38433(21-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

                            Magistrado Ponente   

                            EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER   

                            Aprobado Acta No. 353   

Bogotá,  D.  C.,  veintiuno   (21)   de   octubre  de  dos  mil  trece  (2013)   

ASUNTO  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación  que  presentó  el  apoderado de JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ contra el fallo  proferido  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, en el cual  incrementó  la  pena de veinte a veinticinco meses de prisión, al igual que de  quince  a  veinte  salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa, que le  impuso  a  dicha  persona  el  Juzgado  Veinticuatro  Penal del Circuito de esta  ciudad  como  autor responsable del delito de abuso de  confianza agravado (por la cuantía).   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  RELEVANTE   

1. En 1994, Salomón  Gómez  López  adquirió, con el propósito de amparar a su hijo David Salomón  Gómez  Rojas  (en  aquel  entonces  un  menor  de  edad), un seguro de vida por  250.000  dólares  ante American Bankers Insurance Group, compañía con sede en  Miami, Florida.   

Salomón Gómez López falleció el 3 de abril  de  2001.  El  1º  de agosto de ese mismo año, en una oficina del City Bank de  Bogotá,  su  hermano  JOSUÉ  GÓMEZ  LÓPEZ,  a  quien  aquél  nombró único  beneficiario  de  la  póliza  del  seguro,  pero  con el compromiso de serlo en  representación  del  menor,  cobró  el  cheque  que  la  aseguradora le había  remitido   y,   en   lugar   de   cumplir   lo   pactado,   se   quedó  con  el  dinero.   

2.  Denunciado  lo  anterior  por  la madre de David Salomón Gómez Rojas el 21 de octubre de 2004,  una  Unidad de Fe Pública y Patrimonio Económico de la Fiscalía General de la  Nación  ordenó  la  apertura  del  proceso,  vinculó  en indagatoria a JOSUÉ  GÓMEZ  LÓPEZ  y,  una  vez cerrada la investigación, calificó el mérito del  sumario  en  su  contra,  acusándolo  por  la  conducta punible de abuso   de  confianza  agravado  (por  la  cuantía),  de  conformidad con lo dispuesto en los artículos 249 y 267 numeral  1° de la Ley 599 de 2000, actual Código Penal.   

Recurrida la resolución acusatoria tanto por  la  defensa  como por la parte civil, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal, en  providencia    de   9   de   diciembre   de   20081,  la confirmó en los aspectos  debatidos.   

3.   Asumió  el  conocimiento  de  la  etapa siguiente el Juzgado Veinticuatro Penal del Circuito  de  Bogotá,  despacho  que  en la audiencia preparatoria negó una solicitud de  prescripción  de  la  acción penal presentada por la defensa, argumentando que  la  conducta se había iniciado en el exterior, de suerte que la pena máxima de  prisión  ascendía  a  ocho  años,  de  acuerdo  con  el penúltimo inciso del  artículo 83 del Código Penal.   

Esta  postura  fue ratificada por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial. Dicho cuerpo colegiado aclaró que el límite  superior  de  la  sanción  privativa de la libertad era de nueve años, y no de  ocho, como lo había señalado de manera equivocada el a quo.   

Acerca  de  la  realización del delito en el  extranjero,  precisó: (i) el  6  de  mayo  de  2001,  JOSUÉ  GÓMEZ  LÓPEZ  le  solicitó a American Bankers  Insurance  Group  información  sobre los pasos que debía seguir para cobrar el  seguro  y,  el  16  de  julio  siguiente,  la compañía le envió el respectivo  cheque,  que  él  cambió  el  1º  de  agosto;  (ii)  el      abuso     de  confianza  puede abarcar en su realización múltiples  actos,    como   sucede   con   el   delito   continuado   o   un   homicidio  en  el que tarda en producirse  el  resultado;  (iii) según  Hegel,   “lo   instantáneo   viene   a   ser   un  imposible”2;          (iv)   como  el  procesado  reclamó  la  indemnización  en  los  Estados  Unidos,  y  como  desde ese entonces tenía el  propósito de apropiársela, la conducta se inició en el exterior.   

4.   Agotada  la  audiencia  pública,  el  juez  condenó  a  JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ, por el delito  atribuido,  a  veinte  meses  de  prisión,  quince  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes de multa y veinte meses de inhabilitación para el ejercicio  de   derechos   y   funciones   públicas.   Así  mismo,  dispuso  el  pago  de  $1.764’937.454    por  concepto  de  perjuicios  y  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena privativa de la libertad.   

5. Impugnado el fallo  por  el  defensor y el representante de la parte civil, el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Bogotá lo modificó en el sentido de incrementar la pena  a  veinticinco  meses  de  prisión,  veinte salarios mínimos legales mensuales  vigentes  de  multa  y veinticinco meses de inhabilitación. Así mismo, revocó  la  condena  por  daños  morales  y  disminuyó  el  monto  de los materiales a  $1.250’986.151.   

6.   Contra   la  decisión  de segunda instancia, el apoderado de JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ presentó,  por la vía discrecional, el recurso extraordinario de casación.   

La  Corte  declaró  ajustada  a  derecho  la  demanda,  razón por la cual la representante del Ministerio Público emitió el  concepto respectivo.   

LA DEMANDA  

1.  Con  el  fin de  amparar  la  garantía  fundamental del debido proceso, propuso el recurrente un  cargo  principal,  al  igual que dos subsidiarios. El primero, con fundamento en  la  causal tercera del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal (si bien  sustentada  en  la  primera,  por  violación  directa de la ley sustancial); el  segundo,  con base en la causal primera cuerpo segundo (violación indirecta); y  el   último,   por   violación   directa.  Los  desarrolló  de  la  siguiente  forma:   

1.1.    Cargo  principal:  Falta  de  aplicación  del  artículo  83  de  la  Ley 599 de 2000.  La conducta punible de abuso  de  confianza agravado ostenta una pena máxima de seis  años  de  prisión.  La  acusación  de  2ª  instancia  fue  suscrita  el 9 de  diciembre  de  2008.  El  Tribunal  declaró que el delito se consumó el 1º de  agosto  de  2001  cuando  el  procesado  presentó  en Bogotá el cheque para su  cobro.  Ello  significa  que  la  realización  del  tipo no se inició fuera de  Colombia,  porque  la  jurisprudencia  ha  dicho  que  este comportamiento es de  ejecución  instantánea.  Por lo tanto, la acción penal, para la época en que  se  calificó  el  mérito  del  sumario (9 de diciembre de 2008), ya se hallaba  prescrita.   

1.2.  Primer cargo  subsidiario:  Error  de  hecho  derivado  de  un  falso juicio de existencia por  omisión.  Al  contrario  de  lo  que  sostuvieron las  instancias,   JOSUÉ   GÓMEZ  LÓPEZ  no  supo  que  figuraba  como  el  único  beneficiario  del  seguro  el  26  de  abril  de  2001,  fecha  que encabeza una  información  enviada  por  la  compañía  aseguradora,  sino  el  11  de  mayo  siguiente,  día  en  el  cual  el  procesado  plasmó en tal documento su firma  autenticada  ante notario. Por lo tanto, cuando le solicitó el 6 de mayo de ese  año  a  la  empresa  cuáles  eran  los  pasos para que él tramitara el seguro  “en    representación    del   menor”,  aún  no  conocía  tal  circunstancia.  Las pruebas, además,  indican  que  dicha  carta  del  6 de mayo le fue dada por la madre del entonces  menor,  persona  que  para  esa época ya sabía que para los efectos legales el  único beneficiario de la póliza era JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ.   

1.3.  Segundo cargo  subsidiario:  Inaplicación  de  los  artículos  1494,  1505 y 2150 del Código  Civil  y  aplicación indebida de los artículos 249 y 267 numeral 1 del Código  Penal.  Los  jueces  declararon  que  la  voluntad del  causante  del  seguro  era utilizar el dinero de la póliza para el bienestar de  su  hijo.  Lo anterior lo infirieron de la declaración que hiciera el fallecido  Salomón   Gómez  López  cuando  designó  beneficiario  a  su  hermano,  pero  “en  representación” de  David   Salomón   Gómez  Rojas.  Dicha  manifestación  carece  de  relevancia  jurídica,  pues  nunca se adelantó el respectivo diligenciamiento para incluir  al  menor como verdadero beneficiario. Había tan solo una obligación moral, no  jurídica, por lo que jamás existió un mandato.   

También  derivaron  las  instancias  dicha  voluntad  tras  estimar como ilógico que un padre de familia prefiriera dejarle  dinero  al  hermano  en  lugar  del  hijo.  Sin  embargo,  dicha  afirmación no  encuentra  respaldo  probatorio  alguno.  Por  lo  tanto, se trata de un parecer  arbitrario,   o   de   la   aplicación   de   preconceptos  por  parte  de  los  jueces.   

Y,  finalmente,  fue inferida la voluntad del  hecho  de  que  el procesado advirtiera en la solicitud de 6 de mayo de 2001 que  acudía  en nombre de su sobrino. Pero la prueba documental indica que tal carta  la hizo la madre del entonces menor de manera engañosa y amañada.   

2.  En consecuencia,  solicitó  a  la Corte, en lo atinente con el cargo principal, casar el fallo de  segunda  instancia,  decretar la prescripción tanto de la acción penal como de  la  civil,  así como la cesación del procedimiento, y ordenar el desembargo de  los  bienes  afectados  en  la  actuación.  Y,  en  lo  relativo  a  los cargos  subsidiarios,  casar la sentencia recurrida para, en su lugar, absolver a JOSUÉ  GÓMEZ LÓPEZ.   

INTERVENCIÓN DEL NO RECURRENTE  

El  apoderado  de la parte civil en cabeza de  David  Salomón  Gómez  Rojas solicitó a la Corte no admitir la demanda, dadas  las  deficiencias lógicas y argumentativas en el desarrollo de los reproches, a  partir  de  las cuales concluyó que el censor sólo quiso imponer sus criterios  interpretativos por encima de los del Tribunal.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

1.  La representante  de  la  Procuraduría  General de la Nación pidió a la Sala casar el fallo con  el  fin de decretar la extinción de la acción penal en virtud del primer cargo  planteado por el demandante. Al respecto, sostuvo:   

1.1. Por tratarse de  un  delito  de ejecución instantánea, en el abuso de  confianza  no es ejecutivo el acto de cobrar el dinero  para  cuyo  recaudo  el  agente está facultado. Sólo lo es el de apropiarse de  manera  ilícita  de  los  fondos,  circunstancia  que  se  materializa  con  la  disposición  a  título personal que de los bienes fungibles efectúa el sujeto  activo de la conducta para que ingresen a su patrimonio.   

