38896(22-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 313  

Bogotá  D.C., agosto veintidós (22) de dos  mil doce (2012)   

VISTOS  

Procede  la Sala a constatar el cumplimiento  de  las  exigencias  de crítica lógica y sustentación suficiente en el libelo  casacional    presentado    por   el   defensor   del   procesado   JOSÉ  VICENTE  NOPE  MONTERO,  contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  3  de  febrero  de 2012, confirmatoria en lo sustancial de la dictada en primera  instancia  por  el  Juzgado  Diecinueve  Penal  del  Circuito  con  funciones de  conocimiento  de  la misma ciudad el 16 de mayo de 2011, por cuyo medio condenó  al  mencionado  ciudadano, junto con José Luis Torres  Herrera,  como  coautores  del  concurso de delitos de  homicidio   agravado   en   Diego  Oswaldo  Sánchez  Alvarado,  tentativa  de  homicidio  agravado  y porte  ilegal de arma de fuego.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron  resumidos  en  el  fallo  del  Tribunal en los siguientes  términos:   

“Según   el  escrito  de  acusación, el 6 de septiembre de 2009, hacia las 8:30 de la noche,  en     la     calle    23    frente    al    número    113    A    – 43, vía pública de esta ciudad, se  encontraban  reunidos  DIEGO  OSWALDO  SÁNCHEZ  ALVARADO,  PEDRO ANTONIO MEDINA  RIVERA,  MILTON  ALIRIO ALVARADO VERANO y MAIRA ALEJANDRA MORALES RIVERA, cuando  de  repente llegó JOSÉ LUIS TORRES HERRERA y empujó a MILTON ALIRIO ALVARADO,  momento  en  el  que también apareció JOSÉ VICENTE NOPE MONTERO, provisto con  un  arma  de  fuego, con la que le disparó en la cabeza, el cuello y una mano a  DIEGO  OSWALDO  SÁNCHEZ,  quien  portaba  el  uniforme  de la policía y estaba  hablando   por   celular,   causándole   heridas   que   lo   llevaron   a   la  muerte.   

“Las  demás  personas  presentes intentaron huir, pero JOSÉ VICENTE NOPE MONTERO le disparó  a  PEDRO ANTONIO MEDINA RIVERA en el tórax y a MILTON ALIRIO ARÉVALO VERANO en  una  pierna,  ocasionándoles  lesiones  que  ameritaron  una  incapacidad de 60  días,  deformidad  física  que  afecta  el  cuerpo  de  carácter permanente y  perturbación  funcional con carácter a definir, para el primero, e incapacidad  de  15  días y deformidad física permanente que afecta el cuerpo, respecto del  segundo”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia realizada en el Juzgado Cuarto  Penal  Municipal con control de garantías de Bogotá, la Fiscalía le imputó a  JOSÉ VICENTE NOPE MONTERO y  José Luis Torres Herrera la  comisión  del concurso de delitos de homicidio agravado, tentativa de homicidio  agravado  y porte ilegal de arma de fuego, la cual no aceptaron. A solicitud del  ente  investigador  les  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento  de detención  preventiva    en    establecimiento    carcelario   sin   derecho   a   libertad  personal.   

         El  11  de  marzo de 2010 se entregó el escrito de acusación en el  cual    se   imputó   a   los   procesados   el   delito   de   “HOMICIDIO  AGRAVADO  EN  CONCURSO  HOMOGÉNEO  Y SUCESIVO CON DOBLE  HOMICIDIO  AGRAVADO EN EL GRADO DE TENTATIVA, EN CONCURSO HETEROGÉNEO CON PORTE  ILEGAL  DE  ARMAS  DE  DEFENSA  PERSONAL  EN  CALIDAD  DE  COAUTORES”, sin que se allanaran.   

          Surtido  el  debate  oral,  el Juzgado Diecinueve Penal del Circuito  con  funciones de conocimiento de Bogotá profirió fallo el 16 de mayo de 2011,  por  cuyo  medio  condenó a NOPE MONTERO y Torres Herrera  a  la pena principal de quinientos (500) meses de prisión y a las accesorias de  inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación  del  derecho  a  tener  armas  por  el  mismo  lapso, como coautores  penalmente   responsables   del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado,  tentativa de homicidio agravado y porte ilegal de arma de fuego.   

          En  la  misma  oportunidad  les  fue  negada  tanto  la  suspensión  condicional    de    la    ejecución    de    la   pena,   como   la   prisión  domiciliaria.   

Impugnada  la  sentencia  del  a  quo por la Fiscalía y los defensores,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  lo  confirmó  mediante  proveído del 3 de  febrero  de  2012,  pero  tasó  la pena principal en quinientos cincuenta (550)  meses  de  prisión; a su vez, dosificó en veinte (20) años la inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, y en quince (15) años la  privación del derecho a tener armas de fuego.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem  el  defensor  de  JOSÉ  VICENTE  NOPE  MONTERO interpuso en  oportunidad  recurso extraordinario de casación y allegó el respectivo libelo,  cuya admisibilidad se estudia en este auto.   

LA DEMANDA  

El  censor  formula  dos reproches contra el  fallo    del    Tribunal.    El   primero  al  amparo  de  la  causal  segunda  de  casación  reglada  en el  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004, por nulidad derivada de violación al  principio de tipicidad estricta.   

          En  la  acreditación de la censura aduce que las heridas causadas a  Pedro    Antonio    Medina    Rivera   y      Milton     Alirio     Alvarado  Verano no fueron fatales, pese a lo cual se imputó el  delito  de tentativa de homicidio agravado, el cual no resulta congruente con el  resultado  producido,  de modo que en su criterio considera se debió imputar el  delito  de  lesiones  personales, amén de efectuar el correspondiente ajuste en  la dosificación de la pena.   

          De  otra  parte  advera que en el proceso penal rigen los principios  de   buena   fe   y   lealtad  procesal;  acto  seguido  manifiesta  que  en  lo  “atinente  al  video  que  incluso se mencionó por  parte  del  Agente  de  policía  MANUEL  SADY  BEJARANO TORRES, yo creí que en  realidad   iba   a   ser   introducido   al   tráfico  probatorio  mediante  su  correspondiente   testigo  de  acreditación”,  pero  “la  sorpresa  fue mayúscula cuando en medio de la  audiencia,  el Fiscal delegado manifiesta que no continúa con el interrogatorio  directo  del  testigo  y  no  había  ni preguntado por el video, ni mucho menos  acreditado  la preexistencia, idoneidad, fidelidad, demostración, ofrecimiento,  reconocimiento,    presentación    y    exhibición    del    mismo”.   

          Añade   que   “La   defensa  técnica  intentó  mediante el contrainterrogatorio corregir esta situación, pero no fue  de  recibo  por  parte de la Juez de Primera Instancia que permitiera interrogar  respecto  de puntos que no se habían tocado en el directo por parte del Fiscal.  Si  lo  hubiera permitido, de todas maneras no se qué validez hubiese tenido el  que  la  defensa,  por  medio  de  contrainterrogatorio,  agote  los pasos antes  citados  y  pretenda  introducir en el tráfico jurídico este elemento material  probatorio  en  el  que  se evidencia la no participación de mi defendido en la  comisión  de  los  hechos  investigados.  No  se qué valor probatorio ni si es  válido  el  que  se  use  un testigo de la Fiscalía para acreditar el elemento  material probatorio aludido”.   

          Más  adelante  puntualiza:  “Es cierto  que  la  defensa  tuvo la oportunidad en solicitar ese mismo elemento probatorio  de  forma  directa. Incluso el interrogatorio directo del Agente de policía con  el  que  la  Fiscalía pensaba introducir el video. Lo que no es menos verídico  es  que  jamás  se dudo que ese video se fuese a presentar. Nunca se pensó que  en   medio   del   debate   probatorio  se  iba  a  retirar  tácitamente  dicho  elemento”.   

