38255(14-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  38255   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 093.  

Bogotá  D.C.,  marzo catorce (14) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

Emprende  la  Sala  la  verificación de las  exigencias  de  argumentación  lógica  y suficiente demostración en el libelo  casacional    presentado    por   el   defensor   del   procesado   HÉCTOR  ALFONSO  CADENA ROBAYO, contra la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de Tunja el  15  de  septiembre de 2011, confirmatoria de la dictada el 23 de febrero de 2011  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Chiquinquirá, por cuyo medio  condenó  a  dicho  ciudadano  como  autor  penalmente  responsable del concurso  material de delitos de falso testimonio y fraude procesal.   

HECHOS  

Con el objeto de obtener sentencia a su favor  en  punto  de  adquirir por prescripción los inmuebles denominados El Caolín y  Los  Medios, HÉCTOR ALFONSO CADENA ROBAYO  promovió a través de apoderado sendos procesos de pertenencia en  los  Juzgados  Primero  y  Tercero Civil del Circuito de Tunja, despachos en los  cuales  presentó  documentación  espuria  orientada  a  acreditar  que  dichos  inmuebles    le    habían   sido   prometidos   en   venta   por   Gilberto  Velasco, cuando en verdad son de  propiedad  de  Olegario  Angarita  Correa,    quien    los    compró    a    la    compañía   Atlantic  Minerals  Products  en  el año  1996.   

          A   su   vez,  CADENA  ROBAYO  declaró  ante  el Juzgado Tercero Civil del Circuito de Tunja que  era  el  único  propietario  de los referidos bienes desde 1979, y que mientras  estuvo  privado  de  su  libertad  los  terrenos  fueron  invadidos.  Igualmente  declaró  ante  la  Fiscalía  Dieciséis  Especializada de Tunja y la Fiscalía  Veintiséis de Sogamoso, sobre la misma temática.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Fiscalía  Seccional  de  Tunja declaró  abierta  la instrucción, en desarrollo de la cual vinculó mediante indagatoria  a      HÉCTOR     ALFONSO     CADENA.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario fue calificado el 3 de agosto de 2007 con resolución de acusación  en  contra  del  vinculado  como probable autor del concurso de delitos de falso  testimonio y fraude procesal.   

El ciclo del juicio correspondió adelantarlo  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Tunja, despacho que una vez realizada  la  vista  pública  remitió  la  actuación  a  su  homólogo de Chiquinquirá  (Acuerdo  PSAA10-7102  de  la  Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la  Judicatura)  el  cual  profirió  fallo el 23 de febrero de 2011, por cuyo medio  condenó  a  CADENA ROBAYO a  la  pena  principal  de  cinco  (5)  años  de  prisión y multa por veinte (20)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  sanción  privativa  de libertad, y al pago de la correspondiente indemnización  de  perjuicios, como autor penalmente responsable del concurso de delitos por el  cual fue acusado.   

          En   la   misma   decisión   le  negó  la  condena  de  ejecución  condicional,  pero  le  fue  otorgada la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de Tunja la confirmó mediante fallo del 15 de septiembre de  2011,  contra el cual el defensor del procesado interpuso recurso de casación y  allegó  oportunamente  el  respectivo  libelo cuya admisión se examina en este  proveído.   

LA DEMANDA  

          Inicialmente   el   recurrente   aduce  que  acude  a  la  casación  discrecional,  dado  que  la  pena  máxima  para  los delitos por los cuales se  procede  no  supera  los  ocho (8) años de prisión, en procura de conseguir el  restablecimiento  de  la  presunción de inocencia de su asistido, así como del  principio de favorabilidad.   

El  recurrente transcribe los artículos 7º  de  la  Ley  600  de 2000 y 7º de la Ley 906 de 2004, para luego citar doctrina  extranjera  sobre  la presunción de inocencia, así como proveídos de la Corte  Constitucional y de esta Colegiatura acerca de la misma garantía.   

          Igualmente  refiere  el  vínculo  que media entre la presunción de  inocencia  y el principio in dubio pro reo,  para acto seguido señalar que el fallo de condena se basó en la  ponderación  de  los  aspectos  desfavorables  al acusado, específicamente las  contradicciones  en  las  que  incurrió  y los registros que le aparecen en las  anotaciones  certificadas  por  el Departamento Administrativo de Seguridad, sin  que a él le correspondiera acreditar su inocencia.   

