37873(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37873  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 425.   

Bogotá, D.C., treinta de noviembre de dos mil  once.   

V    I   S   T   O  S   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado FERNÁN DANILO  ALEGRÍA  VELASCO,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Popayán, el 8 de septiembre de  2011,  confirmatoria  en  su integridad de la emitida el 8 de julio de 2011, por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de esa  ciudad,  en  la  cual  se  condenó al acusado a la pena principal de 9 años de  prisión,  como  autor  del  delito  de  actos sexuales abusivos con menor de 14  años.   Allí  mismo  se decretó la sanción accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, por un lapso igual al de  la  privación  de  la  libertad, y se negaron al procesado los subrogados de la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la   pena   y   prisión  domiciliaria.   

H    E   C   H   O  S   

En  la  sentencia  atacada  se  narró  lo  ocurrido, de la siguiente forma:   

“La  Fiscal  Seccional  CAIVAS,  mediante  escrito,  acusó  al señor FERNÁN DANILO ALEGRÍA VELASCO, por ser  autor  responsable  de  la  conducta  punible  de  2ACTOS SEXUALES CON MENOR DE CATORCE  AÑOS (artículo  209                   -Modificado  por  la  Ley  1236  de 2008- del Código Penal); esto es, porque el  día  sábado  11  de  septiembre  de  2010,  a las 16.10 horas, en el Instituto  Tecnológico       de       Capacitación       del      Cauca      –IDEC,   mientras  la  señora  S.L.A.,  estudiante  de Secretariado Ejecutivo, asistía a sus clases, al mismo tiempo su  hijo  F.J.R.L.,  de  5  años  de  edad,  a quien llevó a dicho establecimiento  educativo  porque  no  tuvo a alguien con quien dejarlo en la casa, jugaba en el  patio,  montando  en  una  bicicleta prestada; y en esas, como su pequeño se le  “perdió  un  momento salió a buscarlo preguntándolo” (al profesor Víctor  Hernando  Silva),  llamándolo  y  hallándolo  detrás  de la caseta que venden  gaseosas,  sitio  al  que desde el salón no se podía ver, pero cuando se asoma  allá  atrás  miró  “a mi hijo subiéndose los pantalones”, y muy próximo  al  señor  FERNÁN  DANILO, al que también vio con la correa desabrochada, los  pantalones  abajo,  el  pene  parado  afuera,  la camisa desarreglada, nervioso,  diciéndole  a  ella  “no,  no, nosotros estábamos jugando…y lo agredí”,  mientras que el niño reaccionó gritando y llorando”.   

DECURSO  PROCESAL   

Capturado e n flagrancia el presunto agresor  sexual,  con  fecha  del  12 de septiembre de 2010, se celebraron las audiencias  preliminares  de  legalización  de la aprehensión, formulación de imputación  –se atribuyó al indiciado  el  delito  de  actos  sexuales  abusivos  con  menor de 14 años, al cual no se  allanó-    e   imposición   de  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

El escrito de acusación fue presentado el 13  de  octubre  de  2010.  Consecuentemente,  el  17  de  febrero  de 2011, ante el  Juez   Tercero  Penal  del  Circuito  de  Popayán,  se  llevó  a  cabo la  audiencia  de  formulación  de  acusación,  en  la  cual se endilgó a FERNÁN  DANILO  ALEGRÍA  VELASCO, la conducta punible de actos sexuales con menor de 14  años,  delimitada  en  el  artículo  209 del C.P., modificado  por la Ley  1236 de 2008.   

El  15  de  marzo  de  2011,  tuvo  lugar la  audiencia preparatoria.   

Los  días  30  de  marzo, 13 de mayo y 7 de  junio  de  2011,  fue realizada la audiencia de juicio oral, al final de la cual  el funcionario judicial anunció sentido de fallo condenatorio.   

El  8  de  julio  de  2011,  se  realizó la  audiencia  de  lectura de la sentencia condenatoria de primera instancia, a cuya  terminación  la  defensa interpuso el recurso de apelación que dentro de los 5  días siguientes sustentó por escrito.   

Finalmente,  el 8 de septiembre de 2011, fue  leída  la  sentencia de segundo grado, la cual confirmó en todas sus partes lo  decidido  por el A quo y por ello motivó el extraordinario recurso de casación  presentado  por  el  defensor del procesado, que ahora se analiza en su adecuada  fundamentación.   

SÍNTESIS   DE   LA  DEMANDA   

Cargo Único  

Dice  el recurrente que lo propone dentro de  la   “CAUSAL   PRIMERA   DE  CASACIÓN  que  al  efecto describe el Numeral 1°  del  Art. 181 del Código de Procedimiento Penal, referida a la VIOLACIÓN DE LA  NORMA  DE DERECHO SUSTANCIAL, bajo la modalidad de error de derecho por indebida  apreciación de las pruebas….”.   

Ya  en desarrollo de su tesis, el recurrente  dice  no  compartir  la  forma como el Tribunal valoró la prueba, ora porque lo  hizo  erradamente,  ya en atención a que no examinó los medios suasorios en su  conjunto.   

Ya   luego   resume  desde  su  particular  perspectiva  lo  que  entiende  contiene cada elemento de prueba, para después,  sin  señalar  el fundamento del aserto, significar que su representado legal no  fue   visto   con   el   pene   erecto,   dado  que  apenas  se  dedicaba  a  la  micción.   

Agrega que a lo explicado por el procesado no  se  le  dio credibilidad, pero tampoco fue desvirtuado por la prueba allegada en  el juicio.   

Estima el casacionista, de otro lado, que la  declaración  incriminatoria  de  la  víctima  obedece a un discurso aprendido,  fruto  del  impacto  que  le produjo la reacción de la madre cuando lo observó  miccionando al lado del acusado.   

Recurre  al  informe  sicológico, en cuanto  advierte  que  los  términos  utilizados por el menor no se corresponden con su  edad,  para  señalar  que  ello corrobora su punto, referido a que el menor fue  aleccionado.   

Atinente  a  lo  expresado por la Psiquiatra  Liliana  Charry,  respecto  a  la inexistencia de motivos que permitan verificar  falseado   el   testimonio   del   menor,   aduce   el   impugnante:  “…esto se debe a que el menor J.F., es una completa grabadora  y  se  aprendió  el  discurso  y  por  tal  motivo  confundió  a estas peritos  siquiátricos”.   

En  torno  de  lo  dictaminado por la perito  médica,  asume  el  casacionista: “esta profesional  lo    único    que    hace    es    especulaciones,   nada   seguro”.   

Critica,  así  mismo,  que no se le hubiera  dado  valor  a las fotografías aportadas por la defensa, donde se demuestra que  el sitio de los hechos es abierto.   

Resume, entonces que  el Juez de segunda  instancia   “dejó  de  aplicar  los  criterios  de  valoración,  al  no  emplear las reglas de la experiencia, de la lógica, de la  historia,  de  la  psicología,  de  la  sociología, de la imaginación como lo  ordena  el  Artículo  380  del  Código  de  Procedimiento Penal…”.   

Consecuente con lo resumido atrás, solicita  el  demandante  que  el fallo se case y en su lugar se emita uno de reemplazo en  el cual se absuelva al acusado del cargo formulado en su contra.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

Previo a examinar los cargos presentados por  el  impugnante  en  contra  de  la  sentencia  objeto de censura, debe relevarse  cómo,  con  el  advenimiento  de  la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la  naturaleza  de  la  casación  en cuanto medio de control constitucional y legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales,  cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado  por  el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004, así redactado:   

“Finalidad.  El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”   

Precisamente,  en  aras  de  materializar el  cumplimiento  de  tan  específicos  intereses, la Ley 906 de 2004, faculta a la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, entre otros, de la  potestad  de superar los defectos de que pueda adolecer la demanda, a efectos de  emitir   pronunciamiento   de  fondo  –art. 184, inciso 3°-.   

          Es  necesario, sin embargo, inadmitir la demanda si, como postula el  inciso  segundo  de  la norma citada: “el demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la causal, no desarrolla los cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Atendidos  estos  criterios, ha señalado la  Corte1:   

“De  allí  que  bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

“Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

“1.  Acreditación  del  agravio  a  los  derechos    o    garantías    fundamentales    producido   con   la   sentencia  demandada;   

“2.   Señalamiento   de  la  causal  de  casación,  a  través  de  la  cual  se  deja  evidente tal afectación, con la  consiguiente   observancia  de  los  parámetros  lógicos,  argumentales  y  de  postulación propios del motivo casacional postulado;   

“3.  Determinación de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

“De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

“a)  La  de  su  numeral  1º –falta  de  aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)  La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En  tal  caso, debe tenerse en cuenta que  las  causales  de  nulidad  son  taxativas  y  que  la  denuncia  bien sea de la  vulneración  del  debido  proceso  o  de las garantías, exige clara y precisas  pautas                 demostrativas2.   

“Del  mismo  modo, bajo la orientación de  tal  causal  puede  postularse  el  desconocimiento del principio de congruencia  entre       acusación       y       sentencia3.   

“c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento   de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica   o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción4,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o   alteración   de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar un hecho probado  con  base  en una prueba inexistente u omitir la apreciación de una allegada de  manera    válida    al   proceso-   y   del   falso   raciocinio   –fijación   de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera  de estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Establecidas   las  premisas  básicas  de  evaluación,  la  Sala debe señalar de entrada que la demanda presentada por el  defensor  del  acusado  ni siquiera alegato de instancia puede entenderse, pues,  de  manera  confusa  y carente de sustento, pretende entronizar lo que parce ser  una  crítica a la labor evaluativa realizada por las instancias, pero a través  de  una  fundamentación  precaria,  carente de contexto y trascendencia, razón  suficiente para inadmitir el escrito accionario.   

Está  claro,  del escrito examinado, que el  recurrente  desconoce  hasta los mínimos basamentos de la casación y por ello,  independientemente  de  que  deban o no exigirse formulismos técnicos, el cargo  planteado  carece  de  ilación  lógica  y  jurídica,  en  una especie de suma  inconexa  de  afirmaciones  jamás  desarrolladas  que   de  ninguna manera  perfilan   existente   algún  tipo  de  error  o   las  consecuencias  del  mismo.   

Con criterio meramente pedagógico, para que  el  recurrente  conozca  las  razones  por  las  cuales  indefectible  surge  la  inadmisión  de  la  demanda,  estima  necesario  la  Sala transcribir lo que de  manera   pacífica   y   reiterada   se  ha  señalado  en  punto  de  la  forma  lógico-jurídica   adecuada   de   plantear   cada   uno   de   los  cargos  en  casación.   

         Esto          se          dijo5   en   ocasión   anterior,  respecto  de  los  errores  de   

hecho     y     de     derecho:   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

Ya  de  entrada,  conforme a lo anterior, el  cargo  aparece indebidamente rotulado en el numeral primero del artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004, en tanto, allí se registra exclusivamente la violación  directa  de  la ley por falta de aplicación o indebida aplicación de una norma  sustancial,  en cuyo caso, sobra anotar, la discusión abandona completamente el  campo  probatorio,  al  punto  que  el demandante debe asumir sin discusión los  hechos  y  análisis probatorio realizados por el Tribunal a fin de concentrarse  en argumentos de estirpe meramente jurídica.   

Como es evidente, e incluso así lo señaló  expresamente  el  demandante,  que  su  discusión  estriba  puntualmente  en la  valoración  probatoria  efectuada  por  el Ad quem, evidente surge que no puede  acudirse  a  esa  primera causal que por violación directa de la ley rotuló en  su cargo.   

Tampoco,  así  mismo,  puede  significar el  casacionista  ejecutado  un  supuesto  error  de  derecho, pues, como claramente  arriba  se  diferenció, este dice relación con la validez de determinado medio  probatorio  –si se trata de  la  arista  del  falso  juicio  de  legalidad-  o  de  la tarifa legal que puede  instituir  excepcionalísimamente  la  ley  en un sistema de libertad probatoria  –si  de  acudir  al falso  juicio  de  convicción  se  trata-,  pero  nunca  en  lo concerniente al examen  valorativo que de los elementos suasorios hacen las instancias.   

Se  trata, entonces, de presuntos errores de  hecho  planteados  por  el  recurrente,  quien  dice  vulnerados  los principios  rectores  de  la sana crítica en la evaluación que de las pruebas hicieron las  instancias.   

Sin   embargo,   lejos  de  adelantar  una  controversia  seria  y  sustentada a partir de la cual demostrar que, en efecto,  los  jueces unitario y colegido incurrieron en severos yerros, tan trascendentes  ellos  que  motivan  modificar  el  fallo,  el  impugnante  presenta, en típico  alegato  de  instancia  por  entero  insustancial  en  la  sede  casacional,  su  particular  y  muy  interesada  visión  de  lo  que  las  pruebas  contienen  y  demuestran,  pasando  por  alto  que a la Corte arriban los fallos prevalidos de  una  doble  connotación de acierto y legalidad sólo derrumbable a partir de la  clara  e inequívoca verificación de un yerro subsumible dentro de las causales  de casación establecidas en la ley.   

Por  manera  que,  si  lo  pretendido por el  demandante  es  advertir  materializado el error de hecho confusamente propuesto  por  el  camino  del  falso  raciocinio,  no  le basta con realizar afirmaciones  genéricas  que  ni siquiera se sabe si consultan lo que la prueba objetivamente  arroja,  sino  que  se torna imperativo determinar si lo afectado son las reglas  de  la  experiencia,  los  principios  lógicos o los fundamentos de la ciencia,  delimitando  cuál  fue  la  indebidamente aplicada por el Tribunal, cuál es la  adecuada  para  el  caso,  cómo  incide  el  yerro en el análisis del elemento  suasorio  y,  finalmente, en aras de suplir la exigencia de trascendencia, ha de  realizarse  un nuevo examen de conjunto de los distintos elementos suasorios, ya  con   el  yerro  corregido  en  uno  de  ellos,  para  ver  de  definir  que  la  modificación  incide  tan  profundamente,  al extremo de obligar mutar, para el  caso concreto, la condena en absolución.   

Esa,  huelga  anotar,  no  fue una tarea que  siquiera  someramente  se preocupase por adelantar el casacionista, limitándose  él  a  realizar  afirmaciones  inconexas  y  carentes  de  soporte  fáctico  o  argumental  que bien poco representan en su cometido de echar abajo la sentencia  de condena.   

Por  lo  demás,  si  se  miran  bien  las  decisiones      de      primero      y      segundo      grados     –en    cuanto   forman   una   unidad  inescindible  dada  su  consonancia  y  efectos-,  es  claro  que se realizó un  profundo  y  amplio examen, primero individual y después conjunto, de todos los  elementos  de  juico válidamente allegados durante la audiencia de juicio oral,  advirtiéndose  en  concreto  por qué se daba credibilidad a la víctima y no a  la  tesis  defensiva  propuesta  por el procesado, hasta verificar cumplidas las  exigencias legales para proferir fallo de condena.   

A tal efecto, se analizaron las declaraciones  de  la  víctima  y su madre, contrastadas con lo dicho por las profesionales de  la  sicología  y  la  siquiatría,  en cuanto significan que el menor evidencia  afectación   sicológica  por  virtud  del  vejamen  y  no  se  aprecia  en  su  atestación  algún  tipo  de mendacidad o deseo de causar daño a quien, por lo  demás,   no   conocía   con  antelación,  para  de  allí  colegir  veraz  la  incriminación.   

Junto con ello, se examinaron a despacio las  exculpaciones  vertidas  por  el  procesado  y los argumentos presentados por su  defensor,  respondiéndose  todas  ellas,  aunque  de  forma  negativa,  una vez  contrastadas con los elementos probatorios de inculpación.   

En  contrario,  se  repite,  el  demandante  ninguna   argumentación  plausible  presentó,  ni  mucho  menos  demostró  la  existencia  de  vicios  propios  de  la  casación,  al  punto que, cual se dijo  atrás,  ni  alegato  de instancia puede entenderse el suyo, pues, omite abordar  en  concreto  las  razones  o  fundamentos  esgrimidos  por  las instancias para  soportar su decisión.   

En  suma,  como  la  Corte no observa en el  trámite  del  asunto  o  lo  consignado  en  el  fallo  atacado,  violación de  garantías  fundamentales  que  haga  necesaria  la  intervención  oficiosa, se  inadmitirá   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  defensor  del  acusado.   

Cuestión       final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con lo establecido en el Art. 186 de la Ley 906/04, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación6 como sigue:   

         a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  de  casación   no   hubiera  sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  FERNÁN  DANILO  ALEGRÍA  VELASCO,  en  seguimiento de  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del  presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Página continuación  parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Casación  sistema  acusatorio  N° 37.873  –Inadmite  demanda-  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                   Comisión de servicio   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

2 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

4 ib.  radicación 24.530   

5 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597   

6  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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