36726(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  239.     

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por el defensor de CARLOS FERNEY  PALMA   DUQUE,   contra  el  fallo  del  Tribunal    Superior    de    Armenia1, que  confirmó   el    proferido  por el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  la misma ciudad,     el    cual    le    impuso    la    pena    de    cuatrocientos         (400)  meses  de  prisión,   por   la   consumación  del  punible  de  homicidio   agravado.    

H   E   C   H  O  S   

El  4  de  octubre de 2009, alrededor de las  8:00  a.m.,  en el barrio Santander de Armenia (Quindío), exactamente al frente  de  la  nomenclatura  de  la  calle  34 No. 23-65, Juan  Carlos    Delgado   Bánquez,   quien   -según   los  señalamientos  formalizados  por  los  testigos presenciales-, fue agredido con  arma  blanca por CARLOS    FERNEY   PALMA   DUQUE,   alias  “Carlitos”;  horas más  tarde,  las  heridas  desencadenaron en la muerte de la víctima, ocurrida en el  Hospital San Juan de Dios.   

El  Instituto  Nacional  de Medicina Legal y  ciencias  Forenses, Regional Occidente, Seccional Quindío, frente al deceso del  señor   Juan   Carlos  Delgado  Bánquez, rindió la siguiente opinión pericial:   

CONCLUSIÓN…       Causa  básica  de  la muerte: SHOCK HIPOVOLEMICO (sic) POR HERIDAS  EN  PULMON  (sic) CAUSADAS CON ARMA CORTOPUNZANTE. Manera de la muerte: VIOLENTA  –HOMICIDIO2.   

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1.  El 3 de enero 2010, ante el Juzgado   Quinto  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías,    se   llevó   a   cabo   audiencia   preliminar   concentrada   de  legalización  de captura, la  cual  fue declarada ilegal por el funcionario judicial referido; sin embargo, se  procedió   con   la   formulación   de  imputación  en   contumacia   por   el   delito   de   homicidio   agravado   e  imposición  de  medida de aseguramiento en  establecimiento  carcelario,  para lo cual, el 27 de abril de 2010, se volvió a  capturar    al    indiciado   CARLOS   FERNEY   PALMA  DUQUE.   

2.  El 18 de enero  siguiente,  la  Fiscalía  15 Seccional Delegada ante  los  Jueces  Penales del Circuito de Armenia, presentó  escrito de acusación, por el  delito  de homicidio agravado,  imputado  en  calidad  de  autor,  contra  el  referido  procesado  CARLOS  FERNEY  PALMA  DUQUE;  en el mismo  pliego  de  cargos  se  enumeró, para efectos del descubrimiento probatorio, un  listado   de  ocho  personas  entrevistadas,  actas  e  información  legalmente  obtenida,  solicitados por el ente instructor, para su posterior introducción y  práctica en el juicio.   

3.  El 21 de mayo,  ante  el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Armenia  con  funciones  de  conocimiento,  se llevó a cabo la  formulación  de  acusación,  donde  las  partes  no solicitaron ninguna nulidad, incompetencia, impedimento o  recusación.   

4.  El 10 de junio  del   año   citado,   se   instaló  y  finiquitó  la  audiencia  preparatoria,   en   donde,   las  partes  descubrieron   sus   correspondientes   elementos   probatorios   testimoniales,  documentales   y  evidencia  física.  Así  mismo,  realizaron  las  siguientes  estipulaciones:   acta   de   inspección   técnica   del   cadáver,   informe  fotográfico,  derechos  a las víctimas (madre y esposa, quienes renunciaron al  trámite  del incidente de reparación integral de perjuicios); informe pericial  de   necropsia,   la   ausencia   de   antecedentes   y    el  arraigo  del  acriminado.    

5.  En dos sesiones  se   inició   y   llevó   a  término  la  audiencia  de  juzgamiento,  para  luego  finiquitar  la  primera  instancia con la lectura de  fallo,  en  el  que condenó a  CARLOS  FERNEY PALMA DUQUE, a  la   pena  de  cuatrocientos  (400)  meses  de  prisión, como autor material  del   punible   de   homicidio   agravado.   

Como sanción accesoria, lo inhabilitó en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso de veinte             (20)              años; así mismo, le negó la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

6. El 8 de abril de  20113,     el    Tribunal    Superior    de  Armenia,                  confirmó  la  decisión  recurrida por la  defensa técnica.   

7. A su turno, tanto  el  procesado  CARLOS  FERNEY PALMA DUQUE como  su  abogado,  impugnaron  en  sede  extraordinaria el fallo de  segunda  instancia  proferido  por  el Juez Colegiado;  días  después,  esto  es,  el 3 de junio de 2011, el  referido  apoderado  judicial,  presentó el correspondiente escrito; libelo que  la Sala entra a calificar.   

D   E   M   A   N   D  A   

El recurrente, se refirió a los hechos como  a      la      actuación      procesal;      luego,     elevó     dos  censuras contra la sentencia del Juez  Plural;  sin  embargo,  en el contexto de cada una, de forma incoherente  y  turbia, introdujo otros ataques.   

Primer        cargo:            Nulidad.   

Como se observa que el libelo se asimila a un  escueto  y simple memorial de instancia, esto es, confeccionado de manera libre,  genérica  y  subjetiva, la Sala lo resumirá en varios ítems, con el objeto de  facilitar   su   entendimiento,   comprensión   y   claridad,   pues   por  sus  planteamientos  vagos  y  ambiguos, de suyo, es imposible establecer y seguir un  orden  metódico,  conceptual  y  lógico,  como  se supone, debe acompañar una  embestida de estas magnitudes, en sede extraordinaria.   

1. Bajo la égida de  la  Ley  906  de  2004,  artículo  181,  afirmó  el  defensor que se violó el  debido   proceso,   porque  “no  existe  armonía  entre  la  formulación  de  imputación,  acusación,  lo probado en el juicio lo pedido por el fiscal en el  alegato  de  conclusión…  y  la  sentencia”, para  apoyar     su     tesis,     transcribió     de     manera    extensa    varias  jurisprudencias4,   sobre   la  concordancia  entre  acusación  y  sentencia.    

Anotó que se le atribuyó a su prohijado el  delito  de  homicidio agravado, pero sin especificar cuál era el motivo basilar  del  aumento  punitivo,  descrito  en los artículos 104 del Código Penal, pues  “la  imputación  versó por el delito de homicidio  (artículo  103)  agravado  por  el  motivo abyecto o fútil, sin que se hiciera  mención  a normatividad alguna… La acusación consistió en una circunstancia  de  agravación,  artículo  104,  sin  mencionarse siquiera en cuál numeral se  definía”5.     

Agregó el libelista que, nunca se determinó  la  calidad de autor, coautor o partícipe de su prohijado, por esto, él jamás  debe  responder “por ninguna forma de participación  y   tampoco   por   ningún  delito”,  porque   –con  tales  falencias-,  se  le  elevaron  cargos  con  base  en una circunstancia de  agravación,   no   demostrada   en   el   juicio;   menos   aún,  “se    mencionó    la    forma   de  culpabilidad”6;  por  tanto, no tiene idea el  jurista,  si  fue  a título de culpa, dolo o preterintención la atribución de  responsabilidad,    con    lo    cual,    se    vulneró    el    postulado   de  congruencia7;  además,  porque  la  Fiscalía  en  sus  alegatos finales, no se  refirió  a  la agravante imputada, en esas condiciones adujo, en absoluto puede  ser  condenado  “por  hechos  que  no consten en la  acusación”.     

2. En el mismo texto  dedicado  a  la  anterior  arremetida,  el  defensor  anunció  que  también se  violentó  el debido proceso en punto al descubrimiento probatorio: “temática  que  se proyecta sobre una  problemática  de  aducción  al juicio de unos elementos materiales de prueba y  su   utilización  en  el  juicio  oral”8.   

Ni  en  el  escrito  de  acusación o en las  audiencias   de   formulación   o   preparatoria,   el  Fiscal  “descubrió    entrevistas    de    ninguna   tipología”;  por  ello,  tales  desatinos, lo único que muestran es que se  violentó        el       debido       proceso9,    porque   “nunca     fueron     descubiertas    a    la    defensa”;      por      cuanto      “las  entrevistas”    suministradas   por   Rubén    Moreno    Ruíz   y  María  Lilia  Jiménez González, fueron  el  cimiento  de  los  fallos;  no  obstante,  nunca haber sido anunciadas en la  audiencia                preparatoria10.   

Para    el    libelista   se   presentó  “un         descubrimiento        probatorio  incompleto”,  violándose de paso, los postulados de  igualdad   de  armas,  objetividad,  lealtad,  imparcialidad  y  contradicción,  parcialidad11  “porque  no se permitió a la defensa  adquirir  el  conocimiento sobre un medio de prueba”,  contra  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  356  (desarrollo  de  la audiencia  preparatoria) de la normatividad instrumental acusatoria.   

3. En el mismo texto  argumentativo,   sostuvo   el   memorialista   que  se  produjo  “otro   yerro   de   garantía,   que   origina  la  nulidad  de  la  actuación”12,  al  degradarle  el Juez de  conocimiento  la  agravante  a  su  prohijado  sin estar probado en el juicio el  motivo  abyecto  o  fútil,  “y  fue  tan ilegal la  formulación  de  acusación,  que  desde  esa  misma  pieza  procesal  se viene  violando  el  debido  proceso y derecho de defensa, porque no se concretó cuál  era la causal concurrente”.    

Por  otro  lado,  tampoco  se  determinó el  móvil,  como  el  ánimo  de  lucro  o  promesa  remuneratoria: “Ello  no  quedó  definido  en  la  audiencia  de  formulación  de  acusación”, por ello, en su sentir, “nunca   se   motivó   la   decisión.13”   Entonces,   para   el  memorialista,    no   existe,   en   la   sentencia   atacada,   “razonamientos  de  hecho y de derecho, bajo los cuales se cimentaba  el  fallo  y  se  decía por qué se agravaba el delito de homicidio”;  con  estas  aseveraciones, consideró el togado, satisfecha la  argumentación            extraordinaria.14   

Segundo  cargo:  vía indirecta.   

1.  Bajo el amparo  del  artículo  181,  causal  3 de la Ley 906 de 2004, indicó el letrado que se  valoraron  unas  pruebas  “que no fueron aducidas en  el   juicio”;   después   de  transcribir  algunos  párrafos  del  fallo  expedido  por  el  Tribunal de Armenia, mediante el cual,  declaró  que  el  Juez  sí  podía estimar las entrevistas, justamente, porque  fueron utilizadas por los intervinientes en el juicio.   

Luego,   se  refirió  al  “reconocimiento  fotográfico” realizado  por  los  testigos  María Lilia González   y   Rubén   Montero  Ruiz,  que  en  su  opinión,  no  puede  ser apreciado para sostener el  reproche                    penal15,  pues  como se constató en  el  juicio  fue introducido por los patrulleros Andrés  Felipe  Cardona  Vásquez  y  Mauricio   Márquez  Narváez,  “pero  ellos  sólo  podían  dar  cuenta  de  los  requisitos  formales… más no de las exigencias  sustanciales…  porque  siempre  se ha considerado que ellos son una extensión  de     la     prueba    testimonial.”16    

Por   tanto,   como   lo   entiende   la  Corte17,        el        “reconocimiento  fotográfico”  debe ser introducido por los testigos  y   no  por  la  autoridad  que  realizó  la  prueba;  aquí  se  presentó  un  falso  juicio  de  legalidad,  “porque  se  incorporaron  al juicio unos elementos  materiales  de  prueba, sin la observancia de los requisitos legales”.   

Seleccionó,  en páginas siguientes, varios  apartados  de  la  sentencia cuestionada, con el fin de mostrar inconsistencias,  sobre  premisas  como  la  violación al principio de aducción probatoria, más  aún,  cuando  los  testigos  referidos  no confirmaron que su prohijado hubiese  sido  el  que acabó con la vida de Juan Carlos Delgado  Bánquez.   

2. Sostuvo, además,  que   también   se   presentó  un  falso  juicio  de  identidad,   porque   la   esposa   del   hoy  occiso  Gloria    Yaneth   Domínguez   Castaño,  adujo  los  motivos  del  reato,  pero  que  ella,  jamás estuvo  presente  en el acto homicida; a su turno, indicó que el testimonio aludido era  de  referencia  y,  a  pesar  de  ello,  las instancias dieron por demostrada la  agravante  equivalente  a  motivos  abyectos  o  fútiles;  entonces el Tribunal  realizó     “unos    agregados    gramaticales,  distorsionando  la  expresión  fáctica  de  la  testificación  de  la señora  Domínguez  Castaño,  quien nunca se refirió a la circunstancia de agravación  deducida  de  manera azas, haciendo claridad que nunca fue testigo de los hechos  que       llevaron       a      enfrentamientos18”,   entre   víctima   y  procesado.    

3. Un nuevo desatino  por  el  sentido inmediatamente anunciado, lo dedujo el memorialista en punto de  un    “erróneo    valor   probatorio”  dado a las entrevistas de María Lilia  Jiménez  y  Rubén  Montero  Ruíz,  porque  las  mismas  no pueden ser base de una  condena,    como   lo   sostuvo   el   Tribunal   de  Armenia  en otra decisión19,     que    no    aceptó  declaraciones rendidas fuera del juicio.   

Finalmente, peticionó que se requiere   desarrollo   jurisprudencial   en   las   siguientes   temáticas:  1)      entrevistas,      2) descubrimiento probatorio, 3)   igualdad   de   armas,  4)   idoneidad  y  transparencia  de  las  partes,  5) imparcialidad de  los  funcionarios  que  administran  justicia,  a  fin de que no se le agrave el  comportamiento  de  una  persona  “sin  el sustento  jurídico y probatorio pertinente”.   

C  O N S I D E R A C I O N E S   

1. Cuestión previa.   

La Corte viene señalando, que con la entrada  en  vigencia del  sistema  procesal penal acusatorio previsto en   la    Ley   906   de  2004,   se   amplió  el radio de acción para acceder al  recurso  extraordinario  de  casación, pues en la actualidad la impugnación es  susceptible  contra  decisiones  de  segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales    de    Distrito    Judicial  asignados  en  el  territorio  nacional,  atacando  los  fallos de  condena   o   absolución,   sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto  para  su  admisibilidad   el   quantum  mínimo  de  pena  descrito  en  cada  injusto  típico,  como  lo imponían las  legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  en el entendido que una de las obligaciones al  confeccionarla   es   demostrar   la   necesidad   de  intervención  de  la Corte para el logro de cualquiera  de los fines establecidos por el instituto.   

Siendo   ello   así,   el   Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  profesional  del derecho, pues integra cuatro aspectos teleológicos  que    se   traducen   en   el   espíritu   de   las   censuras:   (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,   causales  (debida  sustentación)  y   trascendencia;  excepto  cuando   la   Sala   advierta,   que  por  vigencia  de  derechos  y  garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  quebrantados, deba casar de oficio  la  decisión  del  Juez  Colegiado, desde luego, con base en motivos diversos a  los expuestos en la demanda.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia, ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el éxito de  la   demanda   en  el  nuevo  esquema  procesal  penal  acusatorio;    todo   lo   contrario,   el   recurso  extraordinario,   no  perdió  su  entidad  de  juicio  lógico-argumentativo,  pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes20,  rehacer,  modificar, readecuar o transformar el fondo de los ataques.   

La  Sala,  por  tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  una demanda  con el objeto de decidir de fondo el problema jurídico planteado,  ella  deberá sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales consagrados  en  el  artículo  184,  ordinal 2° de la Ley 906 de 2004, con el propósito de  demostrar    la    evidente    vulneración   a   los   derechos   fundamentales  constitucionales  de  los  intervinientes  con  la actuación penal; siendo ello  así,   se   deben  tener  siempre  presentes  los  principios  de  taxatividad,          claridad,        autonomía,       razón       suficiente,       no  contradicción,              limitación,          objetividad,  comprensión  y  precisión,  entre  otros,  para  –de la  mano  con  ellos-  desplegar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de  compendiar  en  el  ataque,  aquellos errores de juicio o de  actividad  en  los  que  pudieron  haber  incurrido  los  falladores,  a  fin de  evidenciar,  por  ejemplo, la efectiva e indiscutible normatividad jurídica que  debió  regir  el  asunto,  la  adecuada  y  legal  valoración  de  los  medios  probatorios    o    desentrañar   manifiestos   desfases   contra   el   debido  proceso.      

