38095(23-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 38095  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 198-  

Bogotá,   D.C.,  veintitrés  (23   ) de mayo de dos mil doce (2012).  

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  Álvaro  Antonio  Fernández  Díaz,  Eris  de  Jesús Lozano Licona  y  Kelly  Johana  Ballestas  Escorcia    por    una    parte,    y   Dagoberto   Manotas   Barraza  contra  la  sentencia  dictada  el  19  de septiembre de 2011 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Barranquilla  que  confirmó  la proferida el 19 de mayo del mismo  año,  por  el Juzgado Sexto Penal del Circuito con funciones de conocimiento de  esa  ciudad,  que condenó a los dos primeros en calidad de autores responsables  de  los delitos de usurpación de derechos de propiedad industrial y derechos de  obtentores   de   variedades  vegetales,  corrupción  de  alimentos,  productos  médicos  o  material  profiláctico  y concierto para delinquir, a la siguiente  persona,  por  el  segundo ilícito señalado y al último, por los dos primeros  injustos mencionados e ilícita explotación comercial.   

ANTECEDENTES  

1.   Con   ocasión   de  una  información  suministrada  por  una fuente humana, se inició una investigación por miembros  de  policía judicial que involucró interceptaciones telefónicas, seguimientos  pasivos  y  registros y allanamientos a través de los cuales se conoció de una  organización   criminal   dedicada   a   la   alteración  y  comercialización  clandestina  de  medicamentos  falsificados, extranjeros y de uso institucional.  Esta  banda  estaba  integrada  por  Alí Junior de Armas Acuña, Samir Amín de  Armas  Acuña,  Karen  Ramírez  Correa,  Deivis  Villero  Cabana,  Jaime Gómez  Martínez,  Kelly Ballestas Escorcia, Dagoberto Manotas  Barraza,   Álvaro   Fernández   Díaz,   Eris   de  Jesús  Lozano y Javier Solano Rivera.   

2. Ante el Juzgado Primero Penal Municipal con  funciones  de  control  de garantías de Barranquilla, el 15 de febrero de 2009,  la  Fiscalía  General  de la Nación a través de su delegada le imputó a Alí  Junior  de  Armas  Acuña,  Samir  Amín de Armas Acuña, Karen Ramírez Correa,  Deivis   Villero  Cabana,  Jaime  Gómez  Martínez1  las  conductas  punibles  de  usurpación  de  derechos  de  propiedad  industrial y derechos de obtentores de  variedades  vegetales,  corrupción  de alimentos, productos médicos o material  profiláctico,  imitación  o simulación de alimentos, productos o sustancias y  concierto  para  delinquir,  descritas en los artículos 306, 372, 373 y 340 del  Código  Penal;  a Kelly Ballestas Escorcia  los  tres primeros delitos y, a Dagoberto  Manotas       Barraza,      Álvaro      Fernández      Díaz      y   Eris  de  Jesús  Lozano,  todos  los  injustos  referidos  más  el de ilícita explotación  comercial  previsto  en  el  artículo  303  ejúsdem,  y a Javier Solano Rivera  también los mismos reatos, menos el consagrado en el canon 303.   

Los  imputados  aceptaron  parcialmente  los  cargos de la siguiente manera:   

i) Alí Junior de Armas Acuña, Samir Amín de  Armas  Acuña,  Karen  Ramírez  Correa,  Deivis  Villero  Cabana,  Jaime Gómez  Martínez,   Álvaro   Fernández   Díaz,   Eris   de  Jesús  Lozano  y  Javier  Solano Rivera los delitos de usurpación de derechos de  propiedad   industrial   y  derechos  de  obtentores  de  variedades  vegetales,  corrupción   de  alimentos,  productos  médicos  o  material  profiláctico  y  concierto para delinquir.   

ii)  Kelly Ballestas  Escorcia  el  ilícito  de  corrupción  de alimentos,  productos médicos o material profiláctico.   

iii)   Dagoberto  Manotas  Barraza los punibles de ilícita explotación  comercial,  usurpación  de  derechos  de  propiedad  industrial  y  derechos de  obtentores  de  variedades  vegetales  y,  corrupción  de  alimentos, productos  médicos o material profiláctico   

3. El 5 de mayo de 2011, ante el Juzgado Sexto  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de Barranquilla se celebró la  correspondiente  audiencia de individualización de pena y sentencia2.   

4. Mediante sentencia del 19 de mayo de 2011,  el  Juez  condenó  a  Alí Junior de Armas Acuña, Samir Amín de Armas Acuña,  Karen  Ramírez  Correa,  Deivis Villero Cabana, Jaime Eduardo Gómez Martínez,  Álvaro    Antonio    Fernández   Díaz,  Eris de Jesús Lozano Licona  y Javier Jesús Solano Rivera en calidad de coautores responsables  de  los delitos de usurpación de derechos de propiedad industrial y derechos de  obtentores   de   variedades  vegetales,  corrupción  de  alimentos,  productos  médicos  o  material  profiláctico  y  concierto  para  delinquir, a las penas  principales  de cincuenta y seis (56) meses y cinco (5) días de prisión, multa  de  169.6 salarios mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  la  profesión de auxiliar de farmacia o comercio de medicamentos  por   el   término  de  treinta  y  siete  (37)  meses  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la  sanción   privativa   de   la  libertad.  Además,  les  negó  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena. La prisión domiciliaria se la negó a  Alí  Junior  de  Armas  Acuña,  Karen Lorena Ramírez Correa y, Deivis Villero  Cabana.   

Igualmente,   sentenció   a   Dagoberto  Manotas  Barraza  como  coautor  responsable  de  los injustos de ilícita explotación comercial, usurpación de  derechos  de  propiedad  industrial  y  derechos  de  obtentores  de  variedades  vegetales   y   corrupción   de   alimentos,   productos  médicos  o  material  profiláctico  a  las  penas  principales  de  cuarenta  y  nueve  (49)  meses y  veinticuatro  (24)  días de prisión, multa de 180.2 s.l.m.v. e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  la  profesión  de  auxiliar  de farmacia o comercio de  medicamentos  por  el  lapso  de  treinta y siete (37) meses y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo término de la pena privativa de la libertad.   

Por último, condenó a Kelly Johana Ballestas  Escorcia  a  la  sanción  de  treinta  y  siete  (37) meses y tres (3) días de  prisión,   multa   de   ciento   cincuenta   y  nueve  (159)  s.m.l.m.v.,   inhabilitación  para  el  ejercicio  de la profesión de auxiliar de farmacia o  comercio  de  medicamentos  por el término de treinta y siete (37) meses y a la  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el  mismo  período  de la pena privativa de la libertad3.   

5.  Recurrido  el fallo por los defensores de  los  procesados,  fue  confirmado  por  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de  Barranquilla   en   sentencia   del   19   de   septiembre  de  20114.   

6.  La defensa técnica de Dagoberto Manotas  Barraza  por  una parte y la de Álvaro Antonio Fernández Díaz, Eris de Jesús  Lozano    Licona    y    Kelly    Johana    Ballestas    Escorcia    por   otra,  interpusieron5   y   sustentaron  dentro  de  la  oportunidad  legal  el  recurso  extraordinario          de         casación6.   

7. Como quiera que el defensor de Alí Junior  de  Armas  Acuña,  Samir Amín de Armas Acuña y Karen Ramírez Correa también  presentó  demanda  de casación pero ella fue extemporánea, así fue declarado  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Barranquilla en auto del 17 de  noviembre             de             20117.   

8.   El   expediente  fue  remitido  a  la  Corte.   

LAS DEMANDAS  

1.  A  favor  de  Álvaro  Antonio Fernández  Díaz,    Eris    de   Jesús   Lozano   Licona   y   Kelly   Johana   Ballestas  Escorcia.   

El   recurrente  identifica  las  partes  e  intervinientes  y  la  sentencia impugnada, sintetiza los hechos y la actuación  procesal,   explica   que   el  recurso  tiene  como  finalidad  “obtener  la  efectividad  del  derecho material y el respeto de las  garantías   que  les  asiste  a  [sus]  apadrinados  dentro  de  la  actuación  (…)”8  y cita algunos apartes de las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia para a continuación postular dos  cargos,  el  primero,  conforme  a la causal segunda del artículo 181 de la Ley  906 de 2004 y el segundo, por la senda de la causal primera.   

Primer cargo.  

El actor acusa a los sentenciadores de ignorar  que  la  actuación  estaba  viciada  de  nulidad  por cuanto se inadvirtió que  jamás  se  resolvió  el recurso de apelación oportunamente interpuesto contra  la  decisión  del juez de control de garantías que legalizó la captura de sus  prohijados.   

En ese orden, considera que se desconoció la  estructura  del proceso y el derecho de defensa, pues se pretermitió una de las  formas  propias del juicio, “cual es la de acudir al  superior  jerárquico para que estudie si la postura de la defensa o la del juez  es    la    que    triunfa    frente    al    punto    de   tensión”9.  En  cambio,  hace notar que al recurso que la Fiscalía interpuso  contra  la negativa de imponer medida de aseguramiento a los imputados sí se le  dio  trámite,  al  punto que la decisión correspondiente la adoptó el Juzgado  Primero   Penal   del   Circuito   Adjunto  con  funciones  de  conocimiento  de  Barranquilla  el 30 de junio de 2010, en el sentido de confirmar la decisión de  primer nivel.   

Precisa  que  al  inicio  de  la audiencia de  verificación  del  allanamiento,  la  juzgadora  se  negó a dar aplicación al  artículo  339  del  Código de Procedimiento Penal por cuanto consideró que el  asunto  estaba  regido  por  los  artículos  351 y 447 ejúsdem y que cualquier  oposición   se  debería  formular  en  el  recurso  de  apelación  contra  la  sentencia.   

Tras citar los artículos 457 de la Ley 906 de  2004  y  29  de  la  Constitución  Política  y  jurisprudencia  de  la Sala de  Casación  Penal  sobre  nulidades  afirma  a fin de establecer la fase procesal  desde  la  cual  está  viciado  el  proceso  que,  desde  un inicio, la defensa  señaló  que  los  mínimos  elementos materiales probatorios recaudados en los  allanamientos  “no  tenían  la fortaleza como para  proceder  a  hacer las imputaciones (tipicidad), dado la ausencia de diligencias  de  inspección  judicial  practicada  por  peritos  oficiales,  ya que en aquel  entonces  sólo  existían  los  dichos parcializados de los peritos adscritos a  algunos  de  los  laboratorios  farmacológicos que se dice resultaran afectados  (…)”10,  tanto  así  que  la fiscal  admitió  durante  la  audiencia  de  formulación que es deseable contar con un  laboratorio  de  peritos  que  pueda participar en los allanamientos, admitiendo  así esa falencia.   

Justamente,  a  la  defensa  le  interesaba  argumentar  en  la  alzada  que  la  Fiscalía  carecía  de las “pruebas”11   que   le  sirvieran  para  “solicitar  la  legalización de dichas capturas, o  aprehensiones       (tipificación)”12, y que solo  contaba  con  “supuestos  y afirmaciones basadas en  sospechas  y  simples conjeturas o en dichos de terceros ajenos al proceso y con  claros   intereses,   por   no  contar  con  la  calidad  de  peritos  oficiales  (…)”13.   

Añade que de haberse declarado la ilegalidad  de  las aprehensiones por no estar probado que los elementos incautados tuvieran  la  calidad de espurios ni que las voces contenidas en los audios correspondían  a  las  de sus prohijados por no existir el respectivo cotejo de voz, se hubiera  concluido  que  por  sustracción  de  materia, la imputación perdió la fuerza  legal   y   vinculante  para  que  el  preacuerdo  sirviera  para  dictar  fallo  condenatorio, debiendo entonces, rehacerse el procedimiento.   

De  otro  lado,  destaca que la defensa dejó  constancia  de  estar  en desacuerdo con que se hubiera omitido por parte de los  miembros  de la DIJIN poner a los capturados a disposición de la Fiscalía URI,  en  tanto  se  esperó a que la fiscal del caso de Bogotá se trasladara con tal  propósito.   

Resalta   también   la   “incuria”14  en  el  trámite  de  este  proceso,  dilación  que no se generó por la defensa y que de no haber ocurrido  habría   generado   el  reconocimiento  de  la  vulneración  de  los  derechos  constitucionales  y legales (no dice cuáles) de los capturados por parte de los  miembros  de  policía  judicial  y  de  la  falta  de  fuerza  de los elementos  materiales probatorios.   

Afirma  que no hay otro remedio procesal para  subsanar  el  yerro  denunciado  y tampoco puede ser convalidado porque en dicho  recurso,  la  defensa  tenía  fincadas  sus  esperanzas  de  que la imputación  perdiera  validez,  sin  que en ello tenga relevancia que a los procesados no se  les   haya   impuesto   medida   de   aseguramiento   de  detención  preventiva  intramural.   

Finalmente  critica  al  juez  de  control de  garantías  por  legalizar  las capturas, “sin haber  echado  una revisión de los EMP abrazados por la fiscalía para indicar que las  conductas   imputadas   eran   punibles”15.   

Solicita casar la sentencia impugnada para que  se   declare   la   violación   del  debido  proceso  y  se  surta  el  recurso  omitido.   

Segundo cargo.  

Acusa  el fallo condenatorio por incurrir en  “falta  de  aplicación, interpretación errónea o  aplicación   indebida   de   una   norma   del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal llamada a regular el caso que necesariamente el juez de  condena  debía  conjugar,  a  efecto  de  llegar  a la conclusión que existía  mínima  prueba  para  optar por la condena impuesta, es decir, se desconocieron  los    contenidos    de    los    artículos    7º,   381   y   327”16.   

Luego de señalar que el juez de conocimiento  está  obligado  a  verificar  los  allanamientos  o los preacuerdos en punto de  constatar  que  se trató de una manifestación voluntaria, libre, espontánea y  debidamente  informada  o  asesorada  por  el  defensor, que no vulnera derechos  fundamentales  al  procesado  y  que  existe un mínimo de prueba que le permita  inferir  la  autoría  o  participación  del  implicado  en  la comisión de la  conducta  punible  y  la  tipicidad,  destaca  que  los  delitos imputados a sus  prohijados  son de mero peligro y que no obstante que al aceptar la culpabilidad  sobre  los  mismos,  la  actividad probatoria del Estado cesa, ello no significa  que  el  juez de la causa “acepte que esté dado por  hecho  esa  conducta  que  transgrede los límites del derecho penal”17.   

Enseguida avanza hacia una disertación sobre  los  delitos  de  peligro  para concluir que los elementos incautados no tenían  esa   connotación   pues   no   fueron   encontrados  en  los  estantes  de  un  establecimiento  que  se  dedique  a  su  expendio sino en una residencia que no  tiene  logotipos. Por eso, cree que se sobredimensionó el peligro, en la medida  que  era  difícil  que este ocurriera, sobre todo si los medicamentos no fueron  examinados  científicamente por el INVIMA o Distrisalud como para otorgarles la  calidad  de  caducos  o  alterados  en  los  términos del Decreto 677 de 1995 y  tampoco  se  practicó  un  cotejo  de voces -pese a que las interceptaciones se  hicieron  desde  meses atrás- mediante el cual se pudiera endilgar el delito de  concierto para delinquir simple.   

En  este  punto,  destaca  que  si  bien  se  establece   que   la  inferencia  razonable  debe  estar  fundada  en  elementos  materiales     probatorios     mínimos,     aquella     debe    “devenir   de   una   actividad   probatoria   llevada  ex    ante   por   la   Fiscalía,   no  ex   post”18   como  ocurrió  en  este  caso, cuando solo después de las audiencias concentradas es  que  se  citó  a sus representados para tomarles muestras de voz a fin de hacer  el respectivo cotejo.   

Critica  que  para  los juzgadores haya sido  suficiente  que  los  procesados  se  allanaran a los cargos, dejando de lado el  estudio  de  la  existencia o no del mínimo material probatorio para impartirle  legalidad al allanamiento.   

Al  togado  le inquieta que el Tribunal haya  tenido   que   pedir  la  remisión  de  los  elementos  materiales  probatorios  recaudados  en  la  investigación y se pregunta si sería que le surgió alguna  duda sobre este tópico.   

Pide casar la sentencia confutada y absolver  a sus asistidos.   

2.   A   favor   de   Dagoberto   Manotas  Barraza.   

Luego  de  identificar  al  procesado  y  la  sentencia  impugnada  y reseñar los hechos y la actuación procesal se apoya en  la  causal  primera  para invocar la falta de aplicación de los artículos 10 y  11   de  la  Ley  599  de  2000,  en  punto  de  los  principios  de  tipicidad,  antijuridicidad material y lesividad.   

Al  efecto, expresa que durante la audiencia  de  formulación  de  la  imputación,  su  prohijado aceptó los cargos por los  delitos  descritos en los artículos 306 y 372 del Código Penal “sin  existir  en  su  conducta adecuación típica ni la anti (sic)  juridicidad  material  que  exige  la  dogmática  del tipo penal en cuanto a la  objetividad  del principio de lesividad”19,  respecto  de  los  bienes  jurídicos  protegidos  (orden  económico  y  social  y  salud  pública).   

Para  demostrar el reproche trae a colación  la  censurable  práctica  de la Fiscalía de imputar un gran número de delitos  sin  los  elementos  de  convicción  mínimos  para  inferir  razonadamente  la  comisión  de  un  delito, lo cual, asegura, ocurrió en este caso, de tal forma  que  le  imputó  4  infracciones penales, pero, luego, solicitó la preclusión  por  los  injustos  de  imitación  o  simulación  de  alimentos,  productos  o  sustancias y concierto para delinquir.   

Frente  al delito de usurpación de derechos  de  propiedad  industrial y derechos de obtentores de variedades vegetales, tras  aludir  a  sus  elementos  normativos,  predica que no se le podía imputar a su  asistido   dicha  conducta  punible  pues  solo  se  encontró  una  unidad  del  medicamento   llamado   “FUZOL   PAULY”   que  respondía  a  una  muestra  médica  fabricada  por  el  laboratorio   correspondiente,   sino  la  de  ilícita  explotación  comercial  consagrada  en  el  artículo  303  ejúsdem.  De  esta  manera  se  vulneró el  principio de legalidad en su componente de estricta tipicidad.   

Además,   tampoco   está  satisfecho  el  postulado  de  antijuridicidad  material  ya que teniendo dicho medicamento como  componente  activo  el  fluconazol de 150 mg. y un valor comercial que no supera  los  $20.000,  no  “posee valor agregado susceptible  de   ser  apreciado  por  la  delincuencia  para  usurpar  su  marca”20,  dada  la  aplicación del  axioma      de      “insignificancia”21,  pues  carece de lesividad  respecto del orden económico y social.   

Por su parte, en cuanto se refiere al delito  de  corrupción  de  alimentos, productos médicos o material profiláctico, que  se  le imputó a su defendido porque en el registro y allanamiento practicado en  la   droguería  de  su  propiedad  se  encontraron  2  anemidox,  1  iruxol,  1  cetirrinol,  1  endotelon  y  2  diovan,  que  habían  expirado, destaca que la  Fiscalía  omitió  señalar  que  esos  productos  no estaban exhibidos para la  venta  sino  en  el  área  señalada  para  la  devolución  y  destrucción de  residuos,  lo  que se hace en cumplimiento de la resolución 1403 del 14 de mayo  de  2007  del  Ministerio  de  Protección  Social,  por la cual se determina el  modelo de gestión del servicio farmacéutico.   

Como  este  es un delito de resultado que no  solo  requiere  que  el producto farmacéutico haya vencido sino que la fecha de  expiración  haya  sido alterada por el actor o que se esté distribuyendo a los  consumidores  y,  en  el  caso  concreto,  los  experticios  no relevaron que se  hubieran  manipulado  las  fechas de caducidad, ni se puede inferir que hubieran  estado  para  la  venta  y  tampoco ha ocurrido el acto de tradición, entonces,  estima   que   el   comportamiento  de  su  apadrinado  no  se  adecua  a  dicho  injusto.   

Así mismo, recuerda que es imposible tratar  de  vender  un  medicamento vencido, porque lo primero que hace el consumidor es  revisar   la   fecha   de   vencimiento.  Por  lo  tanto,  como  “se  evidencia  la ausencia de dolo que se requiere en la estructura  subjetiva    del    tipo,    aunque    objetivamente    se    adecue”22,  se  vulneró el artículo  10º  de  la  Ley  599  de 2000, porque bastó la simple relación de causalidad  material, para imputarle a su prohijado el delito.   

Por  último,  en  un  acápite  que  titula  “CUMPLIMIENTO    DE   LAS   FINALIDADES   DE   LA  CASACIÓN”23  indica  que pretende hacer  “prevalecer  la  efectividad  del  derecho material  ceñido     a     la     estructura    de    los    tipos    penales”24 y el respeto de la dignidad  humana de su prohijado.   

CONSIDERACIONES  

Al  tenor de lo dispuesto en el artículo 180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene como  finalidad  “la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos,   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”.   

Con      tal     propósito,     el    inciso    2º    del  artículo  184  ejúsdem  fijó las reglas mínimas  de   admisión  de  la  correspondiente   demanda,  estableciendo  que  no  se  seleccionará    aquella   que   i)   carezca   de  interés   para   acceder   al  recurso,  ii)  no  invoque  la  causal  conforme  a la cual se edifica el  reproche  de  las  contempladas  en  el artículo 181  ibídem,   iii)   omita   desarrollar   los  cargos  correspondientes   o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer  que  no  se  requiere  de  la sentencia para cumplir las finalidades  previstas  en  el aludido artículo 180; lo anterior,  salvo  que  el  cumplimiento  de alguno de esos fines permita a la Corte superar  los      defectos  técnicos   que  exhiba  el  libelo  y  decidir  de  fondo.   

También  tiene  decantado  la  jurisprudencia  que  la demanda debe ser  íntegra  en  su  formulación,  suficiente,  clara y precisa en su desarrollo y  eficaz  en  la pretensión, de tal suerte que se debe soportar en los principios  que  rigen  el recurso extraordinario, en especial, los de claridad, precisión,  fundamentación  debida,  prioridad, no contradicción y autonomía, sin que sea  viable  argumentar a la manera de un alegato de instancia.  La proposición  de  los  cargos  exige  escoger  adecuadamente  la  causal  y  el  sentido de la  violación y, concretar el disenso en términos de trascendencia.   

Las demandas que nos ocupan no solo exhiben la  ausencia   de   interés   de   los   togados   para   acceder   al  recurso  de  casación25     sino     que     dejaron     de     identificar    razonadamente  cuál  es  la finalidad  específica    de    la    impugnación,   de   aquellas  descritas  en  el  referido  artículo   180   y  tampoco  satisfacen  los  requisitos  mínimos  que exige el referido canon 184 para su admisión en punto  de   cada  uno  de  los  cargos  invocados  y,  por  lo  tanto,  no  pueden  ser  seleccionadas. Las razones son las siguientes:   

1. Sobre el interés para recurrir.  

1.1. Constituye presupuesto de procedibilidad  del  recurso  extraordinario  de  casación al tenor del artículo 184 de la Ley  906  de  2004  que  quien  promueve  la  demanda esté legitimado para incoar la  impugnación.   

Dicha legitimación o interés jurídico para  recurrir  en casación se deriva del comprobado ejercicio del derecho de defensa  en  sus  componentes  de contradicción y doble instancia, materializado en tres  hipótesis:  i)  el  efectivo  agotamiento  del  recurso de apelación contra la  sentencia  de  primer nivel, ii) la correspondencia o sincronía temática entre  el  motivo  de  impugnación  elevado ante el juzgador de segundo grado y el que  soporta  la  reclamación en sede extraordinaria y, iii) la limitación del tema  de  disenso  a  la  dosificación  de la pena, los mecanismos sustitutivos de la  pena  privativa  de  la  libertad, defectos de congruencia entre los cargos y la  sentencia  y  la  vulneración  de garantías esenciales, cuando el procesado se  allana a los cargos imputados por la Fiscalía.   

En verdad, cuando el proceso penal culmina por  virtud  de  alguno  de  los mecanismos de terminación anticipada, el primero de  los  presupuestos  de  admisión  que  debe  ser examinado es el relativo al del  interés  para  recurrir,  en  tanto  es  el agravio o perjuicio sufrido por una  parte  o  interviniente  el que lo habilita para impugnar la decisión que le es  desfavorable, en todo o en parte a sus pretensiones.   

En  ésta hipótesis, el ciudadano pierde por  razón  de  la  manifestación  voluntaria  de responsabilidad la oportunidad de  controvertir  cuanto sea inmanente a los términos de la imputación, quedando a  salvo   la   posibilidad   de   discutir   exclusivamente   los   temas  recién  mencionados.   

En   efecto,  al  tenor  del  principio  de  irretractabilidad   descrito   en   el   artículo   293   ejúsdem,  de forma constante y reiterada la Sala  se  ha  ocupado  de  precisar  que  no  es  posible  discutir o controvertir los  términos  del allanamiento o de los acuerdos “ya en  forma  directa,  como  cuando  se  hace  expresa  manifestación  de deshacer el  convenio,  o  de  manera  indirecta,  como cuando a futuro se discuten expresa o  veladamente      sus      términos.”26   

1.2. Justamente, esto es lo que ocurre en los  dos  cargos  de la demanda promovida a favor de Álvaro  Antonio   Fernández   Díaz,   Eris   de   Jesús  Lozano  Licona  y      Kelly      Johana     Ballestas  Escorcia  y  en  el único cargo que soporta el libelo  presentado    respecto    de    Dagoberto    Manotas  Barraza, pues ya sea por la vía de la nulidad o de la  violación                  directa27,  los togados se dedicaron a  criticar  los  términos de la imputación aceptada por los procesados y acogida  en las instancias.   

Siendo  ello así, si la argumentación está  nítidamente   dirigida  a  soportar  la  retractación  frente  a  los  delitos  admitidos,   la   falta   de  interés  de  los  defensores  para  procurar  una  declaración    de    inocencia    frente    a    sus   representados,   refulge  clara.   

Nótese como ningún reparo hicieron frente a  la  dosificación de la pena, los mecanismos sustitutivos de la sanción penal o  a  la  congruencia  entre  la  imputación  y  el fallo condenatorio. Y si bien,  aludieron  al  quebranto  de las garantías fundamentales de los enjuiciados, no  demostraron  vicios  tales  que persuadan a la Corte para de conformidad con los  fines de la casación dar curso a las demandas.   

Lo  dicho  es  suficiente  para inadmitir los  libelos.  Sin  embargo,  una  aproximación a los cargos deja ver que tampoco se  sometieron  a  los  criterios lógico jurídicos que informan la casación, como  pasa a verse.   

2.  A  favor  de  Álvaro  Antonio Fernández  Díaz,    Eris    de   Jesús   Lozano   Licona   y   Kelly   Johana   Ballestas  Escorcia.   

2.1. Primer cargo.  

2.1.1. La acreditación de las nulidades está  atada  a  la  comprobación  cierta  de  yerros  de  garantía  o  de estructura  insalvables  que  hagan  que  la  actuación y la decisión de segunda instancia  pierdan  toda  validez  formal  y  material, por lo que corresponde al libelista  expresar  conforme  al  principio de taxatividad la irregularidad sustancial que  afecta  la  actuación,  determinar la forma en que ella rompe la estructura del  proceso  o  afecta  las  garantías  de los intervinientes, la fase en la que se  produjeron  y  demostrar que ninguno de los principios que rigen la declaración  de las nulidades ha operado en el caso concreto .   

Ahora,  si  el vicio denunciado corresponde a  una  violación  del  debido  proceso,  es necesario que el actor identifique la  irregularidad  sustancial  que  alteró el rito legal, pero si afecta el derecho  de  defensa,  se  debe  especificar la actuación que lesionó esa garantía; en  cada  hipótesis,  la  argumentación  debe  estar  acompañada  de la solución  respectiva.   

Igualmente,  la fundamentación del ataque se  debe  hacer  a  la  luz  de  los  postulados  que  rigen  la declaración de las  nulidades,   esto   es,   los   de   convalidación28,   protección29,  instrumentalidad       de       las      formas30,  trascendencia31     y  residualidad32,  pues  si se avizora que el defecto denunciado no logra afectar en  grado  sumo  el  desarrollo de la actuación, ni alterar lo decidido en el fallo  censurado, no hay lugar a la admisión del reproche.   

2.1.2. Aunque el  censor  enuncia  la  causal  de casación     en     la     que     apoya    el    disenso    –segunda-     y     apoya     la  pretensión  de  nulidad  en  el  artículo  457  de la Ley 906 de 2004 según  el  cual  es  presupuesto  de  la  misma,  la  violación del derecho de defensa  o    del   debido   proceso   en   aspectos   sustanciales,   dejando  ver  que el motivo esencial de inconformidad radica en la falta  de   solución  de  un  recurso  de  apelación  formulado  por  la  defensa  contra   la   decisión  del  juez  de  control  de  garantías  mediante  la  cual legalizó  la  captura  de  los  procesados, lo  cierto  es que tal como se  anticipó  en el acápite  anterior,   el   reproche,   en  últimas,  pretende  desconocer      los      fundamentos      de      la      imputación.   

En  efecto, más  allá  de  la  ruptura  del  principio  de  la doble  instancia,   lo   que  el  censor  cuestiona  es  que  para  el  momento  de  la  audiencia      preliminar     concentrada     de  legalización  de  captura,  formulación     de     la     imputación    e  imposición   de   medida   de   aseguramiento,  no  existieran   suficientes  o  contundentes  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia   física   que   permitieran  hacer  una  inferencia  razonable de  tipicidad  y  autoría  o  participación  en  la  comisión  de  la  conducta  punible.   

De ésta manera,  es  la  asunción de responsabilidad por parte de sus  representados  lo  que  el  defensor  pretende  cambiar,  pretensión   que   justamente  está  prohibida  cuando    se    opta   por   el   allanamiento   a  cargos.   

Nótese como el  libelista  confunde  los  ámbitos de conocimiento y  decisión   de   cada   uno   de   los   institutos  jurídicos  tratados en esa diligencia, al punto que  hace  coincidir  argumentos de la crítica probatoria  y   de   la  adecuación  típica  propios del juicio, con los inherentes a la  legalización  de  captura, que en el caso concreto,  única    y    exclusivamente    tenían  que  ver con el cumplimiento de los requisitos para aprehender  a los indiciados en flagrancia.   

2.1.3.   La   intrascendencia  del cargo es palmaria porque incluso en el remoto extremo de que  se   hubiera   accedido   en   segunda  instancia  a  la  pretensión  del  censor  en  el  sentido  de  declarar  la ilegalidad de la  captura,    por    modo   alguno   la   imputación  vería  afectada  su validez, pues la única     consecuencia     de    una  decisión    como    aquella    sería   la   concesión  inmediata  de  la  libertad.  Además,  de  modo constante, la Corte ha  sostenido  que  ninguna  irregularidad  en  punto  de  la  captura da lugar a la  declaración  de  nulidad,  pues no corresponde a un  acto  de aquellos que de  forma rigurosa integra la estructura del proceso penal.   

En  este  sentido la Corte ha sostenido que  “la  captura es un acto  contingente  y  como  tal,  no  es presupuesto de ninguna actuación, dentro del  esquema  antecedente-consecuente  que  conforma  el  debido  proceso”33.   

En     la     misma    dirección    ha  reiterado:   

“Si fue ilegal o  no  la  captura,  tiene dicho la Corte desde antaño,  tal situación tiene  efectos  exclusivamente  frente  al  derecho  a  la  libertad,  de suerte que de  comprobarse  tal  situación,  corresponde  restablecerla,   para  lo  cual  existen  mecanismos  constitucionales  y  legales específicos, pero que en todo  caso,   tal eventual ilegalidad no tiene efectos directos y automáticos en  la validez del proceso penal.   

Así, de tiempo atrás la Corte tiene dicho  que34:   

“De  manera  pacífica,  uniforme  y reiterada, la Sala ha señalado que toda captura ilegal,  prolongación  ilícita  de  la  detención  preventiva o, en general, cualquier  afectación  al derecho de libertad, de ninguna manera tiene la fuerza de viciar  de nulidad el proceso:   

“[…]  una  vez  superado  el hecho que se  estima  irregular  […],  la  oportunidad para reclamar la libertad por captura  ilegal  o  la  prolongación ilegal de ella no sólo precluye sino que carece de  pontencialidad  para  anular  la  actuación,  en  tanto  que  dicho  defecto no  constituye  mácula que afecte las pruebas y diligencias válidamente recaudadas  y  practicadas, al punto que, en el evento de que alguno de tales desaciertos se  hubiere  configurado,  por  virtud del principio de trascendencia, carecería de  sentido    tener    que    anular   lo   actuado”35””36   

Así  mismo,  tal como lo destacó el Ad quem  por  mandato  expreso  del  artículo 457 de la Ley 906 de 2004, “[l]os  recursos  de  apelación  pendientes  de  definición al momento de iniciarse el  juicio  público  oral,  salvo  lo relacionado con la  negativa  o  admisión  de  pruebas,  no invalidan el  procedimiento”37.         (Subrayas fuera del texto original)   

2.1.4.  Del mismo modo, aunque el censor pone  de  presente  otras  posibles irregularidades en el acto de captura como que sus  mandantes  no  fueron  puestos  a  disposición  del  fiscal URI de la ciudad de  Barranquilla   sino   que  tuvieron  que  esperar  a  la  funcionaria  del  caso  proveniente  de  Bogotá,  suficiente es iterar que ningún vicio producto de la  presunta  ilegalidad  en  el procedimiento de captura, es susceptible de afectar  la  estructura  del  proceso,  luego,  cualquier  censura  que en ese sentido se  construya está destinada al fracaso.   

En  efecto,  de  acuerdo con el artículo 458  ejúsdem  “no podrá decretarse ninguna nulidad por  causal  diferente  a  las  señaladas”,  y dentro de  ellas   no   está   prevista  ninguna  relacionada  con  la  ilegalidad  de  la  captura.    

2.1.5.  Finalmente,  frente  a  la  eventual  dilación  entre  la audiencia preliminar de imputación y la emisión del fallo  condenatorio,  lo  cierto  es que el defensor no explicó cuál fue el perjuicio  concreto  que  tal  situación le habría comportado a sus procurados y, en todo  caso,  si  bien  el  sistema  de  enjuiciamiento  penal con tendencia acusatoria  propugna  por el trámite celero de los procesos, con mayor razón en el espacio  de  actuaciones culminadas bajo manifestaciones unilaterales de responsabilidad,  en  el  caso  de la especie, no se trata del quebrantamiento de garantías tales  como  las  de concentración, inmediación o continuidad, vitales al juicio oral  para  precaver  la  paulatina  afectación  de  la memoria por el transcurso del  tiempo frente a la apreciación de los medios de conocimiento.   

Siendo  lo  anterior  así,  no  hay  lugar a  admitir este cargo.   

2.2. Segundo cargo.  

2.2.1. Cuando se intenta la postulación de la  censura  por la ruta de la violación directa de la ley sustancial, el libelista  debe  hacer completa abstracción de lo fáctico y probatorio y, en ese sentido,  admitir  los  hechos  y la apreciación de los medios de convicción fijados por  los  sentenciadores,  de manera tal que le corresponde desarrollar el reproche a  partir  de  un  ejercicio  estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la  vulneración   del  precepto  normativo  en  el  caso  concreto,  por  medio  de  cualquiera  de  las tres modalidades de error: falta de aplicación, aplicación  indebida  o  interpretación errónea y seguidamente, demuestre la trascendencia  del yerro en el sentido de la decisión impugnada.   

Mientras  que  la  falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

2.2.2.  El  demandante no respetó las pautas  metodológicas  recién señaladas porque como si se tratara de un mismo sentido  de  error  dijo  que  la  infracción  directa  ocurrió  tanto  por aplicación  indebida,   como  por  inaplicación  y  por  interpretación  errónea  de  los  artículos  7º,  381  y 327 de la Ley 906 de 2004, lo cual supone la violación  del  principio  de  no contradicción en la medida que los primeros son defectos  de  selección  y  el  último,  de intelección y, la aplicación de una norma,  excluye   como   es   lógico,   que   el  mismo  precepto  se  haya  dejado  de  aplicar.   

Además,  siendo  que  estaba impedido por el  rigor  técnico de la causal para abordar la situación fáctica y los medios de  conocimiento  que  para  el  caso,  equivalen a elementos materiales probatorios  -por  cuanto  el  proceso no avanzó hasta la fase del juicio-, en que se fundó  la  imputación  y el fallo, pero el sustento del cargo precisamente se ocupa en  extenso  de  criticar  a  los  juzgadores  por no apreciar en su real y objetiva  dimensión    tales    evidencias   –interceptaciones  telefónicas  sin  cotejo de voz e incautación de  medicamentos   no   sometidos   a   peritaje   que   permitiera   establecer  su  adulteración-  para  establecer  si  el  allanamiento tenía un mínimo soporte  probatorio  capaz  de  propiciar una inferencia razonable de responsabilidad, es  evidente   que   el   togado   rompió  con  suficiencia  la  regla  básica  de  argumentación de la infracción directa.   

Es  así  que  por  la  senda  de  la causal  escogida  la Corte no podría ocuparse de establecer tópicos tales como que los  medicamentos  no  fueron  encontrados  en un establecimiento abierto al público  sino  en las residencias de los aprehendidos, para a su turno a partir de hechos  distintos  a los acreditados en la actuación, hacer un ejercicio de adecuación  típica  distinto al concebido por las instancias, pues con una pretensión tal,  tendría  que  haber  acudido  a  la  ruta  de la violación indirecta de la ley  sustancial.   

2.2.3.  En todo caso, verificados los fallos  –inescindibles en tanto  conservan  el mismo sentido de justicia-, no se percibe que los juzgadores hayan  abandonado  la  tarea  de  determinar la existencia de un mínimo probatorio; es  así que en la sentencia de primera instancia se sostuvo:   

“(…)  no  se  trata  de  contar  en  este  caso  con  evidencia  cierta  e  inequívoca  de la  responsabilidad  de los imputados, dado el estado de la investigación, pero sí  se  cuenta  con  elementos de juicio suficientes para inferir razonablemente que  podían  estar  incursos  en los delitos a los cuales se allanaron, y por tanto,  de  evidencia  jurídicamente  apta  para  dictar  sentencia  de  aceptación de  cargos,  y  en  ese  orden  de  ideas,  se  pasa  al  análisis  de los tópicos  referidos.   

Con relación al primero de los elementos es  decir  el  objetivo,  que toca con la materialidad de los punibles investigados,  (…)   

(…)  

(…) según lo informó la autoridad Fiscal  en   audiencia   preliminar,   se  cuenta,  entre  otros,  con  el  informe  del  investigador  RUBEN GONZALEZ DAZA, adscrito al Grupo de Investigadores Generales  de  la  Dijín;  transcripciones  de  las  llamadas  realizadas  a  las  líneas  telefónicas;   diligencias   de   allanamientos  y  registros  en  viviendas  y  establecimientos  de comercio, y actas de incautación de productos y elementos,  evidenciándose  que  se  dedicaban,  a  alterar empaques o medicamentos, a usar  fraudulentamente  marcas  de  medicamentos,  ilícita  explotación comercial de  medicamentos,  habiéndose  concertados  (sic),  en  su  mayoría,  para cometer  delitos,  tal  como  se  encuentra  plasmado  en  el  acápite  de  los  hechos,  concretándose  así  la  materialidad de las conductas de Ilícita explotación  comercial,  Usurpación  de  derechos  de  propiedad  industrial  y  derechos de  obtentores   de   variedades  vegetales,  Corrupción  de  alimentos,  productos  médicos  o  material profiláctico y Concierto para delinquir, especificándose  en los imputados en la manera relacionada en acápites anteriores.   

En  éste  orden  de  ideas  y  sin lugar a  mayores  elucubraciones,  se  colige  fácilmente  la  ocurrencia  de los reatos  anotados.   

Ahora  bien, adentrándonos en la revisión  del  segundo  de  los  requisitos  exigidos por la norma en alusión y que no es  otro  que  aquel  que  toca con el aspecto subjetivo o de responsabilidad de los  imputados, (…)   

(…) se tiene el allanamiento a cargos por  parte  de  ALI  JUNIOR DE ARMAS ACUÑA, SAMIR AMIN DE ARMAS ACUÑA, KAREN LORENA  RAMÍREZ  CORREA,  DEIVIS  ALFONSO VILLERO CABANA, JAIME EDUARDO GOMEZ MARTINEZ,  KELLY  JOHANA  BALLESTAS  ESCORCIA,  DAGOBERTO  MANOTAS  BARRAZA, ALVARO ANTONIO  FERNANDEZ  DIAZ,  ERIS  DE  JESUS LOZANO LICONA Y JAVIER JESUS SOLANO RIVERA, lo  que  si  bien  exime a la fiscalía de la búsqueda de la evidencia demostrativa  de  tal responsabilidad, no releva al fallador de revisar aquellas probanzas que  corroboran  tal  aceptación,  en  la  medida  que  sin  lugar  a  equívocos se  establece su incursión en los punibles imputados y aceptados.   

En  principio, se tiene que los mencionados  fueron  aprehendidos  luego  de  labor  de  vigilancia  y  seguimiento cuando se  dedicaban   a   alterar   medicamentos,   utilizar  fraudulentamente  marcas  de  medicamentos,  con  el  fin  de  comercializarlos,  siendo éstos variados, unos  vencidos  y  algunos  productos de control especial, para lo cual en su mayoría  se  asociaron  para  cometer esos delitos, tal y como lo señaló la Fiscal ante  el  Juez  de  Garantías  al reseñar las circunstancias tempero (sic) modales y  espaciales  en  que  fueron  retenidos  los precitados imputados y quien ante lo  ocurrido  no  tuvieron  otra  alternativa  que  la  de  aceptar parcialmente los  cargos.   

Así  confirmando  la  admisión  a cargos,  efectuada  a  través  del  allanamiento  y  consiguiente responsabilidad de los  imputados,  se  cuenta  con  el  informe  de  policía  judicial  del  Grupo  de  Investigadores  Generales  de  la  Dijín,  suscrito  por  el investigador RUBEN  GONZÁLEZ  DAZA,  en  el que relatan cómo se llevó a cabo el procedimiento que  dio  lugar a la captura de los imputados, observándose al policial despojado de  interés   mal   sano  alguno,  para  perjudicar  a  personas  que  no  conocía  previamente  y  sí, por el contrario, en ejercicio de una labor desarrollada en  cumplimiento   de   un   deber   legal”38   

Por  su  parte  en la providencia de segundo  grado,  se  advierte  que  el  Tribunal  se  dio  a  la  tarea de escudriñar la  imputación  del  ente  acusador, haciendo específico énfasis en los elementos  materiales probatorios soporte de la misma.   

Por  manera  que, por esta parte también es  diáfana  la  inidoneidad sustancial del cargo, razón de más para no admitir a  trámite esta demanda.   

3.   A   favor   de   Dagoberto   Manotas  Barraza.   

3.1.  La  misma  deficiencia  argumentativa  advertida  frente al segundo cargo del libelo recién examinado se percibe en el  único cargo del que nos ocupa.   

En  verdad,  el  recurrente  se apoyó en la  causal  primera del artículo 181 de la Ley 906 de 2004 para invocar la falta de  aplicación  de  los  artículos  10 y 11 de la Ley 599 de 2000, en punto de los  principios de tipicidad, antijuridicidad material y lesividad.   

Tal  postulación le demandaba estarse a los  hechos  y  análisis de los elementos de juicio incorporados en tan inicial fase  procesal  –formulación  de  la imputación-. No obstante, alejándose de dicho parámetro metodológico,  invadió  la esfera fáctica de valoración de los juzgadores para estructurar a  su   acomodo   una   situación   fáctica   distinta   a   la   fijada  en  los  fallos.   

Es  así  que  además  de  criticar  que no  existían  los  elementos  de persuasión mínimos para formular la imputación,  en  el  caso  de del delito de usurpación de derechos de propiedad industrial y  derechos  de  obtentores  de  variedades  vegetales, señaló que el medicamento  encontrado   en   la   farmacia   de   su   prohijado,  llamado  “FUZOL  PAULY”  sólo  era  una muestra  médica,  que  no  estaba  alterada,  en  tanto fue fabricada por el laboratorio  correspondiente  y,  en cuanto al injusto de corrupción de alimentos, productos  médicos  o  material  profiláctico,  indicó  que  los  medicamentos expirados  encontrados  en el allanamiento -2 anemidox, 1 iruxol, 1 cetirrinol, 1 endotelon  y  2 diovan-, no estaban exhibidos para la venta sino en el área señalada para  la  devolución y destrucción de residuos y que los experticios no relevaron la  manipulación  de  las  fechas  de  caducidad,  ni se puede inferir que hubieran  estado  para  la  venta  y  tampoco  que  ha  ocurrido  el  acto  de tradición.   

De  esta  manera,  el  censor desconoció el  soporte  fáctico  de  las sentencias condenatorias e incursionó en el campo de  la  crítica  mediata  probatoria  que  ha  debido  elevar  por el sendero de la  infracción indirecta de la ley sustancial.   

3.2.  De  igual  modo, manteniendo como base  unos  hechos,  solo  concebidos en la conciencia del togado, y por supuesto, por  la  misma  ruta  de  la  infracción  directa,  el  defensor  acusa la equívoca  adecuación  típica  de  la  conducta  desplegada por su prohijado en punto del  hallazgo  del  medicamento  “FUZOL PAULY”,   comportamiento  imputado  y  aceptado  como  usurpación  de  derechos  de  propiedad  industrial  y  derechos  de  obtentores  de  variedades  vegetales   y  que  a  juicio  del  letrado  encaja  en  el  reato  de  ilícita  explotación  comercial  consagrado  en  el  artículo  303  del  Código Penal.   

Al  respecto,  al  tener  como  sustento del  reproche  una situación fáctica distinta a la concebida por los falladores, no  solo  faltó  a la técnica propia de la transgresión directa, sino que tampoco  efectuó  el  examen  en  términos  estrictamente de derecho que se le imponía  para  establecer  que  no son los elementos normativos del tipo penal por el que  su   representado   fue   condenado  –adecuados  a  los hechos fijados por las instancias- los que están  satisfechos   sino   los   del   injusto  de  ilícita  explotación  comercial.   

En  efecto, el defensor no demostró que los  juzgadores  hubieran  reconocido en parte alguna de los proveídos la existencia  de  los  presupuestos  normativos  del  tipo  penal cuya aplicación pretende el  actor  y que pese a ello, no haya sido así declarado finalmente en la decisión  vinculante.   

2.3.  Lo  mismo  ocurre  en relación con la  presunta  falta  de  antijuridicidad  del  delito  de usurpación de derechos de  propiedad  industrial  y  derechos  de  obtentores  de  variedades vegetales por  cuenta  de  que  solo  se  incautó  una  unidad del medicamento “FUZOL  PAULY”, pues aunque esté hecho  fue   expresamente   reconocido  en  el  fallo  de  primera  instancia,  a  ello  convenientemente  el profesional del derecho le agregó que su componente activo  es  el  fluconazol  de  150  mg., que tiene un valor comercial que no supera los  $20.000  y  no  “posee valor agregado susceptible de  ser   apreciado   por   la   delincuencia   para  usurpar  su  marca”39, supuestos no concebidos en  los  fallos  y  por  lo  tanto,  ajenos  a  la senda de la infracción directa y  propios de la violación indirecta, ruta no escogida por el censor.   

A  ello se suma que el juzgador descartó la  ausencia  de  lesividad  de dicho comportamiento delictivo afirmando con tal fin  que  “si se predica que el incautaron sólo una caja  de  medicamento  de  uso  institucional vencido, ello no hace que la conducta no  sea  antijurídica, porque con una sola caja que se comercialice puede causar la  muerte   a   una   persona   o   provocar   daños   en   la   salud”40,  consideración que no fue  controvertida por el censor.   

Siendo   lo   anterior   así,  tampoco  por esta parte, hay cabida a la pretensión      de      admisión de la demanda.   

Así, pues, como la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón   de   las   finalidades   de   la  casación,  las  demandas  deben  ser  inadmitidas.   

3.     Sobre     el     mecanismo    de  insistencia.   

Al  amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos41:   

(ii)   La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

(iii)  La  solicitud  de  insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

(iv) La solicitud respectiva puede tener dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la Sala  decidió  no  seleccionar  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las  incorrecciones  del libelo, es preciso que la Corte haga uso de su facultad para  superar sus defectos y decidir de fondo.   

(v) Es potestativo del Magistrado disidente  o  del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia,  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no presentarlo para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al peticionario. Así  mismo,  cualquiera  de  ellos  puede invocar la insistencia directamente ante la  Sala de manera oficiosa.   

(vi)  El  auto  a  través  del  cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se selecciona la demanda está contenida  en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169, inciso 3, de la Ley 906  de  2004, esto es “mediante comunicación escrita dirigida por telegrama, correo  certificado,  facsímil,  correo electrónico o cualquier otro medio idóneo que  haya  sido  indicado  por  las partes”, se establecerá el término de cinco (5)  días  contados a partir de la fecha en que se produzca alguna de las anteriores  formas  de  notificación  al  demandante, como plazo para que éste solicite al  Ministerio  Público  o a alguno de los Magistrados integrantes de la Sala, si a  bien lo tiene, insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud de insistencia supone un estudio ponderado de la solicitud, de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual  no  se  seleccionó  y  de la actuación  respectiva,  se  otorgará  al Ministerio Público o al Magistrado respectivo un  término  de quince (15) días para el examen de la temática planteada, vencido  el  cual  podrán  someter  el  asunto  a  discusión  de  la Sala o informar al  peticionario    sobre    su    decisión    de    no    darle    curso    a   la  petición”.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.     Inadmitir     las   demandas   de   casación   presentadas  por  el  defensor  de  Álvaro  Antonio  Fernández  Díaz,  Eris  de  Jesús  Lozano  Licona  y Kelly Johana  Ballestas  Escorcia  por  una  parte,  y  Dagoberto  Manotas Barraza por otra, contra  la  sentencia  dictada  19  de septiembre de 2011 por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Barranquilla.   

Segundo. Conforme al  inciso  2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004, y bajo  los  términos  expuestos en la parte considerativa de esta providencia, procede  la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

            

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

            

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ           MUÑOZ  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA             

JAVIER DE JESÚS  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  También  se  le imputó el  delito   de  falsificación  de  moneda  nacional o extranjera.   

2 Cfr.  folios 24-25 del cuaderno principal.   

3 Cfr.  folios  164-188 ibídem. Aunque en la parte resolutiva  no  se precisa la conducta punible por la que fue sentenciada se entiende que lo  fue  por  el  de corrupción  de     alimentos,     productos     médicos  o material profiláctico, en tanto  fue  el  injusto  que  admitió  en  la  audiencia de  formulación    de    la    imputación  y  al  que  la  juez  de  conocimiento  se  refirió en la parte motiva de la sentencia.   

4 Cfr.  folios 49-78 del cuaderno del Tribunal.   

5  Cfr.   folio   80  y  82  ibídem.   

6 Cfr.  folios 86-123 y 121-137 ibídem.   

7 Cfr.  folios 174-175 ibídem.   

8 Cfr.  folio     10     de     la     demanda     a     folio    95    ibídem.   

9  Cfr.   folio   16   de   la   demanda  a  folio  101  ibídem.   

10  Cfr.   folio   19   de   la   demanda  a  folio  104  ibídem.   

11  Ibídem.   

12  Ibídem.   

13  Ibídem.   

14  Cfr.   folio   22   de   la   demanda   a  folio  23  ibídem.   

15  Cfr.   folio   24   de   la   demanda  a  folio  109  ibídem.   

16  Cfr.    folio    25    de    la    demanda    a   folio   110   ibídem.   

17  Cfr.    folio    29    de    la    demanda    a   folio   114   ibídem.   

18  Cfr.    folio    33    de    la    demanda    a   folio   118   ibídem.  Las  negrillas  y las subrayas son  del texto original.   

19  Cfr.    folio    4    de    la    demanda    a    folio   124   ibídem.   

20  Cfr.    folio    5    de    la    demanda    a    folio   125   ibídem.   

21  Ibídem.   

22  Cfr.    folio    7    de    la    demanda    a    folio   127   ibídem.   

23  Cfr.    folio    8    de    la    demanda    a    folio   128   ibídem.   

24  Ibídem.   

25  En  concreto, frente a este aspecto se tiene que la demanda propuesta a favor de  Álvaro    Antonio  Fernández Díaz, Eris de  Jesús      Lozano      Licona      y     Kelly     Johana    Ballestas  Escorcia,      ninguna      alusión   hizo   al  tema  de  la  finalidad  que  lo  movía     para     acceder     a     la  casación  y  la  formulada  a favor de Dagoberto    Manotas    Barraza,   se  limitó  a  señalar que  pretendía        hacer        “prevalecer  la  efectividad  del derecho material ceñido   a   la   estructura   de   los   tipos   penales”25 y el  respeto  de  la  dignidad humana de su prohijado, sin  ninguna      explicación      sustancial     al  respecto.   

26  Auto    del    10    de    octubre    de    2007,  radicación 28.161.   

27  Ruta  empleada  en el segundo cargo de la primera demanda y en el último cargo de la segunda demanda.   

28  Las     irregularidades     pueden    convalidarse    con    el    consentimiento  expreso  o  tácito del  sujeto perjudicado.   

29  El  sujeto  procesal  que  con su conducta haya dado  lugar   a   la   configuración  del  vicio,  es  el  único  que  lo  puede alegar, salvo que se trate de  ausencia de defensa técnica.   

30  Como  las  formas  no  son  un fin en sí  mismo,  siempre  que se cumpla con el  propósito   que   la   regla   de   procedimiento  pretendía    proteger,    no   habrá   lugar   a  la  declaración  de  la  nulidad.   

31  La  magnitud del defecto debe tener incidencia en el  sentido de justicia incorporado a la sentencia.   

32  La   declaratoria   de  nulidad  debe  ser  el  único remedio procesal para  superar el yerro detectado.   

33  Auto  del  16  de  diciembre  de  2008,  radicación  30.873.   

34  Sentencia  de  casación de 9 de abril de 2008 dentro  del radicado 23022.   

35  Sentencia  de 11 de julio de 2002 dentro del radicado  12447.   

36  Sentencia  del  24  de  agosto  de  2009, radicación  31.900.   

37  Precepto   que   se   declaró  exequible  mediante  sentencia  C-591  de  2005,  ‘en  el  entendido de que se declarará  la  nulidad  del proceso, cuando se haya presentado en el juicio  la   prueba   ilícita,  omitiéndose   la  regla  de  exclusión,  y esta prueba ilícita haya sido el  resultado   de   tortura,  desaparición  forzada  o  ejecución      extrajudicial      y    se    enviará   a   otro   juez  distinto’.   

38  Cfr.  folios  7-9  de  la  sentencia  de  primera  instancia a folios 180-182 del cuaderno principal.   

39  Cfr.    folio    5    de    la    demanda    a    folio   125   ibídem.   

40  Cfr.  folio 9 de la sentencia de primera instancia a  folio 180 del cuaderno principal.   

41  Auto del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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