37398(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37398  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 382.   

          Bogotá, D. C., veintiséis de octubre de dos mil once.   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de JOSÉ ALFREDO MATEUS  BARBOSA,   contra   la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  el  11  de  mayo  de  2011 por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Cúcuta,  que  confirmó  la  dictada  el 13 de diciembre de 2010 por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de la misma ciudad, por la que se le  impuso   la  pena  principal  de  318  meses  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el  término  de 20 años, sin que se le concediera la suspensión condicional de la  ejecución  de  la pena ni la prisión domiciliaria, por haberlo declarado autor  penalmente  responsable  de  los  delitos de homicidio agravado y concierto para  delinquir.   

H    E   C   H   O  S   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  por  el  Tribunal Superior de Cúcuta en el fallo de  segundo grado, como se transcribe a continuación:   

   

“Para el domingo  9  de  diciembre  de  2007 se conoce que participaron en la muerte del ciudadano  NELSON  ENRIQUE  QUINTERO  LÁZARO,  cuyo  cadáver  fue hallado en la Vereda El  Danubio  en  el corregimiento de Pueblo Nuevo o Vía Agua de la Virgen, el lunes  10  de  diciembre,  en horas de la mañana, el cadáver que al ser inspeccionado  por  la  Fiscalía  se  le  observó  heridas por golpes contundentes, abundante  (sic) huellas de sangre en  el  suelo  y  unas  piedras con rastros e sangre, con las que los mencionados le  contaron  a MANUEL DOLORES GUERRERO ese lunes que habían matado a un puerco con  una  piedra  por la cabeza por los lados de agua de la Virgen, y al cual estaban  buscando  desde  hacía  8  días,  porque  estaban necesitados de plata; en ese  comentario  se  observó  a  alias  “mister” con la camisa ensangrentada, la  cual    fue    lavada    por    la    señora    Ilva,   comentó   [que]  se  les observó dinero en varios  millones,  además  de $113.000 que alias Mister repartió, correspondiéndole a  éste  $50.000  y  a  GABY  y  GIOVANNI  el resto en partes iguales.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En  atención a la información suministrada  por    un   agente   de   la   policía   judicial1, el 10 de diciembre de 2007 la  Fiscalía  Tercera  Seccional de Ocaña, en turno de disponibilidad, decretó la  apertura      de      investigación      previa2  y  realizó la inspección al  cadáver     de     Nelson     Enrique    quintero  Lázaro3.   

La  investigación  se  le  asignó  a  la  Fiscalía  Segunda  Seccional de Ocaña que, luego de practicar algunas pruebas,  ordenó  la apertura de instrucción por auto del 9 de abril de 20084  y dispuso la  vinculación,    mediante    diligencia    de   indagatoria,   de   JOSÉ     ALFREDO    MATEUS    BARBOSA,  Edinson  Durán  Guerrero y  Said Guerrero Romero, contra  quienes  libró  órdenes  de  captura.  Estas  personas fueron interrogadas sin  juramento  durante  los  días  14  y  15  de  los mismos mes y año5,  oportunidad  en la que se mostraron ajenos a los hechos imputados.   

El   22  de  abril  de  2008,  asumió  la  investigación   la   Fiscalía   Cuarta  Especializada  de  Cúcuta6, que definió  la   situación   jurídica   de   los   sindicados,  imponiéndoles  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva sin beneficio de libertad provisional,  por  los  delitos  de  homicidio agravado y concierto para delinquir7.  Contra esta  decisión    el    defensor    interpuso   los   recursos   de   reposición   y  apelación8.   Negada   la   primera   mediante   auto   del   28  de  mayo  de  20089,  se  concedió la impugnación subsidiaria y, el 21 de octubre del  mismo  año,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  resolvió   confirmar   la   resolución   atacada10.   

La investigación se clausuró por auto del 7  de          enero          de          200911 y el 17 de febrero siguiente  se   calificó   el   mérito   de  la  instrucción,  acusando  a  JOSÉ     ALFREDO    MATEUS    BARBOSA,  Edinson  Durán  Guerrero y  Said  Guerrero  Romero, como  coautores  de  las  conductas  punibles  de  homicidio agravado y concierto para  delinquir12.   

Le correspondió al Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado de Cúcuta adelantar la etapa del juicio. Esta autoridad  avocó  el  conocimiento  el  1  de  abril  de  200913;   realizó   la  audiencia  preparatoria   el   29  de  julio  del  mismo  año14;  y,  la pública, en varias  sesiones,  se  inició el 17 de septiembre de 2009 y culminó el 27 de noviembre  siguiente15.   