También  ha  indicado la jurisprudencia, en  diversas     oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    (v)   el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

De  cara al segundo referente inmediatamente  disciplinado,  se tiene que el  “interés” se  halla íntimamente relacionado al concepto de agravio, perjuicio  o  daño  que,  desde luego, tiene que afectar los derechos fundamentales de las  partes  con  la  decisión  por  ellos  recurrida  en  sede  extraordinaria; sin  embargo,  si  el  interviniente no sufrió ningún menoscabo real u objetivo con  el    fallo    atacado,   tampoco,   como   es   obvio,   tendrá   “interés”  en  cuestionarla, justamente, porque no habrá ninguna garantía que subsanar ni  se  podrá, por ende, restablecer alguna norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal de las llamadas a regular el caso, sencillamente porque  no   existe   vulneración   a   la   legalidad  del  proceso  en  sus  diversas  manifestaciones             cognoscentes21.   

2.  2. Ley     1395    de    2010.   

El      artículo      98    de   la  citada   normatividad   instrumental,   modificó  el  precepto  183 de la Ley 906 de  2004,  en  punto  de  las  exigencias  procesales  para  iniciar  el trámite de  casación,  por  tal  razón,  la Sala constata, que en el presente caso, se dio  estricto  cumplimiento  a  los  presupuestos  allí  plasmados,  por  parte  del  Tribunal    Superior    de    Armenia;  motivo  esencial  y  suficiente  para  continuar  el  estudio  del  libelo.   

3.     Caso     concreto.   

La           Corte  advierte que los ataques formulados  contra   la   sentencia   de   segundo   nivel   expedida  por  el  Tribunal  Superior  de Armenia, no reúnen  los  mínimos  presupuestos  de coherencia y lógica-argumentativa descritos por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda  presentada  por  el  defensor de  confianza  de  CARLOS  FERNEY  PALMA DUQUE  y,  por  esa  vía,  lograr  la  infirmación de la decisión  cuestionada,  en tanto, el jurista incurrió en graves, múltiples y exacerbadas  falencias,  las  cuales  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario de casación.   

Menos  aún  puede entenderse los reproches  como  nuevas  rutas  para confeccionar escritos de libre importe y, ensayar, por  ese  camino,  derrumbar  la doble presunción de acierto y legalidad inherente a  las  decisiones  concebidas  en  los  proveídos; tampoco consiste en añadir un  cúmulo  de  ideas  disgregadas  y  fragmentadas  en los libelos en búsqueda de  fines  jurídicos subjetivos o hipotéticos para asegurar un posible éxito, tal  como lo plasmó el memorialista.    

Como  metodología,  la  Sala  abordará el  estudio   de   los   ataques  en  bloque,  estableciendo  aquellos  puntos  más  sobresalientes  en cada uno, a fin de determinar de manera precisa los desatinos  de  mayor impacto lógico argumentativo, con el inmediato objeto de brindarle al  impugnante  suficiente  claridad  en  torno  a  los  dislates  presentados en su  escrito.   

Previo  a ello, se debe aclarar que, por lo  confusa  y  farragosa  demanda  de  casación,  a  la  Sala  no  le  fue posible  establecer  a  ciencia  cierta,  si  el defensor presentó 2, 3, 4, 5 o 6 cargos  contra  la  sentencia  de segundo nivel, sin embargo, se resumieron seis             (6)  en  un esfuerzo ingente por imprimirle  alguna coherencia y claridad al escrito.    

Sobre    la   violación   al   debido  proceso.   

Debe   ser  sustentado  por  nulidad,   la  cual,   no  se  puede  aproximar  a  cualquier  discurso  con  el  que  se pretenda su declaratoria, en  tanto,  ella  en  sí,  encierra,  unos presupuestos mínimos de argumentación,  precisión  y  alcance, sin estos, la arremetida contra la legalidad del proceso  queda huérfana, solitaria y carente de sentido.   

Es  preciso  indicar,  además,  que  cada  censura  presentada  por  este  sentido,  tiene  un  tratamiento  independiente,  debiéndose   identificar   la  clase  de  falencia  (estructura  o  garantía),  denunciando  el  sentido  en  forma  autónoma sin mezclar violaciones al debido  proceso entre sí, o al derecho de defensa (técnico y material).   

El  postulado  de  prioridad,  en  igual  forma,  debe  ser  el norte del  libelista,  con  el  objeto  de  precisar  qué  ataque  de  los  potencialmente  presentados     por     nulidad     –entre  varias  alternativas-  tiene  mayor  entidad  o extensión de  lesión  en  el  proceso;  desde luego, dicha labor es exclusiva del demandante,  pues  de prosperar el que reúna tales características procesales, superaría a  los  demás;  también  tendrá  como  labor  esencial,  pormenorizar las normas  sustanciales  virtualmente  vilipendiadas  y, desde luego, mostrar un desarrollo  inherente  a la legislación base de la censura, indicar la repercusión final y  trascendente  de  cada nulidad propuesta y señalar desde qué instante solicita  su  declaratoria,  sustentando las razones para ello, en cargos separados, desde  luego si son varios los embates.    

Lo precedente, por cuanto, la nulidad es un  remedio  extremo  que busca revertir el derecho quebrantado y dejar incólume la  estructura   del   proceso;  entonces,  es  compromiso  del  abogado  demandante  sustentarlo  en  ilación  con las pautas expuestas y demostrar objetivamente la  existencia  material de la violación junto con la correspondiente consecuencia,  pues  no  cualquier falencia que se alegue rompe el equilibrio procesal previsto  en el artículo 29 de la Constitución Nacional.   

Por  consiguiente,  si  se  quiere proponer  alguna,  por  ejemplo, como la alegada al debido proceso, incumbe señalar cómo  se  fracturaron  las bases legales, ya sea en su aspecto formal o conceptual, de  qué   forma  se  quebrantaron  las  garantías  exigidas,  cuáles  fueron  las  repercusiones  y  el daño causado con tales vulneraciones en desmedro de la ley  como  de  los sujetos procesales, hasta qué acto procesal y por qué en el caso  indicado   habría   que  retrotraer  lo  actuado  en  instancias;  entre  otros  presupuestos,    descritos   ampliamente   por   la   jurisprudencia22.   

No   pudiendo  olvidar  el  defensor  los  principios      que      las      rigen      como     el     de     taxatividad (sin norma precedente y exacta  jamás  se  podrá  alegar  alguna  nulidad), de él dependen y se enmarcan para  generar   su  pertinencia;  convalidación,   finalidad  de  los  actos,  por  mencionar  algunos,  a fin de fortalecer la infirmación del  último   fallo:   tópicos   a  los  que  jamás  se  refirió  el  demandante.   

Ellas, además, se rigen por el postulado de  trascendencia en sus diversas  connotaciones  epistemológicas;  por  un  lado,  la  exclusiva  irregularidad o  menoscabo  a  la  ley,  no  es  presupuesto dominante para su configuración; se  requiere,  en  segundo lugar, el efectivo detrimento, perjuicio o lesión de los  derechos  y  garantías  adquiridas  por  los  intervinientes  o  partes  en  la  dinámica  judicial;  en  tercer   término,  es  obligación  del  jurista  mostrar  en  interés  legal  de  su  representado  las  bondades,  beneficios y  ventajas23 del ataque propuesto.   

Cada caso de estudio deberá someterse a un  nuevo  escrutinio  o  filtro  jurídico,  en  pos  de  evidenciar  si la nulidad  corresponde  declararla total o parcialmente: esta última opción, entre otras,  trae  consigo  ordenarla en la sentencia de casación cuando su efecto jurídico  se  pueda  conjurar  o  desglosar  desde  este concluyente pronunciamiento de la  jurisdicción  ordinaria,  es  decir,  en cuanto sus consecuencias procesales se  puedan  normalizar, enderezar y reivindicar excluyendo el vicio sin necesidad de  retrotraer  lo  actuado.; lo cual dependerá del momento procesal en que se haya  materializado   o   generado   la  infracción  a  la  normatividad  sustancial.   

Siendo ello así, la transgresión al debido  proceso  o  al  derecho  de  defensa  (técnico  o material), debe ser de bulto,  grosera,  que  pretermita  u  omita un acto procesal distinguido por la ley y al  que  obligatoriamente  los  funcionarios deban acceder, desde luego, evitando su  no   conculcación   o,   si   se  quiere,   garantizándole  los  derechos  constitucionales  fundamentales  a  los  intervinientes,  en  todos  los frentes  judiciales.   

Son múltiples, complejos y exacerbados los  desafueros que presenta la demanda:   

Primero:   la  violación  al  debido  proceso (nulidad), jamás puede asimilarse con cualquier  criterio  aislado,  subjetivo  y  genérico,  sino con fundamento en los motivos  previamente   determinados   por   la   ley   y   con   ocasión  al  desarrollo  jurisprudencial  que  la  Corte  vaya  realizando;  por tanto, las pautas atrás  descritas,   fueron  abandonadas  de  manera  sistemática  e  integral  por  el  libelista,  tanto  que ignoró, por ejemplo, señalar desde qué acto tenía que  enderezarse  la  actuación,  jamás  fijó  las consecuencias inmediatas con la  violación  y  para  rematar  sus  desaciertos,  realizó  una  mezcla de temas,  conceptos  y  actos  procesales que de verdad desbordan una verdadera arremetida  en sede extraordinaria.   

