38032(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38032  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 139.  

         

Bogotá,  D. C., abril dieciocho (18) de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  análisis  sobre  la  admisibilidad   del   libelo   de   casación  presentado  por  el  defensor  de  JAVIER  BAQUERO ORTEGÓN con  el  objeto  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  de casación interpuesto  contra  la sentencia proferida el 14 de octubre de 2011, a través de la cual el  Tribunal  Superior de Cundinamarca confirmó la dictada el 19 de agosto anterior  por  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Soacha, que condenó al mencionado como  coautor  del delito de homicidio agravado, en concurso con acceso carnal abusivo  con menor de 14 años.   

HECHOS  

Fueron  declarados por los juzgadores, de la  siguiente forma:   

“El   18  de  enero  del  año  en  curso  (2011,   se   aclara)  la  ciudadanía   fusagasugueña   se   estremeció   con   el   homicidio   de   la  menor1                K.T.R.G.2, reportada la noche del 15 de  enero  del  mismo  año  por  sus  familiares  como  desaparecida  y  hallada en  inmediaciones     del     barrio    ‘Los  Robles’,  abandonada  en  la  quebrada  El  Arrastradero  de  esa  localidad con signos de  estrangulamiento  y de violencia sexual. Jhon Fernando Amaya capturado por haber  sido  la  última  persona con quien se vio a la menor los días anteriores a su  hallazgo  fue  capturado  y  luego  condenado  por  estos  hechos  al aceptar su  responsabilidad  en  los  mismos  delatando  a  JAVIER  BAQUERO ORTEGÓN como la  persona  que  le había entregado la suma de $ 100.000 por dar muerte a la menor  para  ocultar  con  ello  la  relación  sentimental  que sostenía y de la cual  K.T.R.G.     se    había    aprovechado    para    extorsionarlo”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

Con  fundamento  en los hechos narrados, se  dispuso    la    captura    de    JAVIER    BAQUERO  ORTEGÓN,  cuya  legalización  tuvo  lugar durante la  audiencia preliminar celebrada el 27 de enero de 2011  ante  el  Juzgado  Segundo Penal Municipal con Función de Control de Garantías  de   Fusagasugá,   misma   en  la  cual  la  Fiscalía  formuló  imputación  en  su contra por los delitos  de  homicidio  agravado  en concurso con acceso carnal  abusivo  con menor de 14 años, delincuencias que el mencionado no aceptó y por  las  cuales  se  le  impuso  medida  de aseguramiento  privativa de la libertad en establecimiento de reclusión.   

          El   17  de  febrero  ulterior,  la  Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  del  procesado “como coautor  penalmente  responsable  de  los delitos contra la vida y la integridad personal  consagrado  en  el  artículo  103  del  Código  Penal bajo la denominación de  homicidio,    con    circunstancias    de    mayor    punibilidad   (sic)      consagrada     (sic)  en  el  artículo  104 de la misma  obra,  numerales  1,  2,  4 y 6 en el entendido que actuó como integrante de la  unidad  doméstica,  para  ocultar otra conducta cual era la de haber accedido a  la  pequeña KTGR; por precio, por motivo abyecto y con sevicia…Lo anterior en  concurso  heterogéneo  con  el punible de acceso carnal abusivo con menor de 14  años  contenida  (sic) en el  artículo   208   del   Código   Penal   y   con   circunstancia   (sic)  de  agravación punitiva del canon  211  de  la  misma  obra,  en  sus  numerales  2-cuando  el  responsable tuviere  cualquier  carácter, posición o cargo que le dé particular autoridad sobre la  víctima  o impulse a depositar en él su confianza, 5 -contra cualquier persona  que  de manera permanente de hallare (sic) integrada  a  la  unidad  doméstica  o  aprovechando  la confianza  depositada    en    el    autor.    En   este   punible   en   calidad   de  autor”.   

Y,    “con  circunstancias  de  mayor  punibilidad  del  art.  58  del  C.P.,  dentro de sus  numerales  2- mediante precio, con respecto al punible descrito en el art. 208 y  el  numeral 10 por obrar en coparticipación criminal, en lo que hace referencia  al punible de homicidio agravado”.   

La  Fiscalía, en desarrollo de la audiencia  de  formulación  de  acusación  celebrada  el  23  de  marzo siguiente ante el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Soacha, ratificó los anteriores cargos.   

En  el mismo despacho judicial, se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral. Al término de esta última, el  19  de  agosto  ulterior  profirió  fallo  de  primer  grado por medio del cual  condenó  a JAVIER BAQUERO  ORTEGÓN  a  la pena principal de quinientos cincuenta  (550)   meses   de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  de veinte (20) años, tras encontrarlo responsable de los delitos por los  cuales se lo acusó.   

En  la misma decisión, el juzgado le negó  el  subrogado  penal de la condena de ejecución condicional y el sustitutivo de  la prisión domiciliaria.   

Contra esta decisión, interpusieron recurso  de  apelación  el  procesado  y  su  defensor,  de  manera  independiente, y el  representante  del  Ministerio  Público,  sobre  los  cuales  se  pronunció el  Tribunal  Superior de Cundinamarca el 14 de octubre subsiguiente, impartiéndole  confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, el  defensor  del  procesado promovió recurso extraordinario de casación, por cuyo  motivo  la  demanda  presentada  oportunamente  con  el  fin  de  sustentarlo se  remitió   a  esta  Sala,  aprestándose  al  estudio  sobre  su  admisibilidad.   

LA DEMANDA  

         

          Propone  un  único  cargo  fundamentado  en  la  causal  tercera de  casación  prevista  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de errores de hecho por falsos juicios  de  identidad  y raciocinio, “los cuales lo llevaron  a  tener  por  demostrada más allá de toda duda, la autoría y responsabilidad  penal   del   acusado   en   los   delitos   que   se  les  imputa  (sic) y, en consecuencia, a desconocer la  existencia  de  la  duda  razonable  que conlleva a la aplicación del principio  universal del in dubio pro reo”.   

A  continuación  y  bajo  el  rótulo  de  “errores  de  hecho,  en  la  apreciación  de  los  diversos  medios de prueba, en la modalidad de falso raciocinio por fijación de  premisas  ilógicas  o irrazonables por desconocimiento de las pautas de la sana  crítica”,  señala  que disiente de la apreciación  del  Tribunal, pues no se puede deducir la participación de su defendido en los  hechos   a   partir   de   los   “únicos  indicios  contingente  leves  señalados  …puesto  que  de  la  aptitud  y afecto que el  imputado  ofrecía  a  la  menor KTRG (sic)  y  las aparentes contradicciones antes analizadas, no se advierte  la  constancia  de  un  enlace  lógico,  preciso  y  directo del que resulte la  certeza  de  que  JAVIER  BAQUERO  ORTEGÓN haya accedido carnalmente a la menor  KTGR,   y   menos   que   haya   sido   coautor   del   punible   de   homicidio  agravado”.   

Así,  tras  evocar  algunos  pasajes  de la  valoración  del  Tribunal,  afirma que el yerro en la construcción del indicio  se    configuró   en   la   apreciación   del   testimonio   de   Edna    Morales,   en   cuanto   a   su  manifestación  en  el  sentido  de  que conoció a la menor víctima el sábado  anterior   a   los   hechos   para,  acto  seguido,  señalar  que  “lo  subrayado  en  la  transcripción  del  testimonio  de  Edna  Carolina   Morales   Vega,   es   lo   que   el  Tribunal  aprecio  (sic)   indebidamente   o   no   aprecio  (sic)  y por ello incurrió  en  el  error  al  momento  de  construir  el  indicio probatorio”.   

Después  de  transcribir  fragmentos  del  referido    testimonio    advierte    cómo,    de    su   texto,   “nunca  se  puede  deducir  que  la  niña no era virgen o que le  gustaba  o  había  estado  con  hombres,  luego  la  inferencia  que  hacen los  juzgadores  de  la  expresión Virgen (sic),  y  de  ninguna  de las expresiones señaladas en este testimonio  dan  cuenta  de  que  a  BNAQUERO  (sic)  le  era  posible  pretender aprovecharse sexualmente”.   

En cuanto al vínculo de este testimonio con  la    prueba   directa   constituida   por   el   testimonio   de   Jhon  Amaya,  dice  que  tampoco  de  sus  expresiones se puede llegar a esa inferencia.   

Acerca   de   esta   última   probanza,  inmediatamente  acota “en gracia de discusión sobre  la     credibilidad     sobre     la     versión    de    Amaya    (sic),  solamente  sus  palabras  y  sus  enunciados  dan  cuenta  de  la  posibilidad  de haber hecho parte del delito de  homicidio,  pero  en  el proceso penal los hechos se prueban no se suponen y los  enunciados  de Amaya por ningún otro medio se probaron, pero como el tema es de  si  sirvió  (sic) de la otra  prueba  directa  para  la  construcción  del  indicio  nótese  que  no es este  (sic)   le   (sic)  medio  de  prueba que le sirvió a  los falladores para ello”.   

Acto seguido diserta, con apoyo en doctrina,  en  cuanto  al  imperativo  de que la inferencia en la construcción del indicio  sea  razonable,  y  no  arbitraria, y que esté debidamente demostrada, para que  pueda  derruir la presunción de inocencia, tras lo cual transcribe el contenido  parcial  de  los  testimonios  de Jhon Fernando Amaya,  María  Emperatriz  Rivera Nieto, Blanca Judith Cubillos,  Carlos Sarmiento  Zabala,  Aspah  Arturo  Tomare,  José Israel Gil Riveros, Edna Carolina Morales  Vega,  Andrés  Camila  López  Herrera,  Pablo  Enrique Chavarro Pulido, Martha  Alicia  Largo  Niño, Erika Patricia Penagos Beltrán y  Zulma  Janeth  Gil  Riveros,  recaudados  durante el juicio oral y, después, nuevamente hace lo propio con su  valoración en el fallo.   

Enseguida, en el acápite de la “norma   de   derecho   sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada”, insiste en que  con  la  apreciación  de  los  medios  de prueba se incurrió en error de hecho  derivado  de falso raciocinio, el cual condujo “a la  aplicación  indebida  del  artículo 381 del C.P.P. y como consecuencia de ello  al  inaplicación  (sic) del  artículo 7 inciso segundo del C.P.P.”.   

Posteriormente, y en capítulo aparte, expone  que  el  fallo es necesario para unificar la jurisprudencia en torno a la prueba  indiciaria y su incidencia frente a la presunción de inocencia.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su defendido “por  no  existir  plena  prueba  ni  haberse llegado a la certza  (sic)  más  allá  de toda  duda razonable”.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Según criterio reiterado de esta Sala, para  que  la  demanda de casación sea admitida, acorde con las preceptivas previstas  en  la  Ley  906  de  2004,  resulta  imperativo el cumplimiento de una serie de  presupuestos  orientados  a  que  contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  como  así  se  desprende,  en  primer  lugar, de lo normado en el  inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no  desarrolla   los   cargos   de   sustentación…”  (subraya fuera de texto).   

Igualmente y en segundo orden,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183  del  mismo  estatuto,  modificado  por  el  98  de  la  Ley  1395  de  2010,  conforme al cual el recurso  extraordinario       de       casación       se  interpondrá        mediante       demanda           “que   de  manera   precisa   y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subraya  fuera de  texto).   

A   los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir    alguno    de   los   fines   del   recurso,   a   los   cuales      refiere     la  última  parte  del segundo inciso del mencionado artículo 184  de  la  misma  codificación, al señalar que también se inadmitirá la demanda  “cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades       del      recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906  adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de sus fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal.   

Pues  bien,  con  respecto  al  único cargo  contenido   en   el   libelo   presentado   por   el  defensor  de  JAVIER  BAQUERO  ORTEGÓN, dígase que no  satisface  los  presupuestos de admisibilidad señalados en precedencia, por las  siguientes razones:   

1.  Aun  cuando en el enunciado del cargo el  censor  alude  que  se  incurrió en la causal de violación indirecta de la ley  sustancial  por  virtud  de errores de hecho por falsos juicio de identidad y de  raciocinio,  ningún  argumento  expone  en  orden a demostrar el primero, tanto  así que no vuelve siquiera a mencionarlo en la censura.   

2. Concretándose entonces la disertación al  segundo,  es evidente que los planteamientos expuestos distan de su formulación  adecuada,  para  lo  cual  resulta indispensable evocar su concepto así como la  correcta   forma  de  proponerlo,  acorde  con  los  parámetros  reiteradamente  establecidos por esta Sala.   

Ciertamente,   se  presenta  el  yerro  de  valoración  probatoria formulado por el libelista cuando el juzgador aprecia la  prueba  desconociendo  las  pautas  de  la  sana  crítica,  esto es, postulados  lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

Por  razón de esa especial naturaleza, para  que  la  propuesta  basada en esa modalidad goce de la imprescindible claridad y  suficiencia,  el  demandante está compelido, como primera medida, a identificar  la  prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a establecer el mérito otorgado  al  medio  de  convicción  en  la sentencia y, a la vez, a señalar cuál es el  postulado  de  la  sana crítica en su criterio vulnerado, esto es, el principio  lógico,    la    máxima   de   la   experiencia   o   la   regla   científica  quebrantada.   

Después,  debe  proceder  a  vincular  esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

         

El  demandante se aparta de los lineamientos  anteriores  para  plantear  el  yerro  valorativo  invocado,  porque  a  más de  señalar  de forma genérica que con la apreciación de la prueba se vulneró la  sana  crítica,  no  cumple con el deber inherente a su formulación de indicar,  en  concreto,  cuáles  reglas de la sana crítica, esto es, leyes científicas,  principios  lógicos  o  máximas  de  la  experiencia,  se desconocieron con la  cuestionada valoración, según ya se dijo.   

A cambio de ello y en relación exclusiva con  el   testimonio   de   Edna  Carolina  Morales  Vega  y   Jhon  Fernando  Amaya  simplemente  expone  que  no  servían para inferir de  manera  razonada  la  responsabilidad  de  su  prohijado, dicho sea de paso, sin  satisfacer   el  condicionamiento  de  una  debida  redacción  que  permita  la  comprensión    cabal    de   la   temática,   tónica   generalizada   de   la  censura.   

Sea  el  momento para señalar que no basta,  para  demostrar  este  error valorativo, con simplemente aducir,  de manera  enunciativa,  que la apreciación de la sentencia impugnada es contraria a tales  reglas,  sino  que  ha  menester  su  individualización,  luego de lo cual debe  ahondarse  en  su trascendencia tanto probatoria como sustancial, hasta el punto  de  evidenciar  que  el fallo debe mutarse en sentido favorable para el interés  representado por el casacionista.   

Peor aún sucede frente a la prueba restante  sobre  la cual se sustentó la condena, al limitarse simplemente a referirla y a  repetir,  una y otra vez, su apreciación en el fallo, pero sin evidenciar error  alguno.      

De    lo    anterior    emerge,    en  definitiva, que la censura, a pesar de su extensión,  en su mayor parte carece de  desarrollo,   en   tanto  se  limita  a  transcribir  o  el  contenido  de  la prueba testimonial o apartes  de     la sentencia impugnada.   

Es   más,  en  relación  con  la  norma  sustancial  en su criterio violada con la apreciación  probatoria     del    sentenciador    (principio   in   dubio  pro   reo),  no  establece  el indispensable  nexo  entre  las pruebas a  partir  de  las  cuales se  establece  su  responsabilidad  con  las  que  obran  en contrario, de  modo tal que aflora un estado de duda  insalvable  entre  ellas  que  impone la absolución.   

     

Todo  se  resume,  entonces,  en que para el  actor  la  valoración  del  juzgador  no  consulta  con  las  pautas de la sana  crítica  simple  y  llanamente  porque  no  coincide con su inexplicado parecer  personal  sobre  cómo  han  debido  apreciarse  los  medios  de prueba, el cual  contrasta  con  el  juicioso  estudio  elaborado por los juzgadores a partir del  testimonio   rendido   por   Jhon   Fernando   Amaya  quien,  tras  haber  aceptado  su responsabilidad como  autor  material  de las conductas de homicidio agravado y acceso carnal violento  en  la  menor  víctima, señaló al aquí procesado de haberle entregado dinero  para  llevar a cabo el execrable crimen a fin de ocultar las relaciones sexuales  que  mantenía  con  ella,  testimonio  que se confirmó con la abundante prueba  indiciaria  construida  por  los  juzgadores  y  que,  además,  infirmó  la de  descargo   con   la   cual  se  pretendió  demostrar  su  inocencia3.   

3.  Antes  de  culminar, se ha de referir la  Sala  al  argumento  expuesto  por el demandante para sustentar la necesidad del  fallo  con  el  objeto  de  unificar  la  jurisprudencia  en  relación  con  la  incidencia  de  la prueba indiciaria frente a la presunción de inocencia, punto  sobre  el  cual  no demuestra, ni tampoco la Sala lo evidencia, la existencia de  posturas contradictorias o vacíos que ameriten pronunciamiento.   

4.  Los precedentes defectos argumentativos  permiten  a  la  Sala  razonablemente  concluir que la demanda no cumple con las  exigencias  de  argumentación y lógica contenidas en las normas transcritas al  inicio  de  la  parte  considerativa  de  esta  decisión, motivo por el cual se  impone su inadmisión.   

Se arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004 y en tanto no se advierte  la  posibilidad de corregirlo oficiosamente por concurrir la causal de nulidad o  por   advertir   vulneración   de  garantías  fundamentales  de  las  diversas  partes.   

   

Ahora      bien,     habida  cuenta  que  contra la decisión de inadmitir las           demandas  de  casación procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de seguirse  las   reglas   fijadas   por  la  Sala  para        su        aplicación4.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor     del     procesado    JAVIER    BAQUERO  ORTEGÓN,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO                       ALBERTO                      CASTRO  CABALLERO           

SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO              

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA              JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1 De 10  años de edad para la fecha de los hechos.    

2 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre de la menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

3 Así,  a  partir  de  la página 11 de la sentencia de primer grado y de la 25 de la de  segunda instancia.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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