38520(06-03-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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                        CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA    

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No.69  

Bogotá,  D.  C.,  seis  de  marzo de dos mil  trece.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisión de la  demanda   de   revisión   presentada   por   la   apoderada   de   ALBERT   SOTO   VILLAQUIRÁN   contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Cali el primero de julio de 2008,  mediante  la cual confirmó la proferida por el Juzgado Sexto Penal del Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  esa  ciudad el 31 de octubre de 2007, que  condenó  al  procesado por los delitos de concierto para delinquir con fines de  narcotráfico y tráfico de estupefacientes.   

Hechos  

Con fundamento en información de inteligencia  que  indicaba  que en el domicilio de la señora CELEDONIA VILLAQUIRÁN, ubicada  en  la  carrera  40 A No.18-33 de la ciudad Cali, vendían marihuana, y que esta  sustancia   era   preparada   en   la   residencia   de   su  hijo  ALBERT  SOTO  VILLAQUIRÁN,  ubicada en la  carrera  49  No.13-B-20,  donde  era  tratada  y  empacada  en  cigarrillos,  la  fiscalía  dispuso  el  30  de  noviembre  de 2001 el allanamiento y registro de  estos  inmuebles,  hallando  en el interior de los mismos importante cantidad de  marihuana,  cigarrillos  con  marihuana  en  su  interior  y  elementos  para su  elaboración.  En  el primer inmueble fueron capturados CELEDONIA VILLAQUIRÁN y  EFRAÍN   ZÚÑIGA,   y  en  el  segundo  ALBERT  SOTO  VILLAQUIRÁN     y    JESÚS    ALBERTO    PROAÑOS  MOSQUERA.      

Actuación procesal relevante  

1.  La fiscalía vinculó al proceso mediante  indagatoria  a  las  personas capturadas, imputándoles los delitos de concierto  para     delinquir    con    fines    de    narcotráfico    y    tráfico    de  estupefacientes.   

2.  En  el  curso de la investigación JESÚS  ALBERTO  PROAÑOS  CABRERA y EFRAÍN ZÚÑIGA expresaron la voluntad de acogerse  a  sentencia anticipada por el delito de tráfico de estupefacientes, mas no por  el de concierto para delinquir.   

3.  Con  motivo  de  esta  manifestación  la  fiscalía  dispuso  el  rompimiento de la unidad procesal y envió la actuación  correspondiente  al  juzgado  de  conocimiento,  que  profirió sentencia contra  PROAÑOS  CABRERA  por  el delito aceptado, y se abstuvo de hacerlo en contra de  EFRAÍN  ZÚÑIGA  por estimar que su aceptación de responsabilidad había sido  calificada.   

4.  Reunificada  la  actuación, la fiscalía  calificó  el  sumario el 10 de septiembre de 2002 con resolución de acusación  contra  todos los procesados por el delito de concierto para delinquir con fines  de  narcotráfico,  y  adicionalmente, por  tráfico de estupefacientes, en  contra   de   CELEDONIA   VILLAQUIRÁN,   ALBERT  SOTO  VILLAQUIRÁN y EFRAÍN ZÚÑIGA.   

5.  Rituado el juicio, el Juzgado Sexto Penal  del  Circuito  Especializado de Descongestión de Cali, mediante sentencia de 31  de   octubre   de   2007,   condenó   a  CELEDONIA  VILLAQUIRÁN,  ALBERT  SOTO VILLAQUIRÁN y EFRAÍN ZUÑIGA  a  145  meses  de prisión como autores responsables de los delitos de concierto  para  delinquir  con  fines  de narcotráfico y tráfico de estupefacientes, y a  JESÚS  ALBERTO  PROAÑOS  CABRERA  a  72  meses  de  prisión, por el delito de  concierto.       

6.  Apelado este fallo por el defensor de los  procesados,  el  Tribunal Superior de Cali, mediante el suyo de primero de julio  de  2008,  lo  confirmó  en  todas  sus partes, decisión que de acuerdo con la  certificación  expedida  por  la  Secretaría  del  Tribunal  Superior de Cali,  causó ejecutoria el 8 de agosto de 2008, a las cinco de la tarde.   

La    demanda   

Se  sustenta  en  la  causal  prevista  en el  numeral  segundo   del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, que autoriza la  acción  de  revisión cuando la sentencia  haya sido dictada en un proceso  que  no  podía  iniciarse  o  proseguirse  por prescripción de la acción, por  falta   de   querella   o   petición   válidamente   formulada,   o   por   cualquier   otra  causal  de  extinción  de  la  acción  penal.   

En criterio de la demandante, se actualiza la  última  hipótesis,  pues  a  pesar de no existir prueba de la materialidad del  delito  y de la participación de su representado en el mismo, los juzgadores lo  condenaron  con  violación  manifiesta  del  debido  proceso y del principio in  dubio pro reo.   

Afirma que si bien es cierto en la residencia  de  ALBERT  SOTO VILLAQUIRÁN se incautaron sustancias ilícitas, esto no quiere  decir  que  fuera  el  responsable,  como  lo  sostuvo  la investigadora BEATRIZ  ALEXANDRA  MINA, quien se limitó a suministrar fotografías de los domicilios y  de  la  sustancia,  sin  aportar ninguna prueba que demostrara que su poderdante  era el directo responsable de su fabricación y comercialización.   

Agrega  que  JESÚS ALBERTO PROAÑOS CABRERA,  quien  se  acogió  a  sentencia anticipada, declaró que la droga incautada era  suya  y  que  por  eso  se  hacía  responsable, explicando que si en un momento  determinado  sindicó a SOTO VILLAQUIRÁN, fue por miedo, pero esta declaración  fue  desestimada  por  los  juzgadores,  quienes  hicieron  juicios  a  priori y  deducciones  equivocadas,  con violación de la sana crítica y del principio in  dubio pro reo.   

Argumenta   que   toda   declaración   de  culpabilidad  exige  expresarse  en la idea de certeza, desprovista de cualquier  duda,   sin   que   la  superación  de  ésta  pueda  obedecer  a  “decisiones   de   voluntad  ni  a  simples  precisiones  de  los  juzgadores,  sino  que  debe  ser  la  expresión  clara  de  una consideración  racional  de  las  pruebas  del  proceso,  que  explique claramente de qué modo  pudieron  ser disipadas y cómo se llegó, a pesar de ellas, a la convicción de  culpabilidad,  en  este  caso  obedeció a decisiones subjetivas”.     

Transcribe  apartes  del  fallo  de  segunda  instancia,  donde  se analiza la prueba de la responsabilidad, para precisar que  allí  se  habla  de  unas pruebas “en las cuales en  ningún  momento  ALBERT  SOTO  VILLAQUIRÁN,  aparece vendiendo o entregando la  sustancia,  no  hay  ni  prueba material, ni argumentación suficiente que pueda  establecer  la participación del condenado en el ilícito que se le imputó. Se  le  invirtió  la  carga  probatoria  y  se  confirmó la sentencia condenatoria  pasando por encima del principio de presunción de inocencia”.   

Reitera  que  los juzgadores desconocieron la  confesión  de  JESÚS  ALBERTO  PROAÑOS CABRERA, quien sostuvo que ALBERT SOTO  VILLAQUIRÁN  nada tenía que ver con la incautación, y que las pruebas tenidas  en  cuenta para condenar resultan inconsistentes, porque en su poder no se   encontró  sustancia  alguna, presumiéndose su participación por el solo hecho  de  vivir en el lugar. Y se le acusó de ser la persona que conformó el grupo y  conseguía la sustancia, sin existir prueba de ello.   

Asegura  que  de  no haberse presentado estos  errores  por parte del tribunal en la apreciación de las pruebas aportadas a la  actuación,  la  sentencia  hubiera sido de carácter absolutorio, razón por la  cual  pide  a la Corte revisar los fallos de instancia y emitir una decisión en  dicho sentido.   

    

SE CONSIDERA  

1. Normatividad aplicable   

El  trámite y decisión de esta acción debe  sujetarse  a  la reglamentación establecida en la Ley 600 de 2000, por tratarse  del  estatuto  que  rigió el adelantamiento del  proceso cuya revisión se  solicita.   

2.  Competencia   

La  Corte  es  competente  para conocer de la  acción  propuesta,  de  acuerdo  con lo dispuesto en el artículo 75.2 ejusdem,  por  estar  dirigida  contra  una  sentencia dictada en segunda instancia por un  Tribunal de Distrito, que hizo tránsito a cosa juzgada.   

3.  Decisión.   

Como  se dejó visto, la demanda analizada se  sustenta  en  la  causal prevista en el numeral segundo del artículo 220 del de  la  Ley  600  de  2000,  que  autoriza  la revisión cuando la sentencia se haya  dictado  “en  proceso  que no podía iniciarse o proseguirse por prescripción  de  la  acción,  por  falta  de  querella  o  petición válidamente formulada,  o  por  cualquier  otra  causal  de  extinción de la  acción penal”.    

Lo  primero  que se impone precisar es que la  expresión   “o   por  cualquier  otra  causal  de  extinción  de  la  acción  penal”,  que  la  norma  utiliza,  y  en la cual se sustenta la pretensión de la accionante, alude a las  causales  objetivas  de extinción previstas en la normatividad legal, distintas  de  las  que  la norma expresamente menciona, que impiden iniciar o proseguir la  acción  penal,  por  constituir  factores  enervantes  del  poder  punitivo del  Estado.   

Estas  causales  de  extinción de la acción  penal  se  hallan enunciadas en el artículo 82 de la Ley 599 de 2000, norma que  además  de  la  prescripción,  relaciona, (i) la muerte del procesado, (ii) el  desistimiento,  (iii) la amnistía propia, (iv) la oblación, (v) el pago en los  casos  previstos  en  la  ley,  (vi)  la  indemnización  integral  en los casos  previstos  en la ley, (vii) la retractación en los casos previstos en la ley, y  (viii) las demás que consagre el ordenamiento.   

Ninguno  de estos motivos sirve de sustento a  la   pretensión   rescisoria   de   la   demandante.   Sus  argumentaciones  se  circunscriben  a  una  crítica  personal a la valoración que los juzgadores de  instancia  realizaron  de la prueba allegada al proceso, totalmente desconectada  de  los  contenidos  y exigencias de la causal de revisión que invoca, y de las  demás   causales   que   taxativamente   se   encuentran   previstas   por   la  norma.     

Esta clase de alegaciones resulta inaceptable  en  esta  sede,  porque,  como  ya  lo  ha  precisado  la  Corte  en otras   oportunidades,  la  acción  de  revisión  no  es una prolongación del proceso  penal,  ni  un  nuevo  espacio de confrontación probatoria en el que las partes  puedan  continuar discutiendo la corrección de la valoración realizada por los  juzgadores  de  instancia, o la validez de sus tesis jurídicas, como lo hace en  este caso la accionante.     

Una labor de esta índole debe agotarse en las  instancias,  en  las  oportunidades  legalmente  establecidas  para  ello,  o en  casación,  antes  de  que los fallos hagan tránsito a cosa juzgada, porque una  vez  adquieran  este  carácter,  ya  no  hay  lugar  a  seguir  discutiendo los  fundamentos   fácticos  ni  jurídicos  de  la  decisión,  en  virtud  de  las  caracterizaciones  de  intangibilidad  e inmutabilidad de la res iudicata, y del  principio de seguridad jurídica que las inspira.     

Visto, entonces, que las argumentaciones de la  demandante  no  se  orientan  a  demostrar  los  supuestos fácticos  de la  causal  de  revisión  que  plantea,  ni  los  supuestos de ninguna de las otras  causales  previstas  en la norma, la Corte, en aplicación de lo dispuesto en el  artículo 223 de la Ley 600 de 2000, inadmitirá la demanda.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de revisión presentada  por     la     apoderada     de     ALBERT     SOTO  VILLAQUIRÁN.    

Contra  esta  decisión procede el recurso de  reposición.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                            FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO                               

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ           GUSTAVO   ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ          

LUIS       GUILLERMO       SALAZAR  OTERO                    JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                     

                                                           JAVIER ZAPATA  ORTIZ                                 

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

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