37752(07-12-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 37752  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Aprobado Acta No 434  

Bogotá, D. C., siete (7)  de diciembre de dos mil once (2011)   

V    I    S   T   O  S   

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda,      sustento     del     recurso     de     casación     discrecional    interpuesto    por   el  apoderado      del     procesado     EDGAR   RIVERA   RINCÓN,  contra   el   fallo   del  7  de  julio de  2011,    mediante  el cual el Tribunal Superior de  Ibagué   revocó   la   sentencia   absolutoria  proferida  el  27    de    marzo   de   2009    por   el   Juzgado   Penal   del  Circuito         de        Líbano,  y  en  su  lugar,   lo  condenó  a  prisión  de  27.2       meses,      multa  de  22.6  salarios mínimos mensuales vigentes, inhabilitación   para   el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un período  igual  al  previsto  para  la  pena  privativa  de la libertad y le concedió  la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena,  como autor responsable del delito de homicidio    culposo    en   concurso   con   lesiones   personales  culposas.   

LOS HECHOS  

En horas de la mañana del 22 de septiembre de  2003,  en  la  carretera  que de Armero Guayabal conduce a Lérida, la camioneta  Mazda,    modelo    2003,    placa    IBW-275,    conducida   por   EDGAR   RIVERA   RINCÓN,   sufrió   un  volcamiento  y  como  consecuencia del mismo, murió Juan Carlos Nieto Fuertes y  resultó herido Wilson Daniel Castellanos.   

El 23 de noviembre de 2005, el Fiscal 39 de la  Unidad  Seccional  de  Lérida,  acusó a EDGAR RIVERA  RINCÓN, como autor del delito de homicidio culposo en  concurso  con  lesiones  personales culposas, acusación que el 28 de febrero de  2007  fue  confirmada  por  el  Fiscal 4ª Delegado ante el Tribunal Superior de  Ibagué       1.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

El actor invoca la  casación     discrecional,    por    considerar          necesario   el   pronunciamiento  de  la  Corte  para  “desarrollar  el  problema del ámbito  de  responsabilidad  de las víctimas”, en el delito  imprudente.   

Cargo   Único.  Denuncia  la  violación  directa  de  la  ley  por interpretación errónea del  artículo   23   y   aplicación   indebida   del   artículo  109  del  Código  Penal.   

Considera   que   el  Tribunal  tiene  una  concepción   del   delito   imprudente,  que  no  es  congruente  con  las  normas  citadas,  ni  con  los  fundamentos  de  esa forma de tipicidad, como tampoco en la sentencia desarrolla  las  consideraciones  acerca  del  carácter  imprudente  de  la  actuación del  acusado.   

Señala  que  aunque identifica la causa del  accidente  en  la  falla  mecánica,  menciona  otros  factores que permitirían  también   atribuir   culpa   a   la  “actuación”,  sin  expresar el   vínculo   con   el  resultado,  a  efectos       de  otorgarles   relevancia  jurídica,  al  mismo tiempo que ignora la importancia del comportamiento de las  víctimas.   

Critica que se tenga a las fallas mecánicas  como  factores  desencadenantes  de la imprudencia y al conductor se le impongan  deberes  de  constatación  del estado del vehículo, sin señalar su alcance ni  las circunstancias en las que se despliega la conducta de riesgo.   

Niega  que  el  uso  y  poco kilometraje del  vehículo,  le  impusiera  al  conductor  la  revisión  constante  de su estado  mecánico,  sin  que  pueda  perderse  de  vista  lo  dictaminado acerca  de la causa de la falla de los frenos,  defectos    de   funcionamiento   que   el   acusado  no podía esperar.   

Así    mismo,   frente   al   caso   fortuito   constituido   por   el  estallido de las llantas  del    automotor,    tesis   defensiva      descalificada      en     la  sentencia,  aduce  que  si       fueron  encontradas desinfladas,  este    hecho    se  explica    por    su  explosión   y   no   por   otra   cosa.   

Luego se ocupa en advertir que la sentencia  no  establece  el  vínculo normativo entre la acción imprudente y el resultado  típico,   y   al   diferenciar   los  ámbitos  de  responsabilidad  entre el conductor y las víctimas, considera que los pasajeros  al  transportarse  en  el  platón  del vehículo, se  expusieron   libre   y  voluntariamente  al  riesgo,  insistiendo   en   su   tesis  de  acuerdo  con  la  cual,  el resultado es atribuible a un caso  fortuito.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

Aun  cuando  el  actor  invoca  la  casación  discrecional,  toda  vez  que  se  trata  de  un delito cuya sanción máxima no  supera  los  ocho  (8)  años  de  prisión,  con  el propósito de que la Corte  desarrolle  el  problema  del  ámbito  de  responsabilidad de las víctimas, no  menciona el sentido en que debe hacerlo.   

La  sola  enunciación  de  esa  necesidad no  constituye  sustentación del motivo, como tampoco satisface esa obligación, la  mención  a  una decisión de la Sala, respecto de la cual ninguna crítica hace  el  censor,  como  tampoco  advierte  si  el  tema  tratado  no fue desarrollado  suficientemente  y  en  qué  aspecto  requiere  ser  precisado, sino que por el  contrario  acude a ella, para aducir la heteropuesta en peligro consentida de la  víctima  y por ese camino, reclamar la “atipicidad  de la actuación”.   

Desde   esa   perspectiva,   la   casación  excepcional  es  improcedente,  pues  debe  recordarse  que  su sustentación no  demanda  conceptos  y  discursos  jurídicos  rigurosos  y  extensos,  sino  una  exposición  que puede ser breve, en la cual con claridad se exponga el motivo o  motivos  que  hacen  necesaria  la intervención de la Corte, la cual se echa de  menos en este asunto.   

Esta sola razón es suficiente para inadmitir  la  demanda. Pero además, el libelo no cumple con los requisitos de contenido y  de  forma,  porque en la proposición y desarrollo del cargo, el actor desconoce  lo  dispuesto  en  el  numeral 3 del artículo 212 de la ley 600 de 2000, que le  impone  la  obligación  de expresar en forma concreta y precisa los fundamentos  del mismo, mediante una debida argumentación lógica y jurídica.   

Cuando se denuncia la violación directa de la  ley  sustancial,  motivo  que corresponde al cuerpo primero de la causal primera  del  artículo  207  de  la ley 600 de 2000, el actor acepta los hechos tal como  fueron  declarados probados y la valoración de la prueba hecha por el juzgador,  sin  que  pueda discutirlos ni rebatirlos, porque la vía escogida corresponde a  un juicio en puro derecho que recae sobre la sentencia.   

En  esas circunstancias, su labor se limita a  precisar  el  error de juicio, a designar su modalidad, a plantear su existencia  y a demostrar su incidencia en el fallo.   

Por  consiguiente,  si  lo  propuesto  es  la  interpretación  errónea  de  la ley, caso en el cual el juzgador acierta en su  selección  pero  yerra  en su significado, sentido o alcance, es ineludible que  señale  cuál  fue  la  norma dejada de aplicar, la indebidamente aplicada o la  mal interpretada.   

La demanda no desarrolla el reparo conforme a  esas  exigencias,  pues  en la demostración del error, el ataque a la sentencia  lo  estructura  en  la discusión de los hechos, sobre los cuales las instancias  afirmaron  que  el  procesado  obró  imprudentemente,  cuando su obligación le  imponía  adelantar  un  juicio jurídico y no especulativo, para mostrar que el  Tribunal   le   otorga   a   la   conducta   culposa   un   significado  que  no  tiene.   

Por  eso  critica,  que  en  la  sentencia se  califique  de  imprudente  el  comportamiento  del  acusado,  con  fundamento en  “factores  que  no  pueden  ser  valorados  de esa  manera”, discutiendo de ese modo los hechos probados  en  ella, como también la causa que explica el accidente, pues a su juicio ella  “no fue consecuencia de  un  actuar  imprudente  del  procesado”.     

Error en el que persiste el censor, a pesar de  citar  la  norma  sobre  la  cual  recae  el  vicio, pues aun cuando expresa que  respeta  los  hechos  probados  en  la  sentencia, pronto vuelve a abandonar esa  idea,  al  advertir que le da “relevancia jurídica  a  unas  circunstancias  que  no tienen ninguna relación con el resultado, y al  ignorar  la  relevancia  del comportamiento de las víctimas en la ocurrencia de  los hechos”.   

El  cual  se  hace  más  evidente,  con  la  construcción   de   la  regla,  a  partir  de  las  condiciones  del  vehículo  accidentado,  uso  y  kilometraje  recorrido,   de  acuerdo  con la cual un  “hombre diligente y cuidadoso no debe efectuar una  revisión  cotidiana  del  estado  mecánico”,  y la  invocación  del  principio  de  confianza,  teniendo  en  cuenta  que  el   dictamen   pericial   atribuye  la  falla  de  los  frenos,  a  la  “corrosión   de   los  bordes  o  descolocación” de los mismos.   

Del  mismo  modo  que,  insiste  en  el  caso  fortuito  originado  en  el  estallido  imprevisto  de  una  de  las llantas del  vehículo,  cuyo  rechazo  en  el  fallo  con  fundamento  en el examen técnico  controvierte,  y  reitera que la “sentencia aprecia  unos  elementos de prueba obrantes en el expediente”,  considerados   constitutivos  de  culpa,  de  “una  manera    que    no    se   adecúa   a   lo   dispuesto   por   dichas   normas  jurídicas”.   

En  fin,  discute que la sentencia tenga como  causa   del   accidente  las  fallas  mecánicas  para  dar  por  demostrada  la  imprudencia,  sin  haberse  probado “defectos en la  conducción”  del  vehículo  por parte del acusado,  para  significar  que  si  hubiera conducido sin lluvia y en recta, el accidente  “también   se  hubiera  producido”.   

Las anteriores referencias a la demanda, hacen  manifiesta  la  falta  de  técnica  en  el desarrollo del cargo, al discutir el  censor  los  hechos  tal  como  fueron  probados  y  la valoración hecha por el  juzgador, la cual conspira contra su trámite.   

Esa  manera de argumentar, además, revela el  propósito  del censor de continuar con el debate probatorio, quien no oculta su  intención  de  querer  imponer su criterio sobre el del fallador, olvidando que  en  esta  sede  se  juzgan  errores de juicio y que ante la doble presunción de  legalidad  y  acierto  de la sentencia, el análisis probatorio realizado por el  juzgador,  prevalece  sobre  el que hagan los sujetos procesales, en razón a la  libertad  relativa  de  la  cual  goza  en  el  sistema de persuasión racional,  siempre que no se aparte de las reglas de la sana crítica.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  por  las  manifiestas  falencias  de  técnica,  las  cuales  no podrá  subsanar,   corregir  o  enmendar,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  artículo  216  de  la  ley  600  de  2000,  y  de  la  naturaleza  rogada de la  impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá  su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se     observa     la     afectación     o     vulneración    de    garantías  fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

Inadmitir   la   demanda   de   casación  discrecional,   presentada   por   el   apoderado  de  EDGAR RIVERA RINCÓN.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                   Comisión de servicio   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                               JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ        

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                  SIGIFREDO            ESPINOSA  PEREZ                                                                

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZALEZ   MUÑOZ                                                     AUGUSTO                      IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                                  

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                          JULIO  E.  SOCHA  SALAMANCA                               

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

1  Folios 282 a 291, cdno original 1.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *