36617(27-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     nº  36617   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado   Acta   No.  260   

Bogotá D.C.,   veintisiete (27) de julio de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de  los  fundamentos lógicos y de apropiada argumentación de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JONATHAN   JAVIER  RODRÍGUEZ  VILLAMIL,  contra  la  sentencia  de 29  de  marzo de 2011 mediante la cual el Tribunal Superior  del   Distrito   Judicial  de  Bogotá  confirmó  la  emitida  por  el  Juzgado  Octavo  Penal Municipal   de  Conocimiento  del  mismo  Distrito   Judicial,  por  cuyo  medio  lo  encontró  penalmente  responsable, a  título   de   autor,  del  delito de lesiones personales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico fue presentado por el  juzgado de primer grado así:   

“Se  tiene conocimiento que para el día 8 de febrero de 2009, a eso  de  las  dos  de  la  mañana,  cuando  el  señor  EDISSON JAVIER BOHÓRQUEZ   MARTÍNEZ  regresaba  a  su  residencia,  en  compañía de su novia y dos amigos, tuvo una discusión con su  hermana  Diana,  frente a su casa, a quien le estaba recriminando por la hora en  que llegaba.   

“Se  menciona  igualmente,  que  estando  discutiendo  los  hermanos  Bohórquez,  en  ese  instante  interviene el señor  JONATHAN   JAVIER  RODRÍGUEZ  VILLAMIL,  quien  nada  tenía  que  ver  con  la  discusión  que se estaba  presentando  y  les interroga diciéndoles; que qué estaba pasando?. Fue en ese  momento   en   que   el   joven   EDISSON   JAVIER  le  responde  ¿Qué    paso    de   qué?’  y  lo  empuja.  El  señor JONATHAN  JAVIER  retrocede un paso, levanta su mano empuñando algo en la misma y lesiona  a EDISSON en el ojo izquierdo”.   

El 24     de     septiembre    de  2009 ante  el      Juzgado      Veinticuatro     Penal  Municipal  con funciones de Control de Garantías de Bogotá  se  realizó  audiencia  preliminar  en  la  cual  la  Fiscalía     General     de    la    Nación  le  imputó  la posible comisión  del   delito  de  lesiones  personales,  (ante  la pérdida del ojo: incapacidad    definitiva    de    45    días,    y   como  secuelas  la   deformidad  física  que  afecta  el  rostro  y  perturbación   funcional   del  órgano  de  la  visión,  ambas  de  carácter  permanente).   RODRÍGUEZ  VILLAMIL no aceptó los cargos.   

Presentado     el     escrito     de  acusación, ante el Juzgado  Octavo  Penal Municipal  de  Conocimiento de Bogotá se  llevó  a cabo la correspondiente audiencia de formulación de acusación en los  mismos  términos  en  que  fuera  realizada  la  imputación  por  los  delitos  contemplados  en  los artículos 111; 112, inciso 2°;  113,  inciso 3°; y 114, inciso 2° del Código Penal.   

Evacuadas en el citado despacho judicial las  respectivas   audiencias   preparatoria   y   de   juicio   oral,   y     anunciado     el    sentido    de    fallo    de    carácter  condenatorio, mediante   sentencia   de   14  de  octubre  de  2010  se  condenó a  JONATHAN  JAVIER  RODRÍGUEZ VILLAMIL como autor del delito objeto de acusación  a  las  penas  principales  de  cincuenta  (50)  meses de prisión, multa  de  treinta  y seis (36) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así  como  a  la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  pena  aflictiva  de la  libertad.  Al procesado      le     fue           negada  la  suspensión condicional de la  ejecución    de    la    pena    y    la    prisión   domiciliaria.   

En  virtud  del  recurso  de  apelación  promovido  por el defensor  del   enjuiciado,   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  sentencia  de  29   de   marzo       de      2011  confirmó  la  condena,  razón por la cual aquél,   insiste  a través de la impugnación extraordinaria  con  la respectiva demanda de casación. Acerca de su  admisibilidad se pronuncia la Corte.   

DEMANDA  

Formula   una   censura   al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación  prevista  en  el  artículo  181 de la Ley  906   de   2004,   por  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación     de    las    pruebas.   

Pregona un error de derecho por falso juicio  de  legalidad  en  razón a que en desarrollo de la audiencia de juicio oral, al  requerir  a  los  testigos  para  señalar  al  procesado  no  se cumplieron los  requisitos  previstos  en  el  artículo  253 de la Ley 906 de 2004 acerca de la  práctica  del  reconocimiento  en fila de personas, desatendiéndose de contera  la   cláusula   de   exclusión   prevista   en   el  artículo  23  del  mismo  ordenamiento.   

Pone  de  presente  que  su  asistido no fue  capturado  en  flagrancia, ni se le identificó por el nombre o de alguna manera  en  el  amanecer  de  los  hechos,  pues la Policía en un principio le puso las  esposas  a  José  Alexander  Cuchala  Useche, y luego a otro sujeto, pero días  después  se  vino  a  hacer  referencia  a JONATHAN JAVIER RODRÍGUEZ VILLAMIL,  arrimando  de  manera  irregular la identidad de quien no estuvo en la escena de  los sucesos.   

La trascendencia del yerro la ubica en que se  dio  por existente el reconocimiento de una persona cuyo nombre se ignoraba y su  presencia  era  cuestionada  en  el  lugar  de  los  hechos,  dado  que estos se  desarrollaron  en  lo  que  denominó  la  segunda  instancia un “barullo”,  ante  la  intervención  de  más o menos diez personas.   

Luego  de  citar como normas infringidas los  artículos  29 de la Constitución Política; 7°, 23, 161, 162, 253, 372 a 282,  447,  447  del Código de Procedimiento Penal, solicita a la Sala casar el fallo  a fin de absolver a su asistido de los cargos formulados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Bajo  el   contexto        del        sistema    acusatorio       colombiano   el   recurso de   

casación está instituído como mecanismo  de  control constitucional y legal de las sentencias de segunda instancia en los  procesos  adelantados  por  delitos,  sin  importar la penalidad prevista por el  legislador,     cuando     se     afecten     los    derechos    o    garantías  fundamentales.   

Para  un  tal  cometido el demandante debe  acudir  a  las  causales  legal y taxativamente señaladas acogiendo parámetros  lógicos  y  argumentativos en necesaria relación con los fines para los cuales  está  previsto  el  recurso  de  buscar la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos  a  éstos,  así  como  la  unificación  de la jurisprudencia.    

La  pretensión  del libelista ha de estar  así  demarcada  por  el  carácter  teleológico  del  recurso  al acreditar la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  además de señalar la  causal  por la que opta con el desarrollo adecuado de cada uno de los cargos que  le  den  sustento  demostrando  la necesidad del fallo de casación, so pena que  por  su  incumplimiento  el  libelo  no  sea  admitido, tal y como lo dispone el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Precisamente, ese control constitucional y  legal  de  la  sentencia  de segundo grado le imprime al recurso su carácter de  extraordinario,  de  ahí  que  no escapen a él la observancia de las reglas de  coherencia,  precisión  y  claridad  que  conduzcan  al cabal entendimiento del  reparo,  pues  además de los fundamentos de lógica, de debida argumentación y  de  contenido  que la Corte debe verificar al momento de estudiar la demanda, ha  de  analizar  la  necesidad de su intervención en sede de casación con miras a  cumplir  alguna  de las finalidades del recurso, porque si advierte la imperiosa  protección  o  restauración de un derecho fundamental y por ello precisarse de  fallo,  deberá  superar  las  falencias  técnicas  formales  del libelo con su  consecuente    admisión,   adquiriendo   así   prevalencia   los   fines   del  recurso.   

Las  anteriores  precisiones conceptuales le  permiten  a  la  Corte advertir, que si bien le asiste interés al defensor para  impugnar  la  sentencia  de  segundo  grado,  el  desarrollo de la censura   formulada   resulta   desafortunado  con  los  argumentos  lógicos,  de  debida  argumentación   y   demostración   que   se   deben   observar  en  esta  sede  extraordinaria.   

En  efecto,  plantea un error de derecho por  falso   juicio   de  legalidad,  pero  el  alejamiento  de  las  consideraciones  judiciales  y principalmente la precariedad demostrativa le resta al reproche la  aptitud   mínima   requerida   para  su  admisión  tendiente  a  su  posterior  evaluación de fondo.   

La  modalidad  de  yerro  escogida  por  el  libelista  tiene  lugar cuando el juzgador al apreciar los medios de prueba, los  elementos  materiales  probatorios  o evidencia física acepta el aportado en el  juicio  o  practicado  o presentado en el mismo con violación de las garantías  fundamentales o las formalidades legales parta su aducción.   

El  censor denuncia que el reconocimiento de  RODRÍGUEZ   VILLAMIL   realizado  por  los  testigos  (que  no  identifica)  en  desarrollo  de  la  audiencia  de  juicio  oral  no  se ajustó a los requisitos  legales,  cuando  deviene  diáfano que ese señalamiento no puede equipararse a  tal  diligencia,  por cuanto el enjuiciado estaba claramente individualizado por  parte del lesionado ya que se trataba de un vecino.   

El Tribunal tuvo en cuenta que además de que  Edisson  Javier  Bohórquez  Martínez  dijo  conocer al procesado por residir a  cuatro  o cinco casas de la suya, Mary Luz Moscoso, María de Jesús Martínez y  Lady  Aya  Cely, ratificaron tal vecindad, cuando aclararon que lo conocían con  el        alías       de       ‘Negro’  a  quien  luego  de  hacer  las  averiguaciones  entre  las  personas  del  barrio,  identificaron plenamente como JONATHAN JAVIER RODRÍGUEZ VILLAMIL.   

Y  si  bien  el  juzgador  hizo  mención al  “barullo”   que   se  presentó,  ello  fue  para clarificar la ubicación de los testigos y demeritar  los  dichos  de  los  declarantes de descargo ante sus evidentes contradicciones  que  ubicaban   RODRÍGUEZ  VILLAMIL fuera del tumulto, y por el contrario,  dar  crédito   a  quienes  lo  situaban  en  la  escena de los hechos como  ejecutor  de  la  acción,  pues  no  sólo mediaban las afirmaciones del propio  lesionado  acerca  de que luego de intercambiar algunas palabras con aquél, vio  como  levantó  en  la mano un instrumento con el cual le hirió el ojo y salió  corriendo,   

“… El testigo percibió con sus propios  sentidos  al  agresor,  incluso intercambió algunas palabras con él, es decir,  no  fue  una  vista  fugaz,  lo  conocía porque habitaba a cuatro o  cinco  casas  de  la  suya,  la  visibilidad  del sector era buena, y no tenía ningún  obstáculo ni impedimento visual.   

”…  Por  consiguiente,  el  testigo es  creíble  y permite una cara sencilla representación mental de los sucesos, sin  interferencias,  ni  desviaciones  que  lo  desvirtúen.  Máxime  que no existe  siquiera  insinuación  sobre  un motivo insano en el señalamiento, dado que se  trata  de jóvenes que si bien no eran amigos, si se distinguían por residir en  la misma calle.   

”…  Aunque  dicha  declaración,  es  suficiente  para  estructurar  el  fallo de condena, en el proceso se cuenta con  exposiciones  que  la  corroboran. En efecto, Mary Luz Moscoso, María de Jesús  Martínez  y  Lady  Aya  Cely,  fueron  contestes y enfáticas en afirmar que se  encontraban  muy  cerca  del  lesionado  cuando  tuvo  ocurrencia  el hecho, que  pudieron  escuchar  el  cruce  de palabras entre víctima y victimario, observar  como  éste  levantó  el  brazo  con  la  mano empuñada y golpeó el rostro de  Edison   Bohórquez,   quien  de  inmediato  se  cubrió  el  rostro  totalmente  ensangrentado   gritando   que  no  veía,  mientras  el  victimario  se  alejó  corriendo.   

”…  Por  consiguiente,  las  dudas que  plantea  la  defensa, son realmente desavenencias respecto a detalles accesorios  que  no  alcanzan  a  restarle credibilidad a sus dichos. La exacta posición de  las  mujeres  en  relación  con el lesionado, si una estaba más a la derecha o  izquierda  de  la  otra,  si  la  señora  Luz  Marina extendía sus brazos para  separar  a  los  opositores,  o  el  que no hubiesen procurado inmediatamente la  retensión  del  responsable; son circunstancias que explicaron, y en todo caso,  no  dan  al  traste  con  la  constatación  de  su  presencia  en el sitio y la  posibilidad de percibir con sus sentidos lo que relataron…”   

Y  si  bien  la  cláusula  de  exclusión  consagrada  constitucionalmente  en el último inciso del artículo 29 del texto  superior  y  desarrollada  como  principio  rector  y  garantía  procesal en el  artículo  23 de la Ley 906 de 2004 está referida no sólo a la infracción del  debido  proceso  probatorio de cada elemento de convicción sobre su obtención,  práctica  y aducción, sino también cuando la prueba se obtiene con violación  de  las  garantías procesales al considerársela nula de pleno derecho debiendo  ser  extraída  del  caudal probatorio, en este caso resulta palmario que no hay  alguna  ilación en el planteamiento del demandante respecto de las específicas  pruebas  que  deberían  ser  excluidas,  pues  se insiste, el señalamiento del  procesado   hecho   por   algunos   deponentes  no  puede  catalogarse  como  un  reconocimiento en fila de personas.   

Como        se    concluye    que     el   libelo   no   será   admitido,  es  necesario  señalar  que  no  se  observa  con ocasión del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación violación de derechos o garantías del  procesado  JONATHAN  JAVIER  RODRÍGUEZ  VILLAMIL, tampoco se ve la necesidad de  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso  3º  del   artículo  184  de  la Ley 906 de 2004 que ameritaran la  intervención oficiosa de la Corte.   

Precisión final  

         

Contra   la  decisión de no admitir la  demanda de casación procede   

el  mecanismo  de insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, y como allí no  se     regula     su     trámite,    la    Sala1  clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse  para  su  aplicación, como  sigue:   

1.               La  insistencia  es un mecanismo  especial,  ajeno  a la naturaleza impugnatoria que sólo puede ser promovido por  el  demandante,  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la notificación de  la  providencia  mediante  la  cual  la  Sala  decide  no  admitir la demanda de  casación.   

2.              La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal, ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión mayoritaria de no admitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que  no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el referido auto de  no admisión.   

3.   Es facultativo del Magistrado  disidente, del que no intervino en   

los  debates  o  del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

4.     El auto a través  del  cual no se admite la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de segunda instancia contra la cual se formuló el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y conlleve a la admisión del  libelo.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

NO      ADMITIR    la     demanda    de    casación  interpuesta por el defensor   

del  procesado  JONATHAN  JAVIER  RODRÍGUEZ  VILLAMIL, por las razones anotada en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de insistencia en los términos precisados por la Sala en la presente  decisión.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO          JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ            

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                          

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                 MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS          

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

     

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria   

    

1  Sentencia del 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *