37188(23-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37188  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 198-  

Bogotá, D.C., veintitrés (23) de mayo de dos  mil doce (2012)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala  examina  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda de casación presentada por la defensa de Anatolio  Beltrán  Velásquez,  contra la  sentencia  proferida  el  27  de  abril  de  2011 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  que  confirmó  la condena  impartida  el  10  de  noviembre  de  2009  por el Juzgado Penal del Circuito de  Gachetá,  al  hallarlo  responsable  en  calidad  de determinador del delito de  homicidio agravado.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. El 16 de noviembre de 2005, hacia las 10:50  de  la  noche  en  una  tienda  ubicada  en  el  perímetro urbano de Chuscales,  jurisdicción  del  municipio  de  Junín,  Luis  Octavio Velásquez Beltrán se  encontraba  ingiriendo  licor  en compañía de Isidoro Alfonso Carrión y Yamid  Hernando  González  Cifuentes,  cuando  de  manera  sorpresiva aparecieron tres  sujetos;  el  primero  (el  procesado)  ofendió  con  palabras soeces al señor  Velásquez  Beltrán,  el  segundo  individuo,  quien  portaba un cuchillo y una  pistola,  golpeó  a  la  víctima  (Velásquez Beltrán) y lo lesionó con arma  cortopunzante;  en  tanto el tercero, al verlo reducido, lo cogió del cabello y  lo  arrastró  hacia  la  calle,  sitio donde el sujeto que portaba las armas le  propinó  un  disparo  en  la  cabeza  que  desencadenó  minutos  mas  tarde su  muerte.   

2.  El  21  de noviembre de 2005 la Fiscalía  Seccional            de            Gacheta1   ordenó   la   apertura  de  indagación  preliminar  y  el  15  de  mayo  de  2006  dispuso  la  apertura de  investigación   y   la   vinculación  mediante  indagatoria,  de  Anatolio Beltrán Velásquez.   

3.  El  18  de  marzo  de  20082, la Fiscalía  acusó    a  Beltrán  Velásquez como participe en el  grado  de  coautor  del delito de homicidio agravado, previsto en los artículos  103    y   104.7   de   la   Ley   599   de   20003;   resolución   que  al  ser  recurrida  por  la  defensa  fue  revisada  el  21  de  octubre siguiente por la  Fiscalía   13   Delegada   ante  el  Tribunal  de  Cundinamarca  que  decidió:  “CONFIRMAR la resolución  de   acusación   dictada   contra  ANATOLIO  BELTRAN  VELÁSQUEZ,  como  autor  determinador  del delito de  Homicidio  Agravado en las  circunstancias   anotadas   en  la  resolución  impugnada,  en  la  persona  de  LUIS    OCTAVIO    VELÁSQUEZ   BELTRAN,   de   acuerdo   a  lo  motivado  en  este  proveído4”.   

4.  El  juicio correspondió al Juzgado Penal  del  Circuito  de Gachetá, autoridad que el 10 de noviembre de 2009 lo condenó  como  determinador  a la pena principal de 25 años de prisión y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por 20  años.  Le impuso el pago de 30 salarios mínimos legales mensuales vigentes por  concepto  de perjuicios materiales y morales y le negó la condena de ejecución  condicional5.   

5. El fallo fue apelado por la defensa y el 27  de  abril  de  2011 la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cundinamarca   confirmó   la   condena   impuesta6.   

El  apoderado  de  Beltrán  Velásquez  interpuso y sustentó el recurso  extraordinario de casación que le fue concedido.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera prevista en el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), el  casacionista   formuló   un   cargo:  “cuando  la  sentencia  sea  violatoria  de  una  norma  de derecho sustancial” que desarrolla de la siguiente manera:   

(I)  Luego de citar los fundamentos invocados  por  el  Juzgado  de primera instancia y los del Tribunal, presentó un acápite  que  denominó:  consideraciones  de la defensa, en el cual enunció como normas  vulneradas  los  artículos  7,  16,  20, 277 y 232 del Código de Procedimiento  Penal.   

(II) A renglón seguido, realizó una crítica  a  la  declaración  vertida  por  el  señor  Isidro Alfonso Carrión, medio de  conocimiento  que  en  su sentir quedó desvirtuado con la prueba testimonial de  descargos.   

(III)   Luego   de  realizar  con  absoluta  liberalidad  un  análisis  dogmático  sobre el instituto del determinador como  una  de  las  formas  de  coparticipación criminal, incursionó en la tacha del  indicio  del  móvil para derivar el juicio de responsabilidad, y señala que no  se  demostró  la  enemistad entre su poderdante y el occiso por un conflicto de  tierras.   

(IV)  A  continuación aseguró: “tengo  que  referirme  a  la  prueba  testimonial que sirvió de  soporte  al  H.  Tribunal  de  Cundinamarca y mas concretamente al testimonio de  Isidro  Alfonso  Carrión,  Reinel  Eli Cárdenas León y el informe del CTI sin  antes  transcribir  una  ponencia  del Dr. Julio Gilberto Lancheros Lancheros de  julio  02 de 2008 dentro del proceso que se siguió por la muerte de Luis Carlos  Galán  en  contra de Alberto Santofimio Botero valoración que se hace respecto  del  testigo  de  cargo  concretamente  “Popeye”  el cual concatena o encaja  perfectamente  con el caso de mi poderdante (sic) en cuenta a prueba indiciaria,  coautoría     y     calidad     del     testigo7.”   

Tras   citar  in  extenso   la   jurisprudencia   referida  en  aquella  decisión,  concluyó  que  esa  providencia “encaja  perfectamente  en  el  caso  que  nos ocupa tanto es así que el determinador es  absuelto  tal  como  se  puede  predicar en el caso de mi poderdante8.”   

Consideró  que las directrices enunciadas en  la          mencionada          providencia9,  sumadas  a  los principios y  garantías  consagrados  en los distintos instrumentos internacionales, permiten  llegar  a  las siguientes conclusiones: i) el Tribunal le otorgó credibilidad a  un  testimonio  que  no  reunía  los  requisitos  exigidos  por la ley para ser  valorado,  ii)  no  juzgó lo favorable y lo desfavorable, iii) le brindó valor  probatorio  a  una  denuncia  y a un informe del C.T.I. que no cumplían con los  requisitos  de  ley, iv) se limitó a realizar presunciones sobre la autoría en  cabeza  de  su  representado  cuando la ley exige certeza para condenar y, v) no  probó   el   móvil,  por  lo  tanto  ignoró  el  principio  del  in dubio pro reo.   

(VI)      Demandó      “CASAR”   la  sentencia  de  segunda  instancia.   

CONSIDERACIONES  

La inadmisión de la demanda  

1.   Con  total  desconocimiento  de  la técnica de casación, sin intentar siquiera cumplir los  requisitos  del  numeral  3º  del  artículo  212  del Código de Procedimiento  Penal,  bajo el cual se adelantó la actuación, que le imponen al demandante la  carga  de desarrollar en debida forma la causal elegida y a cuyo amparo reprocha  la  sentencia  indicando  de manera clara y precisa sus fundamentos, el defensor  se  limitó  a  reproducir parte del enunciado del numeral 1º del artículo 207  del   estatuto   procesal   penal,   y   a   reclamar   la   absolución  de  su  representado.   

2. El impugnante realizó un estudio de libre  factura  y, partiendo de la crítica a los testimonios y a la prueba indiciaria,  pretendió  oponer  su  personal  y  subjetivo  modo de estimar las pruebas como  razones suficientes para fundamentar su pretensión.   

Ese  mecanismo,  admitido en las instancias,  resulta  extraño  en  sede  de  casación,  cuyo carácter excepcional y rogado  requiere  que  quien  acuda  a  ella  demuestre la ilegalidad de la sentencia de  segunda  instancia,  la que viene precedida de la doble presunción de acierto y  legalidad  y  que  sólo se desvirtúa a través de la demostración de precisos  errores,  los  que  no se logran acreditar con las genéricas elucubraciones del  recurrente.   

3.  El  censor  se  limitó  a trascribir un  segmento  de  la  norma  escogida  e  invocó  la  causal  primera  de casación  consagrada  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, pero no especificó, como  le  era exigible, si el error correspondió a una violación directa o indirecta  de la ley sustancial.   

Así,     en     la     violación     directa    de    la    ley    sustancial,    se    imponía   que   aceptara  los  hechos tal y como fueron declarados en el fallo y su  carga  consistía  en  demostrar que el ad  quem  se  equivocó en la selección o  comprensión   de   la   norma   sustancial   finalmente   aplicada.   

Si    se    trata    de    violación    indirecta    de    la    ley   sustancial,  le  resultaba forzoso atacar la prueba  rechazando  en  forma  parcial o total los hechos y de esa manera precisar si en  la   valoración   probatoria  el  juzgador  incurrió  errores  de  hecho  por:  falso  juicio de existencia,  falso juicio de identidad, o  falso  raciocinio,  en cuyo  caso   le   competía   cuestionar  técnicamente  el  proceso  de  apreciación  probatoria;  o si, por el contrario, la equivocación fue producto de errores de  derecho,  por  falso juicio de convicción,  o falso juicio de legalidad,  tenía  que demostrar que se le negó a la prueba el valor que la  ley  le  otorga, o se desconocieron los requisitos para su aducción. Ninguno de  tales deberes cumplió en la demanda.   

4. También faltó a la técnica cuando en su  confusa  argumentación  dirigió  la  demostración  del  error a cuestionar la  apreciación  del  testimonio  de  Isidro  Alfonso  Carrión,  para anteponer su  personal  forma  de  evaluarlo  por  encima  del  valor  que  le  otorgaron  los  falladores.   

Al  cuestionar  el  grado  de  credibilidad,  cometió   un  grave  error  conceptual  pues  cuando  se  reprocha  el  mérito  persuasivo   que   se  le  concede  a  determinado  medio  de  conocimiento  por  transgredir  los  postulados  que  gobiernan la sana crítica, el ataque se debe  dirigir por vía del falso raciocinio.   

5.   No   menos   impropia   resulta   su  argumentación  al  afirmar  que  de las pruebas no se podía derivar el indicio  del  móvil.  Si  lo  pretendido  era  atacar  la  deducción  lógica en que se  estructuró  la  prueba indiciaria, debió postular su ataque por vía del falso  raciocinio.   

6.  Si,  por  otro  lado,  su propósito era  cuestionar  el incumplimiento de los requisitos que exige la ley para tener como  prueba  la  denuncia  y  el  informe del C.T.I, debió dirigir su censura por el  falso  juicio  de  legalidad,  denunciando  no solamente los medios probatorios,  sino además las disposiciones quebrantadas.   

7.  A  tal  punto  olvidó  el  libelista la  esencia  del  recurso  de  casación,  que  en  sus  consideraciones  de  manera  deshilvanada  e  incoherente le bastó citar una sentencia del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  asumiendo  que con su transcripción  podía  fundamentar  su  particular  modo  de  apreciar  los  medios  de prueba.  Desconoció  el  censor  que  la  decisión  citada  no  es un criterio auxiliar  obligatorio  que  debiera  seguirse  y  mucho  menos  por  la  Corte,  ni  puede  proponerse  su  aplicación  por  razones  de  igualdad,  pues  no  se  está en  presencia de los mismos hechos.   

8.   Pero   la  incorrección  técnica  y  argumentativa  no  para  allí, pues sin ninguna explicación y sumándose a las  demás  equivocaciones, además de confundir el reproche no lo desarrolla, ni lo  demuestra.   

En  tales  condiciones,  como  quiera que el  cargo  quedó  huérfano  en  la  demostración  de  los errores atribuidos a la  sentencia  y la Corte, en virtud del principio de limitación, no puede entrar a  complementar el libelo, se impone su inadmisión.   

Finalmente,  la Sala destaca que del estudio  del  proceso  no  se vislumbra violación de derechos fundamentales o garantías  de  algún  interviniente que determine el ejercicio de la facultad oficiosa que  al respecto le asiste, en procura de asegurar la protección.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Anatolio  Beltrán Velásquez.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ MUÑOZ  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

            

JAVIER DE JESÚS  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  17 cuaderno 1   

2 Folio  42 cuaderno 6.   

3 Folio  48 cuaderno 1.   

4 Folio  1 a 9 cuaderno Fiscalía Delegada ante el Tribunal.   

5 Folio  219 a 248 cuaderno 2   

6 Folio  22 a 39 cuaderno1.   

7 Folio  59 cuaderno del Tribunal.   

8  <folio 67 cuaderno del Tribunal.   

9  i)  valoración,  ii)  la  personalidad, iii) la declaración tardía, iv) el cambio  sorpresivo  de  versión,  v)  su  testimonio  que  no  compagina  con las otras  pruebas, vi) su dicho no fue corroborado por prueba sólida alguna.     

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