La   sentencia  de  primera  instancia  se  profirió  el  13  de  diciembre de 2010, de cuya naturaleza y contenido se hizo  mérito  en  el acápite inicial de esta providencia, la cual fue confirmada por  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  mediante  la  que  es  objeto  del  recurso  extraordinario.   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  dice  formular  el  censor,  por  “…haber    violado  indirectamente   la   ley   sustancial   por   error  de  hecho  por  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha  fundado  la sentencia.”   

En sustento del cargo, señala el censor que  para      dilucidar      o      despejar     cualquier     duda     “…por parte del funcionario judicial,  para  encontrar la verdad procesal y aplicar justicia, conforme a los principios  fundantes  del  Estado  Social  Democrático  de  Derecho,  se hace conveniente,  citar,  entre otras, la Sentencia 2839 de la sala primera del Consejo de Estado,  del   6   de   septiembre  de  1.994  ‘Si  bien  es  cierto, que los testimonios de “oídas”, no deben  ser  desechados  en  forma absoluta ya que no siempre es posible tener la prueba  original,   también  lo  es  que,  existiendo  otros  medios  de  prueba,  debe  procurarse  su recepción, pues aquellos según la doctrina, no prueban el hecho  sino         las        palabras’.”   

Asimismo,  agrega  que  con el propósito de  “…demostrar    la  violación  del principio fundamental del debido proceso, por falso o equivocado  raciocinio        en        la       valoración       probatoria…”,  cita  lo  dicho  por esta Sala en la  sentencia   del   23   de   febrero   de   2011   (Rdo.   32996):   ‘De  manera que no es la calidad misma  del  declarante  sino  su  situación  personal,  sus  facultades  superiores de  percepción,  retentiva  y recordación, la ausencia de intereses en el trámite  o   de   circunstancias   que   afecten   su   imparcialidad,  y  las  restantes  peculiaridades  de las que pueda precisarse la correspondencia y credibilidad de  su  dicho,  las  que  resultan  relevantes  para determinar la ocurrencia de una  determinada   situación   desde   el  punto  de  vista  probatorio.’.”   

Agrega       que      “…para  complementar  el  fundamento  jurisprudencial…” del que  se  vale  en la demostración del cargo, es necesario citar la sentencia dictada  por  el  “…Juzgado Penal  del  circuito  de  Bogotá,  radicado  #  1100160000192005171  contra Jhon Jairo  Vanegas   Amaya,   citados   en   el   trabajo   doctrinal   denominado:   “la  inadmisibilidad  de la prueba de referencia ara fundamentar la decisiones en las  audiencias  preliminares”,  cuyos apartes reproduce, como se transcribe a continuación:   

“En conclusión,  no  es  admisible  que  el  Juez de Control de Garantías durante las audiencias  preliminares  discrecionalmente  y  sin un motivo fundado aplique algunas normas  que  rigen  la  práctica  de  la  prueba testimonial para las declaraciones que  recibe,  como  juramentar al testigo y advertirle de la exoneración al deber de  declarar,  y  en  cambio  no  aplique  otras, como aquella que impone al testigo  declarar  “únicamente”  sobre  aspectos  que  en  forma  directa y personal  hubiere tenido la ocasión de observar y percibir (art. 402 CPP).   

Obsérvese  que el artículo 402 del CPP es  la  única  norma  del  código  que se refiere a la necesidad de que el testigo  declare  sobre  su conocimiento personal. Esta norma no tiene ninguna excepción  y  es aplicable a todas aquellas personas que rindan una declaración durante la  actuación procesal, incluyendo las audiencias preliminares.   

Cuando  un  Juez  de  control de Garantías  permite  testimonios  de oídas o la prueba de referencia durante las audiencias  preliminares,  desconoce aquellos TP (sic)  derechos  fundamentales que debe proteger como son la publicidad,  contradicción,  defensa  y  debido proceso; crea desequilibrio entre las partes  pues  resquebraja  la “igualdad de armas”, e incurre en un acto arbitrario e  injustificado     de     la     administración     de     justicia.”   

Advierte  que ante la necesidad de encontrar  la  verdad  y  de  aplicar  la  justicia, el Juez está obligado a practicar las  pruebas  que  le permitan reconocer el principio de in  dubio  pro  reo,  cuando subsista una duda razonable a  favor del procesado.   

En    razón    de   ello   –afirma–,   no   está   de  acuerdo  con  la  valoración  que, de las pruebas en conjunto, hizo el Tribunal para confirmar la  sentencia de primera instancia, puesto que:   

“Como  bien  se  observa  en  el acápite de las consideraciones de la sala penal del H. Tribunal  Superior  de  Cúcuta,  señaladas  en  la  sentencia  impugnada,  la  decisión  confirmatoria  está  fundamentada en la prueba testimonial recaudada y aportada  por  MANUEL  DOLORES  GUERRERO,  y  por  la circunstancia referida por el mismo,  consistente,  en  haber  recibido  presuntas llamadas telefónicas en las que le  reiteraban  la petición que retirara la denuncia contra ellos e incluso, que le  habían ofrecido dinero.   

En análisis valorativo de la prueba demanda  una   motivación   razonable  y  fundamentada  en  principios  de  ciencia  que  contradiga  el  ataque de la defensa, lo cual en el presente caso, brilla por su  ausencia  y  se  limita,  sólo,  a  dar  credibilidad  a ciertas circunstancias  modales,  sin  entrar  a  PRECISAR las otras de tiempo y lugar, que permitirían  llegar a una conclusión más cierta.   

Si   se   hubiera  tomado  en  cuenta  la  valoración  de  otras pruebas y tomado en cuenta el análisis de circunstancias  del  testimonio  de  MANUEL  DOLORES GUERRERO, se habría llegado a revalorar la  credibilidad  de  la  prueba  aportada  por Guerrero, ya que es inexplicable que  recuerde  unos  hechos  y  se  le  dificulte  para  recordar  que  otros  de los  participantes  en el ilícito, sean personas de su entorno familiar, también se  desconoce  el interés personal que tiene como informante del DAS, para lo cual,  bastaba   a  la  Fiscalía  verificar  la  lista  de  informantes  y  los  pagos  efectuados.   

La  credibilidad  absoluta al testimonio de  Guerrero,  perjudicó  el  surgimiento de la duda sobre la fiabilidad del mismo,  con  lo que se violó el debido proceso.”   

Finalmente, solicita de la Corte “…CASAR    TOTALMENTE    el   fallo  impugnado,   para  en  su  lugar  MODIFICAR  y,  en  consecuencia,  absolver  al  procesado,  JOSÉ  ALFREDO  MATEUS  BARBOSA,  por  reconocimiento  del principio  procesal  de  in dubio pro reo o duda, y consecuente con lo decidido, otorgar la  libertad inmediata del condenado.”   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

Conforme  lo  ha señalado reiteradamente la  Sala,  la  casación  atiende  a  unos  fines  superiores que se concretan en la  reparación  de  los  agravios inferidos a las partes en la sentencia recurrida,  la  efectividad  del  derecho  material y de las garantías fundamentales de los  intervinientes  en  la  actuación,  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia  (Ley   600   de   2000,   articulo   206).   

Sin  embargo,  de  ninguna  manera  se puede  entender  que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de los puntos  que han sido materia de controversia.   

Ha de resaltarse que mediante la proposición  del  recurso el censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en  el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia de los presupuestos de lógica y  adecuada   argumentación   inherentes   a   cada   motivo   extraordinario   de  impugnación,  para  persuadir  a  la  Corte  de  que  con  el  fallo de segunda  instancia  se  ha  originado  el  quebranto  de  alguna de aquellas finalidades.   

De  entrada  se  advierte  que  el  escrito  presentado  por  el  defensor  de JOSÉ ALFREDO MATEUS  BARBOSA,   no   cumple  las  mínimas  exigencias  de  admisibilidad  que consagra el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, pues a pesar  de  haber  identificado  algunos  de  los  sujetos  procesales  y referirse a la  sentencia  demandada;  omitió hacer una síntesis de la actuación procesal; no  enunció  las  causales,  ni  formuló  los  cargos  indicando  de forma clara y  precisa sus fundamentos y las normas que consideraba infringidas.   

Sobre   el   escrito   presentado  por  el  demandante,  difícilmente  podría  decirse, incluso, que reviste la apariencia  de  un  alegato  de  instancia, porque su argumentación es deficiente, confusa,  incoherente y carente de método.   

Con  todo,  el  principio de limitación que  rige  en  casación  le  impide a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en  tanto  no  le corresponde asumir la carga argumentativa exclusiva del recurrente  para  complementar,  adicionar  o  enmendar el libelo, porque la casación no es  otra  instancia  ordinaria;  su  finalidad  es  promover  un  juicio  técnico y  jurídico  contra  la  sentencia que pone fin a un proceso, en orden a demostrar  su ilegalidad.   

No  obstante  que  de acuerdo con lo anotado  puede  considerarse  que  los  reproches  presentados  por  el impugnante se han  respondido  negativamente,  considera  la  Sala  oportuno, en cumplimiento de la  función   pedagógica  que  le  corresponde,  recabar  en  la  esencia  de  los  presupuestos  necesarios  para  demostrar  una  causal  acorde con la naturaleza  constitucional  y  legal  del recurso, sin que ello constituya la imposición de  un  método  determinado, sino la indicación de las exigencias que debe colmar,  en  cada  caso, la formulación de los cargos y específicamente de aquellos que  trató de esbozar el apoderado especial del procesado.   

En efecto, del confuso escrito presentado por  el  abogado  se  desprende que su intención se dirigía a censurar la sentencia  de  segunda  instancia  por  nulidad,  pues  argumenta  que  va  a  “…demostrar   la   violación   del  principio        fundamental       del       debido       proceso…”,  tal  vez  porque  considera  que los  jueces  omitieron  la  práctica  de  todas  las  pruebas  que  les  permitieran  demostrar   la   concurrencia   del   in  dubio  pro  reo;     a  la vez estima que hubo violación indirecta de la ley sustancial,  porque  acusa  el  fallo,  cuando  intenta  invocar  la  causal, de “…haber  violado  indirectamente  la  ley  sustancial  por error de hecho por manifiesto desconocimiento de las reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre la cual se ha fundado la  sentencia.”,  reproche que  involucra     al     mismo     tiempo     errores    de    hecho    –por   falso   raciocinio–    y    de   derecho   –por      falso      juicio     de  legalidad–.   Y,   por  último,  sin  explicar las razones, advierte que no está de acuerdo con que el  Tribunal  hubiese  valorado  el  testimonio  de Manuel  Dolores     Guerrero,    sin    que    “…hubiera  tomado    en    cuenta    la   valoración   de   otras   pruebas…“   (falso  juicio de existencia).   

1. Cuando se invoca  la  causal  tercera  del  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal, el  impugnante  debe  indicar  con  claridad  y  precisión  los  fundamentos que le  demuestren  a  la  Corte  el  menoscabo  de  una  cualquiera  de  las garantías  fundamentales  que orientan el proceso penal, o que rigen su estructura básica,  de  acuerdo  con  lo  que señala el artículo 309 ibídem, que exige del sujeto  procesal  determinar  la  causal  invocada,  pudiendo  alegar como tales las que  taxativamente  prevé  el  artículo  306  de  la  legislación  en  cita.    

Además         –tiene   dicho   la  Sala–,   ha   de   acreditarse   que   la  irregularidad  sustancial argüida conculca garantías de los sujetos procesales  o  desquicia las bases fundamentales de la instrucción o del juicio; probar que  no  contribuyó  a  la  producción  del acto tachado de irregular, salvo que se  trate     de     la     ausencia     de     defensa     técnica    –principio  de protección–,  ni que por una actuación posterior  de  su  parte  haya  dado  lugar  a  la  ratificación  de  dicha  irregularidad  –principio     de  convalidación–, conforme  lo prevé el artículo 310 de la Ley 600 de 2000.   

Se evidencia el desatino en el que incurre el  demandante  quien,  incluso, omite precisar por qué se presentó la afectación  al  debido  proceso,  vr.  gr.,  si  obedeció  a la falta de competencia o a la  pretermisión de las formas propias del juicio.   

Ahora bien, aun cuando la Corte ha señalado  de  manera  reiterada  que  la  propuesta de nulidad con fundamento en la causal  tercera  de  casación  contemplada  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  goza  de cierta flexibilidad en su formulación, no por ello se puede prescindir  de  algunos  requisitos  para  que  se  entienda  debidamente  satisfecha.  Esta  Corporación  ha  denotado  insistentemente  cómo deben sustentarse los ataques  por    la    violación    al    debido    proceso16:   

“Viene afirmando  la   Sala   desde   tiempo   atrás   que  el  desconocimiento  al  debido              proceso17,  debe  apoyarse  en cuatro  columnas  primordiales:  (a)  la     identificación     concreta    del    acto    irregular;    (b)  la  concreción  de  la  forma como  éste  afectó  la  integridad  de  la  actuación  o  conculcó  las garantías  procesales;    (c)   la  explicación  trascendente  de  por  qué  es  irreparable  el  daño,  es decir  demostrando    su   lesividad   y,   (d)  el  señalamiento del momento a partir del cual debe reponerse la  actuación.   

Deberá  conjugar  el actor, los principios  que  orientan  la declaratoria de las nulidades y su convalidación, como los de  concreción,  trascendencia,  protección, taxatividad, residualidad, seguridad,  entre  otros,  previstos  en  el artículo 310 de la Ley 600 de 2000, para de la  mano  de  ellos, constatar el grado de afectación, potencialidad y consecuencia  inmediata.”   

Entre   los   requisitos  que  vienen  de  señalarse,  mismos  que, sobra advertirlo, deben concurrir sin excepción en la  presentación  de  la  demanda,  se echan de menos el acto irregular debidamente  identificado  y  de  qué  forma  pudo  afectar  la  actuación o las garantías  procesales  y su trascendencia, porque no basta con manifestar que se afectó el  derecho  al  debido  proceso  o  que  los jueces de instancia no contaban con la  prueba  necesaria  para  condenar,  pues,  tales asertos no constituyen sustento  suficiente.   

2. En relación con  la  inobservancia  del  debido  proceso  por  desconocimiento  del  principio de  investigación  integral,  no  tiene  en cuenta el censor que cuando se alega la  vulneración  de  este  postulado  de  contenido  sustancial,  tiene  dicho esta  Corporación  que,  aparte  de  indicar cuáles fueron los medios de convicción  que  se  dejaron  de  practicar  y  cuál su fuente, tiene el deber, además, de  precisar  –sin  que  sea  suficiente        enunciar        de        forma       insustancial–    su   pertinencia,   conducencia,  utilidad,  eficacia  y  trascendencia,  todo  lo cual surge de la confrontación  lógica  con  el  restante acervo probatorio en que se sustenta la sentencia, al  punto  de demostrarse que de haberse practicado, su sentido habría sido, de uno  u  otro  modo,  favorable  al  acusado,  hasta el punto de hacerse indispensable  invalidar  lo  actuado  para  que  las  pruebas omitidas puedan ser practicadas.   

Con el anterior ejercicio incumple el actor,  pues  ni  siquiera  relaciona las pruebas omitidas que hubiesen podido favorecer  la  situación de su asistido, al punto que se refiere a ellas apenas anunciando  que  “…el  Juez  está  obligado  a practicar las  pruebas  que  le  permitan  reconocer  el  principio de in dubio pro reo, cuando  subsista    una    duda   razonable   a   favor   del   procesado…”,    exclusión    que    impide,   a   partir   del   fundamento  fáctico-probatorio  de  la condena, el soporte de otra eventual determinación,  que  tampoco enseña el libelista; y, mucho menos, permite contrastar los medios  de  prueba  que  extraña  con  aquellos  que  valoraron  las  instancias,  para  comprobar  el  desquiciamiento  de las premisas conclusivas del fallo censurado.  Así lo ha reiterado la Sala:   

“En efecto, si  lo  pretendido  por  el  demandante  era  denunciar  una  presunta violación al  principio  de  investigación  integral, no sólo debió enumerar con precisión  las  pruebas  supuestamente  omitidas  o  dejadas  de practicar, sino que le era  preciso  señalar  su  fuente,  conducencia, pertinencia y utilidad, amén de su  incidencia  favorable  a  los  intereses  del  procesado  frente  a las premisas  conclusivas  del  fallo,  esto  es,  su  aptitud para refutar la incriminación,  descartar  la  responsabilidad,  invocar la aplicación de diminuentes punitivas  y,   en   general,   procurar   situaciones   beneficiosas   a   la  pretensión  defensiva.   

Ello porque, como también lo ha señalado  la  Sala,  la  no  práctica  de  determinada diligencia no puede calificarse de  entrada  como  desconocedora  de  ese  principio,  pues  el funcionario judicial  dentro  de  la  órbita  de  sus  atribuciones  y  conjugando  los  criterios de  economía,  celeridad  y  racionalidad,  está  facultado para decretar, bien de  oficio,  ora  a  petición  de los sujetos procesales, solamente la práctica de  las  pruebas  que sean de interés para la investigación, procurando siempre el  mejor   conocimiento   de   la   verdad.”18   

La  argumentación del demandante se queda,  en  fin,  en el simple señalamiento de la irregularidad, pero no desarrolló un  discurso  jurídica y lógicamente coherente para fundamentar en el escenario de  la  casación  la  violación argüida, dando por sentada su ocurrencia a partir  de  la  simple enunciación, situación que conlleva a la evidente incursión en  el  error  lógico  denominado  petición de principio, al dar por demostrado lo  que precisamente debía ser el objeto de sus comprobaciones.   

3.  Ahora bien, si  la  intención  del  recurrente era atacar la sentencia por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  al  tenor  de  lo  dispuesto  en el cuerpo segundo del  artículo  207-1° del Código de Procedimiento Penal, en primer lugar tenía la  obligación  de  identificar  con exactitud el yerro, es decir, establecer si se  trataba de un error de hecho o de derecho al apreciar la prueba.   

Tratándose de los primeros, debía precisar  si  se produjo (i) bien porque  pese   a   obrar   en   el   diligenciamiento   no  fue  valorada  (falso  juicio de existencia por omisión);  porque  sin  figurar en la actuación se supuso su presencia allí y la tuvieron  en  cuenta en la decisión (falso juicio de existencia  por          suposición);         (ii) porque al considerarla distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso    juicio    de   identidad);   o,  (iii)  atendiendo a que, sin  incurrir  en  alguno  de los desatinos referidos, derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia      (falso     raciocinio).   

En  relación  con el error de derecho, era  necesario      que      afirmara      y      demostrara     que     (i)  se  le  había  negado  a determinado  medio  probatorio  el  valor  conferido  por la ley o le fue otorgado un mérito  diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio de  convicción),          o          (ii)  que  los  funcionarios  al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron  erradamente  como legal aunque no satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o  aducción   (falso  juicio  de  legalidad).   

En    el   primer   caso   –falso   juicio   de  existencia  por  omisión– le correspondía  al  recurrente  indicar  cuál  fue  la  prueba  que  no se valoró, cuál es la  información  que  objetivamente  suministra,  el mérito demostrativo al que se  hace  acreedora  y  cómo  su  estimación  con  el  resto del acervo probatorio  variaría  las conclusiones del fallo censurado, deberes de los que prescindió.   

Ahora,  si  el  propósito era alegar falso  juicio  de  existencia por suposición, debía el casacionista identificar cuál  era  el  aparte  del  fallo  carente  de soporte demostrativo en la actuación y  precisar  su injerencia en el sentido de la decisión, esto es, cómo al excluir  la  suposición,  la  sentencia  sería diversa y en todo caso beneficiosa a los  intereses   de   su   procurado,   actividad   que   ni   siquiera  intentó  el  censor.   

Si la pretensión se encaminaba a invocar un  falso  juicio de identidad, tenía que identificar a través del cotejo objetivo  de  lo  dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte de la  prueba  que  se  omitió  o  se  añadió,  los  efectos producidos a partir del  cercenamiento  o  la  adición  y  cuál sería la trascendencia del yerro en la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  asuntos  que tampoco planteó el  defensor.   

Cuando  el reparo se orienta a denunciar un  falso   raciocinio,   es   obligación   del  demandante  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido   en   el  fallo,  debiendo  igualmente  indicar  su  consideración  correcta,  identificar  la norma de derecho sustancial indirectamente excluida o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con el  inexcusable  compromiso de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a un  fallo  esencialmente  diverso  y  favorable  a los intereses de su representado,  cometido que soslayó.   

Refiriéndose al error de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  está  obligado  el  recurrente  a  identificar el medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicando  las disposiciones cuyo quebranto  determina  tal  ilegalidad  y demostrar la efectiva ocurrencia de lo denunciado;  o,  comprobar  la  legalidad  de  la prueba desechada por el juzgador. En ambos,  estaría   precisado   a  acreditar  la  trascendencia  del  desacierto  en  las  conclusiones  del fallo, esto es, demostrar que con la marginación de la prueba  que   se  dice  ilegal,  las  restantes  evidencias  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa de la atacada, o que con la incorporación del medio de  prueba  que  el actor estima legal, las conclusiones serían distintas a las que  contiene la sentencia impugnada.   

Por  último,  si el propósito consiste en  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  es  obligatorio que el impugnante  demuestre   la  infracción  de  la  tarifa  de  valoración  dispuesta  por  el  legislador, así como su injerencia en el sentido del fallo.   

El demandante de ninguna manera se preocupa  por  acatar  las mínimas exigencias que vienen de relacionarse, al punto que ni  siquiera permite descifrar cuál era su propósito.   

4.  Si  bien  es cierto que a la aplicación indebida o a la falta de  aplicación   del   principio   de   in   dubio  pro  reo,  puede  llegarse  tanto por la vía directa como  por  la  indirecta  de transgresión a la ley sustancial, también lo es que los  antecedentes  jurisprudenciales  han  establecido  que  en  cada eventualidad el  desarrollo  y  demostración del cargo debe corresponder al camino escogido para  su denuncia y a la realidad que la actuación revele.   

De  acudirse  a  la  vía  directa,  debe  demostrarse  que  el sentenciador a pesar de haber afirmado la duda acerca de la  existencia  del  hecho  o de la responsabilidad del procesado, decidió proferir  fallo   de   condena,  debiendo  absolver  (falta  de  aplicación)  o  que,  por  el  contrario, no obstante  aseverar  la certeza sobre esos extremos, decide absolver cuando debió condenar  (aplicación           indebida).   

Empero, si se invoca la violación indirecta  del   precepto,  por  incurrirse  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la  apreciación  probatoria,  además  del  señalamiento concreto de la especie de  error  probatorio,  el  casacionista  debe demostrar que el fallador llegó a la  conclusión  equivocada  de que las pruebas no conducen a la certeza del hecho o  la  responsabilidad  del  procesado  (aplicación  indebida),  o  erradamente  concluyó  que  los medios  conducían  a  la  certeza  requerida  y  condenó,  cuando  se  evidenciaba  la  incertidumbre  que  debió  ser  resuelta  en  favor del procesado (falta  de aplicación). Para dicho efecto,  tiene  por  carga  presentar  una  argumentación  acorde  con  el tipo de error  cometido por el juzgador al apreciar los medios de convicción.   

5. Por lo demás,  no  es  cierto  que  el Tribunal hubiese fundamentado el fallo únicamente en el  testimonio  de  Manuel  Dolores  Guerrero,  de  acuerdo  con  lo  que,  al  tratar  de desentrañar los   inextricables  argumentos  del demandante, puede deducir la Sala que corresponde  a  uno  de sus planteamientos, puesto que el Juez Colegiado expresamente aludió  a  los  demás medios de convicción que corroboraban, no sólo la ocurrencia de  los  delitos  y  la  responsabilidad  de  los  procesados, sino la validez de la  versión   entregada  por  el  mencionado  declarante.  Así  se  pronunció  el  Ad quem:   

“De otra parte  observa  la  Sala  que  del material probatorio arrimado a la foliatura desde el  mismo  10  de  diciembre  de  2007, como el acta de inspección al cadáver y el  escenario  del  hecho  donde se encontró al mismo, donde se enseñan los medios  utilizados  para  causarle  la  muerte a NELSON ENRIQUE QUINTERO, se observa que  ello  (sic)  ocurrió  con  elementos       contundentes      –piedras–,  así  mismo  y gracias a la declaración del testigo MANUEL DOLORES GUERRERO, el  DAS  pudo  conseguir  la  orden  de allanamiento a la casa donde se alojaban las  personas  que  se  les  sindicaba  de dicho homicidio, lográndose la captura de  EDINSON  DURÁN  GUERRERO,   alias  Mr.  BEAN,  SAID  GUERRERO ROMERO alias  CHEGUI   (sic)  y  JOSÉ  ALFREDO    MATEUS    BARBOAS   (sic)   alias    GUIOVANNY    (sic),  en  esa  diligencia  se  encontró  una pistola marca WALTER con  proveedor  que  contenía  cartuchos  7.65  y  en  otro  sitio  del  inmueble se  encontraron dos bolsas plásticas con cartuchos calibre 38 y 9 mm.   

Así las cosas, la Corporación estima que  al   analizarse  el  caudal  probatorio  obrante  en  la  investigación,  puede  concluirse  que  los  señalamientos  realizados por el testigo de cargo, señor  MANUEL   DOLORES   GUERRERO,   no   pueden   ser   desechados,   toda   vez  que  existe   (sic)   en   la  foliatura  pruebas  que han corroborado los señalamientos que se hizo en contra  de   los   procesados,   entre   ellos   una   serie   de   crímenes   con  sus  nombre  (sic)  la  forma e  instrumentos  que  utilizaron  para  terminar con la vida de QUINTERO LÁZARO y,  además  de  haber  reiterado el conocimiento pleno que tenía de estos sujetos,  pues  había  vivido en su casa junto con su madre ILVA ROSA y posteriormente en  la  casa  de  su  abuelo  LUIS  JOSÉ  GUERRERO,  resultando su versión clara y  coherente  y  por  ello  digna  de crédito, pues no se observa que sea insular,  sino  por el contrario y como se ha venido sosteniendo, con respaldo entre otros  medios de prueba allegados al investigativo.   

(…)  [S]us  dichos  encuentran  respaldo  en las probanzas  allegadas  al paginario y por lo tanto resulta lógico concluir que corresponden  a  la realidad, pues expresó que los hoy procesados le manifestaron que habían  matado  a  un  hombre  a  pedradas  en el sector de agua de la Virgen, hecho que  corresponde  al  hallazgo de un cuerpo en dicho sitio, el cual evidentemente fue  ultimado  con  objeto  contundente,  encontrándose  en la escena del crimen las  piedras  utilizadas  para  cometer  el  crimen así mismo encontró a uno de los  procesados  con  la  camisa  ensangrentada,  así  mismo  y  por haber puesto en  conocimiento  de  la  autoridad  estos hechos fue amenazado para que retirara la  denuncia  y  al  no  acceder  a  dicho  pedido,  recibió un atentado en el cual  resultó  muerta su señora madre, de tal suerte, una persona como el testigo de  cargo,  quien  ofreció  detalles  no  sólo sobre los hechos acaecidos sino que  sufrió  en  carne  propia  la  acción  criminal de los hoy inculpados debe ser  digno  de  credibilidad, pues además de resistir las invitaciones para volver a  los  caminos  del  crimen  ha tenido que enfrentar las acciones criminales d los  acusados,  lo que demuestra ciertamente su valor civil y su férrea decisión de  retomar  los  caminos por los que debe transitar un hombre de bien, sumado a los  ricos  detalles  de  su  exposición  que  encontraron respaldo en otras pruebas  vistas  en  el  expediente,  por  lo que entonces analizados sus dichos bajo las  luces  de  la  sana  crítica,  resultan  no  sólo  coherentes  sino  dignos de  credibilidad  y  por  lo tanto suficientes para sostener la sentencia de condena  en  contra  de los tres implicados por el salvaje crimen perpetrado en contra de  quien    en   vida   respondía   al   nombre   de   NELSON   ENRIQUE   QUINTERO  LÁZARO.”   

6. Aparte de que el  demandante,  conforme  se ha señalado, omitió enunciar las causales y formular  los  cargos,  como  quedó  anotado,  incluyó  en  el  mismo  capítulo  cargos  excluyentes,  precisamente  aquellos previstos en el numeral 1°, parte segunda,  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  circunstancia  que  también  le  impediría a la Sala precisar cuál fue el supuesto dislate de los  Jueces,   porque  dirigió  el  ataque  contra  la  sentencia  del  Ad  quem, simultáneamente, por errores de  hecho  –falso raciocinio y  falso     juicio    de    existencia–    y    de    derecho   –falso  juicio de legalidad–,  tratando  de  sustentar  en  una  sola censura unos yerros que ni  siquiera  precisó.  Ese  proceder  constituye  un  absoluto desconocimiento del  principio  de no contradicción que rige el recurso de casación, conforme lo ha  señalado de antaño la Sala:   

“De  todas  maneras,  respecto  de  un  mismo  medio  probatorio,  no resulta lógico aducir  simultáneamente  la presencia de las dos clases de error: de hecho y de derecho  a  riesgo  de  desconocer  el  principio  de  no  contradicción  que orienta la  impugnación;  tampoco,  invocarse  sobre  la  misma  prueba la presencia de las  varias  eventualidades  previstas  para  cada  clase  de  yerro, pues la lógica  enseña  la  exclusión  operante  entre  las  diversas  hipótesis que, como se  anotó,       pueden      ocurrir.”19   

El hecho de que cada cargo deba sustentarse  por  separado  obedece  a  que  todo reproche, lógicamente, debe ser suficiente  para  el  propósito  que  se persigue, por lo que resulta impropio introducir o  mezclar propuestas contradictorias.   

Todo cargo en sí mismo, por lo tanto, debe  ser  una  proposición  jurídica  completa,  sin perjuicio de que el recurrente  plantee  los  que  quiera, inclusive excluyentes, a condición de que lo haga en  capítulos  separados  y  de  manera  subsidiaria, conforme lo ha precisado esta  Sala             de             Casación20.   

7. Entonces, ante  la   falta  del  correcto  planteamiento y la necesaria demostración de un  error      trascendente     en     el     fallo     cuestionado     –yerro    que    ni    siquiera    se  concretó–,  no  puede la  Corte,  sin  contrariar  el  principio  de  limitación que rige la impugnación  extraordinaria,  ocuparse  del  examen de falencias o desaciertos no denunciados  –como  en  el  presente  evento–, o deficientemente  presentados  por  el  censor,  menos  si en esta sede las sentencias se presumen  acertadas  y legales, cuyo derrumbamiento sólo es posible procurar a través de  la dialéctica que eludió asumir el libelista.   

No   acató  el  demandante  las  reglas  contenidas  en  el  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, en sus atributos de  forma   (num.   1°   y  2°),  claridad, precisión  y  no  contradicción (num.  3°   y   4°),  razones  suficientes para que se inadmita la demanda.   

Por último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se advirtió la concurrencia de alguna de las hipótesis que  le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley  600 de 2000.   

En  mérito a lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

R  E              S              U              E              L              V              E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  de  JOSÉ     ALFREDO    MATEUS    BARBOSA, por su defensor.   

Contra este auto no procede recurso alguno,  conforme  lo  disponen  los  artículos  213  y  187,  inc.  2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

Página continuación  parte resolutiva firma de los 9 Magistrados   

Casación   N°   37.398   –Inadmite demanda-  

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  C.  No. 1, fol. 4   

2  Ídem, fol. 1   

3  Ídem, fol. 2 y 3   

4  Ídem, fol. 47   

5  Ídem, fol. 75 al 85   

6  Ídem, fol. 108   

7  Ídem, fol. 141 al 151   

8  Ídem, fol. 156 y 158 al 167   

9  Ídem, fol. 185 al 188   

10  Ídem, fol. 262 al 271   

11 C.  No. 2, fol. 16   

12  Ídem, fol. 26 al 38   

13  Ídem, fol. 6   

14  Ídem, fol. 46 al 48   

15  Ídem, fol. 63 al 71; 92 al 112; y, 115 al 127    

16  Entre   otras   providencias,   auto   del   28   de   julio   de   2008.   Rdo.  29.695.   

17 En  el  mismo sentido, Corte Suprema de Justicia: radicación 16.363 del 30 de julio  de 2002.   

18  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación Penal. Auto del 23 de mayo de  2006. Rdo. No. 25.260.   

19  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de Casación Penal. Auto del 10 de julio de  1996. Rdo. 11.801   

20  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de Casación Penal. Auto del 10 de julio de  1996. Rdo. 11.801, entre otras.     

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