgado a  LÓPEZ   MACÍAS  por  los  mismos  hechos  referidos  en  la  petición  de  extradición  realizada por el  gobierno  de los Estados Unidos de Norteamérica, lo que resulta suficiente para  desvirtuar  la  lesión  o amenaza del derecho fundamental al debido proceso del  reclamado,  en  lo  que  se  refiere al principio de cosa juzgada, motivo por el  cual resulta inconducente la prueba solicitada sobre el particular.   

Es   que,   se   advierte,   JUAN  CARLOS  LÓPEZ MACÍAS fue capturado  por  miembros  de  la  Dirección  de  Investigación  Criminal e Interpol de la  Policía  Nacional  a eso de las 21:00 horas del 24 de febrero de 2012, en plena  vía  pública,  concretamente  en  la  carrera  22 con calle 23 de la ciudad de  Arauca   y   no   aparece  ninguna  constancia  sobre  requerimientos  de  otras  autoridades,  con  excepción  del  que  hizo  la  Fiscal  General de la Nación  mediante  resolución  de  esa  misma  fecha,  por  razón  de  este específico  trámite.   

No  obstante,  argumenta  el  defensor  la  posibilidad  de  que en Colombia se hubiese proferido una sentencia condenatoria  contra  su  representado,  en relación con la que, incluso, desconoce cualquier  información,  circunstancia que resultaría singular, por decir lo menos, si es  que   el   proceso  penal  se  adelantó  por  los  mismos  hechos  que  serían  constitutivos   de   los   delitos  de  concierto  para  delinquir  y  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes, a los que se refiere la solicitud de  extradición,  mismos  que tienen señaladas penas de prisión que oscilan entre  los  8  y  los  18  años  y  los  128  meses  y  los 30 años, respectivamente,  circunstancia   que   no   le   hubiese   permitido   al   señor   LÓPEZ  MACÍAS  permanecer  en libertad,  así fuese provisionalmente.   

3. Por lo que tiene  que  ver  con  la identidad plena del requerido, ninguna información suministra  el  defensor  para  significar  que  la persona solicitada en las notas verbales  números  0339  del  16  de  febrero  y  0852  del  20  de  abril  de 2012, como  JUAN  CARLOS LÓPEZ MACÍAS,  ciudadano  colombiano  nacido el 22 de diciembre de 1969 y titular de la cédula  de     ciudadanía     número     17’342.535,  no  es la misma a quien se le notificó la resolución por  medio  se  ordenó  su  captura  con fines de extradición, el 24 de febrero del  corriente  año,  ni al que se le tomó la reseña decadactilar en formato de la  policía   Nacional   de   Colombia   –DIJÍN–,  para  compararla  con el registro dactilar suministrado por la Registraduría Nacional  del  Estado  Civil,  correspondiente  al  referido número de cédula expedido a  nombre  de JUAN CARLOS LÓPEZ  MACÍAS,  mediante  los  cuales  pudo  establecerse la  uniprocedencia   de   las   impresiones   digitales5,   fundamentos  que  resultan  suficientes     para     considerar     que     esta    prueba    también    es  inconducente.   

Finalmente, se le informa al defensor que la  copia  de  la  tarjeta decadactilar que reclama, aparece a folios 43 y 268 de la  carpeta principal.   

De  otro  lado,  como quiera que la Corte no  observa  la  necesidad  de incorporar elemento probatorio ninguno, ordenará que  una  vez  cobre  ejecutoria esta decisión, se dé traslado a los intervinientes  por  el  término de cinco días para alegar, de conformidad con lo señalado en  la última parte del artículo 500 de la Ley 906 de 2004.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

Primero:              NO  ACCEDER a la práctica de las  pruebas  solicitadas  por  el  defensor de JUAN CARLOS  LÓPEZ  MACÍAS, en virtud a  las razones expuestas en las anteriores consideraciones.   

Segundo:              En  firme  esta  providencia,  córrase  en  secretaría  traslado  por  el  término  de cinco (5) días a los  intervinientes, para que presenten alegatos.   

Contra  esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Página continuación  parte resolutiva y firma de los 8 Magistrados   

Extradición   N°   38.936  –Niega pruebas-  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Auto  del 23 de noviembre de 2000, radicado 16706.   

2 Ver  autos  radicaciones  20288  del  18 de marzo de 2003 y 21500 del 4 de febrero de  2004, entre otros.   

3   Concepto del 19 de febrero de 2009, radicación 30374.   

4   Auto del 26 de agosto de 2009, radicado 31951.   

5  Confrontar folios 40, 41, 43 y 45     

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