Segundo: atiborró  la  censura  con  criterios  personales,  subjetivos  y  fuera de contexto, como  aquellos  alegados  en  punto  de  la  culpabilidad,  formas  de  participación  criminal,  pruebas  avaladas para ser introducidas en el juicio por las partes y  agravantes;  o  cuando  sostuvo  que,  el  aquí  condenado,  nunca perpetró el  homicidio  a él imputado y, por todo esto, se le conculcaron sus derechos; esta  forma  de  presentar  un  ataque,  no  es de recibo desde ningún punto de vista  jurídico,  pues  un  quehacer  jurídico  de  este  talante, se identifica a un  sistemático   desprecio   de  las  prototipos  jurisprudenciales  expuestos  e,  incluso,  condensó  sus  pretensiones como si se tratase de un alegato de libre  factura,     desde     luego,     insustancial     y     prescrito    en    sede  extraordinaria.   

Tercero: interpuso  su  opinión  personal, hipotética, conjetural y subjetiva sobre el criterio de  instancia,  verbigracia,  cuando  manifestó  que  con  base  en  las decisiones  judiciales  cuestionadas  por  él, no se podía entender si su pupilo jurídico  actuó  con  culpa,  preterintención o dolo, lo cual, deja en el banquillo toda  la  teoría  del  delito  y  la  dogmática que con claridad meridiana, desde la  opinión  pericial  plasmada  en la necropsia, las diversas pruebas generadas en  el  juicio  hasta  los  alegatos  finales  expuestos  por  el Fiscal, le estaban  demostrando, como es obvio, la intención homicida.   

Cuarto:  se  identifica  este nuevo yerro, con la  evidente     vulneración     del    postulado    de  autonomía  que  rige  el  recurso  de  casación,  al  sustentar  la  censura  propuesta  por  nulidad,  en el sentido de violación al  debido  proceso, en un mismo texto argumentativo, con errores propios de la vía  indirecta  de  violación  de la ley como el falso juicio de legalidad, el falso  juicio  de  identidad  y alternarlos con infracciones al derecho de defensa, sin  determinar  si  era material o técnica: combinación letal, por ser excluyentes  los  presupuestos  de  unos  y  otros,  lo  cual  se  patentizó en los diversos  enunciados  de  la  demanda;  por  cuanto, en el error de hecho, por ejemplo, se  ataca  la identidad, existencia o apreciación de los medios, sin ser procedente  acudir  a  alguna  causal de nulidad para su prosperidad o articular el discurso  con  desafueros  de  derecho de cara a la legalidad de los medios; lo cual, como  es obvio, muestra un escrito farragoso y de suyo extravagante.   

Como  puede  entenderse,  el  impugnante no  expuso  alguna  idea conforme a las pautas establecidas para someter el criterio  plasmado  por  la  judicatura  y  elevarlo  a  los falsos juicios anunciados, en  tanto,  de ningún modo demostró el daño irreparable a la ley sustancial, más  bien  lanzó una diatriba en oposición al criterio judicial, con ello, divulgó  lo  insustancial  de  su  arremetida,  cercenando  de paso, cualquier coherencia  argumentativa.   

Quinto: violentó  el   postulado  de  corrección  material  que  rige  el  recurso  extraordinario, pues al cotejar la Sala la  demanda  impetrada  a  favor  de  CARLOS  FERNEY PALMA  DUQUE,  con los contenidos objetivos y literales de la  decisión  atacada,  se  observa  que  el  memorialista  desdeña  y  repudia lo  plasmado  por  la  judicatura,  circunstancia  que  vulnera de tajo el axioma en  estudio,  según  el  cual, las razones, fundamentos y contenidos argumentativos  diseñados  en  la  censura  deben  ajustarse  en  un todo a la verdad procesal,  cuestión   que   aquí   no   sucedió  al  demandar  el  togado  una  supuesta  inconsonancia  entre  el  escrito de acusación y el fallo último, de cara a la  agravante  degradada  por  las  instancias,  lo  cual, de manera objetiva, no se  compadece con la realidad procesal.   

Entonces,   si  los juzgadores exceden los límites jurídicos fijados  objetivamente  por  el  ente  fiscal  en  el  escrito de acusación, como cuando  (i)  imponen una pena por un  injusto    diverso,   (ii)  insertan   circunstancias   de   agravación   -genéricas  o  específicas-  no  atribuidas      en     ese     complejo     acto     procesal,     (iii)    excluyen    atenuantes    allí  registradas,  (iv)  dejan de  examinar  una  o  varias  infracciones  sobre  las que le era obligado emitir su  juicio   o  (v)  transforman  desfavorablemente  el  nivel de culpabilidad, entre otros eventos, se vulnera el  postulado   de  congruencia  previsto  en  el artículo 448  de     la     Ley     906    de    2004.   

Con el fin de sustentar en debida forma este  sentido  de  ataque,  es imprescindible precisar en el libelo el vicio en el que  incurrió  el  fallo,  lo  cual ha de hacerse a través de la comparación entre  los  dos  actos procesales (escrito de acusación y sentencia), con el inmediato  fin  de  demostrar  si  la  ausencia  de  correspondencia,  afinidad  e  identidad se relaciona con los hechos  antijurídicos     (unidad     fáctica)   o  con  la  precisión  de  la  conducta  punible  (unidad  jurídica),  indicando  de  manera  precisa  por  qué  se debe quebrar el fallo objeto de censura, desde luego, con  respeto  irrestricto  a  los límites normativos propuestos por la fiscalía: lo  precedente  fue  ignorado  de  manera integral por el togado, a pesar de traer a  colación  múltiples  jurisprudencias,  que  le  estaban  indicando la forma de  elevar un ataque de estas magnitudes.   

Sexto:  sin  que  se entienda como una respuesta de fondo, sino en virtud  del  ejercicio  pedagógico  que  viene  realizando la Sala de tiempo atrás, se  traerán  a  colación,  algunos  apartes  de las actuaciones de instancia, para  brindarle    mayores    elementos    de   juicio   al   recurrente   sobre   sus  desatinos.   

a)  El escrito de  acusación  se  elevó  por  el  delito  de  homicidio  agravado  conforme  al  artículo 104, numeral 4 de la  Ley  599  de 2000, exactamente por “motivo abyecto o  fútil”;  mismo  reato  por  el  que  fue condenado;  cuestión que desconoció de manera flagrante el memorialista.   

b) En la audiencia  de  formulación  de imputación celebrada el viernes 21 de mayo de 2010, por el  Juzgado   Tercero  Penal  del  Circuito  de  Armenia  (Quindío), el instructor una vez elevó la acusación  en  los términos atrás descritos, descubrió como elementos probatorios, entre  otros,  las actas de reconocimiento fotográfico y videográfico de 6 de octubre  de  2009,  generadas  por  los  testigos María Liliana  Jiménez  González  y Rubén  Montero  Ruíz;  así  mismo,  peticionó  sus declaraciones a fin de ser acreditadas  en el juicio.    

c)  Sostuvo  el  Tribunal  que  no  le  asistía  ninguna  razón  al  recurrente para atacar las  “entrevistas” previas al  juicio  tomadas  por  los  funcionarios  de  la policía judicial a los testigos  presenciales  de  los  actos  prohibidos  María Lilia  Jiménez  González  y Rubén  Montero  Díaz, con base en variadas decisiones de esta  Sala,  que  en  esencia  enseñan que el procedimiento penal colombiano de corte  acusatorio  es  relativamente flexible en esta materia, tampoco existe un único  momento  procesal  para  realizar  el  descubrimiento  probatorio y los aludidos  testimonios  los  anunció la fiscalía desde el mismo momento de la acusación,  omitiendo  relacionar  las  “entrevistas”  a ellos tomadas; en la misma línea, afirmó el Juez Colegiado:   

Así   lejos   de   los  argumentos  esbozados  por  el  juzgador  de  primer  nivel  con  el  propósito de eliminar  cualquier  vestigio  de  irregularidad  en  torno  a  la utilización que de las  entrevistas  vertidas  por  los  señores  MONTERO DÍAZ y JIMÉNEZ GONZÁLEZ se  hiciera  en  desarrollo  dl  juicio  oral  a  petición de la Fiscalía y con la  autorización   del   Juzgador   una   vez  las  puso  en  conocimiento  de  los  intervinientes,  entre  ellos,  la  defensa,  y  les  permitió  referirse a las  mismas,  optando  por  facultar  a  la  Fiscalía como a la defensa para que las  usaran    en    desarrollo    del    interrogatorio    y   contrainterrogatorio,  respectivamente.   

Lo  anterior  fue lo que ocurrió. No otra  conclusión  se deriva del examen de la actuación, y concretamente del registro  de  la  audiencia  de  debate  oral,  en  el (sic) que se constata que el señor  Fiscal,  luego  del  anuncio que en desarrollo de sus  deponencias  hicieran  los  investigadores  de  policía judicial ANDRÉS FELIPE  CARDONA  VÁSQUEZ  y  MAURICIO  MARQUEZ  NARVÁEZ  en  el  sentido  que  habían  recepcionado  entrevistas  a  los  señores  MARÍA  LILIA  JIMÉNEZ GONZÁLEZ y  RUBÉN  MONTERO  DÍAZ  y concretamente al percatarse de la retractación por la  que  estos  en  su  condición  de testigos de cargo optaron, se vio precisado a  anunciar   que   tenía  en  su  poder  los  relacionados  elementos  materiales  probatorios,  contentivos  de una versión opuesta a la que en el curso de dicha  diligencia         estaban         vertiendo24.   

Acto seguido, el Tribunal apoyó su tesis en  una                  jurisprudencia25,  en  la que se dijo que las  entrevistas,  la declaración jurada y el interrogatorio no se pueden considerar  pruebas  porque  se  generan  por  fuera  del  juicio;  pero una vez acopiadas y  aseguradas  pueden  aprovecharse en el debate oral para dos objetivos concretos:  el  primero,  refrescar  la  memoria  del  testigo  a  tono  con  los contenidos  normativos   del   precepto   392   sobre   las   reglas   del   interrogatorio,  específicamente     citó    el    numeral    d)26;  el  segundo, para impugnar  la  credibilidad del testigo ante evidentes contradicciones, para lo cual, citó  los    artículos    347  (procedimiento   para  exposiciones),  393  (reglas  para  el contrainterrogatorio27)    y    el   403  (impugnación  de la credibilidad del  testigo).     

Entendió el Juez Plural que la declaración  previa  no  puede  ascender al juicio como prueba autónoma e independiente, por  el  contrario,  su  finalidad  se  circunscribe  a  la utilización en el debate  probatorio  para  medir  la  credibilidad  de las afirmaciones arrojadas por los  testigos;  sin  olvidar  que  los  funcionarios  deban  ignorar tales contenidos  expositivos,   pues  son  permitidos  por  la  ley,  cuando  con  su  lectura  y  contradicción  se  materializan  los postulados que rigen las pruebas en la Ley  906 de 2004.   

Entonces,  ante  la  retractación  de  los  declarantes  presenciales  de  los hechos, se vio compelido el Fiscal a poner en  conocimiento  del  Juez tales elementos materiales probatorios, significativos y  de  gran  relevancia para impugnar su credibilidad; momento en el cual, es decir  en  el  desarrollo  del  juicio,  el  funcionario  judicial, decidió aceptarlas  porque  en  su  concepto  no se estaba sorprendiendo a la defensa, toda vez que,  este  interviniente desde el escrito de acusación tenía plena comprensión que  María   Lilia   Jiménez   González   y   Rubén   Montero   Díaz,  eran  testigos de la Fiscalía y, con base en ello, el instructor  podía   –en  un  momento  dado-   utilizar   las   entrevistas   para  impugnar  la  credibilidad  de  sus  atestaciones.        

También  se  adujo,  en  las  reflexiones  plasmadas    por    el    Tribunal    Superior   de  Armenia,  de  cara  al  tema  objeto  de  estudio,  lo  siguiente:   

Acá   debe   entonces   precisarse  que  ciertamente  la  fiscalía  a  través  de  la Policía Judicial, cuyos miembros  vertieron  en  el  juicio su testimonial recepcionó las enunciadas entrevistas;  que  las  mismas  no  fueron  descubiertas,  pero  sí puestas de presente en el  juicio   y   ordenada  su  utilización  por  el  juzgador,  finalmente  con  la  connivencia  de  la  defensa  toda  vez  que ésta no acudió a los mecanismos e  instrumentos  con  los  cuales contaba a fin de enervar aquella orden, pues bien  pudo  el  mandatario  judicial  invocar,  atendiendo a lo descrito por el inciso  final  del  artículo  344 de la ley 906 de 2004, la exclusión de aquellas y de  esa  manera,  una vez dispuesto lo pertinente por el Juzgador, en caso de ser la  respuesta  contraria  a  su  interés, impugnarla con fundamento en lo señalado  por  el  numeral  5  del artículo 177 del C.P.P., sin  embargo,  como  ello  no  ocurrió  porque  la  defensa  no hizo uso de aquélla  facultad,  terminó entonces participando en la recepción de los testimonios en  comento  y  cuando  se  le  otorgó  el  uso  de  la  palabra  para  ejercer  el  contrainterrogatorio   abordó,   como  la  Fiscalía,  los  protocolos  de  las  entrevistas  en  cita,  esto  en  el  caso concreto de la deponente MARÍA LILIA  JIMÉNEZ  GONZÁLEZ  donde utilizó la entrevista para cuestionar a la deponente  en  torno  a su en realidad la había rendido, sí reconocía como suya la firma  allí  contenida  si  había  escuchado lo que el Fiscal le había leído de tal  acto  de  investigación  y si era verídico lo allí consignado, salvaguardando  así  con  su  propia actividad el derecho de defensa y la integridad del juicio  tal  y  como  lo contempla la primera norma enunciada.   

De  suyo  debe asumirse además, que en la  medida  que  los  miembros  de  policía  judicial  que  recepcionaron (sic) las  entrevistas  concurrieron  al  juicio  a  rendir  su  testimonio; que las mismas  fueron  puestas  de  presente  en el debate oral a quienes las vertieron y sobre  ellas   brindaron   explicaciones;   la   defensa   tuvo   la   oportunidad   de  contrainterrogar  y  conocer  los  referidos protocolos en desarrollo del debate  oral,  y a su manera ejercicio ese derecho; por lo tanto, ninguna duda aflora en  cuento  (sic)  que se satisficieron los principios de inmediación, publicidad y  contradicción  de  la  prueba en su integridad, entendida ésta en términos de  los   testimonio  vertidos  en  armonía  con  el  uso  de  las  entrevistas  de  rigor.   

En  otras  palabras,  podríamos  afirmar  entonces,  que la defensa legitimó el ingreso de las entrevistas al juicio oral  y  una  vez  agotada  la  recepción  de  los  testimonios en la forma indicada,  correspondía  al  Juzgador  valorarlas  como finalmente lo hizo ingresar en ese  especificó campo.   

Por  manera  que, satisfecha así la tripe  exigencia   constitucional  de  publicidad,  inmediación  y  contradicción  de  acuerdo  con  el  artículo 250, numeral 4º de la Carta Política, sin que ello  implique  que las declaraciones previas enunciadas entren al juicio como pruebas  autónomas,  el  juez  podía valorar en sana crítica, como en efecto ocurrió,  todos   los   elementos   que   al   final   del   adecuado   interrogatorio   y  contrainterrogatorio   ejercido   por  las  partes,  entraron  a  conformar  los  testimonios  recibidos en su presencia, pues lo declarado en el juicio oral, con  inmediación   de   las   manifestaciones   contradictorias  anteriores  que  se  incorporaron  a  éste,  junto  con  las  explicaciones  aducidas  al  respecto,  permiten  al  jugador  contrastar  la  mayor  veracidad  de  una y otras, en una  apreciación  conjunta  con  los  restantes  elementos de juicio incorporadas al  debate  público;  por  ello, se despacha desfavorablemente la pretensión de la  defensa,  orientada  a la valoración de los testimonios de los esposos JIMÉNEZ  GONZÁLEZ  y   MONTERO  DÍAZ,  prescindiendo de las versiones anteriores y  que  sin lugar a dudas, son diametralmente opuestas a las ofrecidas en el juicio  oral.   

Por  tanto,  dadas  las  circunstancias  e  incidencias  que  rodearon este episodio, la Sala estima que las entrevistas por  haber  sido  utilizadas  por  las  partes,  obligaban  al  Juzgador  de  primera  instancia  a tenerlas en cuenta y disponer las consecuencias que emergían de la  prueba    practicada    en    el    juicio    oral28.   

