36974(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36974  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA      DE      CASACIÓN PENAL   

Magistrado        Ponente:   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado  acta No.  139           

Bogotá,     D.    C.,    dieciocho   de   abril   de   dos   mil  doce.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal   de   la   demanda   de   revisión   presentada   por  el  defensor  del  sentenciado  ANDRÉS      FELIPE      GUTIÉRREZ  ORTIZ,    contra    la    sentencia    de   segunda   instancia   proferida  el  17   de  junio  de     2010        por        una  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Antioquia,  mediante   la   cual   se  decidió    confirmar    el    fallo   proferido  el 24 de noviembre de 2009 por  el   Juzgado   Penal  de  Circuito  de  Marinilla,  Antioquia,  por  cuyo  medio  se     condenó  al accionante y a JAIME   ALBERTO   LOPERA  TAPASCO   a  las penas principales de  236  meses  de       prisión      así  como a la accesoria de inhabilitación   en  el  ejercicio  de  derechos   y   funciones   públicas   por    igual   término   al   de   la   pena   privativa   de   la  libertad,     como  consecuencia   de   hallarlos   coautores  penalmente responsables del  concurso  de  delitos  de tentativa de homicidio agravado, hurto  agravado   y   porte   ilegal   de  armas       de      fuego      de      defensa      personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL.   

1.-  La   cuestión   fáctica   y  el  trámite ordinario del proceso fueron reseñados por    el    Juzgador    de    segunda  instancia,  de la manera siguiente:   

‘El  día 24 de  diciembre  de  2008,  aproximadamente  a  las  6:30  p.m.  en el frigorífico de  Marinilla,  conocido  popularmente  como  el  matadero, laboraban para el mes de  Diciembre  del  citado  año  los  hoy  acusados  Andrés Felipe, vinculado como  vigilante  por  una  empresa de servicios temporales, y Jaime Alberto, aunque no  había  suscrito  contrato  de  prestación  de  servicios  por  ser el hijo del  administrador  y  por  sus cualidades sociales gozaba de entera confianza de las  directivas,   se  le  permitía  supervisar  el  funcionamiento  de  las  varias  dependencias.  El  día en mención, Andrés Felipe terminó el servicio a las 6  de la tarde y se retiró del lugar al igual que Jaime Alberto.   

“Se encargó de la vigilancia de la empresa  quien  figura  como  ofendido.  Luis  Fernando  Zuluaga,  en  la  entrega de los  elementos  de seguridad observó que el teléfono Avantel no funcionaba, aparato  que  permitía  comunicarse  con  el  administrador,  para  las novedades que se  presentaran desde el puesto de servicios o garita.   

“Pocos  minutos habían trascurrido cuando  los  dos  jóvenes  se  presentaron al lugar, se movilizaban en una motocicleta;  alegando  que  la  moto  presentaba  una  falla mecánica, le solicitaron a Luis  Fernando,  les permitiera el ingreso para guardarla. Petición a la que accedió  por  ser  conocidos y ante la imposibilidad de consultar con la administración;  recogió  las  llaves  de  la  raíz  de  un árbol donde las tenía escondidas,  abrió  la  puerta,  pero  nuevamente  la  cerró  y dejó las llaves encima del  escritorio.   

“Ya en la edificación Jaime le pidió las  llaves  de  la  oficina  y  marchó a esa dependencia: Andrés llamó a Fernando  para  hablar  con  él  fuera  de  la garita sin anunciar el tema, de esa manera  logró que momentáneamente abandonara la vigilancia.   

“Luis  Fernando  accedió,  salió  de  la  garita  y se ubicó cerca de Andrés, Jaime Alberto se encontraba a 20 metros de  distancia,  aproximadamente,  cuando  en forma sorpresiva apareció un individuo  desconocido,  estaba  escondido  en  las escalas que conducen a la oficina de la  administración  y  sin  pronunciar  ninguna  palabra le disparó con un arma de  fuego  tipo  revólver  que  le impactó a nivel de la clavícula, Luis Fernando  corrió,  volteó  la cabeza a mirar atrás y nuevamente le disparó hiriéndolo  en  la  cara,  impacto  que  lo  derribó  al  piso,  el agresor se acercó y le  disparó  en  la  cara,  creyéndolo muerto lo arrastró hasta un sitio lejos de  las  miradas  de  las  personas  que  pasaran  por la carretera y allí lo dejó  abandonado”   

“En ese estado, Luis Fernando se dio cuenta  que  al lugar llegaron tres vehículos, un automóvil y tres camionetas más una  motocicleta en la que se transportaba una mujer.   

“Lo  que  sucedió  en  el  interior no lo  percibió.  Logró  arrastrarse  hasta  una casa vecina donde fue auxiliado y la  policía  de  la  localidad  fue  enterada,  se ignora cómo los delincuentes se  percataron  de  este  hecho  y  huyeron  del  lugar,  al igual que los acusados,  apropiándose  de  una  cabeza  de  ganado menor, concretamente de un marrano”  (sic).   

(…)  

“La   Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  el  día  3  de marzo de 2009, del que conoció el Juzgado Penal del  Circuito  de  El  Santuario,  al  que  le fue asignada competencia temporal para  conocer  del  juicio,  por  el  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  mediante  Resolución  No.  153  del  17  de  abril  de  2009,  por  impedimento  del Juez  competente territorialmente.   

“La   audiencia   de   formulación  de  acusación  se  cumplió el día 3 de junio de 2009 y la preparatoria el día 20  de  agosto siguiente; en tanto el juicio oral tuvo lugar el 21 de septiembre del  mismo año”.   

         La demanda.   

Con   apoyo  en  la  causal  tercera  prevista  por  el  artículo  192    de   la   Ley  906  de  2004,   el  defensor          del          sentenciado        ANDRÉS      FELIPE     GUTIÉRREZ  ORTIZ   solicita   la  revisión  del fallo de segunda instancia emitido por  el Tribunal.   

Manifiesta  que  en  el  curso  de  la  actuación  que  culminó con  decisión   de  condena,  a  su  asistido  no  se  le  respetaron  los  derechos  fundamentales,  pues  en  las sentencias de primera y segunda instancias nada se  dijo  sobre  tasación de  los   perjuicios   pese  a  que  ello  le  resultaba  favorable,  “teniendo en cuenta que si se hubieran  tasado  en  cualquier  forma,  los  familiares del mismo, hubieran hecho todo lo  posible  por  pagar,  en  aras de estar acorde con la reparación integral de la  víctima  y  a  la vez que, como consecuencia de ello, se le hubiera  hecho  una rebaja considerable”.   

Señala      que      “con  la  prueba  aportada,  y  que  existía antes de dictar el  fallo  que  hoy  se  pide  se  revise, se demuestra que la persona víctima Luis  Fernando  Zuluaga,  sí  recibió  algunos  emolumentos como concepto de pago de  indemnización  de  perjuicios,  algunos  demostrados  con  los recibos anexos y  otros,  que  bajo  la  gravedad  del  juramento hecho por la señora madre de mi  mandante,  señora  Ruby Ortiz, han sido sufragados,  sin  otorgar  el  ofendido ningún tipo de recibo, casi la suma de doce millones  de  pesos,  suma  considerable  que  no  se tasó en la audiencia, por parte del  ofendido,  pero  que  de  alguna  forma  se  desprende  de  lo  hablado  en esas  conversaciones  y  que  hubieran beneficiado a los aquí procesados, al menos en  una rebaja de pena”.   

    

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  admitir  y  darle  curso a la demanda de revisión que presenta, así como dejar  sin  valor  el numeral tercero de la parte resolutiva  de   la  sentencia  de  primera  instancia  “y  en  consecuencia    otorgar    a    mi    mandante      dicho     beneficio”  (sic).   

Adjunta el poder  específico   para   actuar,   fotocopias    de  los   fallos        de        primera  y  segunda  instancias, así como un disco compacto en el  cual,    según   dice,   “aparecen   tres   (03)  conversaciones,  de  las  cuales  se  desprende sin lugar a dubitaciones, que el  pago  por  perjuicios, aun así no hayan sido tasados  ni   considerados   en   el  fallo  de  imposición  de  la  pena,  sí  es  muy  importante      y     favorable     para     los     intereses     de    mi  representado”.   

Asimismo     allega,     “copia  de  los  recibos  donde aparece la firma de la víctima,  recibiendo  a satisfacción un dinero, para cubrirle por parte de los familiares  de  mi  representado  el  valor  de sus perjuicios tasados por la misma en forma  personal”.   

                        SE  CONSIDERA:   

1.-  Como  ha  sido  indicado en ocasiones  anteriores         por        la        Sala1, la acción de revisión fue  concebida  por  el  legislador  como  un  mecanismo que posibilite a los sujetos  procesales  propiciar  la  invalidación  de  una  providencia,  de  la cual, no  obstante  encontrarse  ejecutoriada  y  por  ende  haber  hecho tránsito a cosa  juzgada,  resulta  razonable  predicar  que  entraña un contenido de injusticia  material.   

De  conformidad  con lo dispuesto por  el  artículo  192  de  la  Ley 906 de 2004, ello resulta posible cuando se haya  condenado  o  impuesto  una  medida  de  seguridad a dos o más personas por una  misma  conducta  punible,  cuando  se  encuentre fundado que sólo ha podido ser  cometida  por  una  o un número menor de personas; o porque la acción penal no  podía  iniciarse  o proseguirse por prescripción de la acción penal o ante la  presencia  de cualquiera otra causal de extinción de la acción penal; o porque  después  del  fallo  aparecen  hechos  nuevos o surgen elementos probatorios no  conocidos   al   tiempo   de  los  debates  que  acrediten  la  inocencia  o  la  inimputabilidad  del  condenado;  o  cuando  después  del fallo en procesos por  violaciones  de  derechos humanos o infracciones graves al derecho internacional  humanitario,  se  establezca mediante decisión de un organismo internacional de  supervisión  y  control  de  derechos humanos cuyas decisiones sean vinculantes  para  Colombia,  un  incumplimiento de las obligaciones del Estado de investigar  seria  e  imparcialmente  tales violaciones; o cuando se demuestre con sentencia  en  firme  que el fallo fue determinado por conducta típica del  juez o de  un  tercero;   o  también  que  el  fallo  se  basó  en  prueba  falsa y;  finalmente,  cuando  la Corte haya cambiado favorablemente el criterio jurídico  que  sirvió de sustento a la sentencia condenatoria, demostración que sólo es  posible   jurídicamente   dentro   del   marco   que   delimitan  las  causales  taxativamente señaladas en la ley.   

2.-  Precisamente  por  el  carácter  de  instrumento  extraordinario que persigue levantar los efectos de la cosa juzgada  judicial  que  posee la revisión, en cuanto corresponde a un proceso distinto y  posterior  al fallado en decisión ejecutoriada, la demanda a través de la cual  se  ejerce  debe  dar  estricto cumplimiento a los presupuestos de admisibilidad  establecidos  por  el  artículo  194 de la Ley 906 de 2004 en los casos regidos  por dicho estatuto.   

Entre  estos  requisitos,  la normatividad  prevé  que el demandante tiene la carga de seleccionar cuidadosamente la causal  que  se pretenda aducir como apoyo de la pretensión, al igual que los medios de  convicción  en  que  se  funde,  y  la  exposición  racional  tendiente  a  la  demostración  del  motivo  escogido, de modo tal que los fundamentos de hecho y  de  derecho  en que la solicitud se apoya queden exteriorizados nítidamente, ya  que,   como   lo  tiene  establecido  la  jurisprudencia,  no  se  trata  de  la  continuación  del  juicio que culminó con la providencia ejecutoriada que hizo  tránsito  a  cosa juzgada, ni de revivir el debate jurídico- probatorio que se  llevó  a  cabo  en  el juicio oral, sino de realizar un cuestionamiento serio y  objetivo  a  la  declaración de justicia contenida en la decisión en firme con  que        se        selló        definitivamente        la        controversia  procesal.        

3.- De este modo,  la   jurisprudencia  ha  establecido  que  si el ejercicio de la acción se apoya en el motivo tercero de  los   previstos  por  el  artículo  192  del Código de Procedimiento Penal de  2004,  esto  es,  por aparecer hechos o medios  probatorios sobre los       cuales      las   partes   y   el   fallador   no  tuvieron  oportunidad de  pronunciarse     por     no    haberlos   conocido   y   que,   de  haberlo  hecho,  habrían  conducido  definitivamente  a  la absolución o a declarar el estado de inimputabilidad del  procesado  en  el  hecho  por  el que en su contra se dictó condena, compete al  demandante  no sólo relacionar las nuevas evidencias  en  las que funda su pretensión, sino demostrar que  de   haber   sido   oportunamente   conocidas   en  el  curso  del  juicio   oral,  por  su  contundencia  demostrativa  la  decisión  no  podría  ser  diversa  de  la  absolución  del  sentenciado    o    la    declaración   de   haber   actuado   en   estado   de  inimputabilidad.    

Por  ello  la  Corte  ha  señalado  que el  ejercicio  de la acción con fundamento en la causal tercera, exige acreditar el  cumplimiento      de      los      siguientes     presupuestos:     a)  surgimiento  de hechos nuevos o de  pruebas  no  conocidas  al  tiempo de la realización  del       juicio       oral;       b)  que  el  acontecer  fáctico esté  ligado  a  la  conducta  punible  materia de investigación y juzgamiento; y, lo  más  importante  c) que  las   nuevas  evidencias  sean  aptas  para establecer en grado de certeza la inocencia del procesado o su  inimputabilidad,  o  de tornar cuando menos discutible la verdad declarada en el  fallo, haciendo que no pueda probatoriamente mantenerse.   

También ha dicho que la situación ex novo  debe  consistir  en  un hecho nuevo, o una evidencia nueva, siendo entendido por  hecho  nuevo  todo  acaecimiento  o  suceso  fáctico vinculado al hecho punible  materia  de  investigación,  del  cual no se tuvo conocimiento en el juicio, de  manera que no pudo ser controvertido.   

Y,  por  prueba  nueva,  todo  mecanismo  probatorio  (documental,  pericial  o  testimonial) no incorporado, por ende, no  debatido  en  el  curso  del juicio oral, que da cuenta de un evento desconocido  (se  demuestra  por  ejemplo que fue otro el autor del hecho), o de una variante  sustancial  de un hecho conocido en las instancias, cuyo aporte ex novo tiene la  virtualidad   de   derruir   el   juicio   positivo  de  responsabilidad  (o  de  imputabilidad)   que   se  concretó  en  la  decisión  de  condena2.   

Acorde entonces con los derroteros trazados  por    la   jurisprudencia,   resulta   claro   que  no   se  trata  de  aducir  cualquier  tipo    de    evidencia,    sino  solamente  aquellas  que  por  su  pertinencia,  conducencia y eficacia demostrativa, apunten a establecer  que  el  sentenciado es inocente en la diversa acepción de no autor, realizador  no  responsable  del  hecho,  o  porque con igual grado de eficacia, esos mismos  medios   probatorios,   dan   lugar  a  afirmar  que  actuó  en  situación  de  inimputabilidad.   

A dicho propósito debe tenerse presente que  la  revisión, en cuanto a esta causal se refiere, no  se  estableció  para  replantear  hipótesis fácticas o jurídicas diversas de  las  que  soportaron  la  teoría  del  caso  en  las  instancias,  ni  tiene  por  finalidad  continuar debates ya clausurados por  los     efectos     de     la    cosa    juzgada3,  sino  la  de  permitir  un  cuestionamiento  serio  y  respaldado  probatoriamente,  a  la  declaración  de  justicia    con    que    se    culminó    definitivamente    la   controversia  procesal.   

Por  esta  razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio  de  la  revisión, cuando de la causal  tercera  se  trata,  resulta  indispensable  que  los  medios  de  conocimiento aducidos tengan la capacidad  de  derruir  los supuestos fácticos y, por ende, el sentido del fallo objeto de  la  acción,  es  decir cumplir los requisitos de novedad y trascendencia. De no  cumplirse  esta carga por el accionante, debe entenderse que lo pretendido no es  nada  distinto  que  continuar  un  debate estéril e impertinente sobre hechos,  pruebas   y  argumentos  ya  considerados  y  definidos  procesalmente  mediante  decisión  que  hizo  tránsito  a  cosa  juzgada,  imponiéndose  el rechazo in  límine         de         la        demanda4.   

4.-              En  el  caso  que concita la  atención  de la Sala, dichos presupuestos de admisibilidad no se satisfacen por  el  demandante,  quien  con  apoyo  en  la causal tercera pretende desconocer la  definitividad  e  inmutabilidad que la cosa juzgada otorga, aduciendo que,   de  haberse  determinado en el incidente de reparación integral el monto de los  perjuicios  ocasionados  con el delito cometido, muy seguramente su representado  o  los  familiares  de  éste  habrían reparado a la víctima y ello le habría  reportado  algún  tipo de beneficio punitivo, el cual, además no se especifica  en el libelo.   

Esto  indica  que  los  argumentos  que el  demandante  expone,  no guardan ninguna relación con la causal de revisión que  aduce,  pues  no  se  dirigen  a  cuestionar  la  responsabilidad  del procesado  declarada   en   el   fallo   ni   a  demostrar  que  actuó  en  situación  de  inimputabilidad,  como corresponde proceder cuando se acude al motivo tercero de  revisión,  con  lo  cual  el  reparo  queda  ayuno  de  desarrollo y, por ende,  de  demostración.   

Como   el   libelista,   pretextando  la  configuración  de presuntas irregularidades  sustanciales que afectaron el  debido  proceso,  deja  de  confrontar  los medios de convicción que aduce como  novedosos,   con  los  supuestos  fácticos  y  jurídicos  que  sustentaron  la  decisión  que  le  resultó  adversa y cuya remoción persigue, es claro que no  fundamentó  la causal que invoca, y al no hacerlo dejó su propuesta en el solo  enunciado,  en  cuanto  no  le  dio  desarrollo  ni  demostración,  si  lo  que  pretendía  era  remover  los  efectos consustanciales a la obligatoriedad de la  sentencia  que  hizo  tránsito  a  cosa  juzgada.        

Pero    independientemente   de   ello,  lo   cierto   del   caso   es   que   aún  en    el  supuesto  de  que  los  juzgadores  hubieren        cometido        algún        tipo        de        irritualidad     al    dejar  de  determinar  el monto de los  perjuicios     causados    a    la    víctima    con    el    crimen por el que se irrogó la condena, el  cual  eventualmente  podría  afectar la validez del  trámite    llevado    a    cabo    en   el   fenecido   proceso,   resulta  manifiesto  que  la acción de  revisión  no  puede  ser  utilizada  con el propósito de corregirla, toda vez que unos tales desaciertos  no  corresponden a ninguna  de   las  causales   de   procedencia   de   la  revisión  taxativamente  previstas   en   la   ley   procesal  penal,  y  sí  en  cambio a un asunto que ha debido proponerse  en  las  instancias  ordinarias  del  trámite,  incluso  en  sede  del  recurso  extraordinario    de   casación,   pero   no   en   revisión   que,  como se sabe, posee una naturaleza y  unos fines ostensiblemente distintos.   

Sobre el particular cabe anotar,   conforme   ha  sido  indicado  por  la  Corte  Constitucional,  que:    

“La casación no puede confundirse con la  acción  de revisión, aunque ambas sean medios de impugnación extraordinarios,  pues  en la primera se cuestiona la juridicidad del fallo, es decir, la estricta  observancia  de  la  ley  y  la  Constitución,  y en la segunda se cuestiona la  decisión  judicial  por  que  la  realidad  allí declarada no corresponde a la  verdad  objetiva  o  real,  debido  al  surgimiento  de  hechos nuevos que no se  conocieron  durante el trámite del proceso penal y que, necesariamente, inciden  en ella.   

“De  ahí  que  se  haya afirmado que la  casación   tiene   como   objetivo  ‘desvirtuar  la doble presunción de acierto y legalidad’, en tanto  que    ‘en  la  revisión,  el  objetivo  es  desvirtuar  la presunción de  verdad,  que  ampara  la cosa juzgada; por ello en la revisión, no hay lugar, a  considerar      errores      in     iudicando,      ni     in  procedendo,  los  que  se  enmarcan  dentro  de las causales de casación, ni vicios sobre las pruebas soportes de la  sentencia,  ora  por  falsos  juicios  de  existencia,  o  de  falsos juicios de  identidad,  o  por  errores  de  derecho  por falsos juicios de legalidad. En la  revisión,   la   controversia  gira,  entre  verdad  formal   o   verdad   jurídica  y  la  verdad    real,    o   acontecimiento  histórico      realmente      dado’.5   

“Por   estas  razones  la  acción  de  revisión  exige  un  debate  probatorio respecto de las nuevas circunstancias o  elementos  que  hacen inferir que el fallo ejecutoriado es injusto o equivocado,  no  por  que  el juez no haya aplicado las normas jurídicas correspondientes, o  las   haya  aplicado  indebidamente,  o  interpretado  erróneamente,  sino  por  tratarse de hechos que no se conocían en el proceso.   

“Dado que en la casación lo que se busca  es  demostrar la ilegalidad de la sentencia contra la que éste se interpone, es  decir,  el  error  judicial,  sólo resulta más apropiado y garantista para los  derechos  de quienes intervienen en el proceso penal, que ello se produzca antes  de  que  la  sentencia  de segunda instancia quede ejecutoriada, obviamente, sin  que  pueda  considerarse  una tercera instancia. La revisión, por el contrario,  tiene  como  finalidad  demostrar  que los hechos que sirvieron de fundamento al  fallo  no  corresponden  a  la  realidad, de ahí que el debate sea básicamente  probatorio  y,  por  tanto,  está  justificado  un  debate  posterior al juicio  concluido”6.     

5.- Lo expuesto  le  permite  concluir  a  la  Corte  que por resultar  improcedente   la   acción   de   revisión   para  discutir el monto de los perjuicios ocasionados a la  víctima,  o la legalidad  del   trámite   para   determinarlos,   o   incluso  la  posibilidad  de  aplicar disminuciones punitivas  por   concepto   de   la  reparación  realizada  a  la  víctima,  toda  vez  que nada de ello  corresponde  a  alguno  de    los    motivos    taxativamente   previstos   para  propiciar  la  remoción  de  la  res     iudicata,  debe   inadmitirse   la  demanda.   

Si  la  Corte optara por dar cabida en este  caso  a  la  acción  de  revisión,  aun  cuando  el  asunto en debate no se halla incluido dentro de los  motivos  de  procedencia  del  referido instrumento extraordinario, no lograría  otra  cosa  que   desconocer  la  garantía  de  la cosa juzgada judicial y  desquiciar  el  andamiaje  jurídico  sobre  el  que  se  sustenta  el instituto  centenario   de   la  revisión,  dando  lugar  a  que  cualquiera  persona     se     sienta     autorizada     para     acceder  a  ella,  de  cualquier  modo  y por cualquier motivo, es  decir,  sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  generando  con  ello un  verdadero  caos  en  el  sistema  jurídico colombiano, máxime si el asunto sub  judice  no  corresponde  a  aquellos  que  permitan  superar  los defectos de la  demanda      en      orden     a     reparar   injusticias   manifiestas  mediante  la  reapertura  del  proceso  ya  culminado7.   

En   razón  entonces     al  manifiesto      incumplimiento      de    los    presupuestos     de    admisibilidad  establecidos en la ley procesal penal  y     ampliamente     desarrollados     por    la  jurisprudencia,  es  el  rechazo de la demanda la solución que se impone adoptar.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión presentada por el defensor del  sentenciado ANDRÉS      FELIPE     GUTIÉRREZ  ORTIZ.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                        LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.   entre   otras,  sentencia  de  revisión  de  febrero  7  de  2007.  Rad.  22909.   

2 En  providencia  de 15 de octubre de 2008, dentro del trámite de revisión radicado  con  el  número  29626,  la  Corte  precisó  que  frente  al  nuevo  modelo de  enjuiciamiento  penal  de  que  trata la Ley 906 de 2004, estos conceptos, en su  sustancialidad  básica,  se  mantienen,  pero  en  atención  a la facultad que  tienen  las  partes  que intervienen en el adelantamiento del proceso instancial  de  descubrir selectivamente los medios probatorios que pretenden hacer valer en  el  juicio  oral,  surge  un  requerimiento  adicional  a la exigencia de que la  prueba  no  haya  sido  debatida en el juicio: que el  accionante  no  haya tenido conocimiento de su existencia, o que teniéndola, no  haya estado en condiciones de aportarla.   

Si la parte ha conocido la prueba, pero por  razones  estratégicas o de cualquier otro tipo decide voluntariamente renunciar  a  su  descubrimiento  y  debate  en la audiencia del juicio oral, no tendrá la  connotación  de  nueva,  porque  lo  nuevo para la estructuración de la causal  tercera  de  revisión  será  únicamente  aquello  de  lo cual no se ha tenido  conocimiento  que  existe,  o  que  se  sabe  que existe pero que no fue posible  aducir al proceso.   

Esta  exigencia,  además  de consultar la  dinámica   del   nuevo  modelo  de  enjuiciamiento  penal,  que  otorga  a  los  protagonistas  del  proceso  autonomía  en  el manejo de la prueba, reafirma el  carácter  de  acción  de  la revisión, cuya caracterización impide tener los  juicios  rescindente y rescisorio como una prolongación del proceso instancial,  donde    sea    válido   reabrir   espacios   de   discusión   probatoria   ya  superados.   

3  Cfr. auto de revisión de 6 de julio de 2010. Rad. 31506.   

4  Cfr. entre otros, auto de oct. 31 de 2000. rad. 17522.   

5  “De  la Casación y la Revisión Penal” (cita textual, al parecer tomada de:  PABÓN  GÓMEZ Germán. De la Casación y la Revisión Penal En el Estado Social  y  Democrático  de Derecho. Ediciones Doctrina y Ley Ltda. Santafé de Bogotá,  D.C.- Colombia. 1999. Pág. 691.   

6  Corte Constitucional. Sentencia C-252-01   

7  Cfr. Auto de Revisión. 19 de mayo de 2010. Rad. 32310     

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