37263(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37263   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

                                      Aprobado    acta    Nº  340   

Bogotá, D. C., septiembre veintiuno (21) de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Jorge  Hugo  Hernández  Parra,  contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 7 de noviembre de  2010,  mediante  la  cual confirmó la proferida por el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad, el 17 de noviembre del mismo año,  que   lo   condenó  como  autor  de  la  conducta  punible  de   tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                 

1.  Los primeros  fueron    sintetizados    por    el    sentenciador     de    la    siguiente  manera:   

“Ocurrieron  el 16 de octubre del 2002,  cuando  Agentes  de  la  Policía  Aeroportuaria  capturaron en el Aeropuerto El  Dórado  de  Bogotá al ciudadano Jorge Mario Flórez Cuartas, cuando pretendía  abordar  un  avión  de Avianca con destino a Nueva York, llevando en una de sus  maletas  cuatro  bolsas de dulces marca Bon Bon Bum de veinticinco unidades cada  una,  comestibles  que  en  su interior contenían una sustancia pulverulenta de  color  beige,  igualmente,  en  otra  de  sus valijas se hallaron tres tarros de  aerosoles,  en  cuyo  interior  se encontraron unas barras que poseían la misma  sustancia,  la  que al ser sometida a la prueba de Narcotex Opiates Reagent, dio  como   resultado   positivo   para   heroína,  con  un  peso  neto  de  2.770.3  gramos.”   

En  diligencia de indagatoria Jorge Mario  Flórez  Cuartas  aceptó  los  cargos  formulados  en su contra y manifestó su  deseo  de  acogerse  a  sentencia  anticipada,  afirmando  que  fue Jorge  Hugo  Hernández  Parra  quien le  había  entregado  la sustancia alucinógena, con el fin de llevarla a New York,  sin  indicarle  que se trataba de heroína, a cambio de lo cual le pidió que le  pagaría diez millones de pesos ($10.000.000.)”.   

2.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  General  de la Nación, el 3  de  junio de 2008, profirió resolución de acusación  contra   Jorge  Hugo  Hernández          Parra         por    el  delito   de   tráfico,  fabricación   o   porte  de  estupefacientes,  según  lo  preceptuado  en  los  artículos 376 y  384 numeral 3°, del Código Penal.   

3.  El  expediente  pasó al Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado  de Bogotá, autoridad que el 12 de abril de  2010,  dictó  sentencia  de  primera  instancia,  en  la que condenó al citado  acusado  a  la  pena  principal  de  200 meses de prisión y multa equivalente a  2.100  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, como autor de la conducta  punible    de    tráfico,    fabricación    o    porte    de   estupefacientes  agravado.   

4.  Apelado el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  17 de noviembre siguiente, al resolver el recurso, lo confirmó en  su integridad.   

Contra   la   anterior   providencia,  el  profesional  del derecho que vela por las garantías fundamentales de Hernández  Parra, la recurrió en casación.   

S   Í  N  T  E  S  I  S    D  E  L   L I B E L O   

Presenta dos reproches contra la sentencia  de segunda instancia, así:   

Primer cargo  

Considera   que   el   fallo  transgredió  directamente  el  artículo  29  de  la Constitución Política, puesto que a su  representado no se le recibió diligencia de indagatoria.   

Como  normas  agredidas  cita los artículos  6°, 333, 336, 337 y 338 del Código de Procedimiento Penal.   

Reconoce que contra su procurado se expidió  orden  de  captura  para  rendir  indagatoria,  pero  como  no  fue  posible  su  aprehensión,  se  optó  por el procedimiento de declararlo persona ausente, lo  cual ocurrió.   

Argumenta que contra la decisión de proferir  medida  de aseguramiento en contra de Hernández Parra,  se  interpusieron  los  recursos  ordinarios,  siendo  resuelto el de apelación en el mes de junio de 2008.   

Recuerda que en enero de ese año, el acusado  fue  capturado  con  fines  de  extradición,  situación que fue informada a la  fiscalía  en  febrero  siguiente,  sin  que de tal circunstancia se tomara nota  para los efectos correspondientes.   

De tal manera, estima que el ente acusador no  realizó   ninguna   labor,  con  el  fin  de  proteger  los  derechos  del  hoy  sentenciado.   

Afirma  que la fiscalía tuvo la oportunidad  de escuchar en indagatoria al acusado.   

En  consecuencia,  pide  a  la Sala casar la  sentencia.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de violar directamente los  artículos  7°  y  232 de la Ley 600 de 2000, en la medida en que en su sentir,  no    hay   prueba,   en   orden   a   predicar   la   responsabilidad   de   su  procurado.   

Después de destacar las explicaciones dadas  por  el  señor Flórez Cuartas,  respecto de la persona que le entregó la  droga,  manifiesta que posteriormente éste no tuvo ningún interés en mantener  los  cargos  contra  Hernández  Parra,  razón por la cual no existe prueba que  incrimine a su representado.   

De   otro  lado,  indica  que  el  proceso  adelantado  contra  su  defendido  por  el  delito  de  amenazas,  terminó  con  resolución   inhibitoria,   en   tanto  nadie  se  presentó  a  ratificar  los  cargos.   

Dice  que al interior del proceso no se pudo  llevar a cabo la diligencia de reconocimiento en fila de personas.   

Así  mismo,  comenta  que la afirmación de  Flórez  Cuartas,  según  la  cual, Hernández Parra le entregó la heroína en  presencia  de  su  esposa,  hija y suegra, quedó desvirtuada, habida cuenta que  éstas negaron ese acontecer.   

A continuación transcribe un fragmento de la  indagatoria  que rindió el señor Flórez Cuartas, a partir de la cual concluye  que  se  dejó  de  aplicar  el  contenido  del  artículo  7°  del  Código de  Procedimiento   Penal.   De   ahí   que   advierta   que   la   sentencia  deba  romperse.   

En otro capítulo, manifiesta que en caso de  que  no se acojan las censuras presentadas contra el fallo de segunda instancia,  se  revise la posible transgresión del postulado de non bis in idem, en torno a  los hechos que motivaron el pedido de extradición.   

De  igual  manera,  denuncia  unas  posibles  incongruencias al interior de la sentencia de segunda instancia.   

En consecuencia, estima que a su procurado se  le  vulneró el derecho de defensa, motivo por el cual depreca la absolución de  Hernández Parra.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la Ley 600 de 2000  

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  del  recurso,  al libelista compete elaborar la demanda bajo los  estrictos   parámetros   contemplados   en   la   ley   y   decantados  por  la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no  basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso,  se  cometió un error de derecho o de  actividad,  porque  debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia,  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De  acuerdo con los lineamientos fijados por  la  Sala,  es  bien  sabido  que este recurso constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa  la  legalidad  de  la  providencia. De ahí que la demanda  exija  cumplir  con  todas las formalidades estatuidas en el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  como quiera que en ella se debe señalar, de manera clara y  precisa,  la causal con la cual pretende la infirmación del fallo, argumentando  cómo   el  vicio  de  derecho  o  de  actividad,  según  el  caso,  conduce  a  resquebrajar la decisión.   

Calificación de la demanda  

De acuerdo con el resumen del libelo, resulta  evidente    que    no    reúne    los    mínimos    presupuestos    para    su  admisibilidad.   

Conforme  al  artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  se  advierte  que  en el escrito, el actor sólo cumplió con la carga de  reseñar  los  hechos  e  indicar  que  el  juzgador  violó directamente la ley  sustancial,  pero  en  la demostración de los reproches confunde los errores de  derecho con los de actividad.   

Al  respecto,  inicialmente resulta oportuno  destacar  que  cuando  la  censura se postula por el sendero de la transgresión  directa,  el  libelista  acepta  que  los  hechos  y las pruebas valoradas en la  sentencia,  fueron  correctamente  apreciadas,  razón por la cual, el debate se  circunscribe  a  la aplicación del derecho, sin que tenga opción de cuestionar  aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los  elementos de juicio y el  acontecer fáctico.   

          La  labor  de  demostración  de la trascendencia del yerro, tendrá  que  estar  sustentada en evidenciar cómo el juzgador seleccionó una norma que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el asunto, omitió otra que sí resolvía los  extremos   de   la   relación   jurídico   procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del texto de  la ley.   

Los  anteriores  presupuestos  de  lógica y  debida  fundamentación  no  fueron  debidamente cumplidos por el demandante, en  torno  al  primer cargo, en la  medida  en  que  al  amparo  de  una  infracción  directa de la ley sustancial,  denuncia  una  irregularidad  que  posiblemente  podría  afectar  el derecho de  defensa   de   su  procurado,  en  tanto  no  fue  escuchado  en  diligencia  de  indagatoria,   bajo   el   argumento   que   había   sido   declarado   persona  ausente.   

Es  decir,  en  vez de indicar a la Corte en  qué  consistió  el  error  de  selección  normativa  o de hermenéutica en la  construcción   del   juicio   de  derecho,  presenta  argumentos  tendientes  a  demostrar, fallidamente, la violación de la anterior garantía.   

De  otro  lado,  en  el  evento  en  que esa  situación  se  hubiese  tratado  de  un  lapsus  calami  en  la  enunciación y  escogencia  de la vía para invocar el reproche, de todos modos no demostró que  el   acontecer  anómalo,  sin  duda,  afectó  los  derechos  y  garantías  de  Hernández  Parra,  pues  de haber sido escuchado en indagatoria, necesariamente  el sentido del fallo habría sido diferente.   

Con    relación    al    segundo  cargo,  también fue elaborado sin  acato  a  los  mencionados  requisitos, puesto que no obstante alegar violación  directa  de  la  ley  sustancial,  argumenta  contra el mérito dado a la unidad  probatoria,  en especial las versiones dadas por Jorge Mario Flórez Cuartas, en  cuanto  a  la  persona  que  le  dio  la  droga con el fin de sacarla del país,  hipótesis  que  debió presentarla por el sendero de la violación indirecta de  la ley sustancial.   

Como  quedó  expuesto  en  precedencia,  en  tratándose  de  la  infracción  directa  de  la  ley  sustancial, al libelista  corresponde  aceptar  la  valoración  probatoria  plasmada  en el fallo, habida  cuenta  que  el  debate  se  centra  en  la  aplicación del derecho, en orden a  resolver el debate jurídico.   

De  acuerdo con la estructura casacional, lo  relacionado  con  el  proceso  de  producción,  aducción  y  valoración de la  prueba,   debe   presentarse   a  través  de  la  violación  indirecta  de  la  norma.   

Ahora  bien,  es cierto que para reclamar la  aplicación  del  principio  de  in  dubio pro reo,  según la sistemática  reglada  en  la Ley 600 de 2000, se puede acudir a cualquiera de las modalidades  de  vulneración  de la norma, pero sólo resulta procedente por la vía directa  cuando  el  sentenciador  acepta  que  del  acopio probatorio emerge el grado de  conocimiento   de   duda   y   sin  embargo,  profiere  sentencia  de  carácter  condenatorio.   

Como  sucedió con el cargo anterior y en el  evento  en  que se hubiese tratado de un error en la escogencia de la violación  de  la  ley, de todas formas el cargo no aparece correctamente formulado, puesto  que  no  indicó  la clase de error cometido en la apreciación de los medios de  convicción y el falso juicio que lo determinó.   

Frente  a  este  punto,  huelga destacar que  cuando  la  censura se intenta por la violación indirecta de la norma, el actor  acepta  que  el  error  del juzgador ocurrió de manera mediata, es decir, en la  elaboración  del  juicio  de hecho, derivado de vicios en la apreciación de la  prueba,  falencia  que  se  ve  reflejada  en  la aplicación del derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar en qué consistió el vicio en la valoración de  los  medios  de  convicción,  es decir, si fue de hecho o de derecho y el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Por último, evidenciar cómo la mencionada  equivocación  incidió  en  la  aplicación del derecho, en la medida en que se  seleccionó  una  norma  no llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que  sí    resolvía    todos    los    extremos    de    la   relación   jurídico  procesal.   

Y  tampoco de su discurso se pueden inferir  dichos  presupuestos,  toda  vez  que  sólo  se  advierte una personal forma de  valorar  los  elementos  de  conocimiento,  lo cual no constituye yerro para ser  postulado en casación.   

         En  tales  condiciones,  deviene necesariamente la inadmisión de la  demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación, se hayan violado otros  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga  superar los defectos de la demanda, en orden a decidir de fondo, según  lo dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   por   el  defensor  de  Jorge Hugo Hernández Parra.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                            

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                                  SIGIFREDO       ESPINOSA  PÉREZ                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS           

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                                                                   Secretaria   

    

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