36689(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36689   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 331.  

         

Bogotá  D.C., septiembre catorce (14) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con el  cumplimiento  de  los  presupuestos  lógicos y argumentativos de los libelos de  casación   presentados  por  los  defensores  de  los  procesados  FREDY  ANÍBAL  DURÁN  PARRA y  JUAN  DAVID  CÁRDENAS  ORTÍZ  contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Cúcuta el  4  de  abril del año en curso, confirmatoria, con modificaciones, de la dictada  el  8  de  febrero  anterior por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Los Patios  (N.   Sder.)   que   condenó   a  los  mencionados  como  coautores  penalmente  responsables  de  los  delitos  de homicidio agravado y fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  presente      actuación      fue      declarado     por     el     ad-quem,  en los siguientes términos:   

“Se  refiere en autos que el miércoles 16  de  septiembre  de 2009 a eso de las 6:45 de la tarde cuando el ciudadano Javier  Andrés  Heredia Flórez había salido de su casa habitación por una discusión  con  su  cónyuge  y  se  encontraba  en el establecimiento comercial denominado  ‘Tienda mixta’  en el sector de la Calle 22 Avda. 11  esquina  de  la Manzana 5 lote 33 del barrio Videlso de esta municipalidad, tras  llegar  su  empleada Jacky Carolina Hernández quien fue mandada por la esposa a  fin  de  que  le  pidiera  un  dinero,  fue  sorprendido por dos sujetos quienes  procedieron  a  dispararle en varias ocasiones a su humanidad falleciendo en ese  instante  y  resultando  lesionada  la  empleada en su mano derecha, huyendo los  individuos  en  motocicleta,  reconociendo  la  testigo  en el acto a uno de los  agresores  como  el vigilante apodado El Cucho quien luego fue identificado como  JUAN  DAVID  CÁRDENAS  ORTIZ  y  su  acompañante  como  FREDY  ANÍBAL  DURÁN  PARRA”.   

Lograda la aprehensión de los dos individuos  referidos,  se  llevó  a cabo audiencia preliminar durante la cual se legalizó  su  captura  y se les formuló imputación por los delitos de homicidio agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego o municiones, por los  cuales    se  los  afectó  con  medida de aseguramiento de detención  preventiva  en centro carcelario.  Los cargos imputados no fueron aceptados  por los imputados.   

El  29  de  noviembre  de  2009 la Fiscalía  presentó  escrito  de acusación en contra de los sindicados por los delitos de  homicidio  agravado  (art.  104,  num.  4,  del C.P.) y fabricación, tráfico y  porte   de   armas   de   fuego   o  municiones  (art.  365  ib.),  “conductas   ejecutadas   conforme   al   art.   58  del  C.P.  en  coparticipación    criminal    que    determina    circunstancias    de   mayor  punibilidad”, los cuales ratificó durante audiencia  de  formulación  de  acusación  ante  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Los  Patios.   

Ese  mismo  despacho  judicial  dispuso  la  realización  de  la  audiencias  preparatoria y de juicio oral, a cuyo término  profirió  el  8  de  febrero  del  año en curso sentencia de primer grado, por  medio  de  la  cual  condenó a los procesados a la pena principal de quinientos  sesenta  y  ocho  (568)  meses  de  prisión,  así  como  a  las  accesorias de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  lapso  de  doscientos  cuarenta  (240)  meses  y privación del derecho a portar  armas   por  el  de  ciento  ochenta  (180)  meses,  al  encontrarlos  coautores  penalmente    responsables    de    los    delitos   por   los   cuales   fueron  acusados.   

En  la  misma  providencia,  se  abstuvo  de  condenarlos  al  pago  de  perjuicios,  les negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustitutivo de la prisión  domiciliaria  y  ordenó compulsar copias para que se investigue la comisión de  las  presuntas  conductas  delictivas  de  falso  testimonio  y  concierto  para  delinquir.   

Recurrida en apelación la sentencia por los  defensores  de los implicados, el Tribunal Superior de Cúcuta la confirmó, con  las  modificaciones  consistentes  en  fijar  la  pena  de prisión en contra de  FREDY ANÍBAL DURÁN PARRA en  quinientos  (500)  meses  de  prisión y en el de revocar la abstención a pagar  perjuicios   para,   en   su   lugar,   aclarar   que   ese  punto  “quedará  diferido  para  el  trámite  del  posible incidente de  reparación integral”.   

Contra    la   anterior   determinación  interpusieron   recurso   extraordinario   de   casación   los  mismos  sujetos  procesales,  mediante sendos escritos allegados oportunamente y de los cuales se  ocupa  la  Sala  con  el  objeto  de  verificar  si cumplen con los presupuestos  exigidos      para     su     admisibilidad.         

LAS  DEMANDAS   

    

1. Demanda  presentada  a  nombre  de  FREDY    ANÍBAL    DURÁN    PARRA.   Único     cargo,     violación     indirecta     de     la     ley  sustancial:     

Inicia  por  señalar que cuando se trata de  adoptar  una  decisión dentro de una actuación penal el juez debe constatar si  no  se  ha violado el debido proceso “en atención al  derecho   de  defensa”  y  que  está  revestido  de  competencia   “en   razón   de   la   materia  del  asunto”,  esto  es,  “el  punible  o los punibles puestos a examen y según sus circunstancias, sobre todo  que  la  competencia,  por  el factor materia del asunto, la otorga el delito de  mayor   factura,   en   este   caso,   el   delito  de  extorsión  (sic)”.   

Luego aclara que si bien no pretende decir  que  el  juez  de conocimiento es incompetente “si no  (sic)   como  (sic)   el   señor  juez  considera  que  existió  la  posibilidad  de  encontrar  las  conductas  desplegadas dentro del  contesto  (sic) del concierto  para  delinquir,  tenía  que  abstenerse de continuar la actuación y solicitar  que  se  investigara  este  delito  y  se procesara ante el funcionario judicial  respectivo,  y  no  esperar  el  fallo  para  entonces  solicitar u ordenar esta  investigación  lo que sin lugar a dudas indica o el desconocimiento de la norma  por    parte   de   la   fiscalía   o   tanto   de   a   primera   (sic)  instancia  como  de la segunda, por  cuanto  esta  (sic) vedado a  los   funcionarios   judiciales,   en   calidad   de  jueces  con  funciones  de  conocimiento,    considerar,    (sic)   aspectos     que     no     corresponden    a    su    consulta    o  conocimiento”.   

Acto  seguido, sostiene que en la actuación  “no  existe la minima (sic)  prueba    de    la   culpabilidad   de   todos   los  procesados”, y como la Constitución Política exige  que  para  declarar  la  responsabilidad penal no haya duda, en caso de obrar se  debe   absolver   por  in  dubio  pro  reo.   

De otro lado, recuerda cómo el artículo 381  del  ordenamiento procesal, concurrente con el 9 del Código Penal, “exigen    que    en    efecto    el   hecho   este   (sic)  demostrado  que existió, y además  que  exista  la  certeza,  con  fundamento  en  las  pruebas legal y debidamente  arrimadas   al   plenario,   que   existió   relación  de  causalidad  o  nexo  causal”,  último presupuesto que en esta actuación  no   está   acreditado  por  “la   lejanía   de  su  hogar  y  las  condiciones  económicas  y  físicas  que  estaban  viviendo y además solicito (sic)  un  trato  acorde con su condición  humana”,  especialmente,  añade,  porque  no hay un  solo  testimonio  en contra de su prohijado, teniendo en cuenta que los informes  de  policía  no  son prueba y deben tomarse como simples criterios orientadores  de la investigación.   

En  el siguiente capítulo de la demanda que  denomina        “conclución       (sic)”,  con  el  objeto de “sintetizar  las    anteriores    consideraciones”,    señala,  in   extenso,   que   su   defendido  es  una  persona  trabajadora  cuyo único delito fue haber querido conseguir trabajo en la ciudad  de  Cúcuta, lo cual lo condujo a presentar una hoja de vida en la compañía de  vigilancia  que  prestaba  sus servicios en diferentes sectores del municipio de  Los  Patios, “lo que nos indica que no podía cometer  ningún    delito,    porque   estaba   plenamente   identificado”.   

Además,  encuentra  necesario  dividir  la  agresión  brutal  que  sufrió  la  víctima de su posterior homicidio, sin que  esté  demostrada  su  intervención  en  el  primer  hecho,  pues  “una  cosa  es  una  pelotera  y  otra  cosa  es  participar en un  homicidio”  y aun cuando no era labor de la Fiscalía  “ahondar  sobre  las características personales del  muerto”  aflora  su  condición de persona violenta,  arbitraria  e injusta, como se refleja en la agresión a la señora Jacki  Carolina, quien no dudó en señalar  a  JUAN DAVID CÁRDENAS ORTIZ  como  autor  del homicidio y en descartar participación alguna de su defendido,  sin   que  aparezca  demostrado  que  fue,  como  lo  señaló  el  a   quo,   objeto  de  presión  por  los  familiares  de  la  víctima  o  que  haya recibido dinero para declarar, lo que  también     ha     podido     comprobar    gracias    a    sus    labores    de  investigación.   

De otro lado, aduce, surgen interrogantes que  excluyen  la  responsabilidad  de  su  representado  en  el  hecho y que, por el  contrario,   sindican  de  su  comisión  a  CÁRDENAS  ORTIZ.   

Con  fundamento  en lo expuesto, solicita la  revocatoria  de  la sentencia de segunda instancia “y  se   dicte   la   que   corresponde   en   derecho,   es  decir  absolver  a  mi  defendido”.   

    

1. Demanda  presentada  a  nombre  de  JUAN DAVID CÁRDENAS ORTÍZ.  Único  cargo,  violación  del  derecho  de  defensa:     

Señala que “la  defensa   técnica   parcial   que   existió   en   el   proceso”  demostró  la  inocencia  de  este  procesado  a  través  de los  testimonios  de  Sandra Yuley Daza Hernández, Aleida  Ramírez    Pulido,    Carlos   Humberto   Lamus   Estévez,   Arnulfo   Mendoza  Arias    y  Ramiro  Sánchez, cuyo dicho reviste de  credibilidad,  toda  vez  que  demuestran  que  para el momento de los hechos se  encontraba  en  su habitación y no era celador en el barrio donde ocurrieron, a  los cuales el juzgador no les otorgó valor probatorio.   

Igualmente,  añade,  surge esa conclusión  porque  ninguno  de  los  medios  de  prueba  presentados  por  la  Fiscalía lo  evidencia, como sucede con  los      testimonios      de      la     testigo     presencial     Jacky      Carolina      Hernández  Sánchez,   la   hermana   del  occiso  Leidy        Viviana       Heredia       Flórez       y     su     cónyuge    Claudia    Marcela    Castro    Marín  e,     igualmente   de   lo   dicho   por   los  policiales  Óscar  Ovidio  Castro  Estrada,  Eugenio  Delgado  Cuadrado, Norbey Aro Ila Ortiz y Fabián    Manosalva,   de   modo   que  el   ente   acusador  “demostró la existencia del  delito  con  el  protocolo  de necropsia, la inspección judicial al cadáver de  quien  en  vida  se  llamó  Javier  Heredia López, pero no logró demostrar la  existencia    de    la   responsabilidad   penal   de   JUAN   DAVID   CÁRDENAS  ORTIZ”.   

Así   las  cosas,  añade,  el  juzgador  al condenar a su prohijado  procedió  en  contra  de  la  realidad  procesal por  existir  “una  serie  de dudas sobre a (sic)           participación  criminal”.   

Además,   encuentra  que  el  uniformado  Óscar   Ovidio   Castro  incurrió  en  transgresión  del  artículo 252 del ordenamiento procesal en el  reconocimiento   fotográfico   que   efectuó  Jacky  Carolina  Hernández  y del  253  ibídem  “cuando no  colocó  en  el  reconocimiento  en  fila de personas, a personas con las mismas  características”.   

A     continuación,     destaca  que  la actuación del Ministerio Público en este proceso  “fue     prácticamente     nula”,  porque  al  ponerle  de  presente  las  irregularidades  que  se  presentaron   “no   me  colaboró absolutamente en nada”.   

Finalmente, depreca la expedición de copias  en   contra   de   la  deponente  Jacky  Carolina  Hernández  por  el  delito de  falso   testimonio,  pues,  como  lo  demostró,  “ha faltado a la verdad en sus  declaraciones”.   

Por   razón  de  lo  expuesto, solicita  casar    el    fallo    recurrido    y,    en    su   lugar,   absolver   a   su  prohijado.       

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Como  quiera que las censuras formuladas en  las  dos  demandas  exhiben  defectos  similares,  su  análisis  se emprenderá  conjuntamente.   

En   tal   dirección,   recuérdese  que  dado  el  carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación  y  al  hecho de  constituir   un   instrumento   de   control   constitucional  y  legal  de  los  fallos,  se  ha  dicho  de  forma  reiterada por esta  Corporación  que los cargos  contenidos    en    la  demanda   deben   exponerse   de  manera  lógica  y  con   una  argumentación  suficiente y,  a  más  de  ello, en el marco del  sistema     penal     acusatorio     implantado  con la Ley 906 de 2004, han  de    evidenciar    la   necesidad   de   proferir  pronunciamiento  de fondo con el objeto de cumplir alguno o algunos de los fines  para  los cuales se ha previsto el recurso, como así  se  extrae  de  los  artículos  183  y  184  de  ese  ordenamiento           procesal.    

Es    evidente    que    los          únicos           cargos         contenidos        en        los       libelos             independientes  presentados  por  los  defensores         de        los  procesados  FREDY     ANÍBAL    DURÁN    PARRA  y  JUAN  DAVID CÁRDENAS  ORTIZ          no          colman   ninguno   de   esos   requisitos  y,  por ello,  la  decisión  que  se impone es su  inadmisión.   

Al  respecto,  empiécese por destacar que  los  notorios  defectos de redacción que contiene la  primera  demanda  se  erigen en el primer obstáculo  para  su  cabal  comprensión  en los términos exigidos por la ley.   

Adicional     a     ello,  en  los  dos  escritos  campea la confusión total a partir de la inclusión de aspectos  que  corresponden  a  diversas  causales  de  casación  para,  en  últimas, no  desarrollar  el  cargo  conforme  al  motivo  invocado, ni a ninguno otro de los  previstos   para   lograr   el  decaimiento  de  la  sentencia, al paso que se  deja    de    ahondar  sobre  la  necesidad de proferir el fallo de acuerdo  con     la     función     teleológica    del    medio    extraordinario    de  impugnación,  reforzada con la entrada en vigor del  sistema  acusatorio  de enjuiciamiento criminal, como  atrás         se         precisó.       

Lo anterior, de  una  parte,  porque  aun  cuando           los           libelistas  invocan   expresamente  una    causal    de  casación,  la fundamentación presentada   no   se  asimila  a  esa  pretensión.   

Así,  en cuanto a la demanda presentada por el defensor de  FREDY     ANÍBAL     DURÁN    PARRA,  dado que  tras  invocar     la     causal    tercera    del   artículo   181   de  la    Ley    906   de  2004,  que  corresponde  a  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial derivada de errores de hecho o de  derecho  en  la  valoración  probatoria,   al   inicio   de   su  argumentación  refiere  a  un  presunto  desconocimiento   del   debido   proceso   por  la  decisión  adoptada  por  el  a   quo  de  expedir copias para la investigación  del  delito de concierto para delinquir, ante lo cual  advierte   que   dicho  funcionario      ha      debido     abstenerse    de    continuar   conociendo   de   la   actuación,  y luego se adentra en una  discusión sobre la credibilidad de los medios de prueba.   

Es  claro  que  el  primer  supuesto  encaja  eventualmente  en  la  causal  segunda  de  casación  por  nulidad, mientras el  segundo  en  la  tercera invocada por violación indirecta de la ley sustancial,   

Por su parte, la única censura de la demanda  allegada   a   nombre   de   JUAN   DAVID   CÁRDENAS  ORTIZ,  aunque  no exhibe los errores de redacción de  la  anterior,  no  es  más  afortunada,  pues  aun  cuando acude a la causal de  nulidad  por  violación  del  derecho  de  defensa,  en  realidad  plantea  una  controversia acerca del valor que ofrecen las pruebas.   

Como  en  la  anterior, también en ésta se  mezcla  la  causal  de nulidad con una errónea valoración de las pruebas, cuya  senda  apropiada de discusión es la causal tercera por la mencionada violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  sin  que  se  repare, en ninguna de las dos  demandas  que, para salvaguardar la claridad de la censura, tales propuestas han  debido instaurarse en cargos independientes.   

          No  haber  procedido  de  esa forma erige desconocimiento abierto de  principios  regentes de la actividad casacional en procura de conseguir escritos  que   satisfagan   las   exigencias   argumentativas   propias   de  este  medio  extraordinario   de  impugnación  de  naturaleza  rogada,  tales  como  los  de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales, coherencia, no exclusión y no contradicción.   

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

De  manera  pues  que  cuando  los  censores  entremezclan  pretensiones  antagónicas,  como  son  la  violación  de  la ley  sustancial,  porque  en  ese caso se acepta la validez de la actuación procesal  (yerro  in  iudicando  o  de  juicio),  y  la  nulidad, en donde precisamente se reniega de ese aspecto (yerro  in    procedendo   o   de  procedimiento),  evidente  deviene  la  violación  de los postulados vistos que  diferencian  la  casación  de  los demás medios de impugnación, constituyendo  tal actitud motivo suficiente para inadmitir la censura.   

Lo  anterior,  al margen de que el argumento  sobre  el  cual se sustenta la vulneración al debido proceso en el único cargo  de  la  demanda  a  nombre  de  FREDY  ANÍBAL  DURÁN  PARRA  no  tiene  tal  connotación, pues precisamente  cuando  el  sentenciador  advierte que surge una nueva conducta punible o que no  se  ha investigado, lo procedente es expedir copias para que se adelante, por la  autoridad  competente,  la  respectiva  investigación.  De  ninguna  manera  es  viable,  y  ello  sí constituiría atentado contra esa garantía, el derecho de  defensa  y  el  principio  de  congruencia  entre  la sentencia y la acusación,  adoptar decisión de fondo en relación con ese hecho.   

De   otra   parte,   se   señala  que  la  fundamentación  de  los reproches no se corresponde con los presupuestos de las  causales   invocadas,   porque   en   la   demanda   a  nombre  de  FREDY   ANÍBAL   DURÁN  PARRA  lejos  de  desarrollar  errores  de  hecho  o  de derecho (el primero por falsos juicios de  existencia,  identidad o raciocinio y el segundo por falso juicio de legalidad o  convicción),  lo  que se persigue es imponer, como ya se había dicho, mediante  una  redacción  casi  ininteligible,  su  criterio personal valorativo sobre el  expuesto por los juzgadores.   

Y en la demanda presentada por el defensor de  JUAN    DAVID    CÁRDENAS    ORTIZ    porque  la  crítica  desarrollada  concerniente  a  la  valoración  probatoria  ninguna  relación  guarda  con la pretextada nulidad por violación  del  derecho  de  defensa,  sobre  la cual nada dice en la demanda, al paso que,  como  en la anterior, el cuestionamiento probatorio se circunscribe a confrontar  su íntima forma de apreciación con la de los sentenciadores.   

En  lo  que  respecta  a este libelo dígase  también   que   las   someras   críticas   a   la  producción  de  la  prueba  (reconocimiento  fotográfico  y  en  fila  de  personas),  ni  siquiera  están  acompañadas  de  la  demostración de trascendencia frente a la declaración de  justicia  contenida  en  el  fallo,  presupuesto  indispensable  para  sustentar  adecuadamente  cualquier  error  de  apreciación  probatoria  con la entidad de  mutarlo.      

De  cualquier forma, la actitud generalizada  de  los  censores  tendiente  a  propiciar  un  debate probatorio a partir de su  criterio  personal  no  consulta  con el carácter extraordinario del recurso de  casación  por  no  ser una tercera instancia para debatir abiertamente sobre la  valoración  de  las  probanzas,  por fuera del marco de los errores señalados,  únicos  con  la  potestad,  en esta materia, de derruir la doble presunción de  acierto y legalidad que ampara al fallo impugnado.   

El cúmulo de incorrecciones reseñadas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que  regula  este  medio extraordinario de impugnación, imponen la  inadmisión  de  las  demandas,  conforme  se  anunciara  en  el exordio de este  acápite considerativo.   

Adicionalmente,    porque    tampoco   se   evidencia   la   necesidad        de        superarlas  en procura de cumplir alguno de los  fines  del  recurso  extraordinario  previstos  en el artículo 180 ibídem,  esto  es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación    de    los    agravios    inferidos    a    éstos    o    la    unificación    de    la  jurisprudencia.   

Ahora  bien,  habida  cuenta  que contra la decisión de inadmitir  las  demandas de casación procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de seguirse  las reglas fijadas por la  Sala      para     su     aplicación1.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR las demandas presentadas por los  defensores  de  los  procesados  FREDY  ANÍBAL DURÁN  PARRA  y JUAN DAVID CÁRDENAS  ORTÍZ,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                   JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ     DE     LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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