37604(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 208   

Bogotá D.C., julio tres (3) de dos mil trece  (2013).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados GERARDO HERNÁNDEZ  HERNÁNDEZ,  WILFREDO  SEGUNDO  ACUÑA VALLE, JUAN GUILLERMO GUTIÉRREZ MORALES,  JESÚS  ANTONIO  PÉREZ  PÉREZ,  JHONY  ALBERTO  DAVID TABORDA y MARINO ALBERTO  CARVAJAL LÓPEZ.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. Hacia las 7:30 de  la  noche  del 11 de abril de 2005, el joven Robinson Carvajal Herrera salió de  su  casa  ubicada en el Barrio Manrique de la ciudad de Medellín. En compañía  de  sus  amigos  Luis  Alberto  Taborda  y Héctor Alejandro Rodríguez fueron a  comprar    marihuana    y    en   el   sitio   conocido   como   “cuatro   esquinas”  los  abordaron  los  miembros   de   una  patrulla  militar  del  Batallón  Agrupación  de  Fuerzas  Especiales  Urbanas  (AFEUR).  Estos  se  llevaron  retenido a Robinson Carvajal  Herrera,  lo mataron con disparos de arma de fuego, simularon que lo hicieron en  combate   para  presentar  el  hecho  como  un  logro  militar  y  efectivamente  recibieron  felicitaciones. También se llevaron una bicicleta que tenían en su  poder los muchachos.   

2. Al proceso fueron  vinculados   mediante  indagatoria  HIRAM  BETTONNY  LÓPEZ  GONZÁLEZ,  GERARDO  HERNÁNDEZ  HERNÁNDEZ, WILFREDO SEGUNDO ACUÑA VALLE, JUAN GUILLERMO GUTIÉRREZ  MORALES,  JESÚS  ANTONIO PÉREZ PÉREZ, JHONY ALBERTO DAVID TABORDA, ELIXÁNDER  ANTONIO  FLOREZ  SEPÚLVEDA,  ABELARDO  DE JESÚS RIVERA GARCÉS, MARINO ALBERTO  CARVAJAL  LÓPEZ  y  WILLINGTON  DE  JESÚS  DUARTE  DURANGO.  Se  les resolvió  situación  jurídica  con  detención preventiva el 22 de abril de 2009 y en la  misma  decisión  se  ordenó  capturar  para indagatoria a ARIEL ENRIQUE SIERRA  BENITEZ.  A  éste  y  a  HIRAM  BETTONNY  LÓPEZ  GONZÁLEZ se les precluyó la  instrucción, por muerte, el 29 de mayo del mismo año.   

La  Unidad  de  Derechos  Humanos  y Derecho  Internacional  Humanitario  de Medellín, mediante providencia del 15 de octubre  de  2009,  acusó  a los demás procesados en calidad de autores de homicidio en  persona protegida y hurto calificado.    

3.  Tramitado  el  juicio,  el  17 de agosto de 2010 el Juzgado 9º Penal del Circuito de Medellín  adoptó en la sentencia las siguientes determinaciones:   

    

* Absolver a todos los acusados del cargo de hurto.     

    

* Absolver  a  los  procesados  ELIXÁNDER  ANTONIO FLOREZ SEPÚLVEDA,  ABELARDO  DE  JESÚS RIVERA GARCÉS y WILLINGTON DE JESÚS DUARTE DURANGO por el  cargo de homicidio en persona protegida.     

    

* Condenar  a  GERARDO  HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, WILFREDO SEGUNDO ACUÑA  VALLE,  JUAN  GUILLERMO  GUTIÉRREZ MORALES, JESÚS ANTONIO PÉREZ PÉREZ, JHONY  ALBERTO  DAVID TABORDA y MARINO ALBERTO CARVAJAL LÓPEZ, en calidad de coautores  de  homicidio  en  persona  protegida,  a  32  años  y  6  meses  de  prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  20  años  y  multa  de  2750  salarios mínimos legales mensuales  vigentes.     

