37223(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37223  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 340.  

Bogotá  D.C.,  septiembre veintiuno (21) de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

          De  conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  procede  la  Sala  a  pronunciarse  sobre  la admisión de la demanda  casacional    presentada    por    el    defensor   del   acusado   DANIEL  ALEXANDER PINEDA CASTILLO, en punto  de  constatar  el  cumplimiento  de  las  exigencias  de  lógica  y  suficiente  acreditación  dispuestas  por  el  legislador,  al impugnar el fallo de segundo  grado  dictado  por  el  Tribunal  Superior  de  San Gil el 17 de junio de 2011,  confirmatorio  del proferido por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Vélez  el  11  de  febrero  de  la misma anualidad, por medio del cual lo condenó como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos de actos sexuales con  menor de catorce años agravados.   

HECHOS  

Los    sucesos    que   motivaron   este  diligenciamiento   fueron  resumidos  en  el  fallo  de  segundo  grado  en  los  siguientes términos:   

“Tuvieron  ocurrencia  en  el municipio de Barbosa. Daniel Alexander Pineda Castillo tenía  una  relación  sentimental  y  de  suyo  convivía  con Marisol Cortés Ardila,  hermana de M.C.A. y tía de las niñas A.L.S.C. y S.S.C.   

“Esa circunstancia  fue  aprovechada  por  Pineda Castillo, quien en relación con M.C.A. comenzó a  cortejarla  e  inclusive  le  enviaba  dinero y onces a la escuela, al punto que  logró   que   ella  accediera  a  sus  invitaciones  para  que  saliera  en  su  motocicleta.  En  tal  virtud, a finales del mes de octubre de 2007, exactamente  el  día 28, cuando la aludida tenía 11 años, 5 meses y 3 días de edad, en el  vestier  de  una  piscina  en  momentos  en que la menor se cambiaba de ropa, le  tocó  las  piernas y los senos. De igual forma, en otras ocasiones al recogerla  del  centro  escolar  la  llevaba  a la vereda El Centro del municipio citado, y  nuevamente  le hacía tocamientos en las partes del cuerpo mencionadas y trataba  de  besarla,  a  la  vez  que  en  otra  oportunidad comenzó a despojarla de su  sudadera y le mostró el pene.   

“En cuanto a las  niñas  A.L.S.C.  y S.S.C. el acusado las sometía al que se denominó juego del  ‘caballito’,  consistente en que las despojaba de  su  ropa  interior y se desabrochaba la cremallera de su pantalón, a la vez que  las  acostaba  sobre  él  y  como consecuencia igualmente les tocaba las partes  íntimas.   

“El   último  episodio  ocurrió  el  11  de  marzo  de  2009,  época para la cual las niñas  tenían  4  años,  4  meses y 1 día de edad A.L. y 2 años, 7 meses y 11 días  S.S.C.    En    esta    ocasión   llevó   a   cabo   el   mismo   ‘juego’ con la últimamente citada, hecho que  percibió  A.L.  que  dio  cuenta  a  M.C.A.  que se encontraba en la misma casa  cuidándolas,  quien  sorprendió  al  sujeto  con  la  cremallera del pantalón  abierta y bajándose la camisa”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  celebrada  ante  el  Juzgado  Segundo  Promiscuo  Municipal  de  control  de  garantías  de  Barbosa, el 4 de  septiembre  de  2009  se legalizó la captura de PINEDA  CASTILLO,  oportunidad  en  la  cual  la  Fiscalía le  imputó  la  comisión  del  delito de actos sexuales con menor de catorce años  agravados  [artículos 209 y 211 numerales 2º (El responsable tuviere cualquier  carácter,  posición  o cargo que le dé particular autoridad sobre la víctima  o  la impulse a depositar en él su confianza) y 4º (Se realizare sobre persona  menor  de  doce  (12) años) de la Ley 599 de 2000], a la cual no se allanó. En  la  misma  oportunidad,  a instancia del ente acusador le fue impuesta medida de  aseguramiento    de    detención    preventiva    sin    derecho   a   libertad  provisional.   

          En  audiencia  realizada en el Juzgado Primero Penal del Circuito de  Conocimiento  de  Vélez  el  26  de  octubre  de  2009,  la  Fiscalía acusó a  DANIEL  ALEXANDER  PINEDA por  el    mismo    concurso    de    delitos    señalado   en   la   audiencia   de  imputación.   

El  debate  oral  se  surtió  en el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de Vélez, despacho  que  el  11  de febrero de 2011 profirió fallo, por cuyo medio lo condenó a la  pena  principal  de  ciento  noventa  (190) meses de prisión, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  y al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios, como  autor  penalmente responsable del concurso de delitos de actos sexuales en menor  de  catorce años, únicamente agravados en razón de lo dispuesto en el numeral  2º del artículo 211 de la Ley 599 de 2000.   

En la misma decisión le fue negada tanto la  condena  de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva de  la intramural.   

Mediante sentencia del 17 de junio de 2011 el  Tribunal  Superior  de  San  Gil  confirmó  el  fallo de condena al conocer del  recurso  de  apelación  propuesto  por  el  defensor.  Contra  el proveído del  ad  quem la defensa interpuso  en  oportunidad  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó el respectivo  libelo.   

LA DEMANDA  

El recurrente formula un cargo por violación  del debido proceso de su asistido.   

En  el  desarrollo del reparo manifiesta que  “se    estableció    como   derecho   fundamental  ‘LA OBSERVANCIA A PLENITUD  DE  LAS  FORMAS  PROPIAS DE CADA JUICIO’  como  manera  de  definir  lo  que  se ha dado en llamar EL DEBIDO  PROCESO,  es  decir, a pesar de los diferentes desarrollos jurisprudenciales, es  precepto  constitucional,  dejado  de  lado,  el  respeto por las formas de cada  proceso,  como  queriéndose significar por el constituyente del 91, que no solo  es   importante   la    normas  (sic)  sustantiva,  sino  que  en efecto, el amparo de lo sustantivo debe  lograrse  mediante  la  observancia  a  plenitud  de  las formas de cada juicio,  situación  que  en  el  presente  caso,  en  diferentes  etapas del proceso, se  observan  conculcadas  de manera flagrante, por parte del fallador de instancia,  basados  ello,  los falladores de instancia, en un aparente respeto, a la que se  viene  posicionando  como  LA JUSTICIA MATERIAL, so pretexto de la cual, resulta  intrascendente  la  violación  del  debido  proceso,  siempre  que no se violen  derechos  sustanciales, pero entonces la pregunta seria  (sic),    cuales   (sic)  son     y    a    quien  (sic)       corresponden       esos      derechos  sustanciales”.   

          Más  adelante  refiere: “En nuestro caso  considero,  violado  el  debido  proceso, desde la misma etapa de las audiencias  preliminares,   pues,   siendo   principios   rectores  la  imparcialidad  y  la  transparencia,  con  que  deben  actuar  los jueces de control de garantías y a  pesar  que ha existido pronunciamiento de la Honorable Sala Penal en cuanto a la  imposibilidad  de que cada audiencia, preliminar se agote por un juez diferente,  si  considero,  que  es  muy distinto el trámite que audiencias preliminares de  legalización  de captura, imputación e imposición de medida de aseguramiento,  pueda  darle  un juez de control de garantías, que previamente haya conocido de  elementos  materiales probatorios y evidencia física, que tuvo que sopesar para  emitir  una  orden  de captura que a (sic) posteriormente,  el  mismo  tenga  que  revisar,  como  sucedió  en  nuestro presente caso”.   

          También  afirma:  “Pienso que en verdad  es  imposible  e  impráctico  el  que  sea diferente el juez, que conoce de las  audiencias  preliminares  concentradas, denominadas tricombo, cuando se hacen de  manera  continua,  pero  me parece que debió apartarse del conocimiento el juez  de  control  de  garantías,  que  previamente había visto y valorado elementos  probatorios  y  evidencia  física  para emitir una orden de captura, que fue lo  que   en  nuestro  caso  específicamente  sucedió,  porque  desde  mi  humilde  opinión,  compromete  su  imparcialidad  y  deja  serios  motivos de duda en la  transparencia   con   que   puede   afectarse   el  derecho  fundamental  de  la  libertad”.   

          Igualmente  señala:  “Con la certeza de  condena,  luego  de  varios días de juicio oral, el usuario de la defensoría y  el  propio  defensor,  fuimos  sorprendidos,  cuando  luego de demostrar, que se  había  violado  el artículo 150 de la ley de infancia y adolescencia, luego de  poner  en  evidencia,  la  manipulación que de los testigos de cargo hizo no la  fiscalía,  sino  el mismo fiscal de radicado o de conocimiento, quien a más de  preparar  a domicilio directamente a los testigos, adultos, hizo la preparación  de  las  menores  presuntas  víctimas, situación evidenciada cuando una de las  menores,  la  única  que rindió versión, así se lo hace saber a la Juzgadora  de   Primera   Instancia”.            

          En  otro  aparta  expone:  “A pesar de no  existir  decretada,  reconocida  u  (sic) aceptada  una  incapacidad  del  fiscal primero seccional de Vélez,  que  conllevara,  a  su  falta  absoluta  o  temporal, es mas demostrado, que el  fiscal   primero   seccional   de   Vélez,   se  opto  (sic),  por  llenar  su asistencia, de manera afanada,  con  la  fiscal  destacada  para  infancia y adolescencia de Vélez, de quien se  echo  (sic) de menos por este  defensor,  el  acto  de  delegación o encargo que de ella se hubiese hecho para  estar  válidamente  con  competencia  en dicha audiencia, a lo que jamás hasta  ahora,  ó  por  lo menos en audiencia nunca se dio trámite alguno, avalándose  por  la  falladora  de instancia la falta de competencia de dicha funcionaria en  dicho estrado judicial”.   

          Posteriormente      concluye      el      actor:     “Serian  (sic) dos  momentos  procesales los que violaron el derecho sustancial de la libertad de mi  defendido,  el inicial en las audiencias preliminares, desde la legalización de  captura  y  posterior,  en  la  audiencia  el  día 9 de marzo de 2010, donde se  nulito  (sic)  el sentido de  fallo  absolutorio, sin motivación válida de ninguna índole, pues la Juez, se  limito  (sic)  al  hecho  de  decir,    que    se    estar    (sic)   redactando   la   sentencia,  se  equivoco  (sic),  pero no informa donde está su yerro, ni cuál  es  la  motivación  para  variar  su  anunciado  sentido  del fallo”.   

          Con  base  en  lo  anterior, el defensor solicita a la Sala casar la  sentencia,   declarando   la   nulidad   de   todo  lo  actuado  “a  partir  de  cualquiera  de los dos momentos procesales, aludidos,  estos:  primero  a  partir  del  momento  mismo  en  que se legalizo  (sic)  la  captura  de  DANIEL ALEXANDER  CASTILLO   PINEDA,   ó   segundo;   a   partir,   del   momento,   en   que  se  decreto  (sic) la nulidad del  sentido del fallo absolutorio”.   

         

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Si bien en la Ley 906 de 2004 no se distingue  entre  recurso  de  casación por la vía común y por la discrecional en cuanto  se  marginó la exigencia de la cantidad de pena máxima del delito para acceder  a  dicha  impugnación,  es del resorte del recurrente demostrar el quebranto de  derechos  o  garantías  fundamentales,  lo  cual exige contar con interés para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de sustentación del  recurso  y  demostrar la necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de  los  fines  establecidos  por  el  legislador  en  su artículo 180, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         En  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala constatar en la  formulación  y  desarrollo  de las censuras el acatamiento de las exigencias de  lógica   y    pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia, con el fin de evitar la transformación de  este  recurso  extraordinario en una instancia adicional a las ordinarias. Tales  exigencias  se  orientan a  conseguir  la  estructuración de los libelos dentro de unos mínimos lógicos y  de  coherencia  en  la postulación y demostración de los cargos propuestos, en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues no corresponde a  la  Sala  en  su  función  reglada  de  orden constitucional y legal, develar o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el  demandante carece  de   interés,   prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de sustentación”     (subrayas    fuera    de    texto),    el    libelo    será  inadmitido.   

Ahora,  como  el  cargo  propuesto  por  el  demandante  se  sustenta  en  la  causal  segunda  de  casación, esto es, en el  “desconocimiento  del debido proceso por afectación  de   su   estructura   o   de   la   garantía   debida   a  cualquiera  de  las  partes”, oportuno se ofrece señalar que tratándose  de  tal censura le correspondía señalar claramente la especie de incorrección  sustantiva  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos fácticos y las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la  indicación  de  los  motivos  de su  quebranto.  También era de su resorte especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente  no  existe manera diversa de restaurar el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

          Una  vez  efectuadas  las  anteriores precisiones, encuentra la Sala  que  en  manifiesto  quebranto  del  principio  de  prioridad de los reparos, el  recurrente  no  atina  a  señalar  cuál de las quejas denunciadas propone como  principal   y   cuál   como   secundaria,  pues  de  manera  sincrónica  alude  indistintamente  a  irregularidades  en  las  audiencias  preliminares  y  en la  audiencia  en  donde  se  anunció  el  sentido  del  fallo, así como cuando se  dispuso  la  invalidación  de  dicho  anuncio,  sin  percatarse que conforme al  citado  principio,  era  su  deber  ordenar  los  reproches  de mayor a menor de  acuerdo con la cobertura de la anulación en caso de prosperar.   

          Tampoco  atina  a señalar en concreto cuál fue la trascendencia de  las  incorrecciones  señaladas, pues como de tiempo atrás lo ha precisado esta  Corporación,  para  que  proceda  la  nulidad  de  la  actuación  no basta con  señalar  la  falencia,  sino  que es preciso indicar de qué manera específica  conculcó  los  derechos de quien la alega, pues sin tal proceder no se advierte  el perjuicio que debe ser objeto de enmienda.   

          Ahora,  si  la  inconformidad  del  censor recae en general sobre la  forma  en  que  se  viene implementando el sistema penal acusatorio, es evidente  que  no  es este el foro para emprender tal crítica, pues los fines del recurso  de  casación  se  encuentran especialmente definidos por el legislador, sin que  dentro  de  ellos  se  encuentre  la  evaluación de la eficacia global de dicho  sistema.   

          En  cuanto se refiere a la “manipulación  de  los  testigos  de  cargo”  por parte del fiscal,  constata  la  Sala que el defensor no concreta el alcance de su aseveración, ni  procede  a  atribuirle consecuencias claras y concretas en punto de la validez o  valoración  de  tales  pruebas,  de modo que el planteamiento resulta, no sólo  impreciso, sino ayuno de demostración.   

          También  impera  señalar  que  el casacionista no hace explícitas  las  razones  por  las cuales emerge la necesidad de rehacer la actuación, pues  resulta  claro que si la pretensión se orienta a volver a hacer lo que ya está  hecho,  este  recurso  no ha sido dispuesto para conseguir tal propósito vacuo,  pues  su  finalidad  es  “la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios inferidos a estos” (artículo 181 de la  Ley 906 de 2004).   

          Como  viene  de  verse, en evidente olvido de la dual presunción de  acierto  y  legalidad  de  la que se encuentra revestido el fallo, el demandante  únicamente   orientó   su  esfuerzo  a  indicar  en  forma  desordenada  y  de  conformidad  con  su particular visión del instituto casacional, falencias para  derruir  el fallo, pero sin atenerse a las reglas de tiempo atrás definidas por  el legislador y la jurisprudencia sobre el particular.   

          Las  mencionadas  omisiones  lógicas y demostrativas en el discurso  del  impugnante  imposibilitan  a la Corporación para acometer el estudio de la  censura,  pues  si  el  libelo  casacional  no corresponde a un alegato de libre  confección,  su  presentación con base en meras apreciaciones personales de la  defensa  y sin atenerse a las reglas lógicas y argumentativas que lo gobiernan,  obliga  a  la Corporación a inadmitir la demanda de acuerdo con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues en virtud del principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales equívocos.   

         Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías  del  acusado, como para adoptar la decisión de superar  los  defectos  de  la  demanda  y  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone   el   inciso   3º   del   artículo   184  de  la  citada  legislación.   

Impera  señalar  que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  presentada  por  el  defensor  procede  el  mecanismo de  insistencia  (artículo  186  de  la  Ley  906  de 2004), de conformidad con las  reglas      definidas      por     esta     Sala1         sobre        el  particular.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  DANIEL    ALEXANDER    PINEDA   CASTILLO, de conformidad con las consideraciones precedentes.   

De           acuerdo con lo dispuesto en el artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es facultad del demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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