37337(15-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37337  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 040.  

Bogotá, D. C., quince (15) de febrero de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Examina la Corte los presupuestos de adecuada  y  lógica  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el  defensor  de  ALEXÁNDER RAMÍREZ SÁNCHEZ contra  la  sentencia  del  29 de junio de 2011, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de Sincelejo, al revisar por vía de apelación la sentencia  condenatoria  proferida el 11 de febrero del mismo año por el Juzgado Penal del  Circuito  de  la  misma  sede,  impuso  al procesado las penas principales de 72  meses  de  prisión y 47 salarios mínimos legales mensuales de multa, así como  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  igual  lapso  al  determinado  para  la sanción privativa de la  libertad,  como  autor  responsable  del  delito  de lesiones personales dolosas  agravadas.   

HECHOS  

Los que encontró establecidos el Tribunal se  resumen de la siguiente manera:   

El 25 de abril de 2009 desconocidos rompieron  el  vidrio trasero, lado derecho, del vehículo camioneta de servicio particular  de  placas  BUI  373  que  ALEXÁNDER RAMÍREZ SÁNCHEZ  había  dejado  estacionado  cerca  de  una residencia  situada  en  el  barrio  Alto  Ford o Petaca de la ciudad de Sincelejo, mientras  asistía  a  una reunión. De allí extrajeron varios elementos, entre ellos una  carpeta contentiva de documentos personales.   

A    los    dos    días,   RAMÍREZ  SÁNCHEZ recibió una llamada del  señor    Mercedes    Berrío    Mercado,  quien  le  manifestó tener en su poder la mencionada carpeta, la  cual  había sido encontrada en el barrio Sevilla por el reciclador Julio  Miguel  Cogollo  Escobar.  Acordaron  entonces  encontrarse  ese  mismo  día,  a  las  cinco de la tarde, en el sitio  denominado  “La  Piscina”  ubicado  en  la  salida  a  Tolú  para  hacerle  entrega  de dicha pertenencia.   

Al  sitio  convenido concurrió RAMÍREZ   SÁNCHEZ   en   compañía  de  Humberto     Rafael    Oviedo    Acosta,  empleado  suyo,  quien  descendió  del  automotor  en el cual se  desplazaban,   el  mismo  objeto  del  latrocinio,  solicitando  a  Berrío  Mercado  subiera al rodante. Como  este  último  no  aceptó  la  invitación, ALEXÁNDER  RAMÍREZ  le propinó un disparo con arma de fuego que  impactó  en  su  maxilar  inferior,  cayendo al piso de inmediato. Oviedo  Acosta  lo  levantó y subió a la  camioneta,  en la que fue trasladado hasta otro lugar y allí fue transbordado a  un  vehículo  de  servicio  público,  el  cual  lo  llevó  hasta  el Hospital  Universitario,     en     donde     recibió     la     respectiva     atención  médica.      

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A  instancias  de  la Fiscalía, el 8 de  junio  de 2009 el Juzgado Primero Penal Municipal de Sincelejo, con funciones de  control  de  garantías,  realizó  audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo  dispuso    librar    orden    de    captura    en    contra    de   ALEXÁNDER RAMÍREZ SÁNCHEZ.   

2. En audiencia preliminar realizada al día  siguiente  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  de  la  misma ciudad, se  legalizó     la     aprehensión     de    RAMÍREZ  SÁNCHEZ.  Allí  mismo,  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  por  el  delito  de  homicidio  en grado de tentativa y el despacho  judicial    lo    afectó    con   medida   de   aseguramiento   de   detención  domiciliaria.   

3.   Oportunamente,   la  Fiscalía  Sexta  Seccional     presentó    escrito    de    acusación    contra    ALEXÁNDER          RAMÍREZ          SÁNCHEZ,         atribuyéndole  el  delito  de “tentativa  de homicidio agravado”.   

4.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  mencionada ciudad,  funcionario  que  realizó  la  audiencia de formulación de acusación el 24 de  agosto  de 2009, en cuyo desarrollo imputó al procesado el punible de tentativa  de  homicidio,  de  conformidad  con  los artículos 27 y 103 del Código Penal.   

5. El Juez celebró la audiencia preparatoria  el  18 de septiembre del mismo 2009 e instaló el juicio oral el 1º de marzo de  2010,  concluyéndolo  al  día siguiente cuando anunció como sentido del fallo  uno de carácter condenatorio.   

6. La lectura de la sentencia ocurrió en la  audiencia  que  realizó el 11 de febrero de 2011. El a  quo  condenó  a  ALEXÁNDER  RAMÍREZ  SÁNCHEZ  a  la pena de 8 años y 7 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor del delito de homicidio en  grado de tentativa.   

7.  Contra  el fallo de primera instancia la  defensa  interpuso  el recurso de apelación, por cuya vía el Tribunal Superior  de  Sincelejo  lo  modificó  para  condenar  al  acusado  a  las penas y delito  referidos en el acápite inicial de la presente decisión.   

8.   Inconforme   con   la  sentencia  del  ad  quem,  el  mismo  sujeto  procesal acudió al recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  cinco  cargos contra el fallo del Tribunal,  los  dos  primeros  con apoyo en la causal segunda de casación de la Ley 906 de  2004  y  los  tres  restantes  al  amparo  de  la  causal  tercera  de  la misma  disposición  legal,  esto  es,  violación  indirecta  de  la ley sustancial. A  continuación se resumen cada uno de los reproches:   

          PRIMER CARGO:   

          Predica  la  existencia de nulidad por violación del debido proceso  y  derecho de defensa, como consecuencia de violarse el principio de objetividad  y transparencia, así como el de contradicción.   

          Lo   anterior,   según   dice,  porque  la  Fiscalía  no  realizó  “el  debido  recaudo, descubrimiento y suministro de  todos  los  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia física de que tuvo  noticia  durante  la  indagación  e investigación, incluidos los favorables al  procesado;   además   de   la   debida   verificación   técnico  –   científica   de  los  hechos  que  requerían  prueba  dentro  del  proceso, afectando con ello el ejercicio de una  defensa  técnica  adecuada e integral”.            

          Al  respecto,  resalta  cómo,  de  acuerdo  con  el  testimonio  de  Pedro     Rafael    Romero    Martínez,  tanto  el  vehículo  como el arma de fuego relacionados con este  caso  se  pusieron  a  disposición  de  las  autoridades,  pese  a  lo  cual el  instructor  se  limitó  a  realizar  meros registro fotográficos, omitiendo el  experticio   de  balística  forense  para  determinar  si  alguno  de  los  dos  proyectiles  extraídos  a  la  víctima  correspondía al arma disparada por el  acusado.   

          En   criterio   del   libelista,   si   bien   los  dos  proyectiles  inexplicablemente  no aparecen referenciados en los dos primeros reconocimientos  médico  legales,  tanto  la  historia  clínica  como  el tercer reconocimiento  demuestran  su  existencia,  amén  de  que  así  se  hubiese evidenciado si se  atiende  la  recomendación  dada  en  el primer informe pericial, en el cual se  ordenó practicar una cirugía de cara al lesionado.   

          Considera  que los proyectiles no fueron incluidos en el registro de  cadena  de  custodia,  pese  a que la Fiscalía tuvo conocimiento de los mismos,  omitiendo   ese   organismos   relacionarlos  en  el  escrito  de  acusación  o  descubrirlos  en  la  audiencia  de  esa  misma  naturaleza, como también en la  audiencia  de  imputación, lo cual pone de presente su deliberada intención de  no traerlos al proceso.   

          Según  expresa,  los  proyectiles no podían ser entregados ni a la  defensa  ni  al  abogado  de  las víctimas, sino exclusivamente a la Fiscalía,  luego  la  omisión  de  esa  entidad  impidió  que  el primero de esos sujetos  procesales  pudiera en la audiencia de acusación solicitar la respectiva prueba  balística forense.   

          No  obstante  lo  anterior, el actor refiere cómo los juzgadores, a  pesar  de  hacer  mención a más de un disparo, al final no dio credibilidad al  procesado  y  su acompañante que hablaron de la existencia de varios disparos y  prefirieron  otorgar  mérito  al  ofendido,  quien  aseguró haber recibido uno  solo.   

          De  otra  parte,  cuestiona  a  la  Fiscalía  por omitir recaudar y  descubrir  las  prendas  de  vestir de Mercedes Berrío  Mercado, desatendiendo así el Manual expedido por esa  misma  institución  al  respecto,  negando  a  la  defensa  la  posibilidad  de  solicitar  un examen técnico – científico de probable  determinación  del  rango  de distancia de disparo”.   

En  su  sentir,  ese  proceder  llevó  a la  Fiscalía    a   crear   un   “adefesio   jurídico  –   procedimiental   y  procesal”  a través del Instituto de Medicina Legal,  en   cuanto   “mediante   un  malabarismo  titulado  ‘ampliación   primer  reconocimiento  de  fecha 19 de mayo de 2009 y (rotulado como evidencia No. 2 de  la              Fiscalía)’”,  se  amañó,  transformó  o simuló  “un  dictamen por el delito de lesiones personales a  uno  de análisis de residuos de disparo en prendas de vestir, convirtiendo a un  médico legista en técnico científico en balística forense”.   

          Lo   anterior,   precisa,  porque  un  dictamen  sobre  “probable  determinación  del  rango  de  distancia de disparo”  sólo   es   de   utilidad   jurídico   –  procesal  si ha seguido el protocolo  legalmente  aceptado a nivel interinstitucional, en este caso el señalado en la  Resolución 0878 del 14 de mayo de 2002.   

          Para  el  casacionista,  la omisión de la Fiscalía imposibilitó a  la  defensa  demostrar  la  inexistencia de un nexo causal entre los proyectiles  extraídos  a  la  víctima  y  el  arma  accionada  por  el procesado o, por el  contrario,  acreditar  la existencia de dicho nexo. Considera que la pretensión  de  la  defensa  implicaba  solamente  requerir  traer  al proceso los elementos  materiales  probatorios  y evidencia física y practicar el examen pericial, mas  no decretar pruebas de oficio.   

          Tras  sustentar  encontrarse  en oportunidad para alegar la nulidad,  incluso  cuando lo hizo ante el Tribunal, sostiene que en este caso la práctica  de  la  prueba  de  balística  forense se tornaba trascendente, pues el proceso  solamente  cuenta  con  los  testimonios  del acusado y la víctima, fuertemente  comprometidos  con  el  resultado  del  juicio.  Además, añade, tratándose la  causalidad  material  de un fenómeno físico, la construcción de esa relación  únicamente    puede    hacerse    con    la    prueba   técnico   – científica.   

          En  tal  virtud,  solicitó  casar  la  sentencia para, en su lugar,  decretar   la   nulidad   a   partir   de   la   audiencia  de  formulación  de  acusación.   

          SEGUNDO CARGO:   

          Atribuye  al Tribunal violar el debido proceso, como consecuencia de  desconocer  el  principio  de  la  no  “reformatio in  peius”.   

          Sustenta  el  reproche señalando que el ad  quem   indebidamente   agravó   la   situación  del  procesado,  a  pesar  de  tratarse  de  apelante único, en cuanto le aplicó la  agravante  prevista  en  el  numeral  4º del artículo 104 del 

Código  Penal,  sin que el juzgador de primera instancia la hubiese  considerado.   

          Sostiene  que  de  no  haberse  aplicado la mencionada agravante, el  Tribunal habría concedido al acusado los subrogados penales.   

          Pidió,   en   consecuencia,   casar  la  sentencia  y  efectuar  la  redosificación respectiva.   

          TERCER CARGO:   

          Denuncia  la  violación  indirecta  de  la ley por error de derecho  derivado de falso juicio de legalidad.   

El yerro, según precisa, recayó respecto de  la    declaración    del    perito   Freddy   Pineda  Coley,  en cuanto en el curso de la misma se allegaron  al  juicio  tres  reconocimiento  médico  legales,  frente  a  los cuales no se  cumplió  el  rito  previsto  en  el  artículo 415 del Código de Procedimiento  Penal,  a  cuyo  tenor los informes donde consta la base de la opinión pericial  deben  ser  puestos  en conocimiento de las demás partes al menos con cinco (5)  días  de  anticipación  a la celebración de la audiencia en donde se rendirá  el testimonio.   

Al  respecto,  destaca  cómo  los  informes  fueron  puestos de presente por la Fiscalía cuando se procedía a interrogar al  testigo,  dándose  traslado  de  los  mismos  solamente  por  escasos cinco (5)  minutos.   

En   concepto   del   actor,  el  Tribunal  fundamentó  su  decisión  en  el  dictamen  rendido por el perito Freddy  Pineda  Coley,  en  cuanto  con el  mismo  encontró  acreditada  la  existencia  de  las  lesiones  personales.  En  consecuencia,  estima  que  de  haber  excluido la mencionada prueba, no habría  podido condenar al acusado como autor de la referida conducta.   

En esas condiciones, demanda la casación de  la   sentencia   impugnada   para,   en   su   lugar,  proceder  a  absolver  al  procesado.   

          CUARTO CARGO:   

         Acusa  al Tribunal de incurrir en error de hecho por falso juicio de  existencia,   por  no  valorar  “la  documental  que  avala”   el   testimonio  del  perito  Freddy  Pineda  Coley, en concreto alude al  reconocimiento  médico del 24 de junio de 2009, y por no apreciar completamente  la   declaración   de   Mercedes   Berrío  Mercado.   

         En  opinión del censor, dichas pruebas acreditan que la víctima al  momento  de los hechos tenía prótesis dental en ambos maxilares, mas no piezas  dentales,  luego  al  concluir  el juzgador en lo segundo cercenó el testimonio  del  perito,  dejando  de  valorar  la documental base del primero, así como la  declaración del afectado.   

         Considera  que  si  el ad quem hubiera  apreciado  en  conjunto  las  referidas pruebas, no habría  podido  adecuar  la  conducta  del  procesado  en  los tipos penales de lesiones  personales   con   daño   por   deformidad   o  perturbación  funcional,  sino  posiblemente  en lesiones personales con incapacidad para trabajar por 45 días,  es   decir,   de   carácter   reparable   a  través  de  los  tratamientos  de  rehabilitación  oral  respectivos,  como  lo  dio  a  entender el perito cuando  respondió   que  frente  a  la  incapacidad  el  tratamiento  odontológico  no  variaría  la  situación,  de  donde  se  desprende  que  la  única  razón de  remitirlo  a  un  nuevo  reconocimiento  médico  legal  en  caso de tratamiento  odontológico  es  porque  las  heridas  tenían  carácter  reparable,  mas  no  transitorio, dando lugar a unas lesiones querellables.   

         Estima,  de  otra  parte,  que  el perito no fue leal con el proceso  cuando   señaló  que  Berrío  Mercado  estuvo  donde  el  odontólogo sacándose unos dientes, sin precisar  “cuántos  de  los  incisivos  o si fueron todos o a  consecuencia  de  qué”, lo cual si bien no era tema  relevante  para la definición de la imputación jurídica relativa al homicidio  en  grado  de  tentativa, sí debió aclarar esas apreciaciones dudosas, máxime  cuando  la  intervención  odontológica  constituye un suceso que interrumpe el  curso causal.   

         Para   el   casacionista,   si  el  fallador  hubiese  valorado  las  mencionadas  pruebas  no  habría  confirmado la condena, teniendo en cuenta que  cuando  se  trata  de  un  delito querellable no procede iniciarse la acción de  oficio.  Por  tanto,  pidió  casar  la sentencia para, en su lugar, decretar la  extinción de la acción penal por inexistencia de querella.   

         QUINTO CARGO:   

         Aduce  la  presencia  de  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,   dada   la   tergiversación  de  los  testimonios  de  Humberto  Rafael  Oviedo  Acosta,  Mercedes  Berrío Mercado, Ronald  Berthel  Hoyos  y Julio Miguel  Cogollo Escobar.   

         Tras  transcribir algunos apartes de los mencionados testimonios, el  libelista   resalta  cómo  el  Tribunal  no  dio  crédito  a  la  versión  de  ALEXÁNDER RAMÍREZ SÁNCHEZ,  según  la  cual  hubo varios disparos efectuados por unos sujetos desconocidos,  concluyendo,  por el contrario, que fue el antes mencionado quien disparo contra  la humanidad de la víctima.   

         Para  el actor, tal apreciación del fallador devino de distorsionar  el  alcance  objetivo del testimonio de Humberto Rafael  Oviedo, al atribuirle la afirmación según la cual el  aludido  dijo  primero  que  escuchó  dos disparos y después, ante la pregunta  sobre  cuántos  disparos  y  de  dónde  provenían, contestó que “no     sabía    porque    estaba    muy    asustado    en    ese  momento”.   

         En  su  sentir,  el  mencionado  declarante  jamás  expresó  haber  escuchado  dos  (2)  disparos,  como  lo señaló el ad  quem,  sino  varios sin precisar cuántos ni de dónde  prevenían,  además  de  haber  visto  a los sujetos de la moto que cercaron al  procesado,   cuya  versión  se  corresponde  con  el  acontecer  causal  donde,  precisamente,  éstos (los de la moto) dispararon varias veces resultando herido  Berrío  Mercado,  y de paso  contrarresta  la  versión  de  este  último  cuando negó estar acompañado de  otras    personas,    afirmación    que    además    desmiente    Julio  Miguel Cogollo Escobar y el policial  Ronald Berthel.   

         Insiste  así el censor en que el Tribunal tergiversó el testimonio  de  Oviedo Acosta, lo cual se  confirma  al ver el registro fotográfico del automotor, pues el mismo posee una  cabina  sencilla  en  donde  aunque caben tres personas, quien esté en la mitad  debe  estar bien ubicado, razón para que Rafael Oviedo  necesitara empujar a Mercedes  Berrío  cuando  se encontraba éste en el vehículo y  así  buscarse también un puesto dentro del mismo, no siendo entonces cierto lo  dicho  por  la  víctima  en  el  sentido de que el acusado le pegó el tiro por  negarse a subir a la camioneta.   

         En  síntesis,  para  el  impugnante,  en  el  lugar  de  los hechos  hicieron  presencia  familiares del afectado, que pudieron ser los sujetos de la  moto,   quienes  estaban  interesados  en  el  dinero  que  recibirían  por  la  devolución  de  la  carpeta.                

         Considera   que   si   el   Tribunal  no  hubiera  tergiversado  los  mencionados  testimonios,  no  habría  confirmado  la  condena, por cuya razón  demandó casar la sentencia y, a cambio, absolver al acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El  estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004,  conforme  ocurre  con  el  previsto  en  la  Ley  600  de  2000,  también  exige,  como condición para la  admisión   de  la  demanda  de  casación,  la  satisfacción  de  exigencias   de   lógica   y  adecuada  argumentación,  cuyo  fin  es  permitirle  a  la Corte, a partir de la     coherencia     y    precisión  conceptual   del  libelo,  establecer sin dificultad cuál es el error atribuido  al    sentenciador,    causante   de   la   violación   de   la  Constitución   o   la  ley  o  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales de las partes.   

Esos   presupuestos   de  sustentación,  acorde  con  lo establecido  en  los  artículos  183  y  184, inciso segundo de la  precitada  Ley 906 de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal  invocada     y     al     adecuado    desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

         Además,  se hace imperioso que el actor justifique la necesidad del  fallo  de  casación  de  cara  al cumplimiento de alguna de las finalidades del  recurso,  según  así  lo  tiene  también  establecido  el  inciso segundo del  precitado artículo 184.   

         En  el  caso objeto de examen, advierte la Sala que el demandante no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

         En  efecto, en el primer cargo plantea  la  existencia  de  nulidad,  por  cuanto  la  Fiscalía no  efectuó  el  recaudo,  descubrimiento  y  suministro  de  todos  los  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia física de que tuvo noticia, incluidos los  favorables  al  acusado,  como  tampoco hizo verificación técnico –   científica   de  los  hechos  que  requerían prueba.   

A  este respecto, pertinente es recordar el  criterio  de  la  Sala  acorde  con  el  cual  las  censuras  sustentadas  en el  mencionado  motivo de casación deben contener, como mínimo, la identificación  de  la  irregularidad,  la expresión clara de sus fundamentos, el señalamiento  de  si  se  trata  de  un  vicio de estructura o garantía, la indicación de la  norma  o normas violadas, la mención del momento procesal en donde se presentó  la  anomalía  y de las actuaciones afectadas con la misma, así como motivar su  trascendencia,  demostrando  a  la Corte que la nulidad se erige como el remedio  único  y  extremo  para  enmendar  la  incorrección  procesal,  surgiendo así  indispensable el fallo de casación.   

          En  el  presente  caso,  el impugnante no cumplió el último de los  presupuestos  antes  enunciados,  es  decir,  no fundamentó la incidencia de la  irregularidad en los resultados de la decisión.   

          Lo  anterior  porque  si bien señala que el órgano investigador no  efectuó  el  respectivo  cotejo balístico  con los proyectiles extraídos  del  cuerpo  del  afectado,  ni  recaudó  y descubrió las prendas de vestir de  éste,  negando  a  la  defensa la posibilidad de solicitar un examen técnico –  científico  de  probable  determinación  del rango de distancia de disparo, lo  cierto  es  que  no acreditó que esos elementos de prueba resultaban favorables  al  procesado  y,  por consiguiente, tenían la virtualidad de variar el sentido  del fallo.   

          Sobre  el  particular, el actor se limitó a especular en el sentido  de  que  dichas  evidencias  habrían  permitido a la defensa desvirtuar el nexo  causal   entre   la   conducta  del  procesado  y  las  lesiones  personales  o,  simplemente,  confirmar  ese  nexo  causal, con lo cual no hace sino plantear la  vulneración  de  garantías  fundamentales  a  partir  de  meras eventualidades  probatorias.   

          Más  aún,  se  observa  que  el  demandante, en el fondo, pretende  edificar  la  existencia  de duda en torno al autor de las lesiones sufridas por  la  víctima, señalando que la prueba idónea para acreditar tal aspecto era la  técnico  –  científica,  sin   q              ue   el  testimonio  de  Mercedes  Berrío  ni      el      del     procesado     ALEXÁNDER  RAMÍREZ puedan servir para ese  efecto,   dado  el  interés  que  les  asiste  a  ambos  en  el  resultado  del  proceso.   

         Es  decir, el libelista sugiere la existencia de un error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  el  cual  se estructura cuando el juzgador  desconoce  el  valor  tarifado  que  la ley asigna a los medios probatorios, por  cuya  razón  para  su  demostración  le  correspondía identificar el elemento  sobre  el  cual  recae el desacierto, indicar el precepto legal que establece el  valor  probatorio del medio y acreditar la trascendencia del error.            

          El   impugnante   no   cumple   a   cabalidad  tales  exigencias  de  fundamentación,  pues  en  momento alguno cita la norma que establece la tarifa  legal  a  la  cual se refiere, aunque tampoco lo hubiera podido hacer, porque en  la  sistemática de la Ley 906 de 2004 rige el principio de libertad probatoria,  acorde  con  el  cual  los hechos y circunstancias de interés para la solución  correcta  del caso se podrán probar por cualquier de los medios establecidos en  esa  disposición o por cualquier otro medio técnico o científico que no viole  los derechos humanos.   

          En  consecuencia,  por  su  inadecuada  fundamentación, se inadmitirá el primer reproche.   

        En   el   segundo   cargo  denuncia   la   violación   del  debido  proceso,  como  consecuencia  de  desconocer  el principio de la no “reformatio in peius”.   

         Es   evidente  la  forma  equivocada  como  el  actor  postula  este  reproche,  pues  atribuye  al  Tribunal  agravar  la situación del procesado, a  pesar  de  tratarse  de  apelante  único,  cuando en realidad esa Corporación,  antes  que  hacer  más desventajosa la condición del aludido, lo favoreció en  el  aspecto punitivo, en tanto en vez de los 103 meses de prisión impuestos por  el juez de primera instancia, le irrogó tan sólo 72 meses.   

         La   indebida   formulación   de  la  censura  impone  entonces  su  inadmisión,  lo  cual  no  impide advertir la posible vulneración de garantía  fundamental  distinta  a  la  referida  por  el  demandante,  que  impondrá  la  intervención   oficiosa   de   la  Sala,  como  se  explicará  más  adelante.              

En  el  tercer  cargo  denuncia  la  presencia  de un falso juicio de  legalidad,  por  cuanto los informes  donde consta  la  base de la opinión pericial no fueron puestos en conocimiento de las demás  partes  al  menos  con  cinco (5) días de anticipación a la celebración de la  audiencia  en  donde  se rendirá el testimonio, conforme lo ordena el artículo  415 de la Ley 906 de 2004.   

El  mencionado error de derecho se presenta  cuando  el  fallador  asigna  validez a un medio de prueba, a pesar de que en su  producción  y aducción se desconocen las reglas establecidas en la ley para el  efecto,  y  también  cuando  el  juzgador  deja  de apreciar algún elemento de  convicción,  por  considerar  erróneamente  que en su recaudo se desatendieron  dichas reglas.   

         

        Para      su     demostración     se     requiere     identificar  claramente la prueba indebidamente apreciada, señalar  las  normas  medio  que  regulan  su  formación,  acreditar  que  la prueba fue  excluida  debiendo  ser  apreciada  o que fue apreciada debiendo ser excluida, y  demostrar     las     implicaciones    del    error    en    las    conclusiones  probatorias.   

         Como  lo  tiene dicho la Sala, en la sistemática procesal contenida  en       la      Ley      906      de      20041,  el  informe  escrito rendido  por  el  perito  no  tiene  la condición de medio de prueba autónomo, sino que  constituye  apenas  la  base de la opinión pericial, la cual se complementa con  el  testimonio  del  perito,  quien es el llamado a dar los detalles propios del  dictamen  a través del interrogatorio y contrainterrogatorio al que es sometido  por las partes.   

          En   otras   palabras,   “en  el  modelo  acusatorio  actual, la prueba pericial se compone de dos actos: de una parte, el  informe,  generalmente escrito, que contiene la base de la opinión científica,  técnica,  artística o especializada, el cual debe entregarse con antelación a  la  contraparte  para  garantizar  el  principio  de  igualdad  de  armas  y  el  contradictorio,  y  de  otra,  la declaración personal del experto en el juicio  oral,  exigencia  que  apunta  a  preservar  los  principios de contradicción e  inmediación  sustanciales  al  nuevo  sistema  de enjuiciamiento, pues… está  sujeta  a  las  reglas  del testimonio, ya que las partes, según lo disciplinan  los  artículos  417 y 418 ídem, interrogan y contrainterrogan al perito acerca  de  los  temas previamente consignados en el informe, con el fin de que traduzca  sus  notas y razonamientos a conclusiones prácticas, sencillas, entendibles por  las    partes,   la   audiencia   y   el   juez”2.   

Resulta,  por tanto, desacertado en sede de  casación  limitar  el  ataque  al informe pericial sin cuestionar el testimonio  del  perito  rendido en el juicio oral, pues este último por sí mismo contiene  la acreditación de los hechos contenidos en el dictamen pericial.   

Surge  así clara la falta de trascendencia  del  yerro  postulado  por  el  actor,  pues ningún reproche formuló contra el  testimonio   rendido   por  el  perito  Freddy  Pineda  Coley, distinto a pedir su exclusión por la anomalía  que  atribuye  a  los  informes,  razón suficiente para también inadmitir esta  censura.   

        En   el   cuarto   cargo   el     actor     acusa    al  ad quem por  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,   por  no  valorar  “la  documental  que  avala”   el   testimonio  del  perito  Freddy   Pineda  Coley,  refiriéndose  en  concreto  al  reconocimiento  médico del 24 de junio de 2009, y por no apreciar  completamente  la  declaración  de  Mercedes Berrío.   

         El  falso  juicio de existencia se presenta cuando el juzgador omite  apreciar   una   o   varias  pruebas  legalmente  recaudadas  en  la  actuación  (existencia  por  omisión) o  sustenta   su   decisión  con  medios  probatorios  no  allegados  a  la  misma  (existencia por invención).   

         Fácilmente  se  aprecia  que el yerro referido por el demandante no  tuvo  presencia  en este caso, pues para su estructuración era necesario que el  juzgador,  cuando  se  trata de la modalidad de existencia por omisión, deje de  apreciar  en  su totalidad el medio de prueba, y en cuanto se refiere al informe  pericial  del  24  de  junio  de  2009,  se  dijo en precedencia que el mismo no  constituye  prueba  autónoma,  sino que se integra al testimonio rendido por el  respectivo  perito, luego para predicar la estructuración del citado dislate es  necesario  demostrar  no  sólo  la  falta  de apreciación del informe sino del  testimonio mismo.   

         Y    en    lo    tocante   a   la   declaración   de   Mercedes  Berrío Mercado, el propio censor  aduce  que  la  anomalía ocurrió respecto de una parte de esa prueba, luego su  falta de valoración no fue integral.   

          El  impugnante,  en realidad, debió formular el ataque por vía del  falso  juicio  de identidad, pues el mismo se estructura cuando el sentenciador,  al  apreciar  la prueba, distorsiona su contenido fáctico para hacerle decir lo  que ella no expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera.   

         El  libelista,  de  todas maneras, no atinó a sustentar el referido  yerro,  pues si bien enrostra al Tribunal concluir indebidamente que la víctima  perdió  múltiples  piezas dentales en la arcada inferior, como consecuencia de  lo  cual  presentó  perturbación  funcional  del órgano de la masticación de  carácter  permanente,  es  lo cierto que tal afirmación del fallador no devino  de  la  distorsión  de la prueba recaudada en el plenario sino, contrariamente,  de  la  sujeción  estricta a la misma y, concretamente, al informe pericial del  24  de  junio de 2009, es decir aquel respecto del cual el demandante predica el  yerro,  pues  ese elemento de convicción en su parte pertinente concluye que el  lesionado sufrió:   

         “Deformidad  física  que afecta el rostro de carácter permanente  por    pérdida    traumática    (de)   múltiples  piezas  dentales  en  la  arcada  dental  inferior en la  región de incisivos centrales y laterales derecho e izquierdo.   

         “Perturbación  funcional que afecta al órgano de la masticación  de          carácter          permanente”3.      

         La  postulación del actor, por tanto, carece de fundamento, lo cual  resulta suficiente para inadmitir, igualmente, este reproche.   

        En   el   quinto   cargo   se  denuncia  la  presencia  de  un  falso  juicio de identidad, en  razón  a  la  tergiversación  de  los testimonios de  Humberto   Rafael  Oviedo  Acosta,  Mercedes  Berrío  Mercado,    Ronald    Berthel   Hoyos   y Julio Miguel Cogollo Escobar.   

         Salta  a  la vista la defectuosa sustentación de esta censura, pues  el  demandante  aduce  la  distorsión  de cuatro pruebas testimoniales, pero al  fundamentar  el  ataque  se  centra exclusivamente en el declarante Humberto  Rafael Oviedo Acosta, sin ofrecer  las  razones  a  partir de las cuales predica la también tergiversación de las  otras deponencias.   

         En    cuanto    se    refiere    al   testimonio   de   Oviedo  Acosta,  surge  clara  la falta de  trascendencia  del  error  denunciado,  pues  el Tribunal no cimentó el fallo a  partir  de la afirmación atribuida al declarante consistente en que en el lugar  de   los   hechos   ocurrieron  dos  disparos.  Contrariamente,  desestimó  tal  aseveración  para  otorgar  credibilidad  al  ofendido, quien manifestó que el  procesado    solamente    accionó   su   arma   en   una   ocasión4.   

         En  últimas,  a lo largo del reproche el actor no hace sino esbozar  su  criterio  acerca  del valor probatorio de las pruebas, señalando que de las  mismas  dimana  la posible demostración según la cual quien disparó contra la  víctima   no   fue  el  acusado  ALEXÁNDER  RAMÍREZ  sino  unos  sujetos desconocidos que se desplazaban en  motocicleta.  Y  en  esa  dirección  pretende  de la Corte el acogimiento de su  particular  punto  de  vista  y  el  rechazo  consecuencial  de  la apreciación  suasoria   efectuada   por   el   ad  quem,  con  lo  cual  olvida  que  en  sede  de  casación  ese  tipo de  controversias  probatorias  no resulta válida, en virtud a la doble presunción  de   acierto   y   legalidad   de  que  está  revestido  el  fallo  de  segunda  instancia.   

         Como  el último cargo está llamado a correr la misma suerte de los  anteriores,  la  Sala procederá, por tanto, a inadmitir la demanda de casación  objeto  de  examen,  máxime  la  no  presencia de circunstancias vulnerantes de  garantías  fundamentales  en  los temas contemplados en el libelo, que impongan  superar los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

No  obstante,  la  Corte  observa  que  el  sentenciador  de  segunda  instancia  dedujo  la  circunstancia  específica  de  agravación  prevista  en  el numeral 4º del artículo 103 del Código Penal, a  pesar  de  no  haber  sido  imputada en la acusación, situación que sugiere la  posible vulneración del principio de congruencia.   

Por  tanto,  la  Sala ordenará que una vez  cobre  ejecutoria  la presente decisión y se resuelva, en caso de interponerse,  lo   relacionado   con  el  mecanismo  de  insistencia  que  procede  contra  la  providencia  inadmisoria  de  la  demanda  conforme lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de   2004   y  de  acuerdo  con  las  reglas  fijadas  en  jurisprudencia reiterada de  la       Sala5,         vuelva  el  proceso  al  Despacho  de  la Magistrada ponente para de  oficio proferir, en su momento, el pronunciamiento de rigor.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.  INADMITIR la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ALEXÁNDER RAMÍREZ SÁNCHEZ,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

        De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,    contra   la   misma   procede    la   insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión y  resuelto,  en  caso  de  interponerse, el mecanismo de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  vulneración de garantías fundamentales, conforme lo expresado en esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ              MARÍA        DEL       ROSARIO       GONZÁLEZ  MUÑOZ                      

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Auto  del 17 de junio de 2009, radicación 31475.   

2  Providencia antes citada.   

3 Cuaderno de evidencias aportadas por la Fiscalía.   

4 Cfr.  Página 32 fallo del Tribunal.   

5  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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