34745(26-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34745  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 258   

Bogotá D. C., veintiséis (26) de julio de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal  de la demanda de casación presentada por el defensor de NELSON  MUÑOZ  PUENTES  y WILSON JAVIER BELTRÁN BELTRÁN, contra la sentencia de 30 de  noviembre  de 2009 proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá,  por  medio  de  la  cual revocó la dictada por el Juzgado Penal del Circuito de  Gachetá  el  24  de  mayo de 2006, que los absolvió del delito de homicidio agravado.   

HECHOS  

El 13 de febrero de 2005, aproximadamente a  la  1:00  de  la  mañana,  llegaron  al establecimiento denominado ‘Donde       Adriano’,  ubicado en la carrera 4ª No. 2-25  de  Junín  (Cundinamarca)  ADRIANA  DEL  PILAR  OROZCO  PÉREZ,  WILSON  JAVIER  BELTRÁN    BELTRÁN,    NELSON    MUÑOZ    PUENTES    y   alias   ‘Pinzas,   último   señalado   como  miembro  de  las Autodefensas Unidas de Colombia AUC, quien le disparó con arma  de  fuego  al  líder  comunitario  Ciro Enrique Ramos Gutiérrez y le causó la  muerte.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.-  Mediante resolución de 10 de junio de  de    20051,  la  Fiscalía  acusó  a ADRIANA DEL PILAR OROZCO PÉREZ, NELSON  MUÑOZ  PUENTES  y  WILSON JAVIER BELTRÁN BELTRÁN como coautores del delito de  homicidio             agravado.   

2. Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  se  llevó  a  cabo  la  audiencia preparatoria2  y  la vista  pública           de           juzgamiento3, al cabo de la cual, el 24 de  mayo  de  20064,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Gachetá  los  absolvió.   

3. Apelada la sentencia por los delegados de  la  Procuraduría  y  Fiscalía  General  de la Nación, el Tribunal Superior de  Bogotá  la  revocó  y  en su lugar condenó a ADRIANA DEL PILAR OROZCO PÉREZ,  NELSON  MUÑOZ  PUENTES Y WILSON JAVIER BELTRÁN BELTRÁN a la pena principal de  340  meses  de  prisión;  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  20 años; al pago de daños y perjuicios; y les negó  la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria,      como      coautores  responsables  del  delito  de homicidio  agravado5.   

Sobre la forma de participación, esto dijo  el ad quem:   

“De  todo  lo cual resulta claro que cada  uno  de  los mencionados desempeñó un papel que si individualmente considerado  podría  ser intrascendente, concatenado con la de los demás reviste la entidad  suficiente  para  tenerlos  a todos como coautores del  crimen  investigado, máxime si una vez consumado este  (sic)  se  fueron  a  seguir  tomando  cerveza  al  llegar  a Gachetá, menos la  muchacha       a       quien      ‘Pinzas’  mandó  para el hotel con la advertencia de no salir y bajo amenaza de muerte si  lo  hacía,  y  también  es  predicable  de todos el  dominio  del hecho, en cuanto una vez puesto en marcha  el  iter  críminis y llegados a los actos preparatorios y ejecutivos cualquiera  de los acusados hubiera podido evitar el resultado…”.   

4.   Inconforme   con  la  determinación  anterior,  el  apoderado  de  NELSON  MUÑOZ  PUENTES  y  WILSON JAVIER BELTRÁN  BELTRÁN  interpuso  el  recurso extraordinario de casación, aspecto formal del  libelo, que ahora se estudia.   

LA  DEMANDA   

Fundada  en la causal primera del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, formula como CARGO ÚNICO  la violación    indirecta    de    la    ley   sustancial  por  error  de derecho en la valoración de la prueba testimonial  que  obra  en  la  actuación  y  las versiones rendidas por los acusados en los  diferentes  momentos  del  proceso “…por cuanto la  Sentencia  dictada por la Sala de Decisión Penal de Descongestión del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá DC hoy objeto de CASACION (sic) la  fundamento  (sic)  en  que  los  testimonios y demás pruebas como las versiones  obrantes  dentro  del plenario son insuficientes para condenar a los implicados,  sin  que la parte pertinente  (RESOLUTIVA) se haya dicho a título de qué,  es   decir   si   como   autores,  coautores  o  participes  (sic)  del  punible  investigado.”.   

El  fallador  de segundo grado señala, que  los  presupuestos  para  dictar  sentencia  condenatoria  sobre la certeza de la  materialidad  de  la  conducta  y  la  responsabilidad  de  los  incriminados se  encuentra  acreditada, “…sin necesidad de tener en  cuenta   el   informe   suscrito   por  LUIS  ARMANDO  LEON  PEREZ  (sic)  y  su  ratificación,  porque  efectivamente la entrevista que él dice haberle hecho a  ADRIANA  es  inexistente  al tenor de lo dispuesto en el artículo 305 de la Ley  600 de 2000.”   

Destaca  que en el proceso se demostró que  el  13  de  febrero  de  2005  aproximadamente  a  la  una  de  la mañana en el  establecimiento   ‘Donde  Adriancho’  de  Junín  Cundinamarca,  Ciro  Enrique  Ramos Gutiérrez perdió la vida como consecuencia  de  varios  impactos  de  proyectil  de arma de fuego, al parecer realizados por  alias  ‘PINZAS’.   

De  las  pruebas  no  existe  certeza de la  responsabilidad  penal  en  la muerte de CIRO ENRIQUE RAMOS GUTIÉRREZ, pues los  testimonios  y  versiones no constituyen la plena prueba exigida por la ley para  dictar  sentencia condenatoria por ser contradictorios; y en ninguna se hace una  afirmación  contundente  en  contra  de  los  enjuiciados,  de forma diferente,  algunos  dicen  que  BELTRÁN  BELTRÁN  y  MUÑOZ PUENTES no participaron en la  muerte de Ramos Gutiérrez.   

En  materia  penal  y ante la existencia de  duda,    se    debe    aplicar   el   principio   universal   del   indubio  pro reo y resolverla a favor del  procesado.   

En el presente caso existe error de derecho  en  la  interpretación  de  la testimonial, “… si  analizamos  de  manera  armónica   y  según las reglas de la Sana critica  (sic)  del  testimonio  y  la  interpretación  sistemática y hermenéutica del  acervo  probatorio  lógico ontológico y jurídico es que NO existe prueba para  condenar  a  mis  representados  y  menos  aún  si  en  el  fallo atacado no se  determinó  a título de que (sic) se les condenó.”   

De  esta  reseña,  dice  el demandante, se  puede  inferir  que  el  Tribunal al revocar la sentencia absolutoria de primera  instancia  violó  “…por  error  de derecho en la  apreciación  de  la  prueba dando lugar a la causal de Casación aquí invocada  al  darles  una  interpretación  que  no  se  ajusta a las diferentes versiones  plasmadas dentro del proceso…”   

Solicita   se   restablezca   el  derecho  quebrantado y se ordene lo que en derecho corresponda.   

Como normas violadas menciona los artículos  232 y 238 de la Ley 600 de 2000.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1. La demanda presentada por el apoderado de  NELSON  MUÑOZ  PUENTES  y  WILSON  JAVIER  BELTRÁN  BELTRÁN, no satisface los  requisitos  formales  establecidos  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000.  Debido      a     ello,     será     inadmitida6.   

Dado que el recurso de casación se rige por  el   principio   dispositivo,  las  pretensiones  de  la  demanda  delimitan  la  competencia  de  la  Sala  de  Casación Penal, excepto la nulidad que puede ser  decretada   oficiosamente   -si   a   ello   hubiere  lugar-  en  aras  de la protección de las garantías  fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia;  tampoco consiste en someter a un nuevo juicio al procesado,  ni  en  esta  sede  puede  postularse  un  debate  probatorio generalizado y sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, pues esta clase de  impugnación  fue concebida, no como un medio adicional para litigar libremente,  sino  como una excepcional manera de llevar al conocimiento del máximo tribunal  de   la   jurisdicción   ordinaria  el  fallo  proferido  por  el  ad  quem,  por  las  causales  taxativas  señaladas en la ley y, seleccionadas en la demanda.   

De  este  modo,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal  extraordinario  en procura de remediar o  poner  fin  a  la  violación  de  la  Constitución  Política,  del  bloque de  constitucionalidad  en  lo  pertinente y de la ley, ocurridos en la sentencia de  segunda  instancia, por errores de juicio o de actividad, y como tal comporta la  elaboración  de  un  razonamiento jurídico sobre ésta, siguiendo el derrotero  trazado  en  las causales invocadas, donde se espera del censor, su discurrir de  un  modo  claro  y  profundo,  hasta  demostrar  defectos  protuberantes  en  la  estructura  jurídica  del  fallo,  de tal suerte que no es factible mantener su  vigencia.   

2.   Al  haber  anunciado  el  demandante  inconformidad  en  la apreciación de los testimonios, considera la Sala y en un  sentido  pedagógico  hacer  la precisión consistente en que si su deseo era el  de  atacar el fallo por yerros en la valoración probatoria, una vez escogida la  vía   indirecta  de  violación  a  la  ley  sustancial,  debió  proponerle  y  demostrarle  a  la  Corte,  alguna de las clases de error de hecho en las formas  del  falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio  o   de  derecho  por  los  motivos    del    falso    juicio    de    convicción   o   falso   juicio   de  legalidad.   

En ese orden, el falso juicio de existencia  ocurre  cuando  el  juez  omite  apreciar  una  prueba  legalmente  producida  o  incorporada  al  proceso,  o  infiere  consecuencias  valorativas a partir de un  medio  de convicción que no forma parte del mismo por no haber sido producido o  incorporado.   

A su turno, el falso juicio de identidad se  presenta  cuando  el  fallador  tiene  en  cuenta  el  medio  probatorio legal y  oportunamente   producido   o   incorporado;   sin  embargo,  al  apreciarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido literal, hasta  llegar  a  conclusiones  distintas  a  las  que  habría  obtenido si lo hubiese  considerado en su integridad.   

En esa hipótesis, el censor tiene la carga  de  confrontar  por  separado el tenor literal de cada prueba sobre la cual hace  recaer  el  yerro,  con  lo que el ad quem  pensó  ellas  decían;  y  una  vez  demostrado el desfase, debe  continuar hacia la trascendencia de aquella impropiedad.   

En  otras  palabras,  quien así alega debe  comparar  puntualmente  lo dicho por los testigos, o lo indicado por las pruebas  de  otra  índole,  con  lo leído por el Tribunal Superior en esas específicas  versiones  testimoniales,  o  con  lo  que  entendió  indicaban  los  restantes  elementos  de  convicción;  todo con el fin de acreditar el distanciamiento del  fallo,  con  la  realidad  objetivamente declarada por el acopio probatorio, por  distorsión, recorte o adición en su contenido material.   

El falso raciocinio tiene presencia cuando a  una  prueba que existe legalmente y es valorada en su integridad, el juzgador le  asigna  un  mérito  o fuerza de convicción con transgresión de los postulados  de  la  sana crítica; es decir, las reglas de la lógica, la experiencia común  y los dictados científicos.   

Esta  especie  de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  principio de la lógica o máxima de la  experiencia  fue  desconocido  o  aplicado incorrectamente por el juez; además,  demostrar  la  trascendencia de ese yerro, de modo que sin él, el fallo hubiera  sido  diferente;  y  concomitantemente  indicar  cuál era el aporte científico  correcto,  el  raciocinio  lógico  o  la  deducción  por  práctica que debió  aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

De   otra   parte,  el  falso  juicio  de  convicción  tiene  cabida,  cuando  el  juzgador  no le otorga a un determinado  medio  de  prueba el valor asignado por el legislador. Esta clase de dislate, en  el  sistema  de apreciación probatoria de persuasión racional o sana crítica,  rector  del  proceso  penal  nacional, no tiene lugar al carecer el ordenamiento  instrumental  de  norma  encargada  en  asignar  atributo suasorio a determinado  elemento  de  convicción,  donde  la  única  posibilidad  de afectación de la  tarifa  legal  y, por ende, de ocurrencia de esta clase de yerro, corresponde al  evento  en el cual el Juez resuelve una cuestión extrapenal y no le atribuye al  dispositivo  de  conocimiento,  el importe asignado por la legislación a la que  se remite, con base en la cual fundamenta su decisión.   

Por  último,  el falso juicio de legalidad  atiende  al proceso de formación de la prueba, las normas que regulan la manera  legítima  de  producirla  e  incorporarla  al  proceso,  con  el  principio  de  legalidad  en  materia  probatoria  y  la  observancia de los presupuestos y las  formalidades exigidas para cada medio.   

Esta  clase  de  dislate  “gira  alrededor  de  la validez jurídica de la prueba, o lo que es  igual,  de  su  existencia jurídica (concepto que no debe ser equiparado con el  de  existencia  material),  y  suele  manifestarse  de dos maneras: a) cuando el  juzgador,  al  apreciar  una  determinada  prueba,  le  otorga validez jurídica  porque  considera  que  cumple  las  exigencias  formales  de  producción,  sin  llenarlas  (aspecto positivo); y, b) cuando se la niega, porque considera que no  las  reúne,  cumpliéndolas  (aspecto  negativo).”  7   

Por   tanto,   quien   así   lo   alega  reconoce   la existencia material del medio de prueba, pero controvierte el  desconocimiento  del debido proceso y su legalidad en las etapas de formación e  incorporación al asunto.   

Ninguna de estas clases de error precisa el  demandante,  por  el  contrario,  propone  un  debate  probatorio generalizado e  interminable,  como  si  se  tratara  de surtir una instancia adicional a las ya  precluidas,  pretendiendo  oponer  su  percepción  personal de los hechos y las  pruebas  al  criterio  de  los falladores, sin ninguna prevalencia de la lógica  jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda  más allá de insistir en la  presencia  de  duda  probatoria  sobre la ocurrencia de la conducta típica y la  responsabilidad  de  sus  prohijados  en  la  comisión de la misma, con lo cual  todas   las   pretensiones  se  alejan  de  la  filosofía  propia  del  recurso  extraordinario de casación.   

El dislate propuesto corresponde a un error  de   derecho,    presentado   en   un   escrito   que  se  caracteriza  por  la  indeterminación  de la postulación de  la  censura  e  indefinición  de la  inconformidad    del    accionante.   El   precario  alcance     esbozado     en    la    demanda,    la  imprecisión     de    las    premisas,     la  ausencia  de  claridad  en  las  ideas  bosquejadas             por             el             casacionista  y  lo  fragmentario  de su  desarrollo   argumentativo  lo  hacen  incompleto  e  incomprensible para ser estudiado en esta sede.   

Es   que  en  el  libelo  presentado,  el  recurrente  anuncia  como  cargo  único  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de derecho en la valoración de la prueba testimonial, sin  especificar    si   se   trata   de   un   falso   juicio   de   convicción   o  legalidad.   

Tampoco,   identifica  los  elementos  de  persuasión  destinatarios  del  ataque, pues lo hace de la forma más genérica  posible,  al dirigirse al universo de elementos de persuasión del proceso, como  las  declaraciones y las versiones vertidas por los acusados, sin individualizar  unos u otros.   

Luego,   abigarra   de  manera  indebida,  denuncias     por     supuestas     equivocaciones     en     la    “interpretación”  de la testimonial  y  las  atestaciones  de  los  implicados,  como si quisiera ahora proponer otra  clase   de   censura  a  la  manera  de  falsos  juicios  de  identidad  por  la  tergiversación  del  contenido  de  elementos  de  conocimiento,  reproches que  también  los  deja  en  total  irresolución,  como quiera, que no identifica a  cuáles  atestaciones alude, menos aún, su literalidad y para terminar, soslaya  de   manera   integral,   enseñarle  a  la  Sala  las  apreciaciones  que  como  equivocadas,  fueron  extraídas  de  esos  elementos  de  conocimiento  por  el  Tribunal  y  constitutivas de la distorsión, esencia de esta clase de desfases,  en  total  inobservancia  de  los  principios  de  claridad,  precisión, debida  argumentación  y  autonomía  de  los cargos en casación, sin lograr ubicar de  manera   concreta  cuál  es  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  denunciada.   

Así,   desconoce   el   recurrente   la  prohibición  al  interior  de  una  misma  censura,  para  entremezclar ataques  propios  de  causales diferentes, al tener cada una distintas características y  parámetros    lógicos    de    demostración    con   diversas   consecuencias  jurídicas8.  Es  que  la  decisión  a  adoptar  por  la  Corte  en  caso  de  prosperidad  del  reproche formulado contra la sentencia, debe compaginar con el  motivo    invocado    y    el    error    aducido9.   

Adicional  a  todo  lo  anterior,  surge  evidente  para  la  Corte,  lo  fragmentario  de  las premisas expuestas, cuando  anunciada  la  violación indirecta de la ley sustancial, nada se dice sobre las  normas  transgredidas,  tampoco  el  sentido  de  su  infracción, menos aún el  exponer  y  mostrarle a la Corte el concepto material de su atropello, es decir,  demostrar  el  por qué se aplicaron indebidamente o se dejaron de aplicar, o si  el sentido del alcance hermenéutico es equivocado.   

De este modo es incipiente la proposición  del  dislate,  a  la  manera  de  un  simple  postulado,  propio  de un discurso  conclusivo e incompleto.   

De  la misma manera, se desconoce hasta el  mínimo  esfuerzo  del  actor  para  indicar,  la  incidencia  del  yerro en las  resultas  del  fallo,  presupuesto ineludible para establecer la idoneidad, como  trascendencia  del  reproche,  pues  olvida  explicar a la Sala, cuál sería su  efecto  en  la  decisión,  lo  que  se logra al parangonar los demás medios de  prueba  ajenos  al  vicio  y  su  fragilidad  para  mantener  la declaración de  justicia  contenida  en la sentencia atacada de modo que, ahora se debe producir  otra en beneficio de los acusados   

La  insustancialidad  del planteamiento es  tal,  al  extremo  de omitir elevar una solicitud específica a la Sala, pues no  dice  siquiera,  cuál  es  la  pretensión  buscada  con  la interposición del  recurso  extraordinario,  menos  aún,  la situación jurídica esperada para su  poderdante,  pues de manera despojada a toda iniciativa rogada, carácter propio  de   esta   sede,  simplemente  expresa  como  petición,  la  más  ajustada  a  derecho.   

No  se  debe  olvidar  que  como  razón  suficiente  y  principio  de  la  argumentación,  quien  enuncia premisas, debe  sustentarlas  una  a una, para de esta manera llegar a un escrito que se baste a  sí mismo.   

Todas estas carencias y en cumplimiento del  principio  de limitación en  el  recurso  extraordinario,  no  le  es  dable a la Corte, suplir las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto, no puede corregir,  complementar   o   de   cualquier  otra  forma  suplantar  al  libelista  en  la  construcción  de  la  demanda.  No  obstante, cuando atendiendo los fines de la  casación  y  en  procura  de  la  defensa  de las garantías fundamentales deba  hacerlo,  evento  que  aquí no acontece, motivo por el cual  se rechazará  la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de NELSON MUÑOZ PUENTES y WILSON JAVIER BELTRÁN  BELTRÁN, conforme a lo expuesto en la parte motiva.   

2.  Contra  la  presente  providencia  no  procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                            SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                 MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                                                           JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

                                                  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.     

1  Cuaderno No. 1, folio 206.   

2  Cuaderno No. 1, folio 292.   

3  Cuaderno No. 2 y 3, folios 57,88, 150 y 13, respectivamente.   

4  Cuaderno No. 3, folio 31.   

5  Cuaderno No. 8, folio 2.   

6  “Artículo  213. Calificación de la demanda. Si el  demandante  carece  de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de origen. En caso  contrario  se  surtirá  traslado  al  Procurador  delegado  en  lo penal por un  término    de    veinte    (20)   días   para   que   obligatoriamente   emita  concepto.”   

7  Sentencia  de 27 de febrero de 2001, radicación No. 15042, auto de casación de  15 de mayo de 2008, radicación No. 28559.   

8  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

9  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.     

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