38000(14-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38000  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                            Aprobado acta N° 093.   

Bogotá, D. C., catorce (14) de marzo de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de la demanda de casación presentada por el defensor  de CÉSAR JULIO PULIDO contra  la  sentencia  del 4 de agosto de 2011, mediante la cual el Tribunal Superior de  Santa  Rosa  de  Viterbo confirmó el fallo proferido el 23 de julio de 2010 por  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Duitama, que condenó al procesado a  la  pena  principal  de 60 meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo término, como autor responsable  del  delito  de  acto  sexual  con  menor  de  14  años, agravado y en concurso  homogéneo.   

HECHOS  

          Los  sentenciadores  de  instancia  declararon  probada la siguiente  situación fáctica:   

          La      menor      A.K.R.M.1 fue objeto de  actos  sexuales en varias ocasiones por parte de CÉSAR  JULIO  PULIDO, esposo de una tía suya, cuando contaba  con  8  años  de  edad, en hechos ocurridos durante el tiempo que vivió con su  familia   en   la   casa   de   su   tía   Luz  Mila  Riveros,   situada  en  la  vereda  Punta  Larga  del  municipio de Nobsa (Boyacá).   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Los  referidos  episodios  los  puso  en  conocimiento  la  propia menor afectada el 17 de octubre de 2007, cuando contaba  con  13 años de edad, en declaración que rindió ante la Comisaría de Familia  de Tibasosa.   

2. El trámite de la investigación estuvo a  cargo  de  la Fiscalía Seccional de Duitama, despacho judicial que inicialmente  adelantó  diligencias  preliminares  y, luego, el 20 de febrero de 2008 dispuso  la  apertura de instrucción penal, ordenando la vinculación a la actuación de  CÉSAR         JULIO         PULIDO.   

2.  En el curso de la actuación se escuchó  en  declaración  de  indagatoria  al implicado, a quien el ente investigador le  resolvió  situación  jurídica  con  decisión  del  10 de abril del precitado  año, absteniéndose de afectarlo con medida de aseguramiento.   

3.  A  través  de  sustanciatorio del 13 de  noviembre   siguiente,   el   fiscal   instructor   decretó  el  cierre  de  la  investigación,  calificando el mérito del sumario el 24 de diciembre posterior  con  resolución  de  acusación  contra  CÉSAR JULIO  PULIDO,  por  el delito de actos sexuales con menor de  14  años,  agravado  y  en  concurso homogéneo.    

          4.  Por apelación interpuesta por la defensa, la Fiscalía Delegada  de  segunda  instancia confirmó el pliego acusatorio, según providencia del 22  de octubre de 2009.   

5.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juez  Segundo Penal del Circuito de Duitama, funcionario que surtió  las  fases  subsiguientes  de  la  actuación,  poniendo término a la instancia  mediante  la  sentencia  del  23  de  julio de 2010, decisión confirmada por el  Tribunal  Superior de Santa Rosa de Viterbo el 4 de agosto de 2011 al desatar la  apelación interpuesta por la defensa.   

4. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  promovió  el  recurso  extraordinario  de  casación, el cual  sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  empieza  señalando que la finalidad de la casación  es  el restablecimiento de las garantías fundamentales del procesado, en cuanto  se  le  vulneró,  de  una  parte,  el  debido  proceso en su manifestación del  derecho  a  la  defensa  técnica,  dada  la  inactividad del profesional que lo  asistió,  al  punto  de no concurrir siquiera a la audiencia preparatoria y, de  la  otra,  el principio de la presunción de inocencia y, consecuencialmente, el  del  in  dubio  pro  reo,  pues  se  le  condenó injustamente al no obrar en la  actuación  prueba  de  irrefutable solidez sobre la existencia de la conducta y  la responsabilidad del acusado.   

          Precisado  lo  anterior,  formula  dos cargos contra la sentencia de  segunda  instancia, el primero al amparo de la causal tercera de casación de la  Ley  600  de 2000 y el segundo con apoyo en la causal primera, cuerpo segundo de  la misma disposición legal.   

          En    el    primer   cargo   predica  la  existencia de nulidad por violación del debido proceso  por afectación del derecho a la defensa técnica.   

          Fundamenta  el  reproche  afirmando  que  el defensor del acusado no  ejerció   una   adecuada   representación,  pues  ni  participó  en  acto  de  investigación  alguno, ni solicitó pruebas o nulidades en el traslado previo a  la  audiencia  preparatoria,  dejándolo  librado  a  su  suerte, con lo cual lo  privó  de obtener un mejor resultado, incluso de carácter absolutorio de haber  podido controvertir la prueba de cargo.   