          Precisa  que  en la referida filmación no aparece su asistido en la  escena  del  crimen,  motivo  por el cual considera dicho elemento trascendente,  pero  como  no  fue  introducido  por  la  Fiscalía se violaron los derechos de  contradicción y defensa de su asistido.   

          A  partir  de  lo anterior solicita la invalidación desde el inicio  de  la  fase  probatoria, a fin de que se permita a la defensa el interrogatorio  directo  del  Agente  de  policía y la introducción del video que da cuenta de  los  hechos  investigados,  todo  ello  con  la  pretensión de demostrar que su  asistido  NOPE  MONTERO  no  estuvo en el instante de ocurrencia de los hechos.   

         En    el    segundo   reparo,  el  recurrente  manifiesta que se incurrió en un “falso    juicio    de   apreciación   de   la   prueba”,  pues  se  dio por probado que Torres  Herrera   llamó   a  NOPE  MONTERO  y  lo alertó respecto de la imposibilidad de  defensa  de las víctimas; también se tuvo como acreditado que éste portaba un  arma,  la  cual  no  se  encontró,  y  no  se  estableció  si se trataba de un  revólver o de una pistola.   

          Acto   seguido   afirma:   “El  segundo  aspecto  con lo atinente a pruebas que si existen y que no son apreciadas por el  fallador,  como  son  el  que  MAIRA  ALEJANDRA RODRÍGUEZ RIVERA, PEDRO ANTONIO  MEDINA  RIVERA y MILTON ALIRIO ALVARADO VERANO, no ubicaron a mi representado en  el  sitio  de  los  hechos  al  instante mismo de la ocurrencia de los disparos,  circunstancia  que  no  ha  sido  cotejada  con el tiempo que los otros testigos  FABIÁN  ALEJANDRO  SÁNCHEZ  MELO y HERNÁN CAMILO ROSARIO GARAVITO, estuvieron  encerrados  protegiéndose  de  las balas y saliendo solo 5 minutos después que  cesaron los disparos”.   

Precisa  que  se incurrió en error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia  al  desconocer  lo  dicho  por  Maira    Alejandra    Rodríguez,    Pedro    Medina   y     Milton     Alvarado,    quienes  coinciden   en  que  JOSÉ  VICENTE  NOPE no estuvo presente cuando se produjeron los disparos.   

          Luego,  el  casacionista formula varios interrogantes en punto de la  llamada     que    se    dice    efectuó    Torres  Herrera   a   su   asistido.   También  asevera  que  “la existencia del arma con base en el dicho de los  dos  testigos SÁNCHEZ MELO y ROSARIO GARAVITO estructura es una duda insalvable  en  este  instante  procesal”, pues no se consiguió  precisar si se trató de un revólver o una pistola.   

          Solicita  se  tengan  en  cuenta  las  declaraciones de Maira    Alejandra    Rodríguez,    Pedro    Medina   y     Milton     Alvarado,  omitidas  por  los sentenciadores, con las cuales se acredita que  su  asistido  no estuvo en el lugar de los sucesos para cuando se produjeron los  disparos.   

          También  argumenta  que  los  sentenciadores  se fundamentan en los  testimonios  de Sánchez Melo  y   Rosario  Garavito,  sin  tener  en  cuenta  que  éstos quedaron encerrados en el campo de tejo cuando se  escuchó  el  primer  disparo, de modo que no fueron testigos presenciales, como  erradamente se asumió en el fallo.   

