36889(28-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 36889  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado   Acta:  108.    

Bogotá, D. C, veintiocho (28) de marzo de dos  mil doce (2012).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación        discrecional       presentada  por  el  defensor  de  la  Subintendente  de la Policía  Nacional    ENELIA    MONDRAGÓN   BRAVO,    contra    el    fallo    proferido    por    el    Tribunal      Superior      Militar1,  que  confirmó   la   sentencia  condenatoria   emitida   por  el  Juzgado  de  Primera  Instancia  de  Santiago  de  Cali,  por  el  delito de  lesiones personales culposas.   

H    E    C    H   O   S   

El  7  de  octubre  de  2006,  Diego    Fernando   Landazury   Mosquera,  denunció  que luego de ingerir bebidas embriagantes con algunos amigos, condujo  una  moto  en  compañía del menor Adrian Arley Medina  Escobar, en dirección a su casa y en el trayecto, fue  herido  por  un  proyectil de arma de fuego en su extremidad superior izquierda,  por  la  hoy  condenada  la  Subintendente  de la Policía Nacional ENELIA  MONDRAGÓN  BRAVO quien se hallaba  en una patrulla de la policía.     

A C T U A C I Ó N    P R O C  E S A L   

1.  El 29 de agosto de 2008, la Fiscalía     145    Penal    Militar    de    Cali,    dictó             resolución   de   acusación  contra  la  SI.     ENELIA  MONDRAGÓN  BRAVO,  como  presunto  autor responsable del punible  de   lesiones   personales,  perpetradas  contra  la  humanidad  de  Diego Fernando  Landazury     Mosquera.   

2.  El  4  de marzo de 2009, el Juzgado   de  Primera  Instancia  de  la  misma  ciudad,  condenó  a la  inculpada    ENELIA   MONDRAGÓN   BRAVO,  por  el  delito  de  lesiones personales  culposas,  a  la  pena de 6.4  meses      de      prisión      y     multa        de        2´480.940  pesos  y  a  la  accesoria  de  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y porte de arma por el término de 16  meses;  además,  le  concedió  la  condena  de  ejecución  condicional por un  período de prueba de 2 años.   

3. El 23 de febrero  de  2011,  el  Tribunal  Superior Militar,   confirmó  la  providencia   aludida,   la   cual   fue  recurrida  por  la  defensa  técnica.   

4.  El mismo sujeto procesal, inconforme con  la  decisión de segundo grado, la impugnó en casación y, una vez se presentó  el libelo, la Sala entra a calificarlo.   

D   E   M   A   N   D  A    

Bajo   el   imperio   de  la  Ley  600  de 2000, sin determinar artículo  alguno  en  este  punto,  el  actor  atacó la sentencia condenatoria de segundo  nivel en tres cargos.   

Vía      discrecional.   

Indicó que se violentó el precepto 29 de la  Constitución  Política, por vicios de estructura y garantía, como también se  fracturó  la  defensa  técnica, los postulados de legalidad de la pena y el de  aducción  probatoria;  sugirió  además  que se lesionó el debido proceso por  irregularidades sustanciales.   

Sostuvo     que     la    “ausencia       de       defensa  técnica”   se   verificó  cuando  el  profesional  nombrado   de   oficio,  no  ejerció     “con  prontitud…   los  derechos  de  impugnación  y  contradicción  que  le  eran  exigibles”;   tampoco  peticionó    “pruebas   necesarias”  y  dejo  pasar  que  el   fallo  de primer grado “estaba indebidamente motivado”.   

Por  otro  lado,  se  le  hizo un incremento  punitivo  no  permitido  a  su asistida y la declaración del menor Adrian   Arley   Medina  Escobar  como  la  inspección  judicial, “se  practicaron  con  total  desconocimiento de los presupuestos exigidos por la ley  para  su incorporación y apreciación, transgrediéndose de tal forma el debido  proceso”.   

Como  el  escrito  se  asimila a un memorial  confeccionado  de  manera  libre, genérica y subjetiva, la Sala lo resumirá en  varios  ítems,  con  el  objeto  de  facilitar  su  entendimiento  y  claridad.   

Primer        cargo:            nulidad.   

1) Citó el numeral  3º   del   artículo   306   de   la   Ley   600   de  2000,  por  violación    al   derecho   de   defensa  técnica,  pues no fue real,  permanente  ni  continúa en ilación con la normatividad prevista en el Código  Penal  Militar,  cánones 196 y 218, haciéndose patente su arremetida porque el  defensor  de  oficio  “no impugnó el auto de cierre  de  investigación” (debió oponerse porque no estaba  perfeccionada),  la resolución de acusación, menos el proveído que convocó a  la  audiencia  de  corte  marcial  y  tampoco  se  percató  de  la  ausencia de  fundamentación  del  fallo de primera instancia; sólo se limitó a notificarse  de las decisiones judiciales.   

2) Para la abogada  era   imprescindible  haberse  practicado  un  sinnúmero  de  pruebas,  con  la  diligencia  de  inspección judicial con reconstrucción de los actos ilícitos,  para  descartar  entre  otras  cosas,  un  grupo  de  testigos  que “nunca    presenciaron    los   hechos   sucedidos”  y  descubrir las diversas contradicciones de los testigos como las  ubicaciones y visibilidad.     

3)  Por otro lado,  reconoce   la   recurrente   que   en   la   etapa   del   juicio   “se  llevó  a cabo diligencia de inspección con reconstrucción  de   los   hechos”,  pero  esta  no  fue  practicada  “en  la  forma  requerida  por  el  fiscal  de  la  causa”.   

4) Dejó de lado el  defensor  de  oficio,  requerir un dictamen técnico en física, para corroborar  el  dicho  de  su  mandante sobre si el disparo “fue  producto  de  inercia  mecánica,  o  pérdida  de  equilibrio  por  parte de la  procesada”,  evidencia que irrefutablemente llevaría  a  la  conclusión  de  demostrar  que  la intención de la hoy condenada no era  ilegal;   éstas   fueron   las  palabras  del  recurrente  refiriéndose  a  su  prohijada:   

…  nunca  [quiso]  causar  daño  a  la  integridad  del  ciudadano,  sino  en  prevenirlo  para  que acatara la orden de  pare   que de momentos antes se le estaba impartiendo de manera verbal, con  gesticulaciones  y  ayuda  del  pito  del  rodante,  y  que la causa del disparo  obedeció  a  la posición que esta asumía en el rodante como parrillera y a la  inestabilidad  que  presentaba  al  llevar en una mano su arma de fuego y con la  otra  agarrándose  del  velocípedo…  hasta  el  punto [que] pasaron por un mal llamado policía acostado  que  había  en  el  lugar  de la percusión, lo cual muy seguramente coadyuvo a  cambiar  el  rumbo  del  disparo,  circunstancias  estas  que  muy  posiblemente  ayudaron  a que el impacto del arma realizado por la procesada cambiara su curso  e   impactara   en   la  humanidad  del  señor  LANDAZURY  MOSQUERA2.    

Tampoco  se  opuso  o  recurrió el anterior  defensor  la  resolución  de  acusación,  pues  la  ausencia  de  pruebas  era  mayúscula  y,  para  corroborarlo,  el  libelista  lanzó una nueva hipótesis,  consistente  en  que  por  violación a las normas de tránsito (circulación de  dos  personas  en  una  moto,  sin  casco  ni  chalecos  y  evadiendo el llamado  policial),  entendió  “la  procesada  que  se  podría  tratar  de  una  acción delincuencial ejercida por  quienes       transitaba       (sic)      a      alta      velocidad”,     

5) El testimonio del  menor   Adrián   Arley   Medina  Escobar,  fue  practicado  sin  la  presencia  de  un  defensor de familia,  contraviniendo  la  Ley  1098  de  2006,  artículo 150, que así lo exige y una  jurisprudencia3  en donde se apoyó para cuestionar la aducción al proceso de esta  declaración:  “por cuanto  al  haber  estado presente en el interrogatorio la protectora de los derechos de  éste,    habría    dicho   la   verdad   real   de   lo   ocurrido”.    

6)   Continuó  criticando  la  labor  de  su antecesor en la defensa, respecto a la inspección  judicial      con     reconstrucción     de     los     hechos     “permitiendo  que  dicha diligencia se llevara a cabo… en forma  contraria   a   lo   solicitado   por  el  fiscal  de  la  causa”,  sin  la  presencia  de la procesada ni de los testigos; menos aún  impugnó  los  dictámenes  periciales  originados en tal diligencia y cuando el  abogado  sustentó  el  recurso  de apelación contra la sentencia condenatoria,  “presentó  dos  pobres e indebidamente sustentadas  teorías”  y,  jamás  se  dio  cuenta  que el fallo  aludido,  tenía  falencias en su motivación, ausencia de valoraciones, ninguna  consideración,    “demostrando   que   hubo   una  insuficiente  fundamentación  de la sentencia”, como  bien   lo   ha   reconocido   esta  Sala,  la  Corte  Constitucional4  y  algunos  tratadistas por ella citados.   

Aquí  peticionó,  se declare la nulidad de  todo  lo  actuado, desde el auto de 20 de mayo de 2008, en donde la Fiscalía  145  Penal  Militar, ordenó el  cierre  de  investigación,  con  el  fin  de que se perfeccione la instrucción  “y   se   practiquen  debidamente   las   pruebas  señaladas…  al  demostrarse  claramente  que  se  quebrantó el derecho de defensa”.   

Segundo  cargo:  violación             directa.   

Se  vulneró el postulado de legalidad de la  pena  al  incrementarla con fundamento en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004,  pues  de  suyo  se  sabe  que  tal  aumento solo es posible su aplicación en el  sistema acusatorio.   

Para  demostrar su aserto, trajo a colación  la  dosificación  realizada  por las instancias, en especial algunas decisiones  de  esta  Sala5,  donde se puntualiza que tal extensión punitiva exclusivamente se  justifica  con el advenimiento del sistema acusatorio contenido en la Ley 906 de  2004 y jamás puede aplicarse en la justicia penal militar.   

Por  tanto,  solicitó  casar  la  sentencia  recurrida  para  en  su  lugar  tasar  legalmente  la  pena  a  ella  atribuida.   

Tercer   cargo:  falso      juicio     de     legalidad.   

Referido  a la prueba testimonial practicada  al    menor    Adrián   Medina   Escobar,  pues  se  le  dio  validez  a  sabiendas  que  en su creación se  desconocieron    los    requisitos   legales   y   al   excluirse   “los  demás  medios  probatorios sopesados por el”   Juez   Colegiado,   “no  tienen  la  identidad jurídica suficiente para condenar a mi defendida”.   

Luego  citó los artículos que el fiscal le  puso  en  conocimiento  al  adolescente  el día que le practicó la diligencia,  como   fueron  el  383  (obligación  de  rendir  testimonio),  385  excepciones  constitucionales)  y  389 (juramento) de la Ley 906 de 2004 y lo increpó con el  442   (interrogatorio  sobre  la  identidad  del  imputado)  del  Código  Penal  Militar.   

Y,  después  de  traer  a  colación  dos  párrafos  de los fallos de instancia, resalta que se incorporó a la actuación  de  manera  indebida  la  aludida  prueba,  con  violación  al  debido proceso,  “sin  el  lleno  de  los  requisitos  legales,  que  al  ser descartada para su respectiva valoración, el  fallo  seria  afirmativamente  para los intereses de la procesada, pues fue este  infante  quien  para  el momento de los hechos el que hizo el ademan de sacar de  su  cintura  un  arma, conllevando a la reacción de la uniformada… esa prueba  ilegal   constituye   la   única   posible   prueba   de   culpabilidad  de  la  procesada”.   

Acto  seguido,  se refirió a la inspección  judicial  con  reconstrucción de los hechos (diligencia a la que le imprimieron  objetivos  diversos  a  los  enunciados  en  el  artículo 310 del Código Penal  Militar),   la   cual   anunció,  que  también  en  su  opinión  era  ilegal,  “por  el desconocimiento  de  los  presupuestos  para su realización, y contrariando lo solicitado por el  fiscal…  y  lo  ordenado  por  el  fallador  de  primera instancia”.   

Con   todo,  los  falladores  se  hubieren  percatado  que  los  testigos  no  se  dieron  cuenta  de  nada  de lo sucedido,  “sino  que  sus  dichos  contradictorios  están  amparados  en el lazo de vecindad y amistad que a estos  los  une  con el ofendido… desvirtuándose de tal manera que el accionar de la  procesada      esta      (sic)      exento      de      culpabilidad”.   

Por  lo  tanto,  solicitó  casar  el  fallo  atacado,  para  en  su  lugar,  se  dicte  el  de  reemplazo,  pero esta vez, de  carácter            absolutorio.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.  A pesar de las  múltiples  fallas  lógico-argumentativas  condensadas  tanto en la motivación  discrecional  como  en la censura, por vigencia del postulado de legalidad de la  pena,  la  Sala  admitirá el cargo segundo;  siendo  ello  así,  se  ordenará  en  la  parte  respectiva del  presente  auto,  correr  traslado  a  la  Procuraduría  Delegada  para  la  Casación Penal, por el término de  ley,  a  fin de que se sirva conceptuar sobre el fondo del asunto denunciado por  el  defensor  de  la  hoy  condenada  ENELIA MONDRAGÓN  BRAVO.   

2.  Por otro lado,  los     dos     ataques    restantes    formulados    uno    por    nulidad   y   el  otro  por  falso   juicio  de  legalidad,  contra  la  sentencia  de  segundo  nivel proferida por el Tribunal  Superior  Militar, no reúnen los mínimos presupuestos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  descritos  por  la jurisprudencia para  admitir  la  demanda, como punto de partida para lograr su infirmación, pues en  el  desarrollo  y demostración de las criticas incurrió el defensor en graves,  múltiples  y exacerbadas falencias, las cuales atentan contra la filosofía que  inspira el recurso extraordinario de casación.   

3. Menos aún puede  entenderse  las  censuras  como nuevas rutas para confeccionar escritos de libre  factura  y, ensayar, por ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas  en los proveídos; tampoco  consiste  en añadir un cúmulo de ideas disgregadas y fragmentadas en el libelo  en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos o hipotéticos para asegurar un  posible éxito, tal como lo plasmó el recurrente.    

4.  Como  metodología, la Sala abordará el  estudio  del libelo, estableciendo aquellos puntos más preponderantes, a fin de  determinar  de  manera  precisa los desatinos de mayor impacto, con el objeto de  brindarle  al jurista suficiente claridad en torno a los dislates presentados en  su inconformidad.    

5.   Son   múltiples   y  complejos  los  errores  detectados  en  la  demanda.   

Sobre   la  vía  discrecional  viene afirmando la Sala, que tratándose  de   la  casación  presentada  por  la  ruta  de  ataque  aludida  –en este caso, por cuanto el delito por  el  que  se  condenó  a  la  Subintendente  de  la Policía Nacional, fue el de  lesiones      personales      culposas-,  la  lógica  argumentación exigida para tal eventualidad, guarda  aún  mayores  requerimientos  tanto  legales  como  jurisprudenciales,  que  la  ordinaria,  con  el  inmediato  objeto de persuadir a la Corte para aceptar unos  planeamientos  que,  en  principio,  no  proceden  para determinadas actuaciones  extraordinarias;  por  tanto,  la  debida  sustentación  debe  ir  avalada  por  situaciones   de   flagrantes  vulneraciones  a  los  derechos  constitucionales  fundamentales  o  a  la  imperiosa  necesidad  de desarrollar la jurisprudencia,  casos  en los cuales al demandante se le brinda la oportunidad de manifestarlos,  a condición de apropiarse de una verdadera temática casacional.   

Primero: el yerro se  constata  en  haber olvidado el abogado sustentar uno de los dos motivos que por  ley  se  exigen  para admitir el libelo, contenido en el artículo 205, inciso 3  de   la   Ley   600   de   2000,   al   disciplinar  que  la  Sala  discrecionalmente podrá admitir demandas  de  casación  contra  sentencias  expedidas  por  funcionarios  diversos  a los  Magistrados  de  Tribunales,  “cuando  lo considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales, siempre que reúna los demás  requisitos   exigidos   por   la  ley”. (Subrayado fuera de texto)   

Se  hace  imperioso,  entonces,  motivar  y  discernir     que     se     consumó    en    instancias    una    vulneración    a    las   garantías  fundamentales,  puntualizadas  en  alguno  de  los  sentidos  expresados  por la ley y la jurisprudencia; desde  luego,  deberá  realizarse  tal  labor  intelectual,  en  el mismo contexto del  escrito  pero  delimitándolo  en  un  capítulo  aparte,  para después, atarlo  coherentemente   a   la   argumentación  propia  de  una  casación  ordinaria:  presupuestos  que  no se satisfacen por el sólo hecho de haber sido citados por  el  actor o quizás cuando sostuvo de manera ligera que se vilipendió el debido  proceso  por  irregularidades  sustanciales,  el derecho de defensa técnico, la  aducción  probatoria,  entre  otros;  ello  va más allá de simples enunciados  disgregados  en  párrafos  inconclusos y sin ningún avance demostrativo.    