1.2. Si JOSUÉ GÓMEZ  LÓPEZ  realizó  en  Estados Unidos actos tendientes a cobrar la póliza, ellos  estaban    respaldados   por   la   facultad   que   le   otorgó   –de      manera      regular      o  irregular– el tomador del  seguro  de  vida  y,  por  consiguiente,  no hacen parte del recorrido criminal.   

1.3. La razón de ser  para  incrementar  el término prescriptivo en los delitos que de manera parcial  o  total  se  realicen  en  otro país está relacionada con las dificultades de  índole   probatoria   que   requiere  demostrar  los  hechos  ocurridos  en  el  extranjero,  aspecto  que  no  se  dio  ni  representó  problema alguno en este  caso.   

1.4.  El  Tribunal  consideró  de  forma errónea que hay reatos de ejecución instantánea que sin  embargo  se prolongan en el tiempo, como el delito continuado. Pero esta última  figura  es  una  ficción  legal  de  varios  actos que se asimilan a una unidad  jurídica  debido al idéntico propósito criminal que los liga. En este asunto,  hubo  una  sola  acción de apoderamiento. Cosa distinta sería que el total del  dinero  hubiese  sido  apropiado  en múltiples o fraccionadas acciones, unas en  Estados  Unidos y otras en Colombia. Tampoco podía usarse como ejemplo el de un  homicidio  en  el cual la víctima tarda en fallecer, porque tanto el lugar como  el  momento  de comisión de la conducta siempre serían los de la acción en la  que se produjo la lesión fatal, no los de la muerte.   

2.  En relación con  los  cargos  subsidiarios, solicitó a la Corte no casar la decisión de segunda  instancia,  toda  vez  que,  por  un  lado,  no  hubo  una  pretermisión  en la  valoración  probatoria  por  parte  de las instancias, sino una interpretación  distinta  del  contenido  de los documentos extrañados; y, por otro lado, no se  puede  desconocer  que  hubo  un  negocio  jurídico  entre  los hermanos GÓMEZ  LÓPEZ,  en  el  sentido  de  que  el procesado fuera beneficiario del seguro en  representación del menor de edad.   

CONSIDERACIONES  

1. Como la demanda  se   declaró   ajustada   a   derecho,   la   Corte  tiene  ahora la obligación  de   resolver   de   fondo   los   temas  jurídicos  propuestos en el debate, en  armonía  con  los  fines  de   la   casación   de  buscar  la  eficacia  del  derecho   material,  respetar  las  garantías  de  quienes  intervienen  en  la  actuación,  unificar la jurisprudencia y  reparar  los  agravios  inferidos a los  sujetos procesales.   

Por    lo  tanto, la Sala    no   abordará   los   aspectos   tratados   por   el     no    recurrente,    relativos  a  problemas  de  coherencia  interna  y  de  debida  argumentación  tanto  en la formulación como   en   la   sustentación  de  los  reproches.   

2.   El  cargo  principal  planteado  en  el  escrito,  de  acuerdo con el cual la acción penal  prescribió  durante  la  etapa  de  instrucción, está llamado a prosperar. En  efecto:   

2.1. El  inciso  1º  del  artículo  83  del  Código  Penal  establece  que  “[l]a acción penal  prescribirá   en   un  tiempo  igual  al  máximo  de  la  pena  fijada  en  la  ley,  si  fuere  privativa  de  la  libertad, pero en  ningún  caso  será  inferior  a  cinco  (5)  años,  ni  excederá  de  veinte  (20)”.   

Según  el inciso 1º del artículo 86 de la  Ley  599  de  2000,  dicho  lapso  prescriptivo  “se  interrumpe   con   la   resolución  acusatoria  o  su  equivalente  debidamente  ejecutoriada”.   

2.2. JOSUÉ  GÓMEZ  LÓPEZ fue acusado, y eventualmente sentenciado por  las  instancias,  como  autor responsable de la conducta punible de abuso  de  confianza agravado, conforme a  lo    previsto   en   los   artículos   249   y   267   numeral   1° del referido estatuto.   

El   tipo   básico   atribuido   ostenta  una  pena  máxima  de  prisión  que  asciende a los  cuatro  años.  En  razón  de  la  agravante  por  la  cuantía,  ese  monto se  incrementa  en la mitad, es decir, en dos años, lo que arroja como resultado un  límite    superior    de    seis    años   de   sanción   privativa   de   la  libertad.   

2.3.    La  Sala,  no  sólo  de  vieja  data,  sino  de  manera  pacífica  y  constante, ha  entendido    que    el    delito    de    abuso   de  confianza  es de aquellos conocidos como ‘de             ejecución  instantánea’.   Ello  significa   que   la   realización  del  comportamiento  descrito  en  el  tipo  (“[e]l  que  se  apropie  en  provecho suyo o de un  tercero  de cosa mueble ajena que se le haya confiado o entregado por un título  no  traslaticio  de  dominio”)  se agota en un solo  momento:   aquél   en   el   cual   por   vez   primera   se   exterioriza   la  apropiación.   

Así   lo  ha  explicado  la  Corte         en         reciente  providencia:   

“En relación con  el  momento  consumativo  de  la  conducta  definida  como  abuso  de confianza,  asimismo  la  jurisprudencia  ha  dejado  sentado  que  se trata de un delito de  comisión  instantánea,  en  cuanto  se  consuma  cuando  el  sujeto  agente se  apropia,  en  provecho  propio  o  de  un tercero, de la cosa mueble ajena, cuya  custodia  o  tenencia  se le ha confiado o entregado a título no traslaticio de  dominio”3.   

Dicha   postura   se   remota   incluso  a providencias como la de  27   de   noviembre   de  1980,  en  la cual la Sala señaló:   

“Es cierto que  la  jurisprudencia  sostuvo en alguna época que el conocimiento de procesos por  el  delito  de  abuso  de  confianza  correspondía  al  juez del lugar donde se  entregaba   la   cosa   a   título  no  traslaticio  de  dominio,  o  bien  del  sitio  donde  ésta  debía  restituirse  o  debía  rendirse cuentas. Entre uno y otro extremo vacilaba la Corte.   

”Sin embargo,  esos  criterios  fueron  desechados frente a esta verdad jurídica indiscutible:  el  delito de abuso de confianza es un punible de comisión instantánea. Luego,  se  consuma  en  el  momento  mismo en que el agente efectúa un acto externo de  disposición  de  la cosa o de incorporación de ella a su patrimonio con ánimo  de  señor  o  dueño,  esto  es, con animus rei sibi  habendi  o,  como  otros  expresan,  cuando  procede  uti domine”4.   

2.4. El artículo  84  del  Código  Penal, que se refiere al inicio del  término  prescriptivo,  es  muy  claro  al  consagrar,  en  su  inciso 1º, que  “[e]n   las   conductas  punibles  de  ejecución  instantánea,  el  término  de  prescripción de la acción comenzará a correr  desde el día de su consumación”.   

2.5. En el fallo  de  segunda instancia, el Tribunal adujo  que  la  conducta  típica de JOSUÉ  GÓMEZ   LÓPEZ   se   agotó   cuando,      en      Bogotá,  “el  cheque fue presentado para su  cobro   el  1º  de  agosto  de  2001”5.  O,  como  de  igual forma lo había  asegurado  en pretérita providencia, “la  consumación  se  produjo  cuando  se hizo efectivo el título  valor”6,    circunstancia  que  en  este caso representó de  manera   inequívoca   un   acto  de  incorporación  al  patrimonio del procesado.   

Dicha  postura  la    encuentra   la   Sala   correcta,  pues  el  hecho  que se  declaró  probado  en  la  sentencia  impugnada        representó       la  primera  exteriorización   de   un   acto   de  disposición  patrimonial. Y es que, en  lugar  de  entregarle el  dinero  de  la  póliza  al    menor    o   su  representante,    o    de    adelantar  otros  actos  dirigidos  a  tal fin (como informarles acerca del  título  valor  o  de las gestiones para el pago del  seguro),    lo    que    hizo    ese    día   fue  guardarse     para  sí   el  objeto  material  del  delito.   

En otras palabras, el día en que cobró el  cheque   (1º   de   agosto   de  2001)  fue cuando JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ se apropió en provecho suyo del  valor  del  seguro  de  vida  en  el  cual  figuraba  como único beneficiario,  a     pesar     del    compromiso    (adquirido con el causante) de serlo en representación de David  Salomón Gómez Rojas.   

2.6. Por último,  la  resolución  acusatoria  quedó en firme el 9 de diciembre de 2008, fecha en  la  que  fue  suscrita  la  calificación  del  mérito  de  sumario  de segunda  instancia7.   

En   este   orden   de  ideas,    si    el    delito  se consumó el 1º de agosto de 2001,  es  obvio  que  el  término  de  seis  años  que como pena máxima de prisión  consagra    el   tipo   de   abuso   de   confianza  agravado  culminó antes de la ejecutoria del pliego  de  cargos, que tuvo lugar  el  9  de  diciembre  de  2008, motivo por el cual no hay duda de que la acción  penal por ese delito prescribió en la fase de instrucción.   

3.   Ahora  bien,  cuando  el problema fue debatido en audiencia  preparatoria,   el  Tribunal  confirmó   la  decisión  del  a  quo  de  no  reconocer  el fenómeno extintivo de la acción penal arguyendo que en el delito  de    abuso   de   confianza   agravado   el   lapso  de  seis  años  debía  incrementarse  en  tres,  para  un total  de  nueve  años,  en  razón  de lo  previsto  en  el  penúltimo inciso del artículo 83  del Código Penal.   

Dicho  precepto  indica que “[t]ambién  se aumentará el término de prescripción,  en  la  mitad, cuando la conducta punible se hubiere iniciado o  consumado en el exterior”.   

Según  el  ad  quem,  si bien el delito se  agotó  el  1º de agosto de 2001, sus actos ejecutivos comenzaron a presentarse  el  6 de mayo de 2001, con  el   trámite   que   JOSUÉ   GÓMEZ   LÓPEZ   gestionó  ante  la  compañía  estadounidense   American   Bankers   Insurance   Group   con   sede  en  Miami,  Florida.   

Tal como lo explicó en el fallo de segunda  instancia,  Salomón  Gómez  López,  el  6  de octubre de 1998, le solicitó a  American  Bankers  Insurance  Group  cambiar a la madre del menor David Salomón  Gómez  Rojas  como principal beneficiaria del seguro  de    vida    y    dejar   únicamente  a  JOSUÉ  GÓMEZ  LÓPEZ,  aunque en nombre de su hijo. Lo hizo  en los siguientes términos:   

“En   mi  condición  de  titular  del  seguro  de la referencia, atentamente manifiesto a  Uds.  que  deseo  modificar los beneficiarios de la póliza de vida, para que en  lo  sucesivo figure única y exclusivamente, con el cien (100) por ciento (%) de  su     importe,     mi     hermano     sr.     JOSUÉ    GÑOMEZ    [sic]  LÓPEZ, quien se identifica con  la      cédula     número     19’112.866  de  Bogotá  (Colombia),  en  representación de mi menor  hijo  de  nombre  David  Salomón  Gómez  Rojas,  nacido en esta ciudad el día  diecinueve  (19)  de noviembre de 1989”8.   

El   cuerpo  colegiado  aseguró  que  el  procesado   no  sólo  tenía  conocimiento  de  la  anterior  carta,  sino  que  además,  y  a raíz de ésta, gestionó el cobro de  la   indemnización   luego   de   la   muerte  del  causante9.  Lo  anterior lo inició    con   la   comunicación  que  el  6  de  mayo  de  2001 le  dirigió  a la compañía  aseguradora:   

“Por medio de  la  presente,  comunico  a  Ustedes  que  mi hermano JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ, quien  estaba  asegurado  con  la  póliza de la referencia, falleció el 3 de abril de  2001.   

”Como  beneficiario  de  dicha  póliza, en representación de mi sobrino menor de edad  David  Salomón  Gómez Rojas, nacido en esta ciudad el 19 de noviembre de 1989,  presento  mi  reclamación y solicito información sobre los pasos a seguir para  el  cobro  del seguro”10.   

Igualmente,   el  15  de  mayo  de  2001,  “el  procesado  envió  a la compañía de seguros  los    documentos    exigidos   para   el   pago   de   la   póliza”11.       Y,    el    16    de   julio   de   ese  año,    fue   cuando  “la  mencionada  empresa  le enviara el respectivo  cheque”12,  que  cobró en esta ciudad el 1º de agosto siguiente.   

De    esta    manera,    el   Tribunal   aseguró  que  quedaba  “claro  que  el acusado reclamó la indemnización  en   los   EE.  UU.”13 y, por contera,  “no  se  ve  por  qué  ha de ser  equivocado    afirmar    que    la   conducta   punible   se   inició   en   el  exterior”14.   

4. Ninguno de los  argumentos  traídos  a  colación  por  el  cuerpo colegiado en soporte de esta  postura  pueden  ser  compartidos  por  la  Corte. A  continuación       se       analizan       los  principales:   

4.1. En  primer  lugar,  sostuvo el Tribunal  que   hay   delitos   de   ejecución  instantánea  que  pueden  ser  cometidos  “con  cierta  prolongación  temporal  y hasta por  pasos,  como  lo  muestra,  para  no  ir  tan  lejos,  el  llamado  delito          continuado”15    o    “cuando  una  persona  recibe un disparo y a causa de éste fallece  unos  días  después”16.   

Tal  criterio  riñe  con  la idea misma de  ejecución    instantánea,    en    la   cual   el  comportamiento  se  inicia,  realiza y consuma en una acción que abarca un solo  momento y que,   por   lo   tanto,   ocurre   en  un  único  lugar.   

De  ahí  que la  jurisprudencia  haya sido  enfática  al  señalar  que, para los efectos de la  comisión     del     tipo     de    abuso    de    confianza,  es irrelevante “el sitio en que fue  entregado  el  bien  a  título  no  traslaticio  de dominio, o dónde deberían  rendirse     las     cuentas     de     la     gestión    encargada”17:   

“La doctrina  suele  descomponer el hecho punible en sus distintos ingredientes típicos, para  indicar  que  se  requiere la concurrencia, en primer lugar, de una apropiación  de  cosa  mueble  ajena;  en  segundo  orden,  que  el  objeto apropiado lo haya  recibido  el  sujeto  por obra de la confianza en él depositada o por razón de  un  título  no  traslaticio  de  dominio; y en tercer lugar, se exige que dicha  actividad  le  produzca  un lucro personal al agente o a un tercero. Sin ocultar  el  grado de seguridad en la decisión que tributa el método de identificación  de  elementos  típicos  de la figura en cuestión, es necesario destacar que la  tenencia  fiduciaria  o recepción de la cosa por un acto de confianza o título  no  traslativo  de  propiedad,  lógicamente  constituye  más  intensamente  un  presupuesto  de la misma. La entrega del objeto por parte del dueño al tenedor,  por  ser  voluntaria  y  estar  mediada  por  un  acto de confianza lícitamente  acordado  entre  las  partes,  no  puede  tener aún  trazas  de  infracción  punible,  razón  por  la cual resulta absurdo también  sostener  en  este  caso  que  la  contravención  de abuso de confianza se haya  consumado en el lugar donde se recibió la motosierra.   

”No,   la  ilicitud  asoma  en  el  momento  en  que  se  hace  manifestación  de conducta  posterior  a  dicha  tenencia  fiduciaria,  que  consiste en no devolver la cosa  confiada  y  apropiársela consecuentemente. Claro que el ánimo de apropiación  puede  exteriorizarse en el mismo lugar donde se entregó o recibió el objeto o  en  otro  diferente,  sólo que se exige una materialización de comportamientos  que         inequívocamente        así        lo        demuestren”18.   

Adicionalmente,  la Sala considera acertado  lo  sostenido  por la representante de la Procuraduría General de la Nación en  su   concepto  cuando  adujo  que  el  delito  continuado  previsto  en el parágrafo del artículo 31 del  Código    Penal   no  era        un  ejemplo  de  conducta punible de acción  instantánea  prolongable  en  el tiempo, ya que “esta  figura  es una ficción legal en virtud de la cual una serie  de  delitos perfectamente individualizables por su consumación en el tiempo son  tratados   como   un   solo   punible  por  la  unidad  de  propósito  que  los  liga”19,     situación     que  “no  hace  aplicable  la  figura  para el abuso de  confianza   efectuado   mediante   una  única  acción  apoderadora”20.   

También  es  cierto  lo  argüido  por  el  Ministerio  Público,  en  el  sentido  de que en el  homicidio  el  momento y  lugar  de  la acción no están sujetos a   aquéllos   en   los   cuales   se  da el resultado.   

Pero  incluso  en  el  evento  de que fuera  admisible    sostener    la    existencia    de    delitos   instantáneos  cuya conducta se prolonga en el  tiempo,  esa  particularidad  en  todo  caso  sería  irrelevante  para   calcular   el   término   de  la  prescripción,  ya  que,  como  se  reseñó  en  precedencia,  el inciso  1º del artículo 84 del Código Penal establece que dicho  lapso   comenzará   a  correr, para los delitos  instantáneos, el día de  su   consumación.   Y,  según   el   Tribunal,   la  conducta  punible  se  agotó   el   1º  de  agosto  de  2001  en la ciudad de Bogotá, por lo que no venía al caso aplicar el  inciso penúltimo del artículo 83 de la Ley 599 de 2000.   

4.2.  En  segundo lugar, arguyó el ad quem  que,  de acuerdo con Hegel, “lo instantáneo viene a  ser   un   imposible”21.   Esta   proposición  fue  sustentada   por   medio   de   una   “disertación  filosófica”22,  que para el caso en examen  no  permite modificar los supuestos con base en los cuales se da por establecida  jurídicamente la extinción de la acción penal.   

A  la  Sala no le cabe duda alguna de que los  planteamientos  filosóficos suelen ser útiles para efectos de abordar o zanjar  diversas  cuestiones  de  derecho  (por ejemplo, la aplicación del principio de  lesividad  en  los  delitos  bagatela  o  la libertad del ser humano frente a la  categoría  de  la culpabilidad). Pero éstos no resultan de mucha utilidad a la  hora  de comprender, conforme al común y natural entendimiento de las cosas, la  idea de actos humanos que se realizan en un solo momento.   

El discurso filosófico del Tribunal entraña  dos  aspectos,  sin que ninguno de ellos afecte realmente el concepto de delitos  de  ejecución instantánea ni la valoración del caso concreto. Por un lado, si  tanto     la     noción     de     ‘instantáneo’  como        las        de        ‘ahora’   o  ‘quietud’  son  imposibles  empíricos, ello no  representaría  problema  alguno  para  el derecho, por cuanto el inciso 1º del  artículo  84 de la Ley 599 de 2000 se referiría a una aserción normativa más  con  las  que  cuenta  el orden jurídico y que es indispensable para solucionar  problemas  concretos,  en  este  caso,  el  de precisar el lugar y el momento de  realización  de  la  conducta  punible. Por otro lado, sostener que lo anterior  corresponde  a una ficción legal arbitraria no resulta admisible, pues, como se  verá  enseguida,  la  clasificación  del  abuso  de  confianza  como  delito consumado en el instante en el  cual  se exterioriza la apropiación guarda coherencia con el sistema penal y la  teoría del delito.   

4.3.  Finalmente,  precisó  el  juez  plural  que  JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ, desde la reclamación del  seguro  de vida, obró con la intención de vulnerar el bien jurídico y, por lo  tanto, dicho acto constituyó una ilicitud:   

“Que habría  de  demostrar,  además,  que  la  reclamación  del seguro es un hecho ilícito  per  se,  es otro de los  argumentos  aducidos por el defensor, al que la Sala responde así: desde luego,  en  abstracto, dicho cobro efectuado en nombre y representación de otra persona  no  necesariamente entraña ilicitud, pero sí en este caso singular, por cuanto  el  procesado,  en  su  versión libre, en su indagatoria y en la ampliación de  ésta,  nunca  reconoció  que  el  seguro se haya tomado a favor de su sobrino,  sino  que siempre ha afirmado que él era el único y exclusivo beneficiario del  mismo  (folios  26,  46, 47 y 112 del C. 1). En consecuencia, resulta totalmente  indiscutible  que,  desde  el momento en que reclamó la indemnización, lo hizo  con  el  propósito  de  tomarla  para sí, no para su sobrino, de quien incluso  manifestó  que  desconocía  que  su  hermano  lo  hubiera  designado  como  su  representante”23.   

El  motivo por el cual la Corte catalogó a  la   conducta   punible   de   abuso  de  confianza  como   un  delito  de  ejecución  instantánea  no  obedeció  al  capricho  o  la  arbitrariedad,  sino  al  imposible jurídico de  establecer,  desde  un  punto de vista objetivo, una acción contraria a derecho  en los actos previos a cuando se manifiesta el de apropiación.   

En otras palabras, constituiría un absurdo  calificar  de  inicio de la conducta punible aquellas acciones o comportamientos  que,  objetivamente  hablando,  no  entrañan  ilicitud,  pues de ninguna manera  contradicen  los  actos  propios  del contrato de mandato o representación, que  presuponen  pero  no  describen el delito de abuso de  confianza,  e incluso son  indispensables   para   el   cumplimiento   del   negocio  jurídico.   