          Según  sostiene,  el  silencio del abogado no puede ser considerado  como  estrategia  defensiva  sino  constitutivo  de  violación  del  derecho de  defensa,  en  tanto  es evidente que su actividad no se encaminó desde el mismo  momento  de la apertura de la instrucción a controvertir las pruebas recaudadas  por  la  Fiscalía,  porque si bien interpuso el recurso de apelación contra la  resolución  de  acusación,  debió  solicitar  en el juicio un examen pericial  para  determinar  si  la versión de la víctima era verdadera o no, teniendo en  cuenta las contradicciones en que incurrió.   

          En  su  criterio, ha debido también solicitar el decreto de pruebas  testimoniales   y  documentales  orientadas  a  desacreditar  dicho  testimonio.  Incluso,  añade,  en una eventualidad pudo asesorarlo para que aceptara cargos,  haciendo  menos  gravosa  su  situación,  omisión  esta  última que considera  trascendente,  pues  le  habría abierto las puertas para solicitar un sustituto  penal.   

          Impetró,  de esa manera, casar la sentencia impugnada para decretar  la nulidad desde la apertura del juicio.   

          En    el   segundo   cargo   acusa  al  Tribunal  de  violar indirectamente la ley sustancial por  contrariar  los principios de la sana crítica cuando valoró la declaración de  la  menor  A.K.R.M.,  única  testigo  de  cargo,  lo  cual  impidió  la  aplicación  de  los  principios de  presunción    de    inocencia   e   in   dubio   pro  reo.   

          Para  sustentar  la  censura transcribe apartes del testimonio de la  antes  aludida,  en  cuya apreciación, dice, se vulneraron los postulados de la  lógica  y  las reglas de la experiencia, ante lo cual demanda su valoración en  conjunto  con  las  declaraciones de María Emma Medida  Cachaya,  Luz Mila Riveros Medina, Germán Andrés Torres Riveros, Clara Beatriz  Riveros  Bonilla  y  Blanca Lucía Pulido Rojas, de las  cuales transcribe también algunos fragmentos.   

          De  tales  probanzas  extrae algunas conclusiones para luego afirmar  que  de  la  declaración  de  la  menor  no  se  puede  predicar con certeza la  veracidad  de  los  tocamientos, atendidas las serias contradicciones advertidas  en  su versión, en cuanto no puntualizó el sitio donde sucedieron los hechos y  la  forma como ocurrieron, al señalar que los tocamientos acaecieron unos a las  11:00  de la mañana y otros en la tarde al instante de calentar el agua para el  baño  de  su  padre,  cuando  a  quienes  les  comentó  lo acontecido hicieron  referencia  a  tocamientos  realizados  en  momentos  en que la hacía agacharse  debajo de la cama.   

          En  su  sentir, los postulados de la lógica enseñan que quien dice  la  verdad  la  expresa  siempre y para todo el mundo, no siendo tampoco lógico  que    no    le    haya    dado    los   detalles   de   lo   ocurrido   a   sus  interlocutores.   

          Le  parece,  igualmente, violatorio de los postulados de la lógica,  otorgar  credibilidad  al  testimonio  de  la  ofendida,  pese  a que los hechos  ocurrieron  cuatro  años  antes  cuando  tenía  8  años  de  edad, lo cual le  dificultaba  recordar  lo sucedido, tal como lo comprueban las inconsistencias e  imprecisiones  en  que  incurrió. Considera, de otra parte, desconocedor de las  reglas  de  la  experiencia  que  el  procesado  después de lo ocurrido no haya  intentado   repetir   su   comportamiento,  cuando  los  abusadores  suelen  ser  reiterativos  en  sus actos, situación que es además vulnerador de la lógica,  máxime si aquél tuvo la oportunidad de hacerlo.   

          Para  el  demandante,  finalmente,  se corresponde con la lógica la  actitud  de  la  menor al atribuir al procesado el abuso, ocultando la relación  con  Wilfredo,  el verdadero  autor  de  los  actos sexuales, según así se lo reconoció aquella, estando en  estado  de  embriaguez,  a  sus  amigas  Leydi, Blanca  y    Viviana,  silencio  que  tuvo  como  móvil el evitar enfrentar a su padre,  quien  la  castigaba  frecuentemente  y  a  quien  iba a denunciar por violencia  intrafamiliar.   

          Estima   trascendente   el   error,   pues   las  contradicciones  e  incoherencias  en  el testimonio de la menor recayeron sobre aspectos esenciales  y  no  meramente  accidentes  o  secundarios, de manera que de haberse observado  plenamente  las  reglas  de la lógica y la experiencia, la decisión no habría  sido  de  carácter  condenatorio.            

          Solicitó, por tanto, casar la sentencia  impugnada   para   proferir   la  de  reemplazo,  en  la  cual  se  absuelva  al  acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         La  demanda  instaurada  por  el defensor del procesado CÉSAR  JULIO  PULIDO será inadmitida, por  las siguientes razones:   

          Según  se desprende de la versión de la menor ofendida, los hechos  objeto  del  presente  proceso  tuvieron  ocurrencia en el año de 2002, luego a  este  caso  resulta  aplicable  el artículo 205 del Código de Procedimiento de  2000,  el  cual  entró a regir el 24 de julio de 2001, cuya norma establece que  la  casación  ordinaria  o  común procede respecto de sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los  Tribunales,  en procesos seguidos por delitos cuya  pena máxima fuese superior a ocho (8) años.   

          El  artículo  209  del  Código  Penal  de  2000,  en su redacción  original,  vigente  en la época en que ocurrieron los hechos, contempla para el  delito  de  actos  sexuales  con menor de 14 años agravado la pena máxima de 5  años,  guarismo  que  se  aumenta  en  la  mitad  si  concurriere alguna de las  circunstancias  específicas  de agravación previstas en el artículo 211, como  sucede         en         este         evento2,  luego  la sanción más alta  aplicable por razón de dicho punible es la de 7 años y 6 meses.   

          Significa  lo  anterior  que  no  era  del  caso  aquí  acudir a la  casación ordinaria o común.   

          En   esas   condiciones,   correspondía   al  actor  interponer  la  denominada   casación   excepcional   o  discrecional,  mecanismo  impugnaticio  regulado  en  el  inciso  final  del  artículo  205 precitado, debiendo para el  efecto  expresar  el  propósito del recurso, es decir, si se trata de buscar el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o de preservar las garantías fundamentales,  cuya  carga  argumental  de todas formas es necesario cumplir, conforme lo tiene  precisado   la   jurisprudencia   de   esta   Sala3.   

El libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

Pero, desde luego, no puede pasarse por alto  la  postura  de la Sala, conforme a la cual podría admitirse la impugnación si  el  demandante,  a pesar de no señalarlo expresamente, ofrece razones a través  de  las  cuales  se  pueda  inferir  claramente que su intención es fundamentar  alguno  de  los  dos  motivos que habilitan la casación excepcional4.   

En ese sentido, se observa que como respecto  de  la primera censura formulada, el censor aduce la vulneración del derecho de  defensa,  resulta  factible  interpretar  que su pretensión es propender por la  protección de las garantías fundamentales.   

No  así frente al segundo reproche, pues si  bien  aduce  el quebranto del principio de presunción de inocencia, en realidad  cuestiona  al  fallador  por  incurrir en errores de apreciación probatoria, en  cuanto  le  atribuye  emitir  la condena sin existir prueba de la ocurrencia del  ilícito  ni  de  la  responsabilidad  del  procesado, olvidando que ese tipo de  ataques,     por     versar    sobre    vicios    in  iudicando o errores de juicio, no se relacionan con la  protección   de   garantías   fundamentales,  a  menos  que,  como  ha  tenido  oportunidad   de   precisarlo  la  Corte,  se  refieran  a  defectos  graves  de  motivación,  porque  en  esos  casos  se  vulnera el derecho de contradicción,  situación que en momento alguno plantea el casacionista.   

          Sea  como fuere, encuentra la Sala que el actor no cumple las demás  exigencias   legales   indispensables  para  admitir  la  demanda,  conforme  lo  establece  el  inciso  final  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, entre las  cuales  está la de enunciar la causal y formular el cargo, con expresión clara  y  precisa de sus fundamentos y de las normas que se estiman infringidas, según  lo  determina  el numeral 3º del artículo 212 ibídem, para cuya satisfacción  se  requiere, además, seguir las pautas de sustentación que la Corte ha fijado  cuando se trata de elaborar una demanda de casación.   

          Al  respecto,  se tiene que, aun cuando en el tema de las nulidades,  a   cuya   consecuencia   apunta   el   primer  cargo  analizado,  la  Sala  ha  sido  flexible  frente  a la  valoración  de  su  fundamentación,  de todas maneras exige el cumplimiento de  unos   presupuestos   mínimos,   que  tienen  como  propósito  posibilitar  la  comprensión  del  reparo,  en aras de evitarle a la Corte entrar a desentrañar  confusas  postulaciones,  atentatorias del principio de limitación que gobierna  el recurso de casación.   

          Así,  se  ha  dicho  que  las censuras sustentadas en el mencionado  motivo  de  casación  deben  contener,  como  mínimo, la identificación de la  irregularidad,  la  expresión  clara de sus fundamentos, el señalamiento de si  se  trata  de  un  vicio de estructura o garantía, la indicación de la norma o  normas  violadas,  la  mención  del  momento  procesal en donde se presentó la  anomalía  y de las actuaciones afectadas con la misma, así como la motivación  de su trascendencia.   

    

Pero  sobre  el  particular  es  necesario  también  recordar  el  criterio  reiterado  de la Corte acorde con el cual para  estructurar  en forma adecuada un cargo en casación debe empezarse por respetar  el   principio  de  lealtad  procesal,  sujetándose  el  actor  a  la  realidad  evidenciada  en  el  plenario,  pues  sólo de esa manera tendrá la Sala serios  elementos  para  abordar  su  estudio.  Esto  no  acontece en el presente evento  porque  no  es cierto, como lo sostiene equivocadamente el impugnante, que quien  representó  inicialmente  al  procesado  asumió  una actitud pasiva durante el  trámite de la actuación.   

Contrariamente,  consta en el proceso que el  entonces  defensor  de  CÉSAR JULIO PULIDO,  luego  de  asumir la asistencia letrada de éste en la diligencia  de  inquirir, concurrió al despacho del instructor para hacer presencia durante  la  recepción  de la declaración de la testigo Blanca  Lucía  Pulido  Rojas, habiendo incluso participado en  el    interrogatorio    que    se    le   formuló5,  tras  lo  cual,  una  vez la  Fiscalía   profirió   la  resolución  de  acusación,  interpuso  contra  esa  decisión   el   recurso   de  apelación,  que  sustentó  oportunamente.    

          Ahora  bien,  el  demandante  sostiene  que el defensor no  intervino en el traslado previo a la  audiencia  preparatoria,  absteniéndose  de solicitar  nulidades  y  el  decreto  de  pruebas.  Al     respecto,    es    del    caso  acotar   que,   conforme   lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  esta Sala, cuando la invalidación  pretendida  en  casación se vincula a la vulneración  del  derecho  de defensa, porque el profesional a cargo de esa gestión dejó de  solicitar  pruebas,  o  si  la  causa  generadora  de  invalidez  se  refiere al  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  por  cuanto  los  funcionarios  judiciales  no  decretaron  algunas probanzas, se deben relacionar  los  elementos  no  practicados  en el curso de la actuación y además explicar  razonadamente  que  esos  medios  de  convicción  eran  procedentes,  por estar  admitidos  en  la  legislación  procesal  penal;  conducentes, por relacionarse  directamente  con  el objeto de la investigación o del juzgamiento; y factibles  de  practicar,  puesto  que  los  funcionarios no están obligados a intentar la  realización    de    lo    que    no    es    posible   lógica,   física   ni  jurídicamente.   

Además,  en  la  medida  de  lo posible, se  requiere  efectuar  una  aproximación  al  contenido  material  de  las pruebas  supuestamente  omitidas,  para brindar a la Sala la oportunidad de confrontar el  aporte  de  aquellos  elementos  de convicción con las motivaciones del fallo y  así   poder   concluir   si   en  realidad  se  han  vulnerado  las  garantías  fundamentales del procesado.   

La  postulación  en sede de casación de un  cargo  con tal alcance obliga al censor a discernir, igualmente, sobre la manera  como   las   pruebas   dejadas   de   practicar  tenían  capacidad  de  incidir  favorablemente  en  la  situación del procesado, bien sea en cuanto al grado de  responsabilidad  que le fue deducido, o frente a la sanción punitiva impuesta o  simplemente  porque  el  conjunto  probatorio echado de menos podría desvirtuar  razonablemente  la  existencia  del  hecho punible o acreditar circunstancias de  beneficio  frente  a  la  imputación  que  soporta6.   

          El  casacionista  no  cumplió  a  cabalidad con tales presupuestos,  porque  se  limitó  en forma genérica a quejarse de la no práctica de pruebas  testimoniales  y  documentales,  sin  siquiera  identificarlas.  Solamente alude  acerca  de  la no solicitud de un examen pericial a la víctima, pero se abstuvo  de  efectuar  la  condigna aproximación acerca del contenido de ese elemento de  juicio  y  menos  aún  a  fundamentar  cómo  el resultado del mismo incidiría  favorablemente en la situación del procesado.    

          En   punto  a  los  cuestionamientos  relativos  a  la  omisión  de  solicitar  la  nulidad  de  la  actuación  y  al no asesoramiento eventual para  provocar  la  terminación  anticipada del proceso, la Sala tiene reiteradamente  dicho  que  la  idoneidad  de  la  gestión  defensiva no es atacable en sede de  casación,  pues  los profesionales del derecho gozan de total autonomía frente  a  la  forma  como  ejercen  el  encargo, sin que, por tanto, resulte válido el  desacuerdo  posterior  de  quien  lo  releva  en  su  misión,  aduciendo  la no  realización  de alguna actuación que, en criterio del nuevo letrado, resultaba  más   adecuada   para   los   intereses   del   sujeto  pasivo  de  la  acción  penal7.   

          En    el   segundo   cargo   el  libelista denuncia la violación indirecta de la ley sustancial,  derivada del desconocimiento de los principios de la sana crítica.   

          La  postulación del impugnante se enmarca en la modalidad del error  de   hecho   denominada  falso  raciocinio,  el  cual  se  configura  cuando  el  sentenciador,  al  apreciar el conjunto probatorio, vulnera los principios de la  sana  crítica  integrados  por  los  postulados  lógicos,  las  reglas  de  la  experiencia y las leyes de la ciencia.    

          Tiene  dicho la Corte que el referido quebranto debe manifestarse en  forma  ostensible,  pues  no  cualquier  postulación  probatoria  que  el actor  contraponga  al análisis efectuado por el fallador constituye falso raciocinio.  En  otras  palabras,  es  necesario  demostrar  que las premisas fijadas por los  juzgadores  a partir de su tarea apreciativa de los elementos de convicción son  abiertamente  contrarias  a  toda  lógica,  a  un sano y juicioso razonamiento,  incapaces  de  resistir  el  menor análisis, por lo absurdo o trastocado de las  respectivas               conclusiones8.   

          En  el  presente  caso,  el  demandante  se limita a esbozar algunas  circunstancias  que,  en su sentir, son constitutivas del desconocimiento de los  postulados  lógicos o de las reglas de la experiencia. Sin embargo, se abstiene  de  acreditar  que  los  sentenciadores,  con el análisis probatorio realizado,  actuaron  en  forma  caprichosa  y arbitraria, en cuanto acudieron a raciocinios  que   se   apartaron   de   manera   ostensible   a   la  razón  y  al  sentido  común.   

          En  realidad,  detrás  de  la  argumentación  del actor subyace su  particular  postura  acerca  del  mérito  persuasivo del testimonio de la menor  ofendida,  pretendiendo  su  desestimación a partir de argumentos tales como la  presencia  de algunas contradicciones en su declaración, el tiempo transcurrido  entre  los  hechos y su puesta en conocimiento a la autoridad, la no repetición  por  parte  del  acusado del comportamiento punible y la atribución del abuso a  un  tercero  para evitar ser castigada por su padre, ocultando así al verdadero  autor.   

          Esa   personal  visión  del  censor  la  opone  a  la  ponderación  probatoria  del  fallador, buscando con ello hacer prevalecer la suya por encima  de   la  expuesta  por  el  juzgador,  con  lo  cual  olvida  que  ese  tipo  de  discrepancias  probatorias  están  vedadas  en sede de casación, dada la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  que  está  revestida  la  sentencia  impugnada.     

          En   consecuencia,   por   los   defectos  de   fundamentación  que  exhibe,   la   Sala   inadmitirá   la   demanda  objeto  de  examen.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  CÉSAR JULIO PULIDO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              MARÍA        DEL       ROSARIO       GONZÁLEZ  MUÑOZ                      

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1   Como   esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre  de  la  menor afectada, de conformidad con lo  establecido  en  el  numeral  8º  del  artículo  47  de la Ley 1098 de 2006 ó  Código de la Infancia y Adolescencia.   

2  Al  acusado se le atribuyó la causal 2º de mayor puniblidad.   

3 Cfr.  Auto del 18 de abril de 2007, radicación 26916, entre otros.   

4 Cfr.  Auto del 18 de noviembre de 2004. Rad. 22082.   

5 Fs.  54 y 56 del cuaderno No. 1.   

6 Auto del 5 de diciembre de 2007, radicación 28613.   

7 Cfr.  Sentencia del 21 de marzo de 2007, radicación 23816.   

8  Providencia del 29 de junio del 2006, radicado 25.001.     

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