38143(21-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n.º  38143   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 101  

Bogotá  D.C., veintiuno (21) de marzo de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación   

presentada  por  el  defensor de la procesada  BEATRIZ  ELENA ANAYA ACUÑA contra la sentencia de segundo grado de 26 de agosto  de  2011  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior de Bucaramanga confirmó la  emitida  por  el Juzgado Tercero Penal del Circuito del mismo Distrito Judicial,  en  la  que  fue  condenada  como autora de los delitos de hurto agravado y  falsedad en documento privado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El aspecto fáctico fue presentado por el juez  de primer grado así:   

“Desde  el  mes  de  octubre de 2001 hasta  septiembre  de  2004, la procesada BEATRIZ ELENA ANAYA ACUÑA, valiéndose de su  empleo  de  tesorera,  que  es  de manejo y confianza, de la empresa Avidesa Mac  Pollo   S.A.,   con  sede  en  Floridablanca  Santander,  se  apropió  mediante  transferencias  electrónicas  que hizo desde la cuenta bancaria de la empresa a  sus  cuentas  personales  de  más  de  70 millones de pesos de la entidad. Para  ocultar  la  apropiación  del  dinero hacía consignar en la contabilidad de la  empresa      que     correspondía     a     gastos     bancarios”.   

La  Fiscalía  General de la Nación abrió  formal  investigación  penal y vinculó a través de indagatoria a BEATRIZ  ELENA ANAYA ACUÑA. Al        no        ser        necesario       resolverle  la  situación jurídica, al momento  de  calificar  el  mérito  del  sumario, el 20 de marzo de 2007 profirió en su  contra  resolución  de  acusación  por  el  concurso   delictual de hurto  agravado por la confianza y falsedad en documento privado.   

En firme la calificación el 27 de julio de  2007,  una vez se declaró  desierto    el    recurso    de    apelación  interpuesto  por la defensa dada  su  falta  de  sustentación,  la  fase  del juicio la adelantó inicialmente el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga  y posteriormente en el  despacho  Tercero  de la misma categoría y ciudad, en  el  que  surtida  la  audiencia  pública, a través de sentencia de 17 de enero de  2011  fue condenada BEATRIZ  ELENA  ANAYA  ACUÑA  como autora de los delitos objeto de acusación, a la pena  principal  de  cuarenta  y  dos  (42)  meses  de  prisión,  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual  lapso,  sin  concederle  la suspensión condicional de la ejecución de la pena.  También   la   condenó   a   cancelar  en  favor  de  la  aseguradora  Royal  & Sunalliance la suma de  $50.474.459,oo    debidamente   indexada  desde  el  26  de  mayo  de  2005  hasta  cuando  se  efectúe el  pago.   

   

En virtud del recurso de apelación promovido  por  el  defensor  de la procesada, el Tribunal Superior de Bucaramanga mediante  sentencia  de  26  de  agosto  de  2011 confirmó la condena, razón por la cual  insiste  el  mismo  sujeto  procesal al impugnar de manera extraordinaria con la  respectiva   demanda   de   casación,   de   cuya  admisibilidad  se  ocupa  la  Sala.   

DEMANDA  

Postula  un  cargo  al  amparo  de  la causal  primera  de  casación,  prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por  violación  directa  de  la  ley  sustancial ante la aplicación indebida de los  artículos   9°;   10°;   239,   241,   numeral   2°;   y   289   de  Código  Penal.   

Aduce  que  la  conducta  desplegada  por  su  asistida  no  era idónea para producir el resultado porque tenía autorización  de  sus superiores para hacer las transacciones electrónicas y obrar así de la  forma en que lo hizo.   

Pone de presente que la procesada fue llevada  a  la  dirección  financiera  de  la empresa y tras ser presionada “le  arrancaron  unos  descargos que no cumplen con los requisitos  de  descargos  laborales” y la que por ser sólo una  diligencia  administrativa  no  puede  ser  catalogada como prueba en el aspecto  penal.   

Asevera  que  ya  en  el juicio clarificó la  situación  al  indicar  que  todo correspondía a los acuerdos verbales con sus  superiores   que   la   avalaron   para   realizar  transacciones  electrónicas  contabilizadas  como  comisiones  o fletes para evadir el pago del impuesto y de  la  cuenta  del  cuatro por mil hacia su cuenta personal y a las de los Doctores  Jaime Liévano Camargo y Luz Elena Rodríguez.   

Que así lo dejó entrever en su declaración  la  Jefe  de  Recursos  Humanos,  María  Elisa Olava al afirmar que a Luz Elena  Rodríguez le autorizaron unos pagos por concepto de fletes.   

De  esta  forma, el defensor denuncia que los  superiores  de la procesada no fueron citados a fin de ratificar o desvirtuar lo  señalado  por  ella, ante lo cual se consolidaría su dicho, pues ante la falta  de  una  investigación  integral  no  se  puede  acreditar la ocurrencia ni del  hurto, ni de la falsedad.   

Por  lo  tanto,  solicita  a la Sala casar la  sentencia a fin de absolver a la procesada.   

ALEGACIONES DE LOS NO RECURRENTES  

El apoderado de la parte civil se opone a la  pretensión  del  demandante  al  argumentar  que  no  consulta la razón que la  incriminada  sólo hasta el 4 de mayo de 2010 en la audiencia pública recordara  que  los  dineros  que  ella  depositó  en  sus  cuentas  personales estuvieran  autorizados    por    sus    superiores    como    parte   de   pago   por   sus  servicios.   

Refuta  al  impugnante  cuando  dice  que no  fueron  citados  a  declarar los superiores de la procesada, porque precisamente  los  mismos  directivos  la llamaron a rendir descargos, exigieron su renuncia y  la denunciaron penalmente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Con  la denuncia de violación directa de la  ley  sustancial  pretende  el defensor anular la responsabilidad predicada de su  defendida  en  los delitos de hurto agravado y falsedad en documento privado, no  obstante,  el  desarrollo  que  le  imprime  a  la censura resulta a todas luces  desafortunado con la técnica que rige esta extraordinaria sede.   

Cuando se opta por esa vía el argumento debe  demostrar  exclusivamente  un  yerro de juicio respecto de la norma que se ocupa  de  regular  el  supuesto  fáctico  en  concreto.  Dicho  error  puede  ser  de  selección   normativa   al   radicar   en  la  existencia  de  la  disposición  (falta     de     aplicación     o     exclusión  evidente),  por  una  equivocada  adecuación  de  los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación   indebida),   o  bien,  de  carácter  hermenéutico  al  darle  un  sentido  que  no  tiene  o  errar en su  significado (interpretación errónea).   

Al recaer el yerro de los juzgadores de manera  directa  sobre  la  normatividad,  el  debate  se  circunscribe  netamente  a lo  jurídico   para   de   esa  manera  evidenciar  que:  i)  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador de la  situación  específica  demostrada,  ii) tal  hecho se ajustaba a otra disposición normativa, o iii)  se desbordó el alcance de la norma  aplicada  al caso concreto, lo cual exige necesariamente aceptar la apreciación  y declaración de los hechos realizada por los juzgadores.   

En cambio, cuando la discrepancia versa sobre  la  actividad  probatoria  y la valoración por parte de los falladores, la vía  de  ataque  legalmente  adecuada  es la indirecta, ya que a la infracción de la  ley  sustancial se llega de manera mediata, esto es, a través de la infracción  directa de las normas que regulan el ámbito probatorio.   

En  este  caso, el defensor echa en falta las  declaraciones  de  los  superiores  de  su  defendida que habrían corroborado o  desvirtuado   la   afirmación   de   ésta  acerca  de  que  las  transacciones  electrónicas  que  permitieron  que  dineros de la compañía terminaran en sus  cuentas  personales  obedeció  a la autorización de aquéllos, postura alejada  de  la  fundamentación  lógica  que se debe observar tratándose de violación  directa  de  la  ley  sustancial por cuanto no respeta los hechos ni las pruebas  como fueron aprehendidas y estimadas por el Tribunal.   

Contrario  a demostrar el error de selección  normativa  del  juzgador,  repara  en  que  no  se  adelantó una investigación  integral,  pero  sin denotar la procedencia e incidencia de las pruebas omitidas  para  acreditar  la  verdad de los hechos en cuanto sólo anota que con ellas se  habría   corroborado   o   contrarrestado    la   manifestación   de   la  procesada.   

La  Sala de tiempo atrás ha insistido en que  la  pretermisión  del  deber  de  investigación  integral  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales  es  un  vicio  de  estructura  en cuanto se constituye  legalmente   en   pilar   fundamental  del  debido  proceso  ante  el  carácter  teleológico  de  la instrucción de establecer la verdad real de los hechos, lo  cual  se  logra  mediante  un  ejercicio imparcial y objetivo a fin de recopilar  elementos   de   juicio   necesarios   para   acreditar   la   realidad   de  lo  acontecido.   

Y como en este caso, se trata de la omisión  en  la  práctica  de  pruebas,  el demandante tenía la carga de evidenciar que  éstas  contaban  con  la  capacidad  suficiente  para  modificar  la  decisión  atacada,  esto  es,  que de haberse practicado, el sentido de la decisión   sería  radicalmente  opuesto y beneficioso a los intereses que representa y que  se  imponía  la  anulación de lo actuado como único remedio procesal a fin de  incorporar esos novedosos elementos probatorios.   

Para el  Tribunal  la  materialidad  de  los delitos atentatorios de los  bienes  jurídicos  del  patrimonio  económico  y  la fe pública, así como la  responsabilidad  directa  de  BEATRIZ ELENA ANAYA ACUÑA se estableció  no sólo con los descargos que ella  rindió  ante  la  Directora  de  Gestión  Humana de Avidesa Mac Pollo S.A., en  los  que  reconoció  haber  abusado  de la confianza  depositada  para desviar fondos de la empresa a sus cuentas personales, sino con  la  denuncia,  los  extractos  bancarios,  el  informe  del  Cuerpo  Técnico de  Investigación  de  la  Fiscalía  General  de  la Nación, así como con varios  testimonios, como  el  de  María  Elisa Olave Martínez Directora de Gestión Humana acerca de que  la  Tesorera  admitió  haber  tomado  dineros de la compañía para sus cuentas  personales  y  que  estaba  apenada por haber abusado de la confianza, agregando  que  era imposible que recibiera las transacciones como parte de su salario pues  todos  los  pagos se hacían por nómina, o el de Alba  Luz  Dary Saavedra Molano, Auxiliar del Departamento de Auditoría de la entidad  en  el  sentido  que  las  transacciones  extraordinarias nunca eran autorizadas  verbalmente,  sino que se necesitaba un soporte certificado por la gerencia o el  jefe inmediato.   

Por         ello,    esa  Corporación   desestimó  la  exculpación  tardía  de  la  procesada  en  los  siguientes términos:   

“Beatriz  Elena Anaya Acuña planteó una  hipótesis  totalmente  distinta  a  la  propuesta  por el agente acusador, pues  expuso  que a pesar de aceptar haber transferido      algunos      fondos      de     la     empresa    denunciante   a   sus   cuentas  personales      durante      una  audiencia de descargos adelantada en  dicha  entidad, suscribiendo  un  acta  con  todos esos datos, y además, entregar un vehículo para saldar la  deuda  contraída, lo cierto  era  que  nunca  cometió  algún  delito  en  la medida que la transferencia  de  los  dineros  a  su  cuenta  personal  fue  autorizada  por  sus superiores, quienes buscaban reducir el pago  de impuestos y gravámenes,  relato  que resulta absurdo,  inverosímil,   carente   de  sustento  probatorio,  de  cierta  forma  ajeno  a  esta    actuación   y  contrario a lo              que  surge  del  análisis  de  los demás  elementos         de        persuasión  legalmente              recaudados.   

“Por supuesto,  lo  primero por decir es que si tal cosa fuera cierta, la empresa perjudicada no  habría instaurado denuncia  alguna  o  aceptado un vehículo como pago parcial de  la  deuda y menos habría  proseguido     durante     todo     el     proceso     penal    arriesgando su reputación.   

“Igualmente,  ante  todo  esto,  la encausada desde un comienzo y sin advertir la comisión de  un       delito,       habría       alegado       tales      circunstancias  ante  las autoridades, denunciando  lo  sucedido  con  el  ánimo  de  resguardar  su  nombre,  pues ninguna persona  con      estudios  universitarios     [Economía],         y       maestría    permitiría    ser    humillada    mediante    acusaciones  falsas”.   

La forma de censurar el fallo por la que opta  el  libelista  es ajena al ámbito casacional, pues no resulta adecuado intentar  reabrir  el  debate  ya  clausurado  en  el curso de las instancias encaminado a  construir conjeturas indemostradas.   

Finalmente,  la  Corporación  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o en el fallo  impugnado  violación  de  derechos  o  garantías de  la  procesada,  como  para  que  se hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa  que  le  asiste  a  fin  de  asegurar  su  protección  en  los  términos  del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En mérito de lo expuesto, la Sala Penal de la  Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor   

de  BEATRIZ  ELENA  ANAYA  ACUÑA,  por  las  razones dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

       Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

Excusa justificada  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                     MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                        

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    LUIS           GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                       

Excusa justificada  

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Excusa justificada  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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