37351(03-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                            Aprobado Acta No. 290   

Bogotá, D. C., tres (3) de septiembre de dos  mil trece (2013).   

ASUNTO  

Estudia la Corte la posibilidad de admitir la  demanda  de  casación  presentada  por el apoderado de la parte civil contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de Cali, en la cual revocó el fallo de condena que le impuso a RAMIRO  JURADO  DONNEYS  el  Juzgado  Sexto  Penal del Circuito de dicha ciudad y, en su  lugar,  lo  absolvió  de  los  hechos  y cargos a él imputados por la conducta  punible de fraude procesal.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  William  Cossio  Aguilar  denunció  penalmente  a  RAMIRO JURADO DONNEYS, representante legal de  COOMEPAL  Ltda.,  debido a la desvinculación, de la empresa de transportes, del  microbús  de  servicio  público  de  placas  YAP-291, que era de propiedad del  primero.   

En  escrito  con  fecha  14 de enero de 2005,  RAMIRO  JURADO  DONNEYS  le  presentó al Director Territorial del Ministerio de  Transporte  de  Valle  del  Cauca  la respectiva solicitud, a la cual anexó una  “carta  de  terminación  del contrato firmado entre  las  partes”,  propio para los trámites internos de  la   cooperativa,   pero   no  apto  para  obtener  la  cancelación  del  cupo.   

Sin  embargo,  mediante  constancia  de 21 de  enero  de 2005, la Dirección Territorial certificó que había descargado de la  capacidad  transportadora  de  la  empresa  el  vehículo,  al  igual que había  cancelado la tarjeta de operación del mismo.   

Dicho acto administrativo fue revocado gracias  a  la  resolución  00793 de 28 de febrero de 2006 del Ministerio de Transporte,  tras  aducir  que  la  “dependencia  hizo caso omiso  sobre  los  requisitos  establecidos  cuando  se  trata de la desvinculación de  común acuerdo”.   

2.  Debido  a  lo  anterior,  la  Unidad Seccional de Fiscalías de Cali ordenó la apertura formal  del  proceso,  vinculó  a RAMIRO JURADO DONNEYS mediante indagatoria y, una vez  cerrada  la  instrucción,  calificó  el  mérito del sumario, en el sentido de  decretar la preclusión de la investigación.   

3.   Apelada  la  resolución  por  el representante de la parte civil en cabeza de William Cossio  Aguilar,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal la revocó y, en su lugar,  acusó  al  procesado,  mediante providencia de 12 de agosto de 2008, como autor  responsable  del  delito de fraude procesal,  según  lo  previsto  en  el artículo 453 de la Ley 599 de 2000,  actual Código Penal.   

4.  Ejecutoriada  la  acusación  el  25  de  septiembre             de            20081,  correspondió     el  conocimiento   de   la  etapa  siguiente  al  Juzgado  Sexto   Penal   del   Circuito  de  Cali,  despacho que condenó al procesado por  el  delito  atribuido  a  48  meses  de  prisión y de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas,    así    como   200   a   salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes  de  multa.  Igualmente,   no   le   concedió   la   suspensión  condicional de ejecución de la sanción privativa de la libertad.   

5.  Apelada    la    decisión         por        la   defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Cali  la revocó y, en su  lugar,  absolvió  a  RAMIRO  JURADO  DONNEYS  del  delito imputado.   

De  acuerdo  con  el  ad  quem,  el medio utilizado no era idóneo para hacer incurrir en error al  servidor  público, dado que  (i)  el  artículo  55 del  Decreto  171  de  2001,  por  el  cual  se reglamenta el transporte automotor de  pasajeros  por  carretera,  exige para desvincular un  automotor  que “la empresa  y  el propietario, de manera conjunta, informarán por escrito de esta decisión  al   Ministerio”;  (ii)  en     el  documento  que  aportó RAMIRO JURADO DONNEYS en su solicitud a  la  Dirección  Territorial,  que  no  fue tachado de  falso,  figura  al final del mismo que “el vehículo  de     placas     YAP-291    continúa    vinculado    a    COOMEPAL”2;      y      (iii)  la  petición fue suscrita por el  representante   legal   de   la  empresa  y  no  en  forma  conjunta  con  el  propietario  del microbús. De  esta    manera,    concluyó,    el    error    fue  exclusivo    del   funcionario   que   dispuso   la  desvinculación,   sin   que  proviniera    de   una   maniobra   fraudulenta   del   procesado,   a   pesar   del  posible desvalor en la intención por parte de este último.   

Uno de los magistrados del Tribunal salvó el  voto,  aduciendo  que  RAMIRO JURADO DONNEYS solicitó  en    forma   explícita  descargar  de  su  capacidad  transportadora  al  vehículo  y,  por  lo  tanto,  “eso   era   lo   que   él   quería”3,     de     suerte     que  “su      actuar      fue     doloso”4.  Así  mismo,  afirmó  que  “el  documento  fue tan  idóneo   que   hizo   incurrir   en   error   al   funcionario   público   del  Ministerio”5.   

6.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado,  presentó el apoderado de la  parte    civil    el  recurso  extraordinario      de     casación.   

LA DEMANDA  

1. Al amparo de  la  causal  primera  cuerpo  segundo  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000,  propuso  el  recurrente  un único cargo, consistente en la violación indirecta  de  la  ley  sustancial proveniente de un error de hecho por falso raciocinio en  la   valoración   de  la  prueba.  Lo  sustentó         mediante      los      siguientes  argumentos:   

1.1. Como  lo  sostuvo  el  magistrado  que salvó el voto,  tanto  el  documento  anexo como la solicitud de desvinculación  fueron  presentados  por  RAMIRO  JURADO  DONNEYS,  persona que por consiguiente  quería,  y  eso  obtuvo,  que el servidor público del Ministerio de Transporte  incurriera en un error.   

1.2.     Si    el    Tribunal    hubiera  “valorado  e  interpretado  todos  los  medios  de  prueba      que      se     encontraban     en     el     expediente”6,  no  habría  absuelto  al  procesado,  por  ejemplo,  las  fotocopias  de  las  verdaderas  solicitudes  de  desvinculación  o  la respuesta del procesado a un  derecho   de  petición  del  denunciante,  a  partir  del  cual  se  deduce  el  comportamiento doloso del primero.   

2. En  consecuencia,  solicitó a la Corte  casar    el    fallo    recurrido   para,   en   su  lugar,  condenar a RAMIRO  JURADO    DONNEYS   por   el   delito   de   fraude  procesal.   

CONSIDERACIONES  

1. De conformidad con  lo  señalado  en el inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000 (Código  de  Procedimiento  Penal  aplicable al presente asunto), la casación procede de  manera  regular  contra  las  sentencias  de  segunda instancia emitidas por los  Tribunales  Superiores  de  los distritos judiciales del país, así como por el  Tribunal  Penal Militar, que correspondan a procesos adelantados por delitos con  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo señalado en la ley exceda de los  ocho años de prisión.   

Si  la decisión de segundo grado proviene de  un  juzgado  de  circuito,  o si el tope legal de la pena de prisión es de ocho  años  o  menos,  la  casación  únicamente  será viable de modo excepcional o  discrecional.  Es  decir,  en  la  medida en que la Corte lo considere necesario  para  respetar las garantías de quienes intervinieron en la actuación procesal  o  desarrollar  la  jurisprudencia,  tal  como lo consagra el inciso final de la  norma indicada.   

En  esos  eventos, la Sala tiene dicho que al  demandante  le  asiste  la  carga de presentar en forma racional y coherente las  razones  por  las  cuales  esta Corporación debería conocer de un asunto en el  cual  no  concurrieron  los presupuestos de la casación común, bien sea porque  el  pronunciamiento  resulta  necesario para el progreso de la jurisprudencia, o  bien porque hubo vulneración de garantías fundamentales.   

Pero,  adicionalmente,  la  demanda tiene que  elaborarse   con   el   debido  acatamiento  de  los  requisitos  formales  establecidos  por  la  ley  y la  jurisprudencia.  Esto  es,  en  virtud  de  los  parámetros  de  formulación y  sustentación  de  los  cargos  previstos  en  el  artículo  207  del  estatuto  procesal,  que  por  obvias razones deben ser consonantes con los argumentos por  los   cuales   el   recurrente   fundó  la  solicitud  a  través  de  la  vía  discrecional.   

De  ahí  que la demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y   213   de   la   Ley   600  de  2000  exigen  una  presentación lógica y  adecuada  de cada una de las causales establecidas en  el      artículo      207      del     referido  ordenamiento,  así como el desarrollo de los cargos  que   por   los   yerros   de  trámite     o     de    juicio  haya  propuesto el recurrente, con la  demostración   de  su  relevancia  para    efectos    de    la    decisión  adoptada.   

2. En este asunto, la  pena    de    la    conducta    punible   de   fraude  procesal  por  la cual fue absuelto en la sentencia de  segunda  instancia  RAMIRO  JURADO  DONNEYS  ostenta un máximo de ocho años de  prisión,  según  lo previsto en el artículo 453 de la Ley 599 de 2000. Por lo  tanto,   el   demandante   tenía   la  obligación  de  circunscribirse  a  las  obligaciones   propias   de   la   casación  discrecional,  conforme  a  lo  ya  analizado.   

El  profesional  del derecho, sin embargo, no  hizo  alusión  en su escrito al cumplimiento de esta carga procesal. Y, como si  lo  anterior  fuese  poco,  planteó  un  reproche, consistente en la violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de un error de hecho en la apreciación  de  la  prueba,  que  de  ninguna  manera  se  compadece  con  las  causales  de  procedencia previstas en el artículo 207 del estatuto adjetivo.   

En  efecto,  la  Sala  ha  dicho que el error  fáctico   sólo   puede   obedecer  a  tres  modalidades,  a  saber:   

Falso  juicio  de  existencia.   Se   presenta  cuando  el  juez  o  cuerpo  colegiado, al proferir el fallo  objeto del extraordinario recurso, omite por completo valorar el  contenido  material de un medio de prueba  que  hace  parte  de  la  actuación  (y  que, por lo tanto, fue  debidamente   incorporado   al  proceso);   o  también  cuando  le  concede valor probatorio a uno que jamás fue recaudado y,  por consiguiente, supone su existencia.   

Falso   juicio  de  identidad.  Ocurre cuando el juzgador, al emitir  el   fallo   impugnado,  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio  de  prueba,  haciéndole  decir  lo que en realidad no dice,  bien   sea   porque   lee   de   manera  equivocada  su  texto, o  le  agrega  aspectos que no contiene,  u  omite  tener  en  cuenta  partes  relevantes  del  mismo.   

Falso raciocinio.  Se  constituye  cuando el  funcionario  valora  la  prueba  de manera íntegra,  pero   se   aleja   en   la   motivación   de   la  sentencia   de   los   postulados   de   la   sana  crítica,  es  decir, de una determinada  ley  científica,  principio  de  la  lógica o máxima de la experiencia.   

Cualquiera    de    estos   yerros   tiene   que   ser   trascendente.  Esto  significa  que  frente  a  la  valoración  en  conjunto   de   la   prueba  por  parte    del  Tribunal,  o  por  ambas instancias (según sea el  caso),    su   exclusión   conduciría  a adoptar una decisión distinta a la  impugnada.   

En  el  presente  caso,  el apoderado de la  parte  civil  planteó  un error de hecho por falso raciocinio. Ello  conllevaba  el  deber de precisar, en  un      razonamiento      del     Tribunal     en  particular,  la  transgresión  de  una    concreta   regla   de   la   sana  crítica,  lo  que no aparece en la sustentación de  la demanda.   

Por  el  contrario,  lo  que  figura  en el  escrito  es  un  reclamo en el sentido de que el ad quem no consideró medios de  prueba  (como  las  copias  de  los  formatos  en  los  cuales  se  solicita  la  desvinculación  de los vehículos afiliados a COOMEPAL Ltda. o la respuesta del  procesado  a  un  derecho  de petición) que en criterio del censor (ratificado,  además,  por  el del magistrado disidente) conducirían a confirmar el fallo de  primera   instancia.  Pero  si  ello  era  así,  el  recurrente   tenía   la   carga   de  plantear  el  yerro   como  un  falso  juicio    de    existencia   por   suposición   o  un  falso  juicio  de  identidad  por cercenamiento,  conforme a las circunstancias del caso, y no como un  falso raciocinio.   

Lo  que  en  últimas  estuvo  proponiendo  el  abogado  es  que  la Corte elija la perspectiva  probatoria  y  jurídica  del  magistrado  que  salvó  el voto por encima de la  postura  de  la  mayoría  de  la  Sala que se impuso en la decisión recurrida,  situación  que no es posible, en la medida en que la Corte no advierte un error  manifiesto   u   ostensible   que   sea   susceptible  de  abordar  en  sede  de  casación.   

De           hecho,  la  posición  que  el  apoderado  pretende  reivindicar acerca de la configuración  típica  de  la  conducta,  así como de la responsabilidad del procesado, no es  convincente.   

El Tribunal absolvió porque el  escrito  aportado  por RAMIRO JURADO  DONNEYS  para  lograr  la  cancelación de la tarjeta operativa del vehículo de  placas  YAP-291  no era idóneo, de acuerdo con lo estipulado en el artículo 55  del  Decreto 171 de 5 de febrero de 2005  (por  el  que   “se  reglamenta  el  Servicio  Público  de  Transporte   Terrestre   Automotor   de   Pasajeros   por  Carretera”),  de  acuerdo  con  el cual “[c]uando exista acuerdo para  la  desvinculación  del  vehículo,  la  empresa  y  el  propietario, de manera  conjunta,   informarán   por   escrito  de  esta  decisión  al  Ministerio  de  Transporte”.   

En  su  solicitud,  el  procesado anexó un  escrito,  firmado  tanto  por  él (en su calidad de  representante  legal  de  la  empresa)  como por William Cossio Aguilar  (el  propietario  del  microbús),  que  si  bien   tenía  el  título  de  “terminación del contrato civil de  vinculación”7,      allí  se  estipulaba  que “[e]l vehículo  de     placas     BXC-544    continúa    vinculado    a    COOMEPAL”8.   

Por  consiguiente,  ni  la  solicitud ni el  documento  aportado  por  el  procesado reunían los requisitos legales para que  fuera   resuelto   de   manera   favorable   a  sus  intereses.  De ahí que el ad quem concluyera que el  medio  de fraude empleado  carecía  de la idoneidad suficiente para que el servidor público incurriera en  error   en   el   acto  administrativo.   

Este criterio no  riñe  con  la  jurisprudencia  de la Sala,  sino  que  por  el  contrario  la  reafirma. En palabras de la Corte:   

“[…]  [L]os  medios  engañosos  deben comportar la idoneidad para la obtención de los fines  sucesivos  a  que  hace  referencia el tipo penal, esto es, provocar el error y,  como  consecuencia  de  éste,  la  emisión  de  una  providencia  contraria  a  derecho.   

”[…]  [R]ecuérdese  que  el  verbo  rector de la conducta  punible  de  fraude  procesal, esto es, inducir, significa conducir, determinar,  instigar  o provocar el error mediante actos fraudulentos idóneos con el fin de  presentar  una  falsa  realidad de los hechos objeto de la decisión (sentencia,  resolución o acto administrativo).   

”En  consecuencia,  los  medios  fraudulentos  idóneos están referidos a  los  elementos  de  juicio  que  se pretenden hacer valer en un  determinado  diligenciamiento  como  instrumento  inductor  del  error  y  a  la  trascendencia  valorativa  que  el  servidor  público otorgue a los mismos para  acceder   o  negar  las  pretensiones  que  se  discuten,  dentro  del  régimen  probatorio  correspondiente.  O,  dicho  de  otra  manera, debe tener la aptitud  procesal  (presupuesto  de  idoneidad)  para  provocar  la  equivocación  en el  servidor   público”9.   

El  demandante  arguyó  que  RAMIRO  JURADO  DONNEYS  no  sólo quería la desvinculación del automotor, sino que además la  solicitó   y   el  servidor  público  profirió  el  acto  administrativo  que  reconocía  la  cancelación  del  cupo.  En  otras  palabras, que actuó con la  voluntad  de  transgredir  el bien jurídico y la obtuvo. Pero desde el punto de  la  vista  de  la  teoría  del  delito no se puede desprender el tipo subjetivo  (dolo)  de  una  acción  que, objetivamente, no se ajusta a la descripción del  precepto  normativo.  Es  decir,  no  es jurídicamente acertado argüir que una  persona  obró  dolosamente  si  no es posible predicar la realización objetiva  del  tipo.  Y  también  es  imposible afirmar la idoneidad del medio empleado a  partir  del  simple  hecho de que el funcionario, en efecto, incurrió en error,  pues  lo  que  el  Tribunal  precisamente  sostuvo  para revocar la sentencia de  primera  instancia  y  proferir la absolución era que no se podía encontrar un  nexo  causal,  o  de determinación, entre el medio usado y la equivocación del  Director Territorial del Ministerio.   

En  términos de la teoría de la imputación  objetiva,  RAMIRO  JURADO  DONNEYS, con su conducta, en ningún momento creó un  riesgo  jurídicamente  desaprobado para la afectación del bien jurídico, sino  tan  solo  uno  insignificante, de modo que éste jamás pudo haberse concretado  en  el  fenómeno exterior (el error en el servidor público) que a la postre, y  de manera coincidente, sí se dio.   

Ahora  bien,  es  indudable  que el procesado  tenía  la  voluntad  de  obtener un fin último (la desvinculación contraria a  derecho  del  microbús  de  placas  YAP-291).  Pero  si  la acción tendiente a  inducir  en  error  no  es  apta,  es  obvio que no será punible. En virtud del  principio  del  hecho de que trata el artículo 29 de la Carta Política (según  el  cual  “[n]adie  podrá ser juzgado sino conforme  […]  al  acto  que  se  le  imputa”), el juicio de desvalor debe centrarse en la  acción  y  el  resultado  (ya  sea  material  o  valorativo), pero jamás en la  intención  (pues  el  pensamiento  no  es  punible), ni tampoco en una voluntad  inidóneamente exteriorizada, que fue lo ocurrido en este caso.   

3. De conformidad  con  lo  hasta  ahora expuesto, la Corte no encuentra algún yerro propuesto por  el  recurrente ni derivado de la decisión mayoritaria de segunda instancia. Por  lo tanto, la demanda no será admitida.   

Y,  adicionalmente,  como  la  Sala tampoco  advierte   violación  de  las  garantías  judiciales  del  procesado,  ningún  pronunciamiento   oficioso  hará  contra  la  sentencia  dictada  por  el  juez  plural.   

En  virtud de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada         por        el    apoderado    de    la    parte  civil contra el  fallo de  segunda    instancia    emitido        por        el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de Cali.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                                                         

MARÍA  DEL  ROSARIO     GONZÁLEZ     MUÑOZ     GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 322 de la actuación principal.   

2 Folio 474 ibídem.   

3 Folio  496 ibídem.   

4  Ibídem.   

5 Folio  498 ibídem.   

6 Folio 516 ibídem.   

7 Folio 67 del cuaderno I de la actuación principal.   

8  Ibídem.   

9 Sentencia de 19 de mayo de 2004, radicación 18367.     

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