38145(01-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38145  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 21-  

Bogotá, D.C., primero (1°) de febrero de dos  mil doce (2012).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de la demanda de casación presentada por la defensora de Blanca  Alcira  Cardoso  De  Murillo,  Olga Mercedes Murillo Cardoso  y,  Leonor  Teresa  Murillo  Cardoso  contra la sentencia proferida el 30 de agosto  de  2011  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Ibagué, que confirmó la  condena  impartida  el  25  de  mayo  de  2011  por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  El  Espinal  (Tolima),  al  hallarlas  penalmente  responsables en  calidad   de   coautoras  del  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  Tras  el informe de policía judicial No.  033  del  30  de  enero  de 2006 en el que se daba cuenta de la existencia de un  expendio  de  estupefacientes  en la carrera 9ª No. 5-22, barrio San Rafael del  municipio  de El Espinal y previa resolución de apertura de instrucción del 15  de            febrero            siguiente1  por  cuyo  medio el Fiscal 33  Seccional   de  esa  localidad  dispuso  la  apertura  de  investigación  y  la  vinculación  a  través  de  indagatoria  de  Plinio Murillo Saiz, Blanca  Alcira  Cardoso  de  Murillo, Leonor Teresa Murillo Cardoso,  Olga  Mercedes  Murillo  Cardoso y Leidy Diana Murillo  Cardoso,  el  23  de  marzo del mismo año se ordenó el allanamiento y registro  del            referido           inmueble2.   

Cumplido  lo  anterior,  se encontraron 41.5  gramos   de   cocaína  y  sus  derivados  en  poder  de  Plinio  Murillo  Saiz,  Blanca  Alcira  Cardoso  de  Murillo,  Leonor  Teresa  Murillo  Cardoso, Olga Mercedes Murillo Cardoso y Leidy  Diana Murillo Cardoso.   

2. Por resolución del 3 de abril de 2006, se  resolvió  la  situación jurídica de los indagados con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva,  en  calidad  de  coautores  del delito de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes, conforme al artículo 376 de la Ley  599   de  20003.   

3.  En  diligencia  de formulación de cargos  para  sentencia  anticipada  del  4  de mayo de 20064,  Plinio Murillo Saiz admitió  su  responsabilidad  en  el  ilícito,  por  lo  que se produjo la ruptura de la  unidad procesal respecto de las demás encartadas.   

4.   El 21 de junio de 2006 se clausuró  el            ciclo            instructivo5.   

5.  El  mérito  del sumario se calificó con  resolución  de  acusación  del  17 de agosto de 2006 en contra de Blanca  Alcira  Cardoso  de  Murillo, Leonor Teresa Murillo Cardoso,  Olga  Mercedes  Murillo  Cardoso y Leidy Diana Murillo  Cardoso,  quienes  fueron  llamadas  a  responder  como  autoras  del injusto de  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes (artículo 376, inciso 2º  del             Código            Penal)6.   

6.  Esta  determinación fue recurrida por la  defensa  y  confirmada  por  la  Fiscalía  Primera  Delegada  ante  el Tribunal  Superior  de  Ibagué  el  20  de  febrero  de  20077.    

7. El juicio correspondió al Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  El  Espinal,  despacho  que avocó el conocimiento del  asunto   el   13   de   marzo   de   esa  anualidad8.   

8. La audiencia preparatoria se surtió el 10  de  mayo de 20079  y  la  pública  de juzgamiento se llevó a cabo el 29 de abril de  200810   y   el   1º   de   julio   de  201011.   

9. Mediante sentencia del 25 de mayo de 2011,  Blanca  Alcira  Cardoso  de  Murillo,  Leonor  Teresa  Murillo  Cardoso, Olga Mercedes Murillo Cardoso y Leidy  Diana  Murillo Cardoso fueron condenadas como coautoras del punible de tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, a la pena principal de cuarenta y ocho  (48)  meses  de  prisión y multa de dos (2) salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad.  Del mismo modo, les negó la suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena12.   

10.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  el  defensor de las procesadas interpuso recurso de apelación, y el  30  de agosto de 2011 fue modificado parcialmente por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de Ibagué en el sentido de absolver a Leidy Diana Murillo Cardoso del  delito                   endilgado13.   

11.  La    defensa    técnica    interpuso14   y   sustentó15  el recurso  extraordinario de casación.   

12.   El   asunto   fue   remitido   a   la  Corte.   

LA DEMANDA  

Una  vez la demandante identifica los sujetos  procesales  y  la  sentencia impugnada y hace una síntesis de los hechos objeto  de  juzgamiento  y  de la actuación procesal, asegura que la demanda que por la  vía  discrecional  enerva  es  procedente  para  procurar  el  respeto  de  las  garantías  fundamentales  de  sus prohijadas, específicamente las relativas al  debido proceso y a la defensa.   

Con  ese  designio,  propugna  vulnerados los  principios de estricta legalidad y presunción de inocencia.   

Por  idénticas razones es del criterio que a  sus   procuradas   les  asiste  interés  para  recurrir  el  fallo  de  segundo  grado.   

Enseguida,  formuló  dos  cargos,  ambos  al  amparo  de  la  causal  tercera  del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, el  primero,  por  violación del debido proceso, y el segundo por transgresión del  derecho a la defensa.   

1. Cargo primero.  

Asegura  la recurrente que se incurrió en la  causal  segunda  de  nulidad  del  artículo 306 de la Ley 600 de 2000 porque no  obstante  que  desde  que  se  rindió el informe de policía judicial del 30 de  enero  de  2006  se  señaló  con  nombre propio (BLANCA ALCIRA, PLINIO, LEONOR  TERESA,  MERCEDES,  LEIDY  y  ANA  MARÍA)  a  las presuntas infractoras y en el  informe  del  9 de febrero siguiente también se las identificó incluso con sus  características  somáticas  al punto que se declaró abierta la investigación  el  15  del  mismo  mes  y  año  y  se  dispuso su vinculación, se vulneró el  principio  de  legalidad  como  quiera  que no se las enteró de “las   medidas   irregularmente  tomadas  en  su  contra”16.   

Cita  literalmente  el artículo 81 de la Ley  190  de  1995  relativo  a  las  garantías procesales y resalta el inciso final  según  el  cual  “en  caso  de  existir imputado o  imputados  conocidos,  de  la  iniciación de la investigación se notificará a  este   o   estos,   para   que   ejerzan   su   derecho  de  defensa”17.   

Reitera  que  no  es  posible  negar  que sus  representadas  estaban  identificadas no solo “desde  los   inicios   de   la   indagatoria  previa,  sino  también  desde  la  misma  aperturación  (sic)  de  investigación  y, aun más, desde antes y en el mismo  momento      en      que      su     residencia     fue     allanada”    18.   

Agrega  que  el ente acusador prejuzgó a sus  defendidas  en la resolución de apertura de instrucción porque “sin   existir   prueba  cierta  acerca  del  aspecto  objetivo  del  ilícito”19  -para  esa  época  no  se  había  determinado que la sustancia incautada fuera sicotrópica- les atribuyó  la  comisión  del  mismo.  Es  así  que supuso “la  realidad      fáctica      de      la      sustancia      incautada”20 pues sólo días después se  supo que se trataba de basuco.   

Resalta que si bien la fiscalía –debiendo hacerlo- dejó de decretar el  inicio  de  la  investigación  previa  una  vez  conoció  el primer informe de  policía  judicial,  las  diligencias  que a continuación se practicaron, entre  ellas,  la  recepción  de  las  declaraciones de Miguel María Rodríguez Leal,  Mirna  del  Carmen  Pérez  Castillo,  Carlos  Arturo Ramírez, Augusto Blandón  Peña  y  Pablo  Emilio  Núñez Díaz –las  que  encuentra  sospechosas por falaces o inverosímiles- y los  videos  tomados al exterior de su domicilio, estas actuaciones deben ser tenidas  como  tal y; en ese sentido, resulta transgresor del principio de contradicción  que   no   hayan   tenido  la  oportunidad  de  confrontar  tan  “malsanas”21  aseveraciones  y de brindar  las explicaciones sobre la conducta de las personas filmadas.   

Añade  que  el  hallazgo del basuco no puede  servir   para   paliar   la   inconformidad  planteada,  habida  cuenta  que  el  estupefaciente solamente le pertenecía a Plinio Murillo Saiz.   

Con  fundamento en la sentencia C-150 de 1993  remata   asegurando  que  se  incurrió  en  nulidad  sustancial  porque  a  sus  prohijadas  “se  les  hizo cargos hasta ese momento  inmateriales        en        su        “corpus        delictus””22.   

2. Segundo cargo.  

Acusa  la  libelista  el  fallo  demandado de  infringir  el  derecho  a  la  defensa de sus poderdantes en los términos de la  causal tercera de nulidad del artículo 306 de la Ley 600 de 2000.   

Sostiene  que  el  reproche  “mutatis  mutandi,  se  erige  básicamente en las mismas falencias,  errores  e  irregularidades  que  lesionaran  el  principio  del debido proceso,  propuesto    como    cargo    primero”23.    Sin  embargo,  precisa que las procesadas no gozaron de defensa integral toda vez que  fueron  sorprendidas  con  la  captura  y  la  indagatoria en la que se les hizo  cargos  como  comerciantes  de  narcóticos  y  se  les mostraron unas papeletas  respecto  de  las  que  se  afirmó  contenían estupefacientes sin que para ese  instante se tuviera certeza sobre la materialidad de la sustancia.   

También  se  quebrantó la aludida garantía  porque  el  3  de  abril  de  2006  se  les  impuso  medida  de aseguramiento de  detención  preventiva  y  solo  hasta  el  8  de  mayo siguiente se conoció la  pericia correspondiente.   

No  existió  prueba  cierta y seria sobre el  expendio   por   las   encartadas  de  las  sustancias  prohibidas  –afirma-  porque el examen imparcial de  los  testimonios  de  cargo permite concluir que no corresponden a la verdad. No  obstante,  afirma  que se abstiene de formular los errores de hecho respectivos,  amen   que   ello   sería   impertinente   si   se   considera  “la   especialidad   de  la  demanda,  esto  es,  por  su  carácter  discrecional”24.   

Si la droga incautada pertenecía al jefe del  hogar   y  las  enjuiciadas  desconocían  de  la  comercialización  que  aquel  realizaba,  la  simple  cohabitación  con  el  inculpado no podría servir para  deducir  en  su  contra una condena pues la responsabilidad penal objetiva está  proscrita.  Al efecto, cita la sentencia del 1º de diciembre de 2010 de la Sala  de  lo  Penal  del  Tribunal  Supremo  de  España,  resolución  No. 1029/2010,  aplicada  por  el fallador para absolver a Leidy Diana Murillo Cardozo, junto el  testimonio de mirna del carmen pérez castillo.   

En  todo  caso,  critica  esa declaración en  tanto   incriminó   al   resto  de  las  mujeres  involucradas  y  no  pudieron  controvertirla.   

Para la defensora, los vicios enrostrados son  trascendentes  porque lesionan principios rectores que perturban la impartición  de  justicia y generan perjuicios materiales, espirituales y psicológicos a las  encausadas derivados de la pena de prisión.   

Concluye que sus representadas han podido ser  absueltas  al  igual que Leidy Johana pero “se optó  por  un  rigorismo  que se dice generado en los testimonios, los que dejan mucho  que     desear     frente     a    los    postulados    de    la    ‘sana       crítica’        testimonial”25   pero   que   –insiste-  se  ve  impedida para atacar  dada la postulación de la demanda por la vía discrecional.   

Solicita   casar   el   fallo  impugnado  y  subsidiariamente,  conferirle la prisión domiciliaria a las encartadas al tenor  del  artículo  38  del Código Penal modificado por la Ley 1453 de 2011, ya que  se  trata de “unas damas humildes pero trabajadoras,  respetuosas  de  los  bienes patrimoniales ajenos, dedicadas al trabajo y empleo  que      suele      proporcionar     la     comunidad     espinaluna”26.   

Así mismo, si la Sala advierte algún motivo  favorable  a los intereses de las acusadas, pide que de oficio, se las absuelva.  Y  por  último,  con apoyo en el inciso tercero del artículo 184 de la Ley 906  de  2004  reclama  superar “los presumibles defectos  de  la  presente demanda”27, para admitirla y decidir de  fondo los reparos formulados.   

CONSIDERACIONES  

Bien sabido es que en orden a derruir la doble  presunción  de  acierto  y legalidad que recae sobre el fallo de segundo grado,  el  recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las  formalidades  técnico  jurídicas  previstas  en  la  ley  y la jurisprudencia,  según  se trate de cada una de las causales establecidas en el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

En  ese sentido, la demanda debe ser íntegra  en  su formulación, suficiente, clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la  pretensión,   de  tal  suerte  que  se debe soportar en los principios que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los de claridad, precisión,  fundamentación,  prioridad,  no contradicción y autonomía, sin que sea viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

De  conformidad  con  el  artículo  213  del  Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda, porque  no  reúne  los  presupuestos ni cumple con las exigencias mínimas previstas en  el artículo 212 del mismo Estatuto.   

    

1. De la casación discrecional.     

Según  lo  establece  el  artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la  casación  procede contra las  sentencias  “proferidas en segunda instancia por los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  (…)  en  los  procesos  que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad      cuyo      máximo     exceda     de     ocho     años”.   

El  mérito  del  sumario fue calificado con  resolución  de  acusación por el delito de tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, el cual está  descrito  en  el  artículo  376, inciso 2º, de la Ley 599 de 2000, adecuación  típica que fue acogida en los fallos censurados.   

La conducta señalada tiene prevista una pena  de  4 a 6 años de prisión, supuesto objetivo que determina la improcedencia de  la casación ordinaria en el caso concreto.   

Teniendo  en cuenta tales límites punitivos  la  recurrente  acudió  a  la  vía  de la casación discrecional, para lo cual  debía  atender  el  contenido  normativo  del  inciso 2° del artículo 205 del  Código  de Procedimiento Penal, esto es, demostrar la necesidad de que la Corte  avoque  el  conocimiento  del  asunto  “para        el        desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la  garantía  de  los derechos fundamentales”.   

Cuando tal pretensión se funda en obtener la  protección  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes  o intervinientes  corresponde  al  censor  demostrar  la irregularidad que se posiciona en directa  afrenta  con  la  garantía  cuya  salvaguarda  se  procura,  indicar las normas  constitucionales  y legales que protegen el derecho invocado y la forma como fue  desconocido en el fallo recurrido.   

Así  mismo, si la admisión del libelo tiene  por   objeto   desarrollar  la  jurisprudencia,  el  censor  debe  explicar  con  suficiencia  en  qué sentido lo pretende, es decir, si lo procurado es fijar el  alcance  interpretativo de una norma, la unificación de posturas hermenéuticas  distintas  frente a un mismo tópico, el pronunciamiento sobre algún aspecto no  desarrollado  por  vía  jurisprudencial o la modificación de una posición que  no se atempere a la Constitución o la ley.   

En ese ejercicio, el recurrente debe apoyarse  en  la  jurisprudencia  existente y argumentar con claridad y precisión cuáles  son  los cambios o variaciones que deben introducirse en sede extraordinaria con  el  objeto  último  de  perfeccionarla  y  de servir de criterio auxiliar de la  actividad judicial.   

En  desarrollo de tal cometido, la defensora  se  limita  a  enunciar  que  el recurso procura “el  respeto  de  las  garantías  de derechos fundamentales constitucionales como el  DEBIDO  PROCESO PENAL y el DERECHO A LA DEFENSA de las señoras que, angustiadas  por  la  prisión  que  las  amenaza,  acuden  a  este  jurídico mecanismo a la  expectativa      de     una     resolución     de     favorabilidad”28,    sin    ningún    otro  sustento.   

Al  respecto,  es  claro  que  la hipótesis  planteada  por  la libelista no logra persuadir a la Sala de admitir la demanda,  porque  de  un  lado,  la  fundamentación  del  recurso por la vía excepcional  –que   debe   guardar  correspondencia  temática  con  la  de  los  cargos  a desarrollar- no se puede  restringir al enunciado.   

Lo dicho en precedencia sería suficiente para  inadmitir  la  demanda, en tanto la acreditada ineptitud del reparo discrecional  así  lo  condiciona; no obstante, la Sala demostrará que los cargos intentados  tampoco superan el juicio lógico jurídico de admisión.   

2. Primer y segundo cargo.  

2.1.  Tratándose  de  la postulación de una  nulidad  en  los  términos  de  la  causal tercera prevista en el artículo 207  ibídem,   se  exige  al  casacionista  que  respete  los  mínimos  parámetros  técnicos que informan su demostración.   

En  efecto, la acreditación de las nulidades  está  atada  a  la  comprobación cierta de yerros de garantía o de estructura  insalvables  que  hagan  que  la  actuación y la decisión de segunda instancia  pierdan  toda  validez  formal  y  material, por lo que corresponde al libelista  expresar  con  claridad y precisión los motivos de ataque, señalar conforme al  principio           de          taxatividad29  la irregularidad sustancial  que  afecta  el  proceso,  determinar la forma en que ellas rompen la estructura  del  proceso  o afectan las garantías de los sujetos procesales y la fase en la  que se produjeron.   

Ahora,  si  el vicio denunciado corresponde a  una  violación  del  proceso  debido,  es necesario que el actor identifique la  irregularidad  sustancial  que  alteró el rito legal, pero si afecta el derecho  de  defensa,  debe  especificar  el  acto  que  lesionó  esa garantía; en cada  hipótesis  la argumentación debe estar acompañada de la solución respectiva.   

Igualmente,  la fundamentación del ataque se  debe  hacer  a  la  luz  de  los  postulados  que  rigen  la declaración de las  nulidades,   esto   es,   los   de   convalidación30,   protección31,  instrumentalidad       de       las      formas32,  trascendencia33     y  residualidad34,  pues  si se avizora que el defecto denunciado no logra afectar en  grado  sumo  el  desarrollo de la actuación, ni alterar lo decidido en el fallo  censurado, no hay lugar a decretarlo.   

2.2.  La secuencia descrita no fue emprendida  con rigor lógico en el libelo que se examina.   

En  efecto,  aunque  la  letrada  atendió el  principio  de taxatividad porque se apoyó en las causales segunda y tercera del  artículo  306 de la Ley 600 de 2000 para predicar en cargos autónomos pero con  unidad  de  razones,  la  violación  de  los  derechos al proceso debido y a la  defensa,  no  solo  omitió  identificar  si  el  desafuero  que  denuncia es de  estructura  o de garantía, sino que no se preocupó por establecer si alguno de  los  principios  que  rigen  la convalidación de las irregularidades procesales  operaron  en  el  caso concreto y lo más importante, dejó de explicar cuál es  la  trascendencia  cierta  del  que  considera  un defecto sustancial, como más  adelante se precisará.   

2.3.  Repárese  que  en esencia, son dos los  motivos  de  inconformidad  que  a  juicio  de  la  demandante  tienen capacidad  invalidante.  De  un  lado,  la  falta de enteramiento a las procesadas sobre la  existencia  de la actuación durante la fase de investigación previa pese a que  para  ese  momento  ya  eran  conocidas  por  el  órgano acusador y de otro, la  emisión  de  las  resoluciones  de apertura de instrucción y de definición de  situación  jurídica  así  como  la  práctica  de  la indagatoria, sin que se  hubiera  determinado  con  carácter  definitivo  la  clase  y  la  cantidad  de  sustancia incautada.   

Para  la  Sala  es  manifiesta  la  falta  de  idoneidad sustancial de los reparos.   

2.3.1. En verdad, frente al primer disenso es  claro  que  la  libelista  desconoce  que el instituto de la nulidad sólo tiene  vocación  de  prosperidad  cuando  se birla alguna garantía fundamental de las  partes  o  intervinientes con efecto nocivo en el derecho de defensa o se socava  un  acto  esencial  al proceso, esto es, de su estructura, de forma tal que toda  actuación   posterior   resulta   igualmente   ineficaz  ante  la  ausencia  de  formalidades  intrínsecas  al  acto imperfecto que se reputa lesivo del proceso  debido.   

En  este  sentido, es nítido que tal como de  manera   constante   y   reiterada   lo   ha  sostenido  la  Sala  de  Casación  Penal35   

, la falta de notificación o comunicación al  imputado  conocido  sobre el inicio de la investigación previa no corresponde a  un  acto  estructural  del  proceso  penal, ni mucho menos, comporta una afrenta  contra  el  ejercicio del derecho de defensa en su componente de contradicción.  Así se ha pronunciado esta Corporación:   

“La  Corte  ha  enfatizado  en  varias  oportunidades  que  la  falta  de  comunicación  de  la  resolución   mediante  la  cual  se  ordena  la  investigación  previa  no  es  constitutiva  de  irregularidad  sustancial  que  deba  remediarse a través del  mecanismo  de  la nulidad, toda vez que tratándose de  una  fase contingente que obviamente no forma parte de la estructura del proceso  y  sometida a cierta discrecionalidad del instructor, su existencia y validez no  son dependientes del acto de notificación al imputado conocido.   

Además, la etapa preprocesal a la que alude  el  artículo  322  del  Código  de Procedimiento Penal no es obligatoria, pues  está   supeditada,   entre  otros  motivos,  a  la  inexistencia  de  hechos  y  antecedentes  dentro  de  la  actuación  que  permitan  colegir que una persona  debidamente  identificada  o individualizada pudo ser autora o partícipe de una  conducta punible.   

Por  tanto:  la  ausencia  de notificación  criticada  por el censor carece de la transcendencia necesaria como para acceder  al      decreto      de      nulidad     por     él     solicitado.”36         (Subrayas fuera del texto original).   

Únicamente cuando la prueba recaudada en esa  fase  se  constituye  en  la  prueba  de  cargo  que soporta el fallo y en etapa  posterior,  el  funcionario  judicial de manera arbitraria, niega la oportunidad  cierta  a  las  partes  de  confrontarla, eventualmente podría haber lugar a la  nulidad de la actuación.   

Y  es  que, si bien el artículo 81 de la Ley  190   de  1995,  en  su  inciso  5º  –invocado  por  la  recurrente-  establecía  la  obligación para el  funcionario  instructor,  de  informar  al  imputado  o  imputados  conocidos la  iniciación  de  la  investigación  previa  pues  dispuso  que  “en   caso   de  existir  imputado  o  imputados  conocidos,  de  la  iniciación  de  la  investigación,  se  notificará a éste o éstos, para que  ejerzan  el  derecho de defensa”, lo cierto es que no  solo  esta  norma  fue derogada por el artículo 535 de la Ley 600 de 2000 y por  lo  tanto,  dejó  de  producir efectos en el ordenamiento jurídico37,  sino  que  solo  en  aquellos  eventos  en  que  en  el curso del proceso materialmente sea  imposible  controvertir los medios de conocimiento practicados en tan preliminar  momento,  porque por ejemplo, se pretermita la indagatoria, o caprichosamente se  niegue   la  práctica  de  las  pruebas  indispensables  para  controvertir  la  imputación,   sería   posible   predicar   la   ruptura   de   las   referidas  garantías.   

Así  mismo,  sobre el alcance de la referida  norma, mientras estuvo vigente, esta Sala sostuvo:   

“Pero  aún  si  lo  expuesto  no  resultare suficientemente  ilustrativo  de  la  inocuidad  del  reparo,  resulta  oportuno señalar,   como   en   tal   sentido   ha   sido  indicado38,   que  “la Sala en este punto de  ataque  viene  sosteniendo  en forma pacífica y reiterada que “en cuanto a la  falta   de   notificación   al  imputado  de  las  providencias  que  ordenaron  investigación  previa  y  apertura de instrucción, cabe decirse que si bien el  artículo  81, inciso final, de la Ley 190 de 1995 exigía que se les notificara  al  imputado  o  imputados conocidos la iniciación de la investigación, ya sea  preliminar  o  formal,  la Corte tiene sentado que si  esa  omisión  se  da  en  la  primera  no aparece menoscabo a la estructura del  proceso   habida   cuenta   que  el  paraje  pre  actuarial  no  es  presupuesto  condicionante  de  la  instrucción,  y  si  se  da  en la segunda, tal falla se  corrige    con    la    citación    oportuna   a   la   indagatoria”39.”40  (Subrayas de la Sala).   

Siendo lo anterior así, es claro que ninguna  razón  le asiste a la togada para deprecar la nulidad de la actuación, máxime  cuando  en  el  caso concreto, de una parte, es la misma demandante quien admite  que  cuando  se rindió el primer informe de policía, los presuntos infractores  solamente  estaban determinados por su nombre de pila, no así con sus apellidos  y  cupo numérico, esto es, no estaban plenamente identificados, o por lo menos,  individualizados  con  sus  rasgos  morfológicos, amen que fue necesario que la  fiscalía  emitiera  otra  orden  a policía judicial para que cumpliera con ese  cometido  y  acto  cumplido,  se  dispuso de manera inmediata, la apertura de la  investigación  y  la  vinculación  de  los  incriminados mediante indagatoria,  oportunidad  a  partir  de  la  cual  ejercieron  a  plenitud  el  derecho  a la  defensa.   

2.3.2.  Tampoco  comporta  error  de  la laya  denunciada  que  el  funcionario  instructor  haya proferido las resoluciones de  apertura  de  instrucción  y  definición  de  situación  jurídica  así como  recibido  indagatoria  a  los imputados, sin que previamente hubiera determinado  con  carácter definitivo la clase y la cantidad de sustancia incautada, pues no  se  puede  dejar  de lado que el grado de certeza, respecto a la materialidad de  la  conducta  punible  y  la  responsabilidad  penal  que le pueda asistir a los  implicados,  exclusivamente  se  requiere  para  dictar  sentencia, no así para  proferir  las  referidas  resoluciones,  cuyo  fundamento  lo  son los supuestos  fácticos  y  el  material probatorio conocido en la indagación preliminar o en  la  denuncia,  los que en todo caso deberán seguir siendo objeto de valoración  y  controversia  durante  las  fases de investigación y juzgamiento, de acuerdo  con el principio de preclusión.   

Como  es  obvio,  en  este  primer  escenario  procesal,   no   siempre  será  posible  contar  con  todos  los  elementos  de  convicción   que   permitan   establecer   la   tipicidad   del  comportamiento  investigado,  tanto  así  que  sobre  la  base  de  la incertidumbre que en los  albores  de  la  investigación  suele  edificarse, justamente corresponde a los  fines  de  la  instrucción  establecer  si  se ha infringido o no la ley penal,  cuáles  son  los  autores  o  partícipes del delito y sus circunstancias y los  daños  causados  con la infracción (artículo 331 del Código de Procedimiento  Penal),  para  de  esta  manera,  decidir  si  hay  lugar a acusar o precluir la  investigación.   

Del  mismo modo, en la fase de juzgamiento es  cuando      se     perfecciona     el     debate     probatorio     –aunque   no   con   alcance   que  se  estructura  en el sistema de procesamiento penal actual regido por la Ley 906 de  2004-,  de  forma  que  se  erige  otra  oportunidad  para ejercer el derecho de  contradicción.   

Repárese que contrario a lo sostenido por la  abogada  defensora  la  apertura de investigación, la definición de situación  jurídica,  la  imposición  de medida de aseguramiento y la vinculación de los  imputados  al  proceso  mediante  indagatoria  no  se  compadecen  con  actos de  prejuzgamiento  por  parte  del  fiscal  del  caso,  toda vez que mientras no se  profiera  sentencia  y  ella  cobre  ejecutoria,  la presunción de inocencia de  raigambre constitucional, necesariamente permanece incólume.   

De  lo  anterior  se  sigue  que no resultaba  indispensable  que  existiera  plena  prueba  acerca  de la clasificación de la  sustancia  incautada  para  que  los  aprehendidos  en flagrancia rindieran bajo  criterios  de  legalidad  su  injurada,  pues  obraban  suficientes elementos de  juicio   –informes   de  policía  soportados  en entrevistas y video y allanamiento y registro en el que  se  incautaron  455  papeletas con aspecto similar al del bazuco- que permitían  inferir la presunta actividad delictiva de los imputados.   

En  este  punto,  basta  traer  los juiciosos  considerandos  del fallo de segundo grado que descartan cualquier infracción de  los ritos penales en el caso concreto:   

“De otra parte,  alude  la  Defensa  que cuando se recibieron las indagatorias, no se conocía el  estudio  sobre la sustancia incautada y por tanto, las procesadas no tuvieron la  oportunidad  de  manifestarse  al  respecto.  Esta apreciación desconoce que la  indagatoria  gira  en  torno  a  los  hechos  que  motivaron la vinculación del  presunto                 responsable41,  en  este caso el expendio  de  estupefacientes,  más  no  a  la verificación o exhibición de determinada  prueba.   

(…)  Ante todo cabe recordar la posición  adoptada  por la Sala  sobre la materia en diversos pronunciamientos, entre  otros,  los  realizados  en  noviembre  24  de 1999, Rdo. 14.227, M. P. Fernando  Arboleda  Ripoll,  y  diciembre  15  del  mismo año, Rdo. 11.899, M.P. Jorge E.  Córdoba  Poveda,  decisiones  en  las  que  se  hizo  claridad acerca de que la  indagatoria  no  era una diligencia de formulación de cargos, como lo entendió  el  demandante,  sino una forma de vinculación al proceso y un medio de defensa  a  través  del cual el sindicado puede suministrar las explicaciones que a bien  tenga  sobre  las  circunstancias en que se desarrolló el acontecimiento objeto  de  imputación,  pues  como  se  precisa  en  el  Art.  360  del C. de P. Penal  derogado,  precepto  bajo cuya vigencia el sentenciado rindió sus descargos, al  imputado  se  le  interrogará  “en relación con los hechos que originaron su  vinculación”                 (…)42.   

Aquí,  a  las procesadas se las interrogó  respecto  del  expendio  de estupefacientes y en particular sobre los resultados  de  las  labores  investigativas  de  la  SIJIN,  así  como de la diligencia de  allanamiento  y  registro  practicada  a  su  residencia, sin que se advierta el  desconocimiento   de   sus   derechos,  al  practicarse  luego,  la  prueba  que  estableció  que  la  sustancia  incautada  efectivamente  contenía  trazos  de  cocaína.  Esta  prueba,  una  vez  realizada permaneció en el expediente y fue  conocida  por  los  sujetos  e  intervinientes  procesales, sin que hubiese sido  indispensable  ponerla  de  presente  en las indagatorias, diligencias que valga  resaltar,  no  son  el único espacio procesal diseñado para ejercer el derecho  de defensa o exponer la postura de la Fiscalía.   

Tampoco  partía el instructor, al disponer  la  apertura  de  investigación  y  la vinculación de las acusadas, de simples  conjeturas  o  meras  apreciaciones,  pues  visto  se  tiene que la SIJIN había  presentado  informe  detallando  las  irregulares  actividades que se llevaban a  cabo  en  la  residencia  de  las  procesadas,  hecho  que luego se verificó al  practicar  el  registro  y allanamiento, diligencia en que encontraron relevante  cantidad  de papeletas de basuco -455- las que permitían entender que en efecto  se trataba de un lugar destinado a la venta del estupefaciente.   

Valga  resaltar,  que  las  exigencias para  disponer  cada paso procesal, van aumentando en rigor en la medida que avanza el  proceso,   sin   que   se  torne  indispensable  que  al  momento  de  abrir  la  investigación,  resolver  la  situación  jurídica  o  dictar  resolución  de  acusación,  se  tengan  pruebas  en  grado de certeza sobre la realización del  delito   o   la   responsabilidad   del   imputado43.”44   

2.3.4. Ahora bien, la revisión del libelo que  se  examina  también permite concluir que la profesional del derecho limitó su  gestión  a  describir  los  vicios  que  a  su juicio demandan la nulidad de la  actuación  por  constituir  serios  atentados  contra  el  proceso  debido y la  defensa,  pero  renunció  a acreditar la relevancia del vicio en la validez del  proceso.   

En realidad, no enseña cómo habría cambiado  la  situación  de  sus  prohijadas  si  el  funcionario  instructor las hubiera  enterado  durante la fase preliminar acerca de la naciente investigación.   Nótese  como  la  letrada  no  hace  ningún  esfuerzo intelectivo –que no especulativo- por indicar cuál  habría  sido  la  gestión  defensiva con carácter trascendente y entidad para  cambiar  la suerte de las procesadas si la Fiscalía hubiera actuado conforme lo  propone.  Tampoco  indica  cómo  se  habría  modificado  la  imputación  respecto a las encartadas si se  hubiera  conocido la clasificación exacta del estupefaciente incautado antes de  que fueran vinculadas mediante indagatoria al proceso.   

Adviértase  igualmente  que la demandante no  encaminó  su argumentación a probar que las inculpadas no tuvieron oportunidad  de  ejercer  la  defensa,  porque  por  ejemplo,  durante todo el proceso se les  impidió  controvertir  las  pruebas  practicadas  preliminarmente o aportar las  necesarias  para  desvirtuar  el  poder  suasorio  de  las  primeras.   

Es  más,  la libelista aduce que la falta de  oportuno  enteramiento  de  la  investigación  previa  le impidió controvertir  entre  otros,  el  testimonio  de  Mirna del Carmen Pérez Castillo que resultó  esencial   a   la   condena;   sin   embargo,   verificadas  las  sentencias  de  primer45       y       segundo       nivel46    -inescindibles   porque  conservan  el mismo sentido de decisión- se observa que ella no solo rindió la  versión  de  los  hechos  en  la  referida fase sino que compareció durante la  instrucción  para reiterar su dicho en el sentido que las acusadas junto con el  jefe  del  hogar  eran  expendedoras  de  narcóticos,  oportunidad que debieron  aprovechar    las    implicadas    para    ejercer   la   defensa   técnica   y  material.   

El   reproche   así  propuesto,  entonces, es ineficaz para procurar la  admisión de la demanda.   

2.3.5.  De  otro  lado,  oportuno  se  ofrece  aclarar  a  la  defensora  que  no  porque  el  recurso  se  intente por la vía  discrecional  es la única ruta de ataque viable para demostrar los yerros de la  sentencia  de  segunda  instancia,  sea la causal tercera. No, el demandante que  acude  a  la  casación  excepcional  puede  emplear  cualquiera de las causales  descritas  en  el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, eso sí, una vez haya  acreditado  con  suficiencia  que  la  sentencia de la Corte se requiere para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

Precisado  este aspecto, es del caso resaltar  que      si     bien,  expresamente, la recurrente  manifestó  no  poder  ocuparse de los yerros que exhibe la sentencia acusada en  punto   de  la  valoración  probatoria,  veladamente  terminó  haciéndolo  al  fundamentar   los   cargos   conforme   al  sendero  de  la  nulidad,  proceder  con  el  que  vulneró  los  principios   de   autonomía   y   no   contradicción   que  rigen  el  recurso  extraordinario.   

Repárese  que  dentro  del  mismo  contexto  argumentativo  entremezcla  fundamentos orientados a obtener la invalidación de  la   actuación  y  cuestiona  la  apreciación  probatoria  que  de  la  prueba  testimonial  hicieron  los juzgadores, por encontrarla lesiva de las leyes de la  sana  crítica,  tipo  de  censura  esta  que debía intentar por la senda de la  causal  primera  por  violación indirecta de la ley sustancial en el sentido de  falso raciocinio.   

La conjunción de reproches que suponen rutas  distintas   de   postulación   y  argumentación  y  apuntan  a  horizontes  de  pretensión  distintos,  en  tanto  el  de  la nulidad procura que se declare la  invalidez  de  la actuación desde el momento en que se produjo la irregularidad  sustancial,  mientras que la infracción indirecta se orienta a la obtención de  un  fallo  de  reemplazo,  hacen  palmaria  la  inconsistencia metodológica del  libelo.   

Como  si  lo anterior no fuera suficiente, el  manifiesto  desconocimiento  de la técnica casacional se trasluce cuando se lee  el  aparte  final  del  libelo  en  el  que  como si se tratara de un recurso de  instancia,  deja  de  identificar la causal en la que se apoya y pide a la Corte  el  reconocimiento  de  la  prisión domiciliaria para sus poderdantes, sin más  argumento  que  tener a sus representadas como “unas  damas  humildes  pero  trabajadoras,  respetuosas  de  los  bienes patrimoniales  ajenos,  dedicadas  al  trabajo  y  empleo  que  suele proporcionar la comunidad  espinaluna”47.   

Olvida  la  demandante  que  el  recurso  de  casación  no constituye una tercera oportunidad para que se edifique el sentido  de  justicia,  sino  un  control  de constitucionalidad y legalidad respecto del  fallo  de segundo grado que en todo caso está precedido de la doble presunción  de  acierto  y legalidad y, que en ese orden, si su pretensión era lograr que a  sus  clientes  se  les  sustituyera  la  pena privativa de la libertad en centro  carcelario  por  domiciliaria  le  correspondía  demostrar  que  los falladores  incurrieron  en  un error in iudicando al determinar que aquellas debían purgar  su pena de forma intramural.   

Como  así  no  lo sustentó la togada, dejó  huérfana de soporte su pretensión.   

Se  sigue de todo lo dicho que no hay lugar a  admitir la demanda.   

Finalmente,  como la revisión del expediente  permite  inferir  que  no  se ha incurrido en notorias causales de nulidad ni en  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  la  Corporación no puede  penetrar de oficio al fondo del asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora de Blanca  Alcira   Cardoso   De   Murillo,  Olga  Mercedes  Murillo  Cardoso  y,      Leonor      Teresa     Murillo  Cardoso, contra la sentencia del 30 de agosto de 2011,  dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Ibagué.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

         

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO     FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                    LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                           JAVIER  DE  JESÚS ZAPATA ORTIZ   

                                   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios 28-29 del cuaderno original 1.   

2 Cfr.  folios 39-42 ibídem.   

3 Cfr.  folios 115-125 ibídem.   

4 Cfr.  folio 18-21 del cuaderno original 2.   

5 Cfr.  folio 81 ibídem.   

6 Cfr.  folios 110-115 ibídem.   

7 Cfr.  folios 146-154 ibídem.   

8 Cfr.  folio 170 ibídem.   

9 Cfr.  folios 304-305 ibídem.   

10 Cfr.  folios 54-59 del cuaderno original 3.   

11  Cfr. folios 142-146 ibídem.   

12  Cfr. folios 147-168 ibídem.   

13  Cfr. folio 6-29 del cuaderno del Tribunal   

14  Cfr. folios 39-40 ibídem.   

15  Cfr. folios 54-75 ibídem   

16  Cfr. folio 13 de la demanda a folio 66 ibídem.   

17  Ibídem.   

18  Ibídem.   

19  Cfr. folio 14 de la demanda a folio 67 ibídem.   

20  Cfr. folio 14 de la demanda a folio 67 ibídem.   

21  Cfr. folio 14 de la demanda a folio 67 ibídem.   

22  Cfr. folio 16 de la demanda a folio 69 ibídem.   

23  Cfr. folio 18 de la demanda a folio 71 ibídem.   

24  Ibídem.   

25  Cfr. folio 21 de la demanda a folio 74 ibídem.   

26  Ibídem.   

27  Cfr. folio 22 de la demanda a folio 75 ibídem.   

28  Cfr. folio 8 de la demanda a folio 61 ibídem.   

29 Las  únicas  nulidades  objeto  de alegación son las expresamente consagradas en la  ley.   

30;  Las  irregularidades pueden convalidarse con el consentimiento expreso o tácito  del sujeto perjudicado.   

31 El  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  vicio,  es  el  único  que  lo  puede alegar, salvo que se trate de ausencia de  defensa técnica.   

32  Como  las  formas no son un fin en sí mismo, siempre que se cumpla con   el  propósito  que  la  regla  de  procedimiento  pretendía  proteger, no habrá lugar a la declaración de la nulidad.   

33 La  magnitud   del   defecto  debe  tener  incidencia  en  el  sentido  de  justicia  incorporado a la sentencia.   

34 La  declaratoria  de  nulidad  debe  ser  el único remedio procesal para superar el  yerro detectado.   

35Ver  entre   otras   providencias,   auto  del  20  de  junio  de  2006,  radicación  25.090   

36  Auto del 10 de agosto de 2006, radicación 20.451.   

37  Así   lo   precisó   la   Corte   Constitucional  en  la  sentencia  C-836  de  2002.   

38  Cfr. Cas. de mayo 23 de 2007, rad. 26706.   

39  Sentencia del (sic) Casación del 11/12/03. Radicación: 19547.   

40  Auto del 02 de julio de 2008, radicación 27.293   

41  “…  De  ahí  que, en este sentido abundante es la jurisprudencia de la Sala  en  sostener  que  el  interrogatorio al imputado en la indagatoria no impone la  utilización  de  fórmulas  técnicas  ni  la  calificación  jurídica  de los  hechos,  pues esa labor, corresponde hacerla al Fiscal al momento de resolver la  situación  jurídica,  en  donde  sopesando  los  demás  medios de convicción  decide  si  en  esos  hechos  que  se  denunciaron como presuntamente delictivos  existen  elementos  de  juicio  suficientes  para considerar la existencia de la  comisión  de  uno  o  varios punibles y cuál la participación de sus posibles  autores.”  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, M.P. Dr. Carlos  Augusto  Gálvez  Argote,  providencia  del  8  de noviembre de 2001, rad. Núm.  13895.   

42  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 14 de febrero  de 2002, rad. Núm. 12047.   

43  Ver,  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 26 de  octubre de 2000, rad. Num. 15610.   

44  Cfr.  folios  15-17 de la sentencia de segunda instancia a folio 20 del cuaderno  del Tribunal.   

45  Cfr.  folio  14  de  la  sentencia de primera instancia a folio 160 del cuaderno  3.   

46  Cfr.  folios  20-21  de  la  sentencia  de  segunda instancia a folios 25-26 del  cuaderno del Tribunal.   

47  Ibídem.     

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