Como se puede contemplar objetivamente, con  las   reflexiones  del  Tribunal,  el  defensor  apoyó  sus  tesis  en  simples  pretensiones  de  instancia,  sin  que erigiese un verdadero ataque a los fallos  condenatorios,   véase   por   ejemplo,   su   olvido  en  trabajar  contenidos  jurisprudenciales  y normativos descritos por el Tribunal, con ellos, se hubiese  percatado  de  la  trascendencia  o  no  de  sus  propuestas  e,  incluso, haber  verificado    los    postulados    que    rigen    la    declaratoria   de   las  nulidades.   

Séptimo: La Sala  viene  insistiendo  que  cuando  se promueve un ataque por error de derecho,   en   sentido  de  falso  juicio  de legalidad, se debe atacar  de  manera  ineludible,  la  naturaleza  jurídica  del medio cuestionado, en su  doble  connotación:  i)  se  genera  un  aspecto positivo,  cuando  la  judicatura  le  concede  validez  suasoria a una prueba sin tenerla,  puesto  que,  como  es obvio, incumple las exigencias formales de su producción  disciplinadas   en  el  estatuto  instrumental  y  ii)  se   presenta   el  aspecto  negativo,   a   la   inversa,  esto  es,  cuando  los  funcionarios  judiciales  la  refutan  porque en su sentir procesal, no observan  los  presupuestos  legales  para su eficacia normativa, siendo que de verdad los  cumple29.   

Desde  luego,  aquí  no  para  todo,  es  menester,  en  forma  posterior, que el jurista disuada a la Sala, de la mano de  la  valoración en conjunto del restante plexo probatorio, de cuál es el efecto  jurídico  que pretende al descubrir el yerro aludido, con tal fuerza persuasiva  que,  objetivamente demuestre la urgente necesidad, de variar el rumbo jurídico  de la decisión atacada.   

El libelista no acató las reglas exhibidas,  las  ignoró  en  todo  su  contexto, dejando en el absoluto olvido, el trabajar  temas  como los siguientes: 1)  momentos  procesales básicos en los que el legislador permite el descubrimiento  probatorio,     2)    su  obligatoriedad,  excepciones  si las hay, 3)  demostrar  de  qué  manera los juzgadores valoraron como pruebas  autónomas  e  independientes  las  entrevistas,  aunado  a  la confrontación y  contradicción  que  se  presentó en el juicio con los testigos presenciales de  los  actos  antijurídicos, 3)  debió  cotejar  su actuación en instancia sobre el principio de convalidación  de  las  nulidades  y 4) si el  defensor  igualmente  hizo uso de las entrevistas señaladas por él de ilegales  en  el  contrainterrogatorio  para  dejar  sin  validez  sus contenidos en ellas  vertidos,  le  asistía  la  obligación  de  demostrar  por  qué  su  quehacer  jurídico   no   convalidaba   o   acreditaba   los  principios  de  publicidad,  inmediación,  confrontación  y  contradicción,  tanto,  como para excluirlas,  según su propuesta, en esas precisas condiciones procesales.   

Octavo:  El falso  juicio  de  identidad,  debe  ser  motivado teniendo en cuenta, precisamente, la  identidad   de  las  pruebas;  las que –por   esta  vía-  pueden  socavarse  de  tres  formas  distintas  e  incompatibles:   

a) Por falso       juicio      de      identidad      por      tergiversación, al cambiarle el juzgador  el  sentido  literal  a  la  prueba, b) falso juicio de  identidad   por   adición,  consistente  en  que  se le añade a la misma aspectos fácticos no comprendidos  en  ella, c) falso juicio de identidad por cercenamiento,  se    descubre    cuando  se   exime   del   contexto   probatorio   hechos   o  circunstancias      esenciales     –incluidos,  como  es  obvio, objetivamente en el medio- que al haber  sido suprimidos, desquician y trastocan la decisión del juzgador.   

En las tres modalidades se muda textualmente  la  prueba  para  ponerla  a  decir  lo  que  ella,  en  su  propia naturaleza y  condición  no  dice,  muestra  o enuncia; vicio, desde luego, que conlleva a la  declaratoria   de   una   verdad   fáctica   diversa  a  la  revelada  por  los  falladores.   

De  igual  forma,  es  dable aclarar que no  cualquier  medio cumple tales exigencias jurisprudenciales, pues cada sentido de  ataque  conlleva implícitamente una estructura trascendente que debe incidir de  manera  concluyente  en  la decisión cuestionada, verbigracia, si se cercenó o  tergiversó  algún  contenido  testimonial, el mismo tuvo que ser equivalente y  consecuente  en la toma de la decisión cuestionada, para tenerse como tal y, de  ahí consolidar una nueva valoración del plexo probatorio.   

Cuando el memorialista indicó que la esposa  de  la  víctima  no  estuvo en el lugar de los hechos, que era un testimonio de  referencia  y  que  mediante  ella  se acreditó la causal de agravación de los  motivos  abyectos  o  fútiles,  nunca  demostró  de  la  mano  de  las  pautas  esgrimidas  en precedencia, cuál era el objetivo esencial de su ataque por esta  vía,  relegando  de  contera,  todos  sus contenidos e imponiendo sus opiniones  como  si se tratase de un escrito de libre instancia, desde luego, insustancial,  en casación.   

Y si el aludido ataque, también fue traído  para  derrumbar  las  declaraciones  vertidas  en  el  juicio  por  María   Lilia   Jiménez   y  su  esposo  Rubén  Montero  Ruíz y, de  paso,  las  entrevistas  previas otorgadas por ellos a la policía judicial, con  las  que  la fiscalía impugnó la credibilidad de sus testimonios en el juicio;  aquí  también,  equivocó  su razonamiento el jurista, pues un “erróneo   valor  probatorio”  a  ellas  imprimido,  no  es  la ruta idónea para enrostrar un yerro de tales magnitudes,  menos,  si jamás indicó algún sentido de constatación objetivo que prevé la  causal enunciada.   

Noveno:  en  el  contexto  de  las  censuras,  trajo a colación un sinnúmero de temáticas para  sustentar  sus  cuestionamientos  a  los fallos condenatorios, dejándolos en el  vacío   jurídico,   sin   un  desarrollo  adecuado  ni  vinculándolos  a  sus  pretensiones  esenciales,  por ejemplo, cuando se refirió a la transparencia de  las  partes,  a  la imparcialidad de los funcionarios, a la igualdad de armas, a  la  idoneidad,  lealtad y transparencia; fueron pues, diseminados en el contexto  de   su   escrito,   sin  atarlos  coherentemente  a  una  verdadera  arremetida  extraordinaria.     

Décimo: de cara a  las  reflexiones del Juez Plural en atención a las supuestas irregularidades de  los  reconocimientos fotográficos, materia de alegación por parte del defensor  en  casación;  aquí  también  desconoció  lo  argumentado  por  la instancia  superior,  con  base  en  una decisión de esta Sala30,  pues  la  omisión  de  no  realizar  la  identificación  del  inculpado  en  fila de personas –según   la   magistratura-   no   es  trascendente  porque  el  acriminado  era una persona conocida para los testigos  presenciales  de  los  hechos;  el  haberles exhibido siete fotografías tampoco  reviste  ninguna  irregularidad según las voces del artículo 252 de la Ley 906  de   2004  y  la  introducción  al  juicio  de  tales  medios  -amen  de  haber  seleccionado  una  ruta  de  ataque equivocada- por el investigador Mauricio  Márquez  Narváez  y no por los  deponentes  directos  de los sucesos como lo propuso el togado, no tiene asidero  jurídico, en palabras de los funcionarios judiciales:   

… tampoco implica desconocimiento de las  reglas  de aducción probatoria, pues lo único realmente indispensable, era que  los  mismos  comparecieran  personalmente  al juicio a ratificar o rectificar el  señalamiento  y  la  identificación practicada en la investigación, y como se  desprende  del  registro,  esa  circunstancia  se  verificó  en la audiencia de  debate  oral  con  los señores GONZÁLEZ JIMÉNEZ y MONTERO DÍAZ, al punto que  el     defensor    ninguna    observación    hizo    al    respecto”31.    

Undécimo: por otro  lado,  desconoció  el  censor  toda  la  prueba incriminatoria valorada por las  instancias,  con  la  que  se  condenó a su prohijado, como los declarantes SI.  Andrés    Felipe    Cardona    Vásquez,   el   patrullero   Mauricio   Márquez  Narváez     (quienes     realizaron    actividades  investigativas,  recopilaron  evidencia,  entrevistaron  a testigos presenciales  que  en  el  juicio  se  retractaron; ubicaron a Gloria  Yaneth  Domínguez Castaño, esposa del hoy occiso, que  narró  el motivo de los constantes enfrentamientos físicos entre su compañero  y  el  procesado,  generados  por  el  maltrato  que  este  último le daba a su  sobrina;  la  forma  como  fue ultimado según a ella le informaron María  Lilia  y  Rubén  al  día  siguiente de los hechos; muestran la  sinrazón  del  jurista  quien  exclusivamente se contentó con alegar fallas en  aducciones  probatorias,  inconsonancias  típicas y desafueros en la actuación  fiscal,  que  no  fueron  presentados  de manera lógica y argumentativa como lo  tiene sentado la jurisprudencia.   

En  las  valoraciones  realizadas  a  los  testigos  presenciales  de  los hechos, quienes aceptaron todos los contenidos a  ellos  leídos  en  el  juicio según sus entrevistas, pero negando que hubiesen  identificado       a      “Carlitos”  como  el  autor  del  homicidio  y  su posterior reconocimiento  fotográfico;   de   la   mano   de   una   sentencia  de  casación32,    el  Tribunal   aseveró:    

En  aras de dilucidar la divergencia antes  anotada,   reitérese  que  si  bien  los  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia  física  en  las  etapas  de  indagación e investigación, no tienen  efectos  de  manera  autónoma  en  el  juzgamiento,  es  decir,  no sirven para  fundamentar  una  sentencia  en  la  medida  que  ésta  se debe cimentar en las  pruebas  practicadas  y  controvertidas en presencia del juez en observancia del  principio  de inmediación previsto en el artículo 379 del C.P.P., también   lo   es   que   aquéllos  tienen  la  potencialidad  de  convertirse  en prueba si son presentados en el juicio oral, siempre y cuando en  desarrollo   del   enunciado  principio,  el  responsable  de  la  recolección,  aseguramiento     y    custodia    declare    ante    el    juez    –testigo   de  acreditación-  o  los  testigos  o  peritos  se sometan al interrogatorio y contrainterrogatorio de las  partes. (…)   

Debemos  tener en cuenta asimismo, que los  dos  testigos  en  cita  a  pesar de admitir que habían rendido las entrevistas  reseñadas  y  haber  reconocido los protocolos contentivos de las mismas, luego  de  que  se  les hicieran las lecturas respectivas por aparte del señor Fiscal,  terminaron  admitiendo  que  todo  lo  allí  consignado era cierto, excepto, la  alusión  que  allí  se  hace  respecto al victimario, aserción que como se ha  visto,   resulta   ostensiblemente   alejada   de   la   realidad,  pues,  no  es acorde con las reglas de la lógica que a pesar de no  haber  hecho mención a que CARLITOS el que agredió al señor DELGADO BÁNQUEZ,  suministren  una  clara y detallada descripción física del mismo, el nombre de  su  progenitora  y  su  lugar de residencia con total seguridad, respaldando sus  dichos   en   el   hecho  de  conocerlo  desde  hacía  cerca  de  cinco  años,  destacándose  que  si  bien  intentaron  endilgarle  a  los  entrevistadores la  indicación  del  nombre,  el señor MONTERO DÍAZ al final de su deponencia fue  muy  evidente en ocultar la realidad al pedir con posterioridad al Fiscal que le  recordara  nuevamente  las  implicaciones  de  declarar  bajo  juramento  y ante  pregunta  que  éste  le  formulara  en el sentido de que si en la entrevista se  habían  consignado  manifestaciones  que  él  no  había hecho, respondió que  sólo   quería   decir   que  ellos  –los  deponentes  de  cargo-,  nunca le dijeron a los señores de la  SIJÍN    (sic)    que    iban   a   ser   testigos.  (…)   

En  este  orden  de ideas, en criterio del  Tribunal,  son  los  primigenios  señalamientos  hechos por los dos testigos en  comento,  los  que sumados a los aspectos relevantes de los cuales dieron cuenta  en  el desarrollo de sus declaraciones juradas vertidas en desarrollo del juicio  oral  y  a  los  antecedentes  relatados por la señora GLORIA YANETH DOMÍNGUEZ  CASTAÑO,  así  como  a  las  circunstancias  de las que con posterioridad tuvo  conocimiento  y  que bien pueden ubicarla como una testigo de oídas, permiten a  la  Judicatura arribar al conocimiento más allá de toda duda en el sentido que  el  señor CARLOS FERNEY PALMA DUQUE fue el autor del homicidio en perjuicio del  señor     JUAN     CARLOS    DELGADO    BÁNQUEZ33.        (Todos los subrayados fuera de texto).   

Por  lo  precedente,  el  Juez  Plural,  al  valorar  la  prueba  en  conjunto,  hizo  caso omiso a las retractaciones de los  testigos,  por  lo  inverosímil  de sus explicaciones al culpar, por ejemplo, a  los   funcionarios   de   policía   judicial   del   señalamiento  directo  de  “Carlitos”   al  aquí  procesado,  entre  otras circunstancias, como la excusa de haber estado ocupados  en   otros   quehaceres   domésticos  o  laborales,  para  evadir  detallar  la  sindicación  directa  del autor del acto homicida. Nótese que el memorialista,  jamás  trabajó  los  temas  descritos atrás por la instancia superior, con lo  cual,  dejó  sus afirmaciones en el vacío: simples  y escuetos enunciados  sin   ninguna   virtualidad   de   variar   la  decisión  cuestionada  en  sede  extraordinaria.   

Duodécimo:  los  fallos  de  instancia  pueden ser censurados en atención a la transgresión del  debido  proceso y el menoscabo al derecho de defensa, en punto a su motivación,    en    cuatro   sentidos:   

i) Por ausencia  absoluta  en virtud de ella, las  instancias    omiten    pormenorizar    por    completo    la    fundamentación  fáctica-jurídica de la sentencia.   

ii)    Por  deficiencias parciales de los  necesarios  elementos  probatorios y normativos, los que al desconocerse, tornan  la     decisión     precaria,     insuficiente     e     incompleta,   

iii)    Por  ambigua  argumentación,  la  cual  se  traduce, en contradictoria, equívoca, confusa, ambivalente, dilógica  e  imprecisa,  razón principal para que colapsen sus proposiciones al revelarse  incoherentes,    excluyentes    e   ininteligibles34; este sentido de ataque, por  su  naturaleza,  no  se  identifica  con yerro de actividad, como los restantes,  sino  de  juicio,  pues la falsa motivación, debe ser demostrada por la ruta de  la causal tercera, en el sistema acusatorio.   

iv)    Por  sofística   sustentación,  circunstancia    que    se    presenta   cuando   de   verdad  existe  fundamentación  pero  los  argumentos  expuestos  por  los  funcionarios  que  administran  justicia,  fueron sopesados  contra   la   verdad   probada   en   el   proceso35.   

Como  se  observa,  el memorialista ignoró  todos  los cometidos jurisprudenciales que en un momento dado lo hubiesen podido  orientar  en  sus  tesis  defensivas,  tanto  así,  que dejó en el tintero los  argumentos  del  Tribunal  frente a la hipótesis del letrado de una ausencia de  motivación,  cuando  adujo  por ejemplo que tal agregado punitivo, no se podía  derivar  de una declaración de referencia como lo fue la dada por la esposa del  occiso,  en  la  que  se  fundamentaron las instancias; sin embargo, al aseverar  esto,  lo único que demuestra es la contradicción intrínseca de su propuesta,  pues     no     se     puede     atacar     por     falta     de    motivación   aquello   que   se   está  motivando.    

Vicios    comunes    a    las    cinco  censuras: el defensor en ninguno de sus ataques expuso  como  lo  exige la jurisprudencia, las consecuencias de las violaciones a la ley  sustancial    por   él   demandadas,   contra   el   fallo   del   Tribunal     Superior     de     Armenia     (Quindío).   

Con tal proceder  adecuó  sus  propuestas  al   sofisma  de  petición de principio, el cual  enseña,  en  sus diversas manifestaciones epistemológicas, que no se puede dar  por   demostrado   lo   que   le  es  exigible  probar  al  recurrente  en  sede  extraordinaria,  por  ello,  dejó  a  un  lado la parte más fundamental de los  ataques.       

En  efecto:  el  profesional  del  derecho  ignoró       por      completo      el      postulado      de      trascendencia,   en   las   seis  censuras  alegadas,  en cuyo efecto,  abandonó  su  cometido  desde  la misma presentación, luego, siempre será, en  esas    precisas   condiciones,   imposible   constatar   alguna   proposición,  pensamiento,  teoría  o  premisa  jurídica; menos aún, las confutó de manera  lógica  argumentativa  con  el plexo probatorio en el caso de la vía indirecta  y,  menos  aún,  respecto  a  todas  las  censuras propuestas, las cuales dejó  totalmente  inanes,  y,  por  el  contrario, inundó su escrito con cavilaciones  individuales  e hipotéticas: con esa omisión sustancial, se muestra anodina la  eficacia de sus expectativas jurídicas.   

Siendo  ello  así,  el  daño propuesto se  exhibe  efímero,  por  cuanto  el  aludido  principio jamás se acredita con la  repetición  de  los argumentos diseñados en la parte motiva del libelo y menos  aún  –como en el presente  caso-  dándolos por acreditados o excluyéndolos en forma total o parcial de la  argumentación;  la  demostración  del  yerro  evocado, será, pues, el reflejo  latente  de  las consecuencias jurídicas reveladas con la violación demandada,  para  luego,  correlacionarla,  en  su  esencia,  con  un precepto del Bloque de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o   la  norma  llamada a regular el  caso.   

Nada  de lo expuesto realizó el letrado en  punto  de  los  ataques  propuestos; siendo ello así, sus conclusiones finales,  carecen  de  sentido,  pues jamás demostró cómo se vulneró la ley sustancial  con las fugaces arremetidas contra los fallos condenatorios.   

La Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los juzgadores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  las  demandas jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues  no  le  corresponde asumir la tarea cuestionable propia de los recurrentes, para  complementarlas,  adicionarlas  o corregirlas, máxime cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Corte,  de ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la  exclusiva  voluntad de los demandantes, más no se exponen de  manera  trascendente  la  injuria,  vilipendio  o  afrenta  a  la  ley, la   Constitución o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que el impugnante  presentó  alegaciones  producto de sus exclusivas percepciones del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto   casacional;   circunstancia   por   la  cual,  la  Corte  inadmitirá el libelo presentado a nombre  de    CARLOS    FERNEY    PALMA    DUQUE.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

Mecanismo de insistencia:  

Teniendo  en cuenta que contra la decisión  de   inadmitir  o     no     selección    de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no   fue  regulado,  pero  para  tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación36, como pasa a indicarse:   

La   insistencia   es   un   mecanismo  especial  que  sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación   de   la  providencia  por  medio  de  la  cual  la  Sala  decide  inadmitir  o  no  seleccionar  la demanda  de  casación, con el objeto de reconsiderar lo decidido. También  podrá  ser  provocado  oficiosamente,  en  el mismo término, por alguno de los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal,  salvo  que el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior fuese el demandante. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

Es  potestativo del Magistrado –en los casos indicados- o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

El  auto  a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

También    viene    precisando    la  Corte37  que  la audiencia de sustentación prevista en el artículo 185 de  la  Ley 906 de 2004, no se dispondrá su celebración, por cuanto su procedencia  está circunscrita a los casos de admisión de la demanda.   

Con fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de CARLOS  FERNEY  PALMA  DUQUE,  por  las razones aducidas en la  parte motiva del presente proveído.   

Segundo:  Contra  la no  selección      procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, en los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:   Cópiese,  comuníquese, cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

             

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO              

                                  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                                                                                                  

           

LUIS             GUILLERMO             SALAZAR  OTERO                                            JULIO           ENRIQUE    SOCHA   SALAMANCA   

                                                                                                             

JAVIER       ZAPATA   ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de primera y segunda instancia se promulgaron el 14 de enero de 2011  y 8 de abril de 2012, respectivamente.   

2 Vero  folio 21, c.o.1.   

3  La  lectura del fallo la realizó el mismo día.   

4  El  radicado   27.548  de  18  de  marzo  de  2009  y  30.838  de  31  de  julio  de  2009.   

5  Ibídem, 211.   

6  Ibídem, 212.   

7 Citó  para  continuar  apoyando  su tesis, seis radicados más: 24668 (6-4-06); 26.309  (25-4-97); 26.488 (27-7-07) 27336 (17-9-07) y 27-518 (28-11-07).   

8  Ibídem, 219.   

9 Con  base  en la Ley 906 de 2004,  artículos  205 (actividad  de  la policía judicial en la indagación e  investigación), 206     (entrevista),    346 (sanciones por el incumplimiento del  deber   de   revelación   de   información   durante   el   procedimiento   de  descubrimiento).   

10  Avaló  su  tesis  con  el  radicado  31614 de 22 de julio de 2009, en punto del  descubrimiento probatorio.   

11  Reprodujo  los  artículos  4, 5, 6, 7, 8, 15, 16, 23, 205, 206, 344 y 457 de la  Ley 906 de 2005 y el 13, 29 y 229 de la Constitución Nacional.   

12  Ibídem, 235.   

13  Apoyó  su teoría con el radicado 26177 de 16 de septiembre de 2009, en el cual  se refirió esta Sala a la motivación de las sentencias.   

14  Trajo  a  colación  esta  vez,  el  radicado 27910 de 4 de marzo de 2009, sobre  igual temática.   

15  Citó  aquí  el  radicado 31614 de 22 de julio de 2009, sobre el reconocimiento  en fila de personas: 16920 de septiembre 12 de 2002.   

16  Ibídem, 254.   

17  Mencionó  el  radicado  26276  de  agosto 29 de 2007, que dijo: “sobre  la necesidad que el reconocimiento fotográfico o en fila de  personas   este   avalado   con  el  testimonio  de  quien  interviene  en  esas  diligencias”.   

18  Ibídem, 258.   

19  Adujo como fecha: 3 de febrero de 2009, sin radicado alguno.   

20  Corte        Suprema       de       Justicia:       radicado:       25.565 (8-6-06).   

21  Corte    Suprema    de    Justicia,   mismo   sentido:   radicado   25.248     (10-5-06),    15.488    (16-7-01)   y   24.026 (20-10-05).   

22 La  forma  lógica  y  argumentativa  en  sede  extraordinaria  para  presentar  una  demanda,  entre otros motivos, no se traduce en formularle preguntas a la Corte,  de  cómo  pudo  o  no  ser  tratado  algún  tema  o  explicitando  aquellas  falencias  advertidas  por los  recurrentes  a  manera  de  resolver  un  interrogatorio  o  cuestionario;  ello  encierra  más  bien, un verdadero análisis demostrativo, en donde paso a paso,  el  profesional  del  derecho,  vaya  demeritando y degradando la presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene  atada  a  las  decisiones  proferidas por los  funcionarios que administran justicia.       

23  Corte   Suprema   de   Justicia,   mismo  sentido,  ver  sentencia  15.223    de    12    de   febrero   de  2002.   

24  Ibídem, 164-165.   

25  C.S.J., radicado 25.738 de 9 de noviembre de 2006.   

26 Que  a  la  letra  enseña:  “El Juez podrá autorizar al  testigo  para  consultar  documentos necesarios que ayuden a su memoria. En este  caso,  durante el interrogatorio, se permitirá a las demás partes el examen de  los mismos”.   

27 Se  refirió  al  inciso  b):  “Para contrainterrogar se  puede  utilizar  cualquier  declaración  que hubiese hecho el testigo sobre los  hechos  en  entrevista, en declaración jurada durante la investigación o en la  propia audiencia de juicio oral”.   

28  Ibídem, 168 y s.s.   

29  Mismo    sentido:   Corte   Suprema   de   Justicia,   Radicados:   15.042   de  septiembre  4  de  2002  y  23.613 del 28 de septiembre  de 2006.   

30 Se  citó el radicado 31614 de 22 de julio de 2009.   

31 Ver  fallo Tribunal, folio 171 y s.s.   

32  C.S.J.,  radicado:  25738  (9-11-06); en igual sentido, citó el Juez Colegiado,  las   siguientes   decisiones:   26.411   (8-11-07),   31127   (20-5-09),  31001  (21-10-09).   

33 Ver  folio 179 y s.s., c.o.1.   

34 Este  último  vicio,  es un yerro de juicio, luego debe demostrarse por la ruta de la  causal primera, cuerpo segundo.   

35  Corte  Suprema  de  Justicia,  mismo  sentido  en  los  radicados:  20.756     (22-5-03),     17.738     (31-3-04),     28.880    (20-2-08)    y   26.818 (19-2-09).   

36  Corte Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

37  Corte Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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