4. La Fiscalía, la  Procuraduría  y  la defensa apelaron ese pronunciamiento y el Tribunal Superior  de  Medellín,  por  intermedio  de  la  sentencia recurrida  en casación,  dictada el 10 de mayo de 2011, la confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA:  

Cargo  único.  Violación directa de la ley  sustancial.   

1.  El  juzgador  aplicó  indebidamente  los artículos 9º (conducta punible), 22 (dolo) y   135  (homicidio  en  persona  protegida) del Código Penal, así como el numeral  2º  del  artículo  2º  de  la  Ley  171  de  1994  (aprobatoria del protocolo  adicional  de  los  Convenios  de  Ginebra),  conforme  al cual esa normatividad  “no  se  aplicará  a  las  situaciones de tensiones  internas  y  de  disturbios  interiores,  tales  como  los  motines,  los  actos  esporádicos  y  aislados  de  violencia  y  otros  actos  análogos, que no son  conflictos   armados”.   La   consecuencia  de  esa  equivocación  jurídica fue dejar de aplicar el artículo 103 del Código Penal  (homicidio).   

2. El casacionista,  luego  de  transcribir  los  argumentos en los que el a  quo  apoyó la imputación de la conducta objeto de la  condena  y  de  citar  jurisprudencia de esta Corte y de la Constitucional, así  como   doctrina   internacional,   respecto  de  los  elementos  “con    ocasión”   y   “en  desarrollo  de  un  conflicto armado”  previstos  en  el  tipo penal de homicidio en persona protegida, señaló que ni  en  primera  ni  en  segunda  instancia se explicó por qué el deceso del joven  Robinson   Carvajal   Herrera   fue   con   ocasión   de  un  conflicto  armado  “pues  si  bien  se  mencionó y se hizo alusión”  a  uno  en  Colombia,  “el  elemento  normativo  del  artículo 135 ‘con  ocasión’  ni   fue   explicado,   ni   se   cumple   en   el   caso   concreto”.   

Aparte  de  que  los  juzgadores  dieron por  sentada     la     existencia     de    “conflicto  armado”  sin  indicar “en  el  caso  particular  que  se  juzga”  los elementos  necesarios  para  su  estructuración,  omitieron  decir  por qué la muerte del  joven  fue  consecuencia  directa  y necesaria de ese conflicto. “No  era  suficiente limitarse a señalar que ya la jurisprudencia ha  reconocido  la  existencia de un conflicto armado en Colombia, o que el mismo es  algo  notorio,  o  que  recientemente mediante un acto político el gobierno del  presidente  Juan Manuel Santos lo haya reconocido, o que en distintas leyes como  por  ejemplo la ley de justicia y paz, o más recientemente la ley de víctimas,  se  haya  hecho  alusión  a  él”. Era indispensable  “constatar  su  presencia  a la luz de los criterios  objetivos    esgrimidos”    por   los   tribunales  internacionales de derechos humanos.   

Para  reprocharle  al  sujeto  activo  del  homicidio  la violación del derecho internacional humanitario, debe demostrarse  demostrado  que conocía el contexto en el que desenvolvió su comportamiento y,  además,   “que   al   momento   de  realizarlo  su  intención”     estaba    dirigida    “a  transgredir  la  normatividad  que  ampara  la  situación  de  conflicto”.   

Así  las cosas, si en el fallo recurrido el  elemento  normativo  del tipo penal “con ocasión del  conflicto  armado”  simplemente se mencionó y no se  valoró,  “debe darse aplicación al principio del in  dubio  pro  reo”  y, como consecuencia, tipificar la  conducta imputada en el artículo 103 del Código Penal.   

Se   trató,   el   presente   caso,   de  “una  situación aislada de violencia, realizada por  un  grupo  de  militares  que  sin  medir  las  consecuencias de su actuar, pero  también  sin  comprender  que  su comportamiento podía ser catalogado como una  infracción  al  derecho  internacional  humanitario, cometieron un error por el  cual  deben  pagar,  pero  con  total ajuste al ordenamiento jurídico, es decir  aplicando  el  artículo  103  del  Código  Penal,  pues  estamos  frente  a un  homicidio simple”.   

Expresó  el  censor,  por  último,  que es  necesario  casar  la  sentencia  para corregir la calificación jurídica de los  hechos  imputados  a  sus asistidos, “unos servidores  de  la  patria,  que  se han visto en la necesidad de ingresar al ejército para  defender  la  nación de acciones que unilateralmente han decidido emprender los  grupos terroristas contra la sociedad”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Es notorio que la  demanda  no  satisface  el  requisito  legal  de  claridad  y  precisión  en la  formulación  del  cargo,  presentado  por  el  defensor  de  los  miembros  del  Ejército  Nacional  condenados,  al  amparo de la causal 1ª de casación de la  ley  600  de  2000, a través de la cual es viable denunciar yerros jurídicos o  probatorios de la sentencia.   

Los  primeros  no  le  permiten  a quien los  plantea,  el  debate  de  los  hechos que declaró comprobados el juzgador ni la  apreciación  probatoria  y  se  originan en la aplicación indebida de la norma  sustancial,   en   su   falta   de   aplicación   o   en   su   interpretación  errónea.   

La  violación  de  la  ley,  en  el segundo  evento,  tiene  lugar  de  manera  indirecta,  como  resultado  de errores en la  apreciación  probatoria,  que  pueden  ser  de hecho o de derecho. Los de hecho  ocurren  cuando el juzgador supone u omite pruebas (falso juicio de existencia),  distorsiona  o  altera  su  contenido  material  (falso  juicio de identidad), o  cuando  realiza  la  apreciación  probatoria  con  desbordamiento  de  la  sana  crítica  (falso raciocinio); los de derecho cuando aprecia pruebas inválidas o  tiene  como  tales  pruebas válidas (falso juicio de legalidad) o cuando estima  que  el  medio probatorio tiene tarifa legal, no teniéndola, o estando sujeta a  ella  desconoce  el  valor  o la eficacia probatoria que le asigna la ley (falso  juicio de convicción).   

2.  En  el  evento  examinado,  el  recurrente  aludió en la censura a violación directa de la ley  sustancial  y  es  indudable  que  se  sujetó  a  la  lógica  de esa causal de  casación,  al  marginar  de  la proposición cualquier discusión de naturaleza  probatoria.  Admitió,  en  consecuencia,  las  siguientes  conclusiones  de las  instancias:   

2.1. Los procesados  le  causaron  la  muerte  al  joven  Robinson Carvajal Herrera y, para evitar el  descubrimiento  de  su  crimen,  inventaron  que  el hecho ocurrió en combate y  dispusieron  un  escenario  que  condujera a las autoridades judiciales a pensar  así.    

2.2. Los procesados,  la  noche  de  los hechos, patrullaban en la parte alta del Barrio San Javier La  Loma  de  Medellín,  en  desarrollo  de la orden de operaciones “atacador”, cuyo objetivo “era  capturar y/o someter por la fuerza y combatir hasta doblegar la  voluntad  de  lucha  de  integrantes  de  organizaciones narcoterroristas de las  FARC,  ELN,  AUC y delincuencia común que viene atemorizando los habitantes del  municipio,  según información suministrada por la población asentada en estos  sectores del casco urbano”.   

2.3.   Robinson  Carvajal  Herrera  era  un  joven  de  19 años sin antecedentes judiciales, sin  anotaciones  en  las  bases  de  datos  de  la inteligencia militar y, según se  deduce  de  lo  demostrado  en el proceso, “no era un  guerrillero,  un  asaltante,  un extorsionista, o uno de tantos intimidadores de  la  población  como  en  verdad los hay en las comunas de Medellín”.  Era  “un  miembro de la población  civil  que  antes  que  ser  atacado, merecía la protección de las fuerzas del  orden”.   

3. De acuerdo con el  fallo  de  primera  instancia,  pues  el  punto no se debatió ante el Tribunal,  Robinson  Carvajal  Herrera  era  persona protegida por el derecho internacional  humanitario   y   su  muerte  “acaeció  dentro  del  contexto  del  conflicto  armado,  por  un actor armado, como lo es el ejército  nacional”.  Compartió el juzgador, en consecuencia,  la  calificación legal de la conducta propuesta en la resolución de acusación  por la Fiscalía General de la Nación.   

    El  error  de juicio jurídico  denunciado  por  el  casacionista,  que  habría conducido al Tribunal a imputar  equivocadamente  a  los  acusados  el  delito de homicidio en persona protegida,  cuando  debía  atribuirles homicidio simple, lo fundó en que las instancias no  explicaron  por  qué  la muerte violenta del joven Robinson Carvajal Herrera se  produjo   “con  ocasión  y  en  desarrollo  de  un  conflicto  armado”.  Esa  omisión,  en su criterio,  condujo  a  la transgresión del principio del in dubio  pro reo.   

No  se  comprende  el  reproche.   La  existencia  de  conflicto  armado,  conforme  lo  recordó  el  Juez  de primera  instancia  acudiendo  a  cita  jurisprudencial  de  esta  Sala, se ha reconocido  políticamente  en  Colombia.  Y si los militares condenados, cuando los hechos,  patrullaban  un  sector  de la ciudad de Medellín en procura de “combatir” agrupaciones guerrilleras y de  delincuencia  común,  entonces  el crimen de un civil, protegido por el derecho  internacional  humanitario,  configuró  la  conducta  punible  de  homicidio en  persona protegida.   

Los  acusados,  si  se  tiene  en  cuenta el  informe  militar  relacionado  con  el  desarrollo de la operación realizada la  noche  de  los  hechos,  tenían  claro  lo  anterior.  Tanto que en el mismo se  señaló,  según  se  recordó en el pronunciamiento de primer grado,  que  “el    personal    del    destacamento”   bajó  del  furgón  en  el  cual  se  desplazaban  e  inició  “el  registro  ofensivo”  hacia  las  21:10  horas.  Detectaron  “un  personal  sospechoso”  que  los  atacó.  Inicialmente  eran 3  hombres  que  les  disparaban,  reforzados luego “por  otro   personal   que   disparaba   de   las   partes   altas   al  parecer  con  fusiles”.   La  patrulla  lanzó la proclama de  que  eran tropas del ejército nacional y combatieron aproximadamente 15 minutos  “pero los hostigamientos se mantuvieron durante toda  la   noche”.   Al   final  realizaron  el  registro  correspondiente  al  lugar  y  encontraron “un sujeto  abatido  el  cual  portaba una pistola calibre 9 mm”.   

Así  las  cosas,  es  manifiesto  que en la  sentencia  de  primera  instancia,  que  complementa la impugnada y forma en esa  medida  unidad  jurídica  con  ella,  se  justificó  por  qué el homicidio se  ejecutó  en  persona  protegida  y  con  ocasión  del  conflicto  armado.  Por  consiguiente,  si  al  censor  le  parecía  que  se  trató  de una motivación  deficiente  era  de  su  resorte  precisarlo  y  demostrar  de  qué  manera esa  irregularidad  le  impidió  el  ejercicio  pleno  del derecho de defensa. De lo  contrario,  en  lugar  de  limitarse  sólo  a  afirmar  que  las  instancias no  explicaron  por  qué  el  homicidio  se produjo “con  ocasión  y  en  desarrollo  de un conflicto armado”,  derivando   de  allí  sin  ninguna  lógica  la  aplicación  del  in   dubio  pro  reo,  tenía  como  carga  acreditar  que  esa  conclusión era equivocada en el plano jurídico, para así  cumplir  con la exigencia legal de claridad y precisión en la presentación del  cargo.   

Al  no  cumplir  ese  deber,  no  procede la  admisión  de  la  demanda. Tampoco hay lugar a casar de oficio la sentencia, en  consideración   a   que   una  vez  revisada  la  actuación  no  se  evidencia  quebrantamiento   alguno   de   los   derechos   fundamentales  de  los  sujetos  procesales.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el   defensor   de               los  procesados  GERARDO HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, WILFREDO SEGUNDO ACUÑA  VALLE,  JUAN  GUILLERMO  GUTIÉRREZ MORALES, JESÚS ANTONIO PÉREZ PÉREZ, JHONY  ALBERTO   DAVID   TABORDA   y   MARINO   ALBERTO   CARVAJAL   LÓPEZ.   

          Contra   esta  decisión  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                               FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO       ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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