36693(13-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36693   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº327  

Bogotá,  D. C., trece (13) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de los procesados  Walter  Octavio  Cote Ortiz y  Alexander Oviedo Paya, contra  la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Popayán, el 31 de marzo de  2011,  mediante  la cual confirmó la proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  con Funciones de Conocimiento de la misma ciudad, el 18  de  enero de ese año, que los condenó como coautores de la conducta punible de  tráfico de sustancias para el procesamiento de narcóticos.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros  fueron    sintetizados    por    el    sentenciador  de  segundo  grado  de  la  siguiente manera:   

“El  10  de  febrero  de 2009, a las 2:50  horas,  miembros  de  la  Policía  de  Carreteras  de  Popayán  (Cauca), en un  ‘Puesto   Móvil   de  Control’  sobre  la vía  panamericana,   a  la  altura  de  Río  Blanco,  kilómetro  2,  vía  Popayán  –  Cali,  detienen  la  marcha  de  un  camión  de placas VNJ –  669,  conducido  por  quien  se  identificó como José Alexander  Henao,  acompañado  de  Jhoiner  Tovar  Garcés,  transportando 28 canecas, con  capacidad  de 55 galones cada una, de una sustancia líquida que en PIPH arrojó  positivo  para ácido clorhídrico, por lo cual fueron capturados los anteriores  y  Walter  Octavio Cote Ortiz y Alexander Oviedo Paya, quienes se movilizaban en  el  vehículo  de  placa  AUT 874, porque aquél manifestó inconformidad con la  requisa  e  indicó  ser Gerente de la empresa que cortejaba la carga, aduciendo  como   item  ser  miembro  activo  de  la  Policía,  para  lo  cual  solicitaba  colaboración”.   

2. Por los anteriores hechos, el 10 de marzo  de  2009,  la  Fiscalía  General de la Nación presentó escrito de acusación,  entre  otros,  contra  Walter  Octavio Cote Ortiz y Jhoiner Tovar Garcés por el  delito  de  tráfico  de sustancias para el procesamiento de narcóticos, según  lo preceptuado en el artículo 382 del Código Penal.   

3.  Cumplido  el trámite de las audiencias  preparatoria   y   de  juicio  oral,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Popayán, el 18 de enero de  2011,  dictó  el fallo de primera instancia, en donde condenó a Walter Octavio  Cote  Ortiz y Alexander Oviedo Paya a la pena principal de 8 años de prisión y  multa  equivalente  a  2.666.66 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo término de la sanción privativa de la libertad, como  coautores   de   la   conducta   punible  de  tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento de narcóticos.   

4. Apelado el fallo por el defensor de Cote  Ortiz  y  Oviedo Paya, el Tribunal Superior de Popayán, el 31 de marzo de 2011,  al resolver el recurso, lo confirmó.   

5.   Contra  la anterior decisión, el  abogado  que  vela por los derechos de los hoy sentenciados, dentro del término  legal, presentó demanda de casación.   

SÍNTESIS DEL LIBELO    

Al  amparo de la causal segunda, presenta un  único    reproche   contra   el   fallo   del   Tribunal,   de   la   siguiente  manera:   

Único cargo  

Acusa  a  la  Corporación  sentenciadora de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio viciado de nulidad, por violación del  debido   proceso   y   por  la  afectación  de  garantías  judiciales  de  sus  representados.   

Estima  que  el juzgador de segundo grado no  dio  aplicación a los artículos 455 y 457 de la Ley 906 de 2004, en torno a la  exclusión     de     pruebas     por     razón     de    su    “ilegalidad”,  en  la  medida en que los  policiales  presentaron  la  aprehensión  de  sus  defendidos  como  un caso de  flagrancia,  razón  por  la  cual  debe  declararse  la  invalidez  de  todo lo  actuado.   

Agrega   que   si  se  hubiesen  apreciado  “mejor”    las  pruebas   de  carácter  testimonial,  el  fallador  habría  concluido  que  el  contenido  del  informe no estaba acorde con los hechos, situación que incidió  en  “una  calificación  de  nulas de pleno derecho  todas las pruebas”.   

De otro lado, comenta que el sentenciador no  valoró  correctamente  la  versión  de  José Alexander Henao Bedoya y Jhoiner  Tovar  Garcés,  por  lo  que  no concluyó que las primeras capturas ocurrieron  sobre   las  2:50  de  la  mañana  y  la  de  sus  defendidos,  “en  un  lapso no inferior a 40 minutos”,  quienes no fueron aprehendidos con el material ilegal.   

Así  las  cosas,  afirma  que  el  juzgador  incurrió  en  errores  de  hecho,  “por  falta  de  apreciación  de  medios  de  prueba, lo que muy seguramente habría generado la  iniciación  de  dos procesos o de una ruptura de la unidad procesal para que se  investigaran  en  forma  independiente  a  los  señores  Henao  Bedoya  y Tovar  Garcés,   respecto  de  los  señores  Cote  Ortiz  y  Oviedo  Paya”.   

Después  de  reiterar  lo  expuesto  y  de  referirse  a  las  versiones  de José Alexander Henao Bedoya y Francisco Javier  Burbano  Zúñiga,  dice  que  se  dio visos de legalidad a la actuación de los  policiales,   para  lo  cual  cita  varias  normas  de  múltiples  instrumentos  internacionales.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia  impugnada y consecuentemente, emitir “una  decisión  de  reemplazo  ajustada  a lo que las probanzas determinan a favor de  los  señores  Walter  Octavio  Cote  Ortiz  y Alexander Oviedo Paya”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la ley 906 de 2004  

El     estatuto     procesal    penal  expedido,  mediante la Ley  906   de  2004,  conforme  ocurre  con  lo previsto en  la  Ley  600  de  2000,  también exige, como condición para la admisión de la  demanda  de  casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada  argumentación,  cuyo  fin es permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y  precisión  conceptual  del  libelo, establecer sin dificultad cuál es el error  atribuido  al  sentenciador,  causante de la violación de la Constitución o la  ley o la afectación de las garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada   y   que   las   razones   aducidas  correspondan  con el yerro denunciado, sin que sea dable entonces incluir en una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni incurrir en inconsistencias  de   argumentación,   pues   ello   atentaría  contra  los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que  son  inherentes al recurso extraordinario de  casación.    

          Además,  se hace imperioso que el actor justifique la necesidad del  fallo  de  casación  de  cara  al cumplimiento de alguna de las finalidades del  recurso,  según  así  lo  tiene  también  establecido  el  inciso segundo del  precitado artículo 184.   

          Presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación  de  la causal  segunda   de   casación,   según   el   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2004   

          Con  relación a la acreditación de esta causal, si bien la Sala ha  dicho  que es menos exigente que la demostración de las otras, lo cierto es que  impone  al  demandante proceder con precisión, claridad y nitidez a identificar  la  clase  de  irregularidad sustancial que determina la invalidación, plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los preceptos que considera conculcados y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir  de  la  cual  se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  nulidad.   

Del  mismo  modo,  compete  evidenciar  que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,   comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

Calificación de la demanda  

La  Sala  desde  ya  anuncia  que  el libelo  presentado  por  el  defensor de los acusados se inadmitirá, por las siguientes  razones:   

a) Conforme al enunciado de la censura, esto  es,  porque  el  fallo  se  dictó  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  de su  fundamentación,  se  concluye  que el actor vulneró el principio de autonomía  que  rige  la  casación,  según  el  cual, al interior de un mismo cargo no se  pueden  mezclar  ataques  correspondientes  a  causales distintas, pues cada una  tiene  características  y  presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación  diferentes   y   producen   diversas  consecuencias  jurídicas,  toda  vez  que  desarrolla un error in iudicando y no in procedendo.   

En  efecto,  el  casacionista  postula  la  invalidez  de todo lo actuado, basado en la causal segunda, con el argumento que  en  el  trámite  se  avasalló  el debido proceso y se afectaron las garantías  judiciales  de  los  acusados.  Sin embargo, en espera que fuera consecuente con  ese  enunciado,  en  lo  que  se  podría  entender  como  la  demostración del  reproche,  presenta  una  serie  de  argumentos  que no compaginan con el mismo,  puesto  que  invoca,  entre  otras  cosas,  un  error en la actividad probatoria  presuntamente  cometido  por  el juzgador de segundo grado al valorar los medios  de  conocimiento,  hipótesis  que  ha  debido  de  sustentar  por la vía de la  infracción indirecta de la ley sustancial.   

Es  así  como  el  libelista  insiste en la  exclusión  de  varios  elementos  de  juicio  y  solicita  una  “mejor”     estimación    de    unos  testimonios.   

b) En el evento que la anterior equivocación  hubiese  sido  el  fruto  de  un  lapsus  del actor al momento de seleccionar la  causal  de  casación,  puesto  que  pretendía  denunciar  un  desatino  en  la  valoración  de  las  pruebas,  de  todas formas tampoco el cargo cumple con los  presupuestos   de   lógica   y   debida   fundamentación,   en   orden   a  su  admisibilidad.   

Desconoce  el  alcance  y  contenido  de los  errores  en  que puede incurrir el fallador en la actividad probatoria. Frente a  este  aspecto  vale  recordar,  los  yerros pueden tener como génesis vicios de  hecho  o  de  derecho.  Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio  de  convicción,  en  tanto  se  excluye  uno allegado  validamente  al  juicio  oral  o,  se  supone  otro,  se tergiversa su contenido  material,  haciéndose  derivar  una verdad que no emerge del mismo o, cuando se  aprecia   en   abierta   contrariedad   con   las   reglas  que  rigen  la  sana  crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos  momentos,  a saber: cuando en el proceso de producción y aducción del  elemento  de  conocimiento  se  desconoce  el  rito  establecido  en  la ley que  condiciona  su validez, y en el evento en que el juzgador al valorar la probanza  se  aparta  de  la  tarifa  legal  de pruebas o se inventa una no regulada en la  ley.   

En el punto de la postulación de la censura,  al  actor  compete  enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio que  lo  determinó.  De  igual  manera,  respecto  a  la  trascendencia  del  vicio,  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  necesariamente  el  fallo habría sido favorable a los intereses  del procesado.   

Inicialmente  el  libelista  acusa  que  el  informe  que rindió la policía en torno al operativo, adolece de ilegalidades.  Empero,  no  presenta ninguna hipótesis jurídica tendiente a demostrar cuáles  son   los  requisitos normados de los que adolece ese documento, en orden a  no ser apreciado.   

La  discusión  la  centró en cuestionar la  información  plasmada  por  los uniformados en ese instrumento, con relación a  la  manera  como  sucedieron  los  hechos  que  finiquitó con la captura de los  procesados,  puesto  que  a  juicio  del  actor, respecto de Cote Ortiz y Oviedo  Paya, no opera el instituto de la flagrancia.   

Además,  tampoco informa cómo ese presunto  yerro  en  la  restricción  de la libertad de éstos, afecta la legalidad de la  sentencia.   

Y  en  lo que atañe a los errores de hecho,  además  de  no  indicar  el  falso  juicio  que  lo determinó, la propuesta va  encaminada  a  informar  la falta de apreciación de unos testimonios y a emitir  personales  opiniones  frente  al  mérito  de  las versiones de José Alexander  Henao  Bedoya  y  Francisco Javier Burbano Zúñiga, pero no se advierte en qué  consistió  el  vicio  en  el acto de apreciación probatoria y su trascendencia  con la parte dispositiva de la sentencia.   

Así  las cosas, ante las anotadas falencias  en  la  elaboración  del  reproche,  deviene  necesariamente la indamisión del  libelo.   

Resta  señalar  que no se observa que con  ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación, se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos1:   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

          (iii)  La solicitud de insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a  través de sus delegados para la casación penal, o ante alguno de  los  Magistrados  integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo decida el  demandante.   

          (iv)  La  solicitud  respectiva  puede  tener dos finalidades: la de  rebatir  los argumentos con fundamento en los cuales la Sala decidió no admitir  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las incorrecciones del libelo,  es  preciso  que  la  Corte  haga  uso  de su facultad oficiosa para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

          (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

          (vi)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  admite  la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia   contra   la   cual  se  formuló  el  recurso,  con  la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la  ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con tal propósito, teniendo en cuenta que la  decisión  a  través de la cual no se admitió la demanda está contenida en un  auto  a  cuyo  enteramiento  o  publicidad debe procederse obligatoriamente, con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por vía  del  procedimiento  señalado  en  el  artículo 169, inciso 3, de la Ley 906 de  2004,   esto   es   “mediante  comunicación  escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro medio idóneo que haya sido indicado por las partes”,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A su vez, teniendo en cuenta que el examen de  la  solicitud  de  insistencia  supone  un  estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de WALTER OCTAVIO  COTE  ORTIZ y ALEXANDER OVIEDO  PAYA.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                       

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                     SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS           

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                 Nubia Yolanda Nova García   

                                                               Secretaria   

    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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