Entraña, en segundo lugar, el desarrollo   de  la  jurisprudencia,  una  ponderación  aquilatada  de  las tesis jurídicas que en juicio del profesional  del  derecho  deban  ser  perfeccionadas y mejoradas, naturalmente, tomando como  punto  de partida los criterios jurisprudenciales que se pretenden modernizar y,  como es obvio, aterrizados al caso cuestionado.   

Segundo:  este desatino  –deviene del anterior- el  cual  se concretó con la escueta e insustancial afirmación del actor en la que  sostuvo,  por  ejemplo, que el derecho de defensa técnica se vulneró porque no  ejerció  el  abogado  que  lo  antecedió  los  recursos  de  ley o al dejar de  cuestionar  la  sentencia  de  primer grado por falta de motivación o porque no  pidió     la     que    él    llamó    “prueba  necesaria”,  como  si  se estuviera en un sistema de  tarifa  probatoria,  que tampoco explicó; con estas aserciones, jamás se puede  entender  satisfecha  la motivación requerida para tales tópicos casacionales,  máxime  si  el  recurso  en  sede  extraordinaria  tiene  como  característica  esencial, entre muchas otras, el de ser rogado.     

Desde  ya  se  advierte  que con los yerros  atrás  anotados,  los dos ataques se tornan insustanciales, pues la omisión en  la  explicación  y demostración de los presuntos vicios alegados, así como la  ausencia  de  precisión  de  la  ruta  que  debería  guiar  todo  el escenario  argumentativo,  confirman  que  el escrito fue ideado en un interregno netamente  subjetivo  y  en  contra  del  criterio  expuesto por los juzgadores: cuestiones  inadmisibles en sede extraordinaria.     

Tercero: se muestra  en   punto   de  la  nulidad  alegada,  en  el primer ataque, por fallas en el derecho de defensa técnico, la  cual,  en  principio,  no  es  cualquier  discurso  con  el  que  se pretenda su  declaratoria,   ella   en   sí,   encierra,   unos   presupuestos  mínimos  de  argumentación,  precisión  y  alcance,  sin los cuales la arremetida contra la  legalidad del proceso queda huérfana.   

Es  preciso  indicar,  además,  que  cada  censura  presentada  por  este  sentido,  tiene  un  tratamiento  independiente,  debiéndose   identificar   la  clase  de  falencia  (estructura  o  garantía),  denunciando  el  sentido  en  forma  autónoma sin mezclar violaciones al debido  proceso entre sí, o al derecho de defensa (técnico y material).   

Por  consiguiente,  si  se  quiere proponer  alguna,  por  ejemplo,  al debido proceso, incumbe señalar cómo se fracturaron  las  bases  legales,  ya sea en su aspecto formal o conceptual, de qué forma se  quebrantaron  las  garantías  exigidas,  cuáles  fueron las repercusiones y el  daño  causado con tales vulneraciones en desmedro de la ley como de los sujetos  procesales,  hasta qué acto procesal y por qué en el caso indicado habría que  retrotraer  lo  actuado  en  instancias;  entre  otros  presupuestos,  descritos  ampliamente      por      la      jurisprudencia6.   

No   pudiendo  olvidar  el  defensor  los  principios      que      las      rigen      como     el     de     taxatividad (sin norma precedente y exacta  jamás  se  podrá  alegar  alguna  nulidad), de él dependen y se enmarcan para  generar   su  pertinencia;  convalidación,   finalidad  de  los  actos,  por  mencionar  algunos,  a fin de fortalecer la infirmación del  último fallo: tópicos a los que jamás se refirió.   

Ellas, además, se rigen por el postulado de  trascendencia en sus diversas  connotaciones  epistemológicas;  por  un  lado,  la  exclusiva  irregularidad o  menoscabo  a  la  ley,  no  es  presupuesto dominante para su configuración; se  requiere,  en  segundo lugar, el efectivo detrimento, perjuicio o lesión de los  derechos  y  garantías  adquiridas por los sujetos procesales, intervinientes o  partes  en  la  dinámica judicial; en tercer  término, es obligación del  jurista  mostrar en interés legal de su representada las bondades, beneficios y  ventajas7 del ataque propuesto.   

Finalmente,  cada  caso  de estudio deberá  someterse  a  un nuevo escrutinio o filtro jurídico, en pos de evidenciar si la  nulidad  corresponde  declararla  total  o  parcialmente:  esta última opción,  entre  otras,  trae  consigo  ordenarla  en  la sentencia de casación cuando su  efecto   jurídico   se  pueda  conjurar  o  desglosar  desde  este  concluyente  pronunciamiento   de  la  jurisdicción  ordinaria,  es  decir,  en  cuanto  sus  consecuencias   procesales   se   puedan  normalizar,  enderezar  y  reivindicar  excluyendo  el  vicio sin necesidad de retrotraer lo actuado, lo cual dependerá  del  momento  procesal  en que se haya materializado o generado la infracción a  la normatividad sustancial.   

Siendo  ello así, la infracción al debido  proceso  o  al  derecho  de  defensa  (técnico  o material), debe ser de bulto,  grosero,  que  pretermita  u  omita un acto procesal distinguido por la ley y al  que  obligatoriamente  los  funcionarios deban acceder para su no conculcación.   

Nunca   puede  asimilarse  con  cualquier  criterio  aislado,  subjetivo  y  genérico,  sino  por  los motivos previamente  determinados  por  Ley y con ocasión al desarrollo jurisprudencial que la Corte  vaya  realizando;  no  obstante  algunos  supuestos  de  los  requeridos  por la  jurisprudencia  abordó  el  togado, sin embargo, ello no es suficiente para dar  por  demostrada  la debida argumentación o mejor aún, todo lo explicado por el  libelista  confronta  las  decisiones  de  instancia  en  franca vulneración de  variados institutos casacionales.     

Cuarto: el defensor  agrupó  en  su  embestida,  otras  fallas  de  mayor  extensión, las cuales se  identifican,   verbigracia,   con  la  evidente  vulneración  del  postulado   de   autonomía  que  rige  el  recurso   extraordinario,  al  sustentar  el  yerro  propuesto  de  nulidad  por  violación  al  derecho de defensa técnico en un mismo texto argumentativo, con  la  comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales junto con el falso  juicio  de  legalidad  de  la vía indirecta de violación de la ley, alternados  con  la  vulneración  del  principio  de  investigación integral: combinación  letal,  por  ser excluyentes los presupuestos de unos y otros desatinos, lo cual  se  patentizó en los diversos enunciados de la demanda; por cuanto, en el error  de  derecho,  por ejemplo, se ataca la vigencia de la prueba, sin ser procedente  acudir  a  alguna causal de nulidad para su prosperidad, lo cual, como es obvio,  se muestra insólito fusionarlos.   

Como  puede  entenderse,  el  impugnante no  expuso  alguna  idea conforme a las pautas establecidas para someter el criterio  plasmado  por  la  judicatura  y elevarlo a los desaciertos que le atribuyó, en  tanto,  de ningún modo demostró el daño irreparable a la ley sustancial, más  bien  lanzó  una  gran  diatriba  en oposición al criterio judicial, con ello,  divulgó  lo  insustancial  de  su  arremetida,  cercenando  de  paso, cualquier  coherencia  argumentativa, en tanto, por ejemplo, la violación del principio   de   investigación  integral,  totalmente  omitida  por  el libelista, pero en el fondo, buscada por él, tanto  así  que  en su petición final requirió la nulidad de lo actuado a partir del  cierre   del   ciclo   instructivo,   para   que   se   practiquen  “debidamente” las pruebas atacadas.   

Es  tal la incoherencia del recurrente, que  de  plano  descartó  la  vulneración al derecho de defensa técnico alegada en  algunos  apartes como principal en el contexto de su memorial, para suplirla por  fallas  sobre  la  validez  de las pruebas, pues si se recolectaron indebidamente, es decir, de manera ilegal,  era  ese  y  no  otro  el  sentido  de  ataque  que  debió  implementar  en  la  demanda.    

El    principio    de    investigación   integral,   comporta  al  administrador  de  justicia  la  carga  procesal de averiguar tanto lo favorable  como  lo desfavorable a las pretensiones del indagado, imputado o enjuiciado, en  conexión   a   la   facultad  de  ordenar  pruebas  de  oficio,  a  fin  de  ir  progresivamente  aclarando  todos los puntos oscuros no revelados por los hechos  o  los  medios  legalmente recopilados en la actuación; en tanto que se pasa de  la  ignorancia  judicial  (ausencia  o  escasez  de  evidencias)  a  la  certeza  demostrativa   que   permita   explicar   tanto  la  conducta  punible  como  la  responsabilidad del implicado.    

Ahora,  el  concepto  que  le  da vida a la  infracción  en comento, no se  traduce  únicamente  en  mostrar  un  listado  hipotético y subjetivo de   pruebas  o quizás en presumir una gran variedad que jamás se recaudaron; esto,  desde  luego, enseña otras alternativas: a)  las  dejadas de practicar -solicitadas y  negadas-;   b)  las  que  han  debido ser recolectadas  -inactividad     de     las     partes-; c)     las     peticionadas     por     la    defensa    -decretadas  y  no practicadas8-,  o  las  que  de  verdad demostraban los  hechos  materia  de  investigación  y  juzgamiento -no  requeridas   ni   ordenadas   por  los  funcionarios-.   

Se  debe,  en  ilación  con lo precedente,  proponer  en  casación,  aquellos  medios  ignorados por las instancias, con el  objeto  de  indicarle  a la Sala: su fuente, conducencia, pertinencia y utilidad  de los mismos.    

Tiene  un alto significado lo expresado, en  el  entendido  que  todas  aquellas omisiones probatorias que sean demandadas en  sede  extraordinaria  al amparo del principio de investigación integral y, como  es  obvio,  bajo  la  égida  de  la  Ley  600  de  2000,  deben  excluir medios  inconducentes,     inútiles,    insuficientes,    dilatorios,    superficiales,  insubstanciales  e  ineficaces, toda vez que, un ataque apoyado en cualquiera de  tales  hipótesis,  no evidencia el menoscabo al referido postulado.     

El  ejercicio  dialéctico del libelista no  cesa  ahí:  es  menester además argumentar la incidencia favorable, decisiva e  incontrovertible  de  tales medios de cara a las valoraciones y conclusiones del  fallo  objeto  de  censura;  incluso,  el  jurista  adquiere  el  compromiso  de  enseñarle  a  la  Sala  que  las  pruebas  ignoradas  por los juzgadores al ser  sopesadas  con  los  que  sirvieron  de  fundamento  para edificar la sentencia,  abaten  el  grado de certeza aceptado y construido por los funcionarios a fin de  ordenar   y  evaluar  –al  retrotraer  la  actuación-  aquellas  omitidas, con el objetivo fundamental que  impere  la  verdad,  la justicia y la equidad en la administración de justicia.   

Como  puede  observarse,  la  inactividad  argumentativa  del  defensor  es abrumadora, en tanto, ni mencionó el postulado  objeto  de  análisis,  jamás  lo  trabajó  y  menos  aún,  se aproximó a lo  puntualizado  por  la  Sala sobre el particular; lo único que hizo fue formular  un  listado  de  medios,  sin  que  hubiese  realizado el más mínimo intento y  esfuerzo  para  llenarlo  de  contenido  jurisprudencial,  con  el agravante que  algunas   sí  se  practicaron  como  la  inspección  judicial  en  pos  de  la  reconstrucción  de  los  hechos;  diligencia  que en su opinión debe repetirse  porque,  entre  otros  argumentos,  no se le hizo caso al fiscal de cómo debía  practicarse,  lo cual demuestra, absoluta dejadez, en tanto, las pruebas para su  aducción  no  se  realizan  por  el capricho de las partes sino en interés del  proceso  y  con sujeción a la ley, correlacionadas con los actos antijurídicos  objeto de investigación y juzgamiento.   

Quinto:  La  Sala  viene  insistiendo  que  cuando  se promueve un ataque por error de derecho,  en  el  sentido  de falso  juicio  de legalidad, se debe atacar  de  manera  ineludible,  la  naturaleza  jurídica  del medio cuestionado, en su  doble  connotación:  i)  se  genera  un  aspecto positivo,  cuando  la  judicatura  le  concede  validez  suasoria a una prueba sin tenerla,  puesto  que,  como  es obvio, incumple las exigencias formales de su producción  disciplinadas   en  el  estatuto  instrumental  y  ii)  se   presenta   el  aspecto  negativo,   a   la   inversa,  esto  es,  cuando  los  funcionarios  judiciales  la  refutan  porque en su sentir procesal, no observan  los  presupuestos  legales  para su eficacia normativa, siendo que de verdad los  cumple9.   

Desde  luego,  aquí  no  para  todo,  es  menester,  en  forma  posterior, que el jurista disuada a la Sala, de la mano de  la  valoración en conjunto del restante plexo probatorio, de cuál es el efecto  jurídico  que pretende al descubrir el yerro aludido, con tal fuerza persuasiva  que,  objetivamente demuestre la urgente necesidad, de variar el rumbo jurídico  de la decisión atacada.   

El  libelista  no  acató las pautas atrás  expuestas,  las ignoró en todo su contexto, en donde de manera exclusiva elevó  el  reparo  por  la  ruta que en su opinión se acoplaba más a sus reflexiones,  sin  embargo,  inundó  el  escrito  de  conjeturas  inadmisibles  en  esta sede  extraordinaria,  como cuando expuso que la prueba incriminatoria relacionada con  la   declaración   del  menor  Adrián  Arley  Medina  Escobar, es la única que responsabiliza a su mandante  del  acto  ilícito  a  ella atribuido o en punto de la inspección judicial que  pretende  se  vuelva a practicar, la cual demostraría ausencia de culpabilidad.   

No  obstante,  el togado nada dijo sobre lo  narrado  por  su  mandante,  quien  aceptó  que  había  disparado  su  arma de  dotación  para  detener a los motociclistas; así lo indicó la inculpada en la  diligencia de injurada que se le recibió el 15 de enero de 2008:   

…  el señor de la motocicleta gira a la  izquierda…  donde se inició la persecución, durante el recorrido hecho se le  dieron  varias  voces  de  parte  con  el  pito de la motocicleta de la Policía  Nacional,  situación que ellos desconocen, pero hacen caso omiso a la solicitud  teniendo   en   cuenta   que  iban  sin  chaleco  y  sin  casco,  el  parrillero  constantemente  miraba  hacia  atrás,  o  sea que conocía de la persecución y  según  lo  que  parece  no  le  indicaba  a su compañero el conductor para que  parara  la  moto,  cuando  la  motocicleta  se  regresa… el parrillero hace un  ademán  con  su  mano  derecha,  que  la  llevaba  en  la parte de atrás en la  parrilla  de la moto sosteniéndose, se la manda hacía la parte delantera de su  cuerpo,  lo  que  me  hizo  suponer que trataba de esgrimir algún tipo de arma,  situación que me hizo reaccionar con mi revólver de  dotación  oficial,  revólver  Smith Wesson calibre 38, tratando de inmovilizar  la  moto,  disparando  a la llanta delantera de la misma, terminando de impactar  al  señor  conductor de la motocicleta DIEGO FERNANDO LANDAZURY a la altura del  antebrazo  izquierdo  y  es  en  este  momento que este desiste de la huida y se  logra     la    intercepción    de    la    moto10.   

Luego,  la refutada ausencia de pruebas que  quizás  dejaban  sin soporte el resultado típico imputado a la acriminada, son  simples  conjeturas  fuera  de  contexto  exhibidas  por el defensor sin ninguna  temática  casacional,  en  tanto, jamás trabajó los soportes de la narración  referida,  si  se quiere de cara a alguna propuesta normativa que justificara su  comportamiento  y  bajo  esa  línea peticionó fuera absuelta, lo cual, como es  obvio, resulta inconcebible.     

Incluso, tampoco indicó el togado, cómo se  afectó  el  interés  procesal o probatorio y cuáles fueron sus consecuencias,  frente  a  la  mención  en  tres  declaraciones  juradas  de algunos artículos  propios  de  la Ley 906 de 2004, por parte de la funcionaria judicial, como para  pretender  dejar  sin  validez  tales contenidos, además, si se tiene presente,  que  en  otras  diligencias  se  les impuso los artículos 331 y 332 del Código  Penal Militar.   

Ahora, el actual defensor descartó de tajo  la   inspección   judicial   de   reconstrucción   de   los  hechos,  que  era  esencialmente,  como  lo  ordenó el Juzgado de conocimiento, para determinar la  ubicación  y  trayectoria del proyectil; evidencia practicada el 13 de enero de  2009  y,  contrario  a lo afirmado por el recurrente, contó con la presencia de  la    hoy    condenada    SI.    ENELIA   MONDRAGÓN  BRAVO  en  compañía  de  su  otrora  abogado, con la  intervención  del  lesionado,  el  parrillero  y  testigo, un planimetrista, un  fotógrafo   judicial   y   otro  funcionario  de  balística.      

Tal diligencia no se puede dejar sin validez  con  argumentos  tan tenues al decir que no se hizo como lo peticionó el Fiscal  o  porque con una nueva reconstrucción de los hechos, se demuestra las falacias  de  los  testigos;  de  verdad  se requiere que la prueba adolezca de los vicios  atrás  certificados  para  por lo menos iniciar el estudio sobre su legalidad y  no concentrarse en etéreas conjeturas, sin razón alguna.   

Sexto:  este  desafuero  se nutre de  las  constantes generalidades traídas a colisión en la demanda por el letrado,  imponiendo  su  exclusivo  criterio  subjetivo por encima del de los juzgadores,  como  cuando  indicó  que si la defensora de familia hubiese estado presente en  la   declaración   del   joven   de  16  años  (parrillero)  él  “habría  dicho  la  verdad  real  de  lo ocurrido”,  lo  cual,  sin duda alguna, es otra de  las hipótesis indemostradas del togado.   

Por otro lado, no se percató o, mejor aún,  dejó  de  trabajar el hecho, este sí corroborado, que el citado 13 de enero de  2009,  declaró como testigo en la inspección judicial, pero esta vez presentó  su  cédula  de  ciudadanía  por  haber  adquirido la mayoría de edad, lo cual  deja,  en el vacío y sin ningún efecto la censura planteada, al contradecir en  un todo, el dicho de la procesada en esa diligencia.   

Como se puede apreciar son innumerables los  desatinos  del  demandante,  al presentar como argumentos opiniones subjetivas y  abstractas  sin  ninguna  posibilidad  de  transformar  el  fondo  del asunto de  acuerdo  a  sus  pretensiones:  en  oposición del criterio de los funcionarios.   

Por  ello, la Sala tiene el deber jurídico  de  recordar  que  en  temas de casación ningún supuesto de hecho o de derecho  puede  ser  abordado  desconociendo  la ley y los presupuestos jurisprudenciales  que  la vienen desarrollando, pues hacerlo así desquicia el sentido, existencia  y  finalidad del recurso extraordinario; relegando, precisamente, los postulados  que   lo  rigen  como  el  de  claridad,  taxatividad,  coherencia,  precisión,  objetividad, entre otros, los  cuales, fueron ignorados por el censor.   

Sin  que  se entienda como una respuesta de  fondo  sino  en  virtud  del ejercicio pedagógico que viene realizando la Sala,  como  una  garantía  más de los derechos constitucionales fundamentales de las  partes,    se   puntualizaran   algunos   aspectos   inherentes   al   caso   en  estudio.   

El Juez Colegiado,  afirmó:   

Con los anteriores señalamientos, tenemos  pues,  que  el  resultado  de lesiones personales en la integridad del ofendido,  fue  la  concreción  del riesgo creado por la SI. MONDRAGÓN BRAVO ENELIA y no,  que  tales  lesiones  fueron  producto de un riesgo distinto, en este caso de un  riesgo  creado  por  la  propia  víctima  como  parece ser el planteamiento que  realiza  la  defensa… Planteadas así las cosas, en  estricta  dogmática  y  bajo  el  instituto  de  la  imputación objetiva no se  evidencia  en  el  comportamiento de la víctima señor LANDAZURY MOSQUERA DIEGO  FERNANDO  una  intervención  dolosa  o  imprudente  de su parte que alterara la  relación  de  riesgo  que  previamente  había  creado la SI. MONDRAGÓN BRAVO.  (…)   

Funda  el ilustre apelante el argumento de  la  posible  defensa  putativa de la procesada a partir del supuesto fáctico de  un  ademán  que  hiciera  el parrillero ADRIAN ARLEY MEDINA ESCOBAR, y pretende  postularlo  como  un  hecho  probado… Veamos entonces que en principio los dos  policiales  argumentan  un  supuesto  ademán  que  hiciera el parrillero de los  motociclistas   perseguidos,   sin  embargo,  los  dos  policías,  tanto  quien  conducía  la  moto  como  la procesada, a pesar de que se encontraban a escasos  cinco  metros  de  distancia  ante  el  supuesto ademán, tienen comportamientos  distintos,   pues   mientras  que  la  SI.  MONDRAGÓN  BRAVO  ENELIA  reacciona  disparando  su  arma  de  dotación  oficial para defenderse, quien conducía la  moto,  es  decir  el  PT.  DÍAZ  RINCÓN  JAVIER  ANTONIO no reacciona, y no en  términos  de  utilizar armas, sino en los términos del rol que desempeñaba en  aquel  momento,  es  decir,  de  ejecutar  maniobras  evasivas  o  lo  que se ha  denominado  reducir  la  silueta  o  la  probable  área  de  impacto, lo que se  lograría  reduciendo  la velocidad, desviando la trayectoria de la motocicleta,  ocultándose,  etc.,  pero  extrañamente  el  conductor  de  la  moto  policial  continúa  su  marcha  normalmente, es más, llegan de manera inmediata al lugar  donde   se   detiene   la   moto   perseguida   y  proceden  a  requisar  a  sus  ocupantes11.   

Absolutamente  nada de lo expuesto trabajó  el  libelista,  como  para  iniciar un estudio reflexivo y serio, menos aún, se  refirió  a  las  reglas de la lógica plasmadas en el fallo aludido, como   cuando allí se indicó:   

Lo  anteriormente  expuesto,  lleva a esta  Sala  de  Decisión  a señalar que de aceptar el supuesto ademán realizado por  el  parrillero,  y que argumenta la procesada como causal para reaccionar con su  arma  de dotación lo coherente sería que los dos uniformados que hacían parte  de  una  unidad  policial con formación en procesos policiales, involucrados en  aquella   persecución,   con  la  conciencia  de  la  actuación  policial  que  ejecutaban,   al   momento  de  observar  el  supuesto  ademán  del  parrillero  perseguido,  ello implica, de acuerdo a las reglas de la lógica, la experiencia  y  la  sana  crítica,  que  los  dos  policiales  deberían  haber  reaccionado  defensivamente  cada  uno  de  acuerdo  a  su rol; sin embargo, ello no ocurrió  así.   

En  otro  aparte,  también el Tribunal   Superior  Militar,  expuso  una  nueva  máxima,  la  cual,  como  es  costumbre  del libelista, no fue motivo de  ningún  ataque,  como  para pensar en absolver a su prohijada, como al unísono  lo peticionó.   

Por  último,  no  resulta  coherente  el  argumento  defensivo de la procesada cuando señala que con su reacción buscaba  impactar  la llanta de la motocicleta y detener su marcha, pues desnaturaliza el  argumento  propio  de  la legítima defensa en el que se persigue es neutralizar  esa  agresión  actual  e  inminente  que  en el caso sub judice representaba el  patrullero  ADRIAN  ARLEY  MEDINA  ESCOBAR,  pues,  por  regla de experiencia el  buscar  impactar  con  un  revólver,  es decir, un arma corta, la llanta de una  motocicleta   que   se  desplazaba  a  una  velocidad  aproximada  de  cincuenta  kilómetros  por  hora resulta un acto poco probable, máxime cuando desde donde  se  hace  el  disparo también es una plataforma móvil que se desplazaba a alta  velocidad.   

La  poca posibilidad de impactar la llanta  de  la  motocicleta  es  una  ponderación  exigible  a  los policiales, dada su  formación,  experiencia  y  manejo  de  las  armas cortas, y conocedores de esa  débil  posibilidad  implica  necesariamente  que  la  amenaza  no  era  de  tal  envergadura  que  le  exigiera  ordenar su intención de disparo directamente al  parrillero     que    supuestamente    representaba    la    amenaza12.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

La Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica” por si misma tenga como fin  enervar  los  derechos  adquiridos a los intervinientes o sujetos procesales, ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los yerros conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que el recurrente  presentó  una  alegación  producto  de  su propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna  prevalencia  en  la  lógica-jurídica requerida para sustentar las dos  censuras  elevadas  por  nulidad  y  falso  juicio de legalidad, con lo cual sus  pretensiones   se   alejan   de   la   filosofía   que   irradia  el  instituto  casacional.   

Por  último, estudiados los ataques, sólo  conjeturas,  suposiciones  y especulaciones identifican las censuras, sin que se  hubiese  presentado  una  motivación  coherente  con  la  propuesta casacional,  circunstancia     por     la    cual,    la    Corte  inadmitirá  los cargos uno (1) y tres (3) presentados  por  el  defensor a nombre de  la   Subintendente  de  la  Policía  Nacional  ENELIA  MONDRAGÓN BRAVO.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   Admitir  el    cargo    número  dos  (2)  contenido  en la  demanda  de  cara  a  posibles  falencias referidas al  axioma   de   legalidad   de   la   pena, como atrás  se indicó.   

Segundo:     en  consecuencia,        córrase       traslado  a  la Procuraduría  Delegada  en  lo  Penal,  para  que  rinda,  en el menor término  posible, el concepto correspondiente.   

Tercero:  Inadmitir  los  cargos uno  (1)  y  tres  (3),       elevados       por       nulidad   en  punto         de        la        violación   al   derecho   de  defensa  técnico como el propuesto  por    falso    juicio   de   legalidad,              presentados a  nombre  de ENELIA MONDRAGÓN  BRAVO,  en  virtud  de  lo  argumentado  en  párrafos  precedentes.   

Cuarto:  Contra  lo  decidido  no procede recurso  alguno.   

Quinto:              Cópiese,       notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO                                                                                                         Cita medica   

                                  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

                  Permiso   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                  LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                               JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  sentencias  condenatorias  fueron  proferidas  el 4 de  marzo  de  2009  y  23  de  febrero  de 2011, respectivamente.   

2 Ver  demanda, folio 704, c. o, Tribunal.   

3  Se  refirió a los radicados 29.516 (23-6-08) y 33.364 (9-12-10).   

4  Transcribió  grandes  apartes  de  las  sentencias  C-252  de 2001, S T-175-97;  T-123-98,  T-267-00,  S  C-242-97;  se  refirió  a la Constitución Nacional de  1886,  artículo  161 y a los radicados de esta Sala números 24011 (12-12-05) y  17257 (4-9-03).   

5 Cito  los   radicados:   24890  (1-6-06),  26065  (21-4-07),  24986  (25-3-07),  24986  (20-7-07),  25667  (6-8-07),  24786 (23-1-08), 28871 (29-7-08), 27263 (17-6-09),  28199 (23-8-09), entre otros.   

6  La  forma  lógica  y  argumentativa  en  sede  extraordinaria  para  presentar  una  demanda,  entre otros motivos, no se traduce en formularle preguntas a la Corte,  de  cómo  pudo  o  no  ser  tratado  algún  tema  o  explicitando  aquellas  falencias  advertidas por los  recurrentes  a  manera  de  resolver  un  interrogatorio  o  cuestionario;  ello  encierra  más  bien, un verdadero análisis demostrativo, en donde paso a paso,  el  profesional  del  derecho,  vaya  demeritando y degradando la presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene  atada  a  las  decisiones  proferidas por los  funcionarios que administran justicia.       

7 Corte  Suprema    de    Justicia,    mismo    sentido,   ver   sentencia   15.223    de    12   de   febrero   de  2002.   

8  Evento  que  deberá  ser atacado por violación al derecho de defensa y no bajo  el  auspicio  del  principio en estudio, dejando en claro que este no es el caso  objeto de estudio.   

9 Mismo  sentido:     Corte     Suprema     de    Justicia,    Radicados:    15.042   de  septiembre  4  de  2002  y  23.613 del 28 de septiembre  de 2006.   

10 Ver  folio 133, c.o. 1.   

11 Ver  folios 600 a 609, c.o. Tribunal.   

12 Ver  folio 610 y s.s., ibídem.     

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