En este asunto, por ejemplo, tanto la carta de  6  de  mayo  de  2001 como los documentos que el procesado enviara el 15 de mayo  siguiente,  al igual que el cheque girado por la compañía estadounidense el 16  de  julio  de  ese  año,  corresponden  a  actos  absolutamente necesarios para  cumplir  el  acuerdo de voluntades entre Salomón Gómez López y su hermano, de  modo  que  debieron  presentarse  de  manera  independiente  a  la  apropiación  acontecida después.   

De  ahí  que es irrelevante la aserción del  cuerpo  colegiado  de  segunda  instancia,  de  acuerdo con la cual el delito de  abuso   de   confianza  se  inició  desde  que JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ adelantó las gestiones necesarias para  cobrar  el  seguro  de  vida,  porque  en  aquel momento ya le era atribuible un  ánimo de apropiación.   

Al respecto, cabe precisar que la imputación  al  tipo  subjetivo  no  sólo  procede una vez verificada la del tipo objetivo,  sino  además  se predica única y exclusivamente de aquellos actos que integran  su  realización.  De  lo contrario, se llegaría a un intolerable derecho penal  de  autor,  que  riñe  con  el  sentido  del  artículo  29 de la Constitución  Política,  pues  podrían  estimarse  punibles  los pensamientos, intenciones y  estados  de  ánimo  que  no se deriven de manera inequívoca de comportamientos  contrarios a derecho a la vez que concretados en lo fáctico.   

En  términos  de  imputación  objetiva, los  actos  anteriores  a  la  apropiación  en el abuso de  confianza   no   constituyen  riesgos  jurídicamente  desaprobados  o  no permitidos para efectos de la protección del bien jurídico  del  patrimonio económico, en la medida en que correspondan al cumplimiento del  contrato  de  mandato  o  representación,  es  decir, a una conducta aceptada y  regulada  por  el orden jurídico. Por lo tanto, no son parte de la realización  del tipo ni tampoco corresponden al inicio de la conducta punible.   

Ahora bien, es cierto que el Tribunal infirió  el   dolo   de  actuar  en  el  procesado  de  circunstancias  anteriores  a  la  realización  del  delito (la carta de Salomón Gómez López de 6 de octubre de  1998,  la  solicitud  de  su  hermano  de 6 de mayo de 2001, los papeles que él  envió   el   15  de  mayo  siguiente,  etc.),  una  vez  confrontadas  con  las  explicaciones  que  acerca de su comportamiento suministró JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ  en la indagatoria.   

Lo  anterior,  sin  embargo, no significa que  hubo  una intención típica antes de la consumación de la conducta punible. El  dolo  se  predica  únicamente  de  las  circunstancias que hacen parte del tipo  objetivo,  en  este caso, del acto de apropiación del 1º de agosto de 2001. No  obstante,  la Corte ha dicho que “el dolo, en tanto  se   refiere  al  conocimiento  y  la  voluntad  de todos los elementos que constituyen el tipo objetivo,  se  demuestra  valorando  aquellos  datos, precisamente objetivos, que rodean la  realización     de    la    conducta”24.   Dichos  hechos,  claro  está,  pueden  presentarse  antes  o  después  de  iniciarse y  agotarse el delito:   

“La  prueba  relativa  al  ingrediente  cognitivo  del dolo [y del  volitivo,  añade  ahora la Corte] puede deducirse de  los  mismos  actos  de  naturaleza objetiva que constituyen la acción objeto de  estudio,  pero  también  de  circunstancias ocurridas antes o después de ésta  (en  todo  caso,  analizadas  mediante  criterios  normativos  y no tendientes a  descubrir  datos  psicológicos  en el agente), siempre y cuando guarden directa  relación  con  la  situación  típica  y, por lo tanto, no constituyan derecho  penal   de   autor”25.   

5.  En este orden de  ideas,  el delito de abuso  de  confianza no sólo se agotó el 1º de agosto de  2001   en   Bogotá,   sino   que   se   realizó   por   completo  en    ese   mismo   día   y   lugar,  gracias  a  la  acción  del    procesado   de  presentar  el cheque para su cobro en una oficina del  City  Bank de esta ciudad, lo que constituyó un acto  inequívoco de apropiación.   

Es evidente que el Tribunal dictó el fallo de  segunda  instancia  en una actuación que no podía proseguirse, en virtud de la  concurrencia  del  fenómeno  extintivo  de  la acción penal. Por lo tanto, les  asiste  razón al demandante y al Ministerio Público en lo que a la procedencia  del primer cargo atañe.   

De  ahí  que  la  Sala  casará  el fallo de  segundo  grado emitido por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá  y,  en  consecuencia, declarará prescrita la acción penal que por el delito de  abuso  de confianza agravado  le fuera imputado a JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ.   

Así  mismo,  conforme  a  lo dispuesto en el  artículo    98    de   la   Ley   599   de   200026,  y  en  atención  de  una  línea   jurisprudencial   reiterada   de  la  Sala27,  la  acción civil ejercida  dentro  de  esta  actuación  también  será  declarada prescrita, en lo que al  aquí procesado concierne.   

Además,   ordenará   la   cesación   del  procedimiento  adelantado  contra esta persona y dispondrá que por conducto del  juez  a  quo  se  profieran  las comunicaciones y cancelaciones de medidas que a  raíz de estas decisiones haya a lugar.   

Por último, como prospera el cargo principal  planteado  por el demandante, la Sala no abordará, por sustracción de materia,  los reproches subsidiarios también planteados en el escrito.   

En  virtud de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,     administrando    justicia    en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de la  ley,   

RESUELVE  

1. CASAR la sentencia  proferida    por    el    Tribunal    Superior    del   Distrito   Judicial   de  Bogotá.   

2. Como consecuencia  de     lo     anterior,    DECLARAR    prescritas  las acciones penal y civil por el delito de abuso  de  confianza agravado que le fuera  atribuido a JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ en lo que a esta persona atañe.   

3.   ORDENAR  la  cesación del procedimiento seguido contra JOSUÉ GÓMEZ LÓPEZ.   

4.  DISPONER que por  conducto  del  juez  de  primera  instancia  se  profieran  las comunicaciones y  cancelaciones a que haya lugar a raíz de las decisiones adoptadas.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,       cúmplase  y  devuélvase  al juzgado de  origen   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                        

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER          MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ    

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ       LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria      

1   Folios   4   del   cuaderno   de   segunda   instancia   de   la  Fiscalía.     

2 Folio 11 del cuaderno I del Tribunal.     

3  Sentencia  de  11  de  septiembre  de 2013, radicación 37465. En  aquella  oportunidad,  la  Corte  casó  para  declarar  que la acción penal no  podía  iniciarse por haber operado la caducidad de la querella, tras considerar  que  era  la  fecha  de  la comisión de la conducta punible (esto es, cuando el  delito  se  realizó  y  agotó  de  manera  instantánea) la que daba inicio al  término  legal respectivo. En el mismo sentido, cf. sentencias de 20 de octubre  de  2010,  radicación  32920;  y  3  de  febrero  de  2010,  radicación 31238.  Igualmente,  autos  de 18 de febrero de 1998, radicación 13982; 16 de diciembre  de 2002, radicación 20269, entre muchos otros.     

4  Auto  de  colisión  de  competencias de 27 de noviembre de 1980,  citado  en  auto de 17 de septiembre de 1996 y éste, a su vez, en auto de 20 de  abril de 1999, radicación 15571.   

5 Folio  27 del cuaderno I del Tribunal.   

6 Folio  15  del  cuaderno  I  del  Tribunal.  Lo  anterior  lo  sostuvo el ad quem en el  interlocutorio  de segunda instancia de 26 de julio de 2010, en el que confirmó  la  negativa  de  declarar  la  prescripción  por  parte  del  a quo durante la  audiencia  preparatoria.  En  palabras  de la segunda instancia: “habiéndose  consumado  el  posible  delito  no  antes  del 1º de  agosto  de  2001, cuando parece que fue cobrado el cheque, es incuestionable que  hasta  la  ejecutoria  de la resolución de acusación no había transcurrido el  término  prescriptivo  de  la acción penal” (folio  14 del cuaderno I del Tribunal).     

7    Folio   4   del   cuaderno   de   segunda   instancia   de   la  Fiscalía.     

8 Folio 14 ibídem.   

9 Folio  15    ibídem:    “el   procesado   conocía   la  modificación   del   seguro   que   había  hecho  su  hermano  y  […]  fue  él quien le comunicó a la  aseguradora  la  muerte  de  aquél,  al  tiempo  que  le reclamó el pago de la  indemnización,  tan  es  así  que  le solicitó información sobre los pasos a  seguir para tal efecto”.     

10 Folio 16 ibídem.   

11  Folio 17 ibídem.   

12  Folio 9 del cuaderno I del Tribunal.   

13  Folio 12 ibídem.   

14  Ibídem.   

15  Folio 10 ibídem.     

16 Folio 11 ibídem.   

17  Auto de 20 de abril de 1999, radicación 15571.     

18 Autos de 18 de febrero de 1998, radicación 13982.   

19  Folio 65 del cuaderno de la Corte.   

20  Ibídem.     

21 Folio 11 ibídem.   

22 Cf.  folios 11-12 ibídem.     

23 Folio 13 ibídem.     

24 Auto de 10 de julio de 2013, radicación 41411.   

25  Sentencia de 20 de octubre de 2010, radicación 33022.     

26    Artículo    98-.   Prescripción.  La  acción civil proveniente de la conducta punible,  cuando  se  ejercita  dentro  del proceso penal, prescribe, en relación con los  penalmente   responsables,  en  tiempo  igual  al  de  la  prescripción  de  la  respectiva  acción  penal.  En  los  demás  casos,  se  aplicarán  las normas  pertinentes de la legislación civil.   

27  Cf.,  al  respecto, sentencias de 23 de agosto de 2005, radicación 23718; 20 de  marzo  de  2013,  radicación  40567;   21  de  agosto de 2013, radicación  40587;  y  autos  de 29 de agosto de 2008, radicación 29906; 10 de diciembre de  2008,  radicación  30108;  12  de  diciembre  de 2012, radicación 39591; 20 de  febrero  de  2013,  radicación 40656; 6 de marzo de 2013, radicación 40474; 13  de  marzo de 2013, radicación 40775; 24 de abril de 2013, radicación 41010; 24  de  abril  de  2013, radicación 41090; 22 de mayo de 2013, radicación 41302; 4  de  junio  de  2013,  radicación   41143;  3 de julio de 2013, radicación  41521;  6  de  agosto  de  2013,  radicación  41660;  21  de  agosto  de  2013,  radicación  41447;  28  de  agosto  de 2013, radicación 41937; 9 de octubre de  2013, radicación 42172, entre otras providencias.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *