37052(17-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37052  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                     Aprobado Acta No. 290   

Bogotá,  D.  C.,   diecisiete  (17)  de  agosto de dos mil once (2011).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  y  sustentado  por  el  defensor del procesado RICARDO ANTONIO  MARTÍNEZ  CASTILLO, contra la sentencia de 14 de junio de 2011 proferida por la  Sala  Única  del Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo, por medio del cual  lo  condenó  a  la pena principal de treinta meses de prisión y a la accesoria  de  inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,   como   responsable  del  delito  de  prolongación  ilícita  de  la  privación  de  libertad,  en concurso homogéneo, negándole el subrogado de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

ANTECEDENTES  

1.  Mediante oficio  No.  036 de 18 de mayo de 2007, el señor Procurador Judicial Penal 166 de Santa  Rosa  de  Viterbo, puso en conocimiento de la Dirección Seccional de Fiscalías  las  irregularidades advertidas dentro algunos de los procesos cuya ejecución y  vigilancia  realizaba  el  Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  esa  ciudad,  las cuales podían ser constitutivas del ilícito de prolongación  ilícita de la privación de la libertad.   

Así, en el caso de Edison Yair Valero, quien  fuera  condenado   a  7 meses y 15 días de prisión por el delito de hurto  agravado,  mediante  escrito  de  3  de  abril  de  2007  solicitó  la libertad  señalando  que  en  detención  física  cumplía 7 meses y 25 días, pese a lo  cual  el  juzgado  sólo se pronunció el 10 de abril siguiente para indicar que  el  periodo  de  privación era de 8 meses y 1 día, disponiendo la libertad por  pena  cumplida,  medida  que  se  hizo  efectiva  17  días  después  de  tener  derecho.   

En  relación  con  Gabriel  Antonio Alvarado  Riveros,  sentenciado  a  la  pena  de  12  meses  de  prisión por el delito de  inasistencia   alimentaria,  el  8  de  marzo  de  2007  requirió  la  libertad  advirtiendo  que ya había satisfecho en su integridad la sanción impuesta; sin  embargo,  sólo  hasta  el  10  de  abril  del  mismo  año  el juez la ordenó,  conllevando a que se le prolongara durante 1 mes y 11 días.   

Respecto  de  Luz  Amanda  Parra  Alvarado,  condenada  a  la  sanción  principal  de  4 meses y 20 días de prisión por el  delito  de  hurto agravado, capturada el 24 de septiembre de 2006, en escrito de  7  de  mayo  de  2007  impetró  la  libertad  por pena cumplida, no obstante el  despacho  se  pronunció  el 8 de mayo del mismo año, permaneciendo ilegalmente  detenida por un período de 2 meses y 25 días.   

En  lo  atinente  a  Erika  Liliana  Cortés  González,  penada  con 12 meses de prisión por el delito de tráfico de moneda  falsa,  el  21 de junio de 2006 suplicó la libertad condicional, exponiendo que  llevaba  más  de  12 meses de privación efectiva, pretensión que fue resuelta  el  7  de  septiembre  siguiente  para  indicar  que había descontado 14 meses,  prolongándose   de   manera   arbitraria   la   libertad   dos   meses   y   22  días.   

En   el  caso  de  Héctor  Manuel  Mendoza  Martínez,  cuya  pena  impuesta  fue  de  12 meses de prisión por el delito de  inasistencia  alimentaria,  el  20  de  noviembre de 2006, su defensor pidió la  libertad  inmediata, y fue tan sólo hasta el 10 de enero de 2007, cuando había  cumplido   15   meses   de   privación  efectiva,  que  se  ordenó  la  misma,  permaneciendo injustamente detenido 3 meses y 6 días.   

Igual  sucedió  con  Miguel  Gómez Herrera,  sentenciado  a la pena principal de 2 meses y 12 días de prisión por el delito  de  lesiones  personales,  quien a pesar de exigir su libertad por pena cumplida  el  23  de  junio  de  2006,  se  le  otorgó  el  28  de  junio, extendiéndose  ilegítimamente la misma, por 3 días.   

2. La investigación  por  tales  comportamientos,  fue  asumida  por  la  Fiscalía  Delegada ante el  Tribunal  Superior  de Santa Rosa de Viterbo, quien luego de ordenar el programa  metodológico,   en   desarrollo   del  cual  se  allegaron  diversos  elementos  materiales  probatorios,  entre  ellos  el  acta de preacuerdo celebrado el 5 de  julio  de  2007  en  el  cual  el  imputado  aceptó los cargos de concusión en  concurso  homogéneo,  prevaricato por acción agravado en concurso homogéneo y  asociación  para  la  comisión de un delito contra la administración pública  (art.    434   C.P.)   que   se   le   hicieran   por   cuanto   “abusando  de  su cargo y de sus funciones, inducía a los internos y  familiares  de  éstos  a través de terceras personas para que pagaran dinero a  cambio   de   emitir  decisiones  concediendo  los  beneficios  antes  anotados;  beneficios  (sic)  que  ordenaba cuando el sentenciado no llenaba los requisitos  correspondientes,  o  que  aún  teniendo  el derecho, el pago se efectuaba para  priorizar  la  decisión por encima de las solicitudes que venían haciendo cola  en  el  despacho,  actividad  para  la  cual  se  usaban  certificaciones que no  correspondían  a  la  realidad  y  sustentos  documentales falsos, así como se  omitía  la  notificación al Ministerio Público y por Estado  a efecto de  evitar  apelaciones,  ello  sin  contar  que  aquellas  que fueron oportunamente  impetradas    no    se    cursaron   en   los   términos   de   ley…”,   le  formuló  ante  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  funciones  de  control de garantías de Santa Rosa de  Viterbo  imputación  por  el  concurso  homogéneo  y sucesivo de prolongación  ilícita  de  privación  de  la  libertad,  los  cuales fueron aceptados por el  indiciado,  aclarando  que la demora no había sido dolosa, sino que obedecía a  la congestión que tenía el despacho que presidía.   

Seguidamente,  se decretaron en su contra las  medidas  de aseguramiento no privativas de la libertad previstas en el artículo  307   literal   B,   numerales   3,   4   y   5  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

3. Enviada la carpeta  a  la  Sala  Única  del  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa de Viterbo para la  verificación  del  allanamiento,  lo  invalidó,  atendiendo  a que el ilícito  imputado  era  de  comisión  dolosa,  por  lo  cual no se podía anteponer a la  aceptación  por  parte  del  indiciado,  la  ausencia  del  tipo subjetivo o la  existencia   de   una  causal  de  ausencia  de  responsabilidad,  pues  con  el  condicionamiento  de la misma, se estaba manifestando que la conducta punible no  existió.   

Interpuesto  el  recurso  de  reposición por  parte  del  Fiscal  Delegado,  la  decisión  se  mantuvo, ordenando devolver la  actuación  al  Juez Promiscuo Municipal con funciones de control de garantías,  para   que   procediera   a  renovar  la  actuación,  desde  la  diligencia  de  imputación.   

4. El 18 de noviembre  de  2009,  la  Fiscalía  Primera  Delegada radicó ante el mencionado Tribunal,  acta  de preacuerdo celebrada con RICARDO ANTONIO MARTÍNEZ CASTILLO, en la cual  éste  aceptaba todos los cargos formulados en la audiencia de imputación, esto  es,  el  concurso  homogéneo y sucesivo de delitos de prolongación ilícita de  privación  de  la  libertad, lo que lo haría acreedor a una pena mínima   de  48  meses  de  prisión  prevista en el artículo 175 del Código Penal para  dicho  punible,  incrementada  en  12 meses más por razón del concurso, lo que  conllevaría  a  60 meses de prisión, quantum al que se le reduciría el 50% en  virtud  del  preacuerdo,  quedando en total la pena por descontar en 30 meses de  prisión.   

Expuso que: “…si  puede  operar  el  subrogado de la condena de ejecución condicional prevista en  el  artículo 63 del C.P. por cumplirse los requisitos objetivos y subjetivos de  ese  mecanismo  sustitutivo  de  la pena privativa de la libertad, por lo que se  solicita  comedidamente  al  H.  Tribunal  se  proceda  al respecto, teniendo en  cuenta  que  el  artículo  351  del  procedimiento permite preacordar sobre los  hechos imputados y sus consecuencias.”   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

Señaló el Tribunal Superior de Santa Rosa de  Viterbo,  que  los  preacuerdos celebrados entre fiscalía y acusado, obligan al  juez  de  conocimiento,  salvo  que  ellos  desconozcan  o quebranten garantías  fundamentales.   

Así,  como en el caso en concreto, verificó  que  mediante acta de preacuerdo  RICARDO ANTONIO MARTÍNEZ CASTILLO, en su  calidad  de  imputado, de manera libre, voluntaria y debidamente informada tanto  por  su  defensor  como  por  el Fiscal, manifestó aceptar los cargos de ser el  autor  a  título  de  dolo,  en  concurso  homogéneo  y sucesivo del delito de  prolongación  ilícita  de  privación  de la libertad prevista en el artículo  175  del  Código  Penal,  cometido  durante  los años 2006 a 2007, mientras se  desempeñaba  como  Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Santa  Rosa    de    Viterbo,    sobre    las    seis    víctimas    “MIGUEL  GÓMEZ  HERRERA,  HÉCTOR MANUEL MENDOZA MARTÍNEZ, ERIKA  LILIANA  CORTÉS,  LUZ AMANDA PARRA ALVARADO, GABRIEL ANTONIO ALVARADO RIVEROS y  EDISON   YAIR   VALERO”,  a  cambio  de  obtener  un  descuento  de  pena  del  50%,  partiendo  de  la  dosificación  de 48 meses de  prisión,  a  los  cuales se aumentó 12  meses por razón del concurso, no  existiendo  discusión  en torno a la calidad de servidor público que tenía al  momento  de  la  comisión  del  ilícito  y  que  no actuó bajo ninguna de las  causales  de ausencia de responsabilidad, aprobó el preacuerdo celebrado con la  fiscalía.   

En virtud de lo anterior, le impuso como pena  principal  30  meses de prisión y la accesoria de inhabilidad para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo término, como responsable del  delito  de  prolongación  ilícita  de privación de libertad establecido en el  artículo 175 de Código Penal.   

Respecto del subrogado penal de la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, al no ser objeto de preacuerdo con la  fiscalía,  abordó  su  análisis  en  aras  de verificar si se acreditaban los  requisitos  legales  para  su concesión, encontrando que a pesar de cumplir con  el    factor    objetivo,    no    sucedía    lo   mismo   con   el   carácter  subjetivo.   

Sostuvo que la gravedad del delito, sustentado  en  la investidura que detentaba el sentenciado al momento de la comisión de la  conducta  punible  le exigía un sobre esfuerzo dirigido a la protección de los  derechos  fundamentales,  los  cuales  no  se materializaron, además el haberse  realizado  en  concurso  homogéneo  sucesivo, pues omitió actos propios de sus  funciones,  lo que conllevó a privar ilegalmente de la libertad no sólo a una,  sino a varias personas, impedían el otorgamiento de tal beneficio.   

En  relación  con  la prisión domiciliaria,  expuso  que  su aplicación dependía de una serie de requisitos previstos en el  artículo  38 del Código Penal, destacando el de carácter objetivo, referido a  que  “la  sentencia se imponga por conducta punible  cuya  pena  mínima  prevista  en  la  ley  sea de cinco (5) años de prisión o  menos”,  el  cual  encontró  acreditado,  no  sucediendo  lo  mismo  en torno al  aspecto  subjetivo,  como  quiera  que  el  numeral  2º de la norma exigía que  “el desempeño personal, laboral, familiar o social  del  sentenciado  permita  al juez deducir seria, fundada y motivadamente que no  colocará  en  peligro  a  la  comunidad y que no evadirá el cumplimiento de la  pena.”   

Así,  teniendo  en  cuenta  la  gravedad  y  modalidad  del  punible,  en  razón  a  la cantidad de delitos perpetrados y la  calidad  del sujeto que los cometió, pues se trató de un juez de ejecución de  penas  y medidas de seguridad, quien podía considerarse el mayor experto en los  cálculos  que  determinan  la  vigilancia  de  la  pena y la declaratoria de la  libertad   a   su   cumplimiento,   o   como   consecuencia  del  derecho  a  la  resocialización  en  ejercicio  de un subrogado o por un mecanismo sustitutivo,  no  podía  permitirse  que  personas  de  tal  estatus  gozaran  de  beneficios  sustitutivos,  pues  ello  iría  en  contra  del principio de prevención   general   de   la  pena,  como  quiera  que  el  público  quedaría  notificado  erróneamente  que  las  conductas  realizadas  por  funcionarios del Estado, se  tratan  preferentemente,  o  con  permisiones injustas que determinan un amplío  grado de desconfianza en la imparcialidad del derecho vigente.   

Adicionalmente,  porque  era un hecho notorio  que  en  ese  distrito  judicial  se  adelantaba  otro  proceso  en  contra  del  sentenciado   por   un   concurso  homogéneo  de  punibles  contra  los  bienes  jurídicamente  tutelados  de la administración pública, dentro del cual se le  otorgó  la  libertad  por  vencimiento  de términos, lo que ratificaba que del  desempeño  personal  y  laboral  del  condenado  se  infería de manera seria y  fundada que representaba un peligro para la comunidad.   

LA IMPUGNACIÓN  

Inconforme  con  la  negativa  de conceder el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión  domiciliaria,  el  defensor  la  apeló, aduciendo que RICARDO ANTONIO  MARTÍNEZ  CASTILLO, a lo largo de 20 años de labor profesional como juez de la  República,  se  comportó  como  un  funcionario  honesto, pulcro y de conducta  intachable,  lo  mismo  que en todo el ejercicio de su carrera, desconociéndose  la  existencia  de  alguna investigación judicial o administrativa, lo que hace  que sea una persona sin antecedentes.   

En cuanto a lo relacionado con su investidura,  expuso  que  humanamente  desempeñó  sus funciones con transparencia, pero por  circunstancias  ajenas  a  su  capacidad  mental, de decisión y laboral, éstas  concluyeron  en  los  errores  por  los  que  fue  condenado, sin que se pudiera  desconocer  que  la  carga  laboral superaba los 3.000 procesos y que no contaba  con  empleados  eficientes  y  leales,  aspectos  que  a  la postre motivaron la  creación de otro juzgado de la misma categoría en esa ciudad.   

Sostuvo que no podía soslayarse que MARTÍNEZ  CASTILLO  estuvo privado de su libertad por más de un año en su domicilio, sin  que  en su desempeño personal, familiar o social, hubiera colocado en peligro a  la  comunidad, y menos evadirse de su sitio de reclusión a pesar de la seriedad  de  las  investigaciones.  Por  el contrario, emitida la sentencia y ordenada su  captura,  se presentó voluntariamente ante el Tribunal de donde coligió que la  gravedad  de  la  conducta  y  el  riesgo  para  la  sociedad argumentados en la  decisión, no existían.   

Su  pretensión,  la  encamina  a  que  se le  conceda  el subrogado de  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  o  en  su  defecto  la prisión domiciliaria, por reunirse los requisitos  para su concesión.   

CONSIDERACIONES  

1. Es competente la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  para resolver la apelación contra la  sentencia  de  14  de  junio  de  2010 que aprobó el  preacuerdo  celebrado  entre el fiscal y la defensa, de  conformidad  con  los artículos 32 numeral 3º de la Ley 906 de 2004 y  90  de la Ley 1395 de 2010.   

2.  La discrepancia  del  recurrente,  radica  en  habérsele negado la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  la prisión domiciliaria, a que presuntamente tiene  derecho por cumplir a cabalidad los requisitos exigidos en la ley.   

El  artículo 63 del Código Penal, establece  que  la  ejecución  de  la  pena privativa de la libertad se suspenderá por un  periodo  de  dos  a cinco años, de oficio o a petición del interesado, siempre  que concurran los siguientes requisitos:   

“1. Que la pena impuesta sea de prisión que  no exceda de tres (3) años.   

“2.   Que  los  antecedentes  personales,  sociales  y  familiares del sentenciado, así como la modalidad y gravedad de la  conducta  punible  sean  indicativos de que no existe necesidad de ejecución de  la pena…”   

Por  su parte el artículo 38 ibídem, prevé  que  la  ejecución de la pena privativa de la libertad se cumplirá en el lugar  de  residencia  o  morada  del  sentenciado,  o  en su defecto en el que el juez  determine,  excepto  en  los  casos  en  que  el  condenado  pertenezca al grupo  familiar    de    la    víctima,   siempre   que   concurran   los   siguientes  presupuestos:   

“1.  Que  la  sentencia  se  imponga  por  conducta  punible cuya pena mínima prevista en la ley sea de cinco (5) años de  prisión o menos.   

“2.  Que  el desempeño personal, laboral,  familiar  o  social  del  sentenciado  permita  al juez deducir seria, fundada y  motivadamente  que  no  colocará en peligro a la comunidad y que no evadirá el  cumplimiento de la pena…”.   

Los  institutos  anteriores,  difieren  en la  finalidad  y  requisitos para su viabilidad, en tanto que el primero persigue la  suspensión  de  la  sentencia  mediante  un período de prueba, mientras que el  segundo  va  encaminado  a  que  se le permita cumplir la pena en el lugar de su  residencia.   

3.  En  cuanto a la  negativa  de  otorgarle  a RICARDO ANTONIO  MARTÍNEZ CASTILLO el subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena previsto en el  artículo  63  del  Código  Penal,  considera  la  Sala que razón le asiste al  Tribunal  Superior  de  Santa Rosa de Viterbo, como quiera que a pesar de que la  sanción  a  él  impuesta  no  excede de tres años de prisión, con lo cual se  acredita  el  presupuesto  objetivo, es en lo relativo al requisito de carácter  subjetivo  y  específicamente en la modalidad y gravedad de la conducta, lo que  torna improcedente el beneficio.   

Recuérdese  que MARTÍNEZ CASTILLO, era juez  de  ejecución  de  penas y medidas de seguridad y como tal debía garantizar la  correcta  administración  de  justicia  con  la  diligencia y el cuidado que el  desempeño del cargo  le exigían.   

Entre sus funciones, estaba la de ser garante  del  ejercicio  de los derechos fundamentales de las personas condenadas durante  el  término  de  ejecución  de  la  pena  y  por tanto se constituía en deber  insoslayable  tramitar  sus  peticiones  de  manera  diligente  y  oportuna,  en  especial  aquellas  que  se referían a libertades por pena cumplida, los cuales  omitió  en  reiteradas oportunidades, con grave perjuicio de quienes por razón  de  su  situación  jurídica tenían limitados sus derechos y se encontraban en  desventaja  frente al Estado, comportamiento ilegal y arbitrario que dio lugar a  que  en  el caso objeto de análisis, seis personas permanecieran privadas de la  libertad, no obstante haber cumplido la pena impuesta.   

Con   el  comportamiento  así  desplegado,  también  les  impidió  a  esas  personas su derecho a la libre locomoción, en  uno   de  los  casos  por  más  de  tres meses, y  en otros por lapso  superior  a los 60 días, circunstancia que sin lugar a dudas los afectó en sus  posibilidades   de  trabajo,  en  sus  ingresos  económicos  y  en  su  núcleo  familiar.   

Agréguese  a  lo  anterior que aun cuando no  registra         antecedentes         penales1, sí le aparece una anotación  vigente  de  investigación por los delitos de prevaricato por acción agravado,  concusión,  falsedad ideológica en documento público en concurso homogéneo y  sucesivo  y  concierto  para delinquir, circunstancia  que impide a la Sala  concluir que no representa un peligro para la comunidad.   

         

Desde esta óptica, en criterio de la Sala, la  gravedad  de  las  infracciones  cometidas  por  el  sentenciado,  el  cargo que  ostentaba  para  aquel  momento  y  la connotación social, hacen aconsejable el  descuento efectivo de la pena impuesta.   

En relación con la sustitución de la medida  intramural  por  la  domiciliaria,  la  conclusión  a  la  que  se  llega no es  diferente,  pues  si  bien  se  acredita  el  requisito  de  carácter objetivo,  atendiendo  a  que  la  sentencia  impuesta  por el delito de prolongación  ilícita  de  privación  de la libertad no excede el mínimo allí contemplado,  es  su  desempeño  personal  y  laboral,   el  que  impide  concederle  el  beneficio.   

En este sentido debe tenerse en cuenta que si  en   calidad  de  funcionario  público  y  específicamente  como  juez  de  la  República,  de  manera libre, voluntaria y sobreponiendo sus intereses a los de  una  correcta administración de justicia, optó por transgredir el ordenamiento  jurídico  colombiano,  prolongando ilícitamente la privación de la libertad a  seis  personas,  traicionando  los  principios y valores que debe ostentar quien  administra   justicia  como  la  pulcritud  y  la  moralidad,  ello  devela  una  personalidad   que   conduce  a  temer  fundadamente  que  estando  en  prisión  domiciliaria pondría en peligro  a la comunidad.   

Por ello, concederle la prisión domiciliaria  a  quien  ha  actuado en tales condiciones, no sólo acrecentaría la sensación  en  el  conglomerado  de  que ejercer un cargo en la administración pública es  sinónimo  de  corrupción e impunidad, sino que desconocería los principios de  necesidad,  proporcionalidad,  razonabilidad  y  las  funciones  de  prevención  general,    retribución    justa,    prevención    especial   y   reinserción  social2.   

En   consecuencia,   la   Sala   impartirá  confirmación  a  la  sentencia  impugnada,  ordenando  la  devolución  de  las  diligencias al Tribunal de origen.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  Confirmar  la  sentencia  condenatoria  proferida contra RICARDO ANTONIO MARTÍNEZ CASTILLO por  la Sala Única del Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo.   

2.   Contra  esta  decisión no procede recurso alguno.   

Cúmplase y devuélvase la actuación al lugar  de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ                                     CAMACHO                                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

                                                                                                                   Comisión de servicio   

FERNANDO     ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS             

AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ   GUZMÁN                                 JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                      NUBIA    YOLANDA    NOVA  GARCÍA   

                                                    Secretaria   

    

1  ART.  248  Constitución  Nacional.  Únicamente  las  condenas  proferidas  en  sentencias  judiciales  en  forma definitiva tienen la  calidad  de  antecedentes  penales  y  contravencionales  en  todos los órdenes  legales.   

2  Artículos 3 y 4 del Código Penal.     

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