36949(28-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36949  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  351  

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de septiembre  de dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor del procesado Julián Alberto Bravo Román  contra  el fallo del 11 de mayo de 2011, por medio del  cual   la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de  Armenia  confirmó  la  sentencia  de  primer grado  emitida  por  el Juzgado 5º Penal del Circuito la misma ciudad, que condenó al  mencionado  por los delitos de homicidio agravado, en concurso con fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

H E C H O S  

El  Tribunal  los  resumió  de la siguiente  manera:   

“De la actuación surtida se desprende que  promediando  las  diez  y  cinco minutos de la noche (10:05 p.m.) del día 29 de  mayo  de 2009, frente a la casa No. 4 de la manzana 16 del barrio La Isabela del  Municipio  de  Montenegro (Quindío), el señor José Luis González fue atacado  con  arma  de fuego, lesiones que determinaron su fallecimiento minutos después  en el Hospital San Vicente de Paúl de la enunciada localidad.   

En desarrollo de los actos de investigación,  especialmente,  por  virtud  del  señalamiento  de  un  testigo, se vinculó al  señor   Julián  Alberto  Bravo  Román,        alias       ‘Careboxer’,  como uno de los presuntos responsables del violento acontecer.”   

ANTECEDENTES  PROCESALES  

1. Por los hechos reseñados, el Juez Primero  Promiscuo  Municipal con función de garantías de Montenegro, a solicitud de la  fiscalía,  el  11  de febrero de 2010, libró orden de  captura  en contra de Julián  Alberto  Bravo  Román, la cual se hizo efectiva el 18  de   agosto  siguiente  y  fue  legalizada   en   la   misma   fecha  por  el  Juzgado  Segundo  de  la  misma  denominación.  Ante  el  mismo  funcionario  judicial,  el  fiscal imputó a Julián  Alberto   Bravo   Román  los  delitos  de  homicidio  agravado,  en  concurso  con  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones  (artículos  103,  104-6-7  y 365 del Código Penal, en concordancia  con  el  58-10  del  mismo  estatuto), cargos que aquél no aceptó, luego de lo  cual   fue  afectado  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  intramural.   

Una   vez   presentado   el   escrito  de  acusación el 15 de septiembre  de    2010    (folio    1,    carpeta),    la    audiencia    de    formulación  de  acusación tuvo lugar el  29  de  septiembre siguiente ante el Juez 5º Penal del Circuito con Función de  Conocimiento  de  Armenia  (fl. 15); en ella, el Fiscal 15 Seccional de la misma  ciudad    acusó    a    Julián    Alberto    Bravo  Román   por   las   conductas   punibles  objeto  de  imputación.   

En  la  audiencia  preparatoria  (fl.  18),  realizada  el  22  del  mes  siguiente,  una  vez  efectuado  el  descubrimiento  probatorio,  escuchadas las  partes  sobre  dicho  procedimiento  y  elevadas  las  peticiones  de  práctica  probatoria,  la  juez  de  conocimiento,  entre otras determinaciones, resolvió  negar  la  incorporación,  como  prueba de referencia, de la entrevista de Juan  Carlos  Bernal  Barreto,  toda  vez  que  su fallecimiento no fue comprobado. La  audiencia  del  juicio  oral  tuvo  lugar  en sendas sesiones del 17 y 18 de noviembre, 9 de diciembre de 2010  y  24  de  enero  de  2011;  así, una vez anunciado el sentido condenatorio del  fallo  (fl.  60),  la  funcionaria judicial corrió a las partes el traslado del  artículo  447 de la Ley 906 de 2004 (fl. 71), al tiempo que el representante de  las  víctimas  manifestó  no  tener  interés  en  adelantar  el  trámite  de  reparación integral.   

En  audiencia  celebrada  el 8 de febrero de  2011,  la  juez  de  conocimiento profirió y leyó el fallo, por medio del cual  condenó   a  Julián  Alberto  Bravo  Román  a la pena  principal  de  470  meses de prisión y a las accesorias de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por 20 años y prohibición de  tenencia  y  porte  de  armas  de  fuego,  como  coautor doloso de las conductas  punibles  de  homicidio  agravado  y  fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego  o  municiones.  Así  mismo,  le  negó  el  subrogado  de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustituto  de  la prisión  domiciliaria (fl. 71-72).     

Apelada la sentencia de primera instancia por  el  defensor  del  procesado,  recibió  confirmación  por  parte  del Tribunal  Superior  de  Armenia,  a  través  de fallo de segundo  grado  del  11  de  mayo  de  2011  (fl.  93  –  118).   

Inconforme  con  lo  resuelto,  el  apoderado del sentenciado Julián  Alberto  Bravo  Román formuló el  recurso  extraordinario  de  casación  y,  de  manera  oportuna,  presentó  la  correspondiente demanda.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  impugnante  denuncia que el sentenciador  incurrió  en vulneración al derecho de defensa (artículo 181, causal segunda,  de  la  Ley  906 de 2004) y, en consecuencia, “violó  la  causal tercera de casación”, por desconocimiento  de  las  reglas  de apreciación y producción de la prueba, particularmente por  no advertir las contradicciones en que incurrió un testigo.   

Inicialmente,  el  censor  reprocha  que  el  Tribunal  concluyera que la entrevista rendida por Juan  Carlos  Bernal Barreto, prueba de referencia pedida por  la   fiscalía,  la  cual  fue  inadmitida  por  el  a  quo   en  la  audiencia  preparatoria,  cumplía  los  presupuestos  del  artículo  438  de  la  Ley  906  de 2004 y, por lo tanto, la  apreciara  para  fundar  la  certeza  de  la  responsabilidad  del procesado. Lo  anterior, asegura, violó el derecho de defensa.   

Critica  que  dicha prueba de referencia fue  introducida  al  juicio  a  través  de  otra  prueba de referencia, como fue la  declaración   del   investigador   Nelson   Ramírez  Ramírez;  en  su  sentir,  viola  las  reglas  de  la  experiencia  el  hecho  de que una prueba de referencia pueda ser fuente de otra  prueba de referencia.   

Enseguida, el impugnante pasa a denunciar que  el   ad   quem  violó  el  artículo  404  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004 (apreciación del  testimonio),  al concederle credibilidad al dicho del deponente Didier Alexander  Mendoza  González, sin advertir en sus atestaciones múltiples contradicciones,  la  cuales  fueron  corroboradas  con  una  prueba de referencia que había sido  inadmitida.   

Reseña  que  no  se ajusta a los principios  técnico  científicos  sobre  percepción  y  memoria  que el aludido deponente  hubiera  podido  contar  con exactitud los 16 disparos que recibió la víctima,  como  también  que  hubiera visto la llegada al lugar del crimen de una tercera  persona, cuando iba huyendo de él.   

Critica que el juzgador no apreciara a favor  del   acusado   las   siguientes   inconsistencias   probatorias:   i)  que  el  hoy  fallecido  testigo  de  referencia  Bernal  Barreto no mencionara en su declaración la presencia, en el  lugar    del    homicidio,    del   citado   Mendoza   González,   ii)  que  ninguno  de  los familiares del  último  de  los mencionados hubiera comparecido a declarar, aún cuando, según  aquél,     todos     ellos     presenciaron     los     hechos,    iii)   que   Mendoza  González  hubiera  incurrido   en  contradicciones  al  reseñar  la  manera  en  que  conoció  al  procesado,  iv)  que  no se  indagara    quién    era    alias   ‘Candonga’,  persona  que  había sentenciado la muerte de José Luis González por un asunto  relacionado     con     el     negocio    de    estupefacientes,    v)  que los informes de policía judicial  no  mencionaran  la  presencia  de  los  sujetos  conocidos  por  los  alias  de  misterio,   garra         y        gato,    ni    la    de    don   Fernando,  quienes,  según  Mendoza  González,     habrían     conocido     de     los     hechos,     vi)   que,  al  contrario   de   lo   que  aseguró  el  testigo,  no  se  demostró  la  concurrencia  de  otros  agresores y  vii)  que,  según  así lo  expresaron   los   miembros   de   la   policía   judicial,  una  pistola  9mm.  “es  de  14  tiros por lo que bien pudo ser una sola  persona  la  que  cometiera  el  delito” y no varias,  como  erradamente  lo  concluyó el ad quem.   

Por   todo  lo  anterior,  en  sentir  del  casacionista,  “aflora  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  apreciación probatoria por parte del juzgador de segunda instancia,  al  punto  de  retomarse  una  prueba  de  referencia  contrario a una decisión  judicial previa”.     

Con fundamento en las anteriores reflexiones,  el  recurrente  le  pide  a la Corporación que case el fallo impugnado y, en su  lugar, ordene la absolución del procesado.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  La Corporación anticipa su decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,  toda  vez  que  no  cumple con los requisitos de lógica y debida  fundamentación.   

2.  Como  enseguida  se  indicará,  con los  argumentos  expuestos el libelista pierde de vista que el recurso extraordinario  de  casación debe ser un escrito lógico, sistemático y coherente, sujeto a un  desarrollo   argumentativo   claro  y  preciso,  que  no  deje  dudas  sobre  la  materialidad  de  alguno  o  algunos  de  los yerros susceptibles de recurrir en  casación  y su trascendencia, pues, como así lo ha fijado la jurisprudencia de  la  Corporación,  el  recurso  extraordinario no está destinado para denunciar  cualquier  clase  de  irregularidad  en  el  debido  proceso  o  vulneración de  garantía,  pues ante irritualidades insustanciales y de escasa trascendencia el  proceso puede mantener su validez.   

Así mismo, con la falta de rigor jurídico,  metodológico  y  argumentativo  en  el  desarrollo  de  la  causal  tercera  de  casación  que  describe  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el demandante  olvida  que  dicha  vía de censura no es otra que la violación indirecta de la  ley  sustancial  que consagraba el artículo 207-1 de la Ley 600 de 2000, en sus  modalidades  de  error  de  hecho  (falso  juicio de existencia, falso juicio de  legalidad  y  falso  raciocinio) y de derecho (falso juicio de legalidad y falso  raciocinio),  formas  de  ataque en casación que, tal como así lo ha decantado  la     jurisprudencia     de    la    Corte    exige    una    rigurosa    carga  argumentativa1  que  no  se  satisface  con  la  mera  expectativa  de que la Sala  comparta  la  personal apreciación probatoria del demandante, por plausible que  sea.    

3.  La  ausencia  de  claridad del libelo se  evidencia  desde la postulación de los reproches, toda vez que a la Corte no le  asiste  claridad  en  lo referente a la cantidad de cargos que se formulan en la  demanda,  como  tampoco  la  naturaleza  del  yerro o yerros pregonados, pues de  manera  confusa, contradictoria y hasta ilógica el censor señala, al inicio de  su  argumentación,  que  el  sentenciador,  como  consecuencia de desconocer el  derecho  de  defensa  (causal  2ª  de  casación,  artículo 181 del Código de  Procedimiento  Penal)  “violó  la causal tercera de  casación”.   

La  inconformidad  así  propuesta carece de  contenido   al   punto   de  tornarse  incomprensible,  pues  resulta  del  todo  incoherente  alegar  que  el fallador viola  una causal de casación.  Y aún cuando a la Corporación, en  franco  desconocimiento  de  la  prohibición  que  le  impone  el  principio de  limitación,  le  asistiera  la  posibilidad  de  interpretar  el  argumento del  recurrente  y  así  entender que pregona una violación al debido proceso, a la  cual   subyace   un   error  de  apreciación  probatoria,  de  todos  modos  la  postulación  resulta errada, pues si tal fuere su intención ha debido formular  un  solo  cargo, claramente orientado por vía de la causal segunda de casación  y  desarrollado  según  los  lineamientos  de la violación indirecta de la ley  sustancial  (causal  tercera).   Así,  el censor confunde la violación al  derecho  de  defensa  con  una crítica referente a la indebida aducción de una  prueba,  lo  que,  insiste  la  Sala,  se  aleja del deber de clara y suficiente  argumentación.   

La  indebida  postulación  del  reproche no  termina  allí,  pues  si  lo  que  denuncia el libelista es que el sentenciador  apreció  un  elemento  de  convicción  que,  como la entrevista de Juan Carlos  Bernal  Barreto,  no hacía parte de la actuación, entonces, de lo que se trata  es  de  un  típico  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  que  eventualmente  habría generado la violación indirecta de una norma sustancial.   

4. Pero aún cuando el discurso hubiera sido  bien  orientado a través de dicho motivo de casación, de todos modos carece de  idoneidad  para  derribar  el  sentido de la sentencia, pues el demandante omite  demostrar  cómo  la corrección del yerro necesariamente conduce a la mutación  del  sentido del fallo.  Esto último no parece viable, en la medida en que  la   entrevista  del  aludido  Bernal  Barreto  fue  utilizada  para  apoyar  el  testimonio  de  cargo  de Mendoza González, de suerte que aún cuando la prueba  indebidamente  apreciada  fuese  excluida,  de  todos  modos lo relevante era el  testimonio  del  último  de los mencionados, prueba ésta que fue, en últimas,  sobre la que el sentenciador edificó el juicio de responsabilidad.   

Ahora  bien,  en otra parte de su escrito el  impugnante  elabora  un  conjunto  de hipótesis probatorias sobre la base de su  propia  apreciación, razonamiento que, además de no ser de recibo en esta sede  extraordinaria,  se  presenta  evidentemente  incompleto,  pues el impugnante no  identifica  cuál es la norma sustancial indirectamente violada, ni el sentido o  modalidad  de  la  vulneración,  tal  como así debe indicarse en esta clase de  censuras.    

Así,  el  hecho  de  que el testigo Mendoza  González  hubiera  mencionado  el  número  preciso de impactos de proyectil de  arma  de  fuego  recibidos  por  su hermano, se contradijera en la manera en que  conoció  al  hoy  sentenciado, que el crimen hubiera podido ser cometido por un  solo  individuo, o bien que el Tribunal nada dijera de otros supuestos testigos,  son  aspectos  que  no pasan de plasmar la personal ponderación del demandante,  apenas  distinta de la del sentenciador, pero incapaz por sí misma de demostrar  de  manera  clara  cómo  el  sentenciador  incurrió  en  una equivocación con  incidencia en el sentido de la decisión.   

5.        En        conclusión,   la  demanda  de  casación  adolece  de  una  indebida  fundamentación,  motivo  por  el  cual,  como ya se  anunció,  la  Corte  dispondrá  su  indamisión  sin  que,  por otra parte, se  observen  razones que ameriten superar las falencias reseñadas para cumplir con  algunos de los fines del recurso extraordinario.   

6.  Acotación  final.   

Toda vez que contra la decisión de inadmitir  la   demanda   de   casación   procede  el  mecanismo  de  insistencia  según  lo  establece  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos2:   

a) La insistencia es  un  mecanismo  especial  que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del cual la  inadmite  la  demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro del mismo  término   por   alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la  demanda,  o  bien  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del   proceso   Darcio          Antonio          Serna         Córdoba.   

SEGUNDO:  De conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley  906 de 2004, contra la determinación adoptada en el numeral primero de  esta    providencia    es    viable   la   interposición   del   mecanismo   de  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ             

                                                                                                             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                      MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                                                                                                 Permiso   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 30 de noviembre de 1999,  radicación No. 15435.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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