37368(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  37368   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 382.   

Bogotá D.C., octubre veintiséis (26) de dos  mil once (2011).    

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre el cumplimiento  de  los  presupuestos de lógica y debida argumentación del libelo de casación  presentado  por  el  defensor  del  procesado  RAMIRO  RAMOS,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Cundinamarca el 29 de junio del año en  curso,  a  través  de la cual revocó la de primer grado dictada por el Juzgado  Primero  Penal del Circuito con Función de Conocimiento de Soacha que absolvió  al  mencionado  del  delito  de  actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años  agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros,  que  motivaron  el presente  diligenciamiento,   fueron   declarados  por  los  juzgadores  de  la  siguiente  manera:   

“Cuando  la  menor  A.L.A.T.1, se dirigía  el  21  de septiembre de 2010, en horas de la tarde a la casa de su abuela en la  vereda  La Margarita del municipio de Fómeque (Cundinamarca), al pasar frente a  la  vivienda  de su cuñado RAMIRO RAMOS, éste, con el achaque de enviar con la  niña  unas  papas  a su casa, la tomó violentamente y la obligó a ingresar al  interior  de  una  habitación  de  la vivienda donde la despojó de sus prendas  íntimas   introduciéndole   su   asta  viril  en  la  cavidad  vaginal  de  la  menor”.   

Con  base  en  los  anteriores  hechos,  se  dispuso  la  captura  de  RAMIRO  RAMOS  cuya   legalización   tuvo   lugar  durante  audiencia  preliminar  realizada  al día siguiente ante el Juzgado Promiscuo Municipal con Función de  Control  de  Garantías  de  Fómeque.  Allí  mismo  la Fiscalía le imputó el  delito  de  acceso carnal abusivo con menor de 14 años agravado, por el cual le  impuso  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad en establecimiento  carcelario.  En  desarrollo  de  la  audiencia,  RAMOS  no aceptó su responsabilidad.   

Posteriormente,  el  20  de  octubre de esa  anualidad,  la  Fiscalía  radicó  escrito de acusación en contra del imputado  como  presunto  autor  del  mismo  delito, el cual ratificó en desarrollo de la  audiencia  de  formulación  de  acusación  que  tuvo  lugar el 16 de noviembre  ulterior   ante   el   Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  con  Función  de  Conocimiento de Soacha.   

Evacuadas  las audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  dicho  despacho dictó sentencia de primer grado el 25 de febrero  del   año   en   curso   por   medio   de  la  cual  absolvió  a  RAMIRO  RAMOS  del cargo por el cual fue  acusado.   

Inconformes con la anterior determinación,  la  impugnaron los representantes de las víctimas y de la Fiscalía, razón por  la  cual  se  pronunció el Tribunal de Cundinamarca en el sentido de revocar la  absolución  y,  en  su lugar, condenar al acusado a la pena principal de ciento  cuarenta  y  cuatro  (144) meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso, al  encontrarlo  autor penalmente responsable del delito de actos sexuales con menor  de  catorce  años  agravado  (arts. 209 de la L. 599 de 2000, modificado por el  5° de la Ley 1236 de 2008, y 211, num. 5°, de la L. 599 de 2000).   

En  la  misma  determinación,  el Tribunal  negó    a    RAMOS   la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena y el sustitutivo de la  prisión domiciliaria.   

En  desacuerdo  con  la  determinación del  ad    quem,  la  defensa del procesado interpuso en  su  contra  recurso  extraordinario  de  casación, que luego sustentó mediante  demanda,  de  cuya  admisibilidad, en punto del cumplimiento de los presupuestos  de lógica y adecuada argumentación, se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

         El  defensor  del  procesado  formula  una única censura contra el  fallo  con  fundamento  en  la causal tercera prevista en el artículo 181 de la  Ley  906  de  2004,  por violación indirecta de la ley sustancial, al encontrar  que  incurre en errores de hecho por falsos juicios de identidad y de existencia  en la valoración de la prueba.   

         El  primero  que  instaura  es por error de hecho derivado de falso  juicio  de  identidad  en la apreciación del testimonio de la menor víctima de  los  hechos  A.L.A.T. cuyo  sustento  radica  en  que  se  adicionó su contenido, pues no fueron tenidas en  cuenta sus retractaciones.   

Se incurrió en el yerro valorativo, añade,  porque  el  Tribunal “interpreta erróneamente dicha  prueba”,  pues  al descartarse técnicamente que no  existió  penetración  vaginal,  se indicó, de forma equivocada, que es apenas  entendible  que  la  menor,  dada  su  corta  edad, no tuviera claridad sobre el  particular,  emergiendo  de  su  dicho  que  sufrió  actos sexuales diversos al  acceso carnal.   

El   Tribunal   también   tergiversa  el  testimonio  señalado “al darle alcance (sic)   que  probatoriamente  no  está  comprobado  en dicho proceso, esto es, que la menor no tiene conocimiento de las  partes  sexuales masculinas y femeninas, aun mas (sic)  cuando     la     menor    expreso    (sic)  en  audiencia  que si   (sic)   conocía   dichos   órganos  sexuados”.   

Si el juez colegiado no hubiera alterado los  términos   materiales   de   esta  prueba,  asegura,  no  habría  cambiado  la  calificación   de   la  conducta  y  habría  concluido  que  la  conducta  fue  atípica.   Adicionalmente,  incurre en el error invocado porque no valoró  en  forma  adecuada  las  razones  que  condujeron  a  la menor a retractarse de  las  acusaciones contra su defendido.   

Igual  error  se  produjo, continúa, en la  valoración  de  los  testimonios  de  la  sicóloga  del  I.C.B.F. Ana   Alejandra  Garzón  Sánchez,  del  galeno  Edison Julio Julio y  de     la    bacterióloga    Catherine    Jiménez  Zapata,  porque  a  pesar de haber manifestado que de  acuerdo  con  los hallazgos encontrados en la humanidad de la menor era probable  que  hubiera  sido  víctima  de  un  acto  sexual,  el  Tribunal tergiversó su  contenido al inferir grado de certeza en su realización.   

De  la  misma  forma se configuró el error  aludido,   añade,   en   la   apreciación   del   testimonio  de  Luz  Marina  Ramos Ramos, progenitora del  sindicado,  quien  fue  clara  en  señalar  que  éste,  el día de los hechos,  desempeñó  labores  agrícolas  desde  tempranas  horas  de  la  mañana;  sin  embargo,  su  dicho  “fue tergiversado, toda vez que  el  resultado  material  del  medio  de  prueba  arroja  que  la  testigo  en su  deposición  fue  coherente,  coincidente y no denotó el ánimo de mentir, puso  de  presente  la  hora  y  el  lugar donde estaba presente mi defendido el 21 de  septiembre de 2010”.   

Así   mismo,   en  la  apreciación  del  testimonio    de    Álvaro    Arévalo,  quien  ratificó  el dicho anterior, por lo tanto se tergiversó  su  exposición, pues también “en su manifestación  fue  coherente,  coincidente  y  no  denotó  el ánimo de mentir”,  poniendo  de  presente  la  hora  y  el  lugar  de  la actividad  desplegada por el procesado el día de los hechos.   

Finalmente,  pregona  que  se  incurrió en  error  de  hecho  por falso juicio de existencia “al  dejar  de considerar el alto tribunal el contraindicio consistente en la actitud  del  acusado”,  puesto  que  al  ser  capturado  se  comportó  como si nada hubiera pasado, encontrándose, incluso, en el domicilio  del progenitor de la menor.   

De  la  misma  forma  porque renunció a su  derecho  a guardar silencio, testificando durante la audiencia del juicio oral y  ya   después   “al  enterarse  que  nuevamente  le  profirieron  orden  de  captura,  no se presento (sic)  a la audiencia de lectura del fallo del alto tribunal  estando    mi    defendido   consciente   de   su   ajenidad   con   el   delito  endilgado”.   

Con  fundamento  en  lo expuesto, encuentra  acreditada la causal de casación invocada.   

               

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  Para  que  la  demanda de casación sea  admitida,  acorde  con  las preceptivas previstas en la Ley 906 de 2004, resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados a que  contenga  una  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada,  como  así se  desprende    de   lo   normado   en   los   artículos   183   y   184,   inciso  segundo.   

Por  virtud  de lo establecido en      estas      disposiciones,   sólo  se  admitirán  las  demandas  que  exhiban  una  adecuada  estructura  lógica y cuenten con una argumentación mínima orientada  a  ofrecer  las  razones  de  disenso  frente  al fallo impugnado, pues sobre el  particular  ha  sido insistente la Sala en advertir que, con el advenimiento del  estatuto  procesal  de 2004,  no  desaparecieron  tales  presupuestos,  ni  los  principios orientadores de la  actividad  casacional  exigidos  en  los  ordenamientos  adjetivos  precedentes.   

Al  contrario,  una  de las novedades del nuevo estatuto en  materia  casacional  radica  en  la  necesidad  de demostrar, o  cuando  menos evidenciar, que se requiere del fallo de  fondo     con    el    objeto    de    cumplir  alguno  de  los fines del    recurso,   a   los   cuales      refiere     la   última   parte   del   mencionado  segundo  inciso  del  artículo  184, al señalar que  también  se  inadmitirá  la  demanda “cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

De  esta  manera  los  fines  del  recurso  adquieren  una  connotación trascendente al punto que en el inciso siguiente de  la     misma    preceptiva    se    prevé    que    la    Corte    “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio.  Del  mismo  modo es viable la hipótesis  contraria,   esto  es,  en  tanto  se  privilegian  esos  postulados  sobre  las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  mas  no  se  hace  necesario  dictar  fallo, se  procederá a su inadmisión.   

2.  Frente  a  la demanda presentada por el  defensor   del   procesado  RAMIRO  RAMOS,  se  impone  precisar lo siguiente:   

En  primer  lugar,  en  el  libelo  se hace  abstracción  total  de  la  obligación  señalada  de precisar la necesidad de  fallo  atendiendo  los  fines  para  los  cuales está instituido el recurso, no  otros  que los establecidos en el artículo 180 del estatuto procesal, en cuanto  “El  recurso  pretende  la  efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    inferidos    a    estos    y    la    unificación    de   la  jurisprudencia”.   

Pero  tampoco  ello dimana del contexto del  libelo,  fundamentalmente porque el objetivo que se persigue es el de revivir un  espacio  para la discusión y el debate de los medios de prueba, desvinculado de  cualquiera de estos fines.   

Por  lo mismo, y en segundo lugar, el actor  no  desarrolla  a cabalidad una propuesta consecuente con la causal atribuida al  fallo,  ni  con  ninguna  de  las  previstas  taxativamente  para  conseguir  su  resquebrajamiento.    

En  efecto, el casacionista acude al motivo  tercero  de  casación por violación indirecta de la ley sustancial al advertir  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia en la  apreciación  de la prueba, pero se verá cómo, a partir de su real naturaleza,  la censura no compagina con ellos.   

Así  es, de conformidad con la pacífica y  reiterada  jurisprudencia  de  la Sala, el falso juicio de identidad se verifica  cuando  el juzgador tergiversa o distorsiona el contenido de la prueba, esto es,  lo   adiciona,   o   suprime  para  hacerle  decir  algo  que  objetivamente  no  expresa.          

Significa  lo  anterior que, en esencia, se  trata  de  un  yerro  de contemplación material de la prueba que surge luego de  confrontar  su  expresión  con  lo que consigna el sentenciador acerca de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva,  resulta necesario  para  quien  propone un error de hecho por falso juicio de identidad cumplir los  siguientes pasos:   

     

i. Individualizar  o  concretar  la  prueba sobre la cual recae el supuesto yerro.     

     

i. Evidenciar cómo fue apreciada por  el fallador.     

     

i. Señalar  de  qué  forma  esa  valoración   tergiversa   o   distorsiona   su  contenido  material,  esto  es,  puntualizar  la  supresión o agregación de su contexto real para de allí  inferir que en realidad se alteró su sentido.     

iv)  Establecer  la trascendencia del yerro  frente  a  lo  declarado  en el fallo, es decir, concretar por qué la sentencia  debe  mutarse  favorablemente  al  demandante,  ejercicio  que  lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento en las restantes pruebas que lo sustentan.   

   

v)   Demostrar  que  con  el  defecto  de  apreciación   se  vulnera  una  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación indebida.   

Por su parte, el falso juicio de existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio de prueba es excluido de la valoración que  efectúa  el juzgador no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal,  regular  y  oportuna  (ignorancia  u  omisión)  o  porque el juzgador lo crea o  supone  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso (suposición o  ideación), otorgándole un efecto trascendente en la sentencia.   

En esta hipótesis, el recurrente, siguiendo  la   misma   metodología   empleada  con  el  anterior,  está  obligado  a  lo  siguiente:   

     

i. Identificar el medio de prueba que  en su criterio se omitió o se supuso.     

     

i. Establecer  la  incidencia de esa  omisión  o  suposición  probatoria  en  la  decisión que se controvierte y en  favor  del  interés  que  se  representa,  lo  cual  comporta  la  necesidad de  demostrar   que  el  fallo  atacado  no  se  preserva  con  otros  elementos  de  juicio.     

iii)  Demostrar  de qué forma se violó la  ley  sustancial con ese defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación  o por aplicación indebida.   

De  ahí  que,  como  conclusión, se pueda  colegir  la  improcedencia de los anteriores yerros cuando lo pretendido es  discutir  en  torno  a la credibilidad que ofrecen los medios de prueba, caso en  el  cual  sólo es viable el ataque por el llamado falso raciocinio, siempre que  se  logre  demostrar  que  en  esa valoración se desconocieron postulados de la  sana crítica.   

Pues  bien,  en  la censura precisamente se  advierte   esta  última  incorrección  frente  a  todos  los  errores  de  apreciación  planteados,  esto  es, tanto respecto del error de hecho por falso  juicio  de  identidad  en la ponderación otorgada a los testimonios de la menor  víctima    de   los   hechos   A.L.A.T.,  de  la  sicóloga  del  I.C.B.F.  Ana  Alejandra    Garzón   Sánchez,   del   facultativo  Edison  Julio  Julio, de la  bacterióloga  Catherine  Jiménez Zapata,  de  la  progenitora  del sindicado Luz  Marina    Ramos    Ramos    y    de    Álvaro  Arévalo,  como, igualmente, en  cuanto  al  falso  juicio  de  existencia  por  dejar de considerar “el    contraindicio    consistente    en   la   actuación   del  procesado”.   

En  relación  con  los  presuntos  falsos  juicios  de  identidad  obsérvese cómo, apartándose de su real naturaleza, en  momento  alguno  el  censor  demuestra  que  las  pruebas  en  cuestión  fueron  suprimidas   o   adicionadas   objetivamente,   sino  que  su  inconformidad  se  circunscribe    a  que  no  se  les  otorgó  el  mérito que desde su  visión particular merecían.   

Así,  las  razones de inconformidad versan  porque  no  es  dable  otorgar  credibilidad  al testimonio vertido por la menor  A.L.A.T.   durante   la  audiencia  del  juicio  oral, en donde se ratificó de sus acusaciones iniciales  contra  el  procesado  y  porque  debió concedérselo de una forma diversa a lo  expuesto  por los profesionales de la salud en mención, quienes a partir de los  hallazgos  en  la  humanidad de la víctima convinieron en la posibilidad de que  hubiera  sido  objeto  de  una  afrenta  sexual, sin que, dicho sea de paso, sea  cierto  que  se haya tergiversado su versión, pues el grado de certeza sobre la  materialidad  de  la  conducta  surgió  para  el  juez corporativo a partir del  análisis  conjunto  de  la  prueba y no de la distorsión de estos particulares  medios de prueba.   

Igualmente,  en tanto se ha debido conferir  credibilidad  a  los  testimonios  de  descargo  en virtud de su coherencia y su  coincidencia,  aspectos  que nada tienen que ver con los presupuestos vistos del  error denunciado por falso juicio de identidad.   

Menos  aún  es  aceptable  la  hipótesis  planteada  del  error  de  hecho por falso juicio de existencia por omisión del  “contraindicio  consistente  en la actitud procesal  del  acusado”,  por  la evidente intrascendencia de  los   aspectos   sobre   los   cuales  lo  edifica  con  miras  a  descartar  la  responsabilidad  penal  de su defendido, sustentada en una sólida y consistente  argumentación expuesta por el Tribunal.   

Entonces,  como el fundamento del reproche  se  limita  a  cuestionar  de  forma  abierta  y  desde  su estricta perspectiva  personal  la  apreciación de las pruebas, dígase que tal expresión, al margen  de  un  falso  raciocinio  derivado  de  la  violación de las reglas de la sana  crítica  y  de  un  relevante error de hecho por falso juicio de existencia por  omisión,  carece de entidad para demostrar yerro alguno, en tanto dicha noción  apunta  a  la  disconformidad  entre  el  juicio  y la realidad, menos aún para  derrumbar   la   presunción  de  acierto  y  legalidad  que  precede  al  fallo  impugnado.   

Los ostensibles defectos de argumentación  puestos  de  manifiesto  y  la  falta  de demostración en el sentido de que era  necesario  el  fallo  de  acuerdo  con los fines del recurso, aunado a que no se  observa   la   necesidad   de   superarlos   para  decidir  de  fondo,  conducen  inexorablemente a inadmitir la censura, como así se declarará.   

Ahora  bien,  como  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar que en tanto dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  habrán    de    seguirse    la   reglas   fijadas   por   la   Sala   para   su  aplicación2.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  presentada por el  defensor   del   procesado  RAMIRO  RAMOS,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                            JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO                 SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                      

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ                  MUÑOZ                    AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO               JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre de la menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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