          A  partir de lo expuesto, el demandante solicita en primer término,  la  absolución  de  su  patrocinado,  y  en  segundo  lugar,  la  nulidad de la  actuación desde el inicio del juicio oral.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha dilucidado con suficiencia la Corte que si  bien  en  el  estatuto  procesal  de  2004 no media distinción entre el recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  es  claro que corresponde al recurrente demostrar el quebranto de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual exige contar con interés para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de sustentación del  recurso  y  demostrar la necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de  los  fines  establecidos  por  el  legislador  en  su artículo 180, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         También  se  tiene  que  en el examen de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la  Sala  constatar  en  la formulación y desarrollo de las censuras el acatamiento  de  las  exigencias de lógica y  pertinente demostración definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el fin de evitar la  transformación  de este recurso extraordinario en una instancia adicional a las  ordinarias.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir  el desarrollo de los  libelos  dentro  de  unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  demostración  de  los  cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles, esto  es,  precisos  y claros, pues no corresponde a la Sala en su función reglada de  orden  constitucional  y  legal,  develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Adicionalmente,  de  acuerdo  con  el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   “si  el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los  cargos  de  sustentación” (subrayas fuera de texto),  el libelo se inadmitirá.   

          Una   vez   advertido   lo  anterior,  ab  initio  constata  la  Colegiatura  que  el  censor  se  sustrae   del   principio  de  prioridad  en  la  presentación  de los reproches formulados contra el fallo  del  Tribunal, pues si en uno de ellos propone la invalidación del trámite, es  claro  que  la  temática  relacionada  con  la legitimidad del diligenciamiento  prima  sobre  el  otro cargo, dado que en caso de prosperar, por sustracción de  materia  desaparecería  la  sentencia  impugnada  y, en esa medida, no tendría  sentido  el  reparo  por  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de  errores   de   hecho   por   falsos   juicios  de  existencia  por  omisión  de  pruebas.   

En   cuanto   atañe   a  la  primera  censura  encuentra la Sala que en  la  acreditación  de  la  causal  segunda de casación reglada en la Ley 906 de  2004,   corresponde   al   impugnante   precisar  con  claridad  la  especie  de  irregularidad  sustancial que  determina  la  invalidación,  los fundamentos fácticos y las normas que estima  conculcadas,  con  la indicación de los motivos de su quebranto. También es de  su  resorte especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera  diversa  de restaurar el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  pues  este  recurso  extraordinario  no  puede  sustentarse  en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

Al  verificar los argumentos del recurrente,  sin  dificultad  se  establece  que  simple  y  llanamente  expone  su  personal  percepción  del  asunto,  en  punto de considerar que las heridas ocasionadas a  Pedro    Antonio    Medina    Rivera   y      Milton     Alirio     Alvarado  Verano  no  corresponden  al  delito  de  tentativa de  homicidio  agravado,  sino al punible de lesiones personales, dado que no fueron  fatales,  argumentación que, en primer lugar no cuenta con demostración alguna  que  la  dote  de  sentido;  en segundo término, no se ofrece articulada con la  violación  del  debido  proceso  que  se reclama, y por último, no se ocupa de  explicar  cómo  se  acredita  que  el  dolo del acusado respecto de   Pedro   Antonio  Medina  y  Milton Alirio Alvarado únicamente fuera  de  lesionar  y  no  de  matar,  falencias  que  dejan ayuno de demostración el  reparo.   

          Como  de  otra  parte  el defensor plantea que no fue introducido un  video  anunciado  por la Fiscalía, puede constatarse que en el mismo desarrollo  de  la  censura  el  demandante  reconoce  que hubo un yerro de la defensa al no  haber  solicitado el testimonio del Agente de policía  Manuel  Bejarano para incorporar dicha prueba, de modo  que  no  puede  en  esta  sede  alegar  su  propia  incuria con el propósito de  conseguir  la  invalidación  de lo actuado, para ahí sí proceder de acuerdo a  sus intereses y corregir la falencia en su estrategia defensiva.   

          Las   razones   expuestas   son   suficientes   para   inadmitir  el  cargo.   

Con    relación    al    segundo  reparo  considera  la Sala que al  postular  un  falso  juicio de existencia por omisión de pruebas, el cual tiene  lugar  cuando  pese  a  estar  la  prueba en el diligenciamiento no es objeto de  apreciación   judicial,   correspondía   al  demandante  indicar  el  elemento  probatorio  omitido,  cuál  es  la  información objetivamente suministrada, el  mérito  demostrativo  al  que  se hace acreedor y cómo su estimación conjunta  con  el  resto  de pruebas conduce a trastrocar las conclusiones de la sentencia  impugnada, deberes cuyo cumplimiento no asumió el actor.   

          En  efecto,  si  bien  señala las pruebas que en su criterio fueron  omitidas,  el defensor no se detiene a verificar que sí fueron ponderadas en el  fallo,  situación  diversa  es  que los sentenciadores las apreciaran de manera  diferente  y  tuvieran  en  cuenta  otros  elementos de juicio para sustentar la  decisión condenatoria.   

Debe  destacarse que las pruebas mencionadas  por  el censor no fueron pretermitidas por los funcionarios judiciales como para  que  se  estructurara  el  falso juicio de existencia denunciado. Adicional a lo  anterior,  el  casacionista se desentiende de la apreciación de otros medios de  convicción  como  la  declaración  de  Milton Alirio  Alvarado,  una  de las víctimas que logro sobrevivir,  quien  dio  cuenta  del desarrollo del acontecer investigado, motivo por el cual  la queja del censor resulta infructuosa.   

          De   otra   parte  se  observa  que  el  demandante  no  explica  la  importancia  de  haber  hallado  el  arma  homicida,  o  de establecer si fue un  revólver  o  una  pistola,  pues  olvida  que  en Colombia rige el principio  de libertad probatoria, sin que  por  regla  general  sea preciso acudir a unas ritualidades o pruebas especiales  tarifadas.   

         Es  claro  que  el  impugnante  se  sustrae  de  lo  dispuesto en el  artículo  183  de  la  Ley  906  de 2004, según el cual, corresponde al censor  acudir   “mediante  demanda  que  de  manera  precisa  y  concisa  señale las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subrayas  fuera de texto).   

Si  lo  preciso alude a lo exacto, riguroso,  estricto  o  minucioso,  y  lo conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o  directo,  no  se  aviene  con  esa exigencia dispuesta por el legislador, que el  defensor  postule  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial producto de  falsos  juicios  de  existencia  por  omisión,  pero deplore que las pruebas no  fueron  adecuadamente  valoradas,  pues  en tal caso debió postular un error de  hecho  por  falso  raciocinio derivado de yerros en la aplicación de las reglas  de  la experiencia, los principios de la lógica o los postulados de la ciencia,  cuya acreditación tampoco acometió.   

También  se  encuentra  que  el  impugnante  procede  a  plasmar  su  criterio personal y afirma sin demostración alguna que  existen  dudas  que  imposibilitaban  un  fallo  de  condena  en  contra  de  su  patrocinado,  sin  adentrarse  a  especificar,  como  era  su  obligación, qué  aspectos  no  fueron  debidamente  dilucidados y probados en la actuación y dan  lugar  a  la  conformación  de  dudas  trascendentes  sobre la materialidad del  ilícito o la responsabilidad de aquél.   

         De  conformidad  con  lo expuesto, encuentra la Sala que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción de acierto y legalidad de la cual se encuentra  revestido  el  fallo, el casacionista únicamente orientó su esfuerzo a exponer  en  forma  desordenada  y  sincrónica  toda  suerte  de  situaciones  que en su  criterio  condujeron  a  la  sentencia de condena, pero sin detenerse a observar  las  reglas  propias  de  este medio de impugnación, no instituido para alargar  los  debates o para que los demandantes planteen su personal visión del asunto,  sino  para  denunciar  errores  trascendentes  en  la  aplicación de la ley, la  apreciación de las pruebas o la legitimidad del trámite.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  confección,  su  presentación  con base en análisis probatorios fragmentarios  e  indemostrados,  y  sin  atenerse  a  las  reglas lógicas y argumentativas que la gobiernan, obliga a la  Sala  a  inadmitirla  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  pues  en virtud del principio de limitación propio del trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

         Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías,  como para adoptar la decisión de superar los defectos  de  la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del artículo  184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  JOSÉ  VICENTE  NOPE MONTERO  por las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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