37521(29-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37521  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

                                  Aprobado acta N° 353.   

Bogotá,   D.   C.,  veintinueve  (29)  de  septiembre de dos mil once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JORGE   ENRIQUE   HERNÁNDEZ   MORENO   y  ERIKA    JUDITH    BECERRA    PINEDA    contra  la  sentencia  del  24  de  mayo de 2011 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de Cúcuta confirmó la proferida el 30 de julio de 2010 por  el  Juzgado  Primero  Adjunto Penal del Circuito Especializado de la misma sede,  que  condenó  a los procesados a las penas principales de 7 años de prisión y  450  salarios  mínimos  legales mensuales de multa, así como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término fijado para la sanción privativa de la libertad, como coautores  del delito de extorsión, en concurso con tentativa de extorsión.   

HECHOS  

          Los  que  dieron  por  demostrados  los  falladores  de instancia se  pueden resumir en los siguientes términos:   

          A  principios  del  mes  de  junio  de  2005  el señor Norberto  Jiménez Buitrago recibió varias  llamadas   telefónicas   donde   le   exigían   la   compra   de   14  boletas  correspondientes  a  la rifa de algunos artículos, a razón de $20.000 cada una  para   un  valor  total  de  $280.000,  dinero  que  por  instrucciones  de  los  extorsionistas,  quienes  decían  pertenecer  a  las  autodefensas ilegales, la  víctima efectivamente entregó a través de un taxista.   

          El  24  de  los  mismos mes y año Jiménez  Buitrago  recibió  nueva  comunicación  telefónica,  esta  vez  para  exigirle  la compra de 10 boletas más, cada una igualmente por  valor  de  $20.000  para  un  total  de  $200.000.  En esta ocasión el afectado  decidió  acudir a las autoridades, quienes iniciaron las labores de indagación  respectiva,  en  cuyo  desarrollo lograron determinar que quienes realizaron las  referidas  llamadas telefónicas correspondían a JORGE  ENRIQUE    HERNÁNDEZ    MORENO    y    ERIKA    JUDITH   BECERRA   PINEDA.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   El   trámite   de   las  diligencias  correspondió  a  la  Fiscalía  Tercera  Especializada de Cúcuta, cuyo titular  dispuso,  en  resolución del 1º de julio de 2005, la apertura de la respectiva  instrucción penal, ordenando la captura de los antes mencionados.   

2. Producida la aprehensión, se les escuchó  en  declaración  de indagatoria, y el 14 de julio siguiente les fue resuelta la  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, por  los delitos de extorsión y tentativa de extorsión.   

3.  Clausurada  la  instrucción,  mediante  interlocutorio  del  28 de octubre del mismo 2005 el fiscal calificó el mérito  del   sumario,   profiriendo   resolución  de  acusación  contra  JORGE   ENRIQUE   HERNÁNDEZ   MORENO   y  ERIKA  JUDITH BECERRA PINEDA,  por  los  ilícitos  considerados  en  la  medida  de aseguramiento. Por vía de  apelación,   la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  confirmó el pliego acusatorio en decisión del 5 de junio de 2006.   

4.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  referida  ciudad,  despacho  judicial  que  realizó  las  audiencias  preparatoria  y  pública de  juzgamiento,  tras  lo  cual,  por  redistribución  laboral, el proceso pasó a  conocimiento  del  Juez  Primero  Adjunto Penal del Circuito Especializado de la  misma  sede,  quien  puso fin a la instancia con la sentencia del 30 de junio de  2010,  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  el 24 de mayo del cursante año.   

6.  Por  lo  anterior  la defensa acudió al  recurso  extraordinario  de  casación,  presentando  en  tiempo  el  respectivo  libelo.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  invocando para el efecto la causal primera de casación de la Ley 600  de  2000,  a  cuyo  amparo  le  atribuye “incurrir en  error  de  derecho  en la apreciación de la prueba”.   

          Lo  anterior  porque, según refiere, el juzgador no le dio el valor  legal  a  las  pruebas  y desconoció la violación del derecho de defensa, así  como  la  ausencia  de  responsabilidad  de  los  procesados,  en  cuanto éstos  denunciaron  en  su  momento haber sido amenazados para entregar las boletas, es  decir, actuaron bajo una causal excluyente de responsabilidad.   

          Para   el   actor,  el  fallador  también  desconoció  que  en  la  instrucción  se  incurrió  en  irregularidades  sustanciales, violando así el  debido  proceso  y  los derechos a la igualdad y favorabilidad. Además, añade,  la  actuación  se surtió con informes de policía, los cuales no pueden servir  de  prueba,  conforme se desprende de la sentencia de la Corte Constitucional en  la  cual  declaró  exequible  el  artículo  50 de la Ley 750 de 1999, de donde  queda  de  manifiesto  una  vez más el error de hecho en la apreciación de las  pruebas.   

          Concluye  predicando la violación de los artículos 232 y 234 de la  Ley  600  de 2000, pues las providencias dictadas por la Fiscalía no se basaron  en  prueba  legal y oportunamente allegada al proceso, circunstancia que, por lo  demás,  deja  ver  la  no  existencia de imparcialidad en las decisiones de los  sentenciadores.   

          De  esa  forma, pidió casar la sentencia impugnada y absolver a los  acusados.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

         Cuestión previa:   

          A  los  procesados JORGE ENRIQUE HERNÁNDEZ  MORENO   y  JUDITH  BECERRA  PINEDA  se  les condenó por los delitos de extorsión  consumada  y extorsión tentada. Sin embargo, se advierte que el segundo de esos  punibles  se  encuentra actualmente prescrito, lo cual ocurrió antes de arribar  el        proceso       a       la       Corte1.   

          En  efecto,  de  acuerdo  con  el artículo 244 del Código Penal de  2000,  modificado  por  el  artículo  5º  de la Ley 733 de 2002, la extorsión  está  sancionada  con  prisión  de  12  a  16  años.  Pero  como en este caso  concurre,  conforme en efecto lo consideró el fallador de primera instancia, la  circunstancia  atenuante  prevista  en  el  artículo  268  de  la codificación  precitada,  habida  cuenta  que  el  valor de lo apropiado no excedió de un (1)  salario  mínimo  legal  mensual vigente para la fecha de los hechos2,    dicha  punibilidad  se  disminuye  de  una  tercera parte a la mitad, lo cual significa  que,  por  aplicación  del  parámetro  5º  previsto  en  el 60 ibídem, a los  referidos  16  años  se  le aplica reducción en una tercera parte, para quedar  así en 10 años y 8 meses.   

A   su   vez,  como  procede  también  la  aplicación  del  dispositivo amplificador de la tentativa, el referido quántum  debe   rebajarse   en   una  cuarta  parte  (art.  27  C.  P.),  quedando  en  8  años.   

          Al  tenor  de  lo  establecido  en el artículo 83 de la obra que se  viene  citando,  la  acción penal prescribe en un tiempo igual al máximo de la  pena  fijada  en  la ley. Sin embargo, en la etapa de juzgamiento el término se  disminuye  en  la  mitad,  sin  ser  inferior  a cinco (5) años, conforme está  previsto  en el artículo 86 ejúsdem, es decir, que el lapso llamado a tener en  cuenta   aquí   para   tal   efecto   es,   precisamente,   el   de  cinco  (5)  años.   

          En  el presente caso, la resolución de acusación cobró ejecutoria  el  5  de  junio de 2006, fecha en que se confirmó la resolución de acusación  en  segunda  instancia, pues esa decisión no fue objeto de notificación. Desde  esa  fecha  a  la  actual  ya  transcurrió  el  precitado  término,  luego  es  indiscutible la presencia en este caso del fenómeno prescriptivo.   

          Así  lo declarará la Sala, ordenando la cesación de procedimiento  en lo relacionado con el ilícito de extorsión tentada.    

         

          Sobre  los requisitos de la demanda:   

          En  virtud  del carácter extraordinario del recurso de casación y,  consecuentemente,  para diferenciarlo de los alegatos propios de las instancias,  el  legislador  en el numeral 3º del artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  impone  al demandante el cumplimiento de unos presupuestos de adecuada y  lógica   sustentación,   sin   los  cuales  el  libelo  está  llamado  a  ser  irremediablemente   inadmitido,   conforme   lo   establece   el  artículo  213  ibídem.   

          Dichos  requisitos  se relacionan con la acertada enunciación de la  causal  y  con la adecuada formulación del cargo, para lo cual se deben indicar  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se  consideran  infringidas.  A esas exigencias, las cuales operan de manera general  para  todas  las causales, es necesario añadir las pautas que la jurisprudencia  de  la  Corte,  a efectos de la cabal comprensión de los reproches denunciados,  ha  establecido  en  forma  particular  respecto  de  cada uno de los motivos de  casación.   

          Al   examinar   la   demanda  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados,  arriba la Sala a la conclusión que el único cargo allí formulado  no satisface tales requisitos.   

          En  efecto,  desde  la  misma  enunciación del reproche se advierte  falta  de  claridad  en la redacción del libelo, pues el censor dice invocar la  causal  primera  de  casación,  sin  precisar  el  sentido  de  la  violación.  Recuérdese  que  esa  causal  se compone de dos clases de infracciones a la ley  sustancial,    a    saber,    la    violación    directa    y   la   violación  indirecta.   

          Aun  cuando  a  juzgar  por  la precisión que el impugnante hace en  seguida,  en  cuanto  atribuye  al  Tribunal  incurrir en error de derecho en la  apreciación  de  la  prueba,  pareciera que acudiera a la violación indirecta,  pues  ciertamente  la  misma  se  manifiesta  en  los  errores  de  hecho  y  de  derecho.   

          Sin   embargo,   al   desarrollar   la   censura  nuevamente  genera  confusión,  porque  se  dedica  a  predicar  la  violación  de los derechos de  defensa,  debido  proceso,  igualdad y favorabilidad, por la supuesta existencia  de  irregularidades  en  el  trámite  de  la  instrucción,  deslizando así la  postulación  hacia  los  terrenos  de la causal tercera de casación, que erige  como  tal  el  proferimiento  de  sentencia  en  un  juicio  viciado de nulidad,  desatendiendo  de  esa  forma  el  principio de autonomía que rige en esta sede  extraordinaria,  acorde  con  el  cual  la  fundamentación  del  cargo  se debe  corresponder con su enunciación.   

          De   todas   maneras,   aun   cuando   manifiesta  la  presencia  de  irregularidades  en  el  trámite  de  la  instrucción,  en  momento alguno las  identificó,  dejando  así  sin  demostración  el ataque de esa naturaleza que  esbozó en la demanda.    

          Sin   acreditar,   entonces,  las  aducidas  anomalías  procesales,  procede  luego  a afirmar que la actuación se surtió con informes de policía,  los  cuales  no  constituyen  prueba,  y que las providencias de la Fiscalía se  sustentaron   con  pruebas  ilegales,  con  lo  cual  pareciera  retornar  a  la  postulación  inicial, es decir, la presencia de un error de derecho, en las dos  modalidades  conocidas,  es decir, falso juicio de convicción y falso juicio de  legalidad, en su orden.   

          Recuérdese  que el falso juicio de convicción se estructura cuando  el  fallador  desconoce  el  valor  tarifado  que  la  ley  asigna  a los medios  probatorios,  por cuya razón para su demostración el actor debe identificar el  elemento  sobre  el  cual  recae  el  desacierto,  indicar el precepto legal que  establece  el valor probatorio del medio y acreditar la trascendencia del error.             

         Por   su   parte,   el   falso  juicio  de  legalidad  se  presenta cuando el fallador asigna validez a un medio de prueba,  a  pesar  de  que  en  su  producción  y  aducción  se  desconocen  las reglas  establecidas  en  la  ley  para el efecto, y también cuando el juzgador deja de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar erróneamente que en su  recaudo  se  desatendieron dichas reglas. Y para su demostración, al  libelista le corresponde identificar  claramente la prueba indebidamente apreciada, señalar  las   normas  medio  que  regulan  su  formación,  acreditar  que  el   medio  fue  excluido  debiendo  ser  apreciado   o   que   fue   apreciado  debiendo  ser  excluido,  y demostrar las implicaciones del error en  las conclusiones probatorias.   

          Sin  embargo,  respecto  del  primero  de  esos  yerros  el actor no  mencionó  las normas legales que limitan el valor probatorio de los informes de  policía  y,  adicionalmente,  lo  cual  es de mayor relevancia en este caso, no  explicó  la trascendencia de la anomalía, acreditando que si los falladores no  hubiesen   incurrido   en   la   misma,   el  sentido  de  la  decisión  sería  diametralmente opuesto.   

          Por  su  parte,  frente al falso juicio de legalidad, no identificó  las  pruebas  ilegales  y  muchos menos fundamentó la trascendencia del aducido  error.   

Antes  bien,  terminó  señalando  que  la  apreciación  de  los  informes  de  policía generó un error de hecho, creando  así  mayor  perplejidad  sobre  su  real  propósito,  pues dicho yerro reviste  naturaleza distinta al error de derecho.    

          En  fin,  son  tantos  y  tan  variados  los  defectos de redacción  contenidos  en la demanda, que la Sala no tiene alternativa distinta a inadmitir  la misma, como en efecto lo hará.   

             

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          Redosificación punitiva:   

          La  declaratoria  de prescripción de la acción penal por el delito  de  extorsión  tentada  impone  redosificar  la  sanción,  y a ello procede la  Corte.   

                     

          El  a quo determinó para el delito de extorsión consumada seis (6)  años  de  prisión  y  300  salarios  mínimos  legales mensuales de multa, que  corresponden   a   los   mínimos  legales  imponibles.  A  esos  guarismos  les  incrementó  un  (1)  año  y  150  salarios  mensuales  por razón del ilícito  concurrente.   

          Por  tanto,  habrá  de  eliminarse  dicho  aumento, con lo cual las  sanciones   principales   a   imponer  quedan  en  las  cantidades  primeramente  referidas.  Por  su  parte, la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas se reduce también a seis (6) años.   

          Es  de  anotar  que  al  dosificar  la  sanción  el  juez solamente  disminuyó  el  máximo  de la sanción privativa de la libertad (16 años), con  fundamento  en  la  atenuante  del  artículo  268 del estatuto punitivo, en una  cuarta  parte,  quedando  así en 12 años, cuando lo procedente era una tercera  parte.  Sin  embargo,  como al final tasó la pena en el cuarto inferior y, a su  vez,  aplicó  el  extremo  mínimo,  tal  error no produjo agravio alguno a los  procesados.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta   por   el   defensor   de  JORGE  ENRIQUE  HERNÁNDEZ  MORENO  y  ERIKA  JUDITH BECERRA PINEDA.   

         2.-  DECLARAR  la  prescripción  de  la  acción  penal  respecto  del  delito  de  extorsión  tentada.   En   consecuencia,   decretar   la   cesación   de   procedimiento   a   favor   de  los  antes  mencionados  por razón de  ese punible.   

    

1. PRECISAR  que,  como  consecuencia  de  la  prescripción  que aquí se decreta, las penas  principales  impuestas  a los procesados quedan en seis  (6)   años   de   prisión   y  300  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa,  mientras  la accesoria de inhabilitación para  el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  se  fija  en  seis  (6)  años.     

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

  Excusa justificada  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

Excusa      justificada                      

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

Permiso  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

Excusa justificada  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Ello  ocurrió  el  26  de  septiembre de 2011, pasando al Despacho correspondiente al  día siguiente.   

2 En el  2005 ascendía a $381.500.     

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