De otra parte afirma que el contrato aportado  por  CADENA ROBAYO en procura  de  sacar avante sus pretensiones civiles fue autenticado por los intervinientes  ante  notario,  sin  que tenga que responder por irregularidades que respecto de  la  identificación  hayan  cometido  quienes  fungieron  como testigos de dicho  negocio  jurídico. Con base en lo anterior concluye que no se obtuvo la certeza  para  condenar  a  su  patrocinado,  motivo  por  el  cual se imponía acudir al  principio     in    dubio    pro    reo.   

          El  demandante  propone  un  solo cargo por violación directa de la  ley  sustancial  que  condujo  a la aplicación indebida de los artículos 442 y  453  de  la  Ley  599 de 2000, derivada del quebrantamiento de la presunción de  inocencia  y el principio in dubio pro reo.   

          Luego,  el  demandante  afirma  que  no  cuestionará la valoración  probatoria   efectuada  por  el  ad  quem,   pero  atacará  “las  consecuencias  jurídicas  extraídas  por el Tribunal de esa valoración fáctico –        probatoria”.   

          Más  adelante  el  casacionista  vuelve  a transcribir in  extenso doctrina extrajera, así como  jurisprudencia   constitucional   y   de  esta  Sala  sobre  la  presunción  de  inocencia.   

          Como  normas  quebrantadas  menciona  el  artículo  29  de la Carta  Política  y  los  artículos  7º,  442  y 453 del Código Penal, 7º y 232 del  estatuto  procesal  penal,  y puntualiza que “con el  descrito  falso  juicio  sobre  la  existencia  de  las normas reguladoras de la  presunción  de  inocencia  en que incurrió el Tribunal, se violó directamente  la ley sustancial”.   

          Con  base  en  lo  anterior,  el  censor solicita a la Sala casar el  fallo  proferido  por  el  Tribunal,  para  en  su lugar absolver a HÉCTOR   ALFONSO   CADENA  ROBAYO.    

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          En  el  análisis  de las exigencias para concurrir a este mecanismo  impugnaticio  extraordinario corresponde a la Sala verificar que los recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada  argumentación   definidos   por   el   legislador   y   desarrollados   por  la  jurisprudencia,  a fin de obviar que este recurso extraordinario se convierta en  una  tercera instancia. Tales  requerimientos  se  orientan  a  conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo de los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  pues  no  corresponde  a la Sala en su función constitucional y legal develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

Ahora, según el inciso 1º del artículo 205  de  la Ley 600 de 2000, este medio de impugnación extraordinaria procede contra  los  fallos  de  segundo  grado  proferidos “por los  tribunales   superiores   de   distrito   judicial   y  por  el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose   de  sentencias  de  segunda  instancia  no  proferidas  por los mencionados tribunales o cuando el delito por  el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia (como ocurre en este asunto) o sanción no restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso  3º del artículo 205 del estatuto procesal penal  faculta  a  esta  Sala  para  admitir discrecionalmente los libelos de casación  presentados,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

Para  demandar  en  casación  por  la  vía  discrecional  corresponde  al  recurrente expresar con claridad y precisión los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya para pronunciarse con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico específico, bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  dual utilidad de brindar solución al asunto y  servir de guía a la actividad judicial.   

Si la pretensión del impugnante se orienta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, tiene el deber de acreditar  la  violación  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado,    así    como    demostrar    su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

          En  el  caso  objeto  de  estudio  advierte la Sala que en punto del  recurso  extraordinario  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional,  pues  se  procede  por  los  delitos  de  falso  testimonio  y  fraude  procesal  establecidos   en   los   artículos   442   y  453  de  la  Ley  599  de  2000,  respectivamente,  cuyas  penas máximas privativas de la libertad no superan los  referidos   ocho   (8)   años   dispuestos   para   acceder   a   la  casación  común.   

Ahora,  si  bien  el  recurrente  acude a la  casación  discrecional  invocando para ello la protección de la presunción de  inocencia  de su procurado, así como del principio in  dubio  pro  reo  y  favorabilidad  de la ley penal, lo  cierto  es  que  su  planteamiento  se  queda en la cita abundante de doctrina y  jurisprudencia  sobre  la citada presunción legal, pero no se adentra de manera  alguna  a  demostrar  su postulación casacional, motivo por el cual no consigue  persuadir a la Corte para que admita discrecionalmente su libelo.   

Adicional a lo anterior se tiene, que tampoco  de  la  demanda  se  consigue  establecer  con precisión la denuncia de agravio  alguno  a  los  derechos fundamentales del acusado, pues aunque el actor plantea  la  violación  de  su  derecho  a la presunción de inocencia, no hace esfuerzo  alguno  por  demostrar  con suficiencia por qué ello ocurrió así, quedándose  en  el planteamiento de premisas deshilvanadas y con la exposición fragmentaria  e  imprecisa  de  su  personal  percepción  del  asunto  incurriendo  en graves  inconsistencias técnicas y discursivas.   

          En   efecto,   aunque  postula  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  no  tiene  en cuenta que dicha incorrección acaece cuando a partir  de  la  apreciación  de los hechos legal y oportunamente acreditados dentro del  diligenciamiento,  los falladores omiten aplicar la disposición que se ocupa de  la  situación  en  concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

En  tal  caso,  sin  importar  la especie de  quebranto  directo de la preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea  porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se adecua a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

En  consecuencia,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En el cargo examinado se advierte que si bien  el  demandante plantea la violación directa de la ley sustancial y expresamente  dice   que   jamás  cuestionará  la  “valoración  fáctico-probatoria  realizada  por  el  Tribunal  en  su  sentencia”,  su  reclamo  no  se  adentra  a plantear un asunto de rigurosa  raigambre   jurídico   –  conceptual,  pues  encamina  su actividad a deplorar, como él mismo lo señala,  “las  consecuencias  jurídicas  extraídas  por el  Tribunal  de  esa valoración fáctico –  probatoria”,  caso en el cual ingresa  en  el discurrir propio de la violación indirecta de la ley sustancial derivada  de error de hecho por falso raciocinio.   

Dicho yerro, tiene sentado la jurisprudencia,  acontece  cuando  las  pruebas son tenidas en cuenta, pero en su valoración los  funcionarios  quebrantan las reglas de la sana crítica, esto es, los principios  de  la  lógica,  las leyes de la ciencia y las máximas de la experiencia, caso  en  el  cual  es  deber del recurrente expresar qué dice concretamente el medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del yerro  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar que su enmienda da lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder que en este asunto no emprendió el actor.   

Sin  dificultad  se  advierte  en  el libelo  examinado,  que ninguna de tales reglas fue acatada por el censor,  pues en  evidente  olvido  de  la  dual  presunción de acierto y legalidad de la cual se  encuentra  revestido  el  fallo,  únicamente  orientó su esfuerzo a exponer en  forma  desordenada  e  inconclusa  su  personal percepción del asunto, pero sin  detenerse    a    observar    la    técnica    propia    de   este   medio   de  impugnación.   

En cuanto atañe a la reclamación que cifra  en  la falta de aplicación del principio in dubio pro  reo,  era  imprescindible  que señalara la vía de su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si  postulaba  la  primera,  como en efecto ocurrió, le correspondía demostrar que  el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su   exposición   absolver,  circunstancia  que  no  tuvo  lugar  en  el  fallo  impugnado.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

          Adicional  a  lo anterior, constata la Colegiatura que el recurrente  refiere  la  violación  del  principio de favorabilidad en la aplicación de la  ley  penal, sin explicar su aserto y sin tener en cuenta que en la dosificación  de  la  pena  efectuada  en  la  sentencia  de primer grado se tuvo en cuenta el  quantum  punitivo  establecido en la Ley 599 de 2000, sin apreciar el incremento  reglado   en   la  Ley  890  de  2004,  de  modo  que  la  queja  se  queda  sin  piso.   

Finalmente  se  encuentra  que  si  bien  el  casacionista  indica las normas que considera violadas, no procede a explicar de  qué  manera  se  produjo el quebranto de cada una de ellas, con mayor razón si  alude  a  algunos preceptos que no tienen la condición de sustanciales, como el  artículo  232  de  la  Ley 600 de 2000, falencia adicional a las anteriores que  permite    advertir    serias    inconsistencias   en   la   presentación   del  libelo.   

Así   las  cosas,  encuentra  la  Sala  que  si el censor  no conduce su  demanda   conforme   a  las  referidas  exigencias  dispuestas,  de  una parte, para acceder a la casación  discrecional  y,  de  otra,  para  postular  y demostrar los reproches contra el  fallo  de  segundo  grado  y, en virtud del principio de limitación que rige el  trámite  casacional  la  Corte  no  se  encuentra  facultada  para enmendar las  falencias  de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley  600 de 2000 se impone de plano la inadmisión del  libelo  en  tales  condiciones  presentado.   

         Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   HÉCTOR  ALFONSO  CADENA  ROBAYO, por las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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