37304(01-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 37304  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 21-  

Bogotá,  D.C.,  primero (1°) de febrero de  dos mil doce (2012)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Mediante  sentencia del 24 de abril de 2008,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  El  Espinal,  Tolima, declaró a  Jhon Fausto Castro Bocanegra  y  a  Eulises  Arturo  Gutiérrez  Buendía coautores responsables del delito de  hurto  calificado  y  agravado,  en concurso con porte ilegal de armas de fuego.  Les  impuso 66 meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por el mismo tiempo de la pena principal y les negó la  condena de ejecución condicional y la prisión domiciliaria.   

El  fallo  fue  apelado  por  la  defensa de  Castro  Bocanegra.  La Sala  Penal  del Tribunal Superior de Ibagué, en providencia del 28 de abril de 2011,  lo  modificó en cuanto señaló una sanción definitiva de 54 meses de prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  tiempo  de  la  pena  principal;  la  confirmó en lo demás. El defensor  interpuso recurso de casación, que fue concedido.   

La  Sala  examina  las  bases  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de casación presentada, con el fin de resolver  sobre su admisión.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  Sobre  la  vía  Flandes  –  Coello que circunda el municipio de  El  Espinal,  hacia  las  10  de  la  noche  del  día  31  de  mayo de 2004, se  movilizaban  los  camiones  de  placas   SQK  151 y WTL 952, conducidos por  José  Herley Molina Marín y José Humberto Molina, respectivamente, quienes se  acompañaban de Walter Molina y Rosemberg Quimbayo.   

Ante  la  avería de una de las llantas, los  automotores  se  detuvieron,  momento  en  que  tres  de  sus  ocupantes  fueron  sorprendidos  por  varios sujetos encapuchados quienes intimidándolos con armas  de  fuego los despojaron de los vehículos, sus documentos, así como del dinero  que   llevaban.   Las   víctimas   fueron   amordazadas  y  abandonadas  en  la  maleza.   

Sin embargo, el señor José Humberto Molina  se  logró  ocultar  y  dio  aviso  a  la Policía la que desplegó un operativo  logrando  dos horas más tarde la interceptación de los automotores hurtados en  la  Estación  de  Servicio  “El  Carmen” del municipio de El Guamo, los que  eran    conducidos    por    Jhon    Fausto   Castro  Bocanegra  y  Eulises  Arturo  Gutiérrez  Buendía,  quienes de inmediato fueron capturados.   

2. Con resolución  del      1      de      junio      de      20041, la Fiscalía 52 Seccional de  Apoyo  de  El  Espinal, ordenó la apertura de la instrucción y la vinculación  mediante  indagatoria  de Castro Bocanegra y  Gutiérrez  Buendía,  a  quienes el 11 de junio la Fiscalía 33  Seccional  de  la  misma  ciudad,  les  definió  la  situación jurídica en la  modalidad  de  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva2.   

3. Clausurada la fase instructiva, el 27 de  julio  de  2005  la  fiscalía  instructora calificó el mérito del sumario con  resolución   de   acusación   en  contra  de  Castro  Bocanegra    y    Gutiérrez   Buendía,  como  presuntos coautores responsables  del      delito      de      hurto     calificado     y     agravado,  tipificado en los artículos 239, 240  numerales  1  y  2  y 241 numerales 6, 9 y 10 del Código Penal, en concurso con  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones, consagrado en el  artículo     365     del     mismo     estatuto3.  Apelada  la  decisión, fue  confirmada  el  23 de junio de 2006 por la Fiscalía 4 Delegada ante el Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de   Ibagué4.   

4. La etapa de la  causa  correspondió  al  Juzgado  2 Penal del Circuito de El Espinal, autoridad  que  el  18 de agosto de 2006 avocó el conocimiento5     y     adelantó     el  juicio.   

Luego  fueron  proferidas las sentencias ya  indicadas.   

El    apoderado    de    Castro  Bocanegra interpuso y sustentó el  recurso extraordinario de casación que le fue concedido.   

LA  DEMANDA   

Postuló  un cargo  único  bajo los siguientes  argumentos:   

Violación directa de las normas de derecho  sustancial,  por  aplicación indebida de los artículos 9, 12 del Código Penal  y   9,   20   y   232   de   la  Ley  600  de  20006,   al   considerar   que  la  totalidad  de  los medios probatorios acopiados al proceso, enseñan en grado de  certeza      “LA     MATERIALIDAD     DE     LA  INFRACCION7”   pero  no  prueban  el  juicio  de  responsabilidad,   que   es   la   postura   manifiesta   en   los   fallos   de  instancia.   

Con  el propósito de corroborarlo, resalta  en  su  demanda  algunos  apartes  del  fallo,  en  donde  el Tribunal sostiene:  “QUE  EN EL PRESENTE ASUNTO NO PUEDE HABLARSE (sic)  DE  QUE LOS PROCESADOS HUBIERAN SIDO CAPTURADOS EN SITUACION DE FLAGRANCIA, PERO  TAMBIÉN  LO  ES  QUE  LA  SENTENCIA  EN  NINGÚN  MOMENTO  SE  PARTIÓ  DE  TAL  PRESUPUESTO8”. Y mas adelante agrega: “TALES  PIEZAS  PROCESALES Y ESPECIFICAMENTE LOS TESTIMONIO (sic)  SOLO  CIRVIERON  (sic)  PARA  DEMOSTRAR  LA  OCURRENCIA  DE LOS HECHOS Y EN MODO  ALGUNO  PARA  FINCAR  EL  JUICIO DE LA RESPONSABILIDAD DEDUCIDO EN CONTRA DE LOS  PROCESADO  (sic)9.”   

Frente   a   estas  afirmaciones  de  los  Juzgadores,  concluye  que  al  no  contar  el  proceso  con  aquellos elementos  materiales  probatorios  de  los  que  se  derive la responsabilidad penal de su  representado,  no  se cumplen los requisitos exigidos por el artículo 232 de la  Ley 600 de 2000 para emitir un fallo condenatorio.   

Bajo  estas  consideraciones  solicita  se  “CASE      la      presente      demanda10”  y   se  dicte  sentencia  en  derecho  absolviendo  a  su  patrocinado  ante  la  inexistencia de prueba que comprometa su responsabilidad.   

CONSIDERACIONES  

1. La inadmisión de la demanda  

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento  Penal del 2000, la Sala inadmitirá el libelo porque  no  reúne  los  presupuestos, ni cumple las exigencias mínimas previstas en el  artículo 212 del mismo Estatuto.   

1. Cuando se acude a la violación directa de  la  ley  sustancial  como  causal  de  casación, es imprescindible, en esencia,  señalar  la  forma  de  la  vulneración,  es  decir,  si  se trata de falta de  aplicación  de  la  norma  sustantiva  (exclusión  evidente),  de  aplicación  indebida  de  la  disposición (falso juicio de selección) o de interpretación  errónea en torno a la validez o al sentido o alcance de la misma.   

También   es   requisito   sine  qua  non,  la  enunciación de los  cargos,  la  fundamentación  de  los  mismos, citando las normas que se estiman  infringidas,  las  que  deben  ser  indicadas  en  forma nítida y exacta. Es el  llamado      principio      de     claridad     y  precisión.   

2.  Por  ninguna  razón  es  admisible  en  casación   reducir   la   demanda  a  sentar  el  criterio  de  su  autor  para  contraponerlo  al  del  juzgador, con el propósito de que la Corte escoja uno u  otro.  Ello,  por  sí sólo, no entraña la demostración de errores judiciales  por  cuanto  la  sentencia  de  segunda  instancia  se presume acertada y legal,  siendo  tarea  del  casacionista  desvirtuarla  probando la existencia de yerros  protuberantes  e  incidentes en el fallo. Por dicha razón este recurso no puede  ser concebido como una tercera instancia.   

3.  Si bien el libelista formuló un único  cargo  con  fundamento  en  la  causal  primera,  cuerpo primero, por violación  directa  de  la  ley  sustancial,  originada  en  la aplicación indebida de los  artículos  9  y  12  del  Código  Penal,  20  y  232 de la Ley 600 de 2000, al  considerar  que  el  juicio de responsabilidad se edificó sin que exista prueba  acerca  de  la autoría en cabeza de su procurado, en su desarrollo incurrió en  las siguientes irregularidades:   

(I)  Aunque  señaló  el  primer  motivo de  casación11,  e identificó técnicamente el sentido del error al proclamar la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial,  tal  censura  le  exigía  como  presupuesto,  demostrar  la equivocación en la selección de la norma aplicada,  es  decir,  en  la  adecuación  de  aquella al caso concreto, por no ser la que  gobierna  el  asunto,  y  en  consecuencia  la inaplicación de la que realmente  corresponde, labor que no acometió.   

Lo que presentó como yerro no fue más que  un  alegato  de  libre  factura  desprovisto  de  la  argumentación  que le era  exigida,  en  el  que  concluye  que  las  razones  del  fallo  del ad  quem  apuntaron a tener como probada  la  existencia  del  hecho  pero no la responsabilidad penal de su representado,  contexto dentro del cual se imponía su absolución.   

(II)  La Sala destaca que cuando se acude a  la  violación  directa,  se  parte  del  presupuesto  necesario  de admitir sin  discusión  alguna los hechos y la estimación probatoria en la forma fijada por  las  instancias,  exigencias  que  desconoció  abiertamente  en  el  libelo  al  cuestionar  –justamente-  la  valoración  que  de  los  medios  de  prueba  efectuaron  los juzgadores de  instancia.  Contrario  a  lo  sugerido  por  el  censor,  fue  con  base  en  la  valoración  ponderada  de  los distintos medios de prueba aportados al proceso,  que  se  determinó la responsabilidad penal de su asistido. En éstos términos  se pronunció el juez de primera instancia:   

“El  hallazgo  de  los bienes hurtados en  poder  de los incriminados sin una explicación que lo justifique necesariamente  se  traduce en la participación de los mismos en la empresa criminosa, tal como  razonó   la   Fiscalía   en   el  pliego  acusatorio  dado  que  se  descartó  probatoriamente  la  buena fe de los acusados, pudiendo inferirse razonablemente  que  obraron  con  dolo,  que  hicieron  parte  de  la  empresa  criminosa donde  aportaron  una  cuota  parte  delictiva  propia  de la coautoría consistente en  conducir  los vehículos automotores hasta un sitio seguro para ellos, lo que no  pudieron  cumplir  gracias  a  la rápida acción de las autoridades12”.   

Y,  el  Tribunal  a  su  turno  destacó:   

“En  la  sentencia  atacada  el  juez  de  conocimiento  señala  en forma clara y precisa los fundamentos de su decisión,  que  se  circunscriben  básicamente  en  los  indicios de oportunidad y de mala  justificación,  en cuanto los procesados fueron capturados, a escasas dos horas  y  media  de  ocurridos  los  hechos  en poder de los camiones hurtados y de las  billeteras  con los documentos que les fueran arrebatados a los ofendidos Walter  Molina  Espinosa y José Releí Molina Marín, lo que indudablemente acredita su  participación  en la empresa criminal de que fuera víctimas los señores antes  citados…”   

Luego  el  demandante  contraviene  la ruta  elegida  al  no aceptar los hechos y la valoración probatoria que de los mismos  hicieron  los  juzgadores,  quienes  dieron  por demostrada la participación de  Castro   Bocanegra  en  la  empresa   criminal   con   fundamento   en   distintos   elementos  probatorios.   

(III)  Ahora, si su desacuerdo –como     se    aprecia-  residía  en  la  valoración  de  las  pruebas  que  dieron por  demostrada  la  participación de su representado en las conductas investigadas,  debió  recurrir  la  sentencia  invocando  la  violación  indirecta  de la ley  sustancial  por  errores  de  hecho,  propios de las críticas frente al mérito  persuasivo  otorgado  por  los  juzgadores  a  las  pruebas; sin embargo, en tal  evento  se  le  imponía  precisar  si  ello  fue producto de un falso juicio de  identidad, de existencia o falso raciocinio.   

Tal  forma  de  proceder,  contraviene  el  principio  lógico  de  no  contradicción,  porque,  o  se  aplicaron  en forma  indebida  algunas  normas  para  solucionar  el  caso  que  es lo que plantea la  censura,  o  lo que se discute es la valoración probatoria, que es lo propuesto  dentro de sus fundamentos.   

(IV)  Dígase además que las aseveraciones  del  impugnante  confrontadas  con  las  sentencias  discutidas,  demuestran con  suficiencia  que  los  falladores tuvieron por confirmada la responsabilidad del  procesado  con  fundamento  en  las  pruebas  legalmente  recaudadas  y  que los  fragmentos   que   cita   de   las   sentencias,   no   son   más  que  apartes  descontextualizados  de  las  respuestas  que  ofrecieron  los  juzgadores a los  argumentos   del   censor  en  las  que  pretendía  probar  que  el  juicio  de  responsabilidad   de   Castro   Bocanegra se dedujo de una captura en flagrancia inexistente.   

(V)  En  últimas,  lo que se observa en la  demanda  es  la  inconformidad  del  recurrente  con  el  fallo,  al encontrarse  acreditadas  las  pruebas  de  la  autoría, pero sin acogerse a la declaración  fáctica  y  a  la  apreciación de los medios de prueba por parte del juzgador,  como  correspondería  al amparo de la vía directa, con lo cual transgredió el  principio  de  autonomía  que rige este excepcional recurso, pues no es posible  confundir  en  un  mismo  cargo  un  reproche  que  tiene  distinto  sentido  de  violación.   

(VI)  En tales condiciones, como quiera que  el  cargo  quedó  huérfano  en la demostración de los errores atribuidos a la  sentencia  y la Corte, en virtud del principio de limitación, no puede entrar a  complementar el libelo, se impone su inadmisión.   

2.  De  la  prescripción de la acción penal   

La  Sala advierte que cuando se surtía ante  la  secretaría del Tribunal el traslado a los sujetos procesales no recurrentes  para  la  presentación  de  los  alegatos  en  torno  a la demanda de casación  formulada  contra la sentencia proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior  de   Ibagué13,  perdió  el estado su facultad punitiva por virtud del fenómeno  de la prescripción.   

Obsérvese cómo, al tenor de lo dispuesto en  los  artículos  83  y  86  del  Código  Penal  del año 2000, la acción penal  prescribe  en  un  tiempo  igual al máximo de la pena fijada en la ley si fuere  privativa  de la libertad, pero en ningún caso será inferior a cinco (5) años  ni  excederá  de veinte (20). Con la ejecutoria de la resolución de acusación  dicho  término  se  interrumpe  y  a partir de ese momento comienza a correr de  nuevo  por  un  tiempo igual a la mitad del señalado en el artículo 83, evento  en  el  cual  no  podrá ser inferior a cinco (5) años ni superior a diez (10).   

El  delito de porte ilegal de armas de fuego  descrito  en  el  artículo  365  de  la  Ley 599 de 2000, para el momento de la  comisión  de  los  hechos  se  sancionaba  con  una  pena máxima de 4 años de  prisión,  de  manera que el término prescriptivo en el juicio, sería de cinco  (5)  años  contados  a  partir  de la ejecutoria del pliego de cargos, luego si  esta  decisión  quedó  ejecutoriada  el 23 de junio de 2006, el 23 de junio de  2011  prescribió, esto es, después de proferido el fallo de segundo grado pero  antes   de   que   el   proceso   fuera   remitido   a   la   Corte  Suprema  de  Justicia.   

En consecuencia, declarará la prescripción  de  la  acción en relación con esta conducta punible y dispondrá la cesación  de  procedimiento  y  la  extinción  de la acción penal respecto del delito de  porte  ilegal  de armas de fuego a favor de Jhon Fausto  Castro  Bocanegra, decisión que obviamente habrá de  extenderse  a  Eulises  Arturo  Gutiérrez  Buendía y obliga a que, respecto de  estos   condenados   se   realice   la   correspondiente   readecuación  de  la  pena.   

Ante la declaratoria de prescripción por el  delito  de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego,  es necesario readecuar la pena  impuesta, para lo cual se procederá así:   

A  los  condenados se les impuso una pena de  cincuenta  y  cuatro  (54)  meses  de prisión por el concurso de los delitos de  hurto calificado y agravado con porte ilegal de armas de fuego.   

Como  se  declaró  prescrito  el punible de  porte  ilegal  de  armas  de fuego, se les debe excluir de la pena los veintiún  (21) meses que le fueron tasados por cuenta de este injusto.   

En  consecuencia,  la  pena  a imponer es de  treinta  y  tres  (33)  meses de prisión a Jhon Fausto  Castro   Bocanegra   y   Eulises  Arturo  Gutiérrez  Buendía,  como coautores del delito de hurto calificado y agravado, término al  que  también  se  disminuye  la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos y  funciones públicas.   

Ante la reducción de la sanción a 33 meses  de  prisión,  se  impondría,  en principio, el estudio sobre la procedencia de  los  mecanismos sustitutivos de ejecución de la pena, sin embargo la Sala no se  detendrá  en  este aspecto, como quiera que el a quo,  al  momento de negar la suspensión condicional de la  pena  y  la  prisión  domiciliaria,  no  solo  lo  hizo en atención al aspecto  objetivo,  sino  en  atención  a  la  forma  de  ejecución  del comportamiento  respecto  del  que  indicó:  “resulta  evidente  y  urgente    el    tratamiento   penitenciario   para   semejante   comportamiento  punible14”,  razonamiento que al ser confirmado  por  el  ad quem, exime a la  Corte de cualquier pronunciamiento en tal sentido.   

3.      Expedición     de     copias  disciplinarias   

La Sala dispone la compulsa de copias ante la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional de la Judicatura de  Tolima,  para  que  se investigue la conducta de los funcionarios judiciales que  conocieron  el trámite que originó la prescripción de la acción penal frente  al delito de porte ilegal de armas de fuego.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  de  Jhon  Fausto Castro  Bocanegra.   

2.  DECLARAR   PRESCRITA   la  acción  penal  adelantada     contra     Jhon     Fausto    Castro  Bocanegra  y  Eulises Arturo Gutiérrez Buendía, por  el  delito de porte ilegal de armas de fuego y, por tanto, disponer la cesación  de todo procedimiento respecto de dicha conducta.   

3.  AJUSTAR la pena  de    los    sentenciados    Jhon    Fausto   Castro  Bocanegra  y  Eulises Arturo  Gutiérrez  Buendía  en treinta y tres (33) meses de  prisión  e  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas por término  igual.   

4.    Expedir  ante la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo  Seccional de la Judicatura de Tolima las copias ordenadas.   

En  consecuencia,  se  ordena  devolver  la  actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

         

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO     FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                    LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                           JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

                                   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Folio  15 cuaderno 1.   

2 Folios  49 a 53 Ib.   

3 Folios  131 a 139 Ib.   

4 Folios  161 a 166 Ib.   

5 Folio  170 Ib.   

6 Folio  43 cuaderno 3.   

7  Ibídem   

8  Ibídem.   

9 Folio  44 cuaderno 3.   

10  Ibídem.   

11  Artículo 207 de la Ley 600 de 2000.   

12  Folio 280 y 281 cuaderno 1.   

13  Folio 165 C. Tribunal.   

14  Folio 287 cuaderno 1.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *