36922(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36922  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 425   

Bogotá  D. C., treinta (30) de noviembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

En  esta  oportunidad,  la  Sala califica el  aspecto  formal  de  la demanda de casación presentada por el defensor de YONNY  FERNANDO  MIDEROS ROSERO, contra la sentencia de 21 de febrero de 2011 proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá, por medio de la cual  confirmó  la  dictada  por  el Juzgado Cuarenta y Ocho Penal del Circuito de la  misma   ciudad   el   18   de   junio   de  2010,  que  lo  condenó1 como autor del  delito      de     fraude     procesal.   

HECHOS  

Así  fueron  descritos  por el ad quem:   

“1.  Israel  Galvis  Martínez,  demandó  ejecutivamente  ante  el  Juzgado  30  Civil  Municipal  de  Bogotá,  a  Jesús  Eudiógesis  Martínez  Gómez  y  Lilian Cely Quintero, con base en el cheque #  8705719  del  Banco  de  Bogotá por valor de $12.000.000 m.l. que le endosó el  primero  de  los  demandados  en  mención  fue rechazado al presentarse para su  cobro.   

El  título  valor  fue  presentado para el  cobro y devuelto por cuenta cancelada el 15 de marzo de 2001.   

El  23 de abril de 2001, libró mandamiento  de  pago  contra  JESÚS  MARTÍNEZ  y  LILIÁN  CELY, por la suma anotada en el  título  valor  más  los  intereses  moratorios del 2.8% mensual desde el 20 de  octubre de 2000 hasta la fecha en que se cumpla la obligación.   

El  28  de  junio  de  2001, se decretó el  embargo  del  predio  de  propiedad  del  demandado  ubicado  en  zona rural del  municipio    de   Agua   de   Dios   –Cundinamarca-,  identificado  con  la  matrícula  inmobiliaria No.  001/0006142.  El 16 de octubre siguiente, se dispuso   el secuestro de  tal inmueble.   

El  1°  de  octubre  de  2002,  el juzgado  aceptó  desistimiento  de  la  demanda  respecto  de  Lilian  Cely Quintero. En  sentencia  del  11  de  diciembre  de  2002,  ordenó  seguir  adelante  con  la  ejecución  y,  por  ende,  dispuso  la  liquidación  del crédito, intereses y  costas.   

El  27  de  enero  de  2003,  no se corrió  traslado  de  la  nulidad  invocada  por la abogada de los demandados   porque el poder lo allegó en fotocopia simple.   

El  13  de  febrero  de  2003, autorizó la  cesión  del  crédito  a  favor  de  Yonny  Fernando Mideros Rosero, el día 26  siguiente,  aceptó  la  liquidación  y  el  23 de abril de ese año aprobó el  avalúo de $16.000.000 del inmueble embargado.   

El 14 de mayo de 2003, fijó las 8 horas del  1°  de  agosto siguiente para el remate, la diligencia no se realizó porque la  parte  actora no hizo las publicaciones en término; el 14 de noviembre de 2003,  se  estableció que el remate se surtiría a las 8 de la mañana del 30 de enero  de 2004.   

2. El 30 de diciembre de 2003, la abogada de  Jesús  Eudiogesis  Martínez  Gómez  denunció ante la Fiscalía General de la  Nación  que  el  título valor con que se inició el proceso ejecutivo descrito  en  precedencia  es  falso,  pues  su representado no conoce al beneficiario del  cheque,  la  cuenta  bancaria  que  lo originó perdió vigencia desde 1994 y la  cifra   a   pagar   se   adulteró   anteponiendo  el  #1  al  valor  girado  de  $2.000.000.”   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  Mediante  resolución  de 14 de junio de  20062,  la  Fiscalía  acusó a YONNY FERNANDO MIDEROS ROSERO, como autor  del    delito    de    fraude   procesal.   

Impugnada  la  decisión por el defensor del  acusado,  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá, el 31 de  octubre de 2007 la confirmó.   

2.  Remitido el expediente para adelantar la  etapa   del  juicio,  el  4  de  agosto  de  2008,  se  verificó  la  audiencia  preparatoria3,    el   22   de   octubre   de   2009   la   vista   pública   de  juzgamiento4,   al  cabo  de  la  cual,  el  18  de  junio  de  20105,  el  Juzgado  Cuarenta  y  Ocho  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  condenó a YONNY FERNANDO  MIDEROS  ROSERO  a  la  pena  principal de 18 meses de prisión; inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo periodo; y le  concedió  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, como autor  del    delito    de    fraude   procesal.   

3.  Apelada la sentencia por el defensor del  acusado,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  21  de  febrero  de  2011 la  confirmó6.   

4. Inconforme con la determinación anterior,  el   apoderado   de   YONNY   FERNANDO   MIDEROS  ROSERO  interpuso  el  recurso  extraordinario   de   casación,   aspecto  formal  del  libelo,  que  ahora  se  estudia.   

LA  DEMANDA   

Al amparo del numeral primero, cuerpo segundo  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, el defensor de YONNY FERNANDO MIDEROS  ROSERO,  postula como cargo único, la violación indirecta de la ley sustancial  motivada en un falso raciocinio, bajo los siguientes argumentos.   

Evoca    el   concepto   jurisprudencial  –sentencia de 14 de enero  de  2002,  radicación No. 11525-, de la sub especie de  error  enunciado  y  dice  que  demostrará  que  en  las sentencias atacadas se  asignó    a    las   pruebas   una   fuerza   de   convicción   que   no   les  corresponde.   

Dice, que se violaron de manera inmediata los  artículos     238     (apreciación     de     la  prueba)  y  277  (criterios  para  la  apreciación  del  testimonio) del Código de  Procedimiento Penal.   

Expresa,  que  el  sistema  de  valoración  probatoria   de   la  sana  crítica  otorga  una  libertad  de  convicción  al  funcionario  judicial, sin que ella sea total, pues se encuentra limitada por la  lógica,  la sicología y las reglas de la experiencia. El fenómeno debe ser el  resultado  racional  de  las  pruebas  allegadas  legalmente  al expediente, con  respeto   de   los   principios   de   “la   recta  razón.”.   

De  manera  mediata  se  transgredieron  los  artículos   232   (certeza  probatoria),  7°  (duda  probatoria  e  indubio pro  reo),   del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  453  (fraude   procesal)   del  Código Penal.   

Luego, expresa:  

“La  sentencia  recurrida  en  casación  violó  directamente  los  artículos  238  y  277  del Código de Procedimiento  Penal,  Ley  600  de 2000, los cuales tratan de la apreciación de las pruebas y  de  los criterios para la apreciación del testimonio; por lo anterior se llegó  al  yerro  indirecto  de  los  artículos 7° y 232 del Código de Procedimiento  Penal  puesto  que  fue  dictada una sentencia de carácter condenatorio sin que  obre  en el proceso prueba que conduzca a la certeza de la conducta punible y de  la  responsabilidad  del procesado; y se quebró indirectamente el artículo 182  del  decreto  100 de 1980, norma escogida por el art. 453 original de la Ley 599  de 2000.”   

Un    nuevo    capítulo    lo  dedica  a  la  procedencia  del  recurso  de  casación  por  la  vía  excepcional,  al  considerar  que  el delito de fraude  procesal   está   sancionado   con   una   pena   máxima   de   5   años   de  prisión   y  que  en  el  trámite  se  le  vulneró  al acusado el derecho fundamental del debido proceso  ante  la  ausencia  de  un  juicio justo.   

Para la demostración de  la                  causal,  parte  de  aceptar  de  la  sentencia  recurrida       los  hechos  como ciertos   e   incontrovertibles,    pero    de    inmediato    expresa   como  disentimiento  las premisas  fácticas   consistentes  en:   

“a)        la       fecha       y       las  circunstancias  en   que  el  cheque  fue  endosado   por   don  JESUS  MARTINEZ  (sic);  y  b)  fechas,  circunstancias  y  destinatario,  en  que  el  señor     JESUS    MARTINEZ    (sic)    hizo    entrega    de    ese    título  valor.   

De  las  pruebas  del  proceso  emergen  dos  hipótesis  sobre  los  temas controvertibles, totalmente  diferentes  la una de la otra, planteadas, la una por la defensa y, la otra, por  la           parte          civil.”   

         

Evoca y transcribe apartes de las sentencias  de  primera  y segunda instancia, y del escrito de apelación, piezas procesales  respecto  de  las  que  dice,  el  a  quo  se  dedicó  a  realizar   una  extensa  crítica de reproche  contra  la  prueba de la defensa con desconocimiento de los artículos 238 y 277  de  la  Ley  600  de  2000,  tarea que no hizo con la de la parte civil, pues se  dedicó  a  reseñar  el  contenido  de  las  declaraciones de Jesús Martínez,  Lilian  Celi,  Pedro  Pablo Cuervo y Luis Eduardo Ortiz, y darles credibilidad a  sus atestaciones.   

Por su parte el Tribunal al desatar la alzada  por  él  propuesta  no  dijo  nada  de  las pruebas de cargo; por el contrario,  criticó  de  manera extensa la presentada por la defensa, en desconocimiento de  lo dispuesto en los artículos 238 y 277 del estatuto instrumental.   

“¿Cuáles  fueron las respuestas que dio  el  Honorable  Tribunal  Superior  en las consideraciones de la sentencia, a las  inconformidades  del  apelante,  en  las  que se le reclamaba que, respectote la  prueba   de  la  parte  civil,  hiciera  el  razonamiento  para  su  valoración  atendiendo  todas  las  pruebas   en  su  conjunto  y con ceñimiento a las  reglas de la sana crítica (artículos 238 y 277 del C. de P.P.?”   

No  hizo  lo  que  le  correspondía  en  la  sentencia  con  relación  al  medio  de  conocimiento  incriminatorio,  omitió  someterla  a  un  verdadero juicio de “racionamiento  (sic)” y a pesar de ello le asignó a esos elementos  de   persuasión   una   convicción   que   no   les  correspondía,  en  total  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

A partir de citas textuales del fallo, dice,  no   bastaba   con   que   el   ad  quem  le  atribuyera  a  las  pruebas  de  cargo las características de  claridad,  coherencia  y  estar acorde con otros elementos de prueba, pues no se  trataba  de  tarifar  la  prueba por la cantidad de testigos que comparecieran a  declarar   lo   mismo,   pues   ésta  se  encuentra  revaluada  en  el  proceso  penal.   

Destaca,  que  este  error  incidió  en  la  decisión recurrida porque:   

“A  pesar  de que la prueba de la defensa  haya   sido descartada por el juzgador como digna de credibilidad, lo mismo  debió  hacer  con la prueba de cargo, luego del estudio para su valoración que  nunca  se  hizo; simplemente concluyó en darle plena credibilidad, con el grado  de   certeza,   por   el  solo  hecho  de  que  la  prueba  de  la  defensa  era  sospechosa.”   

De   haber   realizado   el  ejercicio  de  asignación  suasoria,  el  Tribunal habría arribado a la existencia de la duda  probatoria,  la  cual debió aplicar en beneficio del acusado. Sin más, reitera  la  existencia del falso raciocinio, para solicitar se case la sentencia y en su  lugar se absuelva a YONNY FERNANDO MIDEROS ROSERO.   

EL NO RECURRENTE  

El  apoderado de la parte civil solicita se  inadmita  la  demanda  por  cuanto  considera  carece  de  la técnica jurídica  exigida   por   los   artículos   205,  211,  212  y  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

Destaca,  que  la Corte ha reiterado que el  recurso  de  casación es un juicio técnico de crítica vinculante que se emite  acerca  de  la legalidad de la sentencia y por ello no es viable utilizarla como  instancia    adicional    para    obtener    la    particular    revisión   del  proceso.   

Precisa,  que en el escrito se confunde por  el  demandante las causales de casación al proponer la violación indirecta por  la  ley sustancial por falso raciocinio, sin embargo, luego pasa a la violación  directa,  inaplicación  de  la  duda  probatoria  y  después  lo  hace  por el  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

Agrega,  que  conforme  al  principio  de  limitación,  la Corte no puede superar los defectos de la demanda, enmendarla o  asignarle un sentido que no tiene.   

De  la  misma  manera, que el recurrente no  puede  alegar  su propia dejadez y ahora quejarse de sus personales omisiones en  la  actividad  probatoria,  cuando  las sentencias realizaron un claro juicio de  valor  con  aplicación  de  los principios que ahora éste pretende hacer creer  fueron ignorados por las instancias.   

Luego de precisar varios yerros lógicos en  los  errores  denunciados por el impugnante, de manera final solicita no se case  la sentencia.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

1.  La demanda, presentada por el apoderado  de  YONNY  FERNANDO  MIDEROS  ROSERO,  conforme atinadamente lo manifiesta el no  recurrente,  no  satisface  los requisitos formales establecidos en el artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000.  Debido  a  ello,  será inadmitida7.   

Dado que el recurso de casación se rige por  el   principio   dispositivo,  las  pretensiones  de  la  demanda  delimitan  la  competencia  de  la  Sala  de  Casación Penal, excepto la nulidad que puede ser  decretada   oficiosamente   -si   a   ello   hubiere  lugar-  en  aras  de  la protección de las garantías  fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia;  tampoco consiste en someter a un nuevo juicio al procesado,  ni  en  esta  sede  puede  postularse  un  debate  probatorio generalizado y sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, pues esta clase de  impugnación  fue concebida, no como un medio adicional para litigar libremente,  sino  como una excepcional manera de llevar al conocimiento del máximo tribunal  de   la   jurisdicción   ordinaria  el  fallo  proferido  por  el  ad   quem,  por  las  causales  taxativas  señaladas en la ley y, seleccionadas en la demanda.   

De  este  modo,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal  extraordinario  en procura de remediar o  poner  fin  a  la  violación  de  la  Constitución  Política,  del  bloque de  constitucionalidad  en  lo  pertinente y de la ley, ocurridos en la sentencia de  segunda  instancia, por errores de juicio o de actividad, y como tal comporta la  elaboración  de  un  razonamiento jurídico sobre ésta, siguiendo el derrotero  trazado  en  las causales invocadas, donde se espera del censor, su discurrir de  un  modo  claro  y  profundo,  hasta  demostrar  defectos  protuberantes  en  la  estructura  jurídica  del  fallo,  de tal suerte que no es factible mantener su  vigencia.   

2.   El  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000),  establece  que  la  casación  procede  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años,  aún  cuando la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad, pertinencia  que  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista para éstos sea  inferior.   

Bajo  este rigor, se tiene que el artículo  453   del   Código   Penal,   reprime   el   fraude  procesal  con  prisión de 1 a 5 años. De modo que en  el  caso  que  se  examina,  la  casación  común es improcedente, pues la pena  máxima para este delito no excede de 8 años de prisión.   

3.   Por  tanto,  era  necesario  que  el  impugnante  acudiera a la casación excepcional, en los términos del inciso 3°  del   artículo   205   del   Código   de   Procedimiento   Penal  (Ley  600  de  2000),  no  como  un  mero  enunciado,  sino  expresando  la necesidad de su admisión para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales que hubieren  sido  transgredidos  en  el  trámite ordinario del proceso, únicos motivos por  los  cuales puede ser admitida, correspondiendo decidir a la Corte, en ejercicio  de   la   discrecionalidad   que   la   ley   le   otorga,   si   la   admite  o  rechaza.   

Se  trata  de  dar  a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe ser admitido, motivos que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo de segundo grado, como le sucedió al recurrente, pues si así  fuere,  no  existiría  ninguna  diferencia entre la casación discrecional y la  corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca del  aspecto   formal   de  la  demanda  se  efectuará  a  posteriori, siempre y cuando previamente la Corte haya  arribado  a la conclusión que es necesario tramitar, por excepción, el recurso  extraordinario  en pro de las  garantías     fundamentales     o     con     miras     a     desarrollar    la  jurisprudencia.   

4.  Si bien el censor manifestó acudir por  esta   excepcional   vía  para  abogar  por  la  efectividad  de  los  derechos  fundamentales  del  acusado,  de  manera  específica,  el  debido  proceso,  le  correspondía  identificar  la  garantía  objeto del quebranto denunciado, así  como  la  norma  superior  que  la  protege  y  vincular  su afectación con las  actuaciones  del  respectivo  proceso  y  ésta  con la causal incoada; esto es,  señalar   en   forma   específica   en   qué   consistió   la   vulneración  alegada.   

Con  nada  de  ello  cuenta  el  libelo  de  impugnación,  por  el  contrario,  de  la  forma más inconexa, inicialmente el  censor  anuncia como cargo único, la violación indirecta de la ley sustancial,  por  la ocurrencia de errores de hecho por un falso raciocinio, argumento que no  superó  la  retórica  insistencia de la transgresión de las reglas de la sana  crítica  en  el  proceso de asignación suasoria de los medios de conocimiento.  Luego  de  modo  incorrecto  le  adicionó  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  para  después  proseguir  con  un  discurso  deshilvanado  por  el  aparente  desconocimiento  de  la garantía al indubio  pro  reo, ante la existencia de duda probatoria. Todo,  en  una  entremezcla  incomprensible y excluyente entre sí, con desconocimiento  de  los  principios  de  claridad,  precisión,  identidad,  no contradicción y  autonomía en casación.   

Así, las razones para la procedencia de la  casación   discrecional   anunciadas   como  la  protección  de  la  garantía  fundamental  del debido proceso soportado en que se careció de un juicio justo,  fueron  abandonadas,  quedaron huérfanas de argumentación y demostración a la  manera  de un enunciado conclusivo y propio de una petición de principio, vicio  lógico con el que se evidencia la ausencia de sustentación.   

De este modo, se alejó el recurrente, de la  censura que  formuló en la demanda, la abandonó.   

En efecto, el recurrente propuso como cargo  único  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y  planteó un falso  raciocinio,   error   que   la   doctrina   de  esta  Corporación  tiene  establecido  ocurre cuando  a  una  prueba  que  existe  legalmente  y es valorada en su  integridad,  el  juzgador  le  asigna  un  mérito  o  fuerza de convicción con  transgresión  de los postulados de la sana crítica; es decir, las reglas de la  lógica, la experiencia común y los dictados científicos.   

Esta  especie  de yerro exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  principio de la lógica o máxima de la  experiencia  fue  desconocido  por el juez; además, demostrar su trascendencia,  de  modo  que  sin  él,  el  fallo  hubiera sido diferente; y concomitantemente  indicar  cuál  era  el  aporte científico correcto, el raciocinio lógico o la  deducción  por  experiencia  que  debió  aplicarse  para  esclarecer el asunto  debatido.   

Se advierte, que en el reparo presentado en  la    demanda    bajo    esta    modalidad    -falso  raciocinio-  nada  de esto se cumple, pues siquiera el  recurrente  expone  cuáles  son  las reglas de la experiencia, principios de la  lógica  o  leyes de la ciencia desconocidos o vulneradas por el fallador, menos  aún,  prerrogativa  llamada  a  regular el asunto al apreciar las declaraciones  denunciadas.   

Por  el  contrario,  antes  de  cumplir los  derroteros  propios  para  esta  clase de vicio, abandona la carga argumentativa  que  la  jurisprudencia  de  esta  Sala  ha  desarrollado  para ello y de manera  equivocada  ingresa  a  la  indebida  entremezcla de cargos en casación, cuando  planteado  el  falso raciocinio, se desarrolla con el incipiente  esbozo de  una  violación directa de la ley sustancial y otra por el desconocimiento de la  prerrogativa     universal    del    indubio    pro  reo.   

Olvida  el  impugnante  que  el  tema de la  violación  directa  presupone  la  aceptación  de  los  hechos  y  el atributo  suasorio  asignado  a  los medios de prueba por el fallador, pues éste se ocupa  única  y exclusivamente de dislates motivados en la aplicación indebida, falta  de    aplicación    o    interpretación   errónea  de preceptos sustanciales, donde el discurrir gira por  preeminencia  jurídica,  no  fáctica,  temáticas  que  el  demandante tampoco  asumió,  con  lo  cual  abigarró  especies  de  error,  que tienen, como ya se  destacó,  parámetros y formas diferentes para su demostración, como lo alegó  de manera acertada el no recurrente en casación.   

De  otra  parte,  si del primero se tratara  –falso  raciocinio-,  el  recurrente  equivocó  la  senda  de  proposición  del ataque, pues olvidó conforme a la jurisprudencia reiterada de  esta                   Corporación8,  que  el  debate  probatorio  resulta ser un motivo inviable para la casación excepcional.   

En  efecto,  ha  dicho  la Sala9:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas en la  jurisprudencia  para  acceder  a la casación discrecional no se extienden a las  hipótesis  planteadas  en  la  demanda,  es  decir,  a  discutir la valoración  judicial  de  los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa labor los jueces  cuentan   con   la   relativa   libertad   que   se   desprende   de   la   sana  crítica,   a   no  ser  que  se  proponga  que  sus  deducciones  son producto de una motivación aparente, falsa o ausente, supuesto  que  determinaría,  en  caso  de  que  se  demuestre  y aparezca concretado, la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.      (negrilla     fuera     de  texto).   

        En    el  presente caso el recurrente  plantea    la    invalidez   del   fallo     soportado     exclusivamente     en     yerros    motivados   en  la  valoración  de  los  medios     de     convicción     allegados    a    la    actuación.   

Es  importante  también    destacar,  como  lo  alega  el  no  recurrente  en su escrito de  oposición  a  la demanda, que el libelista antes de lograr desarrollar un cargo  en  casación,  incurre  en  un  sin   número  de  errores de lógica  argumentativa    que    se    reflejan    en    su    afán   por   pretender  anteponer  su  criterio  al  de  los  jueces  de  primer y segundo grado, motivo  suficiente para su inadmisión.   

Adicional  a  todo  lo  anterior,  refulge  evidente  para  la  Corte,  lo  fragmentario  de  las premisas expuestas, cuando  anunciada  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial,  de las normas  señaladas  como transgredidas, nada se dice sobre el sentido de su infracción,  menos  aún  el  exponer  y  enseñarle  a  la  Sala  el concepto material de su  atropello,  es  decir,  demostrar  el  por  qué se aplicaron indebidamente o se  dejaron   de   aplicar,   o   si   el   sentido  del  alcance  hermenéutico  es  equivocado.   

Igual sucede con la trascendencia del cargo,  pues  el  libelista  olvida  explicar  a  la Corte, cuál sería su efecto en el  fallo,  lo  que  se  logra  al  parangonar los demás medios de prueba ajenos al  vicio  y su fragilidad para mantener la declaración de justicia contenida en la  sentencia  atacada  de  modo  que,  ahora se debe producir otra en beneficio del  acusado.   

Lo  anterior  muestra  que  lo propuesto no  difiere  de  plantear  reabrir el debate probatorio ya clausurado y ajeno a esta  sede,  donde adicional a todo lo anterior, no logra, o siquiera intenta conectar  la   censura   formulada   con   el   motivo  de  procedencia  de  la  casación  excepcional.   

Es oportuno precisar y reiterar que en aras  a  la  coherencia  argumentativa  del  recurso,  que  en  los  eventos en que se  solicita  la impugnación extraordinaria de manera discrecional, se requiere que  la  razón  aducida  para  su  procedencia,  en  este caso, la violación de una  garantía    –debido  proceso-, guarde relación con el cargo invocado y los  fundamentos  del  fallo  atacado  y  para  ello  sería  necesario,  que  en las  decisiones  recurridas,  advertido  que  en el discernimiento de los jueces hubo  duda, no la declararon, labor de la cual no se ocupó el actor.   

De  la necesaria revisión del expediente y  sin  que  ello  constituya  un pronunciamiento de fondo, encuentra la Corte, que  los   juzgadores   lejos   de  predicar  incertidumbre  probatoria,  exponen  la  existencia   de   elementos   de  convicción  suficientes  para  determinar  la  ocurrencia  del  hecho  típico  y la responsabilidad del aquí acusado, lo cual  deja insustancial la censura.   

5.  Por  último,  dado  el  principio  de  limitación  y  carácter  rogado  de  la  casación,  no  le es dable a la Sala  superar  o  corregir  los  defectos  de  la  demanda,  adicional  a  que  de  la  indispensable  revisión  del expediente no se observa la vulneración de alguna  garantía  fundamental,  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de  la  Sala  en los términos del artículo 216 del Código de Procedimiento Penal,  Ley 600 de 2000, motivo por el cual el libelo se rechazará.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  YONNY  FERNANDO MIDEROS ROSERO, conforme a lo  expuesto en la parte motiva.   

2. Contra la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                         SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                           AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                    Comisión de servicio   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                                               JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

                                                  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.    

1  También lo fue el coprocesador ISRAEL GALVIS MARTÍNEZ.   

2  Cuaderno No. 1, folio 201.   

3  Cuaderno No. 2, folio 17.   

4  Cuaderno No. 2, folio 66.   

5  Cuaderno No. 2, folio 88.   

6  Cuaderno No. 3, folio 3.   

7  “Artículo  213. Calificación de la demanda. Si el  demandante  carece  de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de origen. En caso  contrario  se  surtirá  traslado  al  Procurador  delegado  en  lo penal por un  término    de    veinte    (20)   días   para   que   obligatoriamente   emita  concepto.”   

8 Autos  de  casación  de de 20 de febrero de 2008, radicaciones No. 29008 y 28767; 5 de  diciembre  de  2007,  radicación  No.  28564  y  de  26  de septiembre de 2007,  radicación No. 28030, entre otros.   

9 Auto  de casación de 19 de septiembre de 2007, radicación No. 28127.     

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